CAPÍTULO XI
Se despertaron a primera hora por la mañana, Edward disfruto mucho despertándola, había olvidado esos pequeños momentos que compartían, le encantaban. Salieron lo más pronto posible hacia él hangar privado donde los esperaba el jet de la empresa. El viaje se sintió tenso por parte de ambos, pero ninguno se atrevió a hablar o hacer algo al respecto, Isabella se sentía rechazada por la forma en la que él había huido la noche anterior y el se sentía sumamente confundido, por lo que se enfocó en trabajar desde su computadora. Aterrizaron en Seattle hacia las 7 de la noche, había sido un viaje muy largo y tenso. Al bajar del jet, los esperaba una camioneta.
—¿A dónde vamos?— preguntó Bella, esa no era la autopista que llevaba a Forks
—A casa..
—No— lo interrumpió rápidamente— necesito ver a Charlie
—Bella tienes que descansar, el vuelo fue muy largo— comenzó a explicarle Edward
—Por favor Edward necesito verlo
—Está bien— no podía resistirse a ella, ya no más, sus escudos habían sido demolidos, ahora estaba a su merced— Taylor— llamó al chofer— a casa de mi suegro— le ordenó, mínimo aun podía darle órdenes a sus empleados, esperaba que eso fuera suficiente. Cuando llegaron a casa de Charlie, Sue los recibió, Bella de inmediato se dio cuenta que algo no estaba bien.
—Sue— saludo Bella
—Bella, niña ¿Dónde has estado?—pregunto un poco enojada, sentía que Bella lo había olvidado, que había abandonado a su abuelo.
—Necesitaba tiempo, las cosas no estaban bien— explicó— ¿Cómo está?¿que ha dicho el doctor?¿dónde está?
—Está arriba— evitó contestar la pregunta de su estado y se fue a a la cocina, no quería llorar frente a Bella
—¿Quieres que te acompañe?— le preguntó Edward, no quería dejarla sola, ese era un momento difícil y cómo ella había dicho, él era su esposo, tenía que apoyarla, no dejarla caer.
—No, me gustaría un minuto a solas con él— Camino hacia la habitación, sin esperar ninguna respuesta de Edward.
Los escalones de pronto se hicieron infinitos para ella, mientras más escalones subía, más aparecían, sin darse cuenta estaba frente a la puerta de la habitación de su abuelo, desde que él se había casado con Sue, ella no entraba ahí, conocía perfectamente la habitación, aun la recordaba. Entró a la habitación, ya no parecía tan grande cómo cuando era niña, lentamente enfocó su vista en la cama, donde estaba su abuelo, conectado a todo tipo de máquinas, que no reconocía.
—¿Bella?— preguntó Charlie al verla parada en la puerta—¿eres tú?— se quitó la máscara de oxígeno para poder hablar mejor
—Sii... soy yooo— le temblaba la voz y no podía moverse de la puerta
—Ven, acércate necesitamos hablar— solo entonces sus pies comenzaron a responder, camino con lentitud hasta la silla que había junto a su cama— estás hermosa niña— le dijo cuando la pudo ver mejor— te he extrañado tanto— estiró su mano para tomar la de su nieta, que de pronto estaba petrificada, sabía que para ella no era fácil estar cerca de un enfermo después de lo de sus padres— no debes tener miedo, ¿sabes? la muerte forma parte de la vida, es algo por lo que todos debemos pasar, algunos lo hacen antes cómo tus padres — Bella reconoció esas palabras, fueron las mismas que le dijo cuando sus padres murieron y ahora se las decía por él, no pudo contener las lágrimas— otros después cómo yo— tomo una gran bocanada de oxígeno de la mascarilla y continuo— No se si te crie bien, se que te falto una madre, un padre más cariñoso, no estoy seguro de cuales, pero se que cometí varios errores, pero también se que hice lo mejor que pude— tomo otra bocanada de oxígeno
—Lo hiciste maravillosamente abuelo— le aseguró entre lágrimas— todo lo que soy te lo debo a ti
—No es verdad, yo siempre he pensado que uno crea su propio destino—tomó otra bocanada de oxígeno— tú has creado tu propio destino hasta aquí Isabella. Debes aprovechar muy bien lo que dios te ha obsequiado, tienes que seguir descubriendo tu propio destino, al lado de una persona que de verdad te ame, te lo mereces— le dijo con intención
—Abuelo, Edward…
—No, eso no me interesa ahora— la interrumpió— tú debes crear tu destino con lo que creas que es lo mejor para ti, recuérdalo.
—¿Tienes miedo?— preguntó de pronto Bella, ella estaba aterrada.
—No, se que es mi momento, ya hice todo lo que tenia que hacer en esta vida, es momento que vaya a hacer lo que tengo que hacer en la otra. Tu eres mi mayor tesoro, por eso te dejó mis otras fortunas— le explico— solo te pido que no dejes desamparada a Sue, ella ha sido mi fiel compañera después de tu abuela
—Yo cuidaré de ella— le prometió
—Cuida de ti, te voy a extrañar mucho— beso su mano para finalmente cerrar su ojos, ya había cumplido su último deseo: ver a su Bella, saber que estaba bien.
—Yo…también— dijo Bella entre lágrimas
Edward trató de ser paciente, pero no podía más, quería estar junto a Bella, ella era fuerte para enfrentar la situación sola, pero no tenía porqué hacerlo. Después de lo que pareció una eternidad de debates internos, decidió subir. Cuando llamó a la puerta, nadie respondió por lo que decidió entrar. El shock de la visión que tenía enfrente lo paró en seco, Isabella estaba sentada al lado de Charlie en la cama llorando en silencio, mientras le acariciaba el pelo con una mano y con la otra sostenía su mano derecha.
Charlie estaba dormido, pero se veía muy pálido, tardo un poco en procesar lo que veía, pero cuando finalmente lo hizo
—Bella…— la llamó suavemente
—Se fue, se fue— comenzó a repetir— Edward se fue— dijo entre lágrimas cuando lo vio
Él rápidamente fue a su lado y la tomó entre sus brazos, tratando de consolarla, sabía que nada que dijera la haría sentir mejor, por lo que la dejó llorar en sus brazos hasta que ella lo considerara suficiente.
—¿Cómo estás?— le preguntó después de un rato, ella ya no lloraba
—No lo se, quisiera dormir un poco estoy cansada— dijo en tono neutral y se fue. Edward la siguió en silencio, la vio entrar a la que alguna vez fue su habitación.
—Edward— lo llamó desde la puerta de su habitación—¿ podrías hacerte cargo?— le preguntó ausente
—Claro, descansa— le dio un beso en la frente, pero ella no se movía—¿quieres que te ayude a meterte a la cama?
—Si, dormir..— cerró la puerta. El rápidamente tomó su teléfono y comenzó con los preparativos para el funeral.
…
Desde la muerte de Charlie y durante todo el servicio funerario Isabella entró en una especie de estado zombie, estaba presente físicamente pero mentalmente no. Solo hablaba cuando le preguntaban algo y lo hacía sin emoción alguna, no volvió a llorar, ni siquiera cuando sostuvo entre sus brazos a la destrozada Sue, Edward estaba muy preocupado, pero no sabía bien cómo intervenir.
Después del entierro, Edward decidió llevar a Isabella al departamento, no creyó que fuera capaz de soportar el servicio para después, rápidamente se dio cuenta de que hizo lo correcto.
Isabella entró al departamento en estado zombie, en el vestíbulo no dijo nada, solo se limitó a desvestirse, se quitó el sombrero, los aretes, las zapatillas, las medias y él vestido, quedando solo con su ropa interior. Edward la vio muy preocupado, estaba seguro que eso no era un comportamiento normal
—Isabella— la llamó— Bella—parecía que ella ni siquiera lo escuchaba, la tomó del brazo cuando estaba caminando hacia la cocina— háblame— le pidió desesperado
—¿Qué quieres que diga?—le preguntó
—No lo sé.. pero está no eres tú y me estás preocupando, ¿dime que te sucede?¿estás bien?, ¿quieres hablar?¿quieres llorar?¿dormir?, por favor déjame ayudarte— le rogó
—Estoy bien— Se soltó de su agarre y fue al refrigerador
—No no lo estás— la siguió
—Yo.. Edward solo quiero estar sola— dijo con tono cansado
—Bien— eso podía comprenderlo, ella necesitaba su espacio. Se fue con su bote de helado a la sala de televisión y se encerró ahí.
—¿Señor?— la llamó la Sra. Weber
—Si
—Sus tíos y su abuelo están aquí— le informo
—Gracias, yo los recibo— Recogió la ropa de Isabella y se la dio a la señora Weber para que se la llevara— guarde estoy por favor, llévele un pijama cómodo a la señora Cullen o en su defecto una de mis camisetas, también suba la calefacción no quiero que se enferme
—Hola cariño— me saludó con un beso Esme, en cuanto abrió la puerta— ¿Cómo está?— preguntó buscándola en la estancia
—No lo sé, sigue igual
—Hijo— lo abrazo su abuelo, no entendía tanta efusividad, los había visto en el funeral
—Edward— le dio la mano su tío Carlisle— ¿en dónde está?
—Se encerró en la sala de televisión, quiere estar sola
—¿Te ha dicho algo?¿ha llorado?¿ya reacciona?— me pregunto en modo doctor
—No, sigue hablando de la misma manera, no ha cambiado su comportamiento
—Edward no puedes dejar que esa niña siga así, no puede volver a lo mismo — le dijo su abuelo, recordando cuando Bella perdió a sus padres.
—Lo sé, pero no me deja acercarme, ¿Qué puedo hacer?
—¿Ya comió algo?— me preguntó Esme
—No ha querido comer, solo se llevó un bote de helado.
—Le voy a preparar una sopa y se la voy a llevar— dijo Esme tan maternal cómo siempre.
—Gracias Esme.
—Edward, me preocupa mucho Isabella— dijo Carlisle, lo miró interrogante, sus palabras tenían una connotación más seria— yo atendí a Isabella después del choque automovilístico, aún era residente en el hospital, pero recuerdo muy bien, su shock post-traumático ella no lloraba, no hablaba, no comía, dormía por horas o no dormía en días.
—Lo se lo recuerdo— el dolor que reflejaban los ojos de Bella cuando la conoció nunca se le olvidaría
—Si, pero antes de que tú… la ayudaras a hablar de nuevo … ella, bueno Charlie y yo estábamos considerando la opción de mandarla a un centro donde pudieran ayudarla…
—Carlisle si estás sugiriendo que envié a mi esposa a un loquero…— dijo colérico
—No, no, —lo interrumpió— me refiero a que no debes permitir que vuelva a ello. Creo que esta vez él shook puede ser peor, Charlie es el único familiar directo que tenía y quizás ahora ella se sienta perdida, sola. No sabemos cómo le puede afectar esto, tenemos que estar monitoreando cualquier cambio si deja de hablar, de comer, dormir, tal vez podría canalizar con un amigo especialista que la ayude.
—Sin internarla— le aclaró
—No si no es necesario— Carlisle cómo el buen doctor que era sabía que no podía prometer cosas imposibles
—Bien, te avisare cualquier cambio
—Bueno hijo nos retiramos— dijo su abuelo, dándole su espacio cómo siempre, conocía a Edward y sabía que en momentos de crisis le gustaba estar solo, para controlar las situaciones a su manera.
—Si ocurre algo no dudes en llamarme— se ofreció Carlisle
—Si, muchas gracias.
—No me abrió, deje la sopa en la cocina, trata de dársela— le dijo Esme preocupada.
—Sí, muchas gracias— tomó la sopa y se dirigió a la sala de Tv, quizás él tuviera más suerte que su tía —¿Bella?—no le contestó— Bella, Esme te hizo sopa— silencio— te daré tu espacio, pero por favor come algo o inténtalo— le dijo dejando la bandeja el piso— si quieres que te la caliente de nuevo avísame
…
No sabia que hacer, necesitaba distraerse en algo o tiraría abajo la puerta con tal de ver a su esposa, por lo que comenzó a arreglar todo, la expansión de la empresa, planear la nueva estrategia de trabajo, buscar un lugar, persona, quizás podía llevarse a algunos de los trabajadores, para que capacitaron a los nuevos. Cuando terminó todos los detalles de la empresa, comenzó con la mudanza a Londres, pero se detuvo, primero tendría que hablarlo con Isabella, él ya no podía ni debía tomar esas decisiones sin ella, también quedaba por discutir el asunto de su herencia, tenían que hacer varios tramites de toma de posesión, estaba en eso cuando le llegó un mensaje de texto.
Era de Isabella, no contenía ninguna letra, solo era una foto al abrirla no pudo reconocerla de inmediato, ¿el cuarto negro?¿ qué carajos? Salió de su despacho en dirección a la sala de televisión, al abrirla Isabella no estaba, subió a la habitación tampoco estaba ahí , regresó a la cocina donde estaba la señora Webber.
—¿Dónde está?— preguntó de golpe
—¿Quién?
—Isabella
—Tomó las llaves de su carro y se fue a la casa.
—¿Y por qué no me dijiste?— le gritó
—Dijo que ella le iba a avisar
—Bien— controlo su carácter— voy por ella. Señora Weber cualquier cosa que tenga que ver con mi esposa, incluso lo más mínimo me tiene qué decir de inmediato, ¿entendido?— le dijo enojado. Tomo las llaves de uno de los carros sin reparar en cual. Condujo cómo alma que lleva el diablo y tardó menos de 20 minutos en llegar a la casa. —¿Dónde está Isabella?— le preguntó al ama de llaves, la mamá de la señora Weber.
—Está esperándolo arriba, no se veía muy bien
Edward empezó a correr, subió los 3 pisos a una velocidad increíble, llegó a la puerta de la habitación negra y se detuvo, no quería que ella lo viera de esa manera, él tenía que trasmitirle tranquilidad, nomas caos, tomó un par de respiraciones, entro despacio, tratando de hacer el menor ruido posible.
Isabella estaba en su posición de sumisa (arrodillada junto a la puerta), solamente llevaba puestas unas diminutas bragas, tenía los ojos vendados y el cabello recogido en una trenza, por primera vez, se asustó al verla en aquella posición tan deshumanizada.
—¿Isabella? — la llamo, pero ella no habló, ni se movió— puedes hablar
—¿Qué quiere que diga amo?—preguntó en tono neutral
—Dime que haces aquí— comprendió que estaba completamente en su papel de sumisa.
— Yo….. yo.. necesito que alguien tome el control por mí y usted es mi amo— respondió sin ninguna emoción en la voz
—¿A qué te refieres?— le estaba preocupando mucho— pero antes que respondas siéntate en la cama y quítate la venda de los ojos— se levantó con un poco de torpeza, seguramente tenía los músculos agarrotados de estar tanto tiempo en esa postura. Se sentó en la cama a ciegas.
—Yo….
—¿Te puedo quitar las zapatillas?—le pregunto cuando se sentó en la cama, ella confundida asintió, no era propio que Edward le pidiera permiso en esa habitación, se suponía que ahí ella le pertenecía por completo, el podía hacer con ella lo que quisiera, ¿por que le pedía permiso?. Le quitó las altísimas zapatillas Jimmy choo de tacón de aguja, que se había puesto, comenzó a masajear sus pies, ella no soportaba usar zapatillas por mucho tiempo.
—Todo es demasiado— dijo despacio y en apenas un susurro— siento que estoy perdiendo el control de todo, todo va muy rápido, Charlie se fue, tu…. — se quedó callada
—¿Yo qué?— le insistió
—Eres diferente, no sé cómo comportarme cerca de ti, no sabía cómo responderle a todas las personas en el funeral, no tenía ni idea de que hacer o decir y luego me di cuenta de que no debía tener el control, no lo necesito, puedo cederlo perfectamente, a ti… — hizo una pausa— no necesito pensar, tomar decisiones, quiero dejar de sentir, quiero que tu te hagas cargo de todo, la vida era mejor cuando lo hacías, no se….
—Bella— la interrumpió y la abrazó— la vida no es así cariño, te estás haciendo daño, se que es duro, que duele, pero debes afrontarlo, no estás sola, yo estoy aquí, siempre estaré aquí. No te dejaré caer jamás, pero por favor inténtalo no puedes seguir así— le dijo quitando por fin la venda de sus ojos. Ella lo miraba confundida, perdida—Aquí estoy jamás te voy a soltar.
—Edward— dijo con la voz quebrada— Charlie— dijo y por fin lloro.
—Lo se cariño, lo sé, aquí estoy— la consoló mientras la tapaba con la sabana de la cama
Dejó que Isabella llorara todo el tiempo que ella necesitara, después de unas horas de llanto se quedó dormida, él quería darle un baño para que su cuerpo se relajara, pero eso podría esperar a mañana, ella necesitaba descansar, tomó a su frágil niña entre sus brazos, la llevó hasta su habitación, le puso una pijama cómoda, después tomo una ducha para liberar un poco la tensión acumulada, se recostó junto a ella a velar su sueño, se veía tan pacífica pero a la vez emanaba tanto dolor, su ceño estaba fruncido y estaba hecha un ovillo tratando de protegerse.
—¿Edward?— pregunto dormida
—Aquí estoy nena, duerme, yo te cuido— le dijo con la voz más tierna que tenía
—Mamá…. me gusta esa canción— sabía a qué canción se refería, cuando era niña lo obligaba a tocarla en el piano cada que tenía oportunidad.
Comenzó a tararear su canción hasta que el igual se quedó dormido.
…
Se despertó temprano, tenía muchas cosas rondando en la cabeza, por suerte Bella seguía dormida, quería cuidarla y consentirla hasta que ella mejorara, fue a la cocina por unas galletas y un chocolate caliente, sabía que no era lo más sano, pero también sabía ella no había comido nada desde ayer en el desayuno y no le apetecería una comida.
Al regresar a la habitación ella ya estaba despierta.
—Buenos días— le dio un beso en la frente, coloco la charola en sus piernas— Come
—Edward yo..— bajó la vista apenada— no sé que me pasó.. es..
—No te preocupes, ni te avergüences Bella, se que era un momento difícil, todos tenemos crisis en momentos así, además soy tu esposo siempre estaré aquí para apoyarte, no para juzgarte, no estás sola, jamás lo estarás— la beso suavemente para sellar su promesa— ¿Cómo te sientes?
—Gracias, significa mucho para mi— Sentía su corazón hincharse de amor por él cómo no lo había hecho en un tiempo— No sé, un poco mejor creo— se encogió de hombros, mientras mordisqueaba una galleta de chocolate, tenía que mantener su boca ocupada o le diría cuanto lo amaba.
—¿Quieres que te de un baño?— le pregunto, cuando se terminó el chocolate.
—Si, gracias— le encantaba la forma en la que Edward la cuidaba
—Termina tus galletas, prepararé la tina.— Preparo la tina con agua tibia, agrego el jabón favorito de Bella, que hacía mucha espuma, también prendió un par de velas relajantes —¿Lista?
—Si
—¿Quieres que te lleve hasta allá?— le pregunté cuando se levantó
—Estoy bien, no es necesario— le gustaba que la cuidara, pero también le gustaba participar.
Caminaron hasta el baño, se quitó la pijama y se metió con la ayuda de Edward en la bañera, él la imitó se quitó el pijama y se arrodilló al lado de la bañera. Comenzó con su trabajo, tomó una esponja, fue dándole suaves masajes en su cuerpo, disfrutando la suavidad de su piel, la había extrañado tanto.
—¿Edward?— preguntó suavemente
—¿Si?— estaba concentrado en lavarla
—¿No te vas a meter conmigo?
— Hoy no — suspiró, deseaba hacerlo, pero no podía aprovecharse de ella, estaba vulnerable — ¿te lavo el pelo?— asintió, Bella se sentía peor, él la había rechazado ya en 2 ocasiones.
Mientras le lavaba el pelo, Bella no podía dejar de pensar en lo que su abuelo le había dicho, Edward había cambiado mucho, ¿pero sería capaz de amarla algún día?¿podría vivir una vida junto a él, sabiendo que no la amaba y jamás lo haría? El día de ayer y hoy se había comportado cómo si lo hiciera, la había mimado, consolado y acompañado, eso no se podía fingir, tenía que sentir algo por ella o quizás solo se sentía obligado a cuidar de ella, Edward sabía que además de Charlie no tenía a nadie, más que a él, solo a un par de familias que en realidad no conocía bien.
—¿Ya no me deseas?— preguntó en un susurro
—¿Qué?— le pregunto con sorpresa, se movió para ver su cara, necesitaba entender que sucedía
—Qué…. si tu … ya no me deseas..— tartamudeo, tenía miedo de la respuesta
—Por dios..— la miró horrorizado— Bella si supieras las ganas inmensas que tengo de tenerte, besarte y acariciarte. Ansío tocar tu piel y entrelazar tu cuerpo con el mío, en todo momento, de todas las formas posibles. Eres una adicción para mí— le aseguro—no puedo dejar de pensar en ti, soy adicto a tu piel, a tus movimientos, a tus gestos, a tu sensualidad, disfruto tanto de tus gemidos, más aquellos donde me proclamas cómo tu dueño. Si supieras lo difícil que es tenerte ahí desnuda solo para mi, saber que estás dispuesta a ser dominada, carajo no tienes idea de cuanto te deseo— confeso, jamás le había abierto esa caja de pandora que era su libido a nadie, hasta ahora.
—¿Pero solo es eso?— le pregunto con tristeza. Edward no entendía que sucedía, pero quería borrar la tristeza que ahora invadía su rostro —Solo me deseas— repitió, de pronto se sintió sucia, él la había rebajado a un objeto, algo para satisfacer sus necesidades, algo que utilizar. Llegó a la resolución de que él jamás la podría amar, pase lo que pase, aunque cambie o trate de hacerlo. Desvió la mirada, inconscientemente tomó sus piernas entre sus brazos, tratando de mantenerse unida.
De pronto Edward comprendió las palabras de Bella, ella estaba vulnerable había perdido a la última persona que la amaba incondicionalmente, necesitaba escuchar, justo aquellas palabras, que él no podía pronunciar. Jamás se había considerado un mentiroso, pero ahora parecía necesario, ¿pero era una completa mentira?¿la amaba? Sabía que la apreciaba, le tenía cariño y sentía un calor raro en su pecho cuando estaba con ella, una calidez que jamás había sentido con nadie.
—Bella yo…— esperaba que su cariño fuera suficiente para ella por ahora
—No importa— no quería obligarlo a decir algo que no sentía— ¿terminaste?
—Solo me falta enjuagarte.
—¿Te importaría dejarme terminar a mi?— no quería estar cerca de el
—Si está bien
—¿Podrías esperarme en la habitación?— no quería que la viera llorar, estaba harta de verse indefensa frente a él.
—Si— se levantó y se fue
Se levantó de la tina, el agua ya estaba fría, se fue a enjuagar a la regadera, se sentía profundamente sola sola, había perdido a todos lo que alguna vez la amaron, sus padres, a su abuela, a su abuelo, a su hijo, solo estaba atada a alguien que jamás la amaría.
Cuando terminó se contempló desnuda, frente al espejo, se preguntó ¿Qué estaba mal en ella?, había hecho todo lo que él quería, había ido al gimnasio 4 veces a la semana, había comido todo lo que él había querido, había hablado cómo él quería, había vestido cómo él quería, había hecho todo y nada había sido suficiente para el. No era tan bonita cómo Kathe, pensó, pero… Decidió no ir por ese camino, sabía que perdería, vacío la bañera, fue al vestidor, tomo lo primero que encontró, ropas deportivas de su esposo, que le colgaban, eso ahora no le importaba, era hora de darle la cara a Edward.
Edward estaba sentado en la cama esperando pacientemente a Isabella, sabía lo qué tenía qué decir, pero ¿podría engañarla, si fuera necesario?, ¿Qué haría con tal de retenerla a su lado?, sabía que no estaba dispuesto a dejarla ir nunca más, no la quería herir, no quería provocarle más dolor, no quería ser egoísta, pero también sabía que no podía vivir sin ella, no sobreviviría otra vez. Pero sobre todo la pregunta más importante qué Edward tenía miedo a plantearse era ¿Qué sentía por Isabella?¿solo cariño? ¿admiración? ¿compañía? ¿deseo? ¿mucho deseo por ella? ¿solo era un deseo irracional o era algo más? ¿Él amaba a Isabella?
Isabella salió del vestidor con una playera y un pantalón de chándal demasiado grandes para ella, Edward reconoció esa ropa cómo suya, le encantaba que ella usara su ropa, pero en este momento solo lo distraía de sus meditaciones.
—Edward— lo llamó con timidez—¿ estás … enojado…. conmigo?..., por qué perdí a nuestro hijo— le preguntó Isabella con cautela.
—¿Qué?— se esperaba otra pregunta, una sobre sus sentimientos hacia ella— no por supuesto que no— le aseguro— se que lo que paso no es tu culpa, no es culpa de nadie, estás cosas suceden a veces— trato de hacerla sentir mejor
—Pero ¿te sientes triste tan siquiera?— inquirió, el no entendía por que le hacía esas preguntas tan extrañas
—¿A dónde vas con estas preguntas? ¿estás…?— preguntó Edward angustiado, ya no sabía ni que pensar, estaba hecho un desastre.
—No, por supuesto que no estoy embarazada— dijo indignada, ella le había sido fiel desde siempre —Me refiero a que se lo que yo quiero y voy a luchar por ello— lo haría por ella y por su abuelo, no seguiría decepcionándolo — pero necesito saber si tu ¿quieres formar una familia conmigo?¿Estás seguro de querer pasar el resto de tu vida conmigo? ¿Quieres compartir de verdad tu vida conmigo?— Si Edward le daba una negativa le pediría el divorcio, no podía seguir desperdiciando su vida junto a él, ya había pospuesto su destino por 4 años, no le daría ni un minuto más, amaba a Edward y quizás nunca amaría a nadie cómo a el, por que no había nadie cómo él, pero ahora se amaba más a sí misma, ahora su fidelidad ciega estaba de su lado, lucharía por ella aun si eso significaba alejarse de el.
Edward sabía lo qué ella le estaba preguntando entre líneas, ¿La amaba?¿estaba dispuesto a intentar amarla? ¿podría amarla?
