Para resumir lo que ha ocurrido hasta el momento: luego de haber resucitado en ese nuevo mundo, los tres encontraremos instrumentos con poderes misteriosos y decidieron tomar el rumbo de formar una banda y ganar fama, al paso que fueron viajando de pueblo en pueblo y compañía de dos amigos, lograron llegar a la capital, ahora lo que les esperaba era la invitación de una chica a la mansión de su familia. En sí, ellos tres aprendieron a no confiar ciegamente en las intenciones de una persona, sobre todo en aquellos de procedencia noble puesto que ya vivieron el hecho de que no todos son amables o altruistas, debía encontrarse motivos escondidos.
Por el momento acompañaron a Aria en camino a su mansión, Ieyasu y Sayo estaban alegres porque eso significaría un escalón más en su sueño, por ahora los otros tres decidieron ir en silencio y sin decir nada, la rubia tenía la esperanza de ser alguien de buen corazón pero uno nunca podría estar seguro de lo que suceda más adelante.
- Ya estamos llegando. – Anunció ella. Una mansión se alzaba ante ellos, una casa de aquellas grandes con un portón, todo pintaba totalmente a lo ricos que eran. Al menos unos diez guardias esperaban frente a la entrada.
- Bienvenida Aria-sama. – Exclamaron todos estos, ella sonrió al salir del carruaje.
- Pueden pasar, ya le diré a mis padres sobre ustedes para que reciban habitaciones. – Ella se fue adentro para dar la noticia, los dos chicos veían todo con curiosidad.
- Esos son verdaderos soldados ¿no Ieyasu? – Preguntó Sayo, el pelinegro asintió.
- Si Aria realmente puede darnos el trabajo, podremos conseguirlo. – Miró a los tres. – Gracias por acompañarnos hasta aquí.
- No es nada. – Sonrió Kanno suavemente. – Todo el viaje que realizaron tuvo sus frutos.
- Es verdad. – Ieyasu sonrió. – Tatsumi se sorprenderá al ver que entramos antes que él.
- Y ahora todos en la aldea no volverán a pasar por dificultades. – Agradeció Sayo. – Nos vamos a esforzar por todos.
- Bienvenidos. – Fueron recibidos por una nueva voz. Una pareja estaba saliendo de la mansión para verlos. – Mi querida hija me habló de ustedes y dijeron que desean entrar al ejército ¿no?
- Nosotros. – Señaló Ieyasu a sí mismo y a la pelinegra. – Queremos servir dentro de la guardia imperial.
- Ya veo. – En eso miró a los otros tres. – Ustedes deben ser esos músicos que han agarrado bastante fama últimamente.
- Rock Crusaders, para servirle. – Comentó Kanno.
- Son bastante educados. – Sonrió la mujer y madre de Aria.
- Pueden hospedarse en nuestra mansión si lo desean, reconocemos que tienen mucho por delante, de igual modo quisiera escuchar sus historias de ustedes. – Exclamó el padre.
- Con gusto. – Sonrió Kanno, en eso miró a Ronnie y Sagiri, los dos asintieron. – Espero no sea molestia que nos quedemos aquí en la noche.
- Para nada. – Sonrió la mujer. – Mientras más compañía, más divertida y amena será la comida.
- Indicaré al chef para que empiece a preparar el almuerzo. – Ambos señores entraron a la casa.
- Espero les encante todo, nuestros cocineros preparan comida deliciosa. – Comentó Aria con una sonrisa, sujetando las manos de Ieyasu y Sayo. – vamos, entren para que les muestre sus habitaciones. – Una vez ellos entraron, los tres se quedaron afuera.
- ¿Igual crees que algo raro sucede Kanno? – Preguntó Sagiri, su gemelo asintió.
- No estoy muy bien versado en la actuación pero reconozco que esta familia tiene algo raro, como que están escondiendo sus verdaderas intenciones.
- ¿No deberíamos hacer algo antes de que suceda? Ieyasu y Sayo podrían estar en peligro. – preguntó Ronnie.
- Estoy consciente de ello, pero por ahora sigamos la corriente, si las cosas se ponen peligrosas, actuaremos. – Dicho eso, los tres entraron a la mansión. Como tal era grande y contaba con varios pasillos y habitaciones, algunos guardias se pasaban, indicando a donde habían ido.
- Oigan. – Sayo llegó en ese momento. – Aria-sama nos mostró nuestras habitaciones, son grandes y espaciosas y hay una cama muy suave.
- Es bueno saber eso. – Sonrió Sagiri.
- Si trabajan aquí, seguro podrán tener algo como esto. – Expresó Ronnie.
- Si, ya ella nos ofreció que podrían contratar a ambos para ser guardias de la mansión, su padre es un famoso general del ejército, por lo que podría darnos la recomendación para entrar.
- Ya están cerca de su sueño. – Asintió Kanno. Aria llegó en ese momento.
- Ahí están, vine a decirles para que vayan al comedor, la comida está lista. – la rubia los llevó al comedor, era espacioso con una gran mesa y una diversa cantidad de platillos sobre esta.
- Se tardaron. – Ieyasu ya estaba sentado. – Vamos, que toda esta comida no se devorará sola.
- Si que tienes mucha energía. – El padre soltó una risa. – Disfruten, después de todo son nuestros invitados, así que coman todo lo que quieran.
- Claro, les agradecemos por su hospitalidad. – Respondió Kanno, los otros cuatro se sentaron en la mesa al igual que Aria, ya entonces tomaron los tenedores para empezar a comer.
- No sé si podamos gastar todo esto. – Expresó Ronnie.
- Vamos, estará delicioso. – Respondió Sagiri. Los cinco empezaron a comer mientras que la familia solamente los observaba con una sonrisa.
- Es bueno. – Comentó Ieyasu.
- Es cierto. – Asintió Kanno. – Su chef debe ser bastante bueno.
- Como nobles, solo podemos tener lo mejor. – Sonrió la madre, los cinco continuaron comiendo cuando algo ocurrió.
- Empiezo a sentirme cansada… - Expresó Sayo por debajo, tenía sueño.
- ¿Pasa algo? – Preguntó Ronnie.
- Ronnie… - Sagiri no aguantó más y cayó dormida, así también fue con los demás que cedieron ante el sueño, una vez cayeron dormidas, la familia sonrió ampliamente.
- Bien hecho cariño… - Expresó la madre con un aura oscura. – Nuevamente tenemos unos hermosos sujetos de prueba para mis experimentos.
- Voy a disfrutar torturarlos. – Sonrió Aria de forma malvada.
- Es lo que se merecen, no son nada más que unos estúpidos campesinos. – Sonrió el padre. – guardias, llévenlos al almacén y enciérrenlos, más tarde nos divertiremos con ellos. – Los guardias cargaron con los cinco para llevarlos, al salir con ellos del comedor no se dieron cuenta de algo, Kanno abrió un ojo.
- (Así que tenían pastillas para dormir dentro de la comida, menos mal me di cuenta y las aparté antes de tragarlas…) – Decidió hacerse el dormido para seguir el juego hasta donde los llevarían.
El almacén era oscuro y tenían jaulas para encerrarlos, ahí los guardias decidieron arrojarlos y a otros los encadenaron en la pared, cuando buscaba meter a Kanno en una, este reaccionó.
- ¡Que! – antes de decir algo más, el pelinegro lo golpeó en el rostro, su compañero se sorprendió.
- ¡Debes estar dormido como el resto! – Quería salir para avisar a la familia pero el pelinegro tomó la espada que tenía el otro guardia y la arrojó, clavándosela en la espalda. - ¡Aargh!
- No escaparás de aquí… - Amenazó él antes de matarlo con el arma. Ya entonces arrastró ambos cuerpos para meterlos dentro de una jaula y miró a los demás, Ieyasu y Ronnie en una jaula, así como Sayo y Sagiri encadenadas a la pared, menos mal el pelinegro había tomado las llaves de aquel guardia y podría abrirlas en cualquier momento pero si lo hacía temprano, levantaría sospechas, en ese momento la puerta de aquel almacén se abrió.
- Es hora de los experimentos. – la madre entró en aquel momento y llevaba un botiquín con varias cosas. – Últimamente mis sujetos de pruebas no aguantan mucho, esta vez espero que al inyectarles el virus, aguanten un poco más, tampoco es que importe mucho la vida de unos sucios y vulgares pueblerinos.
La mujer rubia se paseó entre las celdas, viendo a sus encarcelados, varios cadáveres estaban ahí, que sufrieron de los experimentos crueles que ella había realizado, entonces posó su vista sobre Ieyasu.
- Este era el chico con demasiada energía… será perfecto para iniciar. – La mujer sonrió, abriendo la jaula para sacarlo y entonces atarlo a una mesa.
- ¿Eh? – Ieyasu empezó a despertar. - ¿Dónde estoy?
- Buenos días chico.
- ¿Eh? ¿Qué haces? – Intentó moverse pero no podía. - ¿Por qué estoy atado? Señora, sáqueme de aquí.
- Lo siento, pero eso será imposible. – Sacó una jeringuilla. – Serás mi conejillo de indias para mi experimento.
- ¿De qué habla?
- ¿Qué acaso no escuchaste? Tú y tus estúpidos amigos cayeron en nuestra trampa, nunca tuvimos la intención de meterlos al ejército, en cambio morirán todos aquí para nuestra diversión. – las pupilas del pelinegro se dilataron.
- No puede ser… ¿todo era mentira? Que Aria y ustedes hayan sido amables.
- Así es… - La mujer empezó a reír. – Son verdaderamente idiotas para haberse creído que somos amables con campesinos como ustedes, son simplemente vulgares, sucios, una escoria que ha invadido nuestro reino, solamente la gente noble como nosotros tiene derecho de habitar estas tierras, por eso hacemos un favor a este mundo al atraer a idiotas como ustedes para torturarlos y matarlos.
- Eso no es verdad… ¡Dígame que no es verdad!
- Fuiste muy ingenuo, tu y tus compañeros al aceptar venir aquí, ahora el precio a pagar es con su muerte. – Mostró la jeringuilla. – Esto trae un extracto de uno de los virus más peligrosos del reino, deseo ver cuanto puedes aguantar antes de morir agonizando de dolor.
Ieyasu apretó los dientes, estaba cerca de morir debido a esa mujer que estaba totalmente desquiciad, no quería morir, no después de la promesa que hizo con Sayo y Tatsumi.
- (¿Todo terminará aquí? Muerto por una estupidez… no quiero eso, no quiero que suceda, Tatsumi… Sayo… lo siento…)
- Es hora de que empiece el experimento. – la mujer estaba a milímetros de inyectarle cuando de repente fue golpeada en la nuca por detrás, ella cayó desmayada en ese momento, el responsable fue nadie más que…
- Kanno… - Ieyasu vio al pelinegro con asombro. - ¿Cómo?
- Sabía que algo raro estaba sucediendo, menos mal actué con precaución. – Logró quitar las esposas de Ieyasu para que se levantara, entonces le pasó las llaves. – Tómalas, estas abren las jaulas y cadenas, libera a los demás.
- ¿Qué harás?
- Yo… tengo unos asuntos de los cuales encargarme… - Expresó por debajo.
El pelinegro abrió la puerta del almacén con cuidado, procurando que nadie le vea, por suerte no estaban guardias cerca, se movió con sigilo mientras buscaba acercarse a un lugar en específico. La carreta donde estaban sus instrumentos y armas que dejaron atrás, cerca se encontraban unos tres guardias que hacían vigilancia.
- ¿Los señores ya debieron haber empezado con su tortura? – preguntó uno de ellos.
- Vi a la señora ir al almacén, ya debió comenzar con sus experimentos.
- Menos mal no somos nosotros, mejor esos pobres ingratos. – Los tres empezaron a reír, Kanno entonces se acercó y fue entonces que logró escabullirse por el punto ciego de la carreta, y agarrar su bajo-hacha.
- Según escuché, la señorita Aria encontró a otro más y lo traerá.
- Parece que ella está haciendo un gran trabajo, esta familia tiene gustos raros pero mientras nos paguen, no hay de qué quejarnos. – En ese momento no pudo seguir hablando cuando su cabeza fue separada de su cuerpo, los otros dos guardias vieron con asombro como Kanno había decapitado al guardia con su instrumento.
- ¡Tu! – Totalmente alertados, fueron tras él para atacarlo, el pelinegro no se dejó superar y entonces atacó al otro, clavando su hacha en el pecho de este, en ese momento activó a lo cual lava empezó a salir, invadiendo sus entrañas.
- ¡Aaaaaah quemaaaaa! – El dolor era inmenso a lo cual acabó expulsando lava por todos sus orificios hasta quedar hecho una masa, el tercer guardia sintió miedo al verlo.
- Q-Que mierda es eso… - Expresó con temor, el pelinegro no tenía emociones en sus ojos cuando volteó a verlo. - ¡Aaaah perdóname la vida!
- Tu… si no quieres morir, corre lejos de aquí y no le digas a nadie, o sino te perseguiré hasta el fin del mundo. – El guardia asintió atemorizado, huyendo lo más que pudo sin dar marcha atrás. Kanno soltó un suspiro en ese momento. – Lo sabía… parece que todos los nobles aquí son una gran escoria… una que necesita ser eliminada…
Tomó los instrumentos de Ronnie y Sagiri y regresó al almacén, Ieyasu ya debía haberlos liberado en ese momento.
- Kanno. – Ronnie se acercó a él. – Lo sentimos, bajamos la guardia.
- No importa. – Sonrió él suavemente, le entregó su guitarra y luego fue con Sagiri para darle las baquetas. – Tenemos que acabar con esto, ya maté a dos guardias, así que no hay de otra que silenciarlos a todos. – Los dos asintieron.
- Kanno. – Ieyasu estaba frente a la mesa donde una vez estuvo amarrado, ahora en su lugar se encontraba la señora de la mansión la cual despertó en ese momento.
- Mi cabeza… ¿Qué rayos? – Intentó moverse sin éxito alguno. - ¡Tu, maldito campesino, desátame!
- Como se voltean las mesas ¿eh? – Kanno se acercó con una sonrisa. – Ey señorita, parece que intentaste hacer algo realmente malo con mi amigo aquí.
- ¡Que rayos te importa, no eres más que un estúpido y sucio pueblerino!
- Que palabras tan grandes para alguien amarrada a una mesa. – El pelinegro tomó la jeringuilla que tenía y entonces se la pasó a Ieyasu. – Dijiste que esta jeringuilla tiene un virus potente ¿no? Creo que a mi amigo aquí le gustaría probarlo ¿Qué dices?
- No… ¡Por favor, todo menos eso! – Ella empezó a suplicar por su vida, Ieyasu vio la jeringa con temor.
- K-Kanno, no creo que esto…
- Escucha Ieyasu… ella intento matarte, quiso inyectarte ese virus sin ningún ápice de culpa, ella no es una buena persona, es alguien que merece morir, y tú, más que nadie tiene ese derecho de matarla.
- P-Pero… eso no está bien.
- Ieyasu… - sayo vio a su amigo con preocupación, quiso intervenir pero Sagiri la detuvo, un solo gesto le dijo que no debía interponerse.
- Nunca tuvieron intención de meterlos a la guardia imperial, solo los trajeron para matarlos por su propia diversión, son personas horribles, gente que hace mal a la sociedad, ellos no merecen piedad.
- ¡Por favor, haré lo que me pidas, si quieres dinero, te lo daré, tengo riquezas, todo! – Ieyasu apretó el puño con fuerza.
- Haz lo que te diga tu corazón. – Fueron las últimas palabras de Kanno. Ieyasu tenía un conflicto interno, sabía que asesinar estaba mal pero esa mujer, hasta hace poco quería hacerle lo mismo, no sabía que era lo correcto.
- … Por favor, liberame… - Empezó a llorar, el pelinegro apretó los dientes.
- ¡Maldición! – En ese momento clavó la aguja en el abdomen de la mujer, inyectando el líquido, ella abrió los ojos totalmente. – Kanno… tienes razón, esta gente no merece piedad.
- ¡Nooooo! – Ella empezó a gritar, agitándose como si fuera un animal encerrado. - ¡No quiero morir!
- Dejémosla aquí, seguro el virus la dejará moribunda para la noche. – Asintió Kanno, en ese miró al resto. – No podemos confiar en nadie más que nosotros mismos, ya vimos que la gente noble no nos ve de otra forma que pestes, gente a la cual puede desechar, por esa misma razón debemos actuar por nuestra propia cuenta, el dialogo es inútil, solo existe una forma de salvar nuestras vidas y es pelear de vuelta, debemos matar aunque no queramos. Solo así… este mundo podrá encontrar verdadera paz.
- Es duro, pero es la única opción que tenemos. – Comentó Sagiri, mirando a Sayo. – Sé que su sueño era entrar a la guardia imperial, y ahora con esto…
- No digas nada más Sagiri. – Expresó Sayo por debajo, su cabello cubriendo sus ojos. – Yo… es verdad que actué de forma ingenua, Ieyasu y yo lo hicimos y debido a nuestra estupidez, casi morimos, si no hubieran estado ustedes, quizás… - Lagrimas empezaron a bajar de su rostro, Sagiri la abrazó. – Yo… no los perdonaré, por haber intentado matarnos y además… Tatsumi… no quiero dejarlo solo…
- Solo tenemos una opción ahora mismo. – Kanno miró a Ronnie el cual asintió, este empezó a tocar su guitarra.
- Vamos a acabar con el mal ¡Bring Me the Horizon! – En ese momento la armadura cubrió a Ronnie, sorprendiendo a Ieyasu y Sayo.
- ¿Cómo? – Preguntó él. - ¿Qué son ustedes? – Kanno sonrió.
- Simples músicos, ahora vamos, hay que acabar con esto. – Todos asintieron para moverse.
- ¿Realmente podré entrar al ejército?
- Claro, mi padre es un general respetado, seguro te aceptará. – Aria estaba volviendo a la mansión llevando con ella a un joven de cabello castaño y ropas de color beige y negro. – Seguro te recibirá bien.
- Me alegra, he pasado por dificultades como esa mujer que se atrevió a robarme mi dinero, espero pueda trabajar junto a usted Aria-sama.
- Claro. – Los dos iban llegando a la mansión y justo en ese momento la rubia sintió sus pupilas dilatarse, en la entrada de la mansión había cadáveres de guardias. - ¿Qué?
- ¿Qué pasa? – El chico volteó a ver, quedando impactado por la vista. - ¿Qué rayos?
- No puede ser. – Aria corrió con todas sus energías a la mansión, siendo seguida por el chico, a todos lados que ella veía solo encontraba cuerpos, en su desesperación se adentró a la casa, observando sangre y cuerpos despedazados.
- ¡Padre, madre! – Ella corrió hasta llegar al comedor, abriendo la puerta con fuerzas, en eso vio la escena que la impactó, muchos cuerpos de guardias sobre la mesa, cortados en pedazos como si se trataran de comida.
- ¡Aria! – Su padre estaba ahí, atrapado entre dos paredes de piedra, el chico llegó poco después.
- ¿Qué sucede? – Este llegó, viendo la escena. - ¿Qué?
- ¿Tatsumi? – Ieyasu y Sayo se sorprendieron de ver al castaño.
- … ¿Ieyasu? ¿Sayo?
- ¿Por qué hicieron esto? – Preguntó Aria con lagrimas en los ojos, Ronnie y Sagiri endurecieron la mirada.
- Ya no nos engañarás con tu actuación, perra falsa. – Insultó Sagiri.
- Bien que quisiste torturarnos y asesinarnos. – Acusó Ieyasu, el chico llamado Tatsumi vio a Aria con asombro.
- ¿E-Eso es verdad? – La rubia bajó la mirada, entonces empezó a reír.
- ¡Es cierto! – gritó con euforia. – Ustedes, malditos campesinos no merecen vivir, por eso los atraje para torturarlos, disfruto ver sus rostros de angustia mientras sus vidas se desvanecen.
- No puede ser… - Tatsumi bajó la mirada.
- Esa es la verdad Tatsumi… - Expresó Sayo con mirada triste. – Por eso no tuvimos otra opción… de no haber sido por Kanno, Ronnie y Sagiri, pudimos haber muerto en sus manos…
- Tu… ¿Qué acaso no sientes nada al matar personas? – Preguntó el castaño, ella negó con la cabeza.
- Sus vidas valen menos que toda la fortuna de mi familia, por eso puedo hacerlo. – Expresó ella con una sonrisa malvada, esa fue la gota que derramó el vaso, Tatsumi sacó su espada y con un tajo rápido, cortó el estómago de Aria, sangre y tripas salieron volando.
- ¡Aria! – El padre solo pudo presenciar como su querida hija era asesinada ante sus ojos. - ¡Malditos monstruos!
- Ustedes nos acorralaron a hacerlo. – Respondió Kanno, apuntando su hacha hacia él, este empezó a sudar frío. – Si deberían culpar a alguien, es a ustedes.
- ¿Empezamos con la tortura Kanno? – Preguntó Sagiri, su gemelo asintió.
- ¿Q-Que harán? – Preguntó el señor, Kanno sonrió de forma amable aunque a ojos del hombre, se veía aterrador.
- Vamos a pagarle por su hospitalidad, espero que lo disfrute. – No se escuchó nada más que gritos alrededor de la mansión en ese momento, un acto hecho por los seis chicos que decidieron llevar justicia por su propia mano.
Llegó la noche, en ese momento unas sombras se movieron en dirección a la mansión, eran bastante veloces por lo que procuraban llegar.
- Hay que estar atentos. – Comentó una de ellas, entonces aterrizaron cerca de la mansión. – hay algo raro…
- ¿Qué pasa? – Preguntó otra de ellas.
- Está silencioso… normalmente debía haber guardias cerca.
- Entremos para averiguar. – Aquel grupo se adentró a los jardines el cual estaba totalmente vacío y silencioso, así una de ellas se adentró a la mansión, revisando las habitaciones, no había nadie.
- Está totalmente vacío…
- Seguiré buscando. – otra se movió pero no veía a nadie, es como si mágicamente hayan desaparecido todos.
- ¿Están seguros de que nuestros objetivos están aquí? No hay nadie.
- La jefa nos dijo que viven aquí, no puede ser.
- Encontré algo en ese almacén. – habló una de ellas, una chica de cabello negro largo y ojos cafés. – Al ir el grupo, en ese momento abrieron la puerta, lo que se encontraron los sorprendieron.
- ¡Que mierda! – Exclamó un chico de cabello verde, una gran montaña de cuerpos estaba acumulada ahí, reconocieron que llevaban uniformes por lo que eran guardias.
- Son los que resguardaban la mansión. – habló uno que llevaba una armadura de cuerpo completo.
- ¿Alguien los asesinó antes que nosotros? – Preguntó una chica de cabello violeta y llevando anteojos.
- No puede ser, que alguien se nos adelantara. – Exclamó una chica de cabello rosado fuerte y llevando un rifle en su espalda.
- Siento presencias cerca. – habló una chica rubia con rasgos animales. En ese momento se prepararon para pelear, cuando entonces apareció otro sujeto con armadura.
- ¿Una armadura? – Preguntó la rubia, este los atacó con su lanza-guitarra. – tengan cuidado.
- Yo me encargo. – El otro sujeto con armadura empezó a pelear contra él, chocando su lanza contra este, a lo cual se alzaron chispas. – No eres nada malo. – El otro no dijo nada. – Así que silencioso ¿eh?
- ¿Qué rayos sucede aquí? – Preguntó la chica pelirrosa cuando entonces por atrás de ellos aparecieron golems. – ¡Wuah!
- Yo me encargo. – La pelinegra desenvainó una espada y fue al ataque, ella se movió con una velocidad que parecía sobrehumano y entonces cortó a los golems como si nada.
- Gracias Akame. – Expresó la rubia. En ese momento aparecieron más figuras, alguien saltando frente a ella con una espada, entonces bloqueó el ataque con sus manos que parecían garras. – Si buscan pelea, entonces… un momento ¿Tatsumi?
- … ¿Leone? – El castaño se alejó.
- ¿Lo conoces Leone? – Preguntó la pelivioleta, ella asintió.
- Fue el chico al que le robé dinero en la mañana, pero si está aquí…
- Parece que algo sucede aquí. – Kanno apareció en ese momento junto a Sagiri, Ieyasu y Sayo. – Ronnie, puedes detenerte, igual Sagiri, ordena a los golems que paren. – Asintieron, Ronnie saltó hacia atrás dejando al otro de armadura y los golems detuvieron su ataque.
- … ¿Ustedes hicieron esto? – Preguntó la pelirrosa, Kanno asintió.
- Si, la familia quiso torturarnos y asesinarnos, por suerte actué antes de que lo hicieran. – Ronnie desactivó su armadura, quedando al lado del pelinegro. – Solamente les dimos su merecido.
- Oye Leone… - La pelivioleta se acercó a ella. – Eso que tienen, no serán… - La rubia asintió.
- Son teigus… y los conocía de algún lado, son esa banda que tocó en esta mañana.
- Rock Crusaders. – Se presentó Kanno. – Parece que no vinieron aquí a un paseo nocturno tampoco.
- Parece que sabes. – Ella sonrió. – Todos ustedes… si asesinaron a nuestros objetivos, entonces parecen ser aptos.
- ¿Los llevarás Leone? – Preguntó el peliverde.
- Si se quedan aquí más tiempo, levantarán sospechas, además sabía que Tatsumi tenía algo especial. – Miró al castaño. – No les haremos daño, en vez de eso, queremos contar con su ayuda, vengan con nosotros.
- ¿Quiénes son? – Preguntó Tatsumi, ella sonrió.
- Somos un grupo que desea acabar con la corrupción del imperio, formamos parte del ejército revolucionario, nosotros somos… Night Raid.
Un nuevo camino se abría para todos ellos, a partir de ese encuentro ocurrirían muchas cosas, una batalla que estaba por suceder y desafíos por los cuales pasarían, eso es lo que les esperaba de ahora en adelante.
El Redentor 777: En sí, lo sucedido ya fue distinto a la historia original, como tal pienso ya hacer mis cambios y aquí es donde lo estaré plasmando, ya habrá más por delante.
Ninja Britten 11: Como andaba buscando canciones dentro de mi spotify, decidí escoger esa, claro que aun no pondré canciones quizás más rudas, eso quiero guardármelo para otras ocasiones jaja.
Aquí ya vimos lo sucedido, Aria y su familia pensó que podrían capturar a los tres y torturarlos, no supieron que Kanno descubrió todo y les ahorró el trabajo a Night Raid, siendo ellos quienes asesinaron a todos los presentes, además de que llegó Tatsumi y vio la verdad, matando a Aria, ahora ya tuvimos el encuentro con Night Raid, en el siguiente cap ya veremos las impresiones al respecto de lo que sucederá y más, si es que realmente querrán reclutarlos a su causa, hasta el próximo cap. Saludos.
