~Zero Kara Hajimeru~
Capítulo quince: La respuesta
"El trabajo consiste en formularse preguntas, tantas como se puedan, y hacer frente a la falta de respuestas precisas con una cierta humildad"
El auto detuvo su marcha delante de una casa bastante amplia. No parecía la mansión de los Uchiha, pero sus amplios jardines y el camino empedrado hacia la entrada de una construcción de dos pisos que tenía más ventanas que un edificio promedio de Konoha, daban la imagen de una propiedad no muy accesible para el promedio.
La música que salía por los parlantes del auto de Sasuke disminuyó el volumen hasta ser un susurro lejano para ella.
Naruto silbó desde el asiento del pasajero.
—Hace mucho que no veníamos a cada del Sasodiota.
Volteó a ver a Sasuke, quien se había mantenido en silencio todo el camino. La expresión de fastidio era casi su marca personal, nada diferente a cualquier otro día, pero algo en sus ojos azabache la hizo comprender que estaba más reacio a seguir su plan de lo que había dejado saber.
—Si fuese por mí, no estaríamos en este lugar —masculló—. Que sea rápido, si nos quedamos más de quince minutos en este lugar, tendrán que regresarnos al hospital.
—Eso será porque se agarrarán a golpes, la última vez casi viene la policía, 'ttebayo.
—¿Se llevan tan mal?
Sus recuerdos de Sasori no eran mejores, se dijo, pero se preguntó qué había llevado a que Sasuke fuese tan renuente a verle la cara al pelirrojo. Dudaba mucho que la historia entre ellos fuese similar a la que ella conocía. O desconocía…
Lo cierto era que no sabía qué tanta historia había tenido el pelinegro y Sasori en su mundo. Solo fue un medio de información que terminó con una experiencia agridulce.
—Llevarse mal es una forma bastante sutil de describirlo, Sakura-chan —respondió Naruto, un poco más serio. Aún le lanzó una zorruna sonrisa de oreja a oreja antes de salir del auto.
Empezó a desconfiar de su plan. Quizás no fuese tan buena idea juntarlos a esos dos si las cosas realmente eran tan tensas.
Naruto lideró el camino a la entrada. Tocó el timbre un par de veces antes de posicionarse, de forma muy evidente, entre Sasuke y la visión de la puerta. El azabache entrecerró los ojos hacia su compañero, pero no puso objeciones.
A Sakura le empezaron a temblar un poco las manos.
La puerta principal se abrió medio minuto después de tocar, revelando a un hombre mucho mayor que ellos.
Abrió los ojos, sorprendida.
—Sasori-san —saludó Naruto, de una forma que hizo sonar el honorífico como un insulto. Lo miró ojiplática, impresionada de que su compañero tuviese la habilidad de ser desagradable con alguien.
El pelirrojo miró uno por uno a sus visitantes, luciendo cada vez más fastidiado por tener que verles la cara. Y, entonces, cuando llegó a verla a ella, su rostro se recompuso.
El semblante del hombre se tornó extraña a los ojos de Sakura; al mismo tiempo, Sasuke hizo lo impensable: entrelazó sus dedos con los suyos, tomándola de la mano.
—Vaya, vaya. Acepto la ofrenda de paz —habló emocionado.
—¿Qué carajos…? —escupió el pelinegro.
Naruto volvió a posicionarse delante de Sasuke, y fue entonces que la pelirrosa notó que el Uchiha había avanzado hacia él. Todo su porte tenso estaba preparado para la pelea.
Desde su posición, Sakura se permitió analizar un poco más al Sasori que tenía en frente. Era notoriamente más bajo que Sasuke y Naruto, pero su físico y las líneas angulosas de su rostro denotaban a una persona en sus treinta. El Sasori que ella había conocido aparentaba su edad; pero, claro, la abuela Chiyo también se había sorprendido de la apariencia juvenil de su nieto. Los títeres reflejaban a un niño que ya no existía, y este mundo no era manejado por ninjas ni renegados usando hilos de chakra para ocultar su verdadero rostro.
Sasori se veía como, supuso, debió verse en su cuerpo real.
—Te pediría, de favor, que dejaras de mirarla así —casi gruñó el azabache.
Sakura volvió la atención a la mirada inquisitiva y casi lasciva del pelirrojo, entonces empezó a sentirse incómoda. Claro, no había notado ese pequeño detalle hasta que Sasuke lo mencionó. El tipo la miraba con el mismo entusiasmo en la mirada que Jiraiya observando la parte delantera de las mujeres, aunque tenía la decencia de controlar su expresión. Una sola sonrisa de medio lado, confiada, altiva, casi como Sasuke en sus momentos sarcásticos.
—Bonita niña la que me traes, pero —se acercó ligeramente a Naruto, con una mano tapando parte de su cara— ¿están seguros de que es legal? —susurró.
Sintió los dedos de Sasuke apretar ligeramente su mano. Volteó a verlo y su mirada seguía pegada en el rostro de Sasori.
—Tú quieres que te parta la cara otra vez, ¿verdad? —Sasuke sonrió, sardónico.
—Según recuerdo, yo te la partí a ti.
—Y según yo recuerdo, la ambulancia solo te llevó a ti al hospital, dattebayo. ¡Tu ceja se convirtió en otro maldito ojo! —chilló Naruto. Otra vez, dirigiendo la atención hacia él.
—No iba a dejar que unos paramédicos cosieran esa cosa, me había quedado una cicatriz —aclaró, apoyando su peso en el marco de la puerta—. Dejando los buenos recuerdos atrás, ¿se puede saber qué los ha traído hasta mi morada para fastidiarme la tarde? —empezó a sonreír—. Porque, por como Sasuke está tratando de asesinarme con la mirada, dudo que la chica de ahí sea un regalo para mí.
Sakura asintió, tomando la decisión de acabar con esa guerra de posiciones en ese instante. Solo estaban ahí bajo un propósito, y necesitaban de su ayuda. Seguir calentando el ambiente no le serviría a nadie.
—Necesito que me hagas un favor —se adelantó ella, avanzando un paso hacia él.
Sasuke apretó aun más su mano y dio un tirón para hacerla retroceder. En respuesta, Sakura plantó firmemente los talones al suelo, lanzándole una breve mirada de advertencia por encima de su hombro. El pelinegro se la devolvió, con una que prometía consecuencias si se acercaba más al hombre frente a ella.
La sonrisa de Sasori no le agradó en los más mínimo.
—Un favor.
—Sé que no me conoces…
—Eso se puede arreglar —propuso.
—… pero necesito que me brindes información para encontrar a alguien importante. Para mí —agregó al ver las defensas de Sasori levantarse sobre él. Toda mueca de sorna desapareció de su rostro.
—¿Quieres información de alguien? —inquirió, casi ofendido. Miró a sus dos acompañantes—. Ustedes, par de imbéciles, ¿están comercializando mis habilidades con extraños? ¿Qué mierda les pasa?
—¿Enserio fuiste tan idiota de pensar que era una visita de rutina? —masculló Sasuke.
El pelirrojo negó con la cabeza, luciendo un falso rictus de decepción.
—Regresen a su guardería, no estoy para aguantarlos.
Se estaba dando media vuelta para regresar a casa, pero Sakura se safó del agarre de Sasuke a tiempo para poner una mano en la puerta del tipo, impidiendo que la cerrara. Juró haber oído un gruñido por parte del pelinegro, pero lo ignoró.
Su cuerpo estaba peligrosamente cerca al de Sasori, quien luego de una evidente sorpresa, volvió a sonreír, esta vez con más ganas.
Ella no se dejó intimidar por esa expresión perturbadora; solo necesitaba algo de él y no planeaba salir con las manos vacías. Ya lo había matado en el pasado, quizás podría hacerlo otra vez, aunque su falta de habilidades con el chakra le jugaran en contra. Aún podía usar taijutsu, y lo usaría sin rechistar contra él si eso le aseguraba obtener la información.
—Necesito que me brindes información para encontrar a alguien importante para mí —repitió, en un rápido movimiento lo tomó por el cuello e intentó alzarlo. No era mucho más alto que ella, por lo que logró estampar su cuerpo contra la puerta abierta—, no me volverás a ver la cara por aquí después de esto. Por favor. Sé que hay otras formas en las que podría obtener esto, pero me estoy quedando sin tiempo y te juro por Kami-sama que tengo formas de convencerte que no te van a gustar. Así que, ¿puedes hacerlo por las buenas?
—Esto… ¿Sakura-chan? Hay vecinos —apuró Naruto, sonando nervioso.
—Ya oíste a la chica —agregó Sasuke.
Sakura no desvió la vista de su objetivo, pero estuvo a punto al escuchar al chico. Algo en su voz denotaba orgullo y eso la derritió un poco.
—¡Y no vuelvan! ¡Trío de locos! —se escuchó a lo lejos.
Sasuke aceleró alejándose de la casa, con una de sus manos fuera de la ventana, sacándole el dedo medio como despedida. Hora y media había pasado desde que llegaron a casa de Sasori, tomaron la información que necesitaban luego de una larga búsqueda que no esperaba y salieron con las mismas que llegaron.
—Quién diría que sería tan complicado para Sasori encontrara al tan Dan, dattebayo.
—No tenía mucho más que el nombre, es natural que demoráramos.
Sakura se sonrojó.
Cuando Sasori había empezado su búsqueda, habían pasado por diversas personas con el mismo nombre. Había una corta lista de apellidos extranjeros y luego más locales, debió imaginar que se trataba de un apellido japonés. Cuando lo encontraron, Sakura vio con fascinación cómo la hoja de vida del hombre se desplegaba con toda la información necesaria. Una foto en la parte superior derecha fue suficiente para confirmar todo.
Lo que la seguía sorprendiendo de esa hoja de vida era la situación actual de Dan.
—Está casado con una tal Tsunade Senju.
Sakura asintió, distraída.
—¿Quieres presentarte así? ¿De la nada? Su mujer pensará cosas extrañas.
—Tsunade Shishō ya me conoce —respondió ella—. Me vio en el hospital y es tal cual la recuerdo. Bueno, un poco más malhumorada de lo que recuerdo, quizás, pero ustedes también estuvieron molestos conmigo al principio por pensar que estaba loca.
—Lo seguimos pensando.
—Yo no, Sakura-chan.
—Sí, perfecto, la persona menos confiable en toda esta ciudad no cree que estés loca.
Ella lanzó una corta risa. Seguía gustándole ver a sus compañeros interactuar. Le recordaban a un pasado que solo le pertenecía a ella, que solo ella podría recordar.
Un pinchazo de dolor y desesperanza la atravesó.
Seguía empecinada en regresara su mundo y, sin embargo, parte de ella moría al solo pensar en estar lejos de ellos. Lejos de Ino, Hinata, Kiba, todos los chicos que ya no estaban en su mundo… lejos de Naruto, de Kakashi, Tsunade… Sasuke.
Apretó sus dedos de las manos, mordiéndose la lengua para evitar pensar en eso. Esta no era su vida, su vida estaba destruida en otro lugar y ahí debía regresar.
Alguien chasqueó los dedos frente a su rostro, sobresaltándola.
—Llegamos.
Cuando volteó a verlo, Sasuke fruncía el ceño con preocupación. Observó a Sakura desconectarse a mitad de camino y aunque tanto él como Naruto lo notaron, prefirieron dejarla en paz. La expresión abatida que había adoptado en los últimos minutos de camino lo hicieron sentir inquieto.
Se dijo que una expresión tan triste como esa nunca estaría bien en rostros como los de ella.
Sakura sonreía y de ese modo el mundo estaba bien.
—¿Quieres ir sola o…? —preguntó.
La chica negó.
—Está bien si quieren ir conmigo.
Naruto fue el primero en salir del auto, seguido de Sakura y, al último, por él. Aún quería mantenerse pegado a ese asiento. Sea lo que sea que descubrieran ahí dentro, si era una forma de alejar a Sakura de ellos, no le emocionaba saberlo.
Caminó con todo el desgano que le permitía seguir el ritmo a sus compañeros. El lugar era un suburbio con casas medianas; quizás no vivieran en una propiedad donde entraran fácilmente tres familias, pero la construcción unifamiliar de colores ocres era casi acogedora a la vista.
Los alcanzó cuando Sakura y Naruto ya esperaban a que les abrieran la puerta. Un ruido de pasos pesados en el interior los alertó.
Vio la tensión en los hombros de Sakura antes de que la puerta se abriera.
Su primer pensamiento fue que los ojos de Sakura tenían un verde mucho más bonitos y vívidos que los que aparecieron en la entrada. Un hombre de unos cuarenta muchos o cincuenta y pocos, más alto que los chicos y cabello azul pálido les dio una mirada curiosa antes de hacer una ligera reverencia como saludo.
—Buenas tardes, un gusto, ¿qué los trae por aquí?
La pequeña sonrisa que les lanzó llevaba toda la amabilidad que Sakura necesitó para sentirse más cómoda. Por lo poco que había escuchado de Shizune, Dan era un hombre cordial, bueno, comprensivo, soñador. «Como Naruto…» había sido su manera corta de describirlo.
—Buenas tardes, Dan-san, disculpe la intromisión. Soy Haruno Sakura… —Se decidió a ser sincera. Si la presencia de Dan aquí estaba ligada a la misma razón que ella, la forma de comprobarlo era de una sola forma— shinobi de Konoha.
Los tres chicos notaron cómo la postura del hombre vaciló al alejarse de ellos. La sonrisa amable que traía en los labios segundos antes había desaparecido, siendo remplazada por una mueca de sorpresa, casi horrorizado.
La pelirrosa se preocupó. Su reacción casi confirmaba sus sospechas, pero nunca se le había pasado por la mente que quizás sus experiencias pasadas fuesen un tabú para Dan. Esperaba que no fuese de ese modo, su oportunidad a obtener las respuestas que necesitaba dependía de él.
—¿Cómo es…? ¿Cómo ustedes…?
Dan miró sobre sus hombros al interior de la vivienda, cerciorándose que no había nadie en el interior, aunque fuese ridículo. Sabía que estaba vacío.
—Señor yo…
—Aguarda un minuto —la detuvo, mostrándole la palma de sus manos en alto. Miró alrededor de la calle antes de abrir más la puerta—. Entren, por favor.
Sakura asintió, mientras caminaba al interior. Una mano caliente le rozó el dedo meñique desde atrás. Hasta ese momento casi había olvidado que estaba acompañada, Sasuke y Naruto parecían ligeramente pálidos e incómodos en el lugar, pero férreamente decididos a acompañarla hasta final.
Sintió el calor placentero del ser protegida por ellos, hacía demasiados años que no lo sentía y les sonrió ligeramente en agradecimiento.
Dan cerró la puerta. El hombre se quedó mirándola durante unos segundos, como si quisiera agarrar fuerzas para lo que estaba esperándole a sus espaldas, entonces se volteó con una expresión seria, mirando a la peli rosa como si se tratara de un fantasma.
—¿Por el bosque? —preguntó Dan.
Sakura lo miró sin comprender.
—No com…
—Una carretera, camino a Suna —respondió Sasuke por ella, captando más rápido lo que Dan requería—. En realidad, regresábamos a Konoha con mi hermano antes de que Sakura cayera, literalmente, sobre nuestro auto.
Dan saltó la mirada entre ellos tres.
—¿Y tú los conocías de algo? —le preguntó a ella.
Sakura asintió.
—No sé por qué llegué aquí, y no sé cómo regresar.
—¿Quieres regresar? —preguntó, sorprendido.
—Yo…
Dan sacudió la cabeza, sin poderse creer que tuviera a una chica de Konoha frente a él.
—¿Cómo fue que llegaste aquí?
—No es muy listo —murmuró Naruto a Sasuke, él le golpeó las costillas en respuesta—. ¡Pero si le está diciendo que no sabe, dattebayo, teme, tú, maldito!
—Cierra la boca, idiota.
El hombre empezó a reír un poco.
—Lo siento, no me expliqué, ¿qué pasó antes de que llegaras aquí? —reformuló—. Han pasado muchos años y hasta el día de hoy no sé exactamente qué fue lo que provocó mi viaje. Solo sé que nunca pude regresar porque, bueno, una vez muerto allá, no hay mucho que se pueda hacer.
—¿Entonces sabes cómo regresar?
—Dependerá mucho si tienes un cuerpo al cuál regresar —aclaró Dan—. Por eso te pregunté qué pasó antes de…
Ella asintió. Dan la invitó a una pequeña sala, donde le pidió esperar unos minutos. En el momento en que los cuatro tenían pequeñas tazas de té en sus manos, empezó el relato.
Sakura le comentó todo, incluyendo los antecedentes. El cómo la guerra se había desatado, la participación de Sasuke y Naruto en ella, el momento en que Madara traicionó al pelinegro cuando su objetivo se vio concretado, como cada uno de sus compañeros y su sensei caían. Naruto estaba demasiado débil cuando le arrancaron la energía del kyubi, no tuvo mucha oportunidad, pero ella no iba a dejar que le arrebataran todo lo que le quedaba. Naruto era la única esperanza de la aldea, del mundo Shinobi. Sin él, estaban perdidos.
Le relató el momento exacto, cuando Kurama levantó una de sus zarpas, decidido a acabar la amenaza que representaba el rubio para él. Sin un contenedor, no hay cómo volver a encerrarlo.
Se abalanzó hacia él con las fuerzas que le quedaban y lo arrojó tan lejos como pudo. Solo ella quedó en el lugar de impacto, solo que nunca lo sintió. Al menos, no el impacto de la pata del zorro.
Los tres hombres la observaron horrorizados. Sasuke y Naruto ya habían escuchado las historias, pero el antecedente a la guerra, el que Sasuke fuese considerado un traidor a la aldea, un ninja peligroso que fue parte del bando contrario a Konoha, el porqué estaba aliado a Madara, habían detalles que lo dejaron horrorizado, pero Dan, quien había sido parte de los ninjas de Konoha, estaba horrorizado por otro tipo de razón.
Su horror nacía de la misma razón que el de ella. Konoha era su hogar, probablemente siempre tendría pensado que sus días venideros traerían cosas buenas, nunca algo tan devastador.
—Tsunade… ella… —algo en su expresión se tornó agónica cuando Sakura apretó los labios, con la barbilla temblorosa, y sacudió la cabeza. Tsunade Shishō había sido una de las que había peleado hasta horrible final. Dan dejó salir el aire contenido, con un suspiro tembloroso—. Supongo que estaba destinado a pasar en algún momento.
—No lo entiendo —habló Naruto, captando la atención de todos. Su piel bronceada había adoptado una tonalidad enfermiza, casi verdosa, como si todo el relato lo hubiese descompensado y solo quisiera vomitar. Sasuke no estaba en mucho mejor estado—, ¿quieres regresar sin saber si…? Quiero decir… Mierda… No sabes si la guerra continúa o…
—Si tú sigues con vida, hay esperanza de que podamos seguir peleando. Soy ninja médico, mi participación es importante —respondió Sakura.
Naruto hizo una mueca.
—Eso es cierto —coincidió Dan—, y por lo que relatas, no creo que hayas muerto. En mi caso, sí experimenté la muerte. Cuando desperté aquí fue como renacer, casi no tenía memoria de lo que pasó anteriormente, hasta que, poco a poco y a través de sueños, logré armar el rompecabezas. Sinceramente no sé si funcionará, Sakura, como te dije, yo no pude regresar. Y conforme pasaron los meses y encontré a Tsuna aquí, no había forma de querer volver.
El corazón de la chica se sintió como si lo hubieran apretado, porque cuando volteó a ver al azabache, este ya la estaba mirando a ella. Su escrutinio era tan intenso que, pese al dolor, sus mejillas se tiñeron de un intenso color rosado. Quiso tomarlo de la mano, decirle abiertamente que su razón para no querer regresar, aquella más fuerte, era él. Pero…
—Denme un momento —les dijo Dan, levantándose con urgencia y desapareciendo por uno de los pasillos de su casa.
Entonces, Sasuke, quien hasta ese momento no había abierto la boca, soltó las palabras que había estado reteniendo hasta ese momento.
—Ya no hay guerra.
Sakura parpadeó, desconcertada. Inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Cómo?
—Si lo que estoy soñando ahora está relacionado con tu mundo, entonces en Konoha ya no hay guerra —respondió—. Vi la reconstrucción de la aldea, vi a ese idiota —señaló a Naruto— junto a otros aldeanos ayudando. Si quieres regresar para ser una mártir en una guerra que parecía no tener final, lamento decepcionarte.
—Sasuke-kun…
—Si no te quieres quedar, entonces dilo de una vez por todas. No pongas excusas estúpidas, es realmente molesto.
Sakura abrió la boca, queriendo discutir. No se trataba de ser una mártir. Había más detrás de su razón para regresar, quizás su felicidad no estuviera en la aldea, pero Naruto había hecho y sacrificado tanto por ella, que se sentía una traición abandonarlo en su peor momento. Ni siquiera sabía si él era feliz. Alguien tenía que cuidar de él. No podía ser el único que cargara el peso de sus compañeros muertos.
Dan regresó en ese momento, portando un pergamino que le hizo jadear al reconocerlo.
—Esto de aquí —dijo al momento de abrirlo y estirarlo sobre toda la mesa de centro— es un mapa.
Sakura observó cuidadosamente el mapa en él. Una franja de tierra, rodeada de infinidad de islas, cada una de las partes dividida y con sus nombres. Reconoció la pequeña porción que indicaba a Konoha. Era una zona tan pequeña para el mundo que se le hacía esta ciudad.
En distintas zonas del mapa había puntos rojos que se interconectaban. Algunos estaban en una isla, otras en diferentes prefecturas que ella no identificaba y otra, la cual ella reconoció, cerca de Konoha.
—Aquí —señaló Sasuke, apuntando uno de los puntos rojos—, esta es la carretera donde apareció.
—¿Qué es todo eso? —murmuró Naruto. Su rostro lleno de concentración lo hizo parecer tanto al Naruto de la guerra que Sakura quiso que volviera a sonreír—. ¿Aquí es donde cree que la gente viaja ente mundos o algo así?
Dan asintió.
—Fueron años de incansable investigación para llegar a esto. Cada uno de estos puntos reúne ciertos requisitos. Hay otros puntos, en un mapa mundial, donde gente aparece y desaparece sin explicación, pero este es el que nos interesa —explicó. Alzó la mirada hacia los tres chicos y abrió los brazos en dirección al pergamino—. Estos puntos son los que conectan nuestro mundo con el de ustedes y es en donde debes estar para regresar.
»La verdad es que no sé si estos canales se abren solo yendo a ellos, o si son temporales, si aparecen un día sí, un día no. Pero lo que sí sé es que seguimos la lógica de nuestros recuerdos, lo más probable es que tengas que estar en un momento donde tu mente esté más relajada.
—¿Meditación? —inquirió ella.
—Claro. O lo que hace que ellos puedan ver tu mundo sin ser parte de él.
Sasuke se irguió un poco en la silla.
—Dormidos.
Dan asintió.
—¿Dormidos? ¿Quieres que me duerma en medio de la carretera? —inquirió Sakura—. Sería más lógico ir aquí —señaló el portal que se encontraba en una zona llena de árboles.
—No, en realidad no. No puedo saberlo, pero diría que los portales conectan diferentes mundos alternativos y bajo llaves muy específicas. Quizás este de aquí no conecte al mismo mundo que al tuyo ni se pueda abrir sin ciertos requerimientos. Digamos que fue una coincidencia increíble que vinieras aquí y no a cualquier otro mundo y fuera exactamente en el momento que dos personas tan ligadas a ti estuvieran cerca.
—¿Qué tratas de decir?
Dan se encogió de hombros.
—Supongo que ya lo sospechabas —Señaló a los dos chicos—. Ellos son parte del portal.
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Continuará…
Ooooooookaaaaaaay. Vamos a hacer como si no hubiesen pasado casi diez años desde la última vez que actualicé. Estoy viva, es lo que importa, ¿verdad? ¡No se molesten! ¡Bajen las armas! Y… a todo esto, una disculpa.
Lo siento, de verdad. Tuve un tiempo de sequía bastante malo. Año y años sin poder escribir, me dediqué a leer y luego llegó otra sequía en la que ya no hubo nada que me interesara leer, se me rompió mi USB, donde tenía muchísimos adelantos e historias en las que me había esforzado y puesto todo mi cariño —nunca recuperé la información—; me robaron la laptop, donde también tenía muchísimo que me dediqué en estos años a intentar escribir y… bueno, tuvo que llegar hasta hoy. Me prometí hace muchísimos años, cuando era una chiquilla de once que recién incursionaba en los fanfics, que JAMÁS —en ninguna circunstancia— iba a dejar inconcluso un FF, porque sabía de primera mano lo horrible que era que una historia te encantara y la autora no se tomara la decencia de continuarlo hasta terminarlo y dejar la escritura por la paz.
Pero pasó, casi casi dejo que pase. Olvidé mucho de lo que planeaba para llegar a ciertas escenas que ya tenía en mi mente. Sé cómo termina esta historia, sé de ciertas cosas que van a pasar, pero no sabía cuál era la lógica que los conectaba. Aún estoy en proceso, pero lo cierto es que espero poder terminar Zero Kara Hajimeru para esas pocas personitas que aún sufren viendo que no hay actualización desde el 2014. Que sepan que sufrí con ustedes todos estos años, porque sé que les fallaba al dejarlos en ascuas.
Decirles que no puedo prometer nada, quizás solo hacerles saber que quiero terminar esta historia y quizás lanzar un pequeño capítulo más de Saga: Celos, y entonces podré retirarme tranquilamente.
Espero poder verlos en una próxima actualización. Muchísimas gracias a los que aún esperaron, aunque pasaron tantos años. Una disculpa, valen mil.
Capítulo subido el 15 de enero de 2023
