(Recomendación musical: My Name - 2nd moon | The Leyend of the blue sea OST)
Nasha Narendra era el nombre de la gloriosa reina de Agra.
Vanagloriada y amada, tanto por la nobleza como por el pueblo; su recuerdo trascendió la historia de la nación y la consagró con el nombre de "La reina amable". El título nunca le quedó grande, pues hasta su mismo nombre hablaba por ella: Nasha, que significa gentileza.
Alisha era apenas una niña pequeña cuando su querida madre partió del mundo terrenal, no sin antes dejarle dos preciosos regalos: el miraculous de la catarina y un bello jardín en medio de la selva. El claro estaba emperifollado de pequeños pilares de mármol y flores de jazmín; las favoritas de la reina.
Los rumores dicen que Nasha habría querido llamar a su única hija así: Jazmín... pero al final fue su propio padre quien la bautizó como Alisha: la protegida por Dios.
Las lenguas también cuentan la historia de un gobernante que no siempre fue un monstruo despiadado. Se dice que la humanidad de Narendra murió el mismo día que lo hizo su esposa; que antes era un soberano justo y gentil y que, al perder al amor de su vida, también perdió todo rastro de bondad en el alma.
La prueba fidedigna del acontecimiento estaba allí, justo frente a los ojos de la princesa primogenita, pues el jardín de jazmines que tanto adoraba su madre había desaparecido y en su lugar se erguía ahora el campo de entrenamiento que tantas veces la vio caer de rodillas, extenuada por las largas horas de entrenamiento… Su felicidad e infancia, como las flores del lugar, quedaron aplastadas por el concreto de un plan cruel y funesto.
Hoy Alisha se encontraba al centro de aquel lugar, sin más luz que el propio brillo de la luna llena. Allí, donde sus pies descalzos pisaban también fue el sitio en el que su espalda se encontró contra el látigo. Alisha cerró los párpados con fuerza, ¿cómo puede ser posible que ese hombre al que llamaba padre pudiese atreverse a manchar y profanar el lugar donde descansaba el recuerdo de su madre? ¿quién es lo suficientemente cruel como para fustigar a su propia hija en el sitio donde su madre solía jugar con ella?
"Si los dioses son justos, espero de corazón que el castigo que te espera sea menos doloroso que el que me hiciste pasar aquí" pensó ella cuando la figura del Marajá Narendra emergió desde la profundidad de la jungla.
—¿A qué me llamaste, querida hija? ¿acaso no estás ocupada con los planes de la boda? — ese tono conciliador no era más que una cruel burla, ella lo sabía.
La princesa tomó aire y miró a su kwami flotar a su lado. Un asentimiento por parte de Tikki fue suficiente para que el corazón se hinchara de valor: —Padre, no voy a casarme con Kiran— proclamó sin titubeos—Y tampoco voy a permitir que le hagas daño a Yamir. Tu reinado cruel termina hoy.
Una carcajada irrumpió el silencio de la jungla.
—¿No te has humillado ya lo suficiente? —se mofó él con un gesto de repulsión— Déjate de ridiculeces y vuelve al palacio. No quiero entregarle al tigre una novia azotada…
Admirar a su padre darle la espalda, como si ella no fuese otra cosa que una esclava insignificante y miserable, le encendió una llamarada incandescente en el pecho… Apretó los dientes con fuerza y recordó a las únicas personas que iluminaron un poco su mundo de tinieblas: Kiran y Yamir.
Ellos jamás la hicieron sentir menos; ellos vieron a la Alisha que se escondía tras esa coraza de joyas y telas de seda; ellos muy probablemente se hubieran lanzado iracundos contra su padre mucho antes de que este pudiese pronunciar el primer insulto en su contra.
Si es así, si ellos estaban tan dispuestos a pelear en su nombre, ¿por qué no podía hacerlo ella por sí misma?
Hay un proverbio que dice que es imposible amar a alguien si no eres capaz de amarte tú. Ese día Alisha descubrió que había cierta verdad y mentira en la sabiduría de esas palabras. Jamás supo cómo amarse de verdad, hasta el momento en que fue amada por otros… El tigre y la serpiente la salvaron de sí misma, ahora recaía en sus propias manos el salvarse de su padre.
—Tikki, parivartan*— cerró los ojos y permitió que Laal Bag se encargara del resto.
Ni en un millón de años, Narendra esperó que su hija se atreviera siquiera a apuntar la Talwar contra él… y tampoco se creyó capaz de perder una batalla en su contra, aún con el miraculous de la mariposa en su posesión.
Esa noche, Laal Bag exhibió las habilidades que él mismo le hizo aprender a base de castigos e inhumanos entrenamientos. ¿En qué momento el arma sanguinaria que él mismo forjó para su propio beneficio terminó por revelarse en su contra?
Pero aún así… aún con la espalda contra el piso de concreto y el filo de la espada apuntando a su cuello, el Marajá jamás se vio como un perdedor: —Mátame, Alisha— sonrió con malicia a su hija, cuya empuñadura comenzaba a temblar ante la indecisión— Me quitaste mi miraculous, ahora quítame la vida… ¿o es que eres tan blanda y estúpida? Mátame o te juro que iré tras de ti, ¡jamás te dejaré tranquila! Si te atreves a escapar con esa serpiente miserable, colgaré a una persona cada día hasta que no quede nadie. Tienes la vida del pueblo en tus manos, Alisha. Elige bien lo que harás.
Dicen que un corazón corrompido por la oscuridad, aún tiene esperanza de ver la luz; de salvarse de los terribles tormentos del Narak.
Ante los ojos de la princesa, el monstruo que estaba a punto de asesinar aún seguía siendo su padre… Y por Shiva, ¿qué crimen tan horrible es para una hija asesinar al hombre que alguna vez, a pesar de los tormentos, ella amó?
Pequeñas lágrimas resbalaron por sus mejillas al verse nuevamente atrapada. ¡Qué tonta! Tan renuente a asesinar al carcelero que la mantenía presa; y tan "recta" como para permitirse huir tras su felicidad, a costa de personas inocentes.
—Lo estaré esperando, majestad.
Alisha le perdonó la vida a su padre esa noche, pero el rey no pudo perdonarla a ella. Pues después de mandar la caja de miraculous a Kiran… Alisha esperó a por los guardias a sabiendas de cuál sería su terrible final.
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Segunda Oportunidad
Capítulo 10
¡Feliz año nuevo!
Estamos a sólo un capitulo de terminar esta historia
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Arrebatar una vida no es sencillo. Contrario a lo que muchos creen, el ser humano no está programado para matar a un semejante. Quienes tienen la audacia de intentarlo es porque, o carecen de corazón o de alternativa.
La segunda opción para Marinette era más una excusa que una justificación. Después de todo, ¿qué habría sido de Adrien si hubiese decidido matar a Gabriel Agreste? ¿cómo podría llamarse heroína si buscara sólo asesinar a los antagonistas de la historia?
Pero Narendra no era cualquier antagonista: era la clase de ser que puede mancharse las manos de sangre inocente una y otra vez sin sentir remordimiento alguno; era un padre de título solamente, incapaz de profesar cariño; era una criatura sin humanidad... El monstruo que le destrozó la vida a Alisha y quien muy probablemente también destruiría la suya si no se decidía a hundir de una vez y por todas la espada en su cuello.
Dudar… Marinette pagó el precio de su indecisión cuando el rey aprovechó ese tiempo para desenfundar una pequeña daga que escondía en las mangas de su vestimenta. El grito de la catarina y el sonido de la Talwar al chocar con el suelo hicieron eco en el lugar cuando el marajá dio un corte rápido a su muñeca.
—Tan blandas y estúpidas...— escupió con desprecio al empuñar la daga hacia ella. Marinette apretó los párpados, esperando el golpe final.
Jamás sintió al filo perforarle el pecho, sólo unos fuertes brazos rodearla. Se escuchó un ruido, como si la daga de su enemigo hubiese chocado contra algo más; algo metálico.
—¿Me extrañaste?
La suavidad de esas palabras entibieció el frío que había sentido en el pecho desde el momento en que le vio darle la espalda.
Abrió los ojos y allí estaba Luka, oculto tras el antifaz de Viperion, mirándola con esas orbes cálidas del color de la lluvia. No fue capaz de decir nada; tampoco quiso hacerlo. Se colgó de su cuello como lo haría una niña pequeña y se permitió perderse en aquella burbuja de felicidad sólo por un segundo.
—Si vuelves a hacerme algo como esto otra vez, Luka… te juro...—no terminó la frase, las lágrimas no la dejaron.
Se separó de aquel agarre y le tomó de las mejillas, obligándolo a no apartar la vista. Absurdo, pensó Luka, en este mundo no había otra cosa que él quisiese mirar.
—No vuelvas a apartarme así— sólo Marinette era capaz de que un ruego sonara como una orden.
Luka sonrió, como si ella no supiera que su misma existencia estaba a su disposición.
—Jamais, petit...—musitó y volvió a abrazarla —je te promet
A lo lejos, el choque de aceros continuó. Chat Noir se batía con gran dificultad contra Narendra, quien había aprovechado el desconcierto para recuperar su propia espada.
De vez en vez, Adrien le daba un ligero vistazo hacia la pareja para asegurarse del estado de la catarina. Se veía estable, eso lo dejó tranquilo.
—Curioso, ¿no crees?— le escuchó decir al Marajá— Jamás entenderé el porqué los gatos negros se dejan mangonear de esa manera. ¿No aprendiste nada de tu antecesor?
El choque hercúleo de la vara contra la talwar concentró la furia que aquellas palabras le habían germinado en el pecho. Kiran jamás fue blandengue; mucho menos lo era él. Se necesita de gran coraje para aprender a soltar tu más grande anhelo. No cualquiera es capaz de contenerse ante sus propios sentimientos.
Además, había cosas peores, mucho peores, porque un desamor cala menos en los huesos que la muerte.
—¿No tienes nada que decir, gato? — retó el marajá.
La respuesta del rubio fue un ataque más: —No soy de los que parlotean mientras pelea— fueron las únicas palabras que salieron de su boca antes de seguir con los ataques.
Por supuesto, Adrien no fue capaz de mantener un duelo parejo. Marinette lo supo cuando los cortes sobre un traje que se supone era indestructible comenzaron a aparecer. Apretó los dientes por la frustración y el dolor. ¡Si tan sólo lo hubiese matado! Si tan sólo hubiese tenido el valor necesario.
—Tengo que terminar con esto— declaró con forzada determinación.
Aún con los brazos de Luka sobre su espalda, la catarina hizo un ademán para ponerse de pie y auxiliar a su compañero. Una ataque más, sólo uno más y quizá podría terminar con la medición.
—¡Marinette! — Luka volvió a resguardarle en brazos cuando la chica tropezó y cedió ante el cansancio de su cuerpo.
Entonces lo notó: La sensación húmeda sobre la tela del traje. Era cálida, lo suficiente como para confundirla con agua o sudor.
Con las palpitaciones retumbándole hasta la garganta, Luka separó su brazo de la espalda de Marinette, implorando a todo y a la nada porque su mente sólo le estuviese jugando una broma pesada. La peor de todas.
Contuvo la respiración cuando la mancha color escarlata se transfirió a los tejidos color verde oliva de su propio traje. La contempló horrorizado, como si con el simple hecho de mirarla, pudiese borrarla de allí para siempre.
Al rememorar las cicatrices en la espalda de Alisha, se le encendía un rescoldo en el corazón, uno que ardía como una hoguera al imaginar que la misma historia fuera capaz de repetirse, pero esta vez con Marinette.
El fuego es despiadado, y fuego era lo que le ardía imperioso en las entrañas.
Veintisiete años de vida no le fueron suficientes para sentir odio hacia alguien. Si le preguntaban, ni siquiera 10 vidas más lo serían. No es que las necesitara, porque hasta en ese aspecto el destino era demasiado perspicaz. ¿Para qué malgastar su rencor si este siempre tuvo un merecedor?
Ahora todo era claro: Luka había nacido para odiar al Marajá Narendra del mismo modo en el que había nacido para amar a Marinette.
—¡Luka! — gritó ella, pero él la ignoró por completo.
Esa sería la primera vez que no escucharía su voz por sobre todas las cosas, porque los deseos de terminar con la vida de Narendra crecieron en su mente como la hiedra venenosa recubre los plantíos de flores. Hoy era el día en que Luka cosecharía la venganza que Yamir se había encargado de sembrar siglos atrás.
Ante los ojos expectantes de Narendra y pasando de largo por el cuerpo malherido de Chat Noir, Viperion recogió la Talwar del suelo.
—Tu muerte será la mejor ofrenda que la diosa Kali haya recibido jamás— farfulló Narendra.
Luka corrió hacia él con la espada en manos. El primer choque fue tan vigoroso que hizo a ambos oponentes trastabillar, el segundo y los que siguieron fueron tan veloces que ante los ojos de Marinette sólo pudieron distinguirse dos centelleos color púrpura y oliva chocar entre sí.
—Dime, Luka Couffaine, ¿te gustaría saber exactamente cómo lo hice?—el filo de la espada de Luka emitió chispas cuando colisionó contra la del Marajá.
—Voy a matarte, te lo juro—gruñó el chico entre dientes.
Viperion dio un salto hacia atrás y Marajá hizo un ademán con la palma para provocarlo. El superhéroe aceptó la invitación sin chistar.
—No emitió ningún sonido con el primer latigazo— cotilleó y ensanchó la sonrisa cuando obtuvo un ataque furibundo en respuesta: —Debo admitirlo, Marinette Dupain-Cheng es una chica bastante fuerte; se mantuvo callada hasta el quinto golpe…
—¡Cierra la boca!—gritó y embistió con furia.
—Después del sexto ya no pudo mantenerse en silencio— añadió, y empujó el acero hacia delante.
—¡QUE TE CALLES!— fue una orden enmascarada por una plegaria.
Pronto Narendra no pudo mantener por más tiempo aquella sonrisa pérfida; no cuando los asaltos de la serpiente fueron cobrando más y más fuerza. Largas y prolongadas rasgaduras aparecieron y mancharon de sangre la túnica del rey.
Él sabía perfectamente que, al final de su camino, no podría escapar de su sentencia; lo confirmó cuando vio el perfil de Yamir mirarle fijamente a la sombra de Luka Couffaine.
Pero aún esa certeza tampoco le eximía la posibilidad de escapar de su castigo una vez más.
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—¡LUKA, ESPERA! — Fue demasiado tarde cuando Marinette se dio cuenta de lo que sucedería.
Mientras ambas espadas seguían empujándose entre sí, la mano izquierda de Narendra tomó la muñeca de Luka, justo en el lugar en el que se hallaba su miraculous dañado. El Rey usó toda su fuerza sobrehumana y apretó de él, creando así una segunda grieta sobre la superficie del brazalete.
Viperion cayó de rodillas, retorciéndose de dolor.
—No…— soltó Marinette en un hilo de voz al ver al Marajá empuñar nuevamente su espada— No, por favor…— repitió conforme el terror le iba transitando por la piel hasta destilarse en cada uno de sus poros.
Narendra tomó del cabello a Viperion para obligarlo a incorporarse y así poder exhibirlo frente a la catarina como quien muestra una res a punto de ser sacrificada: —Te advertí…— murmuró al oído de la serpiente— Te dije que no añoraras lo que no te correspondía. Esta es la consecuencia de tu decisión, ¿estás conforme?
Aún con la garganta cerrada y con cada músculo escociéndole en el cuerpo, el joven sonrió, impávido: —No me arrepiento de nada.
—¡DETENTE!— imploró Marinette mientras se arrastraba por el suelo de piedra, incapaz de ponerse de pie —¡Haré lo que quieras! ¡Pero detente! —volvió a rogarle.
Incapaz de llegar a rastras, la catarina vislumbró el semblante de Viperion. Los ojos esmeralda de Luka la miraban detrás de la máscara, entregando así un mensaje silente que sólo ella podía descifrar: "Puedes hacerlo, petit. Puedes hacerlo sin mí".
—No…— negó y las lágrimas corrieron rebeldes por sus mejillas.
—Te amo, Marinette. — pronunció Luka con una sonrisa antes de que la espada le atravesara el costado.
Marinette se sintió vacía; como si la vida se le hubiera escapado del cuerpo del mismo modo en que la luz lo hizo de los ojos de Luka Couffaine. Se dejó caer sobre el suelo, incapaz de contemplar cómo el cuerpo de la serpiente azotaba inerte contra la piedra a unos cuantos metros de ella.
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Si el Marajá tuvo algo que decir después, ella no lo escuchó. Ya no oía nada, solo su respiración entrecortada y el sonido de sus propios sollozos.
Quiso morir… tanto que incluso se llegó a cuestionar cuánto tiempo tardaría en partir si se proponía simplemente a dejar de respirar; quiso morir aún sin la posibilidad de llevarse al Marajá con ella al infierno; quiso morir aún cuando sabía que, lastimosamente, su batalla estaba muy por lejos de terminar.
"Mantente con vida…" escuchó a Luka en su cabeza "Es lo único que te pido"
—No…— sollozo conforme sus lágrimas se arremolinaban sobre el suelo de piedra— No sin ti.
—¡Marinette! — el eco de una voz lejana le llamó al tiempo que sentía las pisadas del Marajá moverse lejos de ella. Ladybug apretó los párpados, renuente; ¿por qué tardaba tanto en matarla? — ¡Marinette! — Chat Noir volvió a llamarla en un grito de auxilio.
"Es Adrien. Adrien te necesita" - esta vez fue Tikki a quien escuchó - "¡Marinette, tienes que ayudarlo!"
—No puedo…— dijo con un hilo de voz y con los puños apretados.
"Marinette, sabes qué es lo que tienes que hacer. Es la única manera…" - La dulce voz de Alisha retumbó en los rescoldos de su consciente - "Vamos, corazón. Levántate… Levántate pequeña, hazlo una última vez".
"Puedes hacerlo… Aún puedes ganar"
—Hijo de puta — maldijo Adrien cuando Narendra tomó su mano para reclamar el anillo —Esto no se va a quedar así.
—Descansa, gato negro y no te preocupes; planeo reunirte con la serpiente en poco tiempo— fue su respuesta cuando tuvo el anillo en su posición.
Alzó la mano y admiró la joya; era la primera vez que la poseía y era capaz de palparla. El vasto poder de destrucción que poseía le provocó un escalofrío de emoción: —Aquí es en donde termina el camino— musitó al extender su dedo índice para colocarse el anillo— Este es un paso menos para recuperar mi legado.
El plan era sencillo: Colocarse el anillo, reclamar los aretes y, finalmente, con el poder de los miraculous unidos, crear un mundo en el que todo y todos estuviesen bajo el yugo de su mandato. Tantos siglos dormido por fin habrían valido la pena.
O al menos eso fue lo que pensó, pues antes poder deslizar el anillo sobre su dedo, el golpe de un látigo se lo arrebató de las manos.
Ante el horror del Marajá, Marinette tomó el anillo en su posesión con la mirada desafiante: —Adrien— llamó la catarina a su compañero— ¿confías en mí?
El rubio tragó seco cuando comprendió sus planes. Aún así, respondió: —Lo hago. Haz lo que tengas que hacer, Bugaboo.
—¡NO TE ATREVAS! — Narenadra corrió hacia Marinette con la expresión encolerizada.
—Se terminó…— dijo y colocó el anillo de la destrucción en su dedo anular.
Hubo un estruendo, como el sonido de un millón de vidrios resquebrajarse. Del pecho de Ladybug emergió un destello de luz que fue acrecentando su tamaño con cada segundo. Pronto el pequeño punto de luz detonó es una explosión de resplandores que cegaron los ojos de Adrien; era la fuerza de mil soles conjuntos.
El rubio entrecerró los ojos conforme sus pupilas fueron adaptándose poco a poco a la luminiscencia del lugar. Luego la vio, justo al centro de tanta gloria y poder: el cabello ahora suelto de Marinette sobrenadaba en el aire como lo haría si ella estuviese bajo el agua; sus ojos ardían en una luz dorada y su cuerpo, ahora ataviado de un traje de un color lila y oro que no era de este mundo, brillaba como el astro mayor.
—Marinette…— pronunció su nombre, abrumado de tanta belleza y fulgor.
—Marajá Narendra…— de los labios de Marinette se escucharon distintas voces hablar en coro. Todas y cada una de ellas femeninas— El reino de terror que sembraste debe terminar aquí — el brazo de la chica se extendió y abrió la palma de su mano — Entrégame el miraculous de la mariposa.
—¡JAMÁS! — vocifero colérico, enviado un centenar de mariposas malditas hacia ella.
Un solo movimiento de su brazo fue suficiente para que todos aquellos akumas fueran purificados: —Si en algún momento Alisha y Marinette te tuvieron piedad, este es el momento en que pierdes el privilegió del que nunca fuiste merecedor.
La joven extendió sus palmas y ascendió. Entre ambos brazos fue formándose una esfera incandescente que concentraba la radiación azabache del cataclismo y el brillo característico de los amuletos encantados. El cúmulo de poder pronto rebasó el tamaño de Marinette.
—Hasta nunca, Marajá Narendra… —fueron las últimas palabras que se le oyeron a la catarina cuando el poder explotó frente a ella y dirigió toda su fuerza hacia la figura del Marajá, quien gritó desesperado hasta que su silueta fue borrada entre los destellos de luz.
Con esa imagen, Adrien no fue capaz de permanecer consciente. Cerró los ojos y se dejó llevar por la oscuridad.
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CONTINUARÁ
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¡Antes de que quieran matarme, quiero recordarles que este no es el final y que muchas cosas aún pueden suceder. ¡No me maten! Les prometo que tanto sufrimiento y tanta espera será bien recompensada.
¡Gracias por seguir este fic hasta ahora! Estamos a nada de su cierre y creanme que lloré cuando terminé de escribir este cap.
¡Se les quiere!
