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EL MAUSOLEO

Subieron la colina dejando trás de si el pueblo, nadie les seguía, lo cual era un exito teniendo en cuenta la gran multitud que había rodeando todo el parque. Haberse ido a esta hora fue una buena idea, pero les daba algo de lastima haber tenido que abandonar al doctor Vilas con el Padre Vecket y sus pueblerinos fanaticos, les había ayudado demasíado que no merecía quedarse ahí viendo como iban a quemar a otro anciano inocente. Ese era otro problema del que no había remedio, no iban a poder salvar a la pobre alma que iba a morir incinerada de esa forma tan sanguinaría, sabían que se produciría, pero no tenían ningúna ventaja o posibilidad de salvarla, no mientras el Padre Vecket estuviese ahí para impedirlo y capturarles. Además, si lo hacían, también mandaban a la muerte a Vilas por ayudarles. Todo este asunto era tan retorcido que debía de ser el plan más descabellado que cualquiera se le hubiese ocurrido nunca en todos los años de existencia de Skylands. Pero si obraban bien este problema, quizás conseguirían salvar a toda la gente de no seguir escuchando al Padre Vecket. Tenían que descubrir que era esa luz que había visto Vilas días antes, si resultaba tratarse de algún tipo de hechizo magico, entonces habrían encontrado la fuente de poder que usaba para ma-nipular astutamente a los pueblerinos.

Continuaron subiendo mientras la colina se hacía más pesada para caminar, todo el camino tenía aspecto de estar inclinado como las paredes de una montana, Elfina y Gorkit se cayeron al costarles dar un paso más. Se quejaron de no soportarlo. Eso hizo que se pusiesen a indagar en como hacían los pueblerinos para subir con lo complicado que era. Asumieron que ya estaban acostumbrados y no les provocaba ningún tipo de cansancio subir la cuesta. El camino se ladeo más adelante, facilito las cosas, ahora podían caminar con normalidad como antes.

Consiguieron llegar a la zona donde se encontraba la casa del Padre Vecket, era una parcela formada por un chalet de esquinas adosadas que se extendían por todo un campo agricola que iba desde un extremo enrejado, hasta otro extremo donde se podía ver otra inclinación que daba al granero. En un rincón del chalet, separado del jardín, había lo que parecía ser una mezquita privada. Seguramente era un lugar construido por los padres del Padre Vecket para poder rezar a los ancestros en privado, lo cual era algo habitual en muchos sacerdotes trolls, que querían rezar en un lugar más pequeño, provisto de cualquier tipo de artilugio materialista que les distrayese de pensamientos propios y personales. Era la primera vez que se veía algo así en un lugar urbanistico tan alejado de la civilización, pero ahora se dudaba de si el Padre Vecket lo usaba también para rezarle a su nuevo ancestro.

Se acercaron y de pronto una de las puertas del chalet se abrió.

-Agachaos -tiró a los dos contra el suelo.

Se quejaron del fuerte tirón.

Alzaron la mirada observando que una mujer vestida con una vestimenta elegante, formada por una camisa y unos pantalones de tirantes con falda salía de la puerta, llevaba consigo lo que parecía ser una bolsa de cuero de tamaño rectangular. Se estiro el cuello haciendolo crujir y entonces se marcho siguiendo el camino.

Ambos se miraron perplejos ante esa repentina escena, quedaron con la impresión de que iba a pasar algo más que lo complicaría todo.

-¿Quien era esa? -se pregunto Gorkit.

-Debía de ser la limpiadora -dedujó Ephraim.

-¿El Padre Vecket tiene una limpiadora? -critico el otro.

-Debe de tenerlo, es un lugar grande, alguien tiene que ocuparse de limpiarlo todo mientras los dueños no están en casa.

-Pues espero de que por lo menos a esa mujer la trate bien.

-¿Porque lo dices?

-Porque de no respetarla, entonces sería casi identico a Kaos.

Ephraim capto eso como un problema.

-¿Tu sabes que él no es Kaos nó?

-Lo se, pero estoy harto de ver manipuladores -indico honestamente.

Ephraim asintio comprendiendo su situación, se había pasado tanto tiempo viviendo en un pueblo dominado por el poder, las mentiras y la manipulación, que no podía soportar que otro hiciese lo mismo.

El ambiente estaba despejado, no se oía a nadie más.

-Vamos -ordeno.

Se levantaron y marcharon corriendo sigilosamente hacía la casa, recorrieron todo el camino hasta chocarse contra la puerta de cristal, suspiraron aliviados por haber llegado trás haber subido esa pendiente tan empinada. Miraron al frente, no había rastro de la limpiadora, se había alejado al bajar por el camino. Ephraim miró para el otro lado, en un recodo se veía un hueco oculto tras una pared estrecha de arbustos cuadriculados. Vilas le mencionó antes que para ir al al cementerio principal de la familia, debía bajar por una escalera construida por peldaños de roca y estaría situada en un hueco que se encontraba oculta a simple vista en uno de los extremos cerrados del jardín. Si era la que veía entonces tenía solucionado una parte de la misión.

-Yo iré por ahí y vosotros por ahí, nos reuniremos por donde el camino comenzó a inclinarse -concretó con tono agitado.

-¿Seguro que no quieres que vaya ahí con Elfina? -critico Gorkit dispuesto a cambiar el plan por pura capricho.

-No -negó reprochadamente-. Si algo malo pasa ahí no se que te ocurrirá, es mejor que encontreís el carro para sacarlo y así poder largaros de aquí cuanto antes.

-¿Y que pasa si todo sale mal y te quedas atrás? -entonó una duda triste.

Rezongó con amargura.

-Pues me quedaré atrás -contestó con desdén.

Bajo la cabeza aterradora ante la idea de abandonarla sin posibilidad de salvarle.

-Ey Gorkit -le cogió de la cara haciendo que le mirase-. Has sido muy valiente en todo este viaje, no te preocupes por lo que me pase a mi, preocupate más por ella -echó la mirada en Elfina, estaba distraída tocando las paredes, como si no hubiese visto nunca un domicilio de este tipo-. Necesita estar con los suyos.

Reflexionó seriamente ese asunto.

-Lo se -contestó con confianza.

-Vamos ve -presionó forzosamente-, antes de que alguien más venga.

Obedeció y se marchó llevandose consigo a Elfina, se alejaron quedando Ephraim ahí parado viendo como se iban, no quería pensar que en cuanto les diesen la espalda, estos volverían para cometer algo que exigió que no hiciesen. No paso, se marcharon de verdad. Asintio aliviado al ver que todo iba según lo acordado y acto seguido salto corriendo hacía el hueco del recodo.

Se acercó y vio la escalera del hormigón, estaba tan oscuro que apenas se veían los escalones, dio el primer paso y lo hizo, a partir de ahí empezó a bajar con prisa, dudaba de que siguiese hubiendo alguien por la zona, así que no pasaba que bajase apurado y corriendo como si le persiguiese la muerte. Unos escalones más adelante, había una curva, la escalera se transformaba en una caracol, giro con cuidado no caerse y poco más adelante llego a abajo de todo.

Soltó un fuerte suspiro ya que intuía que se caería tras pisar semejantes complicados escalones en los que no se veía nada a causa de la oscuridad. Alzo la mirada y se encontro con un cementerio, el cementerio oficial de los sacerdotes del pueblo. Era un lugar inhospito repleto de tumbas con varias lapidas de diferentes tipos esparcidos a lo largo de todo lo ancho, la mayoría de ellas tenían cruces que actuaban como representación respetuosa hacía los fallecidos.

Miró para ambos lados, tampoco había nadie, pero estando en un cementerio controlado por alguien que veneraba a los fantasmas oscuros de Skylands, le hacía temerse que pudiese encontrar con algúno de forma sorpresiva.

Se puso a recorrer todo el cementerio, examinando cada una de las lapidas, todas iban en el orden según nacieron, la mayoría de las tumbas se encontraban desde hace dos siglos, tiempo atrás desde que la nación de los trolls comenzó a cambiar. El numero seguía subiendo hasta que de pronto se topo con algo interesante. Una de las lapidas con cruces tenía el nombre limado, como si lo hubiesen resquebrajado aproposito para que nadie supiese quien era la persona que estaba enterrada. Le resulto extraño ver eso, ¿quien sería y porque le habían borrado el nombre? Se movió a un lado y observo que al lado había unas cuantas lapidas más a las que también les habían borrado el nombre, ¿porque sería? ¿Les habrían borrado porque ofendieron a alguien o el Padre Vecket lo hizo aproposito porque se enfado con quien estaba escrito en esa tumba? Cuanta más cosa descubría, más se quedaba extrañado de no entender nada. Sentía que algo más paso con la familia del Padre que quizás Vilas no lo sabía, si era así, entonces este pueblo paso por un caos descontrolado e inimaginable.

Lo ignoro y volteo la mirada hacía el mausoleo que estaba al lado, se mostró mientras una vespertina niebla lo rodeaba, como si permaneciese oculto para aquellos que no tuviesen el derecho de entrar.

Miro nuevamente a ambos para asegurarse de que no hubiese nadie a los alrededores, estaba todo tan tranquilo que le daba miedo cometer esta acción tan facilmente. Corrió hacía el mausoleo poniendose delante de la verja redondeada que actuaba como puerta, saco la llave que le había dado antes Vilas y la metió en la cerradura, la giro varias veces con tal de saber cual era la combinación, la abrió trás un fuerte tirón de muñeca, le dolió. Quedo abierta, se dispuso a entrar, pero de pronto le entro la duda de no saber con que se encontraría al otro lado, y si se encontraba algo peligroso y tendría que salir, la salida tenía que estar despejada, y la verja tenía todas las posibilidades de moverse y dejarle encerrado por accidente.

Se puso nerviosamente a mirar de un lado para otro intentando de hallar algo que le sirviese para dejar atorada la puerta, miró abajo, observo que en una esquina se encontraba una roca del tamaño de una bolsa de arroz. Saltó a cogerla y la apoyo en el borde de la entrada, tenía tanto peso que la puerta aguantaba, tenía la salida asegurada.

Se alivio y se metió.

Estaba todo oscuro, apenas se veía nada, se sentía como si entrase en los abismos inferiores de Skylands. Dio varios pasos adelante, pudo sentir que pisaba un escalón, tenía delante una escalera, apoyo suavemente el pie asegurandose de no caer, cuando de pronto un grupo de antorchas se encendieron automaticamente iluminando el camino. Quedo extrañado al no entender como sucedió, eso piso de nuevo el escalón, rechinaba como si fuese mecanico, luego se fijo en las antorchas, no eran antorchas normales, eran lamparas calientes que se activaban por medio de un mecanismo que encendía una chispa y estaba entraba en contacto con un gas que lo encendía por impulso. Al ver ese sistema ahora lo comprendía, la escalera formaba parte de un sistema mecanico que se activaba una vez alguien empezaba a baja, le daba risa encontrarse con algo así, pero rapídamente cambio de pensamiento al acordarse de lo que debía hacer.

Bajo lentamente por las escaleras, ahora que sabían que tenían un sistema mecanico le daba panico pensar que también tendrían otro sistema que activase una trampa, una puesta en caso de que se metiese un intruso. Bajo unos veinte escalones y no paso nada. Observo que más adelante había una puerta de dos hojas hechas de hierro, tenía una cerradura parecida a la de afuera, intuyo que se abriría también con la misma llave, la metió en la cerradura y se puso a girarla, esta vez ahora se abrió del lado contrario a la primera puerta. Tiró de las pesadas hojas y en cuanto lo hizo, se encendió automaticamente otro grupo de antorchas, estas iluminaron lo que parecía ser un altar, paso al otro lado y observo que a los lados se encontraban unos huecos divididos en dos salientes que tenían colocados varios ataudes, dentro debían de tener los miembros más importantes de la familia de sacerdotes del pueblo, todos ahí colocados especificamente en ese lugar para retratar su superioridad. En el centro había otro ataud, uno distinto de los otros, este era implecable, se veía reluciente y se reflejaba la luz en las esquinas. No sabía quien era, pero pudo intuirse de que debía de ser el ultimo familiar que falleció y fue enterrado aquí con sumo respeto.

Lo ignoro y se fijo en el altar que tenía delante, estaba formado por una mesilla de madera enganchada a la pared de enfrente, encima había una extraña piedra hexagonal y negra dentro de una cesta y dos velas aplanadas a los costados. Levanto la mirada y observo que arriba colgado en la pared había un estandarte con el simbolo representativo del elemento de la magia de los muertos. Con eso constataba que todo esto tenía que ver con la magia que practicaba el Padre Vecket. Pero había algo que no conseguía entender, que era la piedra que había puesta en una cesta.

La cogió con cuidado porque no sabía de que se trataba, tenía un tacto suave y fino, los bordes no cortaban y las puntas estaban esmaltadas, se sentía como estar tocando pero con una forma poco corriente. La miro bien, no tenía nada raro, era una piedra normal y corriente, acercó la mirada y de pronto vio algo.

Se asusto y tiro la piedra de vuelta a la cesta, provocando que las antorchas parpadeasen por un instante, ese extraño efecto le resulto tan anormal que asumió que fue causado por medio de la piedra, brillo por unos segundos. Se acercó de nuevo asegurandose de que vio bien lo que se produjo antes.

La levanto con sumo cuidado y acercó lentamente la mirada, en cuanto se fue acercando la piedra brilló, liberando un brillo verde esmeralda que se sentía agradable de ver, no lo cegaba, se sentía como cuando uno olía un buen olor, pero en este caso estaba presenciando una buena visión. Quedo parado viendo como aquella piedra le iba mostrando imagenes de individuos, de diferentes criaturas, tanto adorables como hostiles. Acto seguido cambió a trolls que había visto antes, gente del pueblo, fue cambiando consecutivamente durante varios segundos hasta que vio una cara conocida, la de Gorkit, veía la cara de su sobrino junto con la de Elfina, ambos mirando preocupados como si sintiesen que estuviese pasando algo malo.

No le gustaba lo que estaba viendo, quería sacarse la piedra de sus manos pero no podía, estaba aprisionado observando todo lo que le mostraba la piedra, como si fuese una obligación. Seguía viendo diferentes rostros, el de Vilas, el Padre Vecket, un individuo anciano que parecía estar sufriendo, y lo más raro de todo, la cara de un sér, una criatura que apenas podía reconocer, se veía como un dragón, de color gris, y tenía un ojo verde, parecido a la piedra, enderezo la cabeza y lanzo una enorme llamarada que cubrió por completo la imagen.

Eso lo asusto más, tiro la piedra de vuelta en la cesta, eso provoco que el cristal de las antorchas estallasen en una subita serie de explosiones en efecto domino, todos los restos quedaron esparcidos en el suelo.

Ephraim quedó atonito, no tenía ni idea de lo que había pasado, pero de una cosa tenía clara, esa piedra era lo que vio Vilas, y posiblemente la cosa que más le preocupaba al Padre Vecket de que supiesen. No sabía que era lo que hacía, pero evidentemente no mostraba esas imagenes por nada, sobretodo la de aquella criatura que vio, no era un dragón normal y corriente, su ojo se parecía a la piedra. Al verlo se intuyo una cosa, ¿que pasaría si esa piedra es en realidad el ojo de un dragón y el Padre Vecket lo usaba porque tendría propiedades magicas? Si era así, entonces habría encontrado la herramienta que usaba para manipular a la gente del pueblo.

Tenía que llevarselo ya mismo.

La cogió y la metió en uno de los bolsillos de su mochila, la dejo entremedio para que quedase bien protegida. Miró para asegurarse de que no había pasado nada más inusual aparte de las antorchas rotas. Lo dejo estar y se marchó lo más rapído posible.

Fue subiendo por las escaleras lo más apurado posible, tenía miedo de encontrarse con la puerta cerrada, afortunadamente no lo estaba, su idea de poner una roca para trabar la entrada funcionó a la perfección, salió quitando la piedra de en medio, sintió un enorme aliviado por respirar aire fresco.

De pronto alguien le golpeo.

Cayo de espaldas contra el suelo y alzo la cabeza, observo que tenía delante al Padre Vecket y dos de sus escoltas musculosos, la oscuridad de la noche hacía que sus ojos brillasen como si estuviesen llenos de magia.

Uno de los escoltas se acercó y le propino otro golpe de puño.

Lo dejo inconsciente.

..

Gorkit y Elfina subieron por otro camino empinado que los llevo más arriba. La joven elfa estaba tan agotada que había varias veces que se caía torpemente al suelo o perdía el equilibrio, eso parecía producirse debido a los efectos de la medicina que le dio Vilas, quizás estaba bien, pero no para correr grandes distancias o subir cuestas empinadas. Aún así Gorkit la ayudo agarrandola de la mano para seguir adelante.

Llegaron a un prado formado por un campo de hierbas altas, alzaron la vista y se encontraron con el granero, era un enorme almacen del tamaño de un campo de juegos, era de color rojo escarlata, la puerta era rectangular, tenía dos antorchas colocadas a los costados de las columnas que conformaban la entrada, y lo peor de todo, habían dos guardias troll custodiando la entrada, iban armados con unas porras unidas a unas piedras talladas para que pareciesen mazas de construcción, era como estar viendo a un grupo de guardias arkeyans usando armamento primitivo.

Se tiraron al suelo queriendo que no les viesen, afortunadamente las hierbas era tan altas que llegaban hasta la altura de sus orejas. No les vieron, pero el hecho de que se encontrasen vigilando la entrada le hizo temerse lo peor de su tio. No quería asumir que también tuviese esa dificultad. Le daba tanto miedo dejarle solo que quería volver atrás para asegurarse de que estaba bien, pero no podía hacer eso, tenía que cumplir esta misión unícamente con Elfina.

Miró a Elfina, ella estaba más que decidida a seguir adelante.

-Tiene que haber una manera de entrar por ahí sin que nos vean -comentó en segunda persona, dirigió la mirada hacía Elfina, ¿tu que crees?

Las puntas de sus orejas se pusieron rectas, como si tuviese una idea, se movió y le señalo un camino separado del granero, al lado se encontraba lo que parecía ser una caseta de herramientas, era cuadrada como una casa corriente, tenía un techo adozado y una portezuela desplegable de color plateada.

-¿Que quieres hacer? -le pregunto, no comprendía su idea.

Simulo con los dedos unas piernas que andaban.

-¿Quieres ir gateando por detrás de esa caseta, hasta llegar al granero?

Afirmo meneando la cabeza, esbozo una sonrisa, una de las primeras que hacía.

-Muy buena idea -le felicitó orgulloso de ella-. Vamos.

Se levantaron y se pusieron a correr para el otro lado del prado, salieron del camino y saltaron corriendo hacía la caseta, se pegaron a la puerta y luego voltearon para pegarse en la pared del otro extremo. Suspiraron aliviados, lo tomaron como una pequeña dificultad. Gorkit asomo la cabeza y observo que nadie les vio, los guardias no se inmutaron por nada del mundo, continuaban parados jugando con sus armas.

Miró a Elfina indicandole con la mirada de que estaba todo bien.

Acto seguido giraron para el otro lado, se pusieron para el otro lado de la caseta y fueron corriendo por un camino oculto hasta ponerse detrás del granero, ningúno de los guardias les vio, suspiraron aliviados de nuevo. Caminaron intentando de encontrar una entrada trasera, algún hueco que les sirviese para meterse sin causar mucho ruido. Elfina le señalo una cosa, Gorkit alzo la mirada y vio que arriba había una ventana abierta, pero estaba muy alta, se le ocurrió de treparla.

-Ve tu primero -se enderezo abriendo las manos permitiendo que Elfina saltase para subirse a la ventana.

Le miró con preocupación, no lo veía muy seguro.

-No te preocupes Elfina, yo voy por detrás -le animó con confianza.

Se confió y marcho corriendo hacía él, salto por encima de su mano y la impulso hacía arriba agarrandose al borde de la ventana. La joven elfa se giro y paso al otro lado, se apoyo sobre algo que la dejaba parada, Gorkit se asombro al ver que tenía algo donde pisar, Elfina se giro nuevamente para tratar de ayudarle, Gorkit salto, pero era demasíado pequeño para saltar, no tenía fuerzas para cometer semejante salto.

-Me parece que vas a tener que buscar algo por ahí -le propuso como alternativa.

Elfina acepto y se marcho para el otro lado.

Se quedo un par de minutos esperando que regresase, no volvía y no se escuchaba nada de lo que hacía ahí dentro, era como si se hubiese esfumado por completo. Esta situación lo puso terriblemente nervioso, no sabía que hacer y no quería irse por dejarla sola, algo debía hacer como minimo.

-Elfina, ¿estás ahí? -bramó susurradamente.

No hubo contestación.

Se puso más nervioso todavía, se estaban empezando a arrepentir.

-Elfina, ¿sigues ahí? -protesto con desdén.

Asomo la cabeza sorprendiendole de golpe.

-Me has asustado -le reprocho, tocandose el corazon del susto que tenía, suspiro aliviado-. ¿Adonde te habías ido? ¿Que estabas haciendo?

Enseño una cuerda que tenía colgando de la mano.

-¿Una cuerda? Bien -se alegró al ver eso.

Elfina le tiró la cuerda, se la enrolló alrededor de la cintura y la elfa fue tirando de él, Gorkit hacía fuerza apoyandose las patas sobre la pared, llego arriba y ahí Elfina le agarró pasandose al otro lado.

-Gracias -le agradeció con nerviosidad-. Nunca vuelvas a hacerme eso.

Elfina le echo una mirada cinica, se sintió ofendida de su poca confianza.

Gorkit bajo la mirada y se dio cuenta de lo que estaba pisando, se encontraba encima de lo que parecían ser una pila de maletas amontonadas como una montaña, eran tantas que formaban una piramide. Alzo la mirada y se dio cuenta de lo que tenía enfrente, todo el granero era practicamente un almacen formado por diferentes objetos. Había de todo. Muebles, partes de aparatos mecanicos, estanterias llenas de armas de fuego, estatuas, cuadros e incluso un tractor en perfectas condiciones. Era como si el Padre Vecket se hubiese robado todo lo que era un pueblo y lo metiese aquí, guardado y ocultado para que nadie lo supiese.

Al ver eso comenzó a comprender porque la gente no solo estaba mal por la cantidad de enfermedades que portaban y el hambre que padecían, era porque Vecket les había arrebatado todo, todo lo que tenían en sus docimilios e incluso aquellas cosas que formaban parte del pueblo. Las estatuas seguro que las retiró del parque y las sustituyo por otras cosas que le gustaban mucho más.

Bajo y se puso a mirar a su alrededor, todo eso le resultaba inquietante, era como estar en un cementerio, solo que en vez de ver cadaveres estaban los restos de cientos de vidas arruinadas por culpa de aquel joven desquiciado. No quería ni imaginarse lo que fue en su momento el retiro de todos esos objetos, por lo que pasaron las familias, el sufrimiento de muchos que se sintieron en la total omnipotencia. Si su tio veía eso, se llevaría un gran malestar por no poder soportarlo.

Elfina camino hacía un grupo de muebles mal amontonados, se fijo que encima de una mesa había un muñeco de un payaso, con un sombrero triangulado, con manos y pies de forma redondeada y esbozaba una media sonrisa divertida. Le divirtió tener eso en sus manos, lo giro y vio que detrás tenía un nombre grabado, ponía: Yana, el nombre de la pequeña de quien era propietaria ese payaso, eso la entristeció, ya que ahora pudo imaginarse que no solo le quitaron los bienes más importantes a los pueblerinos, sino también le arruinaron la infancia a muchos niños.

Sintió una presencia, se giro notando que detrás suyo tenía a Gorkit, vio lo que hacía, mostraba una expresión de angustia al comprender bien lo que pensaba. Dejo el payaso donde estaba, asumiendo que en algún momento su dueña lo recogería.

Gorkit se puso a mirar de un lado para otro, intentaba de encontrar el carro, no lo veía por ningún parte, el granero no era un lugar muy grande, así que resultaba imposible ocultar o esconder un vehículo de varias toneladas sin que se notase. De pronto se fijo en algo que hasta ahora no había percibido, en un costado había una lona blanca como un fantasma que cubría algo bastante grande. Sintió curiosidad, se acercó lentamente con temor de acabar desvelando algo impredeciblemente peligroso, agarro una tira que colgaba hasta el suelo, la cogió dispuesta a retirar la lona, pero sentía panico de no saber que pasaría si no era lo que creía. Miró atrás, Elfina estaba a su lado, dispuesto a enfrentarse a lo que sea que estuviese por desvelar. Se decidió harto de sentir tanto miedo y la retiró levantandola de un tirón.

La lona cayo desvelando ser el carro.

El mismo, en perfectas condiciones.

Gorkit quedo tan sorprendido al ver que lo encontró facilmente, sin ningúna complicación de ningún tipo, que se puso a soltar una risa de entusiasmo exagerada.

-Mira, está aquí mismo -bramó con ironia.

Elfina le rechistó, esa risa se oía demasíado fuerte.

-Perdón -se disculpo avergonzado.

Se acercó al carro, lo toco pudiendo sentir que estaba lo suficientemente resistente como para poder usarlo para salir pitando de ahí, pero tenía el problema de que no estaban los caballos, sin ellos no iba a poder moverlo.

De pronto oyo un sonido parecido a un relinche.

Giro la cabeza observando que al fondo se veía la sombra de un animal, le entro curiosidad, le hizo un gesto a Elfina para que viniera con él y lo viese. Se acercarón más y observaron que había un establo con los caballos que los acompañaban. Estaban los dos metidos dentro comiendo paja de un monticulo tirado en un rincón.

-Por los ancestros no os han hecho nada -susurró sorprendido al encontrarse ahí metidos como si fuesen parte de los objetos robados.

Uno de ellos se acercó queriendo que le tocase la cabeza, Gorkit se la rasco, el caballo relincho sonando a gusto con lo que le hacía.

-Es una suerte de que por lo menos os haya alimentado -comento con incredulidad.

Elfina se acercó, dio un paso atrás teniendo miedo de ellos.

-No tengas miedo, tocalo -le pidio animadamente.

Discrepo con la cabeza.

Vio su cara de temor y pudo imaginarse que no solo los temía por vergüenza, sino también porque le recordaba al dueño que la retuvo metida en el carro.

-No te preocupes, deja que yo te ayude -le pidio animadamente.

Le cogió suavemente la mano y se la acercó precavidamente hacía el caballo, dejo que primero lo tocase con los dedos, le acarició la boca y la nariz, y acto seguido paso a tocarle con la mano apoyandola sobre su esbelta y suave piel.

-¿Te gusta?

Sonrió encantada.

Le siguió acariciando hasta que acabo casi metiendo los dedos sobre la nariz, eso hizo que relinchase y golpease con la pata la pared de detrás suyo. Ambos se alejaron a-sustados al ver su repentina reacción.

-¡Parad los dos, que no quiero escucharos más! -protesto alguien.

Esa voz debía de provenir de uno de los guardias que custodiaban la entrada, seguramente se habían pasado todo el santo día vigilandoles para que no hiciesen nada, y seguramente se comportaron y eso les provoco un enorme calvario. Si podían escuchar los relinches de los caballos, en cualquier momento podrían meterse para averiguar lo que estaba ocurriendo. Tenían que irse antes de que ocurriese algo como eso.

-Tu ocupate del carro, yo de los caballos -ordenó concretamente Gorkit.

Elfina obedeció, se marcho a preparar el carro, Gorkit abrió la puerta del establo, se metió y cogió las monturas que se encontraban colocadas en una mesilla de madera con aspecto rectangular. Se las puso a ambos caballos, ambos relincharon pero Gorkit les rechistó. No ocurrió nada. Iba todo bien, se las ato al cuerpo y con la ayuda de la cuerda de la cabezada, fue llevando al caballo fuera del establo. Gorkit echo un vistazo y vio lo que hacía Elfina, recogió el soporte y lo engancho a la calesa del carro, le miro y le levanto el pulgar en señal de confirmar de que lo hacía bien, le devolvió el gesto levantandole el pulgar, estaba contento de que supiese como armar un carro. Llevo los caballos más adelante y les ato al soporte quedando enganchados al carro. Los caballos volvieron a rechinar, como molestos por estar de vuelta a todos.

-Tranquilo chicos -les tranquilizó alzando la mano para adiestrarlos.

Elfina se le acerco, le toco el hombro para llamar su atención. Se giro y vio que le señalaba la puerta. No comprendía a que se refería con eso ya que sabía bien que estaba cerrada, pero había un problema que antes no había notado. La puerta tenía instalado un tablón de madera sujeto a un sistema mecanico que provenía del exterior, la única forma de abrirla era por fuera. Aquello le resultó un fastidio, se esperaba que todo se hubiese resultado facilmente, pero no era así Se puso a pensar en una nueva estrategia. Miró a Elfina, quien yacía preocupada, le daba miedo que le pasase algo, pero al verla recordó que le contaron hace mucho tiempo. Se decía que los elfos eran muy rapídos y agiles, tanto que podían esquivar los golpes de cualquier enemigo, tanto bajo como grande, y ella ya había demostrado una gran agilidad cuando la ayudo a subirse por la ventana, no le costaba nada hacerlo ahora.

-Tengo una idea -la agarró por ambos hombros-. Cuanto yo te diga, ponte a golpear la puerta y eso hará que los guardias la abran por fuera.

Elfina discrepo moviendo negativamente con la cabeza de forma acelerada, como si le quisiese enviar a la muerte.

-Lo se, parece una mala idea, pero confia en mi, tu eres una elfa, eres muy rapída, lo uníco que necesito que hagas es que la golpees para llamar la atención de los guardias, y en cuanto la abrán, yo tirare de los caballos y marchare hacía la salida -le explicó concretando con confianza-. Tu corre hacía mí lo más rapído que puedas y te cogere.

Elfina no quedo muy entusiasmada con esa idea.

-Lo se, parece un plan muy arriesgado, pero piensa esto -le levanto la barbilla queriendo que le mirase fijamente a la cara-. Lo que hay delante de esa puerta, es la libertad, la libertad que tanto ansías, y la uníca forma de hacerlo, es haciendo las cosas que menos nos gustan, como yo he hecho siempre.

Cambió su expresión a una de preocupación, pudo notar su molestia interior.

-Yo no puedo ser libre de mis problemas, pero tu sí, ayudame a ayudarte a ti, a salir de aquí para que puedas estar a salvo de todo este infierno.

Miro nuevamente la puerta, sabía que sería un peligro abrirla, pero le era más peligroso que algo le pasase a él, y a su tio, los dos unícos trolls que se habían ocupado de ayudarla en todo momento. No podía dejarlos malparados por un simple pensamiento de mal augurio, si quería terminar con esto, debía hacerlo bien y ahora.

Asintio firmemente con la cabeza.

-Bien -dijo contento.

Elfina marchó corriendo hacía la puerta, se apoyo contra la pared. Gorkit subió al carro y se sento en el asiento, agarró las cuerdas manteniendolas firmes, estaba dispuesto a tirar de los caballos fuertemente para que saliesen pitando como si les persiguiese un leviatan o algo parecido.

Le echo una mirada seria indicando que lo hiciese.

Elfina aceptó y se puso a golpear la puerta con el puño.

-¿Que está pasando ahí? -protesto un guardia.

Siguió golpeando mientras Gorkit le animaba, el solo verla golpeando esa puerta hacía que también tuviese ganas de golpearla, como si fuese un juego de niños. Siguió golpeando hasta que escucho voces de los guardias quejandose al otro lado, apenas entendía lo que decía pero se hacía una idea de que estaban molestando bastante.

De pronto escucho algo raro, algo que no parecía provenir de los caballos ni de los golpes, era otra cosa que provenía también del interior del granero. No sabía lo que era pero se oía como algo anormal, algo que no había escuchado nunca.

Se giro mirando de reojo hacía el rincón trasero del establo, no había nada, pero se podían escuchar unos gemidos que retumbaban como si fuesen tambores. Le dio tanta curiosidad que no pudo evitar sentir que debía quedarse aquí más tiempo.

-Para -la freno.

Elfina se detuvo, miró a Gorkit desconcertada.

Al otro lado los guardias estaban divagando sin parar, dejaron de quejarse y se podía notar que se estaban alejando sin más.

Gorkit se bajo del carro y se puso a comprobar lo que se encontraba ahí, se acercó al establo, era más grande que los otros, era oscuro, tanto como la noche, era como si en vez de tratarse de un establo, fuese la entrada a un pasillo horripilante. Se acercó y al instante se materializo un aliento blanco como la nieve. Le asusto ver eso, fue dando pequeños pasos lentos con tal de ver más de cerca el tipo de criatura que había dentro, no sabía cual era, pero no esperaba nada bueno.

La criatura comenzó a acercarse, asomo un ojo, era brillante, de color esmeralda, sus gruñidos eran voraces, como los de un animal salvaje. Dio un pisoton enorme que hizo temblar el suelo. A medida que se acercaba, se escuchaba el sonido de una cadena proveniente del otro lado, era evidente que estaba encadenado a la pared.

Gorkit no sabía que hacer, los movimientos y el comportamiento de aquella criatura presentaban un patrón de conducta bastante salvaje, lo que hacía que resultase imposible conseguir la manera de calmarlo. Dio un paso atrás con tal de que no le viese como una amenaza. Siguió mirandole con aquel ojo luminiscente que parecía querer engullirle el alma. Cuanto más le miraba, más panico sentía. Miró para el otro lado, Elfina se estaba acercando con curiosidad de querer saber lo que pasaba.

-No, no vengas -protesto alzandole la otra mano.

Se detuvo asustada ante su reacción.

De pronto alguien golpeo la puerta.

-¿Que está pasando ahí? -pregunto uno de los guardias, al otro lado.

Los dos guardias se pusieron a discutir.

-No lo se, será mejor que abrá la puerta.

-¿Y que pasa si la criatura nos quemá?

-Pues nos largamos de aquí y que el Padre Vecket se apiade de nuestras almas.

Al oír eso recordó lo que les dijo antes el doctor Vilas, hubo un individuo que se metió en el granero y acabó rostizado, calcinado por algo que se encontraba ahí dentro. Miró a la criatura haciendose a la idea de que a lo mejor no fueron unos individuos los que quemaron al individuo, sino una criatura que escupía fuego.

Y solo existía un sér capaz de hacer eso.

Un dragón.