El grupo de amigos regresaba a casa, hablando animadamente y riéndose de los incidentes con el escáner de esa tarde.
Se sintieron a gusto después de algunas horas sin rastro de Drex, eso les había ayudado a calmarse un poco y animarse. Pero esa misma tranquilidad que sentían fue lo que les hizo bajar la guardia y no notar al hombre que los había estado siguiendo desde que salieron de la tienda.
Drex caminaba detrás de ellos desde una distancia discreta, observándolos con atención y también a sus alrededores. Nadie había mirado dos veces en su dirección ni había levantado sospechas, parecía el tipo promedio con esa sudadera con capucha.
No podía oír de lo que estaban hablando, pero podía oírlos reírse de lo que sea que estuvieran hablando. Pero lo más importante, estaban siendo descuidados, lo estaban guiando hacia la casa de la chica.
Esa fue la primera casa a la que llegaron.
Ambos chicos todavía no sabían lo que le había pasado, pero sentían la necesidad de asegurarse de que ella estuviera a salvo todo el tiempo. Ella había protestado varias veces diciendo que no los necesitaba respirando en su cuello cada segundo del día, pero no iban a retroceder.
Al darse cuenta de que no se rendirían, solo pudo suspirar derrotada y darse por vencida, dejándolos hacer lo que quisieran. Tendrían que cansarse de eso en algún momento.
Finalmente, llegaron a su casa. Podían ver las luces encendidas, lo que significaba que su mamá estaba en casa.
—Está bien chicos, gracias por acompañarme a casa, entraré ahora, nos vemos mañana.
Ella les sonrió y se volvió para caminar hacia la puerta, pero Henry la detuvo colocando una mano en su hombro.
Se detuvo y miró a su amigo.
—¿Qué?
Henry tenía su mirada puesta en las ventanas de su casa.
—¿Estás segura de que tu mamá está en casa?
—Por supuesto, ella siempre está en casa a esta hora —respondió—. De lo contrario, me diría si no llega a tiempo.
—Llámala para asegurarte —pidió.
—Eso no es necesario, sé que es ella —les aseguró.
—No siempre puedes estar muy segura —dijo Jasper, contagiandose con la preocupación de Henry.
—¿Quién más se molestaría en encender todas las luces del primer piso? —señaló la chica.
—Alguien que quiera darte una falsa sensación de seguridad —respondió Henry.
Quería protestar pero su amigo no se lo permitió.
—Drex está tan loco como para hacer eso —dijo Henry—. Creo que es capaz de pensar en algo así, tiene la mente retorcida.
La chica exhaló, colocando una mano en su rostro y arrastrándola hacia abajo. No quería nada más que entrar a su casa y abrazar a su mamá, pero primero tenía que calmar a sus amigos.
—Está bien, la llamaré —se rindió.
Sacó su teléfono y buscó el contacto de su mamá, marcando llamar. La Señora Page le respondió casi de inmediato. La colocó en altavoz.
—¿Charlotte?
—Hola mamá, te llamo para decirte que ya casi estoy en casa —anunció—. ¿Estás ahí?
—Sí, ya estoy aquí —Charlotte envió una mirada a sus amigos—. ¿Vienes a casa sola?
—No, Jasper y Henry están conmigo.
Oyeron a su mamá suspirar de alivio.
—Gracias al cielo, no quiero que camines sola a esta hora con ese hombre tan peligroso vagando libre por ahí.
Fue el turno de Henry de enviarle una mirada de suficiencia.
Charlotte negó con la cabeza y siguió hablando.
—Solo te estaba llamando para avisarte.
—Está bien, cariño, tengan cuidado.
—Nos vemos en un rato, mamá.
Colgó, guardó su teléfono y después miró a sus amigos.
—¿Están más tranquilos ahora?
Henry puso una expresión suave en su rostro.
—Sé que podemos parecer molestos pero solo estamos preocupados por ti —le recordó.
Ella suspiró, colocando su propia mano sobre la de él, igualando su expresión.
—Lo sé, me alegra contar con amigos tan maravillosos como ustedes, pero no necesito que me vigilen como si yo no pudiera cuidar de mí misma.
—Fuiste y te enfrentaste a Drex por tu cuenta —señaló Henry, recordándole su desliz.
Ella puso una mirada culpable.
—Está bien, no siempre tomo las mejores decisiones, lo acepto, pero aprendí mi lección, no me pondré en riesgo tan descuidadamente nunca más —prometió.
Luego abrazó a cada uno de ellos y se volvió para entrar a su casa.
—¡Hasta mañana!
—¡Nos vemos!
Ambos dijeron en despedida antes de seguir su camino, tranquilos porque ya estaba segura dentro de su casa.
—¡Mamá, soy yo! —anunció Charlotte, cerrando la puerta detrás de ella.
—¡En la cocina! —llegó la voz de su madre.
Pasó por la sala de estar con la televisión encendida en un canal de música (gracias a Dios porque estaba harta de las noticias que no dejaban de hablar de lo mismo y de pasar la fotografía de Drex) y dejó su mochila en el sofá, siguiendo su camino hacia la cocina.
Allí encontró a su mamá, haciendo algo de comer para las dos mientras tarareaba la canción sonando en la sala.
Ese poco de tranquila normalidad después de tanto caos y drama la hizo sentirse menos estresada y más segura.
La señora Page miró a su hija por encima del hombro y le sonrió dulcemente.
—Hola, cariño, te extrañé ¿cómo estuvo tu día?
Charlotte sorprendió a su mamá abrazándola con fuerza.
La mujer dejó lo que estaba haciendo y acarició la cabeza de su hija.
—¿Todo bien, Char? —preguntó ella preocupada.
Charlotte se apartó un poco de su madre sin soltarla y le dedicó una sonrisa tranquilizadora.
—Por supuesto que todo está bien —le aseguró—. Estoy feliz de estar en casa contigo, eso es todo.
Su madre le dio una mirada dudosa, pero la sonrisa en el rostro de su hija parecía genuina y la dejó pasar.
—Está bien ... Estoy feliz de tenerte en casa también, ahora, cámbiate a algo limpio y cómodo, la comida estará lista pronto —sonrió a su hija.
—Como digas, mamá.
Charlotte liberó a su madre y se dirigió a su dormitorio.
Ajena a lo que estaba sucediendo afuera.
Desde las sombras proyectadas por un árbol en la acera, Drex observó la escena minutos antes, viendo cómo los chicos seguían su camino después de asegurarse de que la chica entraba a la casa. Esperó hasta que hubieron doblado una esquina y desaparecido de su vista para acercarse a la casa.
El vecindario era tranquilo y agradable, además de silencioso, ya no había nadie alrededor que pudiera verlo acercarse a la casa y meterse al terreno por sobre la cerca, agachándose y escabullendose hasta la ventana más cercana.
Echó un vistazo a través de esta, escondiéndose rápidamente cuando detectó movimiento adentro. Lentamente, volvió a levantar la cabeza y, con más cautela, se asomó por el borde del alféizar de la ventana para espiar.
Vio a una mujer de piel oscura con cabello castaño oscuro corto y rizado moviéndose por la cocina, terminando de cocinar algo. Supuso que debía ser la madre de la asistente de Ray, una mujer delgada, alegre y despreocupada que tarareaba suavemente una melodía con el sonido de la televisión como fondo en la sala de estar.
Estaba completamente distraída, lo que era perfecto para lo que tenía en mente.
Mientras tanto, ajena a su peor pesadilla acechando afuera de su casa, Charlotte estaba en su habitación, cambiándose de ropa por algo más cómodo mientras escuchaba algo de música proveniente de su teléfono.
Era relajante estar finalmente en casa, lejos de cualquier drama y sin necesidad de ponerse una máscara para que otros la dejaran en paz. Sí, se había mostrado despreocupada y más alegre, pero eso estaba muy lejos de cómo se sentía en realidad.
Estaba confundida, por un lado lo detestaba, por el otro, no podía quitarse esa sensación de sus labios contra los suyos, y lo odiaba. Sí, todavía tenía miedo de Drex, pero no solo por el hecho de que podría lastimarla a ella o a su mamá y amigos, temía que él intentara jugar con ella como lo había hecho en la panadería.
Y tenía miedo de volver a encontrarse con él cara a cara y descubrir que todavía sentía esa extraña y peligrosa atracción por él.
Peor aún, ¿y si intentaba besarla de nuevo y ella no era lo suficientemente fuerte mentalmente como para detenerlo? Ray había estado allí esa vez, ese hecho había encendido su alarma para evitar que ... (trago saliva) ... se permitiera disfrutar del beso.
Ya se sentía bastante mal consigo misma por su pequeño desliz, ahora Drex sabía que le había gustado, incluso si no quería gustarle.
Se sentía como si estuviera traicionando a sus amigos, y eso la hacía sentir muy mal consigo misma.
¿Y si los chicos descubrieran su sucio secreto? ¿Qué iban a pensar de ella?
Lo peor, ¿y si encontraban a Drex y hablaba de ello por despecho? Se había burlado de Ray por su falta de habilidades de combate, ¿y si se burlaba de él por lo que ella había sentido?
Tal como había dicho Henry, ese hombre estaba loco, su mente pensaba de una manera retorcida, lo haría sólo para hacerla caer en desgracia con él.
No podía imaginar lo herido y traicionado que se sentiría Ray si lo descubría.
Se sobresaltó cuando escuchó la voz de su madre a través de la puerta.
—Charlotte, cariño, la comida está lista, baja.
—En un minuto mamá —respondió ella.
Esperó hasta que escuchó los pasos de su madre desvaneciéndose mientras bajaba las escaleras antes de salir de su habitación y caminar hacia el baño.
Allí se echó un poco de agua fría en la cara y luego de secarla, se miró en el espejo.
—Deja de preocuparte por eso, Ray lo atrapará, lo hizo una vez, lo volverá a hacer —murmuró para levantar el ánimo, luego cerró el grifo y decidió salir del baño y bajar las escaleras, adoptando una actitud tranquila por el bien de su madre.
Cerró los ojos y respiró hondo, alejando todos los pensamientos sobre Drex.
—Ray lo derrotará de nuevo y no tendrás que volver a verlo nunca más —dijo con seguridad.
Pero entonces...
—¿Quieres apostar por eso? —oyó decir a una voz masculina ronca detrás de ella.
Ella se congeló, sus ojos se abrieron de súbito y se agrandaron por el miedo y el sobresalto. Luego se dio la vuelta rápidamente y encontró al objeto de su pesadilla más reciente parado allí en su baño, bloqueando la única forma segura de escapar, con la espalda apoyada contra la puerta cerrada y una sonrisa cruel y presumida en sus labios agrietados.
—Hola... Charlotte.
