(Recomendación musical:
Entre dois mundos — Markus Viena)

Estaba cansada de la sangre.

Estaba cansada de pelear.

Estaba cansada de sus responsabilidades.

...Y estaba cansada de ser todo, menos ella misma.

Quizá también estaba cansada de vivir. ¿Quién podría saberlo? Y para como iban las cosas, el sosiego eterno podría llegarle mucho más rápido de lo que esperaba. Sólo le rogaba a Shiva que, si su destino como portadora de la catarina era caer eternamente en la rueda del Saṃsāra, al menos que la mujer que encarnara su siguiente viaje pudiese regocijarse de los lujos de la libertad.

Pensando en ello, Laal Bag sostuvo su costado sangrante, y se dejó caer sobre el suelo pantanoso de la selva. Una guerra injustificada más que peleaba en nombre de su padre, El Rey Mariposa. Y para como pintaban las cosas, muy probablemente sería la última…

Cerró los ojos y sonrió con la idea, no pudo evitarlo. Porque sí, muchos extrañarían a Laal Bag; la implacable y sanguinaria guerrera roja. Pero nadie extrañaría a Alisha; la princesa honorable y recatada, esa que pasaba sus días mirando el exterior desde una prisión de cristal, incapaz de vivir su propia vida, condenada a servir a la de otros.

El sonido de la hierba retumbar alertó su ya aletargado sentido de defensa. Pero no abrió los ojos, no lo necesitó para indagar de quién se trataba. Las serpientes se deslizan sigilosas, su presencia es casi imperceptible cuando están dispuestas a atacar… esta, por el contrario, anunciaba a grito agudo que venía en son de paz.

— Parece que cambiaron los papeles. Ahora yo estoy en apuros — murmuró apenas — Pero no tienes que devolver el favor. Tu deber no es conmigo, es con el pueblo.

Habría apostado a que, con esa orden; el joven daría media vuelta y se retiraría. Estaba acostumbrada a la obediencia incontrovertible y sumisa de los sirvientes del palacio, porque para ellos obligación era la regente de la motivación… nunca la empatía o el cariño sincero.

Es por eso es que sus ojos se abrieron como platos, anegados de incredulidad cuando los brazos de Nāga Sām̐pa; se cernieron sobre ella para levantarla del lodo. Su toque era suave, su cuerpo tan cálido como los mismos rayos de sol: — Antes que el pueblo, mi deber es contigo — las palabras de la serpiente eran firmes.

—Esa no fue la misión que te encomendé

— No, pero es la que decidí adoptar desde que te conocí

Y a pesar de la fatiga, a pesar de las heridas y a pesar de su desfallecer, Laal Bag, por primera vez se sintió realmente con vida. Y fue esa euforia momentánea precisamente la que le obligó a cerrar los ojos por fin y que su transformación cediera… Yamir sostuvo a la princesa de Agra con devoción.

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Segunda Oportunidad

Capítulo 3

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¡Una enorme disculpa por la tardanza! Pero aquí está la tercera entrega de este fic.

¡Disfrútenla!

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(Recomendación musical:
Las Cruzadas (En vivo) — DLD)

No era el lugar en el que debería encontrarse. Pero definitivamente era el sitio en donde necesitaba estar: en el escenario, con su guitarra, listo para descargar su frustración y ametrallar con acordes la rabia que se guardaba en el interior.

Los flashes de las cámaras y los gritos de los espectadores hicieron eco en su cabeza. Tenía los ojos cerrados; las gigantescas bocinas emitieron las primeras notas de un teclado electrónico. Raphael era bueno, pero Luka seguía con el tozudo pensamiento de que nadie superaría a Adrien. Y si él estuviese aquí, performando a su lado el preludio de una rabieta monumental, Luka sabría que ese mini concierto previo a la final de la Eurocopa en el estadio Parc des Princes habría sido una endemoniada obra de arte. Tendría que haberlo sido, porque el rubio compartía el mismo terror que ahora a él le carcomía las entrañas.

Luka, robaron el Louvre. El turbante desapareció…

Apretó la mandíbula y golpeó la maldita guitarra con violencia cuando Iván marcó la entrada para la canción. El chillido del público le enchinó la piel… Luka abrió los ojos; dos orbes que destellaban azul eléctrico. Juleka, quien tocada a su lado, conocía muy bien esa expresión, porque si las miradas mataran, la de Luka en estos momentos sería de entre todas, la más letal.

No miro al público. No hizo ningún ademán con las manos para que los demás le siguieran la letra a su lado, como lo haría cualquier otro interpreté ante un auditorio repleto. Esta canción no era para ellos, era para él… Y aunque en su repentino egoísmo le dio igual si la recua de parisinos estaba de acuerdo o no, fue el furor impreso en la melodía lo que hizo al estadio estallar.

La música podía ser contagiosa, pero Luka esa noche la había convertido en una incontrolable pandemia.

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Y hoy no soy quien fui

Exigiéndote lo que nunca di

Tantas las promesas que no cumplí

Prueba de que no lo haré

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La noticia del robo del turbante se propagó como la peste por todo París, redoblando pánico e histeria por cada rincón. No sólo por el hecho de que, después del famoso rabo de la Gioconda en 1911, nadie más habría sido lo suficientemente hábil como para saquear uno de los museos más seguros y blindados del mundo.

No, lo que realmente tenía la ciudad de la luz con el corazón en vilo y con la atención irrevocable en cada pantalla de televisión, red social o puesto de periódicos era el polémico mensaje en hindi que el "ladrón" había impreso con tinta púrpura indeleble sobre una de las figuras de mármol de Jeanne D'Arc.

"Lo que yo dictamino es lo que el destino mismo dispone.

Desobedezcan y perecerán ante mi furia…

Que la catarina y la serpiente teman por su porvenir, si su voluntad antepone mi mandato.

Porque los maldeciré por toda la eternidad"

Recordarlo le hizo ver rojo por doquier. Y la garganta le quemó cuando volvió la atención al micrófono al ritmo que rasgaba las cuerdas de la guitarra eléctrica con frenesí.

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Inconscientes, al querer volar caemos

Todo por el puto ego, todo fue por no ceder

Viene y se va, viene y se va y viene

Viene y te da lo que tú no tienes

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Sass le observaba desde el backstage, oculto en el estuche de la guitarra.

Sabía perfectamente que aquella rabia desbocada tenía mucho que ver con la anécdota a medias que Tikki y él lograron ensamblar: un rey del pasado, una venganza y la historia de una catarina y una serpiente que casualmente habían desafiado las reglas del destino.

Dijiste que ninguna serpiente en el pasado había logrado quedarse con la catarina — la voz de Luka no fue acusatoria, más que eso… su portador sonaba decepcionado. Y Sass no podía culparlo. Él jamás le había mentido antes.

Ninguna serpiente lo ha logrado... — intervino Tikki, quien miraba a Marinette con tristeza — Ambos murieron antes de poder alcanzar su futuro juntos.

¿C-Cómo murieron? — cuestionaría entonces, Marinette con el miedo evidente en aquellos ojos zafiro.

Luka entonces la abrazaría, adivi por los hombros para darle valor. Pues el también podía adivinar el rumbo de sus pensamientos y la posible respuesta a la interrogante.

El Marajá los asesinó…

Por supuesto que Luka Couffaine iba a estar furioso. Era lógico que el guitarrista golpeara cada nota y copla con la ira de mil y un infiernos. Y no era porque el destino se aferrara a imponerle escollos en el camino. Sass lo conocía, él era un chico aferrado y no había adversidad lo suficientemente grande que pudiese intimidarle. Más bien, lo que lo fundía en aquel mar de odio y vesania eran las posibilidades, esas que ubicaban a Marinette y al riesgo en el mismo radar. Porque si una catarina ya había muerto en el pasado, ¿cómo saber si la actual no se enfrentaba al mismo destino?, ¿y cómo abandonarla a su suerte si su misión en la vida siempre había sido protegerla?

Eso y, también el hecho de que justo en ese preciso instante, Ladybug y Chat Noir rondaban por los tejados de París buscando al responsable del robo. Y él estaba allí, tocando en un maldito concierto, porque por el momento "no era prudente" que Viperion y Ladybug fueran vistos juntos. O al menos eso era lo que Adrien había sugerido.

Maldito gato negro… Odiaba cuando tenía razón.

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La noche cubría la ciudad de París con una manta estrellada de color añil. No había ni un alma en las calles y el silencio imponía su reinado sobre las avenidas apenas alumbradas por el resplandor de las farolas.

En uno de los muchos techos adornados de teja azul marino, una sombra escarlata se movió con rapidez inhumana; la figura corrió y se deslizó entre los balcones, saltando las chimeneas con la agilidad felina. No muy lejos de ella, una silueta del mismo color de la noche le siguió los pasos, emulando casa simple movimiento con una perfección voraz.

Cualquiera que los viera, diría que se trataba de dos entes dedos… dos almas gemelas que viajaban y a la vez danzaban en la negrura. Y no estaban tan equivocados, porque Ladybug y Chat Noir eran el uno para el otro. Sólo que no de la manera en que el destino lo quería.

—¡Nada! — vociferó la catarina con hastío cuando paró encima de un espectacular publicitario — Tres horas buscando y nada.

Era extraño, porque usualmente los akumas brillaban por sí mismos. Ya fuera sembrando destrucción a su paso, o persiguiendo a algún civil en el específico. Pero ahora todo era diferente, porque ni Marinette ni Adrien estaban del todo seguros cuál era la amenaza en sí, ¿era un turbante? ¿un ente maligno? ¿un fantasma? ¿un akuma?

¿Cómo perseguir y vencer algo que aún no conoces?

—Tal vez sí hubiera sido buena idea traer a Viperion— la voz de Chat Noir era caústica, tan ácida como su propio mirar — Mira que preferir contarle los secretos a los muertos...

— Chat… — la catarina le miró con los ojos entre cerrados. No iba negarlo, aquel comentario le había calado mucho más de lo que podría admitir.

—¿Por qué demonios no me lo dijeron? — explotó por fin el gato negro, quien encaró a la catarina, tomándola de los hombros.

Ni siquiera la máscara era capaz de disfrazar la faz de un joven dolido y traicionado. ¿Traicionado? Pero… ¿por qué? No habían los dos acordado ya hace tiempo que la historia que una vez les unió había llegado a su final: — Iba a contártelo, pero pasaron muchas cosas y…

—¡Y ahora el cadáver de un monarca maldito amenaza con destruirte! — bramó el rubio con rabia contenida, mientras apretaba los puños — ¡Maldita sea! Si Luka ya sospechaba que algo andaba mal, ¿¡a qué diablos te llevó a Louvre!?

— ¡Ni se te ocurra, Adrien! — intervino Ladybug, desafiante — Te quiero, lo sabes… y admito que no contarte lo mío con Luka fue un error. ¡Pero no te atrevas a inculparlo de esto! Yo fui quien fue a buscarlo a la sala de exhibición — la mirada de la catarina fue fiera, Chat Noir pudo notarlo en las chispas bravías que relucían en sus orbes. Era una advertencia entre líneas que decía: "Si tocas a Luka no respondo".

Su afán por protegerlo le dolió en demasía, porque alguna vez ella también le defendió con el mismo fervor en el pasado.

No pronunciaron nada el resto del camino. Ambos héroes peregrinaron entre techos y azoteas en una búsqueda que parecía no tener sentido. Quizá toda esta problemática no había sido más que un malentendido, tal vez era sólo una broma pesada de un diestro ladrón con pésimo sentido del humor. O al menos ese era el pensamiento al que ambos superhéroes quisieron aferrarse cuando estuvieron a punto de abandonar la búsqueda.

Y lo habrían hecho, de no haber sido por aquel anciano.

Ladybug lo notó mucho antes que el gato negro. Colgando del yoyo y atravesando Les Champs Elysees, vislumbró a un hombre de edad avanzada tomarse el pecho con la mano derecha y dejarse caer de rodillas sobre la acera. Ni siquiera lo pensó, la catarina se dejó caer abrumada y corrió apremiante en su auxilio: — Tout va bien, monsieur?*

Debió haber hecho caso a la primera señal, porque cuando el hombre murmuró unas cuantas palabras en un idioma que la joven catarina no reconoció, ella tuvo que haberse apartado. Más aún cuando éste viró la cabeza hacia ella con una sonrisa sepulcral, susurrando por fin en perfecto francés: — Tout va bien, ma fille adorée**.

Pocas veces Marinette habría sentido el corazón helarse. Y es que el gesto pérfido que repentinamente se plasmó en el rostro de aquel anciano la dejó sin aliento, no sólo por su naturaleza… sino por las mil y un memorias que se le aglomeraron en la cabeza, recuerdos que en definitiva no eran suyos, pero que exclamaban a grito agudo tomar distancia de inmediato. Eso y, el el tocado de mariposa y el turbante que se revelaron cuando la capucha color oscuro cayó de su cabeza.

— Cuántas vidas sin vernos, Alisha

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Su cuerpo debió haber tomado rienda propia, pues en menos de una décima de segundo, Ladybug se había alejado lo suficiente como para tomar una posición enteramente de defensa, usando su yoyo como escudo. La catarina fruncía el ceño, preparada para dar el salto de ataque de ser necesario.

— No has cambiado en nada. Sigues teniendo la misma fiereza en los ojos. La misma saña que alguna vez te enseñé, hija mía. — aventuró a decir aquel hombre, extendiendo los brazos en una pantomima ridícula que incitaba a la chica a ir a abrazarle como una hija pródiga.

— ¡Yo no soy tu hija! — gritó por ella y por el espíritu de su antepasada.

—Lo eres… Podrás tener otro nombre, otra apariencia y otra vida. Pero tu atman prevalece. Tu esencia es la de Alisha y muchas otras catarinas del pasado — explicó con calma lúgubre, aproximándose a paso lento hacia Ladybug, al ritmo que ella retrocedía — No temas, hoy no hay una espada en mis manos. El destino te ha dado la oportunidad de corregir tus errores.

— ¿¡Errores?! — exclamó la catarina con ira contenida — ¡Ella sólo quería ser feliz! Ella… Ella realmente lo amaba — Las palabras emergieron de su boca con violencia. Como si de algún modo, pudiese sentir el alma herida y furiosa de Alisha carcomiéndole por dentro.

— ¿Amor? Tu amor por esa serpiente arruinó la alianza con el reino vecino, nos arrebató nuestras conquistas, manchó el honor de la dinastía y destruyó todo lo que construí con tanto esfuerzo — bramó, porque el simple recordatorio de aquel portador provocaba que le hirviera la sangre — Tu futuro ya está trazado, comienza a seguirlo de una buena vez — agregó al notar a Chat Noir aterrizar a su lado, desenvainando su bastón para pelear con ella— Ya estás destinada a estar con alguien más, y no es con ese reptil.

— Tiene un punto… — Chat Noir dejó que su ego herido susurrara por él. Lo hizo lo suficientemente bajo como para que la catarina no le escuchara. Por supuesto, se arrepintió del dicho al segundo de pronunciarlo. Él no era un egoísta, y no iba a actuar como uno ahora.

— Yo soy la que decide mi futuro, ¡nadie más! Ni tú, ni el destino van venir a decirme a quién debo o no debo amar — exclamó Marinette, parafraseando las mismas palabras que alguna vez le dijo Luka.

— Entonces no me dejas otra opción, Alisha…

Donde alguna vez hubo ropas modernas, ahora había una túnica de seda vaporosa, del mismo color violeta que del tocado que adornaba el turbante. Era la imagen viva de un monarca omnipotente, listo para hacer y deshacer a tu antojo.

Ladaybug no puso mucha atención al gesto confiado de su oponente cuando corrió junto con Chat Noir para atacar. Fue hasta que ambos salieron volando con un solo golpe de su bastón que la catarina supo que aquella batalla no sería igual a las demás. Aún así, no se rindió. Lo hizo una vez, lo hizo una segunda y hasta una tercera.

— ¡Espera! — gritó el gato ante la rabia e insistencia de la catarina. Algo que no era común en ella. Marinette siempre optaba por pensar sus ataques y trazar estrategias. ¿Por qué ahora se lanzaba al combate sin otra cosa que la víscera y sus sentimientos de rabia gobernándole el juicio?

Ladybug se enfrascó en una pelea agotadora en la que ella comenzaba a convertirse en el objeto de juego de El Marajá. Golpeó hacia su rostro. No lo consiguió. Lo intentó de nuevo con una patada al cuello. Nada. Un gancho al hígado. Él lo equivo. Otro movimiento. De nuevo falló. El Rey se movía con la rapidez de un rayo y sin esfuerzo.

La frustración de Marinette escaló un nuevo nivel al verle mover el cuerpo con la ligereza de una pluma, y a demás de todo, sonreír. Aquel hombre la miraba y mofaba de sus ataques, como si fuese una niña encaprichada que pega con las manos y no con los puños. Así estuvo un buen rato hasta que su opnente se aburrió de la defensiva.

Muy pocas veces un akuma lograba infringir un dolor real a un portador. Los trajes hacían un excelente trabajo protegiendo sus cuerpo, haciéndolos prácticamente invulnerables. Por eso, cuando el el golpe del bastón azotó contra su estómago, dejándola sin aliento, Marinette supo que aquel enemigo no podía compararse contra otros akumas que hubiese derrotado en el pasado.

Ladybug rodó sobre el asfalto con el dolor escociéndole el abdomen y con los pulmones gritando por una pizca de aire: — ¡Ni se te ocurra tocarla! — exclamó el gato, interponiéndose entre El Marajá y la catarina, presa de la ira — ¡CATACLISMO!

Esta vez, El Marajá no esquivó nada. Tomó su bastón y lo interpuso entre el toque de destrucción de Chat Noir y su cuerpo. El colapso hizo un corto circuito y las chispas color azabache que componían el poder de la devastación fueron absorbidas por la madera del bastón. Adrien miró atónito como su propio poder era usado en su contra. Así que usó los pocos reflejos que le quedaban para evadirle a toda prisa

El golpe del bastón apenas le rozó un brazo. Adrien conocía perfectamente su cataclismo y la tortura que este infringía sobre el cuerpo de una persona… Este golpe era diferente, cien veces más potente que el original, lo suficiente como para dejarlo en el piso, fuera de combate por unos minutos.

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— No quiero hacerte daño, quiero que aprendas la lección — masculló El Marajá, acercándose a Marinette, morosamente.

La catarina alzó el rostro, sosteniendo su propio peso con los codos. Sus ojos eran fieros. ¿De dónde había salido tanto enfado y tanta rabia por alguien que realmente no conocía? Casi una década luchando contra akumas y ésta era la primera vez que ansiaba vencerlo, no por el deseo de liberar un alma inocente de la maldad, sino por el simple afán de verle caer.

"Marinette, contrólate" escuchó a Tikki rogarle en pensamientos "No permitas que los sentimientos de Alisha te dominen"

Apretó los ojos y frunció los labios. El Marajá estaba frente a ella, podía sentir la cercanía de sus pies a unos cuantos centímetros de la cabeza. Pero, contrario a cualquier cosa que hubiese esperado, aquel hombre sólo le tendió la mano, con afán de ayudarla a ponerse de pie.

¿Pero qué…?

— La barbilla arriba, meere beete. Nadie más que yo puede estar sobre de ti.

Nuevos recuerdos le flagelaron la mente: una niña pequeña jugando en un jardín de flores. Un hombre observándola desde la lejanía. Un niño a su lado con vestimenta negra, persiguiéndola mientras el coro de sus risas infantiles armonizaba una tarde en el palacio. Un recordatorio de que no todo aspecto en la vida de una princesa era de color gris.

Sobrecogida por los retazos y confundida entre su realidad y la de su antepasada, Marinette alzó la mano, insegura de aceptar la ayuda del que había sido su asesino en otra vida. En sus pensamientos, Tikki comenzó a gritar.

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Las manos jamás se tocaron.

El cuerpo de El Marajá colapsó repentinamente y azotó contra el suelo al ser golpeado por un objeto desconocido. No, no era desconocido… conocía esa lira mejor que cualquier otra persona. Y esos brazos que la rodearon y levantaron del piso, haciéndola volar hacia un tejado cercano fueron la prueba de su conjetura… Porque siempre tendría a una serpiente cuidándole la espalda.

— ¿Te hizo daño? — la voz contenida de Viperion la liberó del repentino trance.

—Estoy bien — habló sin aliento cuando sus pies tocaron las tejas de la azotea.

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— ¡TÚ!

Aquel baladrio retumbó como un eco por toda la avenida. Era un alarido cargado de desprecio y rencor. Ladybug pudo sentirlo en el escalofrío que le recorrió la espina dorsal y Viperion en el ardor de la sangre al correrle por las venas. El odio era mutuo, lo sentía en la piel y en los recuerdos de Yamir.

Esta vez no hubo palabras intercambiadas ni monólogos jactanciosos. Cualquier cosa que el rey y la serpiente pudiesen decirse, lo comunicaban con el vilipendio que disparaban sus miradas.

La pelea no fue muy diferente a la de la catarina, la única disparidad fue la renuencia del rey por sólo evadir los ataques. Viperion recibía la misma cantidad de golpes que intentaba contectar. Uno, diez, veinte, treinta… Luka siguió activando la segunda oportunidad con el fin de acertar una sola vez, lo hizo hasta que perdió la cuenta. Su puño jamás fallaba; no había ataque que no siguiera un camino sin objetivo, ni patada que se le quedara en el aire. ¿Qué demonios estaba pasando?

No pasó mucho tiempo antes de que el mismo Chat Noir y Ladybug se unieran a la batalla. Tres portadores, dos de ellos eran los más poderosos… y ninguno hacía la diferencia. Otro movimiento certero de su bastón y el trío se estrelló contra el muro de un edificio. Escombros cayeron al piso a la par de los cuerpos de los héroes.

— Ni siquiera lo pienses — gruñó la serpiente al ver a la catarina incorporarse primero, con el afán de enfrentarlo por su cuenta.

— Soy quien menos golpes ha recibido. Y este es mi trabajo — advirtió, dándole la espalda — No actives el Second Chance. Si lo haces podría absorberlo, igual que al cataclismo —Dicho lo anterior, Marinette corrió a enfrentarlo por su cuenta.

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—Siglos y siglos de hacer las cosas bien, ¿¡y ahora quieres arruinarlo todo de nuevo!? Esa serpiente fue tu ruina.

— No, ¡tú fuiste la ruina de tu hija! — rebatió Marinette, usando esta vez su yoyo como látigo. Nada…

Todo pasó muy rápido. Porque Marinette no fue lo suficientemente rápida como para alejarse, pero sí para contemplar las chispas del cataclismo irrumpir el bastón del rey. El poder de la destrucción circulaba por el material de madera, en forma de llamaradas negras, anunciando la potencia de su poder… Vio los rayos de energía negativa dirigirse hacia ella con ímpetu. Y luego la espalda de Viperion, interponerse. La serpiente fue suficientemente rápido como para salvarla del impacto, pero no para activar a tiempo su poder y salvarse a sí mismo.

Marinette miró con horror al cataclismo impactar contra el brazalete y el costado de Viperion.

La imagen de Luka caer al asfalto y retorcerse de dolor activó el denuedo que había perdido: — ¡RETIRADA! — gritó por primera vez en su vida y, acertando por fin un golpe con el yoyo, distrajo la atención de aquel rey antes de tomar el cuerpo de Luka y saltar lejos de aquel lugar.

Con una sola mirada, rogó a Chat Noir huir por su cuenta.

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El Liberty fungió como el escondite perfecto.

Inhabitado y anclado en uno de los puntos más recónditos del Sena, Luka se había encargado de acondicionarlo como un santuario secreto una vez que él y Juleka tuvieron la solvencia económica necesaria para intentar retribuir todo el amor y los sacrificios que Anarka había hecho por ellos con un barco mucho más grande y un piso en uno de los edificios residenciales más codiciados de París.

Cuando su antiguo hogar quedó vacío y abandonado, el guitarrista no tuvo el corazón para deshacerse de él. Había tantísimos recuerdos infaustos y dichosos flotando en por los camerinos y sobre la cubierta, que ni siquiera hizo el mínimo esfuerzo por venderlo. Así que lo remodeló como un estudio privado de música.

Sin otra cosa que un sinfín de instrumentos musicales y un llano colchón, Luka creó una especie de cenobio… una guarida musical para sus largos claustros de donde emergieron decenas de composiciones. El lugar era virgen, nadie más que él sabía de su existencia.

No era una sorpresa que Marinette fuera la primera en poner un pie en aquel lugar. Y lo hizo con el cuerpo de Luka recargado en uno de sus hombros, herido y a punto de desfallecer.

— Tikki… — susurró la chica con un nudo en la garganta al ayudarlo a recostarse sobre el colchón.

La pequeña kwami sobrevoló sobre el chico, como si con eso le hiciera alguna especie es escaneo a su condición. Luka mantenía los ojos cerrados y fruncía constantemente los labios, muy probablemente por los estragos de las heridas y el dolor.

— Son secuelas. Pronto se sentirá mejor — argumentó la pequeña catarina

— Pero…

— Dessscuida — Marinette se sorprendió de escuchar la voz de Sass. El kwami emergió de la chaqueta con la expresión cansada, volando con suma dificultad hasta sentarse sobre el colchón, justo al lado de su portador — El traje recsssibió el mayor impacto del cataclisssmo. Él essstará bien, dale tiempo…

Y aunque la chica asintió dos veces, no pudo contener el torrente de lágrimas que brotar de sus ojos. La chica tomó la mano de Luka entre las suyas y se dejó llevar por la impotencia: — Lo siento, lo siento tanto — sollozó, apretando el agarre, besándole la frente y acariciándole el cabello.

¡¿Cuántas?! Cuántas veces más tenía que pasar algo así para que ella se diera cuenta que cometer un error estaba terminantemente prohibido.

El tiempo pasó displicente, ¿cuánto llevaba ella arrodillada frente a él? ¿dos horas? ¿tres quizá? La chica vigilaba el sueño de la serpiente, quien por fin había abandonado el suplicio de su expresión. Luka ahora dormía tranquilo, Marinette podía notarlo por la forma en que su pecho subía bajaba al compás de su respiración.

Estaban solos, Sass y Tikki se habían ofrecido a hacer guardia en la cubierta en caso de notar algo aproximarse. Con los ojos rojos y escociéndole, dejó un pequeño beso en la frente del chico, sintiendo ganas de llorar de nuevo.

—Lo único que sé causarte es dolor — masculló abrumada.

Y no, no sólo eran las palabras que plañían la temeraria determinación de Luka por ponerse en riesgo con tal de recibir los golpes por ella… también era el desconsuelo de saber que, de una manera u otra, ella continuaba haciéndolo sufrir. ¿Cuántas veces se habrá callado la pena de su amor no correspondido? ¿cuánto habrá dolido su rechazo? ¿cómo habrá sido para él atestiguarla en brazos de alguien más? Ella con sólo imaginarlo sentía el pecho arder. Y ahora que todo parecía perfecto, que los obstáculos y las excusas por fin se habían disuelto en el camino, el destino una vez les echaba en cara que ellos no estaban para decidir.

— No te merezco, ¿por qué demonios sigues conmigo?

Lloró de nuevo. No pudo evitarlo. Y al hacerlo, la catarina escondió el rostro en el pecho de Luka. Se suponía que ella era la heroína, se suponía que salvarlo era su trabajo, y no al revés. ¡Qué fracasada! Ella no era más que un fraude.

—...Porque te amo.

Marinette alzó el rostro, atónita. Luka estaba despierto, mirándola con el mismo apego de siempre. Ella se mordió el labio inferior, luchando por retener las últimas lágrimas que amenazaban por caer, luego se lanzó a los brazos del guitarrista, quien la oprimió vehemente, ignorando por completo la molestia de sus músculos.

— Soy yo el que no te merece — las palabras se le escaparon de la boca, y pudo sentir el cuerpo de Marinette tensarse alrededor de sus brazos — Mais je m'en branle***. Voy a seguir luchando. Lo haré con todo lo que tenga — juró solemne, apartando a la carina unos segundos para enjugarle una pequeña lágrima amotinada en la mejilla — Lo haré hasta ser digno de ti.

— Digno de mí… Lo dices como si yo fuera la gran cosa…

— Para mí lo eres.

— No, para... — apremió Marinette con la angustia carcomiendo el alma, usando una mano para tocar el pecho de Luka y apartarse de él — La que debe pelear soy yo, no tú. ¡Date cuenta! No necesito que me pongas en un pedestal y vayas por la vida tratando de salvarme. No quiero que sigas luchando y sufriendo por mi causa, no quiero que me antepongas de ese modo otra vez, ¡y no quiero que des la vida por mí!

Lágrimas de súplica fueron cayendo una a una sobre el viejo colchón. El guitarrista se limitó a escucharla con el corazón en vilo, porque siendo sinceros, una parte de él aún creía que el temprano amor que entre ambos había florecido, aún inclinaba el peso de su lado. Falta de fe, si quieren llamarlo así. Pero jamás se imaginó, ni en la más irrisoria de sus fantasías que la balanza ahora estaría totalmente nivelada... Que Marinette verdaderamente lo amara con la misma profundidad y desesperación con la que él lo hacía.

— Lo único que quiero… — prosiguió la catarina, atrapándolo la mirada —Es que te quedes conmigo, ¿es eso tan difícil de entender?

Aquella noche había sido una catástrofe. Un nuevo enemigo había aparecido y su único objetivo al parecer era separarlos. Los portadores perdieron la batalla, su miraculous estaba dañado, sus poder más grande fue bloqueado y aún podía percibir el costado lacerarle desde dentro… Y sin embargo, Luka jamás había sentido tanta dicha y tanto vigor aglomerándose en el corazón.

Marinette soltó un quejido de sorpresa cuando él volvió a tomarla en brazos, esta vez para no soltarla.

La besó con arrebato, como si temiera no volver a hacerlo jamás. Porque esta vez no impondría límites para aquel anhelo desenfrenado que le hervía la sangre cada vez que saboreaba el dulzor intoxicante de sus labios, cada que recorría con las manos esa piel tersa e inmaculada.

Y ella todavía se atrevía a decir que no era gran cosa.

Entre besos y arrebatos, Marinette le escuchó gruñir por lo bajo. Adosándola de la cintura en un movimiento rápido, cambiaron de papeles y Marinette se preguntó cómo es que después de los estragos que el que su cuerpo había sufrido tras la batalla, Luka aún pudiera conservar aquella fuerza implacable que ahora la mantenía prisionera contra el colchón.

La palma de su mano fue quemándole la piel del muslo conforme levantaba hacia arriba la tela de la falda negra de satín, y ella dejó de respirar cuando aquellas caricias prolongaron el camino hasta llegar a su entrepierna. Fue un toque sutil y provocativo… los dedos se Luka irrumpieron dentro de ella como dos invasores fugaces, los cuales sembraron los indicios de una tempestad.

Marinette dejó escapar un lamento cargado de placer que avivó el fuego tornasol que ahora ardía en sus pupilas. La deseaba, lo hacía con tanto ahínco que le sorprendía que la cordura le hubiese durado tanto tiempo.

Ella para las horas de cada reloj, y me ayuda a pintar transparente el dolor con su sonrisa— recitó sobre su cuello al ritmo que le desabotonaba morosamente la blusa blanca de seda.

—...Je t'aime a mourir — coreó en un jadeo al reconocer la lírica. Sus palabras eran una canción que sus cuerpos bailaban al ritmo del deseo.

Luka sabía que jamás podría cumplir al pie de la letra las peticiones de su musa, porque jamás dejaría de luchar por su causa. Vivir para ella había sido su juramento inquebrantable, uno que había firmado con sangre. Porque sin importar lo que pasara, él le entregaría cada simple respiro con tal de protegerla. No había golpe demasiado fuerte o dolor lo suficientemente agudo que pudiese detenerle.

Tampoco podía asegurarle un camino sencillo. Elegirlo a él le significaría bifurcar su rumbo hacia un sendero repleto de obstáculos. El Rey Mariposa lo había dejado muy claro hacía unas horas.

Pero lo que sí era capaz de hacer en aquel momento era bosquejarle la posibilidad de olvidarse de la realidad, de enloquecerla, sobrecogerla… de mostrarle el cielo mientras se apoderaba poco a poco de ella, y con cada grito de placer, rendirle pleitesía.

Así que no le tuvo compasión, después de despojarle la blusa y la falda, el mismo se encargó de deshacerse de su playera. Tomó las manos de Marinette y dejó que las paseara libertinamente sobre él. Estaban heladas, toda ella era un témpano que iba derritiéndose irremediablemente con cada caricia de la serpiente.

Volvió a inclinarse hacia ella y la catarina soltó otro jadeo al sentir el filo de sus dientes sobre su pecho desnudo. Nuevos gemido escaparon al sentir el el filo de sus dientes sobre uno de los pezones. Un toque sutil y unas cuantas lamidas imperiosas fueron suficiente para dominarla. Porque la amaba, como nunca había amado nada en el mundo, y si la vida le concedía la oportunidad de reclamarla de nuevo, la tomaría sin lugar a dudas. Lo haría hasta memorizar cada lunar de su piel, cada punto débil y cada eufonía impresa en sus jadeos.

Marinette se estremeció cuando los labios de Luka besaron por debajo de su ombligo. Primero gentiles, luego bruscos, al sentir una nueva mordida que ahora saboreaba y succionaba con la lengua. Él era una verdadera serpiente, pues con cada mordedura le inyectaba una droga anabolizante en la sangre, una que la llevaba al delirio total. Era adictivo… la catarina ahora sabía que después de todo esto, no habría fuerza en esta tierra que pudiera obligarla a alejarse de él.

— Eres mía — gruñó él, imperioso. Lo juro después de dejar aquella pequeña marca como un recordatorio y un desafío al maldito destino. Y lo volvió a repetir cuando se penetró a la catarina. Lo hizo con tanta ferocidad que pudo sentir la sangre de la espalda correr cuando ella le clavó las uñas sobre la piel.

— Lo soy — acordó en un lamento cargado de deseo.

La catarina se trenzó al cuerpo de Luka con desesperación. Porque cada estocada furiosa era un recordatorio de que la situación aún no había terminado. Que quizá habían perdido una batalla, pero no la guerra.

Marinette supo que, conforme el guitarrista aumentaba la velocidad y se empujaba dentro de ella, él también se aferraba a seguir luchando.

Por ellos, por su amor. Porque si Alisha y Yamir en su momento no lo consiguieron, Marinette y Luka sí lo harían. Tenían que hacerlo… se lo debían a sus vidas pasadas.

— ¿Entonces te quedarás conmigo? — musitó ella sin fuerzas después de que su cuerpo implosionó al fusionarse con el de Luka.

— Te lo juro — musitaría él, besándole la frente y abrazando su cuerpo desnudo.

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— ¡Tenías una orden! Una sola orden — Lila Rossi renegaba tras la máscara de la mariposa. Su akuma la escuchaba, podía sentirlo. ¿Entonces por qué se negaba contestar? — ¡Tuviste la oportunidad en tus manos! ¡¿Por qué no la mataste?! ¿¡No era lo que querías?!

Silencio

—¡Te ordeno que respondas!

— Mi deseo fue obtener venganza. Este fue sólo el primer paso… — susurró el rey en algún punto — Pediste destruirla, y la muerte no es la única forma de hacerlo. Hay destinos peores…

— Pues muerte es lo que yo quiero. ¡Así que ve a matarla de una vez! —Nuevamente silencio. Uno que hizo a Lila temblar en la oscura habitación de su departamento.

— Un rey no recibe órdenes de nadie…

Y antes de que la mariposa pudiese rebatir, sintió el toque del bastón contra su pecho. Justo sobre brillante morado que comprendía su broche. Antes de darse cuenta, la chica volvía estar sola en su habitación… sin su miraculous y sin ningún tipo de conexión que le uniera a su creación.

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CONTINUARÁ…


*¿Todo bien, señor?

**Todo bien, mi hija adorada.

***Me importa un carajo.

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Y ahora, las respuestas a sus reviews:

July Hope: ¡Por fin! Dicho y hecho… ¡Aquí te dejo el tercer capítulo de este fic! - canta el Aleluya- Y prepara tus ojos porque el siguiente se viene con todo, comenzando con tu fragmento que, ¡oh, dios mio! Lo sigo amando con toda mi alma. Ni yo no podría haber escrito mejor. (No me regañes, pero es verdad (?)) Espero te guste esta actualización porque me costó horrores. Yo y las escenas de peleas estamos peleadas de por vida. Sin más, ¡espero que te guste!

Manu: Perdona la tardanza. Tuve algunos inconvenientes en el trabajo. ;) Pero aquí tienes la actualización. Contestando a tu pregunta, creo que ya sabemos que ese beso entre Adrien y Kagami al final no se dio. PLOP! Para la próxima será. Y...respondiendo a lo del lemon. Me atrevo a decir que no lo considero "flojo" es que sinceramente ese es mi estilo. :P Pero muchas gracias por la observación. Sin más, aquí te dejo un nuevo cap. ¡Disfrútalo!

Caliope Nox: Pronto lo sabrás. ¡Muchas gracias por leer! ;) Espero que te guste esta continuación, porque se vienen cosas más intensas.

Road Chan: Creo que me adelanté sin querer, pero es que me encanta la temática de los portadores del pasado. ¡Me alegra que a ti también te entusiasme la idea! ;) Espero que te guste esta pequeña continuación

danielanicosiaipt: ¡Gracias! T_T No sabes cuánto me motiva saber que te haya gustado tanto.

sonrais777: ¿Será que su amor logrará triunfar? Muy pronto lo sabrás. ¡Muchas gracias por leer!