Capítulo 2: ¿Eres real o tengo muy buena imaginación?
El lunes por la mañana Edward apuro su rutina matutina lo más qué pudo, ese día a diferencia de todos, llego a la universidad antes qué cualquier alumno en Forks, se quedo analizando todos los vehículos qué llegaban con la esperanza de ver una camioneta negra, pero paso una hora y nada, decepcionado de no haber visto un monovolumen negro, decidió entrar a clases, era muy probable qué aquella chica de ojos tristes le hubiera mentido, ¿por qué habría de decirle la verdad? Ella tenía razón, eran extraños.
La semana transcurrió y conforme pasaban los días, las esperanzas de Edward se esfumaron, en sus noches de insomnio veía su dibujo y se preguntaba:¿era real?¿ la había soñado?, ¿todo era producto de su imaginación?, miraba directamente el dibujo de los expresivos ojos de aquella extraña que tanto le habían afectado. No, claro qué era real, él ni en sus peores pesadillas podría haber creado a un ángel con semejante dolor emanando de él, se preguntaba ¿Dónde estaría? ¿seguiría en Forks? O con vida.
Esa idea lo aterró, ¿podría pasar el resto de su vida sin volver a ver esos ojos? sin ver cómo era realmente su rostro, sin ver esos ojos con algo más que dolor. A veces durante sus clases de composición solía imaginar como se vería sonriendo, solía preguntarse ¿si se le harían arruguitas en los ojos o si alguna vez lo había hecho? o cómo luciría con las mejillas sonrojadas, "seguramente se vería hermosa, se vería llena de vida", solía pensar, de pronto ella era en todo lo que podía pensar.
Isabella no quería ir a la universidad, ¿pero qué otra cosa quedaba?, no podía quedarse en esa polvorienta casa esperando su muerte, tardaría demasiado. La universidad no le importaba realmente, pero estaba harta de escuchar el teléfono y de recibir cartas de la universidad, además debía cumplir el trato que había hecho, necesitaba la protección.
El lunes decidió que era hora de intentarlo, tomó una carpeta con hojas limpias y una pluma, subió a su camioneta después de ignorar la atenta mirada de su chismosa vecina y partió a la universidad.
Edward cómo de costumbre llegó tarde, se había quedado dormido, la noche de juegos y bebida con algunas porristas le había pasado factura. Cuando entró al estacionamiento se paró en seco al ver él monovolumen con él qué había soñado durante estas últimas 3 semanas , provocando que un alumno atrasado cómo él, le tocará el claxon, se estaciono rápidamente lo más cerca de la camioneta como pudo ya qué estacionamiento estaba casi lleno. Bajo y en un intento por cerciorarse que no seguía bajo los efectos de alguna droga, toco la camioneta, sintiéndose estúpido por un momento, pero más que nada aliviado, ya que la camioneta era real, todo era real, ella era real, podía sentir el frío metal, bajo su mano.
Entró a clases entusiasmado y con la esperanza de poder verla en los pasillos o en la cafetería, las clases sucedieron con demasiada lentitud para él y comenzaba a desesperarse ya que en cada cambio de hora, barrió por completo los pasillos sin encontrar esos ojos tristes, en él receso, analizó varias veces él comedor con la esperanza de encontrarse con aquellos ojos tristes qué tanto lo habían turbado, pero no tuvo suerte. Después de eso casi se rindió pero recordó haber tocado su camioneta en el estacionamiento, aún tenía un poco de esperanza podía verla en la salida, su impaciencia siguió aumentando conforme el día avanzaba, incluso su maestra de orquesta lo había reprendido por eso.
—Sr. Cullen, podría concentrarse en lo que está haciendo— dijo la profesora enojada,— la pista es de 4/4 no de 3/4, está apresurando a toda la clase.
—Si, lo siento profesora— dijo y tomó algunas respiraciones para tratar de calmarse.
Al terminar la última clase, salió corriendo e incluso casi tropiezo con un profesor al cual no le prestó atención después de esquivarlo con maestría, llegó al estacionamiento casi sin aliento, pero rápidamente se dio cuenta que su carrera había sido inútil, la camioneta con la que había fantaseado todo él día no estaba e inclusive el lugar que él juraba que había ocupado en la mañana, ahora estaba ocupado por un Chevy, cómo si la camioneta nunca hubiera estado ahí.
Camino desconcertado hacía su carro, ¿había imaginado la camioneta?,¿tan desesperado por verla estaba?, él juraba que era real, aun podía sentir el metal bajo su mano. Decidió visitar a su padre en el hospital, una opinión de un experto no le caería mal.
Bella estaba enojada, mientras conducía al pequeño centro comercial de Forks, había tenido un desmayo en la segunda clase y la habían enviado a casa. Odiaba haber quedado cómo debilucha frente a toda su clase y peor aún, odiaba los estúpidos rumores que escuchó cuando despertó en la enfermería. Seguramente ya todos estarían hablado de ella, eso no era bueno
—...solo se desmayó en medio de la clase— fue lo primero que escucho cuando recobro la conciencia, era la voz de un chico que no conocía, parecía hablar con la enfermera en la habitación contigua.
—Probablemente solo fue la deshidratación,—dijo una mujer que sonaba un poco vieja— siempre sucede después del verano, la enviaré a casa, dale este justificante al profesor
—O puede qué esté embarazada— dijo él tipo, eso hizo que ella se sentara cómo resorte sobre la camilla, ¿Qué demonios le pasaba a ese idiota?, ¿por qué decía semejante pendejada?
—¿Por qué lo dices?— preguntó curiosa la enfermera, pues en los casi 10 años de enfermera en una preparatoria, había aprendido a reconocer a las chicas embarazadas y ella no parecía una, parecía más alguien que había estado viviendo en las calles.
—¿Por qué otra razón usaría esas gigantes camisetas?— dijo cómo si fuera lo más obvio del mundo— si, no para ocultar su panza
Tomó su mochila y se levantó, después del mareo inicial, salió del pequeño consultorio donde estaba, pasó al lado del chico empujándolo ligeramente con su hombro y su mochila. Quería golpearlo y dejarle bien claro que ella no estaba embarazada.
—Ya me siento mejor— dijo a la enfermera—gracias
—Es mejor que vayas a casa, a descansar querida— dijo en tono maternal la enfermera— te daré un justificante
—Bien— aceptó pues después de haber escuchado aquello no quería seguir en la misma habitación qué ese idiota, podría mandar todo al carajo y asesinarlo en medio de la escuela.
—Come bien, toma muchos líquidos y si puedes compra suero— le recetó amablemente la enfermera
Se sentó en su camioneta a esperar que la lluvia aminorara, odiaba manejar bajo la lluvia. Cuando entró a lo que parecía un mini Walmart, escogió un poco de comida, un pan para sándwich y mermelada, eso le bastaría para toda la semana, cuando paso por la farmacia, recordó la recomendación de la enfermera del suero, pero la ignoró tenía que cuidar cada centavo mínimo hasta que consiguiera un trabajo, fue directo a casa se preparó un sándwich sin orilla cómo los que le solía hacer su madre.
Al tragar el primer bocado su estómago no lo soporto, después de 1 semana sin comer absolutamente nada era normal que lo hubiera vomitado, ¿no?, cuando se estaba limpiando recordó los rumores, ¿estaría embarazada?, trato de recordar su último periodo, pero no pudo, asustada tomó sus llaves y volvió a salir rumbo a la farmacia, se estaciono fuera, pero no pudo bajar de inmediato, ¿ que sucedería si alguien la reconocía?, sólo alentaría los rumores, pensó un momento qué era peor, que un pueblo olvidado hablara de ella o no saber si tendría un bebé del estúpido de Jacob, se podría largar ,había cientos de pueblos fantasmas cómo este donde desaparecer, ¿pero que haría con un bebé?
Se puso la capucha de la sudadera y salió de la camioneta, camino rápido mirando al suelo en todo momento, tratando de pasar desapercibida, cuando iba a entrar choco con alguien.
—Lo siento— comenzó a disculparse
—No, hay problema, ¿estás bien?— reconoció esa voz, era Edward. Él estaba feliz de haberse desviado del hospital.
—Si— dijo secamente. Cuando escucho su voz reprimió una sonrisa, claro qué era real.
—Hoy te vi en la escuela en la mañana, pero ya no te vi en la tarde— le dijo tratando de hacer lo último que ella necesitaba, platica. Tenía prisa y él solo le quitaba el tiempo.
—¿Así? yo no te vi— dijo entrando a la farmacia, ignorándolo, para que siguiera con su camino. Edward la siguió, ahora qué la había encontrado no la dejaría ir nuevamente.
—Y ¿bien?— dijo, mientras ella barría con la vista ansiosa los estantes y fulminarlos con la mirada después de no encontrar lo que buscaba.
—Bien, ¿qué?— pregunto concentrada, parecía qué tendría qué pedir la prueba al tonto chico qué estaba detrás del mostrador, pero primero debía deshacerse de Edward.
—¿Por qué te fuiste temprano?
—¿Cómo sabes que a la que viste era yo? hay cientos de alumnos en esa escuela- comentó distraída
—¿Quién más podría manejar esa cafetera?— dijo tratando de aligerar la amargura que destilaba la pequeña chica a su lado, qué con cada estante que recorría se desesperaba más— ¿buscas algo?
—¿Trabajas aquí?— preguntó, si era así probablemente debería ir a otra farmacia.
—No, pero hace un par de años cuando iba en la secundaria si, además soy cliente frecuente, conozco a la perfección la tienda— dijo de forma arrogante.
—Bien, ayúdame dejándome en paz— dijo mordazmente, él se paró en seco, vaya esta chica no sabía nada sobre sutileza o amabilidad, ella camino hacia el mostrador y pidió lo más rápido que pudo la prueba de embarazo.
—¿Qué marca?— preguntó el desinteresado joven detrás del mostrador.
—La que sea, no importa —dijo viendo sobre su hombro él pasillo vacío, bien, Edward por fin se había ido.
—No, la clear blue es mejor— dijo Edward a su lado, ella saltó asustada, ¿en qué momento había llegado ahí? Él muchacho detrás del mostrador cambió la prueba. Edward sacó dinero de su cartera, Bella se quedó petrificada y cuando estaba a punto de pagar, le dio un manotazo— ¡Auch! —se quejó Edward, ella lo ignoró, estaba furiosa, con qué derecho se metía en su vida, le quitó la prueba al chico, dejó 20 dólares sobre el mostrador, salió cómo alma que lleva el diablo. Y por supuesto Edward la siguió.
—Hey ¿estás bien?, ¿Necesitas ayuda?— le pregunto antes de que ella pudiera subir a su camioneta— mi padre es médico …
—¿Sabes lo que necesito?— lo interrumpió ella enojada, estaba que echaba humo, después de la escena que habían montado dentro— qué de una puta vez me dejes en paz, no sé quién te dio el derecho de meterte en mi vida. Así que ve con tu maldito complejo de salvador a otro no necesito que me salven!— gritó con vehemencia.
—¿Por eso ibas a suicidarte?—le pregunto Edward ignorando por completo su argumento— eso tiene solución, no tienes que acabar con toda tu vida, mi padre es médico te puede ayudar, pero…— se callo, ella lo miraba incrédula— ¿alguien te hizo daño?—trato de crear una teoría qué resolviera algún misterio de esta chica.
— Nadie me ha hecho nada— mintió, no quería que la viera con lástima— Escucha lo que iba a ser, era una tontería, solo estaba pasando un mal momento— le explico, no quería que él pensara cosas que no eran
—¿Quieres un poco de compañía?— le pregunto sin saber muy bien que hacer— no debe ser fácil hacer eso sola— le dijo señalando la prueba. Claro que no era fácil, pensó, ni siquiera con compañía.
