(Recomendación musical:

Affection Touching Across Time - Inuyasha Movie OST | Cover by Raon Lee)

En la mente de Tikki hay una pregunta inconclusa que ha atormentado sus pensamientos durante los últimos siglos: "¿Y si…?".

La simple cuestión, compuesta por una y mil ideas que la kwami iba anexando con el tiempo, se convertía en una tortura paulatina y silente; una contra la que tanto Plagg como el mismo Sass, luchaban permanentemente, sólo con el obetivo ayudarla a dejar ir.

No tenía caso. Era inútil. "¿Y si…?" siempre estaría allí. Día con día. Por toda la eternidad.

"¿Y si hubiese podido negarme a abandonarla...?" pensó el día en que perdió a la princesa.

"¿Y si la hubiese ayudado a volverse aún más fuerte…?" reflexionó cuando su nueva protegida llegó.

"¿Y si le hubiera advertido de los peligros que su amor conllevaba…?" meditó cuando esa misma protegida contrajo matromonio con el gato negro. Ella sonreía, como pudo haberlo hecho Alisha si el destino se lo hubiese permitido.

"¿Y si repito los mismos errores una y otra vez...?" La cruel pregunta regresó cuando Luka Couffaine apareció.

"¿Y si esta vez logró salvarla…?" Fue un consuelo barato que consiguió evocar estas últimas noches.

"¿Y si no soy la kwami más fuerte después de todo...?" lamentó con el alma hecha pedazos mientras flotaba hacia un paradero desconocido, lejos de Marinette.

Pequeñas lágrimas caían y se perdían con el viento de París. Comenzaba a atardecer y Tikki no pudo reprimir el resquemor de ver al sol guarecerse en el horizonte. Para ella el ocaso era el epílogo de esta nueva historia, porque después de todo, Alisha dio su último suspiro justo en el instante en que el sol desapareció en las tierras de Agra.

¡Haz algo! ¡Libérate! ¡Tienes que volver! ¡Tienes que advertirles a Plagg y a Sass! - constantemente le replicaba su voz interior, pero su albedrío- subyugado ante un mandato absoluto - la atraía como un imán a cumplir su misión.

"Protege los aretes a toda costa. Ve por los demás miraculous. Entregaselos a Su-Han y olvídate de todos los demás".

— No quiero hacerlo. No quiero — gimoteó y pataleó en el aire. Su vuelo comenzó a volverse errático: eran sus deseos batiéndose a muerte contra su deber. No iba a rendirse sin pelear. Era lo que Luka quería, ¿no es así? Era lo que Alisha había hecho y era lo que Marinette estaba a punto de hacer… sola, sin su kwami para apoyarla. ¿Acaso sería lo suficientemente débil como para permitirlo? — No quiero. No quiero. No quiero. ¡No quiero!

"No lo hagas, Tikki… Soy yo quien te lo pide".

La catarina detuvo su andar súbitamente. Pues aquella voz, melodiosa y risueña, era un sonido que no creyó volver a escuchar jamás. Viró hacia la derecha. Nada. A la izquierda no hubo ninguna diferencia. ¿Sería posible…? — ¿Princesa?

"No te detengas. Corre por ayuda, yo te compraré tiempo." Alpercibir el cantar de sus palabras en la mente, el yugo de su encomienda se fragmentó igual que un pedazo de cristal fino, abriéndole paso a la calidez en el alma, si es que acaso los kwamis tenían una. Alisha jamás se fue, Tikki nunca la perdió… ella estaba allí, acompañándola; de un modo u otro.

No hubo lugar para más duda. Pues al percibir la presencia de Plagg a unos cuantos kilómetros de ella y con el peso de la orden fuera de sus hombros, voló con toda la velocidad que le dio su magia. Era momento de corregir el pasado.

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Segunda Oportunidad

Capítulo 9

Dedicado a July Hope, porque por ella esta historia sigue en pie.

¡El final está cerca! ᕙ(`▿´)ᕗ

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Cuando dobló la esquina y contempló la estación de Gare du Nord colmada de caos, supo que su pequeño desliz se había transformado en el peor error que jamás cometería en vida.

Adrien Agreste, aterrado por lo que pudiese llegar a indagar, se abrió paso entre las multitudes que corrían despavoridas y se alejaban de las enormes puertas de la estación que ahora emanaban humo y devastación.

Todo ocurrió muy rápido: después de incitar a Marinette a buscar a Luka, optó por tomar un solitario paseo por las calles de París y degustar la melancolía de su decisión como todo un masoquista.

No es que se arrepintiera del camino tomado; tampoco es que se considerara a sí mismo como un luchador que tira la toalla a la primera oportunidad… porque sí, Adrien Agreste dio todo de sí por conquistar el corazón de su Lady desde sus tempranos 14 años de edad. La diferencia es que Luka Couffaine cargaba con la misma pelea desde hace siglos.

¿Qué posibilidades tiene un amor inocente del tiempo presente contra uno que fue capaz de desafiar las barreras del tiempo?

La idea lo golpeó de una y mil formas. Ser el ente derrotado no es nada sencillo y si en este episodio de la historia le tocaba a él perder, ni modo… ¿qué más se le iba a hacer?

A punto estuvo de entrar al parque de la Square Aristide-Cavaillé-Coll, cuando una notificación llegó a su celular.

Noticia de último minuto: Ataque de un akuma a la Gare du Nord.

Con cada palabra leída, las olas de pánico iban azotando contra su cordura. "Yo no pienso meter la pata igual que tú", la frase que tan orgullosamente le dedicó a Kiran se reprodujo una y otra vez en su mente al ritmo en que sus pies iniciaban una carrera desesperada hacia la estación.

¡Jodido idiota! ¿Por qué demonios la dejó ir sola?

"Sabes la respuesta" la voz de su conciencia le respondió "Con todo y tus ridículos actos de benevolencia hacia Luka, aún te duele verlo con Marinette. Sólo quisiste ahorrarte el teatrito… Al menos Kiran fue más valiente en ese sentido"

La historia volvió a repetirse, el gato negro falló de nuevo…

—¡Marinette! — gritó Adrien con desesperación cuando logró escabullirse dentro de la estación — ¡Marinette! ¿¡dónde estás?!— se desgarró la garganta al contemplar las llamas bailar sobre uno de los andenes de la estación.

Antes de poder correr al lugar, una fuerza descomunal lo jaló del brazo hacia atrás. Plagg salió de su bolsillo al tiempo en que las manos de Luka le tomaron de la camisa del cuello. Sus ojos ardían con la misma intensidad del fuego que consumía los bordes del andén.

—¿¡Dónde está?! —bramó la serpiente.

Luka sabía la respuesta. Adrien estaba seguro de eso… No lo juzgaba si quería encontrar en él a un culpable.

—Le dije que fuera a buscarte y...— las palabras se le estancaron en la garganta cuando el puño de Luka se estrelló contra su quijada.

Degustó el sabor metálico de su propia sangre cuando logró incorporarse. Periféricamente apreció los esfuerzos de Sass por contener la ira de Plagg. Su kwami siempre odió que le lastimaran, sin importar el responsable o la razón. Gabriel Agreste bien podría dar fe de ello: pagar con una longeva sentencia en una cárcel de alta seguridad era un castigo mil veces más piadoso que enfrentarse a la ira del kwami de la destrucción.

Adrien se incorporó, dispuesto a pelear antes de recibir un segundo golpe. Cerró los puños, decidido a descargar en cada impacto un poco de su propio dolor. Hoy no habría un costal de arena entre ambos, ni las risas de un entrenamiento entre hermanos… Y para el rubio estaba bien. ¿Qué más tenía para perder de todas maneras?

Ambos habrían continuado con aquella despreciable pelea, de no haber sido por el minúsculo resplandor color borgoña que se interpuso entre ambos muchachos.

Tikki, con una expresión dura, extendió sus brazos pequeños ante la mirada incrédula de la serpiente y el gato: —¿¡Qué creen que están haciendo?! — demandó saber, furibunda —¡No se dan cuenta de que esto es justamente lo que el Marajá está buscando!: si pelean entre ustedes jamás serán capaces de cambiar su historia.

La voz de Tikki reflejaba con excelencia la misma esencia que su portadora. Tanto Luka como Adrien coincidieron en ese mismo pensamiento al bajar la guardia y abandonar hasta el más ínfimo deseo de riña.

—¿Dónde está Marinette?— cuestionó Luka con la desesperación emanando de cada poro— Ella está…— No terminó la frase.

Había preguntas que eran demasiado aterradoras, tanto como para que el mismo Luka Couffaine pudiese atreverse a formularlas.

Un suave toque a sus mejillas por parte de la diminuta catarina fue suficiente para mitigar el miedo que le guarecía en el corazón: —Está con vida, pero tenemos que apresurarnos— respondió Tikki, y esta vez se dirigió tanto a Adrien como a Plagg y Sass— No voy a mentirles, lo que viene no será sencillo… De todas las generaciones que han pasado a lo largo de la historia, el Rey Mariposa fue por mucho el ser más poderoso al que los portadores se han podido enfrentar… Laal Bag apenas y pudo detenerlo en su tiempo. No puedo prometerles una victoria limpia, pero sí puedo asegurarles que esta vez cerraremos su círculo de maldad.

Tanto Adrien como Luka comprendieron el mensaje oculto entre aquellas palabras de aliento: "No puedo prometer una victoria limpia" se traducía "No puedo asegurar que todos salgan con vida".

El joven serpiente fijó nuevamente la vista en la aparatosa grieta que se abría sobre la esclava que le rodeaba la muñeca.

—Esssperaba que no tuvierasss que usssarla... — la voz de Sass despedía desazón; era un matiz que jamás le había escuchado — Sssabesss que no puedo asssegurar que tu cuerpo pueda sssoportarlo.

Luka negó con la cabeza: —Resistirá… Yo me aseguraré de ello— vociferó ecuánime. De cualquier manera, todo mundo sabe que una serpiente no le teme a la muerte…

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La sensación de ahogo le invadió los pulmones. Lo peor es que ni siquiera pudo darse aunque fuesen dos fugaces segundos para recuperar el aliento, pues un nuevo golpe la hizo volar violentamente por los aires. ¿En dónde había recibido el impacto esta vez? Indagar en este punto de la "pelea" ya era algo inútil, pues todo músculo dentro de ella laceraba agudamente.

La espalda colisionó contra el muro de piedra de aquel sótano y sus pulmones le ardieron, demandando aunque fuese un mínimo suspiro. Pésima idea, en cuanto el aire entró de forma desesperada en su sistema, el pecho se contrajo, provocando así una tos infernal. Cuando Marinette contempló el líquido rojo expeler de sus labios e irrigar en la tela rosa pastel de su blusa, supo que sería su fin.

—Patético.

Sentada allí, con sus últimos vestigios de fuerza escapándosele de las manos, alzó el mentón y vislumbró la figura borrosa de Narendra avanzar hacia ella. El hombre llevaba consigo dos espadas Talwar en cada mano. Ninguna había sido blandida contra ella… no había necesidad. Sin Tikki ni su transformación, Marinette sólo era una chica con la fuerza de un humano común y corriente. De nada le servían las artes marciales. No cuando tu oponente carga consigo el ímpetu de un ser sobrenatural.

—Querida niña, ¿no pensaste por un segundo al menos en las consecuencias de tus decisiones? — Narendra arrastró las palabras al hablar. Comenzaba a costarle contener su ira. — ¿Era tan difícil esperar a que tu compañero viniera por ti? No tenía la más mínima intención de seguir castigándote… tú y el gato pudieron haberme entregado los miraculous por las buenas y tener un final feliz. En mi benevolencia, yo lo habría permitido. ¡Pero no! Tomaste exactamente el mismo camino que mi hija. ¡Qué maldita necedad de desafiar al destino!

Entre la tos y los espasmos, una ligera risa se coló. Aún con los músculos desgarrados y el cuerpo demandando clemencia, le sonrió desafiante al Marajá: — Ya deja en paz esa excusa ridícula del destino. No hay ninguna fuerza ancestral respaldándote, sólo eres un viejo caprichoso — volvió a toser y limpió la sangre de sus labios con el dorso de la mano — Escondías tu debilidad detrás del látigo, pero la verdad es que siempre le temiste a tu propia hija, porque desde el momento en que la viste blandir una espada, supiste que ella acabaría contigo a penas le dieras la oportunidad. Y así lo hizo, ¿no es verdad?

Narendra irradió ira desde los ojos. Y Marinette cerró y apretó los propios cuando vio una de sus armas alzarse frente a ella. Hubo un sonido sordo y el acero cayó a su lado, haciendo eco en el lugar: —Tómala y enfréntame, Marinette Dupain-Cheng. Veamos si eres digna de ser la reencarnación de Laal Bag.

Mordió sus labios con fuerza. La espada para una guerrera como Alisha era una extremidad más del cuerpo, la cual manipulaba con la misma gracia con la que una mariposa danza por los aires. Jamás podría reclamar el derecho de suplantarla; blandir la Talwar contra Narendra sólo atrasaría lo que ya era inevitable, y aún así; la chica apretó los dientes, retuvo la respiración y tomó la espada del mango para arremeter contra el enemigo.

No es que no supiera usarla, algo debió aprender en sus continuos entrenamientos. Pero su noviciado y falta de técnica destellaban cuando, al chocar el acero contra el del rey; este se mantenía impasible… Sus ataques eran ligeros, mientras que los de ella denotaban un esfuerzo atosigante.

— ¿Qué clase de catarina eres tú? — se burló el hombre al bloquear uno a uno los ataques — Esto es lo que sucede cuando personas débiles como tú se hacen portadoras… Con esa fuerza, ¿creíste que podrías proteger a la gente?

Dichas estas palabras, se dispuso a hacer uso de su propia habilidad. En un movimiento veloz; el hombre pateó las rodillas de Marinette, empujó su espada contra la de ella, lanzándola así a varios metros de él: — No te preocupes, pequeña e insignificante catarina, tu sufrimiento termina aquí — declaró al alzar el filo de su espada y aproximarse hacia ella.

—Perdón…— murmuró ella en silencio. Al compás, dos pequeñas lágrimas peregrinaron sus mejillas. — Perdón por no haberlo conseguido. Perdón por ser tan débil… Él tiene razón, no soy tan fuerte como tú, Alisha. Sólo te pido, si es que tienes algún poder: protege a Luka a Adrien… por favor.

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(Recomendación musical:

Kamado Tanjiro no uta - Akano)

Cierro mis ojos y recuerdo esa voz pasajera

No puedo volver, no puedo volver a casa

Ahora la profunda oscuridad se extiende

Un suave sonido que te hace llorar...

Y repentinamente todo cambió a su alrededor. La profunda oscuridad de aquel calabozo fue mermada por un resplandor cálido y cegador. ¿Habría muerto ya? NO había otra forma de explicar la sensación de paz que ahora le acariciaba el alma.

Alzó la vista y el palpitar de su corazón retumbó cual tambor, pues allí… justo frente a sus ojos estaba Alisha Narendra, consagrándola con una dulce sonrisa de bienvenida.

—Hola, Marinette— su voz era dulce y dócil. Tal como la recordaba en sus visiones.

Tragó seco y tomó su pecho con ansiedad en busca de aquella herida mortal manufacturada por el filo del Talwar. Nada… su piel estaba intacta: —Yo, ¿morí?

—No, cariño. Todavía no...— la princesa se arrodilló hasta quedar a su altura. Con cuidado, le acarició la mejilla herida y sangrante. Su toque inyectó en Marinette una especie de morfina que la desprendió de la agonía por la que su cuerpo estaba pasando— Eres una joven muy valiente, ni siquiera yo me atreví a enfrentarme a mi padre de esa manera.

—Eso no es cierto— sollozó la catarina del presente— Yo fallé… No soy tan fuerte como tú… No pude detenerlo… dejé que su maldición despertara de nuevo y ahora…

Su llanto fue silenciado por un repentino abrazo. Alisha la ciñó como lo haría con una hermana pequeña; como si Marinette volviera a ser esa pequeña niña torpe que tropieza por la calle y termina raspándose la rodilla. Alisha sin duda estuvo allí para abrazarla… aunque no pudiera percibirla. Alisha siempre se mantuvo a su lado en cada batalla y en cada triunfo; en sus dichas y los instantes en que más sola se sentía. ¿Cómo es que apenas pudo notarlo?

Pequeñas y cristalinas gotas de sal le anegaron el azul de sus ojos.

—Marinette, si el karma decidiera juzgar sólo nuestros tropiezos, no habría equilibrio en este mundo —recitó Alisha—Te he visto crecer y reinventarte en cada etapa de tu vida. Eres más fuerte de lo que crees.

—No como tú… no puedo hacerle frente como tú lo harías— debatió al separarse de aquel abrazo— No soy una guerrera. Seguro viste lo que acaba de pasar.

Una sonrisa sincera se dibujó en los labios de Alisha, de esas que guardaba sólo para quienes la conocían de verdad; para aquellos que vieron más allá de la princesa de cristal.

—Eres Ladybug; una de las portadoras de la creación más poderosas que han existido… conozco a unas cuantas vidas pasadas que opinan como yo—dicho esto, la morena se puso de pie, extendiendo su mano hacia su reencarnación.

Marinette la tomó sin reparos. Una descarga eléctrica viajó de sus dedos hasta la espina dorsal. Abrumada por el impacto de poder que ahora le cosquilleaba la piel, miró a la princesa.

—Tú y yo somos una misma...— le dijo.

Su cabeza se inclinó hacia ella. Marinette cerró los ojos cuando ella se inclinó también. Ambas portadoras se mantuvieron así, frente con frente; unidas por el inquebrantable lazo del destino: —Ve y pelea como yo lo habría hecho, Marinette. Mi fuerza es tu fuerza… mis recuerdos están a tu disposición. Ve y lucha por ese amor que yo no pude proteger.

No importa la frustración

No importa el dolor

Avanza, avanza… sigue adelante

Corta la desesperación

Abrió los ojos de súbito e interpuso el acero del Talwar entre ella y el arma del Marajá.

El rey miró con canguelo como aquellas orbes a punto de extinguir su luz ahora ardían en llamaradas de color zafiro; salvajes y mortíferas.

Él ya conocía esos ojos… Fue la mirada vehemente que la propia Laad Bag le dedicó la noche en que todo su poderío fue resquebrajado.

—Imposible...— farfulló cuando su oponente se puso de pie.

Un nuevo choque de espadas y esta vez fue el propio Marajá quien retrocedió, incapaz de bloquear los ataques de la chica: —¡¿Cómo demonios tú…?! — optó por no terminar la frase, pues lo que ahora contemplaba bien respondía su pregunta.

Quien se suponía era Marinette Dupain-Cheng, ahora sostenía la espada con decisión. Un aura color borgoña se desprendía de su ser. Marinette movió la espada y cortó aire con el filo del acero; el sonido fue como el aleteo de un halcón que por fin fue liberado de su jaula de oro.

El rostro de Narendra se descompuso en una mueca de terror: —¿Alisha?

Su respuesta fue otro ataque. Ni los recuerdos ni las visiones le hacían justicia a la guerrera milenaria. Para Marinette la espada con la que atacaba ahora era parte de ella. Los saltos y movimientos, tan veloces y gráciles, sólo podían ser el resultado de una triste vida de servicio, entrenamientos y castigos.

No importa si pierdo, no importa si fallo

Debo seguir con vida

Incluso si me han derrotado

Tengo alguien a quien proteger

—Esto es por Kiran— vociferó la catarina cuando optó por atacar con más que el filo de la espada. Al estar lo suficientemente cerca y con la flexibilidad totalmente recuperada, se aventuró a golpear el cuello del monarca con la fuerza de su talón: el hombre retrocedió ante el dolor: —¡Esto es por Yamir! — exclamó al abalanzarse contra él. El metal le cortó el costado. No hubo sangre, solo destellos de luz violeta.

El hombre gritó de dolor.

—¡BASTA! ¡SE ACABÓ EL JUEGO DE ESPADAS!— bramó iracundo el Marajá al alzar su arma. Las chispas de color negro, tan características del cataclismo que se había robado, coloraron la hoja de la espada.

Sería fatal para una simple humana enfrentarse al poder del Marajá, aún con la habilidades de su difunta hija. Por eso, el miedo volvió consumirl al monarca cuando el kwami de la catarina hizo su aparición. La pequeña criatura voló desesperada hacia su protegida y se fundió en ella.

El haz de luz escarlata fue cegador, tanto para Narendra como para los portadores que también habían llegado a su encuentro

—¿Marinette? — desde el último escalón que conducía a aquella mazmorra, Luka la contempló como nunca la había visto antes

Viperion y Chat Noir atestiguaron cómo la transformación de la catarina se consumaba. Con las telas de seda y la armadura teñida de borgoña, Marinette portó el traje que alguna vez le perteneció a Laal Bag.

El artefacto que alguna vez fue el yoyo tan característico de la heroína, se transformó en un látigo que fue manipulado con agilidad por la pelinegra; El grito de furia del Marajá hizo eco cuando fue despojado del arma en un solo movimiento, aún con el cataclismo activado.

—¡Zorra inmunda!— bramó, dispuesto a pelear con sus propios puños.

—Y esto es por Alisha...— musitó Marinette cuando acertó un nuevo golpe con el puño. Uno que hizo al monarca morder el suelo de una vez por todas.

Adrien y Luka miraron atónitos como la punta filosa de la Talwar de Ladybug apuntó al cuello del Marajá, a tan solo unos cuantos milímetros de su piel… Marinette le miró desafiante mientras el gobernante comenzó a temer por su inevitable final…

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CONTINUARÁ…