(Recomendación musical:

A Miragem - Marcus Viena)

Alisha despertó

La joven princesa estaba acostumbrada a levantarse en su cama, mullida y limpia, envuelta en las más finas telas, tanto locales como importadas. Siempre rodeada delperfume ajazmín y sándalo, o al aroma de su desayuno servido en la cama. Sin embargo, esta ocasión fue distinta del resto.

No estaba en una cama mullida, no había jazmín, ni sándalo, tampoco un desayuno servido.Sólo ella recostada en una superficie fría y dura, tibiada por el calor de su propio cuerpo. El olor de la tierra mojada llegaba a su nariz desde lejos, y al mismo tiempo venía de muy cerca, y aunque sentía el aire fresco a su alrededor, también podía percibir la calidez propia de un lugar cerrado. Entonces, ¿dónde estaba? Quería averiguarlo, pero a pesar de estar despierta, no tenía las fuerzas suficientes para abrir los ojos todavía.

¿No se suponía que se estaba desangrando en algún lugar de la jungla?

Y los recuerdos comenzaron a golpearla lentamente. Los brazos de Nāga Sāmpa cerrándose sobre ella y haciéndole una promesa, y ella, cediendo a su encanto, perdiéndose en la inconsciencia y fluyendo hacia la oscuridad.

Un sonido. Un siseo lejanofue el incentivo que necesi para abrir los ojos. Estaba recostada sobre el costado, cubierta por una manta vieja, el color se había desvanecido con el paso de los años. La tela se sentía rasposa a causa de su antigüedad. A pesar de ello, por debajo de aquella tela porosa se encontraba una sábana suave y perfumada. Parecía nueva. Una para evitar el contacto rasposo, otra para mantenerla tibia. Quien la hubiese cubierto, de verdad tenía interés en cuidarla.

Tikki estaba recostada cerca de su cabeza y dormía profundamente. Parecía estar sana y salva, así que Alisha suspiró agradecida, sintiendo que el corazón se le hinchaba por las ganas de llorar de felicidad. Sonrió recostándose boca arriba y se quedó helada.

Una... dos… tres…

Tres serpientes colgaban del techo, enroscándose en las ramas salientes que constituían el tejado de aquella choza.

Alisha se quedó helada en su lugar, pasmada al saberse observada por aquellos tres reptiles de ojos ambarinos. No tuvo tiempo de observar el lugar, ni de percatarse que estaba en una habitación sumamente humilde, sin muchos adornos ni mucho contenido, una habitación con pocas cosas en las superficies. No, la joven fijó su mirada en los ojos que la observaban con curiosidad.

Casi soltó un alarido al notar una cuarta mirada bajando hacia ella. A punto estuvo de proferir un grito de terror cuando reconoció la sonrisa amable de Sass.

Alteza… —Murmuró el kwami, sonriendo para la princesa y arrancándole un suspiro.

Juro por Shiva que casi me matas del susto. Láma me sonrió por un momento.

No esss nessscessario exsssagerar —dijo él, con una sonrisa cálida mientras acariciaba la mejilla de la princesa, incitándola a recostarse de nuevo —La pobressscita… —murmuró, observando a Tikki. —Debe essstar agotada. En fin. Me da gusssto que essste bien. No me tardo, debo avisssar a nuessstro anfitrión que por fin ha dessspertado.

¿Anfitrión? Nāga está…

¿Alteza…? —Murmuró una voz contenida desde la entrada de la habitación, como si verla despierta fuera una sorpresa y al mismo tiempo le causara alivio.

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Segunda Oportunidad

Capítulo 4

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Prepárense para conocer un poco más de la historia de Alisha y Yamir. ¡Espero que les guste tanto como yo gocé escribirlo!

¡Pero antes, Pausa!

En este capítulo quiero agradecer y darle crédito a July Hope, quien escribió los primeros momentos de Alisha y Yamir y los cuales están marcados en cursiva. Disfruten de la magia y el romanticismo de esta increíble escritora que me hizo suspirar con los primeros renglones de su creación. Y si no se han pasado a leer sus fics, ¡dense una vuelta PERO YA

Sin más… ¡continuemos!

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Claro que le recordaba.

Recordaba la voz áspera y amable de aquel muchacho que había antepuesto su espalda al látigo del injusto.Recordaba la vehemencia en la mirada sagaz y divertida de aquel sarcástico muchacho.Recordaba sus facciones morenas, sus ojos grandes, su cabello negro como el azabache, como el ónix, como la noche profunda. Recordaba a Yamir. Pero se había acostumbrado tanto al héroe de su pueblo que había olvidado lo que había debajo del antifaz.

Como Laal Bag, había peleado a su lado en alguna ocasión, y la fiereza con la que aquel joven servía a su gente la había impresionado francamente. Pero una cosa era ver al héroe en acción, y otra cosa distinta era observar lo que había bajo la máscara. Porque en ese tiempo, algo había crecido en el pecho de la sanguinaria guerrera, algo que no habría sabido nombrar por sí misma, algo que Tikki le haría ver en su momento.

Yamir… —Murmuró ella, sin aliento.

¿Había dicho música? No, para Yamir la voz de la princesa era una sinfonía.

El joven serpiente conocía a la princesa de cristal.

Había visto muchas veces a aquella joven de piel tostada, con sus vestidos rosas bordados en hilos de oro, adornada de perlas y joyas de latón.Con su bindi de cristal colgando al centro de su frente. Le llamaba mucho la atención el hecho de que la joven siempre llevara henna en las manos, e incluso en alguna ocasión le notóla mirada gacha y el entrecejo fruncido, como si se reprochara algo… Le tomaría muchísimo tiempo después comprender que observaba los mandalas dibujados sobre la piel.

Nadie imaginaba lo desdichada que era la princesa en esos paseos por el pueblo, al recordar las palabras de su padre... esa advertencia cruel que le hacía con respecto a la tinta: "Un solo punto en tu piel con la tonta corrida, Alisha, uno solo…"

Ella sabía por qué la llamaban princesa de cristal. El pueblo la veía como una joya, un adorno. Como algo "bonito" y frívolo para presumir a otros reinos. Uno más de los muchos tesoros del Marajá, si no es que el más precioso de todos.

Yamir pasó saliva y se encaminó hasta la cama, mientras la joven hacía por enderezase. Ni siquiera logró levantarse con los codos. El dolor la venció, arrancándole una mueca y un gruñido por lo bajo.

Lento, lento, princesa. —Pidió el muchacho, apartando los cabellos del rostro de aquella joven. —Las heridas deben sanar primero.

Tengo que volver al palacio. —Anunció ella, tratando de levantarse por segunda vez,consiguiendo que las manos de Yamir la obligaran a regresar a su lecho. —Mi padre debe estar buscándome.

Con todo respeto, alteza. —Dijo Yamir desviando la mirada. —No creo que su regreso al palacio sea tan importante como su recuperación. Necesita reponer las fuerzas que perdió mientras dormía.

¿Cuánto pude haber dormido? —Se quejó la princesa, percatándose de que, en verdad, no tenía energía para luchar contra los roces suaves que Yamir empleaba para mantenerla en su sitio.

Alteza... —Dijo Yamir, como si hablara con un niño pequeño — Comprendo que su… capricho —dijo pronunciando aquella palabra con mucho trabajo —...sea volver donde su padre.

¿Capricho? —Espetó ella, dolida ante las palabras del muchacho, las cuales eran prueba de que ser Laal Bag no era suficiente para arrancarse la estigma de la princesa de cristal.

Pero han pasado casi cuatro días desde que te encontré en la jungla.

¿Qué? —Soltó la joven sin aire, cediendo por fin ante las manos del encantador de serpientes.

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Yamir le dio agua fresca y alimentos. Y mientras lo hacía, le escuchó hablar entre dientes: "No será la comida del palacio, pero tiene corazón", así que agradeció en voz alta, haciendo sus rezos y pidiendo a sus dioses que bendijeran las manos que habían preparado la comida.

Era cierto, la comida era mucho más humilde, pero para Alisha fue como probar un manjar digno del Marajá y de toda la corte.

Cuando recuperó las fuerzas suficientes, se dio cuenta de que sus heridas habían sido aseadas y vendadas. Yamir admitió haber cambiado los parches para mantener cualquier infección a la raya. El muchacho le había estado llevando alimentos hasta la cama, asegurándose de que tuviera agua suficiente, preguntando por los sabores, por las texturas.

Los primeros momentos juntos habían sido extraños, puesto que la actitud de Yamir hacia ella era recelosa. Fruncía el entrecejo y miraba sobre su hombro, como si debatiera. Toda la complicidad de Laal Bag y Nāga Sāmpa se había extinguido en gestos de confusión y contrariedad.

Qué sorpresa se llevaría Alisha al escuchar al encantador de serpientes confesar.

Eres la princesa, honestamente pensé que serías frívola y banal, pero cada Dios al que le rezo sabe lo equivocado que estaba. Ellos son quienes saben dónde poner sus dones en la tierra y dónde ubicar el Nirvana al alcance de los hombres. Permiso. —musitó, recogiendo todo con movimientos torpes y dejando a la princesa con las mejillas calientes por el sonrojo.

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Dos días, pasaron dos días antes de que la princesa lograra levantarse de la cama y dar unos pasos hacia la salida. La razón para moverse fue el sonido, la música aguda y estruendosa del pungi llegando hasta ella. Esa flauta característica de los encantadores de serpientes.

Cuidado con donde pisas, princesa. —Bromeó Tikki con una sonrisa dulce. —Te puedes tropezar con algo peligroso.

¿Qué hay que sea peligroso aquí, Tikki?

No, Alisha no la escucho. Pero Tikki murmuró amablemente: —Kamadeva está en todos lados.

La música era alegre y estruendosa, la princesa ya lo había visto en alguna ocasión por las plazas de la ciudad, sentado con sus canastas de cobras, haciéndolas bailar. Esto era distinto. El muchacho estaba arrodillado frente a tres cobras, las tres estaban erguidas y se movían a la par que el muchacho, siguiéndolo en su danza, porque Yamir se bamboleaba de un lado al otro, con una sonrisa en el rostro, tocando su música, poniéndose de pie y retrocediendo en su sitio, haciendo que sus serpientes le siguieran y danzaran con él.

Y ahí, usando una túnica limpia del muchacho, aferrada al marco de entrada de una choza ubicada a diez minutos del pueblo, oculta en la jungla, Alisha supo que Tikki tenía razón respecto al peligro. Estaba perdida… perdidamente enamorada de aquel encantador de serpientes.

Ya no había marcha atrás.

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Luka dormía apacible sobre el colchón.

Marinette le admiraba sentada sobre el mismo. A juzgar por la tenue luz que se colaba sutil por los ventanales orbicuales del barco, podría adivinar que serían las cuatro o cinco de la madrugada.

La joven suspiró cansada, porque los acontecimientos de apenas unas cuantas horas le pesaban como si hubiesen pasado años. Besó la frente de su serpiente, tomó prestada la playera y chamarra y subió las escaleras hacia la cubierta.

Los primeros rayos del sol le cegaron la vista por unos instantes, luego Marinette pudo ver al rió Sena irradiar diminutos destellos sobre el manto acuífero color ámbar. Tikki y Sass estaban a la orilla, contemplando el amanecer en silencio.

— Quiero saber más — murmuró la chica con suavidad cuando tomó asiento en la barda del bote — Sé que si lo ocultaron fue por una razón, y lo entiendo pero… — Marinette calló y extendió la mano. Tikki comprendió el mensaje y se postró sobre su palma, mirando a su portadora con añoranza — Ella fue importante para ti, y ahora el pasado parece que llegó para repetirlo todo de nuevo, y eso es algo que no pienso permitir… Pero necesito saber, Tikki.

Sass sonrió y la pequeña catarina no pudo evitar que sus ojos se anegaran, porque por un breve instante casi imperceptible, Tikki notó la madurez y valentía de Alisha reflejadas en la faz dulce de Marinette. Ambas eran muy parecidas, como dos gotas de agua que bifurcan el camino sobre una superficie de cristal.

Tikki amó a todas sus portadoras, sin excepción. Pero no era de sorprenderse que Marinette y Alisha fueran especiales; ambas la habían hecho sentir parte de la familia. Más que una consejera y una guía: para ellas Tikki era y fue confidente… una amiga.

— La llamaban la princesa de cristal… — comenzó a relatar Tikki a los oídos atentos de Marinette. Sass flotaba a su lado escuchando con atención — Ella no era percibida por el pueblo como una persona, más bien como un adorno; algo efímero y frágil… algo que estaba prohibido tocar.

Aún lo recordaba como si hubiese pasado ayer y no cientos de años.

Es tu kwami — Dijo el rey mirando a su hija, impertérrito —No es otra cosa más que una herramienta que usarás para defender el reino.

Sí, padre.

Cuál no sería la sorpresa de la princesa cuando, al abrir el alhajero, una figura diminuta de color

carmesí con puntos negros, emergería con una expresión de tristeza y las manos entrelazadas en

oración: —Sus deseos son mis órdenes, princesa…

— Jamás me trató como una herramienta — manifestó Tikki cuando las primeras lágrimas de melancolía comenzaron a brotar. Marinette la acercó a sus mejillas para que su amiga percibiera su calidez — Alisha era una niña dulce y bondadosa que fue criada en un nido de soledad. Odiaba ser de la realeza… se sentía atrapada y asfixiada en ese mundo frívolo y egoísta del que sólo podía escapar unos cuantos instantes para pelear como Laal Bag. El mismo Chat Noir de ese entonces también lo sabía. Chidiya, le decía… porque ella era un pequeño pajarito encerrado en una jaula de oro sin cerradura.

Marinette podía imaginarlo. Y en sueños incluso había tenido la oportunidad de vivir en carne propia los sentimientos de la misma princesa Alisha: la desdicha, la falta de cariño, los maltratos y la soledad. No era de sorprenderse que Laal Bag le hubiese sonreído a la posibilidad de perecer sola en aquella jungla.

— Hasssta que conocsssió a Yamir — intervino entonces Sass al notar la presencia de Luka, oculto en las escaleras que llevaban a cubierta — Ambosss ssse encontraron en el camino para sssalvarssse mutuamente.

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La selva era un lugar enigmático y peligroso, pero que guardaba consigo una belleza extraordinaria. Alisha aprendió a apreciarla en el tiempo que pasó en aquella choza alejada del pueblo. Los sonidos, tanto del día como de la noche, eran música para los oídos de la princesa, y muy pronto hasta el siseo de las serpientes se conviritió en un un coro armónico: la copla perfecta para la composición que Yamir interpretaba en el pungi.

— Es muy dulce de tu parte acompañarme a tomar un baño— enunció con suavidad mientras sus pies descalzos iban hundiéndose en el agua clara de un río — Pero creo que estás olvidando que no soy solamente una princesa; sigo siendo también una guerrera.

La música del pungi se detuvo, y Yamir habló a sus espaldas, sentado en uno de los gigantescos árboles: — Una guerrera que ha sido herida de gravedad y que aún no se ha recuperado por completo. Prometí cuidarla, alteza… Trato de cumplir mi palabra.

— Alisha — musitó ella, soltando su larga cabellera y echando un vistazo hacia la espalda del joven — ¿Cuántas veces te he dicho que me llames por mi nombre?

— No las suficientes, alteza.

— ¿Tengo acaso que ordenarte que lo hagas, joven Yamir? — bromeó ella, más la serpiente no respondió. La catarina emitió una pequeña risa musical y miró a Tikki con complacencia. La pequeña cubrió su boca para no desternillarse: — Creo que lo hice sonrojar… — rumureó y, esta vez Tikki no se limitó.

— Escuché eso — exclamó Yamir y la princesa soltó una carcajada.

Risa. ¿Cuándo había sido la última vez que había reído de verdad? Nunca en presencia de su padre. Nunca en las calles. Nunca frente a ningún testigo: la princesa de cristal no reía, no disfrutaba… no sentía. Por esa y muchas razones más, para el oído de Yamir, el sonido de su regocijo y alegría le colmaban el corazón de un entusiasmo inexplicable. Oirla reir era como escuchar el canto de los dioses. Y a estas alturas, ¿quién no podría dudar que Alisha en realidad fuera una deidad atrapada en el cuerpo de un humano?

El joven suspiró y, sin poder evitarlo, su cuerpo tomó las riendas de su propio juicio. Viró la cabeza en un acto meramente mecánico, justo en el instante en el que la princesa se despojó del sari y el peikot que él mismo le había conseguido. La tela resbaló por su espalda y rodillas hasta caer sobre la hierba; y la catarina apartó su largo cabello en un gesto grácil, haciéndolo caer sobre uno de sus hombros desnudos.

Hubiera sido la vista más bella que los ojos de la serpiente pudiesen contemplar. Por Rāma que sí… de no haber sido por las cicatrices que asaltaban cruelmente la suavidad de su piel tostada. Se extendían por toda la espalda, como una plaga que ataca los pétalos del más hermoso jazmín.

— Fue sssu padre… — intervino Sass a su oído en un siseo discreto — La fuersssza de Laal Bag va másss allá de losss donesss que le brinda Tikki. Pero ningún ssser humano meresssce ssser entrenado con tanta crueldad…

Yamir sintió la sangre hervir y juró para sí que algún día lo haría pagar por ello, ya fuera en esta vida o en la siguiente.

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Los días pronto se convirtieron en semanas. El tiempo transcurría y sus heridas iban sanando paulatinamente. Pero, contrario a lo que cualquiera esperaría, Alisha no pudo percibir su recuperación como una fortuna. No cuando ésta supondría su inminente partida. Cada mañana, antes de que el mismo Yamir abriera los ojos, la princesa esculcaba su abdomen y le fruncía seño a las cicatrices. Las maldecía por lo bajo, porque las ingratas no escatimaban su sanación, haciéndose cada día más imperceptibles.

Alisha sabía que el día en que desaparecieran, sería el momento de partir. Y la idea le dolía mucho más que la misma recuperación.

Era por esa razón que disfrutaría cada momento de su efímera libertad. Cada hora y cada minuto. Y le agradecería a los dioses hasta el final de sus días por la oportunidad de ser ella misma ante los ojos del joven que le había salvado la vida.

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— Por favor. Prometo ser muy cuidadosa — le dijo Alisha a Yamir una tarde, mientras ambos compartían alimentos.

— Todo el reino la está buscando. Ir al bazar sería meterla en la boca del lobo, princesa.

— Si el pueblo cree que alguien me secuestró, el último lugar en el que buscarían sería el bazar — debatió ella, dejando su plato de lado y apegándose un poco más al cuerpo de la serpiente — Y estaré oculta, pero déjame acompañarte. Quiero saber lo que es caminar por esas calles como una persona normal: tocar la tela, la fruta y las especias sin miedo a que se corra la henna de mis manos, ¿por favor?

Yamir sintió el corazón encogerse: — Alteza…

— Alisha… — corrigió en un mohín que él dejó pasar.

—Es demasiado arriesgado — insistió.

Arriesgado, dijo. Y Yamir se preguntó sí verdaderamente el terror que le acosaba era la seguridad de SU princesa (y, ¿desde cuándo la reclamaba como suya?) Porque, de ocurrir el peor escenario y que Alisha fuese descubierta, los guardias la llevarían de vuelta al palacio, donde los médicos del Marajá la atenderían mucho mejor de lo que él ya lo había hecho; dónde dormiría en una cama con sábanas de seda, y no sobre una manta vieja al raz de la tierra; dónde ella tendría todo lo que él jamás le podría ofrecer.

No, Yamir no temía por la seguridad de la princesa. Yamir temía perderla, y perderse a sí mismo en el proceso.

Luego recordó la cicatrices.

— Mientras estemos todos juntos, no veo por qué haya problema — terció Tikki repentinamente — ¿No lo crees, Sass?

— Todo sssaldrá bien — animó la pequeña serpiente a su portador. Adivinando con un solo vistazo sus temores.

— De acuerdo — accedió por fin, en un suspiro que se transformó en un resuello de sorpresa cuando los brazos de Alisha se envolvieron sobre su cuello. Su toque era cálido, el aroma de su perfume embriagador.

— Gracias — murmuró ella. Y Yamir supo que, después de atreverse a atraparla y ceñirla con fuerza, sería mucho más difícil dejarla ir.

(Recomendación musical:

Chansoneta farai vencut - Raimon Miraval)

Clamores, cánticos, colores, aromas y gente… había mares de personas por todos lados.

No era que Alisha no conociera las catervas. El ejército de su padre era basto en números y extensión, pero una cosa era mirar a cientos de soldados desenvolverse uniformemente en una alineación o verles pelear en un campo de batalla, y otra muy diferente era contemplar la algarabía escarpada y caótica que tenía al frente, mientras caminaba junto a Yamir por el bazar de la ciudad.

¡Lo adoraba! Quería detenerse en cada puesto para deleitarse con las vendimias de los comerciantes. Ansiaba probar cada simple platillo, fruta y legumbre. Acariciar a todos los animales que rondaban el lugar; porque esa tarde no había tinta que la aprisionara, no había nada que pudiera detenerla.

—Trata de no quedarte muy atrás — le escuchó decir a Yamir. Alisha jaló un poco más de la capucha que le cubría el rostro.

— ¡Al fin! Creí que jamás dejarías de hablarme de usted — apuntó emocionada. Porque parecía que hoy los dioses estaban dispuestos a ofrecerle más que sólo el regalo de su libertad por las calles de su reino.

— Sería muy extraño que alguien me escuchara hablarte con tanto respeto, si a los ojos de todos somos dos conocidos que pasean por aquí — aclaró el chico con una sonrisa de suspicacia.

— ¿Dos conocidos solamente? — cuestionó ella con ironía, al tiempo que se detenía para curiosear en un puesto de plantas y hierbas.

—¿Dos amigos? — Yamir se detuvo a su lado y buscó una flor en concreto.

— ¿Qué tal dos amantes? — se atrevió a cuestionar la princesa con el corazón en vilo, pero con faz decidida.

Yamir no contestó, en cambio tomó el jazmín que había llamado su atención, entregándole después al vendedor tres monedas de cobre: — Que los dioses me perdonen si llego a soñar tan alto — esa mirada profunda y el destello devoto en los ojos de la serpiente los que hicieron que el mundo de la catarina se detuvieran en el breve segundo en que él le hizo entrega del Jazmín. Mas el asombro y aturdimiento pronto fueron suplantados por la conmoción y el palpitar acelerado cuando Yamir tomó de su mano para guiar nuevamente el recorrido. Sintió las mejillas arder y el estómago revolotear. Vaya que el amor era una emoción de los más peculiar, bastante extasiante.

Adoraba su contacto, y moría por más. Mucho más…

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Mirarlo practicar con las serpientes fuera de la choza era una cosa, pero atestiguar las habilidades de Yamir en plena plaza era una exhibición verdaderamente mayestática. Él no era como los demás encantadores de serpientes; Alisha habría visto unos cinco o seis en las fiestas del palacio. El joven no se valía del movimiento exagerado de su cuerpo para llamar la atención de las criaturas vipéridas, tampoco se mantenía a una distancia medianamente segura. El joven tocaba el pungi sentado en el suelo de concreto y con los ojos cerrados, mientras las cobras danzaban a su alrededor. Algunas incluso se deslizaban por sus hombros y balanceaban las cabezas al ritmo en que el joven movía la flauta; ninguna se erguía amenazante, ninguna mostraba los colmillos… Era como si el joven fuera un reptil más que danzaba al ritmo de la música.
Alisha las envidió por un breve instante.

La música terminó y la gente rompió en gritos y aplausos. Varias monedas volaron hacia la canasta de paja que el chico había colocado al frente.

— ¿Princesa? — Tikki salió de su escondite por un momento cuando la chica se alejó de la plaza y caminó de vuelta a los distintos puestos de comercio.

—¿Cuánto crees que valga el anillo que me regaló el embajador de Persia, Tikki? — murmuró repentinamente, admirando la joya que adornaba el dedo índice de su mano derecha.

— ¿El de rubí? Debe valer muchi… ¿qué haces? — Tikki observó azorada cómo la joven se despojaba de aquel anillo, mas no emitió ninguna otra exclamación cuando caminó a un puesto en específico.

—¿Podría venderme la odalisca roja con negro? —preguntó la mujer con tono dulce.

—Querida niña, viene directo de Egipto, no creo que puedas costear… — Habría continuado con su fastidiosa excusa, de no haber sido por el brillo hipnotizador color escarlata del rubí que aquella misteriosa joven con el rostro cubierto le ofrecía en una mano.

— Asumo que será más que suficiente, ¿no es verdad? — murmuró Alisha, satisfecha con la estupefacción del vendedor.

— ¡Tómelo! Es más… tome toda los que guste, ¡alabada sea Lakshimi*! — exclamó el hombre, extasiado.

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— ¿Dónde estabas? — interrogó el joven serpiente cuando la princesa emergió del bullicio. Sus ojos; dos orbes chocolates que brillaban y se achicaban en su expresión, denotaban que debajo de aquella capucha Alisha sonreía de una forma deslumbrante.

— De compras — contestó con simpleza y esta vez, fue ella quien tomó de la mano de Yamir, lista para regresar a casa…

"Casa, con que así se siente llamarle a un hogar de verdad"

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Por supuesto que Yamir sabía tocar el laúd. A estas alturas, ella estaba segura que no había un instrumento musical en el reino que no fuese capaz de dominar. La fortuna estaba de su lado, porque en el momento en que la princesa le escuchó practicar, salió del lugar con su bolsa de tela y los nervios de punta.

El chico seguía tocando y ella jamás se había sentido tan angustiada. ¿Por qué? Había danzado frente a miembros de la corte, extranjeros y nobles. Incluso ante los ojos más críticos que pudiesen existir: los de su padre. Aquí no habría público; sólo la mirada profunda y subyugada de Yamir; la misma que era capaz de petrificarla con un sólo vistazo…

Alisha se mordió los labios.

¡No! No era momento de dudar y sucumbir ante el terror.

Respiró hondo y se hizo del velo rojo con hilos de seda negros. Las serpientes ya habían tenido su oportunidad, ahora era su turno de bailar para él, al ritmo taumaturgo de su música, porque sólo así ella podría demostrarle de una vez por todas que, princesa o no, estaba enteramente a su voluntad.

(Recomendación musical:

Buruna -Irfán)

Conmoción era una palabra que quedaba diminuta si Yamir hubiera querido describir la gama de emociones que experimentó en el momento en que la figura de Alisha entró a la choza; ataviada con telas finas de tonalidad escarlata. Cargaba consigo un largo velo que cubría su rostro con gran misticismo… "No dejes de tocar" le dijo con la mirada, y Yamir peleó con todas sus fuerzas por recuperar la atención sobre sus dedos para tocar la laúd, y que Alisha danzara al ritmo de sus acordes.

Con movimientos lentos y morosos, la princesa se abrió paso hasta quedar frente a frente de él. Sobre la transparencia del velo, Yamir la miró sonreírle seductora. Luego con suma delicadeza, el velo voló hacia la espalda de la joven mientras ella meneaba sus brazos hacia arriba, al compás del vaivén delicado y sugerente de su cadera.

Una parte de él comenzó a entender el porqué aquel insufrible marajá gastaba tantos esfuerzos en conservar la imagen de su hija intocable. Pues el espectáculo que sus ojos mortales ahora contemplaban era algo celestial: Alisha bailaba, y al hacerlo regalaba a su espectador un pedazo de vergel en la tierra… Y hoy era él quien, con las cuerdas del laúd, sostenía la batuta sobre los pasos sublimes de la princesa.

Yamir abrió los ojos como platos al entender el trasfondo, y Alisha volvió a sonreírle al percatarse que su mensaje había sido interpretado exitosamente.

Alzó un brazo y, del techo de la choza, una cobra se deslizó por el mismo. El animal se escurrió por su cuello, desplazándose en movimientos lentos y acompasados a los pasos y vueltas de la joven. Pronto, Alisha tuvo al reptil enroscado entre sus dos brazos extendidos, como si este fuese otra pieza natural de su atuendo. La catarina bailó con él, haciendo vueltas graduales y movimientos marcados con en el busto. Sus brazos, su vientre, su cuerpo entero de desplazaba con una fragilidad y habilidad inverosímil; como la hierba danza, impulsada por la brisa veraniega.

Yamir no necesitaba ninguna clase de recordatorio. La amó desde el instante en que la vio en aquel callejón en el que le salvó la vida. La quiso aún más al pelear las dos o tres veces a su lado… la deseó cuando supo quién era ella en realidad y hoy la adoraba mucho más que a los mismos dioses.

Y ella… ella no deseaba otra cosa en este mundo que permanecer a su lado.

Alisha alejó el laúd del regazo de Yamir cuando su danza hubo terminado, hincándose junto a él. "Nadie más que yo puede estar sobre ti" recordó las palabras de su padre y negó con la cabeza, deseando poder gritarle a los cuatro vientos lo que su cuerpo ahora declaraba al estrechar el pecho de la serpiente. "Mírame, padre. Hay alguién más sobre mí; alguien a quien amo de verdad y con quien deseo pasar el resto de mi vida, ¿qué piensas hacer al respecto?"

— Ali...— el nombre se le quedó atorado en la garganta, y los brazos de Yamir fueron dos extremidades flotando, incapaces de reclamarla sólo para él. No era digno, no podría… Ella era una joya milenaria y él un pobre plebeyo sin nada que ofrecer.

—Tócame, Yamir… — no lo demandó, tampoco lo pidió… lo suplicó. Alisha alzó la mirada, anegada y cristalizada por la pena — No soy una princesa de cristal. Por favor, tú no me veas como una — suplicó.

"Nunca" Pensó la serpiente cuando su dedo pulgar enjugó una pequeña lágrima que corría sobre la mejilla de la catarina. Dejó la palma allí, acariciándole la piel tersa y suave con las yemas de sus dedos. ¿Qué habría hecho él en vida para merecer el amor de un ángel?

—Alisha...— se atrevió por primera vez en su vida a nombrarla. Y que los dioses lo perdonaran por lo que haría a continuación: — Maiṃ āpa se behada pyāra karatā hūn** — recitó con fervor antes de atrapar la boca de la princesa.

Los labios de Alisha eran puros. Yamir había sido el primero en reclamarlos. Por eso aquel beso fue mucho más que el descubrimiento de un amor profundo y ferviente entre ambos portadores. También era la realización que para ella, no habría nadie más. Y que para él no existía mayor tesoro que aquel que sostenía entre sus brazos.

Un amor tan grande, tan real no debería estar prohibido.

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Desde la rama de un árbol, los kwamis contemplaron el epílogo de un viaje que por primera vez terminaba de una modo diferente. ¿Cómo reaccionaría la vida ante esta conclusión?

— Jamás creí que el amor fuese lo suficientemente fuerte como para quebrantar el camino que traza el destino — musitó Tikki con terror — ¿Qué va a ser ahora de ella cuando lo tenga que dejar? — acongojada, miró a Sass, quién suspiró y miró al cielo.

— Algo bueno sssaldrá de esssto corazsssón. Debemos tener fé...— musitó.

— Tenemos que decírselo a Plagg y a Kaala Baagh*** — murmuró, desesperanzada.

Sssí, pero todavía no… Déjalosss gozsssar un poco másss de sssu Nirvana — dijo y Sass hizo un ligero llamada para que sus hermanas serpientes abandonaran la choza, dejando el camino libre para que ambos portadores pudiese amarse con la libertad — Pobre el corazón de los apasionados que cruzan el desierto en busca de un Oasis...

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—…Arriesgando todo por sólo mirarse — prorrogaría Luka Couffaine en el futuro al ponerse de pie para salir de su escondite y encontrarse con Marinette a la orilla del barco, con el Río Sena de testigo.

La joven le abrazó con fuerza. Aferrándose a la idea de que, esta vez el destino no los acosaría para repetir el sufrimiento y las penas del pasado.

En su mente, una canción se iba ensamblando… quizá después, cuando no tuvieran que pelear por el amor que ambos profesaban, Luka se dedicaría a plasmarla en una partitura, para después traerla a la vida… Aunque una parte de la letra ya estaba más que ensamblada.

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Tan solo por amor...

ponemos nuestras manos

al fuego de la pasión,

dejándonos quemar

Tan solo por amor...

Movemos tierra y cielo

Rasgando siete velos

Saltamos al abismo

sin mirar atrás

Tan solo por amor…

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—¿Es aquí donde la percibes, Plagg?

El príncipe Kiran miró la choza con recelo. No por la apariencia desaliñada de la misma, sino por las posibilidades. ¿Qué tan difícil habría sido para Alisha; una guerrera implacable, deshacerse de sus captores y escapar de aquel lugar? Le costaba creer que el ímpetu y brío de Laal Bag fuesen vencidos tan fácilmente… Y se odiaba a sí mismo por dejarla sola en aquella batalla donde el reino le perdió la pista.

— Tikki está allí, es lo único que te puedo asegurar — aclaró el kwami de la destrucción, percatándose de la hesitación de su portador — Tienes que dejar de culparte, Kiran. Ella tomó la decisión de ir por su cuenta.

—Si no puedo protegerla como mi compañera de batalla, ¿cómo lo haré cuando ella sea mi esposa? — vociferó en un suspiró, llamando a la transformación…

Para cuando Yamir se percató, él y Kaala Baagh ya estaban frente a frente. El tigre blandiendo su talwar y la serpiente una enorme hoz. Aquel felino había llegado para llevársela de regreso, eso lo sabía mejor que nadie… Si tarde o temprano algo como esto iba a pasar, ¿entonces por qué blandía un arma para impedirlo?

— Sé que tienes cautiva a la princesa — amenazó el tigre con voz gélida — Así que entrégamela y prepárate para recibir tu castigo.

—En lo que a mí concierne, tú y esa bestia a la que ella llama padre son los verdaderos captores — gruñó entre dientes y con la vesanía nublándole el juicio. Estaba dispuesto a cortarlo en pedazos: mataría todo aquel que intentase volver a encerrarla y a dejarle otra cicatriz en la espalda.

Lo habría hecho… ambos chocaron armas y mantuvieron una batalla pareja. Pero Kiran usaba un miraculous y este siempre te brindará la ventaja… No había nada más que hacer.

Yamir cayó al suelo con el filo del talwar pinchándole el cuello.

Había llegado su fin.

Kaala Baagh — el tigre negro alzó la mirada hacia la puerta de la choza. Laal Bag estaba allí: imponente y solemne, mirándole con autoría… todo rastro de la princesa dulce y benévola se había disuelto tras el disfraz de guerrera — La princesa no está aquí, así que déjalo en paz.

—Pero…

— ¿Acaso no fui clara? — aquel tono gélido hizo que el filo de la espada se alejara del cuello de Yamir. Por un breve instante, casi imperceptible, Yamir pudo notar el suspiro alivio en la faz inescrutable de la catarina — Sé dónde se encuentra… Vayamos por ella.

— Cómo tú digas, Laal Bag — acordó el tigre confuso. ¿Por qué defendía la catarina a su captor?

A menos que…

Kiran pudo notar como la cabeza de Sass se asomaba oculta tras la palma, sobre el tejado.

La guerrera caminó hacia el encantador de serpientes, ayudándole a incorporarse nuevamente: — Gracias por todo, joven Yamir — murmuró con la voz de Laal Bag, pero en sus ojos: Alisha lloraba en sus adentros, dedicándole un último "Te amo" antes de darle la espalda y desaparecer en jungla en compañía del tigre negro.

.

.

CONTINUARÁ...


*Diosa de la belleza y la fortuna

**Te amo más que cualquier otra cosa en Hindi

***Tigre negro en Hindi

Y ahora, una respuesta a sus reviews:

July Hope: He aquí lo que has provocado con tu bellísimo escrito. De verdad espero que te haya gustado mucho esta parte de la historia de Yamir y Alisha… ¡y la cual aún no termina! ;) Preparate… porque ahora sí se viene el sufrimiento a todo lo que da. ¡Muajajajaja!

Dessirenya: Si te gusta la historia de los portadores del pasado, espero que este capitulo te haya gustado también. uwu ¡Y sí! Lila se lo merecía con creces. ¡Muchas gracias por leer! Me alegra que este fic te haya gustado.

sonrais777: Paciencia. ;) Más tarde que pronto ambos serán muy felices… ¿o no? (?)

Petite Rveur: Bueno, es que ARoad-chandrien aún conserva un poco de sentimiento por Marinette. Estuvieron juntos, no es para menos. Pero no te preocupes, él no es para nada el villano… peeero, sí tendrá uno que otro ataque de celitos por allí. ¡Gracias por disfrutar de la historia!

Xiang Li 17: ¡Gracias! Espero que te haya gustado también este pequeño vistazo al pasado. ¡Un abrazo!

: ¡Ayyyyy! - se sonroja - Me alegra mucho que la temática de vidas pasadas te haya gustado en este fic. ¡Muchas gracias por tu comentario! Creeme que seguiré esforzándome en la personalidad de Luka.

Road-chan: Si supieras esa pelea qué de trabajo de costó. ¡Me alegro que haya valido la pena el esfuerzo y que la hayas disfrutado tanto!

Manu: Gracias por tus sugerencias. Pues sí, me considero Multishiper en algún sentido, pero por el momento me gusta escribir más sobre el Lukanette y el Ladynoir. Tal vez en un futuro escriba un Lukagami. :P Depende del tiempo que tenga, jejeje. ¡Gracias por leer!