Cuando la vio por primera vez, bien pudo haberla confundido con la mismísima diosa Laksmí*, porque era tan hermosa como una flor y tan radiante como el mismísimo amanecer. Porque, sí: Laal Bag* podría ser la guerrera enmascarada más poderosa y temida, al servicio del Marajá; pero también era una doncella, algunos incluso se atrevían a murmurar que mucho más hermosa que la propia princesa Alisha.

En ese entonces él era un simple y pobre joven del campo que criaba y domaba serpientes para entretener al pueblo. Era un chico humilde, sí. Pero con un desmesurado sentido por la justicia y la verdad.

Por eso, cuando intervino para proteger a una pobre mujer que era acosada por soldados corruptos del palacio, se ganó para sí mismo una ronda de 10 azotes clandestinos en un callejón oscuro, alejado del dominio público.

Uno, dos… Pero el tercero nunca llegó. Atado y de rodillas, el encantador de cobras observó como la guerrera roja derrotaba uno por uno a cada uno de sus captores sin mayor esfuerzo: una sola mujer joven contra diez soldados maduros y entrenados.

¿Cómo no quedar prendado de su astucia?

—¿Cuál es tu nombre? — le preguntó. Su voz era la de una niña: aterciopelada y dulce.

Música para sus oídos.

Yamir — respondió el joven cuando la catarina deshizo las ataduras de sus pies y manos.

— Yamir… — repitió, y él pudo ver por primera vez a través de la máscara. Aquellos eran las orbes color caoba de una joven triste y desolada— Vi lo que hiciste por esa mujer. Fue muy noble de tu parte, y muy imprudente también.

—Alguien tiene que ponerles un alto — musitó el joven, notando la preocupación en el semblante de la heroína — No tiene importancia.

Laal Bag frunció el ceño, pues las gruesas gotas de sangre que caían de su espalda al suelo no comulgaban con sus palabras.

— Sí, alguien debería hacerlo — murmuró, más para sí misma que para el propio pueblerino — Dime Yamir, si tuvieras el poder de defender a tu pueblo de cualquier mal, ¿lo harías?, ¿sin importar el costo?

— Por supuesto — no hubo un atisbo de duda en su respuesta — Pero, para eso te encuentras tú y el tigre...

— Con las guerras y las conquistas, mi… su majestad sólo desea que luchemos contra enemigos externos. Ya no puedo cuidar a mi pueblo — confesó con el pesar acentuado en sus palabras — Por eso, necesito a alguien. Un nuevo vigía que cuide de mi gente. Alguien que persiga únicamente la justicia y no el egoísmo… — Laal Bag sonrió repentinamente, cuando sus miradas volvieron a encontrarse — Y creo que lo acabo de encontrar.

En un ademán magnético, y guiado por su devoción y eterno respeto; el joven inclinó la cabeza cuando la guerrera sacó de sus ropas una pequeña caja de madera, extendiéndola hacia él: — Yamir, te otorgo a ti el Miraculous de la serpiente y el poder de regresar en el tiempo. Así podrás defender al reino tantas veces como sea necesario. ¿Juras usarlo por el mejor de lo bienes?

— Lo juro — musitó con franqueza absoluta, tomando entre sus manos aquella caja de madera.

— Confío en ti, Yamir…

Con esas últimas palabras, la catarina desapareció de su vista.

Yamir, aquel joven osado y humilde también supo que los dioses le habían construido un nuevo camino cuando, del brazalete en el interior de la caja, emergió aquel ser que se convertiría en su más cercano aliado y mejor amigo: — Sssaludosss, mi nombre es Sssasss y ssseré tu Kwami...

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Segunda Oportunidad.

Capítulo 2

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Este capítulo quedó un poco más corto de lo que esperaba.

Pero, créanme, las cosas están por ponerse muy, muuuuuy turbias por aquí.

¡Espero que les guste!

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(Recomendación musical:

Whatever it takes - Imagine Dragons)

No podía sacarse el sueño de la cabeza. Y tampoco la extraña sensación de que algo no andaba del todo bien. Odiaba tener esa clase de presentimientos, lo odiaba de verdad porque por lo general, su "sexto sentido" solía acertar con facilidad.

Entre golpes y patadas al saco de box, Luka socavó los pocos retazos de memoria que aún le perduraban en el subconsciente. Recordaba los latigazos, recordaba el callejón y la catarina ancestral que le había salvado la vida…

No, a él no. A Yamir. Porque quizá Luka no recordaba mucho del sueño, pero el nombre del joven a quien había encarnado seguía vivo en el pensamiento, así como el de aquella hermosa guerrera y el recuerdo del brío en sus ojos caoba: el mismo que le evocaban los ojos de Marinette cada vez que la contemplaba.

Golpeó con más ímpetu, creyendo que quizá así las respuestas que tanto buscaba impactarían sobre él igual que el impacto de los guantes al saco.

Nada…

"...No quiero perderla a ella también" Las palabras de Tikki sonaron en su cabeza y el último ataque casi desengancha el saco de la pared.

— Woo, woo… ¿Si sabes que no son baratos, verdad? — una voz masculina sonó a sus espaldas — Sigue así y el gym te lo cobrará con todo y penalización.

Una risa irónica se escapó de sus labios al voltear el cuerpo y ver allí a Adrien Agreste con sus propios guantes de boxeo, cargando consigo una sonrisa bribona.

—No es la primera vez que me cargan utilería destruida a la tarjeta — se encogió de hombros, cediéndole el paso al rubio para que este se colocara entre él y el saco.

Adrien dio tres golpes y agregó: — Qué asco, los americanos te contagiaron su egolatría — el rubio golpeó tres veces más y Luka soltó una carcajada.

— El súper modelo hablando de egolatría — atajó el guitarrista, cuando llegó su turno.

Y aunque ambos chicos no volvieron a cruzar palabra, fueron los golpes y las percusiones uniformes y perfectamente sincronizadas de sus puños los que llevaron al cabo un diálogo encriptado donde admitían lo feliz que les hacía volverse a encontrar después de tanto tiempo… Porque sí, probablemente la historia se había empeñado en convertir a cada uno en el antagonista de la vida del otro.

El gato negro y la serpiente solían ser adversarios.

Chat Noir y Viperion: rivales de amor.

Pero en esta vida y, a costa de cualquier cosa, Adrien Agreste y Luka Couffaine eran como hermanos.

— Debiste estar ahí— dijo de la nada el guitarrista, sin mirar otra cosa que no fuera la lona que golpeaba — Hacía falta un tecladista.

— Tienen uno auxiliar.

— Ni la mitad de bueno que tú — aclaró Luka, cortando con aquel entrenamiento.

El chico caminó hacia una de las bancas y se deshizo de los guantes cuando Adrien se sentó a su lado de modo desganado: — El negocio familiar no se atiende solo, lo sabes — musitó antes de dar un trago a la botella de gatorade que cargaba consigo — Y no puedo abandonar París con otro Papillon al acecho. Marinette no me lo perdonaría. Ladybug y Chat Noir deben estar siempre juntos para entrar en acción.

Las palabras de Adrien no cargaban malicia. Pero aún así, Luka las sintió como un puñales clavánsole en el pecho. "Ladybug y Chat Noir deben estar siempre juntos…". Por más aversión que la frase le causara, cargaba con toda la verdad: porque, incluso cuando Marinette lo había elegido a él, al final de cuentas Adrien seguía siendo su alma gemela, su compañero de batallas; el Jang que mantenía el equilibrio de la catarina.

Y no, lo suyo no eran celos; era mera y acidulada melancolía.

— Ya — fue lo único que musitó, mirando hacia otro lado — Tú… ¿aún la amas?

— Lo hago, sí — contestó Adrien sin titubeos — Tal vez ya no puedo estar con ella del modo que me gustaría, pero jamás dejaré de quererla. Eso lo sé — el rubio guardó silencio, debatiéndose si decir o no las palabras que ya tenía en la punta de la lengua — A veces incluso he pensado en recuperarla…

Luka se quedó estático y por un leve instante, olvidó cómo respirar. Porque Adrien aún no sabía lo que había pasado hace dos días, y porque Luka estaba seguro que, si ese rubio a quien consideraba como un hermano se proponía a luchar por la catarina…

No quiso pensar en ello.

Al parecer, el destino era mucho más fuerte y astuto de lo que creía.

Luka 1 - 2 Destino

— ¿Lo harías? — preguntó, emulando una voz tranquila, aunque con un deje de resentimiento en el matiz. Adrien pudo notarlo, ya conocía lo suficiente de aquel rockero como para advertir cuando el chico trataba de fingir. Y no lo culpaba; sabía perfectamente que ambos estaban enamorados de la misma chica.

— …No — declaró por fin, bebiendo nuevamente de la botella — Ella ya tomó su decisión. Lo único que puedo hacer es respetarla. Pero eso no quita el hecho de que siempre estaré allí para cuidarla. Después de todo es mi trabajo. Más aún que con esa nueva papillon.

...Fue entonces que Luka lo recordó. El eje de donde venía aquel sentimiento de aflicción y, ¿por qué no decirlo?: rabia.

— Hablando de La Papillon; ¿tú qué sabes de un supuesto Rey Mariposa?

Luka supo que había dado al clavo en la pregunta cuando notó el movimiento inquieto de Sass en su vieja mochila de deporte.

— Lo dices por lo que pasó hace dos días, ¿cierto? — Adrien sopesó su respuesta — No sé más que lo que escuché esa noche. Al parecer fue un Marajá de la India que pudo haber sido un portador. El tocado de su turbante tiene la misma forma que el broche de la mariposa. Nada del otro mundo, si tomamos en cuenta que el Louvre ya de por sí tiene bastantes referencias del uso de los miraculous a través de la historia.

— ¿Y con cuántos de esos te has desmayado? — el filo de sus palabras hizo tragar seco al rubio — ¿Alix te dijo cuándo estará listo para exhibición?

— Ya lo está — musitó Adrien dudoso cuando Luka se puso de pie para tomar consigo su mochila de deporte — ¿Se puede saber por qué te importa tanto? Es un turbante viejo, nada más.

— Algo me dice que es más que eso… — musitó, críptico ante los ojos confundidos del modelo— Desde que esa cosa llegó, ¿no has tenido sueños extraños?

El semblante pasmado de Adrien fue suficiente respuesta para Luka. Hizo un ademán con las manos, uno que le decía un: "Te lo dije" bien remarcado antes de abandonar el gimnasio.

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— TIkki, por decimoseptima vez: Estoy bien.

La kwami suspiró derrotada. Marinette no le había permitido siquiera medirle la temperatura. Voló de regreso a la habitación para devolver el termómetro en su lugar.

Estaba exagerando, su portadora tenía razón.

La joven había llegado al departamento después de un día largo de trabajo. Alya, quien ahora era su room mate, no se hallaba por ningún lado. Muy probablemente estaría en alguna cobertura o evento importante. Ser reportera y redactora del periódico Le Parisien, sin duda era un trabajo que requería toda su atención.

—Lo siento mucho, Marinette — musitó repentinamente la Kwami, quien aterrizó en uno de los hombros de la chica.

—Descuida, Tikki. Pero tienes que confiar más en mí — Marinette viró la cabeza para dejar un suave beso en el cabecita de la catarina — Últimamente he tenido demasiadas emociones y el estrés me está matando. Seguro por eso fue lo que me puso así, pero no es para tanto. Ahora me siento perfecto.

"Eso no fue estrés" Quiso decirle Tikki, pero guardó sus palabras.

(Recomendación musical:

Je l'aime a mourir - Ariane Brunet)

La bocina inalámbrica emitió ligeras y suaves notas de un piano. La melodía voló por la sala del departamento, donde el atardecer y los últimos rayos de un sol veraniego fueron colándose por los ventanales, atravesando las cortinas… difuminando un color naranja cálido que hizo juego con la blancura inmaculada de las paredes.

El crepúsculo atrajo una atmósfera calma, en la cual Marinette Dupain-Cheng cargaba consigo una faz resplandeciente que Tikki no le había visto en meses, quizá años.

Enamorada y encandilada, la pelinegra maniobraba las manos con pequeñas bolas de algodón que recubría con una tela verde brillante, sentada en uno de los sillones de la sala.

La kwami no tuvo que adivinar de qué se trataba cuando el pequeño muñeco de apenas unos 3 centímetros de largo iba cobrando forma en sus manos.

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Moi je n'étais rien

Et voilà qu'aujourd'hui

Je suis le gardien

Du sommeil de ses nuits

Je l'aime à mourir

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Con el cuidado y con una sonrisa suave y soñadora estampada en los labios, Marinette coció el antifaz perfectamente formado. Los detalles eran inmejorables; las pequeños colmillos, los puntos color verde oliva que simulaban las escamas; el pigmento que difuminaba las tonalidades cobalto y celeste para avivar el brillo de sus ojos...

Admirar a Marinette resplandecer y desprender puro y verdadero amor mientras le daba forma a su último diseño, le recordó a Tikki el porqué valía la pena darle una segunda oportunidad a la situación.

Jamás la había visto tan feliz.

Ni siquiera al lado de Chat Noir.

Vous pouvez détruire tout ce qui'il vous plaira, Il n'a qu'à ouvrir l'espace de ses bras — cantó Marinette en coro a la intérprete de una canción que se había convertido en el nuevo himno de su sentir — ...Pour tout reconstruire. Je l'aime a mourir**

Todo había pasado tan rápido. Y aún así, dos días comenzaban a sentirse como años.

Moría por verlo de nuevo; sentir sus brazos resguardarla y abrazarla con ese brío protector, sus manos recorrerle la piel, sus labios apresar los suyos, absorbiendo todo vestigio de cabalidad… el susurro de su voz y la calidez de su aliento acariciarle el cuello.

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Elle a gommé les chiffres

Des horloges du quartier

Elle a fait de ma vie

Des cocottes en papier

Des éclats de rire.

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Marinette apretó aquel pequeño muñeco contra su pecho al sentir el fuerte palpitar de su corazón.

Un amor tan intenso, tan profundo, tan real… era imposible que fuese algo malo, algo prohibido. E iba a mostrárselo a Luka a como dé lugar.

El teléfono vibró sobre la mesita de la sala y la chica le tomó para desbloquearlo.

...Y hablando del diablo.

¿Extrañándome?

Decía el mensaje.

— No tienes una idea — musitó Marinette con una sonrisa boba hacia la pantalla, tecleando una respuesta.

Sólo un poco...¯\_(˘◡˘)_/¯ - envió el mensaje y la respuesta llegó casi de inmediato.

Mentirosa… - Marinette casi podía imaginar la sonrisa ladina de Luka al escribir aquel mensaje. Su corazón volvió a retumbarle en el pecho.

Tu ganas, ¿qué vas a hacer al respecto? Incitó y no tuvo que esperar más de 30 segundos para recibir la respuesta.

Te veo en la entrada del Louvre en 30 minutos… Corre, coccinelle.

Luka no tuvo que escribirlo dos veces. Marinette saltó del sillón, voló hacia su habitación para guardar aquel pequeño muñeco sin terminar. Retocó el color de sus labios con un labial color coral y salió de su departamento en una carrera.

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La sala de exhibición estaba sola. No era nada extraño, faltaban unos diez o quince minutos por la hora de cierre. Luka podía deducirlo por el eco de las voces de los guardias y los constantes avisos grabados.

A pesar de ello, no se movió. No lo había hecho en la última media hora que el guitarrista invirtió para contemplar con ojos inseguros y cáusticos el turbante del Marajá; como si aquella vieja reliquia fuese el instrumento más peligroso de la historia, uno que presagiaba nada más que calamidad y destrucción.

— Te essstas metiendo con cosssas que no entiendesss — advirtió Sass con severidad, asomándose del bolsillo de su chaqueta de cuero.

— Tú no me dices, yo averiguo por mis propios medios. Así es como funciona. — musitó Luka, sin despegar los ojos del pedestal.

— Y no te hazsss puesssto a pensssar que sssi no lo digo esss por algo… — Ante la nula réplica de su protegido, la pequeña serpiente suspiró derrotado.

La mañana después del incidente de Marinette, el guitarrista le había bombardeado con un sin fin de preguntas. Cuestionamientos que se duplicaron cuando el chico tuvo su primera regresión en sueños. Un kwami tenía derecho a guardar silencio, mantener sus secretos escondidos si su portador no le obligaba a develarlos... Luka, al ser el poseedor del brazalete, bien pudo obligarlo a confesar todo… Pero, ante la negativa tajante de Sass, Luka se limitó guardarse sus dudas y descargar la frustración contra el saco de box.

Debía darle crédito al muchacho. Otro en su lugar le hubiese ordenado hablar.

— Hazsssme tusss preguntasss. Quizsssá haya una que pueda contessstar — cedió por fin, volando frente a su protegido — Esss lo único que te puedo ofrecssser por el momento.

— Suena justo — acordó el joven — ¿Fue o no fue el marajá un portador?

— Lo fue; El Marajá Narendra fue el portador mariposa más poderoso en la historia de los Miraculous, mucho más de lo que alguna vez lo fue Howk Moth.

Eso no sonaba nada bien.

—Yamir, el chico de mis sueños, ¿fue portador en la misma época que el Rey Mariposa? — Luka notó la duda de Sass, indeciso de contestar o no esa pregunta.

— Sssí, lo fue…

— Y Laal Bag, la catarina de ese tiempo… ella tenía algo que ver con el Marajá. Algo más que ser solo su servidora… ¿no es así?

El color verde brillante del pequeño kwami cambió a una tonalidad opaca con tintes color oliva. Como si fuese un camaleón que había sido asustado de improvisto. ¿Cómo es que Luka había llegado a esa conclusión sin ningún tipo de base?, ¿cómo es que lo había adivinado sin más información que unos cuanto fragmentos borrosos e imprecisos de su vida pasada?

Sí, todos sus portadores solían ser bastante perspectivos. El mismo Yamir era un joven reflexivo, adelantado a su tiempo. Pero Luka… Luka Couffaine superaba a sus antecesores con creces.

— Déjame adivinar; esa es una pregunta que no puedes contestar — Luka sonrió, porque de alguna u otra manera, aquel silencio repentino era la respuesta que estaba buscando.

—Lo sssiento…

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— ¿Luka?

La voz de Marinette irrumpió como un eco en aquella solitaria exposición. El muchacho apenas reaccionó al sentir los brazos de la chica envolverle por la cintura. Marinette pegó la nariz al cuero de la chamarra, aspirando su aroma. Pudo percibir los músculos de su serpiente tan tiezos y fuertes como el mármol que sostenía la estructura del museo, a su alrededor.

— Pensé que me esperarías en la entrada — el chico viró para tomarla de los hombros y besarle la frente — No deberías estar aquí.

— Y tú no deberías sacar a Sass en lugares públicos — aventajó, acariciando al pequeño kwami en la cabeza. Este le guiñó el ojo antes de desaparecer nuevamente tras la chaqueta del guitarrista.

— Sabes que me gustan los riesgos — simplificó con una sonrisa traviesa, tomándola de la cintura cuando Marinette se paró a su lado, contemplando el turbante con curiosidad infantil.

Luka le miró de reojo, escrutando en cada movimiento de su cuerpo, analizando sus gestos, buscando algún indicio que pudiera afectarla: Nada. Apretó el agarre sobre ella, cerrando la casi inexistente lejanía entre ambos cuerpos: — Tu y Tikki son unos paranoicos — se quejó ella con una sonrisa resignada y Luka soltó una risa, besándole la sien.

— Ambos te amamos, ¿nos vas a culpar por eso?

Marinette sonrió con la emoción con la que lo haría una niña pequeña, y por fin retiró su atención del turbante, encontrándose así con abismo azulado en la mirada de Luka; la misma que le desnudaba el alma cada vez que se posaba sobre ella. ¡Qué ilusa! Ella creyendo que podía replicar con pintura el centelleo de esas orbes enigmáticas que a veces refulgían cobalto, otras índigo y otras marino... Ahora mismo irradiaban luceros celestes.

Eran los ojos de alguien que contemplaba el centro de todo su universo.

—Me gusta cuando me dices que me amas — suspiró, sincera de sus emociones — Y me sorprende que lo sigas haciendo después de todo lo que ha pasado.

— Como si hubiese algo que pudiera hacerme parar — ironizó Luka antes besarla — Te amo — juró entre ósculos y suspiros, importándole muy poco si alguien más invadía aquella pequeña burbuja en la que se había convertido esa sala del Louvre.

Y aunque al inicio todo fue tan perfecto como solía ser cada vez que ambas almas se encontraban. Algo más que su pasión desenfrenada y el amor que se profesaban, se desató esa noche.

Fue como caer en un pozo profundo. La paz se convirtió en furor, la luz en oscuridad y el amor en furia. Ambos portadores cayeron en un abismo infinito donde solo pudieron escuchar el eco de voces, imposibles de reconocer, pero que compartían el mismo sentimiento: tristeza, desesperanza y angustia. Luka a penas pudo notar las imagenes, pero Marinette sí que pudo contemplarlas con claridad, a pesar de su velocidad.

Yamir y Alisha... arrodillados, frente con frente; los ojos cerrados. A su alrededor, una habitación oscura y una puerta de madera desgastada. A lo lejos, turbas gritaban enardecidas, reclamando la injusticia de un rey tirano. Sus protestas realmente no importaban, ya nada podría hacerse para salvar su futuro.

La puerta se abrió de improvisto y azotó contra los muros de piedra húmeda. Había llegado la hora; y la catarina sería la primera. Lucha, gritos, golpes. Nada pudo hacer la serpiente para protegerla por última vez.

Arrastrada por los pasillos del calabozo, la princesa traidora salió a la luz y fue presentada ante el rey y el pueblo, quien le gritaba y rogaba clemencia.

Vesania, cólera y rabia. La muerte no sería suficiente castigo, no ante el Rey Mariposa. Si pudiera, la castigaría por el resto de la eternidad.

Dio la orden, la chica miró la espada y cerró los ojos antes de que el filo se blandiera contra ella, terminando así con su vida.

El mareo fue mucho peor que la última vez, y esta vez Marinette sí que perdió el conocimiento cuando lo fuertes brazos de Luka la sostuvieron, a pesar de su propio síncope.

— ¡Marinette! — le llamó, sin obtener respuesta— ¡MARINETTE!

Sus ojos fueron abriéndose lentamente, apenas distinguiendo lo que sucedía a su alrededor. Al notarlo, Luka la abrazó vehemente y con la culpa carcomiéndole por dentro.

… Había sido un idiota al citarla en aquel lugar.

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— Perdóname — repitió.

— No hay nada que perdonar. Para ya — rogó la chica. Su cabeza estaba recargada contra su vientre, y sus brazos atrapaban su cintura: la postura de alguien que ruega. Y ella odiaba que él le rogara — Luka, basta.

— De no haber ido al Louvre…

—De no haber ido, no sabría ahora que algo anda mal con ese turbante. Ahora los sé, gracias a ti. Y mañana iremos con el Maestro Fu para saber qué hacer — Marinette acarició su cabello, deleitándose con su suavidad. Los besó, no pudo evitarlo… y tampoco pudo evitar suspirar cuando Luka se reincorporó para atrapar sus labios, desesperado. Aterrado por la idea de perderla.

Ambos ahora se encontraban en el departamento del guitarristas, resguardados en el quinto piso de un edificio cercano a Notre Dame, el mismo barrio donde solía encontrarse el Barco de la Libertad.

Porque Luka no estaba dispuesta a dejarla pasar la noche sola, aunque Marinette hubiese insistido en que Alya estaría allí con ella, y porque, si lo que Luka había escuchado en la oscuridad era lo mismo que Marinette había admirado entre el bombardeo de regresiones; primero muerto antes de permitir que otra cosa mala pudiese suceder.

Mañana hablaría con Sass, y esta vez le ordenaría decirle la verdad. O al menos eso fue lo que sopesó en aquella noche de insomnio, mientras abrazaba a la catarina contra su pecho.

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El odio es un sentimiento poderoso. Tanto que puede viajar a través del tiempo, superar al olvido, prenderse de cualquier objeto que sea testigo de su preponderancia.

Su furia había permanecido dormida por tantos siglos, que lo único que hizo falta fue un impulso, un recordatorio lo suficientemente fuerte como para evocar desgracias y derrotas.

Porque lo que había pensado en ese entonces, lo había pensado en serio: Si pudiera castigarlos a ambos por la eternidad, lo haría. Castigaría a todas y cada una de sus vidas hasta hacerlos pagar por su declive.

La energía era poderosa. La Papillon la advirtió sin ningún tipo de esfuerzo. ¿Quién dijo que las emociones negativas podrían catalizarse únicamente por seres vivos?

— Un rey caído con sed de venganza. Dispuesto a hacer todo por castigar a aquellos que hicieron de su legado un rotundo fracaso — la mariposa voló a sus manos, y se pintó de un violeta eléctrico — Ve, mi querido akuma; y regrésalo a la vida para que pueda completar su misión.

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En la soledad del Louvre, las luces se apagaron, fundiendo el museo en una oscuridad perpetua, donde el eco de una mujer resonó entre los muros de concreto: — Rey Mariposa, Je suis le papillon, y hoy te daré el poder de cobrar venganza contra aquellos que te hicieron caer. No te pido nada a cambio, sólo destruye a Ladybug para siempre. ¿Podrás hacerlo por mí? — Será un placer.

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CONTINUARÁ...


*Insecto rojo en Hindi. (No encontré la traducción literal de Catarina o Ladybug)

**Puedes destruir todo lo que quieras. Él sólo tendrá que abrir sus brazos para reconstruirlo todo. - Letra traducida de Je l'aime a mourir.

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Y acá, las respuestas a sus reviews: ;)

Sonraiz777: Pronto lo sabrás. Pero mientras, disfruta del caos que se acaba de sembrar. (risa malevola) ¡Muchas gracias por pasarte a leer!

Judy Potts: ¿Qué te digo que no te haya dicho ya? Creeme que me hace muy feliz que puedas fundirte en la historia y sentirte parte de ella y de los escenarios. Y sí, estarás diciendo en un futuro "pobre Tikki" más veces de las que esperas. ¡Espero que te haya gustado este cap! Y… ayyyy, ¡Gracias por la canción! BTW: No sé si para cuando leas esto ya estará arriba Confesiones pero, ¡lo necesito! ¡Abrazos enormes!

Skatsh: No se diga más, acá tienes la continuación. ;) ¡Espero que te haya gustado!

Manu: No, como podrás ver Adrien no es el villano en esta historia. Pero tendrá un papel importante. Y no, tampoco veo a Kagami como villana, al contrario, la estimo muchísimo y creo que es un gran personaje. Lamento decirte que por el momento no tengo planeado un Adrigami. Quiero concentrarme en esta historia y en otros proyectos que tengo planeados, pero gracias por la sugerencia y gracias por leer esta historia. Espero que te haya gustado. ¡Saludos!

Melchari: Te entiendo, a mí también me robó el corazón. Tanto que prácticamente se ha convertido en mi ship favorito. (Aunque me sigue gustando el cuadro amoroso) ¡Gracias por leer! Y espero que te haya gustado esta pequeña continuación.

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¡Gracias a todas! Nos vemos en el tercer capitulo.

Bug out!