Mientras eso ocurría, el joven Uchiha seguía avanzando, siguiendo al ave que volaba lo suficientemente bajo como para no perderla de vista y como para no levantar sospechas, no supo cuánto tiempo pasó siguiéndola, pero se detuvieron en una arboleada algo espesa, se escondió detrás de los árboles, observando con su sharingan siempre activado al frente, notando una gran cantidad de chakras en el lugar, dispersó el genjutsu y pudo observar algo parecido a un cuartel, salió de entre los árboles cerrando los ojos, al momento sintió dos chakras a su lado, uno a cada costado suyo.
― ¿Quién eres muchacho? ―dijo uno tomándolo del hombro
―Quiero hablar con el líder―abrió los ojos pero sin tener el sharingan, estaba seguro que conocían a cada uno de los Uchiha ahí, podría levantar sospechas
― ¿Qué sucede? ―se escuchó una tercera voz saliendo de la edificación frente a ellos― ¿Quién es él?
―No nos ha dicho nada, más que quiere hablar con el líder, Madara―dijo el otro hacia el joven muchacho que estaba mirándolos extrañado
― ¿Por qué quieres hablar con mi padre? ―se acercó quedando frente a él, subiendo la mirada ya que era más bajo
―Quiero que detenga todos estos enfrentamientos sin sentido―lo observó con semblante frio e imperturbable
Ante sus palabras, el menor se sorprendió, nunca había visto a este sujeto, y su chakra estaba minuciosamente enmascarado, reconoció que para dispersar el genjutsu, debía tratarse de una persona muy diestra en el mismo, o poseer un sharingan para hacerlo, lo que hizo que su curiosidad aumentara más ante la posibilidad. Había otros como él en el mismo clan, los escuchó alguna vez, murmurando cuando creían que nadie los estaba vigilando, en los rincones menos esperados del cuartel, manteniéndose la mayor parte del tiempo, lejos de mirada indiscretas.
Quizá podría funcionar.
―Déjenmelo a mí, yo lo llevare―aseguró bajando la mirada y dándose la vuelta para avanzar
―Pero Madara...―justo cuando lo dijo, el menor lo miró activando su sharingan dando a entender que no era una petición
―Acompáñame―expresó encaminándose al interior del cuartel
― "Este es Madara, que diferente a como lo conocí" ―pensó siguiéndolo en silencio
El Madara que conoció era rencoroso, frío e insensible, con una sed de venganza que rivalizaba perfectamente con la de su Otōto, pensamiento que casi lo hizo sonreír, pero se abstuvo, escuchando la vocecita más joven cuando le habló.
―Y bien, ¿es enserio lo que dices? ―cruzó los brazos detrás de su cabeza―yo no creo que puedas convencer a mi padre, es muy terco―volteó ligeramente el rostro para verlo ya que el mayor caminaba un par de pasos atrás de él
―No sé si logre convencerlo con palabras, niño―informó encogiéndose de hombros
― ¿Ah? ―enmarcó una ceja sin entender muy bien lo dicho―mmm bueno no importa, es aquí―se detuvo frente a una puerta mientras bajaba las manos en una posición firme
―Bien―vio que Madara abría la puerta y entró poco después realizó una seña para que lo imitara y así lo hizo
―Madara, ¿no te he dicho que toques la puerta antes de entrar?, estoy ocupado―se levantó el mayor para reprenderlo
―Él quiere hablar contigo―se encogió de hombros viendo al piso ocultando el creciente temor
El padre de Madara lo miró con molestia antes de dedicarle una mirada apreciativa a Itachi, el desdén pronto fue claro, casi seguro de dónde lo había obtenido el co-fundador de Konoha al hablar.
― ¿Quién eres tú, mocoso? ―lo miró despectivamente cuando se dio cuenta de su presencia
―Detengan estas estúpidas batallas entre clanes―dijo sin más en tono firme, no creía que alargar la misión más de lo necesario fuera viable
― ¿Quién te crees para hablarme de esa forma? ―se acercó a él el mayor, activando el sharingan en un intento de amedrentarlo, algo que normalmente funcionaba
―Soy alguien más fuerte que tu―respondió en cambio, el mismo activó su sharingan, obteniendo jadeos de sorpresa ya que, obviamente, por lo inusual del asunto
No todos nacían con el sharingan despertado, se tenía que estar bajo una gran presión para que ocurriera, el hombre sin embargo, alejó la conmoción para más tarde, si titubeaba frente a sus subordinados, estaría a prueba su liderazgo y valentía, así que ocultó todo detrás de una fachada burlona.
―Con ese patético sharingan no me harás nada―comentó el hombre con desdén, riendo con diversión
―Vayamos afuera y veras que este no es un "patético sharingan" ―comentó mientras se dispersaba entre cuervos
Los que estaban dentro se apresuraron a salir para ver qué ocurriría, el primero por supuesto fue el líder del clan, Madara le siguió un momento después, sorprendido de ver que alguien se quería enfrentarse a su padre, algo muy inusual y que solía terminar mal para la otra persona, al llegar vio al forastero frente a su padre, ya muchos fuera se habían dado cuenta de lo que ocurría, por lo que se había formado un círculo alrededor del par, por lo que el menor tuvo que abrirse paso entre empujones para estar en primera fila, justo al lado de su hermano menor, que miraba expectante la escena para luego mirarle
―Nii-san, papá va a pelear―expresó con una sonrisa amplia, devolviendo su vista al frente
―No me digas, ¿enserio? ―habló con sarcasmo y rodando los ojos, más que nada para tener algo en que concentrarse que no fuera la ligera esperanza que sentía
―Hay pero que molesto eres―cruzó los brazos indignado, con intención de ignorarlo
―Mejor calla y presta atención―dijo sin más, dándole un pequeño golpe en la cabeza y luego, como el resto, miró lo que sucedía
―Solo detén este absurdo enfrentamiento entre clanes, sabes que esto no llevará a nada bueno, solo habrá muertes y ninguno ganara―habló calmado, todo estaba en silencio por lo que todos podían escucharlos
Los presentes se quedaron mirando unos a otros, meditando las palabras del joven que estaba frente a su líder, Madara e Izuna se dedicaron una mirada entre preocupada y seria, dejando de lado la pequeña charla sarcástica que tenían, luego vieron que su padre no se inmutaba en lo absoluto, sino que simplemente comenzó haciendo sellos de manos para lanzar un jutsu de fuego, los otros estaban sorprendidos pues esperaba una respuesta positiva, o al menos una respuesta verbal, no la confrontación directa como la de ahora, a veces se olvidaban lo obtuso que podía ser en ocasiones su líder.
―Al parecer no funcionara con palabras―externó en voz alta para sí mismo
Levantó su brazo flexionándolo ligeramente, el ave que sobrevolaba el cielo luego de que él entró, bajó en picada para posarse en su brazo, empezó a graznar, mirando a todos lados mientras sus alas se movían insistentemente como si fuese a emprender vuelo de nuevo, los presentes miraron el ave curiosos, notando la diferencia en los ojos del animal que les recordaba mucho al sharingan solo que era diferente, de alguna forma estaban hipnotizados por el ave, que finalmente emprendió el vuelo nuevamente, volando en círculo alrededor de todos, los Uchiha la seguían de cerca, embelesados por las hermosas plumas del ave que parecían brillar muy fuerte con el sol.
Entonces, el águila se detuvo al centro y descendió en la cabeza del líder quien se sorprendió e intentó alejarla de su cabeza, su jutsu a medio terminar siendo olvidado por completo. El animal alado dio un fuerte graznido extendiendo sus alas, una potente luz emanó de su cuerpo desprendiendo a su vez, plumas de su ser, creando con estas pequeñas águilas que se posaron en las cabezas de los demás, mirando a los ojos a los hombres y estos quedaron en blanco cayendo en el famoso genjutsu del Kotoamatsukami, Itachi solo observaba como el ave hacía su trabajo, impresionado por el poder del ave aunque ya conocía el poder de los ojos de su buen amigo, sonrió con nostalgia.
Quizá, si las cosas salían bien, Shisui podría estar con vida, quizá nunca tuvo que masacrar a su clan. Quizá nunca tuvo que dejar a su hermano solo.
Al terminar con el jutsu las aves se alejaron volando, formando una sola ave nuevamente, los Uchiha cayeron de rodillas al suelo, en ese momento aprovechando lo ocurrido el Uchiha de otra época se dispersó entre cuervos como solía hacer, los cuales siguieron al águila con rapidez, Madara e Izuna observaron en silencio lo que acababa de ocurrir, sin saber exactamente qué sucedió.
