(Recomendación musical:

Personal Jesus - Depeche Mode)

Jugueteaba con el vaso glencairn sobre la barra. Dentro, el agua desleída del hielo se mezclaba con los último vestigios de whiskey. Luka suspiró con desgano y bebió hasta la última gota del contenido. Un golpe hueco sonó sobre la madera cuando el cristal pegó con la barra. Un llamado silencioso por otra bebida que el bartender entendió con premura. Ese debía ser el cuarto o el quinto trago, y el curioso hombre que maniobraba frente a la vitrina de licores se preguntaba cómo es que aquel joven podía mantener la pinta tan entera.

Tres días habían pasado desde el incidente con el Marajá Narendra. Tres días de mutismo absoluto en el que aquel rey de mierda no había dado una sola señal de vida. Ante tan repentina calma, bien podría decirse que el espíritu akumatizado había optado por rendirse o largarse. Aún así, el turbante seguía desaparecido y, aunque Marinette y Chat Noir decidieran bajar la guardia, él podía oler una treta a kilómetros de donde estaba… Un depredador auténtico no se lanza a la caza con bisoñez y negligencia; primero analiza y espera el momento preciso, luego ataca.

Luka bebió con urgencia y el frío del líquido, combinado con la intensidad del alcohol le rasparon la garganta. Ese espectro estaba jugando con ellos. Podía sentirlo, e incluso imaginarlo en algún rincón de la ciudad, mofándose de él. O peor aún, planeando la siguiente jugada.

Apretó el puño y el cristal del vaso se cuarteó alrededor de sus dedos.

A estas alturas, no estaba del todo seguro qué porcentaje de rabia era genuinamente propia y qué porcentaje pertenecía a la energía de Yamir que Luka cargaba dentro de sí. Porque al rememorar las cicatrices en la espalda de Alisha, se le encendía un rescoldo en el corazón. La cosa se volvía peor cuando se atrevía a imaginar que el Marajá pudiese repetir la misma historia, pero ahora con Marinette…

Esta vez el vidrio del vaso sí estalló. Tendría que aprender a controlar su ira si lo que deseaba era vencerle. Y para eso, necesitaba la cabeza fría.

Tuvieron que pasar cinco minutos de cavilaciones y duelos mentales para que al fin pudiese advertir el peso de una mirada misteriosa sobre la nuca. Escalofríos: el guitarrista los sintió desde la cabeza hasta la punta de los pies, y por un momento creyó que el corazón le atravesaría el pecho con sus latidos frenéticos y violentos. Era él… El muy imbécil por fin se había dignado a aparecer.

Sin embargo, cuando el guitarrista viró la cabeza, no se encontró con la presencia repulsiva del Rey Mariposa. No… lo que Luka advirtió fue algo que no esperó ver jamás.

El joven vestía jeans y una camisa kurta blanca, adornada con bordados rojo vino en las mangas y en el cuello. Sobre ella; un chaleco color café chocolate. Su apariencia era claramente extranjera, cualquiera podría juzgarlo por el estilo de la ropa y el color tostado de su piel. Pero no fue por esa razón que Luka se puso de pie estrepitosamente y dio tres pasos erráticos lejos de la barra, en dirección a aquel extraño que no dejaba de mirarle. Lo conocía… cómo no hacerlo si se trataba del mismo Luka, pero en otra vida.

— Espera — demandó el guitarrista cuando Yamir dio media vuelta y salió por la puerta del bar.

No, aquella no era una alucinación provocada por el alcohol. Luka estaba seguro de ello. Pero no pudo comprobarla, pues en el momento en que el joven puso un pie en la calle para perseguirle, Yamir ya se había perdido entre el bullicio de aquella avenida del barrio de la Bastilla. A punto estuvo Luka de ir a buscarle cuando chocó con un cuerpo conocido; la persona por la que había estado esperando por lo menos una media hora metido en ese bar.

—¿Luka? — Jagged Stone le miró consternado — ¿Todo bien, hijo?

Tal vez sí había sido una ilusión. Luka se sacudió el cabello y suspiró, dedicándole una sonrisa resignada a su mentor: — Todo bien, ¿entramos? — preguntó el joven, emulando tranquilidad.


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Segunda Oportunidad

Capítulo 5

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Este capítulo quiero dedicarlo con mucho cariño a July Hope.

Gracias por estar allí cuando te necesito y escuchar mis líos amorosos. Te debo mucho, y espero que este pequeño cap pueda ser suficiente para remunerar un poco de tanto afecto y tanto apoyo.

¡Gracias!

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Luka no tenía idea de cuánto necesitaba una charla tranquila y aislada de los últimos acontecimientos hasta que Jagged Stone prácticamente lo arrastró al bar, después de cientos de mensajes y llamadas insistentes.

El viejo podía llegar a ser alguien bastante tozudo y convincente, pero, ¿quién podía culpar a ese rockero, si lo único que deseaba era saber más sobre la gira y los últimos acontecimientos en la vida de su pupilo? Porque, si se detenía a pensarlo con cuidado, el joven Couffaine era mucho más que el músico prodigio a quien él había deseado apadrinar: Luka era el vástago de Anarka, el guitarrista más talentoso que hubiese visto París y, por sobre todas las cosas, el hijo que siempre quiso tener.

— ¿Recuerdas el viaje a Reino Unido? — Jagged sonrió, añorante —A mí aún me da pesadillas la furia de Nanarki cuando se enteró que te ibas conmigo un mes entero de gira.

Luka soltó una carcajada, y por un momento pudo ver clara la imagen de su madre a punto de golpear a la estrella de rock con su vieja guitarra eléctrica: — ¿Cómo olvidarlo? Tenía diecisiete y ella estaba convencida de que me ibas a corromper.

— Y lo hice bastante bien, ¿ah? — vociferó el hombre, orgulloso de sus actos — Yo jamás voy a olvidar la cara que pusiste cuando conociste Camden Town. Ni la reacción de los ingleses cuando te escucharon tocar. Nunca un telonero le había acaparado tanta atención al artista principal.

— No exageres.

—Y tú no seas modesto, hijo — musitó, Jagged, dejando uno que otro golpe sobre la espalda de la serpiente —No creas que no he escuchado y leído sobre las impresiones que tu banda dio en América. Tienes aún mucho futuro por delante, y es por eso que quise citarte hoy… — Jagged suspiró un tanto ofuscado — Sólo, promete que no te pondrás frenético, ¿de acuerdo?

— ¿Frenético? — Luka arqueó la ceja.

— Verás, Penny recibió hace poco una llamada de EMI Music. Antes de que digas algo: no, no querían hablar sobre mí — puntualizó el rockero al notar la expresión de sorpresa de Luka — No soy Keith Richards, yo ya estoy más que retirado. A quien buscaban era a ti.

— ¿A mí?, ¿y por qué diablos no llamaron a Denisse? Ella es la representante Kitty Section, no Penny. Y saben perfectamente dónde encontrarla.

— Porque creen que si yo te doy la noticia y te explico mi punto de vista, quizá aceptes su propuesta — guardó silencio unos segundos, tiempo suficiente para que Luka hilara las situaciones y pudiese adivinar hacia dónde iba todo aquello: — EMI quiere firmar contigo, hijo… como solista — confesó por fin, aguardando la reacción de su pupilo.

Por supuesto.

— Jagged… — murmuró con un deje de paciencia: la premisa de una larga y contenida discusión.

—Espera, aún no termino — advirtió el hombre, dando un trago más a su bebida, como si con ella se diese valor para abordar lo que se venía: — Te quieren en Liverpool permanentemente. No sé el porqué. Asumo que es una especie de movimiento publicitario, ya sabes; el nuevo prodigio del rock en la ciudad donde nacieron los Beatles. Muy probablemente esa sea su tirada, no estoy seguro.

Jagged no tuvo que preguntar lo que su pupilo pensaba. Su sola faz, inescrutable y severa, le revelaba a gritos sordos la respuesta. Tampoco era como si esperara una reacción distinta. Aquel joven rebelde llevaba la palabra "lealtad" tatuada en el espíritu. Abandonar a Kitty Section y a sus amigos en el momento cúspide de sus carreras era una idea impensable, contrario a lo que el propio Jagged hizo cuando la oportunidad llegó a tocar su puerta.

Y la gente aún se preguntaba por qué Anarka aún no le perdonaba.

Además, estaba ese otro asunto: Marinette.

— Por lo menos prométeme que lo vas a pensar— insistió el hombre — Oportunidades como esta no llegan todos los días. Te lo digo porque Penny me dio un aproximado de tus ganancias y…

—No te ofendas, Jagged, pero si de verdad crees que lo que me mueve es el dinero, entonces no me hagas perder el tiempo— bufó el chico, y la frialdad de su voz hizo a Stone estremecer.

—Lo sé, y es justo eso lo que te hace tan diferente de los otros músicos. Aún así quiero dejar la carta sobre la mesa, ¿de acuerdo? Es tu desición.

—No necesitas dejar ninguna carta, Jagged. No voy a traicionar a la banda. Además —Luka miró hacia la puerta, con la esperanza de encontrarse nuevamente con el fantasma de Yamir — Tengo mucho por hacer aquí…

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(Recomendación musical:

Marry me, Bella - Alexandre Desplat)

Desde la rama de aquel árbol, podía contemplar la luz de las velas iluminar el recinto. La ventana estaba abierta y las cortinas de satín rosado y dorado danzaban al ritmo del viento. Todo parecía ser exactamente igual que siempre: el mismo palacio, los mismos jardines y el mismo sol ocultándose tras las torres de mármol de aquel imponente palacio… Pero, a diferencia de otros atardeceres en los dominios del Rey Mariposa; este no incluía la figura de la princesa asomándose por el balcón con aires soñadores y curiosos. No había una Alisha anhelante que miraba más allá de la muralla y suspirara ante la inventiva de descubrir cómo sería un día enteramente libre.

Kiran sabía perfectamente por qué. Y no podía evitar sentir culpa por ello. Brahma no podía ser tan cruel con el destino de una joven que nada malo le había hecho al mundo. Y si por los dioses que su misión en esta vida y en las siguientes era protegerla, ¿entonces por qué seguía fallando tan estrepitosamente?

Suspiró y vio a Tikki salir de la habitación. La kwami voló a paso pausado hasta donde él tigre negro se encontraba escondido. Kaala Baagh entendió el mensaje sin necesidad de palabras; la sola expresión desolada y acongojada de Tikki hablaba por sí misma: Alisha no estaba nada bien.

— ¿Debería…? — cuestionó él con vacilación.

Tikki asintió una vez, mirando hacia la ventana: — Ella necesita a su compañero — declaró la kwami y Kiran pudo discernir la misiva entre líneas: la catarina necesitaba a su compañero, al tigre negro; su alma gemela. Nada más… El título de prometido no tenía ningún tipo de cabida en esta historia. ¿Acaso no había quedado lo suficientemente claro en la jungla?

La lucha ni siquiera iniciaba y Nāga Sām̐pa ya le llevaba la ventaja.

Kaala Baagh saltó tres veces y entró tras el balcón con un sigilo que hizo honor al animal que ahora representaba. Alisha estaba allí; hincada a los pies de la cama, sus brazos extendidos sobre el colchón ocultaban su rostro. Y cuando Kiran le escuchó sollozar amargamente, pudo sentir el filo de mil espadas clavársele en la espalda. ¿Era tanto su amor por la serpiente? ¿tanto le echaba de menos?

Esta vez el filo de la daga la sintió en el corazón.

¿Chidiya? — murmuró y se puso a su altura, justo detrás de ella Ya para, pajarito. Krishna no estará feliz de verte así — colocó una mano sobre el hombro de la princesa y esta se estremeció — Yo no estoy feliz de verte así.

No hubo respuesta, porque Alisha optó reemplazar los fríos lienzos de seda por los brazos fuertes y protectores de Kaala Baagh. Se aferró a ellos como si la misma vida dependiera de ello, y sus lamentos se acrecentaron cuando el cuerpo del tigre la ciñó contra él, contrito: — No puedo más, Kiran — su voz era un plañido débil, y su cuerpo frágil y menudo tiritaba sin cesar — ¿Por qué lo dioses son así? ¿por qué no pueden simplemente arrancarme el corazón? Todo sería más sencillo de esa manera… así no sentiría absolutamente nada, así podría ser de verdad la princesa de cristal que mi padre tanto añora.

— Pero entonces yo perdería a mi Chidiya — rebatió Kiran, acariciando el largo cabello suelto de la catarina — El pueblo a su salvadora y… — inhaló con dificultad, adosándose de valor para continuar —… y la serpiente a su princesa.

Alisha se separó de él de improvisto. Sus ojos; dos orbes café oscuro anegados y vidriosos hicieron el interrogatorio que su boca no se atrevió a pronunciar. Kiran no necesitaba palabras para entenderla, por algo ella era su alma gemela: "¿Entonces tú lo aceptas?" era la pregunta que gritaban sus pupilas.

El tigre no contestó, al menos no de inmediato. Tomó el rostro de su princesa, le besó la frente y luego recargó la suya sobre la de ella, cerrando los ojos por leve instante, rogándole a los dioses que le brindaran la fuerza necesaria, si es que el destino dicataminaba que era tiempo de renunciar a ella: — ¿Qué clase de gato negro sería yo si hago algo para lastimar a MI catarina? — musitó al fin, rozando las mejillas húmedas de Alisha con con los dedos — Ya te fallé una vez. No volveré hacerlo, te lo juro…

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"Te lo juro"

Las palabras resonaban en su cabeza en un susurro tenaz que no le dejaba tranquilo desde la noche en que soñó por quinta vez con Kiran, el portador de su vida pasada. De hecho, si era del todo sincero, Adrien apenas y podía dormir desde que aquellas regresiones comenzaron a asaltarle. Habían sido contadas las memorias a las que tuvo acceso, pero suficientes para comprender y conocer los sentimientos e intenciones de su yo del pasado.

Kiran era igual a él, porque la pena que alguna vez le asaltó no le era indiferente. Podía sentir el mismo dolor que alguna vez experimentó el tigre el día en que comprobó que su catarina amaba a alguien más.

El gato negro, sentado en la cima del Montparnasse, bufó de mala gana, como si con esa acción pudiera deshacerse del desazón que desde hacía unos días le dominaba la razón. Luka Couffaine era su amigo... su hermano. ¿Podría pasar el resto de su vida odiándole por conquistar una cima a la que él nunca pudo llegar? No, claro que no…

Pero la soledad le escocía el alma, y sus pensamientos aún cargaban el nombre de Marinette. Un año no había sido suficiente para olvidarla, ¿cuántos lo serían, entonces? Y cómo afrontar un escenario en donde se suponía que su rol era el de ganar… Cuántas catarinas y cuántos gatos había terminado juntos a lo largo de la historia, ¿por qué tenía que ser Adrien Agreste y Marinette Dupain-Cheng la nueva excepción a la regla? Vaya suerte la suya...

Un petit chat sur un toit, se languit sans sa Lady — tarareó sin ganas la canción de Chat Blanc. Aún la recordaba, y se preguntaba qué tan poderosa era su pena como para evocarla después de tantos años.

Y como en aquel instante, su cántico sirvió como un llamado, pues Ladybug aterrizó a su lado cuando el sol comenzaba a descender sobre el Río Sena. Ninguno de los portadores pronunció palabra, y es que nada se había dicho del tema desde el última batalla. Qué mejor momento que un atardecer sobre el cielo parisino y la cima de uno de los edificios más altos de París para poner las cartas sobre la mesa.

—Kiran le juró a Alisha ayudarla — soltó el gato negro, rompiendo el mutismo. Ladybug miró a su compañero, alicaída — Y al final no cumplió su promesa. La dejó morir en manos del hombre del que tanto deseaba protegerla.

— Gatito…

— Me la he pasado culpando a Luka por despertar al Rey Mariposa y ponerte en riego en primera instancia pero, ¿y si al final de todo esto, el que termina fallando soy yo? — dijo, y mientras lo hizo apretó los puños.

— Jamás me has fallado, Adrien.

— Eso no es del todo cierto. Una vez lo hice, y gracias a eso ya no estás conmigo.

Ladybug no respondió. Sabía perfectamente a lo que el gato se refería: la noche trágica en que ambos héroes casi pierden la vida, el momento en que Marinette entendió que el amor que ambos se profesaban, más que ayudar a crear un mundo mejor, contribuiría en destruirlo: — Era una situación desesperada, cualquiera hubiera pensado en hacer lo mismo.

—… Tomé tus aretes — interrumpió con el semblante críptico. Sus ojos, verdes como el olivo, fijaban la vista hacia el sol, rememorando la escena en su cabeza. Aún podía recordarla como si ésta hubiese sido ayer — Te estabas desangrando y yo moría de terror. Sabía que si combinaba mi miraculous con el tuyo, podría desear lo que sea; y yo estuve a punto de desear que te quedaras conmigo, a costa de lo que fuera. No estaba midiendo las consecuencias de mis actos, y decidí mandar el mundo al diablo con tal de mantenerte a salvo, cuando yo mismo pude haberme ofrecido a cambio. Ese fue mi gran error — Adrien miró hacia arriba y cerró los ojos, dibujando una sonrisa melancólica — No soy tan distinto a mi padre, ¿eh?

— No eres como él, porque en el momento en que yo te pedí detenerte, lo hiciste — argumentó Ladybug, tomando la mano de su compañero — Gabriel jamás tomó en cuenta la voluntad de Emily, tú sí.

— Aún así, no hice el deseo correcto — los dedos del rubio se entrelazaron con los de ella. Cuánto echaba de menos esa unión — Nadie podría ser mejor Ladybug que tú, Marinette. Decidiste poner el bien común por sobre nosotros, el destino… por sobre ti, incluso. Si hay una fuerza que nos rige como portadores, debería darse cuenta de eso y dejarte ser feliz de una vez por todas.

La sorpresa matizó el rostro de la catarina: — Significa que…

— Luka es como mi hermano. No puedo odiarlo por siempre. Y tú… — Char Noir titubeó al acariciar la mejilla sonrojada de Ladybug, su piel era tersa. Podía sentirlo aún sobre la tela del traje y las garras de gato — Tú eres mi compañera, mi mejor amiga, mi otra mitad. ¿Qué clase de Chat Noir sería yo si hago algo que pueda lastimar a mi Buginette? —parafraseó la frase del mismo Kiran, preguntándose si el tigre estaría satisfecho con sus actos, dónde sea que estuviera.

¿Contento, príncipe de pacotilla? Ahora observa bien, porque yo no pienso meter la pata igual que tú. Pensó él, abrazando la cintura de su lady, quien se había colgado de su cuello llena de alegría al escuchar semejante declaración.

— No tienes ni idea de cuánto significa para mí que tú lo aceptes — escuchó la dulce voz de Ladybug al oído. Ella estaba feliz, y eso es lo único que cuenta. Lo único…

— Creo que puedo imaginarlo… — contestó el gato, abrazando a su catarina y disfrutando de aquel efímero instante tantos segundos como pudiera.

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Supo que algo andaba mal desde el instante en que puso un pie en el edificio. Llámenlo intuición, sexto sentido o simple aprehensión. Porque cuando Luka giró la llave de la cerradura y encendió las luces de su departamento, verle allí fue como azote. Estuvo seguro incluso que, lo más parecido a un rayo cruzó el firmamento, alumbrando la habitación por un instante fugaz y perecedero.

Allí estaba el Rey Mariposa, sentado en la sala de su casa, como un invitado a la espera de ser atendido. Su "anfitrión" le miró con odio desmedido, y hubiese cruzado la estancia para descargar la inquina que se le hacinaba en el pecho con la fuerza de sus puños, de no haber sido por la momentánea parálisis que le asaltó el cuerpo.

Luka gruñó con furia ante la mirada petulante y triunfal del Marajá. y supo que no era el único que podía claudicarse desprecio cuando Sass salió del bolsillo hecho una furia y voló directo al enemigo con claras intenciones de ataque. El guitarrista volvió a rugir cuando su kwami fue inmovilizado en el proceso: — Vaya nido de serpientes — musitó el espectro con vanidad, como lo haría si aún tuviese un reino bajo su mando y Luka no fuese otra cosa que un simple lacayo. No, más que eso… para Narendra, el joven era una víbora sucia y repulsiva que urgía por exterminar.

— ¿Qué demonios haces aquí? — rugió el guitarrista, sintiendo sus músculos escocer a causa del esfuerzo. Nada, estaba totalmente inmovilizado.

— Guarda tu fuerza, serpiente. Hoy no vengo a pelear — contestó el hombre con simpleza, regresando a su asiento en el sillón con placidez descarada — Lo creas o no, estoy aquí a dialogar.

— No me digas — la ironía fue ácida en sus palabras — ¿Dónde estaban tus deseos de dialogar hace tres días?

Narendra se puso de pie y el cuerpo de Luka voló por la estancia, azotando violentamente contra una de las paredes. Discos, libros y figuras golpearon la duela de madera. Los músculos del guitarrista se contrageron de dolor, mas no profirió sonido alguno. Primero muerto antes de brindarle a aquel rey la satisfacción de verle endeble ante su poder.

El Marajá avanzó hacia él a paso moroso, y Sass voló a al lado, presa de su hechizo. La mirada del kwami era un vivo reflejo de su propia rabia, pero Narendra jamás reparó en el sirviente. Estaba más ocupado capturando las llamaradas color cobalto pigmentadas de odio a del portador. Aquella almenara que ardía en las orbes de este nuevo joven era congénere a la del sucio plebeyo.

Narendra se detuvo en seco cuando la memoria atacó su mente: Yamir siendo presentado ante él, en la misma tarima de madera donde apenas hacía unos minutos había perecido su propia hija. La sangre de Alisha aún teñía de borgoña el leño maltrecho. Yamir la observó correr como quien mira su propia vida pasar frente a sus ojos… Luego, la serpiente alzaría la vista hasta encontrarse con los ojos del monarca. No, el Marajá jamás admitiría sentir las venas helar. Porque aquella mirada era más que la declaración de una guerra eterna. Más que dos llamaradas, listas para consumir todo a su paso… Era una mirada que profesaba consigo una venganza milenaria; una de la que no podría escapar.

— Te pareces tanto a él… — dijo, atrapado en su propio deja vu — Igual de altivo e insolente. Una mosca que se cree con el derecho de reclamar a una flor. Ese fue tu error, ¿sabes? Aspirar las cosas que no te corresponden.

— ¿Y por qué me interesaría escuchar reclamos de un pasado que no es mío? — aventuró a decir Luka con una sonrisa indómita y burlona, a pesar de hallarse en clara desventaja.

— No me estaba refiriendo al pasado, muchacho. ¿O es que acaso creíste que estos tres días los pasé meditando solamente? — La sonrisa de Luka desapareció en el momento en que la de Narendra hizo acto de presencia. Y el pavor le medró por un instante la cólera cuando el rey recogió del suelo una vieja fotografía de él y Marinette en el apogeo de su adolescencia. — Con que su nombre en esta vida es Marinette. Cuéntame algo, ¿se sintió bien salirte con la tuya cuando ella y tu mejor amigo terminaron su relación?

Un nudo en la garganta. Porque de todas las situaciones probables, Luka no esperaba un ataque tan certero. ¿Cómo conocía él esa parte de la historia? ¿Y cómo…?

— "No lo digo por egoísta, sólo sé feliz…" — habló nuevamente. Luka reconoció sus propias palabras, escupidas de la boca del villano — Fue un buen truco. Lo admito. Una mentira maestra que ella se tragó entera. Pero a mí no me engañas. Estabas ansioso por reclamar tu turno.

NO…

— ¡¿Cómo demonios…?!

—Ustedes los reptiles saben cómo ser pacientes. Sabías que lo que ella necesitaba era tiempo para asimilar las cosas y para enamorarse de ti. Esas salidas improvisadas no eran para animarla, eran porque morías por verla. Las veces en que le sostuviste la mano, que la abrazaste con fuerza… nunca fue por apoyo moral. Te encantaba sentir su cuerpo contra el tuyo. Dime la verdad, ¿cuántas veces no desearte pedirle que se quedara contigo las noches que veían películas en tu departamento?

— ¡Cállate! — ladró Luka con vesania.

"Jamás lo hice con una doble intención, jamás lo hice para aprovecharme de ella" Se repitió mentalmente en una labor de autoconvencimiento que fracasó en el instante en que Narendra le sonrió, triunfal.

Luka era bueno peleando, aún cuando su contrincante era más fuerte o más ágil, él siempre se las arreglaba para nivelar el combate. Porque podía recibir golpe tras golpe, podía caer al suelo incontables veces, porque al final él siempre se levantaría después de cada declive. Podian mancillarle el cuerpo, romperle las costillas. Podía incluso recibir mil y un cataclismos más de aquel espectro… Pero librar una pugna con el corazón expuesto, con su dura coraza pulverizada y con sus sentimientos expuestos y a flor de piel… Eso no.

Lo estaban acabando con un solo golpe.

—La verdad duele…

— ¡Esa no es mi verdad! — reclamó, ya no como un hombre peligroso, sino como un niño encolerizado. Así era como se sentía: otra vez el infante de 7 años enfrentándose por primera vez a un padre alcohólico — Aún si ella no me hubiera amado de vuelta. Aún si encontraba a alguien más en el camino. Yo estaría allí para servirle, porque mi deber es...

—¿Protegerla? — completó la frase el Marajá después de soltar una portentosa carcajada — ¿Y dónde estabas tú cuando Ladybug se enfrentó sola a Chat Blanc?, ¿dónde estabas cuando casi se ahoga en el Río Sena, peleando contra un akuma?, ¿dónde estabas cuando se rompió el brazo mientras salvaba a un hombre a punto de suicidarse?... ¿Dónde estabas cuando casi muere, la noche que decidió abandonar a Adrien Agreste?

Silencio. Luka no pudo contestar. Porque cada interrogación fue un puñal sobre su cuerpo. Al punto de poner su propia psique en su contra: ¡¿Dónde estabas, imbécil?! coreó entonces su voz interior.

—No, muchacho. El puesto que buscas ya está ocupado por la persona que sí estuvo en las situaciones antes descritas— musitó el hombre con simpleza — Déjame que te de una pequeña lección sobre los Miraculous y sus funciones: La catarina es quien se encarga de curar y repararlo todo, mientras que el gato negro le cuida la espalda, armado con el poder de la destrucción. ÉL es el único que ostenta su lugar como su guardián y protector. Los demás miraculous son comodines, meros paladines, y tu kwami no me dejará mentir. El trabajo de la serpiente no es proteger a la catarina… es ayudarla. Tan simple como eso.

Sass no profirió palabra. Porque él era bueno ocultado las cosas, pero no era capaz de mentir. Su omisión fue una lacerante y silente confirmación.

— Y ahora que hablamos de lecciones, ¿qué tal una de historia?

Basta…

— ¿Sabes cuál fue la verdadera razón por la que Alisha tuvo que enfrentarse a la pena de muerte?

¡No sigas!

— No fue por intentar huir con el plebeyo. Claro que no… en dado caso, lo hubiera matado sólo a él. Entonces Alisha se habría casado con Kiran; un príncipe que la amaba de verdad y que pudo haberla hecho feliz. Claro, hasta que tu vida pasada se puso en el camino — Narendra puso a Sass frente a Luka, exponiendo una sonrisa puramente sádica. El nudo el la garganta de Luka dilató cuando Sass miró hacia abajo con aflicción — Apuesto a que ni tu kwami se ha atrevido a revelarlo. Has leído libros. Conoces nuestras tradiciones. Una doncella debe permanecer virgen antes del matrimonio… Si las cosas no son así, esto ya supone una deshonra terrible para la familia de una novia del vulgo. Imaginate la ignominia cuando la mujer es una princesa. Esa serpiente conocía perfectamente las consecuencias y el tamaño de mi ira, y aún así se atrevió a reclamarla…

Los retazos de aglomeraron en la memoria, como flechas estrellándose sobre una diana: Alisha portando una odalisca escarlata, bailando etérea para Yamir. Cada movimiento de su cadera repetía la misma pregunta: ¿Me deseas? Tócame, soy tuya. Y la respuesta de Yamir cuando la tomó en brazos, fundiéndose con ella, permitiendo que el líbido egoísta decidiera por él.

Luka sintió ganas de vomitar.

— Lasss cosssasss no fueron asssí — exclamó Sass angustiado— Luka, ¡no lo essscuchesss! Tú…

—¡Silencio! — ordenó él con la voz tajante, sin vida. Y su kwami obedeció, percibiendo por primera vez desde que le acompañaba, la cadena de sirviente que le unía a su portador.

Narendra se regocijó ante aquella acción.

— Las cosas nunca salen bien cuando las personas se adjudican papeles ajenos. Pasó con el plebeyo, y pasó exactamente lo mismo contigo…— Luka alzó la vista, receloso y confundido. Pero si él aún no… — Sé lo que piensas: "Aún no no he hecho nada malo". Muchacho, date cuenta de que por ti es que estoy aquí.

Y en ese preciso instante, el último trozo de aquel escudo inquebrantable escudo terminó por caer. La coraza ya agrietada que resguardaba sus inseguridades y dudas se desmoronó frente a sus ojos… Recordó la plática de Tikki y Sass, la primera noche que pasó con Marinette. Recordó su miserable y obstinada insistencia por indagar más sobre el turbante, sin percatarse que su propia curiosidad sería la que le abriría la puerta a la peor de las pesadillas. Se recordó a él mismo en el Louvre, contemplando la reliquia con ojo crítico y jurándose a sí mismo que jamás permitiría que ninguna sombra del pasado lastimara a su musa mientras él estuviese allí para cuidarla.

...Y en su afán de protegerla, él mismo había invocado al espíritu que podría ser capaz de arrebatarsela.

¡Era un imbécil! Igual que Yamir…

— Veo que ya sabes a lo que me refiero — musitó Narendra, triunfal — Por eso es que he venido darte de una oportunidad de corregir tus errores del presente y del pasado: Hazte a un lado, aléjate de la catarina y yo te daré mi palabra de que Marinette no tendrá el mismo destino que Alisha, ¿qué te parece?

—¿Y tú piensas que voy a caer tan fácil en esa trampa? — escupió Luka, con voz apóstata. Si aún le quedaba un trozo de orgullo en su sistema, lo usaría hasta el final.

—No, muchacho, solo creo que podríamos ahorrarnos una muerte o dos. La sangre de la catarina no tiene porque correr tambié en esta vida, sólo por tu necedad de envolverla en tu ponzoña.

— Como si fuera a dejarte el camino libre tan fácil.

— ¿Camino libre? — una risa trémula escapó de los labios del rey — Tu miraculous está dañado. Si lo usas, te arriesgas a dañar tu cuerpo permanentemente. Tu trabajo como paladín está desecho. Ladybug puede llamar a alguien más… Deja de insistir en ocupar un lugar que no te corresponde.

— Yo no…

—Es claro… — cortó Narendra —...que los reptiles no aprenden con palabras. Te haré entender con acciones, entonces.

Luka habría imaginado una paliza. Por eso, en el momento en que el rey se alejó de él, respiró profundo, aguardando el primer golpe. Daba igual… no era la primer apaleamiento que recibía. El chico rebelde y callejero que se obligó a ser en su adolescencia le ganaba experiencia en el tema. Pero cuando, lejos de sentir el dolor de cualquier impacto en el cuerpo, se paralizó cuando una nube de humo color gris oscuro emergió de las manos del rey mariposa. Su textura era porosa, luego una imagen comenzó a difuminarse por toda su extensión, como una fotografía a medio rebelar.

Era Ladybug, en la cima de la Torre Montparnasse, Chat Noir la ceñía con los brazos y sonreía plácidamente, con los ojos cerrados. El cuadro le pinchó el corazón a Luka.

—Qué bien se ven las situaciones cuando son las correctas, ¿no crees? — apuntó el hombre — Lo que ves ahora es a través de los ojos de un akuma. Puedo ordenarle matarla en este preciso instante, o puedo dejarla vivir feliz con la persona a la que realmente pertenece. Tú eliges… ¿sales de su vida, o la condenas a morir?

No respondió. O al menos no lo hizo de inmediato, porque sus ojos de concentraron en admirar la imagen de Ladybug, difusa y deslucida en el humo que flotaba frente a él. A pesar de la poca claridad, seguía mirándose igual de hermosa. Marinette nunca quiso creerle, pero para él, no había belleza más radiante, sencilla y cálida como la de aquella joven, portadora de la suerte. Tan preciosa como un Jazmín… Uno que no pertenecía a su jardín, y que no iba a arrancar a la fuerza para plantarlo en otro sitio arriesgándose así a que la flor muriera de poco en poco.

Quizá Narendra tenía razón. Quizá el deber de Viperion no era proteger a Ladybug. Pero sí que era la responsabilidad de Luka Couffaine cuidar de Marinette… Aún cuando esto le supusiera su propia felicidad.

Je suis dessolé, petite… Pensó para sí mismo, antes de alzar el rostro con suficiencia, aferrándose así a la poca audacia que le arraigaba: — Está bien, me alejaré.

El juramento fue como un interruptor, pues en el momento en que Luka las pronunció, el rey desapareció de su vista, no sin antes sonreírle con malicia, con un "Te estaré vigilando" dicho entre líneas.

El joven guitarrista cayó al suelo, liberado. Mas no se incorporó; miró sus manos, adheridas al suelo de madera y así permaneció por unos cuantos segundos. Sass voló hacia él, incapaz de pronunciar una palabra, sujeto a la orden previa de su portador.

— Jamás te lo dije… — murmuró Luka por lo bajo y sin despegar la mirada del suelo — Pero fuiste la voz que supo doblegar a muchos de mis demonios… Gracias por eso.

Sass abrió los ojos como platos, pero poco y nada pudo hacer antes de que Luka alzara la mirada y le dedicara una última sonrisa de despedida: — Sass, renuncio a ti…

Silencio. Solo quedaba él, y una pulsera dañada que despojó de su muñeca y dejó sobre la mesa. Con la vista sombría y el cuerpo moviéndose por mero mecanismo, tomó el teléfono y buscó el contacto de Jagged Stone.

"Ya lo pensé… y acepto la firma con EMI. Partiré a Liverpool hoy en la noche"

CONTINUARÁ

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¡Les debo una disculpa enorme por la tardanza! La verdad es que pasó una que otra cosa que me impidió concentrarme en escribir esta historia. Pero ya ando un poco mejor y con ánimos de continuar. ¡Espero no me odien por este capítulo! Prometo responder los reviews muy pronto.

¡Saludos!