Sábado: Parque
—Es una cachorra malcriada, pero ya volverá… no me preocuparé porque cuando tenga hambre vendrá.
Sin embargo, aunque Asami esperó en ese mismo sitio por dos horas, la cánida nunca volvió.
El temor que intentaba ignorar logró dominarla y comenzó a buscar en el parque, preguntando a la gente que veía por allí si habían visto a un muy reconocible perro oso polar; pero, aunque algunos sí expresaron haberla visto pasar, ninguna pista fue suficiente para hallar al can.
—Ja, de seguro está en la casa y yo aquí tontamente preocupada perdiendo mi tiempo. Sí, ya debe estar en la mansión descansando seguro bajo un árbol, después de todo ella tiene una buena orientación, conoce el camino a la finca y sabe manejarse mejor que la misma Korra en la Ciudad… Sí, mejor me calmaré e iré para allá.
No logró calmarse, pero sí logró eludir multas al conducir como alma que lleva el diablo para la finca. Recorrió de cabo a rabo la mansión e incluso se subió a una de sus Satomotos para recorrer todo el terreno que le pertenecía… pero no la encontró.
—No, ella… debe estar… debe estar en… ¡La isla del Templo aire! Sí, eso debe ser. Seguramente está siendo mimada por Pema y cuando llame ella me dirá "Asami, Naga está jugando a querer comerse a los lémures voladores nuevamente" Sí, mejor llamaré para decirle que iré pronto a quitársela de encima…
Sin embargo, cuando lo hizo, Pema no supo de qué le hablaba ni por qué le preguntaba por Naga si ella, desde que Korra se había marchado, no la había visto. Antes de que la preocupada voz de la acólita pudiese escudriñar más en qué estaba sucediendo, una asustada Asami colgó el teléfono.
Ya no podía negarlo más.
Ya no había dónde más buscar.
Ya era oficial.
Había perdido a Naga, la guía espiritual y mascota del Avatar.
Los rayos de luz que iluminaron el dormido rostro de Asami podrían haber sido considerados los culpables de que esta despertara de su agradable sueño con cierta amada Avatar de la Tribu Agua del Sur, pero la verdad sea dicha, ese no fue el motivo.
Lo cierto era que una fija y penetrante mirada la había perturbado hasta en la inconsciencia…Y cuando abrió sus verdes orbes supo de quien era.
Era la mirada de Naga, que cual acosadora la observaba atentamente esperando a que se despertara.
La CEO no pudo evitar voltear los ojos de forma juguetona mientras se desperezaba y sentaba en la cama, saludando a la más felpuda y adorable voyeur de toda Ciudad República (y de la única que aceptaría ser fisgoneada).
—Buen día pequeña gran acosadora... Asumo que ya quieres ir al parque, ¿Correcto?
Un animado ladrido acompañado de un frenético movimiento de cola fueron las respuestas a la pregunta de Asami, causando risa en ella. Aún le era increíble cómo, sin palabras, Naga podía comunicarse tan bien.
Asami rascó detrás de las orejas a la blancuzca cánida mientras se levantaba y checaba de reojo el reloj. Era media hora más temprano de lo habitual, pero lejos de estar molesta por no poder dormir más, se alegró de tener un tiempo extra para arreglarse para el seguramente agotador día que comenzaba.
—Bien, bien, niña. Es temprano así que se buena y espera un momento para alistarme correctamente, luego bajamos a hacer nuestra rutina matutina.
Naga dio una lamida de confirmación a la ojiverde y obedientemente se reacomodó en el suelo, semi mordisqueando el par dispar de botas sustraídas de sus mamás.
Sonriendo ante la tierna y confortable vista, Asami se preparó, eligiendo un atuendo más casual y deportivo para su visita al parque con Naga; después de todo, la cánida seguramente la haría jugar mucho con ella y era mejor estar lo más cómodamente posible para la experiencia.
Cuando estuvo lista, llamó a la bestia albina y ambas bajaron a hacer sus ahora típicas actividades matutinas.
Una vez que ambas desayunaron, Asami limpió y Naga salió a hacer sus necesidades; poco después de coger algunas botellas de agua, un par de juguetes y bocadillos para el día, ambas ya estaban embarcadas en el Satomovil adaptado de Asami, recibiendo el fresco viento en sus rostros mientras iban de camino al Parque Avatar Korra.
Antes, en los años de ausencia de su mejor amiga y ahora novia, ir a ese parque era una experiencia agridulce pues la extrañaba de una manera que le desgarraba el alma. Ahora aquel amplio recinto era sinónimo de netamente buenas experiencias, gracias a las hermosas tardes y noches de citas románticas con su amada castaña, así como animadas salidas con Naga y con el resto del Krew.
El parque no contaba con nada que no hubiese ya visitado o visto, pero eso no lo hacía menos perfecto ante los ojos de la pelinegra y parecía que también no desmerecía nada ante los de la cánida, pues salió muy animada del vehículo apenas Asami le indicó que bajara.
Era un día hermoso sin duda y Asami sentía una inmensa paz aún cuando Naga revoloteaba saltando a su alrededor e intentando atrapar con sus mortales fauces a los juguetones espíritus que volaban alrededor de ellas, los cuales parecían seguirle el juego a la perro-oso polar, intuyendo que pese a su fiero físico en realidad era como un osito de felpa.
Asami se acomodó al pie de un frondoso roble y dejó el bolso que había traído con los implementos de la casa, pero no pasó mucho tiempo antes de que Naga fuera hacia ella.
—¿Qué sucede chica linda? ¿Tus amiguitos espíritus se fueron y quieres que juegue contigo?
Naga realizó cabriolas como respuesta poniéndose al final con la cola al aire y el torso al suelo, esperando a que Asami jugara con ella. Por su parte la ojiverde sonrió ante el jugueteo de la crecida cachorra mientras se levantaba y lanzaba un frisbee que había traído para la ocasión.
Así pasaron por lo menos una hora, jugando, corriendo y riendo antes de tomar un descanso de otra media hora bajo el roble, hidratándose y comiendo, para luego volver a jugar; esta vez con un pequeño balón que Asami también había traído para la ocasión.
Ya habían pasado unas tres horas estando en el parque, tiempo magnífico de unión entre ambas y un día precioso si a Asami le preguntaran. Parecía que nada podía empañar aquel grato momento digno de una peli de Varrick o una foto… hasta que lo imprevisible sucedió.
Estaban en un nuevo descanso bajo la sombra del árbol, Asami usando a Naga como apoyo para recostarse, cuando de repente la ojiverde cayó para atrás quedando totalmente acostada sobre el césped.
El golpe no fue duro, pero igual el acto sorpresa hizo que Asami quisiera quejarse… no obstante lo que vio la hizo callar al instante teniendo una reminiscencia de las palabras dichas por su pareja.
No era para menos, de un agujero de aquel frondoso roble había salido ni más ni menos que el animal que Korra le había pedido evitar a toda costa.
"Si la llevas al parque… ¡No la dejes ir tras los gato-ardilla! No sé si se los quiere comer de un bocado o jugar con ellos… la verdad prefiero no saberlo."
—Naga, no… -susurró con Cautela la CEO, pasando su vista desde el felino de cola peluda que se metía bellotas en la boca en la copa del árbol como si su vida dependiera de ello, hasta la canina cuya cola se movía de un lado al otro y comenzaba a pararse en dos patas- Vamos, Naga, no lo hag…
Pero sus palabras fueron tapadas por el potente ladrido de Naga que había comenzado a saltar e intentar trepar para atrapar al recién aparecido animal.
Y allí es cuando la desgracia propiamente dicha dio inicio.
Al escuchar los ladridos y sentir en las ramas la agitación de Naga queriendo alcanzarlo, el gato-ardilla chilló y bufó entre molesto impresionado y salió… ¿planeando?.
Porque sí, para colmo de males de Asami, ese gato era mitad ardilla voladora.
Y como era de esperarse, Naga lo persiguió.
—¡Mierda no, mierda no, mierda no! -gritó Asami, mientras en menos de un minuto recogía todo lo que habían usado en el día, lo guardaba en el bolso, se lo colgaba y salía corriendo tras Naga.
No supo por cuánto tiempo la persiguió, solo supo que las piernas ya le dolían de tanto correr y que la garganta la tenía seca tanto por la carrera como por hablar con Naga para intentar controlarla, que se calme y deje al animal.
Pero la bestia blanca no le prestaba atención, estaba embelesada persiguiendo al gato ardilla, el cual planeaba de árbol en árbol, no demorándose más de unos cuantos segundos para coger viada hacia el siguiente, en un intento de huir de la canina.
¡Incluso en su desesperada huida le había lanzado las bellotas que tenía en el hocico como si fuese ametralladora!
Pero Naga, ignorando olímpicamente ese acto como una afrenta, abrió el hocico y recibió todas, comiéndoselas de un solo bocado y siguiendo en su persecución improvisada.
Korra tenía razón al no saber si Naga quería comérsela o jugar, a primera vista era difícil de apreciar; pero según Asami era lo segundo… aunque no lo quería corroborar.
Entre correr y apelar al "buen juicio" del animal, Asami siguió a Naga hasta un pequeño bosquecillo, donde esta, a su vez, había seguido al gato-ardilla. Esperanzada en que el animal haya podido escabullirse y perderse entre tantas copas de árboles, Asami pensó que este sería el final… pero no, nada en esta vida era tan fácil como lo quisiera imaginar.
De repente, un sonoro maullido sonó entre las copas, siendo replicado por otro, otro, y otro más… hasta que una docena o más de pares de relucientes ojos felinos se vislumbraron entre la espesura de las altas ramas y hojas.
—Okey… esto no es bueno… -susurró Asami, tanteando dónde estaba Naga. Para su gusto y a la vez temor, la cánida finalmente se había calmado, pero era porque había parecido percibir que "el juego" se había acabado y que la manada de gatos-ardilla frente a ellas no tenían intenciones buenas- okey, lindos gatitos-ardillitas… aquí no ha pasado nada, solo era un juego y nosotros ya nos vamos… ¿Verdad, Naga?
Ni bien dieron un paso atrás, los espeluznantes maullidos subieron de tono transformándose en amenazantes bufidos que erizaron la piel de la heredera Sato; pero no tuvo tiempo de aterrorizarse más por los ruidos puesto que los animales en las copas comenzaron a arrojarles nuevamente una ráfaga de bellotas como ametralladoras; solo que, siendo tantos a la vez, los rápidos y duros golpecillos comenzaron a doler al punto de a ambas hacer correr.
Asami y Naga escaparon como alma que lleva Vaatu de aquel bosquecillo donde hasta el final recibieron los impactos vengativos de aquellos furibundos animalillos.
Solo una vez que estuvieron a salvo y pudieron dejar de correr y regularizar sus respectivas respiraciones, Asami desfogó la frustración por lo vivido.
—¡Naga! ¡Perra oso polar mala! Según entiendes todo ¿Verdad? ¡¿Si es así por qué te rogué hasta el cansancio que no persiguieras a ese pobre animalito e hiciste caso omiso a mis suplicas?! ¡Mira lo que hiciste! ¡Como una loca bestia salvaje le perseguiste! -gruñó haciendo ademanes fúricos mientras apretaba los ojos cerrados, en un intento de aguantar los jalones de cabello que se autoproducía al sacar las bellotas enredadas de entre sus hebras negras- ¡Eres una niña desobediente y mala, le diré a Korra cómo te comportaste y por tu actuar no volveremos a traerte al parque nunca más!
La temperamental explosión mermó casi tan pronto como comenzó, pero solo cuando Asami finalmente sacó la última bellota de su cabello y abrió los ojos, se dio cuenta de su grave error.
Lo vio en la mirada del noble animal.
Vio el miedo por su ira.
Vio el temor del castigo.
Y sobre todo vio el dolor por sus palabras y gritos.
—N-Naga… yo…- balbuceó, estirando lentamente la mano, intentando no asustar aún más a la bestia albina que parecía querer salir corriendo en cualquier momento.
Y cual pitonisa que vaticinaba una pronta desgracia, lo que temía sucedió.
Naga se hizo para atrás ante su proximidad, gimoteando mientras huía de su toque, y ni un segundo después salió corriendo, rauda y veloz, lejos de la mujer que con su iracundo clamor le causó gran temor.
El cuerpo y mente de Asami no alcanzaron a reaccionar, y solamente pudo ver la gran figura achicándose cada vez más mientras que, con rumbo desconocido, se alejaba sin parar.
Sin embargo, su orgullo pudo más, y opacando su temor murmuró con un deje de rencor…
—Es una cachorra malcriada, pero ya volverá… no me preocuparé porque cuando tenga hambre vendrá.
Sin embargo, aunque Asami esperó en ese mismo sitio por dos horas, la cánida nunca volvió.
…
¡Hola!
Aquí finalmente tratando de terminar esta pequeña historia. Tanto este capítulo como el siguiente son algo cortos, pero me pareció meritorio dividirlos y terminar el fic como quería, en 10 caps.
Asumo que, si ningún inconveniente ocurre, en esta misma semana estaré subiendo el final, ya lo llevo adelantado, como un tercio escrito. De allí a pensar en los bosquejos mentales de los días que me faltan del fic desafío de agosto.
Aprovecho a desearles un feliz año nuevo a todos los que me siguen leyendo. ¡Espero este 2023 sea muy bueno para ustedes!
Saludos,
Le chat et l'abeille.
