"Yo... ¿en dónde estoy?"
Ante sus ojos se mostraba un paisaje campestre, pero lo más extraño era que todos los colores se habían desvanecido, y solo dejaron como dominantes al blanco y negro en aquella bella escena.
—Pero... ¿qué es esto? —Pregunto con aturdimiento al verse en semejante escenario, aun cuando estaba muy segura de que jamás había visitado tan singular lugar. —Tengo que pensar, ¿qué fue lo que sucedió para terminar en un lugar como este? —Se llevo una mano a la cabeza intentando recordar.
Un dolor punzante se hizo presente al intentar evocar en su mente las pasadas horas antes de aparecer en aquel lugar. Solo recordó haberse ido a descansar y al intentar pensar en algo más allá de verse cerrar los ojos en su hogar...ese infernal dolor de cabeza apareció en cuestión de segundos.
—Argh.—Utilizo su otra mano para presionar contra su cabeza, hasta que el dolor finalmente se esfumo. —Bien, bien. Veo que no sirve recordar. ¿Eh? ¿¡esto de dónde salió!? —Se alarmo al notar lo que estaba fuera de lugar.
Se dio cuenta de no llevaba su ropa usual, ya que esta había cambiado por un extravagante atuendo. Una camisa negra de cuello alto y abotonado, las mangas de la camisa terminaban en un pequeño triangulo de tela que se envolvía sobre un anillo alrededor del dedo corazón de sus manos. Sobre la camisa tenía puesta una túnica negra con las mangas acampanadas que llegaban hasta las muñecas, noto que tenía intrincados patrones ornamentados como decoración en gran parte de su extraño atuendo. El interior de la túnica era de un notable color purpura con detalles de llaves doradas que se entrecruzaban.
—Qué bonito atuendo. —Murmuro con sarcasmo mientras observaba el cinturón que mantenía la túnica cerrada cuya hebilla tenía el detalle de un cuervo. —Muy bonito...para una secta. —Se aferro a la tela de la capucha que estaba ocultando su cabellera.
Sus ansiosos ojos recorrieron de derecha a izquierda el extraño paisaje que le rodeaba. Los girasoles se agitaban silenciosamente, por un lado, el molino de viento perezosamente giraba y el riachuelo que cruzaba del otro lado continuaba su ritmo tranquilo al dejar ver como pequeños pececillos nadaban a su antojo sobre las transparentes aguas. Y bajo sus pies se encontraba un camino adoquinado de un color grisáceo que se extendía mucho más allá del prado de blancos girasoles, tan lejos que sus ojos no lograron observar en donde acababa el camino.
Paso un minuto pensando donde podría encontrar una salida de aquella extraña realidad, pero solamente se le ocurrió una solución basada en un libro que leyó anteriormente. Si imitaba las acciones de Dorothy, quien siguió el camino amarillo para llegar al castillo del mago, entonces solo debería de continuar avanzando sobre aquel grisáceo camino hasta el final.
—No pierdo nada al intentar. —Dijo para sí, aunque dudaba que al final del camino se encontrara con un castillo o alguien que le sacara de aquel mundo que se asemejaba a un boceto inacabado. —Aquí vamos...
Camino por un buen tiempo, o eso pensó, ya que el paisaje no cambiaba a su alrededor, casi como si estuviera caminando en círculos. Comenzó a contar en su mente llegando al cien en poco tiempo y así continuo hasta darse cuenta que casi estaba llegando al millón. Se detuvo en seco, quedándose tan quieta como una estatua y sin haber logrado nada en concreto.
—Esto no va a funcionar. —Hablo en voz alta con la frustración filtrándose en su firme tono. —Seguramente estoy soñando. Si, eso es lo que debe de estar sucediendo, y por eso es que no puedo avanzar como me gustaría. Solamente tengo que esperar a despertar, así que podría disfrutar un momento del... —Repentinamente callo, ya que le pareció captar algo extraño en el lugar.
Dejo de escuchar el trinar de las aves, el silbido del viento o el arrullo del riachuelo correr como si hubiesen apagado los sonidos en simultaneo. Un asfixiante silencio se hizo presente al momento en que el paisaje comenzó a desvanecerse hasta quedar convertido en un espacio de infinito blanco que se desplegaba ante sus atónitos ojos. Ya no había casi nada a su alrededor, únicamente el camino de adoquines grisáceos fue todo lo que quedo bajo sus pies.
—Pero ¿qué es esto? —Sintió que ahora se encontraba dentro de un lienzo en blanco. —Ah, esto es como en Coraline y no me gusta nada. —Tiro de un mechón de su cabello, intentando que la ansiedad no le ganara. —Por favor, que no me encuentre con "otra madre" o juro que moriré en este lugar por un infarto.
Ya no tenía ningún tipo de confianza para continuar avanzando y el pánico que comenzaba a filtrarse por su cuerpo le hizo observar sus alrededores en búsqueda de alguna pista sobre donde podría estar la salida. Lamentaba no haber abandonado el camino para adentrarse en los campos de girasoles o llegar hasta el molino en búsqueda de vida humana, pero ya era tarde para arrepentirse de sus malas decisiones.
—Imposible. No puede haber nadie, porque esto es un sueño. Solo tengo que despertar y nada podrá hacerme daño, ¿verdad? — En cuanto termino de hablar, a sus espaldas escucho el incesante sonido de un goteo. —¿Eh? —Lentamente dio vuelta para ver de qué se trataba.
Sus ojos se abrieron por completo y sus pupilas se contrajeron hasta el límite por lo que observaba. El espacio en blanco estaba siendo lentamente consumido por una misteriosa sustancia oscura que emanaba de distintas direcciones. Devorando todo a su paso, como si se tratase de una creatura que se expande poco a poco y consume todo lo que se cruza en su camino. Hasta el cielo fue cubierto por esa sustancia tan negra como el mismo alquitrán y gruesas gotas caían desde el techo hasta colisionar formando un oscuro charco a sus pies.
—Pero esto ¿qué es?
De cuclillas frente al charco extendió la mano para posar uno de sus dedos sobre aquella sustancia y dejo que su piel se impregnara de aquel líquido. La sensación de aquella cosa oscura no era espesa, más bien, se sentía pegajosa como...
—¿Tinta?
Una mano manchada emergió del charco y se aferró a su muñeca con fuerza, causando que soltara un grito que podría perforar los oídos de cualquier persona. Una mezcla de sorpresa y terror le asalto ante el inesperado ser que atrapo su muñeca, porque jamás se imaginó que algo saldría de un simple charco compuesto de tinta.
—¡¿Pero que...?!—Lucho para escapar del fuerte agarre en su muñeca, pero era bastante persistente en mantenerse aferrada. —¡Su-Suéltame!
Su mano libre se fue directo hacia su cabello y de entre sus hebras saco una puntiaguda horquilla que termino encajándose sobre la mano de tinta. Un desgarrador alarido fue emitido desde el charco y la mano se retrajo por el dolor provocado por la filosa superficie del adorno de cabello. Cayendo hacia atrás y arrastrándose sin apartar la mirada horrorizada del charco, observo como la mano se volvía a hundir en el oscuro charco. Estaba punto de sufrir una crisis nerviosa por lo vivido y nadie le culparía por ello; todo su cuerpo temblaba y un grito quedo atascado en su garganta. No podía gritar para desahogarse de aquella traumática experiencia, pero no tuvo mucho tiempo de sumirse en su terror vivido cuando sintió que algo caía sobre su mejilla derecha.
Algo frio y pegajoso se deslizo por su piel. Era la tinta, la cual se había extendido a su alrededor mientras se recuperaba de aquella desagradable sorpresa.
Con la comprensión de que algo estaba consumiendo todo a su paso, que creaturas se ocultan bajo la oscura tinta y que solo había un camino que podría salvarle de morir consumida por esa marea de tinta maléfica, se levantó del suelo para comenzar a correr con todas sus fuerzas en la única dirección que le quedaba por delante y sin salirse del camino de adoquines grisáceos. La adrenalina le ayudaba a continuar sin sentir cansancio y las botas repiquetean sonoramente por la fuerza que ejercía al pisar las baldosas grisáceas.
Y su esfuerzo de continuar por el camino no fue en vano, porque a la lejanía logro vislumbrar un gran portón que conducía hacia un hermoso castillo de cuentos de hadas. A diferencia del anterior paisaje monocromático, el castillo tenía vivos colores y parecía estar habitado por las luces que iluminaban las ventanas de aquel fantástico lugar.
—¡Si! —Se animo al pensar que entrar por el portón sería el final de aquel sueño que se tornó en pesadilla.
Aunque parecía que iba a lograr salvarse de un cruel destino, toda esperanza se vio despedazada al momento en que otra mano emergió de un charco cercano y se aferró a su túnica. Se giro para intentar jalar del trozo de tela, pero la mano estaba firmemente aferrada a los bordes y no tenía intenciones de soltarla por nada del mundo. Completamente ajena a lo que sucedía a su alrededor, otra mano salió de un charco cercano para atraparle del tobillo y hacerle perder equilibrio.
Fue incapaz de mantener el equilibrio ante el fuerte jalón, únicamente agito los brazos en un desesperado intento de no caer hacia el gran charco que se había formado rápidamente a sus espaldas, pero le fue imposible lograrlo y termino cayendo dentro de la tinta.
Las manos de tinta tan negra como el alquitrán aparecieron en un parpadeo para obligarle a adentrarse en marea oscura que se cernía sobre el poco espacio en blanco que quedaba a la vista. Intento deshacerse de su agarre, pero solo consiguió mancharse con la pringosa sustancia hasta el cuello. Lucho con todas sus fuerzas, lucho contra las manos que tomaban sus piernas y brazos para inmovilizarle e intentar que se hundiera para siempre en la tinta.
Alzando la cabeza, sus ojos buscaron con desespero algún objeto del que pudiera aferrarse para evitar hundirse por completo, pero no había nada a la vista.
Siendo dominada por el miedo de observar cómo estaba rodeada por un mar de tinta y cielos embarrados en la misma sustancia, las lágrimas calientes se deslizaron por sus manchadas mejillas demostrando sus emociones en la actual situación. Se sentía como el naufrago en medio de una tormenta que arrasaba sin piedad y no encontraba salvavidas para evitar ahogarse en los dominios del dios de los mares. Su llanto se transformó rápidamente en un grito cuando una mano se aferró a su cabello y tiro de este con una abrumadora fuerza que logro hacerle arquear la espalda por el dolor.
¿Dolor? Aun en la actual situación, su mente hizo un gran descubrimiento en el medio de un caos emocional: ¿Por qué sentía dolor cuando se trata de una pesadilla?
Al final, lograron hundirle dentro la toxica sustancia negra mucho antes de poder desentrañar el misterio de esta pesadilla.
𝕻𝖊𝖗𝖔 𝖕𝖔𝖈𝖔 𝖘𝖆𝖇í𝖆 𝖖𝖚𝖊 𝖊𝖘𝖙𝖊 𝖊𝖗𝖆 𝖊𝖑 𝖎𝖓𝖎𝖈𝖎𝖔 𝖉𝖊 𝖚𝖓 𝖍𝖊𝖗𝖒𝖔𝖘𝖔 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔 ...𝖔 𝖉𝖊 𝖚𝖓𝖆 𝖎𝖓𝖙𝖊𝖗𝖒𝖎𝖓𝖆𝖇𝖑𝖊 𝖕𝖊𝖘𝖆𝖉𝖎𝖑𝖑𝖆.
