Capitulo 12: Vodka, primera edición
Después de retirar la cucharilla de sus labios, Shion dejó el plato sobre la mesa del centro. Se tomó el tiempo de mirar una vez más, con una fascinación casi infantil, los rostros de los chicos que le rodeaban. Todos estaban ahí, todos. Y ni uno solo de ellos denotaba alguna clase de disgusto al respecto, aunque cierta incomodidad todavía era más que palpable. Sin embargo, el hecho de que pudieran estar ahí, reunidos y conviviendo sin mayores dificultades, era mucho más de lo que el lemuriano hubiera podido desear o siquiera imaginar.
En unas pocas semanas, los avances habían sido gigantescos.
-¡La tarta estuvo deliciosa! –festejó Milo. Relamió la cuchara una última vez y obsequió la sonrisa más grande del día al Patriarca.- Agradece a tus doncellas de mi parte.
-Oh, seguro que encontrará un modo de agradecerles él mismo. Son de lo más habilidosas. –Máscara Mortal susurró al oído de Afrodita. El sueco dibujó una sonrisa divertida al escucharlo, que tuvo que ser borrada tan pronto la mirada ligeramente fastidiada de Shion recayó sobre ambos.
-Les haré llegar tus agradecimientos. –Acotó, todo encanto y cortesía como siempre.- Debo decir que ha sido una reunión perfecta. –Entonces, sin poder evitarlo, arrastró la mirada hasta Saga y Aioros, sentados un poco más allá, con Aioria, Shura y Kanon entre ellos. El incidente de Atlantis aún seguía fresco en su mente, pero el hecho de verlos en el mismo salón, sin problemas, le había tranquilizado un poco.- Supongo que habrán más eventos como este, ¿cierto?
-¡Siguiente reunión: Sagitario, el 30 de noviembre! ¡Será grandioso también!
-Parece que Milo lo tiene todo planeado para tu propia fiesta. –Ante el comentario de Shura, Aioros solo atinó a sonreír atropelladamente.
-Yo, en tu lugar, me iría preparando.
-Oh, vaya que será grande. –Kanon complementó a Aioria.
No supo por qué, pero el arquero buscó la mirada de Saga. Al coincidir, el gemelo levantó las cejas y echó un gran trago de su bebida. De algún modo, Aioros supo que estaba completamente de acuerdo con la observación de Aioria y, entonces, se estremeció. Algo le decía que la verdadera fiesta de Milo, aquella que seguramente sería grandiosa, ni siquiera había comenzado. Un poco de tarta y un par de vasos de vino no podían ser suficientes para el escorpión. No, señor. La grandeza era un concepto demasiado personal para el pequeño bicho.
El gesto del arquero, que no pasó desapercibido para nadie, robó más de una sonrisa y unas pocas preocupaciones. Salvo Milo, nadie se libraría de su recién encontrada afición a las fiestas… mucho menos cuando, según parecía, Kanon estaba dispuesto a avivar sus ocurrencias a como diera precio. A ese ritmo, los cumpleaños pasarían a convertirse en una peligrosa tradición dentro de las doce casas.
-Estaré listo. –Agregó, sin deshacerse de su media sonrisa. El problema era que sabía que no lo estaría…
-¡Más vale que si! –Complementó el joven peliazul.
Para Shion, el intercambio de sonrisas incómodas, travesura infinita y risas mal disimuladas, le resultó el espectáculo más divertido e improbable de la noche. Demasiado encantador como para quitarles la mirada de encima. Sin embargo, por mucho que le pesara, tenía que retirarse. Tenía la impresión de que aquella fiesta estaba resultando demasiado formal con su presencia; y eso, seguramente, estaba bastante alejado de los planes que la mentecilla inquieta de Milo podía tener. Con todo, agradecía infinitamente la oportunidad de haber sido invitado.
-Creo que es momento de retirarme. Mi cuerpo puede ser joven, pero la mente vieja se impone en más ocasiones de las que debería. –dijo, mientras se ponía en pie.
-¿Te vas? ¿Tan pronto? ¿Seguro que no quieres más tarta?
-No, gracias, Milo. Suficientes golosinas por el día de hoy. Sigue disfrutando de esta noche, hijo. –Le abrazó con todas sus fuerzas. Si algo había echado de menos durante todos esos años de ausencia, era estrecharlos en sus brazos de vez en cuando, y darse cuenta de lo mucho que iban creciendo con el tiempo.- No bebáis de más, que Arles no apreciara recogeros por las escaleras mañana temprano.
-Oh, sería una delicia verle el rostro. –Kanon rió. La imagen que se le dibujó en la cabeza le resultó extraordinaria.
-Ten, llévale un trozo de tarta para endulzarle la vida.
-Muy considerado de tu parte. –Shion tomó el plato que Milo le ofreció y con suave movimiento de cabeza, se despidió de todos.
-¡Yo voy contigo! –Dohko se levantó de un brinco y estiró su espalda hasta que sus vértebras crujieron.
-Puedes quedarte si lo deseas.
-No, estoy cansado. Gracias por la invitación, Milo. –El escorpión se encogió de hombros. Los agradecimientos no eran necesarios cuando se trataba de la fiesta mejor planeada de las doce casas hasta ese día. Sin embargo, Shion no pudo guardarse un gesto de extrañeza ante la repentina decisión de Dohko. Ciertamente esperaba que se quedase un rato más a convivir con sus compañeros más jóvenes.
-Pues andando. –dijo después de unos segundos de silencio.- Disfrutad de la velada.
-¡Id con cuidado!
Hubo un largo e inesperado silencio mientras los contemplaban marchar. Si le hubiesen preguntado, Shion hubiera dicho que había demasiados rostros repletos de falsa inocencia a sus espaldas. No se habría equivocado tampoco: los planes de Milo iban mucho más allá de un poco de tarta.
-X-
-¡Qué comience la fiesta!
En un abrir y cerrar de ojos, botellas de licor surgieron de los lugares menos esperados. Vodka, whisky, ginebra, tequila, ouzo… Milo no había escatimado en gustos. Lo que fuera que uno pudiera desear, estaba ahí, en la mesa repleta de alcohol. Solo hacía falta rebuscar un poco.
-Miedo que me da preguntarte de donde sacas todo esto. –Aioria miró con desconfianza las botellas, hasta que por fin se animó a tomar una de ellas y llenó un vaso con su contenido.- ¿Seguro de que no moriré si me lo bebo?
-Oh, gato, has bebido cosas peores. Créeme. –El escorpión sonrió. Le tomó medio segundo llenar un par de vasos más y los pasó a sus compañeros más tímidos.- ¿Qué os apetece? Coged cuanto alcohol os venga en gana. Pero os advierto: no hay servicio de entrega de santos borrachos a domicilio, ¿vale? -Su sonrisa solo se hizo más grande al denotar el rostro escandalizado de Shaka y el temor en la expresión de Mu. A veces pensaba que aquel par había nacido en otro planeta: demasiado decentes para andar con una horda de salvajes como lo era él mismo.- ¿Qué te sirvo, arquero?
-¿Eh?
-¿Qué te sirvo? –repitió la pregunta.- ¿Margarita? ¿Whisky seco? ¿Vodka con limón? ¿Cerveza?
-No intentes emborrachar a mi hermano.
-Tranquilo, minino. Al buen Aioros le hace falta un poco de diversión. –Milo contestó mientras se esmeraba en la bebida del castaño.- Solo se vive una vez… o dos, como en nuestro caso… o en tres, como en otros casos. –Sacudió la cabeza. Tantas muertes le revolvían las ideas.- Entonces, ¿qué, Aioros? ¿Vodka?
Dudándose la respuesta, los ojos azules del santo de Sagitario giraron en busca de las tres personas en cuyo juicio confiaba. Aioria negó de un modo nada sutil, prefería que el arquero comenzara con algo más ligero. Shura levantó las cejas, dispuesto a no expresar su opinión en voz alta; y Saga… Saga procedió a empinar su propio vaso. Sin estar seguro de que no se arrepentiría después, Aioros suspiró y aceptó la bebida.
-Supongo que el vodka está bien.
-¡Gran elección! –La alegría desmedida de Milo le erizó la piel una vez más. Además, siempre estaba aquella mirada de Kanon, un poco más allá, que dejaba sus pensamientos bien en claro: "Oh, pobre e ingenuo arquero." Algo le decía que iba a arrepentirse profundamente de su decisión.- Aquí lo pides, y aquí lo tienes.
-Gracias…
Cuando el vaso, de contenido transparente, fue asentado frente a él, lo único a lo que atinó fue a mirarle con todo el recelo que tenía dentro de sí y a tragar saliva. Sin embargo, Milo no le daría tiempo suficiente para meditar su decisión.
-¡Brindemos por la primera y oficial fiesta de cumpleaños en las doce casas! –El peliazul levantó su vaso.- ¡Ya vendrán muchísimas más!
-¡Salud por eso! –Kanon le respondió. Con todas las diferencias que pudieran tener, y a pesar del humor agridulce del gemelo en los últimos días, no había nadie como Kanon para secundar cada locura de Milo.
-¡Y felicidades a mi!
-Felicidades. –Shura sonrió, con el resto de los santos imitando aquel simpático gesto en mayor o menor manera.
-Y ahora… ¡fondo!
Lo siguiente que Aioros sintió fue el calor abrasador que le hirvió el cerebro y, entonces, deseó haber sido más prudente, como Mu o Shaka, y haberse mantenido lejos de aquel vaso de vodka. Bebérselo todo de un tirón había sido lo más estúpido que había hecho en un buen rato. Caería borracho medio segundo después si volvía a tomar uno de esos.
Disimuló lo mejor que pudo el lagrimeo de los ojos y la sensación de ahogo ocasionada por el trago. Sin embargo, para los ojos expertos, era más que obvio lo que le sucedía.
-Respira, arquero, respira. –Ángelo se limpió un gota de whisky que resbaló por su barbilla. Después, dejó escapar una carcajada.- Fuerte, ¿eh?
-Algo. –La mirada cerúlea le apuñaló, aunque su voz, ligeramente ahogada, le quitó hierro al asunto.
-Bueno, bueno… -Milo intervino de nuevo. Estaba de lo más divertido y aquello apenas empezaba.- Mientras el buen Aioros se recupera de su primer enfrentamiento con el vodka, cuéntanos, Kanon, ¿había fiestas como ésta en Atlantis?
-¿Fiestas? –Atrapó a tiempo la cajetilla de cigarros que el escorpión le lanzó. Tomó uno, mientras negaba con la cabeza, y lo encendió, calando profundamente.
-¿No había fiestas en Atlantis? ¡Qué montón de aburridos!
-Quizás se dedicaban a hacer su trabajo, en vez de gastar el tiempo en una búsqueda infinita de vicios. –Shaka acotó, pero nadie le prestó la más mínima atención. La respuesta del gemelo menor parecía más interesante.
-Eran un montón de mocosos, bicho. –respondió, mientras una ligera nube de humo le envolvía.- Y uno de esos mocosos, solía ser discípulo de Camus. Imagínate.
-No culpes al chico. –Camus intervino y sus ojos turquesas, como siempre, lucían como espadas afiladas cayendo sobre el gemelo.- Estoy seguro de que Isaak te hizo el trabajo mucho más fácil de lo que hubieras esperado.
-Oye, no niego que es un chico listo. Solamente digo que has conseguido infundirle tus habilidades sociales con un éxito avasallador.
-Casi me alegra que no conviviera demasiado contigo. –Y el acuariano dio un pequeño trago a su bebida.
-Auch. –Aioria se tragó la risa mientras sus ojos esmeralda paseaban la habitación, buscando los rostros de sus demás compañeros y constatando que, al igual que él mismo, más de uno había tenido que controlarse.
-Es un buen chico. Te manda saludos, por cierto. –dijo Saga. El francés agradeció el gesto con un suave asentir.
-Un buen chico que cayó en las manos de Kanon.
-¡Vamos, bicho! Me haces lucir como un hombre malvado.
-Eras un hombre malvado, Kanon. –El joven peliazul le miró con fastidio y el gemelo bufó con desgana. Cualquier otro que hubiera hecho el mismo comentario, hubiera iniciado una guerra que no terminaría jamás, pero no Milo. De algún modo, el santo de Escorpio se había convertido en el favorito del marina y se había ganado pase para todo.
-Me he redimido.
-Pero cuando tratabas con Isaak, eras un desgraciado. ¿Cómo demonios pudiste crecer a seis niños tú solo?
Kanon se quedó callado. Nunca antes se había preguntado como había sacado aquella hazaña adelante. En realidad, jamás había reparado en el hecho de que había crecido a cada uno de los chicos en el fondo submarino, al menos nunca a consciencia. Si había conseguido todo aquello, lo había hecho movido por el odio y por la venganza. Había estado completamente ciego al resto. Lo único que importaba era su plan de venganza. Nada más.
-No tengo la menor idea. –respondió con sinceridad.- Solo sé que el hecho de que estuvieran ahí, de que fueran solamente unos críos, contribuía perfectamente a mis planes. Las mentes de los niños son moldeables, al igual que sus corazones. Dales un motivo para vivir, otro para morir, y eso es precisamente lo que harán. Nunca nadie hizo preguntas, nadie jamás reparó en el engaño. –Caló su cigarro.- Y, cómo todo en el destino era perfecto, resultó que el mismísimo Poseidón también era un mocoso más. ¡Oye, la vida era buena!
-¿Demasiado fácil?
-Más de lo que te imaginas. Lo juró; en algún punto creí que verdaderamente era mi destino gobernar este mundo. Todo se daba con una facilidad monstruosa: los críos, Julián, Atlantis… todo estaba servido para conseguir lo que quería.
-Resulta increíble que nadie sospechara jamás. -Aioros hizo acopio de fuerzas para dar un trago más al vodka y usó toda su voluntad para esconder el efecto del alcohol en su garganta.
-Cuando repites una mentira tantas veces, termina por convertirse en una verdad. Además, tengo que admitir que Julián fue una pésima idea de Poseidón. Debió encontrarse a alguien más apropiado para reencarnar. La cereza del pastel llegó catorce años después, cuando el niño listo se decidió a besar el suelo que Athena pisaba. –Soltó un aro de humo por la boca.- Una cara bonita puede ser la receta para la destrucción de un hombre. Julián no sabía que ese sería el principio del fin para su propio ejército. Un segundo después, tras una proposición rechazada y el orgullo herido, el mundo se hundió bajo el océano de ira que se formó en su interior. Creo que fue lo único que alguna vez tuvimos en común: el deseo de venganza.
Aquella frase, en su voz aterciopelada, resultó especialmente fría. Más de uno arrugó el semblante sin siquiera notarlo.
Los que había sobrevivido a la guerra de las doce casas, recordaron el caos de contemplar el dolor de un mundo que despedía a sus muertos. Aquellos que no lo habían visto con sus propios ojos, solamente pudieron imaginarlo. Había pasado mucho tiempo y muchas cosas desde entonces, pero el atisbo de rabia y tristeza aun quedaba latente en el interior de muchos.
-Fuiste demasiado lejos. –Aioria murmuró.
-Si, pero del mismo modo, llegué tan alto, que después solo pude estrellarme contra el piso con una fuerza garrafal. Cinco estúpidos niños jugando a ser héroes y todo se desmoronó.
-Duele, ¿eh?
-Maldición. ¡Estaba todo tan bien!
-¿Alguna vez has pensando en pedirles perdón, del mismo modo en que te arrepentiste ante Athena? –Los ojos de Kanon se clavaron en Shura, quien le sostuvo la mirada.- A los chicos, los demás generales marinos. –Aclaró, robando el silencio del peliazul. Después, lo vio encogerse de hombros.
-No creo que sirviera para nada. Estarían más felices si Athena les enviara mi cabeza en una lanza.
-No puede ser tan malo. –Milo llenó nuevamente el vaso de Aioros mientras hablaba. El arquero suspiró, haciéndose a la idea de que su cerebro volvería a sufrir de congestión alcohólica momentánea.- A pesar de todo, les has crecido.
-Solo para usarlos de carne de cañón.
-Cuando lo dices así, suena horrible. Uno comprende porqué querrían tu cabeza de regalo para Navidad.
-¿Verdad, gato?
-Si, pero sigo estando de acuerdo con Shura: una disculpa es mejor que nada.
-Si, bueno, cuando tenga ganas de que alguien me desmiembre en vida, te prometo que iré a Atlantis. Mientras tanto, y hasta que mis instintos suicidas despierten, me quedaré aquí. Gracias. –Vació su copa.
-Vale. Al menos sabemos como Shion se deshará de ti cuando sienta ganas de hacerlo. –Ángelo, que había tomado como misión especial fastidiar a quien se le pusiera en el camino, habló.- El día que ya no te soporte, se encargara de mandarte directo y sin paradas, a Atlantis.
-No sería tan cruel.
-Haz enfadar al viejo y terminarás de misión en Atlantis, con el bicho como guardaespaldas. Mientras el bicho se dedica a perforarles el culo, tu tendrás tiempo de correr por tu vida. –Máscara Mortal se carcajeó.
-Ganas no me faltan de probar Antares con ellos. –El santo de Escorpio tomó la palabra.- Si Dohko y Mu no se hubieran emperrado en encerrarnos en el Santuario, gato y yo les hubiéramos dado un recordatorio de quienes son los niños grandes.
-Y hubiésemos muerto de un infarto al descubrir a Kanon.
-Bah, gato tonto. Le quitas lo épico al asunto.
-Atlantis no era lugar para un bicho y un gato. –El gemelo menor negó.
-¿Pero si para tu clon y un arquero?
-Oye, el clon es él. No yo.
-¡Ajá! ¡Saga de Géminis tiene voz! Y ya que quieres hablar, dinos, ¿qué demonios te sucedió en el labio, Saga? –El santo de Escorpio apuntó hacía la pequeña cicatriz, aún visible en su boca- ¿Una sirena quiso arrancártelo a besos? O, ¿qué?
-Ojalá. –En realidad, la sirena había querido arrancarle la cabeza por equivocación.- Pero seguramente las sirenas en Atlantis son encantadoras. ¿Nos cuentas de eso, Kanon?
Los ojos de su hermano le miraron con mezcla de recelo y curiosidad. ¿Qué tanto podía saber Saga sobre las sirenas del fondo marino? Y, peor aún, ¿qué tanto había averiguado en su visita a las tierras de Poseidón?
-Si hablamos de Sorrento, puedo decirte que las sirenas no son encantadoras: son un dolor en el culo. –esquivó el tema con toda la gracia que pudo. Pero lo cierto era que su curiosidad había sido picada.
-Ugh, que sirenas tan masculinas las que os mandáis ahí abajo. ¿No hay sirenas guapas, baboseables y medio desnudas nadando por ahí? ¡Vaya timo!
-No creo que Sorrento sea la única sirena ahí abajo.
-Por Athena, Saga. Si le dices que las sirenas son todo eso que él cree, Milo terminará abandonándonos para mudarse a besarle el culo a Julián a cambio de una de ellas. –Aioria esbozó una sonrisa retorcida.
-¿Una? ¡¿Para qué quiero una si pueda tener muchas?!
-Ya tenía que hacernos la aclaración. –Shura rió. Para el español, pocas personas poseían una mente tan ágil y pervertida como la de su compañero de Escorpio.
-Fue mi error no haberlo pensado antes. Debería tener más presente tu desfachatez cada vez que hable de ti.
-¿Desfachatez? No, no. Los privilegios de la soltería; eso sí. Si no quisiera probar cosas nuevas cada día, me conseguiría una novia. Pero me gusta la variedad. –El rostro de Milo se empañó con travesura y un toque de lujuria.- No mueras de envidia, gata dorada. La monogamia no es mi estilo.
-Golfería, eso suena mejor. –Ángelo interrumpió.
-Galantería. –A sus propios ojos, Milo era un chico de lo más irresistible. No era su culpa que una mirada bastara para tener a todas las chicas a sus pies.
-Golfería.
-Pues llámalo como quieras, pero a algunos nos sienta mejor que a otros. –Milo le miró, entrecerrando los ojos. Usualmente era un tipo muy simpático, pero todavía había ciertos detalles en las acciones de Máscara Mortal y de Afrodita que conseguían irritarle.- A otros os hace ver desesperados.
-Uuuh… El secreto sucio de Ángelo ha quedado al descubierto. –Kanon miró de Milo a Máscara Mortal, una y otra vez. En algún punto creyó que Escorpio ardería, en especial por la forma en que el italiano arrugó el semblante. Sin embargo, poco después, al verlo empinarse el vaso de whisky seco, supo que el incidente no pasaría a mayores.
-La golfería con putas no tiene el mismo valor que con mujeres a las que no tienes que pagarle. –Afrodita le miró de reojo, y la mueca de asco de Máscara de Muerte se hizo más evidente.
-Cierra la boca, florecita.
-Oye, no te enfades con Afro. Mira el lado positivo: menos mal que desististe, cangrejo. Mira que no sé como ibas a defender tu argumento. Demasiadas putas solo causan enfermedades.
-¿Lo sabes por experiencia propia, Kanon?
-¡Que va! Ahí abajo también hay doncellas.
-Si son como las nuestras, es lo mismo que hablar de putas.
-Chicos, chicos. –Aldebarán terció.- También hay muchas doncellas que no caen esa categoría.
-De acuerdo en eso.
-Gracias, Aioria.
-Sería como decir que, porque Milo es un golfo, todos los santos dorados somos golfos también.
-Totalmente de acuerdo. –Al escuchar el conjunto de las voces de Shaka, Mu, Aldebarán, Camus y Shura, el león dorado ensanchó la sonrisa. El bicho aludido, en cambio, los miró con cara de fastidio.
-¡Ya os dije que no soy un golfo! Soy un tipo con mucho encanto y mucha suerte; eso es diferente. Y, ¿sabéis algo más? –Se cruzó de brazos.- ¡Sigo esperando que Kanon nos confiese con cuantas sirenas estuvo!
Saga carraspeó, sin estar seguro de que realmente quisiera saber la respuesta a esa pregunta. La única sirena que había visto en toda Atlantis era apenas una niña… una niña cuyos sentimientos hacia Kanon, según él mismo había constatado, eran especiales. Toda una pena, porque mientras más pensaba en ella, más simpática le resultaba.
-No sé cual es vuestra obsesión con las sirenas. Las sirenas ahí abajo son el equivalente a las amazonas aquí arriba. –Negó Kanon.
-Pues te diré que a mi no me molestaría tirarme a alguna amazona en particular… y obviamente, al gato tampoco.
-Cállate, Milo. –reclamó Aioria. Pero lo único que consiguió fue hacerle reír con todas sus fuerzas.
-No sabes nada, bicho. No sabes nada. –Kanon volvió a negar.
-O quizás sé más de lo que debería.
-¿Cómo voy a saberlo si no me dices? –El gemelo entrecerró los ojos. Cuando el bicho se ponía sospechoso, había razones de más para preocuparse.
-Creo que alguien más aquí, además de los Aios, tiene cierta predilección por las amazonas. ¿Qué tal si nos cuentas al respecto?
-X-
Después de que Dohko se prestara a acompañarlo hasta el Templo Papal, sus pasos les habían conducido en un cómodo silencio, hasta la vieja terraza. Shion se acomodó en una de las butacas, mientras su amigo hacía lo propio unos pasos más allá, pero el Patriarca encontró imposible despegar la atención del santo de Libra. Una y otra vez, sus ojos rosados iban y venían hasta él, mientras su mente trabajaba, incesante, en la búsqueda de las palabras apropiadas para lo que deseaba decir.
-¿Qué? –Preguntó Dohko. Al parecer, Shion no había sido tan discreto en su escrutinio como pensaba. El peliverde se aclaró la garganta y se encogió de hombros.
-Nada. –dijo, pero el chino ladeó el rostro y alzó una ceja. Un par de siglos de amistad bastaban para saber cuando un "nada", escondía un "mucho".
-Ya.
-En serio. –Dohko devolvió una mirada que carecía de convicción alguna en su palabra.
No le creía y, de alguna manera, Shion se sintió agradecido por ello. Era bonito descubrir como aquellos larguísimos años de separación y responsabilidades, no habían disuelto su amistad lo más mínimo, ni lo bien que conocían hasta la última de sus reacciones.
Echó otro fugaz vistazo al perfil del chino.
-¡Oh! ¡Venga ya, Shion! –espetó al descubrirlo.- Lo que sea que quieres decir, solamente dilo. –Después del sobresaltó inicial, el peliverde dibujó una diminuta sonrisa en los labios. Siempre había sido divertido molestarlo, aunque esta vez no lo había hecho a propósito.
-Es que…
-¡¿Qué?! –exclamó de nuevo.- Has sido Patriarca por más de doscientos años, cualquiera pensaría que tu don de palabra sirve para algo más que para intimidar a tus mocositos.
-¿Por qué no quisiste quedarte a la celebración?
La pregunta le tomó por sorpresa. Cierto era que, antes o después, esperaba que Shion preguntara al respecto de la distancia que mantenía con todos, pero no en aquel momento. Se quedó quieto por unos segundos, y luego se puso en pie, caminando con cierto nerviosismo hasta la baranda de mármol.
-¿Qué iba a hacer yo allí?
-Divertirte un rato.
-¿Por qué no te quedaste tú?
-Porque soy su padre… -respondió, como si fuera lo más obvio del mundo.- Me encantaría pasar con ellos todo el tiempo del mundo, pero me temo que aguaría la fiesta.
-Ya. –El chino apoyó la espalda en la baranda, y se cruzó de brazos.
-¿Y bien?
-Tú eres su padre, si; pero ¿qué hago yo allí? En serio. Soy más viejo aún que tú.
-Conocerles. Esto no tiene que ver con la edad…
-Les conozco. Al menos a la mayoría. –murmuró, y los lunares de Shion se arrugaron sutilmente.- Te prometí que les vigilaría, y lo hice. Y eso implica conocerles; aunque, obviamente, lo hice mal.
El peliverde lo miró fijamente por unos instantes, y por primera vez en su larga vida, descubrió un pesar en aquel rostro risueño, difícil de disimular. Era de sobra consciente de que Dohko cargaba con muchos remordimientos acerca de aquellos trece años… pero nunca hubiera pensado que llegará a afectarle tanto después de todo lo que habían vivido, de toda la experiencia que cargaban a sus espaldas.
Se puso en pie, y se acercó hasta él, apoyándose a su lado.
-No te culpes más por eso. –Dohko lo miró fugazmente.
-Lo que te diré sonará… cruel, pero, es así como lo siento. –suspiró.- Después de la batalla de las Doce Casas, sentí que con la muerte de los chicos, al menos habíamos encontrado la paz. No hablando en términos de guerra y deber, pero si a nivel más personal. Todo se había esclarecido, todos estábamos más en paz con nosotros mismos y con los demás, incluso con el pasado. Pero… -alzó el rostro y perdió la mirada en el firmamento nocturno.- Cuando Hades os trajo de vuelta, fue como recibir un puñetazo en el estómago. Saberos vivos de esa manera, fue igual que escuchar vuestro reproche por haberos fallado. Si hubiera hecho algo a tiempo, quizá nada de eso hubiera sucedido así.
-No puedes saberlo.
-No, pero no puedo dejar de pensarlo. –negó lentamente con el rostro.- Ahora les veo, les escucho… no han cambiado demasiado por norma general, pero han crecido. No puedo mirarles a los ojos, estar ahí abajo celebrando con ellos, cuando tengo gran parte de culpa por lo que sucedió. Pude haber hecho algo por evitarlo.
Shion no respondió de inmediato. Guardó silencio con la mirada fija en el suelo, meditabundo. Comprendía todo lo que Dohko le decía, porque él se sentía igual la mayor parte del tiempo. Todos habían cometido errores, unos más grandes e importantes que otros… pero ninguno era inocente, después de todo.
-Todos pudimos haber hecho algo más, pero no lo hicimos. No tiene caso que te culpes por todo lo que sucedió…
-¿Les has visto a los ojos? –Dohko se encogió de hombros y agitó las manos con nerviosismo.- No dicen nada. Absolutamente nada. Y es precisamente ese vacío el que grita todo lo que de verdad sienten. Probablemente nunca lo dirán, pero se sienten decepcionados. No me pidas que sea uno más de ellos, no aún.
-Solo inténtalo, Dohko.
-¿Cómo?
-Conoces a los santos, pero no conoces a los chicos. Solo mantente cerca… -buscó sus ojos.- No ayudas manteniéndote al margen. –Dohko frunció el ceño.- Eres un santo más de los doce, como ellos. Continúas siéndolo. La vida nos ha cambiado mucho en los últimos años, y ellos pueden ser tan beneficiosos para ti, como tú para ellos.
-No veo como puedo beneficiarles.
-Cuentas con la sabiduría de la edad, tienes experiencia en una vida que ellos desconocen: una vida pacífica que incluso a mi me es ajena. Hay cosas que solo pueden aprender de ti…
-X-
-¿Amazonas? –Máscara Mortal casi se atragantó con el whisky cuando la pregunta salió de su garganta. Carraspeó un par de veces, y miró de Milo a Kanon.- ¿En serio?
-¿Qué se supone quieres escuchar? –El gemelo menor respondió con otra pregunta, y eso fue suficiente para que Saga ocultara una diminuta sonrisa tras su vaso de vodka. Quizá Kanon lo había olvidado, pero hasta las piedras tenían ojos y oídos en el Santuario. Era cuestión de tiempo que alguien más se enterase, mucho había tardado ya.
-Oh, nos hacemos los locos ahora. –Milo se estiró en el sofá con una sonrisa triunfal en el rostro. ¡Qué divertido era jugar al gato y al ratón con ellos, cuando ya sabía la verdad!- ¿Qué me dices de Caelum? Sino recuerdo mal, era una minúscula sombra vuestra. –Vio fugazmente a Saga, y alzó una ceja al ver su inesperada expresión casi risueña.- Han pasado unos cuantos años, pero al parecer, alguien con aspecto de geminiano desapareció en las Panateneas con ella… -Y la verdad era que, hasta que no había visto la reacción del mayor de los hermanos, no había tenido la certeza de quién de los dos había sido. Era fácil confundirles, a pesar de todo, especialmente en mitad de la noche.
-Ya veo. –replicó Kanon con más seriedad.- ¿Viste tú a ese alguien?
-No, me temo que estaba ocupado en otros menesteres…
-Milo siempre esta ocupado en otros asuntos. –acotó Aioria.- Deberíais saberlo ya. De hecho, es un auténtico milagro que el estallido de una guerra no le haya pillado con invitadas en su templo.
-¿Envidia, gato? –El rubio rodó los ojos mientras una carcajada disimulada inundaba el ambiente, pero la mirada de Kanon permaneció fija en Milo. Ya no se veía tan risueño como antes.
-¿Y cómo sabes que fui yo y no Saga?
Inmediatamente, todas las miradas voltearon hacia el mayor. Saga alzó las cejas, tan sorprendido como ellos por la improvisada acusación y, más aún, por el montón de ojos que lo cuestionaban.
-¿Yo? –respondió en apenas un susurro.
-Tú. –insistió Kanon.
-¿Cómo es que esto ha terminado volviéndose hacia mi? –Encendió un cigarrillo, y prosiguió.- Me temo que tenemos más bien poco en común respecto a nuestro aprecio por la intimidad.
-Somos gemelos, es fácil confundirnos.
-No lo creo. –mantuvo la mirada a su hermano, y continuó.- Aún así, valoro mi cabeza, y la de Caelum también. A mi no me miréis.
Aioros ladeó el rostro al escucharlo. Según sabía, las cosas con Naia habían sido cuanto menos complicadas. Deltha no hablaba mucho al respecto, porque siempre terminaba hecha una furia, y la morena… bueno, Naia parecía vivir en un mundo de azúcar la mayor parte del tiempo. Sin embargo sabía que Saga había mantenido su distancia. No dejaba de resultar gracioso el cruce de acusaciones entre gemelos y la inesperada defensa a la amazona… Casi podía jurar que las cosas habían cambiado desde la torpe vuelta de Atlantis.
-Eso solo nos deja contigo como sospechoso. –Sentenció Milo, triunfal.- Vamos, ¡escúpelo!
Kanon guardó silencio durante unos largos segundos en que mareó el contenido de su copa. Vio a su hermano de soslayo, maldiciéndole en silencio por no haberle encubierto y, finalmente, buscó los ojos de Milo.
-Si ya lo sabes todo… ¿qué más quieres saber? –dijo, resignado.
-¡Victoria para Milo! –exclamó el menor, sacando un par de carcajadas a sus acompañantes.- Te daré un consejo, porque aún eres inexperto en el Santuario, Kanon. No hay secretos aquí.
-Eso es bastante cuestionable. –Quizá no había secretos, pero la mayoría de las veces las cosas sucedían bajo su nariz sin que nadie se percatara.
-¿Así que Caelum es la nueva inquilina de Géminis? –Casi por instinto, Saga fulminó a Ángelo con la mirada. Si semejante afirmación salía de aquella habitación, inmediatamente las acusaciones recaerían sobre él, y Shion tardaría dos segundos en saberlo.- Tomare eso como un... no. –murmuró, ciertamente intimidado por el peso de aquella mirada.
-Gracias. –replicó el mayor.
-Bueno, ¿y qué? ¿Qué se siente al tirarse a tu amiga de la infancia? Te lo pregunto a ti que eres el experto, Aioros no sirve como referencia en este caso. –El aludido alzó las cejas, pero no tuvo tiempo para protestar. Milo hablaba demasiado rápido y su propia lengua se sentía demasiado lenta y torpe.- ¿Estáis juntos? ¿Es una relación estable? ¿Desde cuándo…? ¡Debe ser toda una ternura!
-¡Por Athena! –Exclamó el gemelo.- Una madre haría menos preguntas.
-¡Solo responde! No puedes pretender dejarme con tal curiosidad.
-Si. No. Hace tiempo. –Y así, solucionó el gran problema de las preguntas, mientras alguno de sus compañeros se carcajeaba con cierto disimulo.
-¡A eso le llamo ser conciso! –exclamó Aldebarán.
-¡Esas no son respuestas útiles! Debes ser más explicito. –protestó el escorpión.
-¿Qué es exactamente "más explícito" para ti?
-Pues… -Se encogió de hombros y la travesura volvió a adornar su mirada sin reparo alguno.- ¡Detalles!
-Estamos todo lo juntos que un buen polvo permite estar. No somos pareja, porque si quisiera una novia, lo cual no quiero, ni loco la buscaría en un lugar como este. Y… desde las Panateneas. ¿Suficiente?
-Bueno… no está mal. ¿El resto de ella es tan bonito como ese culo suyo?
Aioros se llevó el vaso a los labios inmediatamente. Ignorando de pronto aquel insufrible sabor que abrasaba su garganta cada vez que daba un sorbo. Pero la cuestión era, que aquella conversación se estaba tornando demasiado rara por momentos. Una vez más, se encontró buscando la mirada de Saga entre todos ellos. El gemelo se había tornado mucho más serio que antes… o quizá solamente era cosa suya y su problema con la resistencia al alcohol.
¡Y allí estaban! ¡Hablando de las habilidades intimas de Naia! Cualidades de las que, no estaba seguro, quisiera saber.
-O más. –respondió Kanon. Milo ensanchó su sonrisa.
-Apuesto a que a ella la encantara saber que su superior y su… lo-que-sea, están hablando de esto en este instante. –masculló Camus.- Frente a todos los demás.
-Tranquilo, no tiene por qué saberlo. Y si se entera, ¡se como mantenerla contenta!
-No era suficiente con Milo, no. –protestó Aioria.- Ahora también tenemos a Kanon.
-¡Un momento! –exclamó Milo, interrumpiendo la conversación. Su ceño se frunció, y su mirada se volvió hacia Saga. El mayor ladeó el rostro.- ¿Desde cuándo lo sabes tú?
Saga solamente se encogió de hombros, calando suavemente el cigarillo. Desde el principio, lo sabía desde el principio, desgraciadamente. Y eso que el principio se remontaba muchos, muchos años atrás. Claro que su sentido de la privacidad le impedía chismosear al respecto o mencionar algo de aquel curioso encuentro en su cocina. No era algo de lo que tuviera ganas de hablar. Además… eran asuntos de Kanon y como tal, se mantendría a distancia prudencial y segura. Eso era lo mejor para todos, incluida su integridad física y mental.
-¡Oh! ¡Vamos! Y te lo has callado todo el tiempo. –El escorpión se cruzó de brazos y frunció el ceño.- ¡Qué poca decencia!
-¿Te hubiera servido de algo saberlo entonces? –respondió simplemente. La mirada de su hermano estaba fija sobre él, pero prefirió ignorarla. No tenía intención alguna de ayudarle, pero tampoco iba a complicarse su propia existencia más de lo necesario.
-¡Estas cosas se cuentan! –El gemelo volvió a encogerse de hombros.- ¡Vivís en el mismo templo! –"Desgraciadamente", pensó Saga.- Hay muchos detalles que debes saber…
-¿Cómo cuáles? –sin saber por qué, la pregunta fluyó de los labios del mayor.
-¿Es ruidosa? –Un montón de ojos se abrieron de par en par en ese instante, y Saga se arrepintió inmediatamente de haberle dado pie a preguntar.
-¿Ruidosa? –repitió, luchando por no atragantarse con el humo.
-Ya sabes… -Milo se relamió los labios, y Saga parpadeó un par de veces. Alzó las cejas apenas perceptiblemente, sin saber que le espantaba más: la pregunta que le estaba haciendo a él acerca de Naia, o la cara perversa de Milo.- Me encanta cuando son así…
-Lo es, bicho. –Kanon alzó la copa y le guió un ojo.- Adorablemente ruidosa. –Saga rodó los ojos. No sabía si "adorablemente" era la palabra adecuada, pero debía admitir que escandalosa, era. Ese era uno de los motivos, entre otros mucho más interesantes, por los que casi nunca pasaba la noche en Géminis.
-La imagen mental que se esta formando en mi cabeza es demasiado interesante en este momento, Kanon. –el gemelo río con suavidad.
-¿Qué más quieres saber?
-¿Siempre ha sido así?
-¿Así de divertida? –El escorpión asintió con interés.- Ya lo creo que si. Era una mocosita muy interesante y para nada tímida… -Y el modo en que pronunció aquella última palabra no le pasó desapercibido a nadie. Saga clavó su mirada en él, y ladeó el rostro con cierta incredulidad.
-Un momento… -la sonrisa pícara de Milo se agrandó.- ¿Qué se supone significa ese "interesante"? –Kanon se encogió de hombros, con una expresión de fingida inocencia en el rostro.- ¡Esta no es la primera vez que estáis juntos!
Y en el preciso instante en que Milo terminó de hablar, Aioros se atragantó. Tosió un par de veces, mientras las miradas de todos iban y venían de él al menor de los gemelos. Alzó una mano, mientras su rostro se coloreaba de rojo y sus ojos se empañaban.
-Estoy bien… -murmuró con la voz ahogada.- Estoy bien.
-¿Seguro? –preguntó Aioria, sin saber a quién prestarle más atención en aquel momento. –Aioros alzó el dedo pulgar, y asintió. El menor se encogió de hombros y volvió a la conversación. El arquero buscó a Saga nuevamente, y esta vez sus miradas si que se cruzaron.
Saga no despegó los labios. Vio de soslayo a su hermano, que parecía dispuesto a presumir aquella tonta historia de años atrás. Y cuando decía presumir, significaba crear en la mente de sus compañeros un cuento que distaba considerablemente de la realidad. Lo que estaba claro, era que no tenía la menor idea del motivo por el que Naia lo había buscado en aquellas Panateneas o de lo que había sucedido en realidad el día de la desaparición de la amazona. Era todo un actor, aquello no había cambiado.
-La conozco desde los siete años, ¿qué esperabas?
Aioros volvió a carraspear, atrayendo la atención de los dos hermanos casi inmediatamente. Hizo un esfuerzo por ignorar el picor de su garganta, pero aquella historia se estaba tornando cada vez más cómica. Él si sabía lo que había sucedido aquella famosa noche… Y Saga comenzaba a hacerse una idea bien clara de que era así por la obvia mirada que le dirigía.
El geminiano apagó el cigarrillo en el cenicero y se sopló el flequillo. Debió imaginar que Deltha contaría todo. Ahora, solamente necesitaba saber que era ese "todo" exactamente.
-¿Has pensado que el Santuario tiene unas normas al respecto? –La pregunta de Shura acaparó la atención de todos.- No digo que este de acuerdo con ellas, solo digo que existen…
-¿Nadie se ha divertido un rato con una amazona aquí? –paseó su mirada por toda la habitación.- ¿Sois todos tan disciplinados y mojigatos? Porque tengo mis dudas en muchos casos. –preguntó Kanon, al descubrir el camino que tomaba la conversación. Sus ojos volaron fugazmente hacia su hermano.- Sin ir más lejos, Aioria lleva media vida con Águila, es un secreto a voces. Y lo de Apus y el arquero es como un cuento de hadas desde hace casi veinte años.
-¡Oye! –protestó Aioros.- No me metas en tus fantasías. –Y se esforzó por hacer hincapié en aquella palabra, porque eso eran, nada más.
-Si, pero no es algo que anunciemos por ahí, ni que queramos que Shion sepa. –se defendió Aioria.- Llevamos toda una vida, como dices, tratando de ser lo más discretos posibles.
-Yo solo digo que si Shion llega a saber, puede tomar medidas incómodas. –Aclaró Shura.- No creo que sea algo que nadie quiera… las consecuencias pueden afectarnos a todos antes o después.
-¡Cualquiera diría que estamos en el siglo XXI! –exclamó el gemelo.- Shion puede decir cuanto quiera, pero la norma de que Santos Dorados y Amazonas no se mezclan, es bastante absurda. Por no mencionar que dudo muchísimo que él mismo se crea que tal estupidez se cumple.
-Las normas están ahí por algo. –Todas las miradas se clavaron en Shaka en ese momento. Prácticamente no había mencionado palabra alguna, y que lo hiciera precisamente en aquel instante era… perturbador.- Las Amazonas no dejan de ser nuestras compañeras, nuestras subordinadas… En cualquier lugar del mundo, las relaciones entre compañeros de trabajo están mal vistas, sean estas del tipo que sean.
Durante unos segundos, nadie dijo nada. Kanon oteó las expresiones de sus compañeros una vez más. No era difícil imaginar lo que estaban pensando.
-¿En serio? –terminó por decir.- Respecto tu… llamémoslo "peculiar", manera de vivir, Shaka. Pero la mayoría de nosotros… -se encogió de hombros.
-Disfrutamos de la vida. –terminó Afrodita por él.
-Mucho. –acotó Milo.
-Eso mismo.
-No significa que este bien.
-De todos modos… -Aldebarán carraspeó.- Nunca he visto a Caelum subir hasta Géminis.
-Y probablemente nunca la veas. –La expresión picara y risueña adornó los ojos de Kanon, y el de Tauro supo inmediatamente a qué se refería.
-Sería preferible que los pasajes se usaran para otros… asuntos más importantes. –acotó Mu, en un apenas audible murmullo.
-Os hace falta vivir, amigos míos. ¡Relajaos y disfrutad!
-A unos más que a otros… -aclaró Milo. Kanon sonrió.
-Cómo sea… solamente se discreto. –Añadió Aioria, mientras apuraba el contenido del vaso, dejándolo después en la mesa.- Si Marin y yo terminamos en problemas por tu culpa, no me hará ninguna gracia.
-Y el minino tiene bastante mal genio. –Aioria asintió ante las palabras de Milo.
-Es hora de que me vaya… tengo una preciosa Águila a la que ir a buscar. –Se puso en pie, y el hecho de que hubiera hablado tan alegremente de ella frente a todo el mundo, era sin duda un claro indicativo de que el alcohol comenzaba a hacer efecto. ¡Maldito bicho!
-Ve, ve… no seré yo quien te prive de semejante compañía. –Aioria sonrió.
-De hecho… -Milo se cruzó de brazos cuando Kanon comenzó a hablar.
-¿Qué? ¿Tú también tienes una cita ineludible?
-¡Qué bien lo sabes!
-Vale, vale… me quedaré aquí a pudrirme de envidia, dialogando de temas menos superficiales que mujeres bonitas.
-¡Espera Aioria! –exclamó Aioros poniéndose en pie.- Voy contigo. –Saga lo observó irse. Aquel era un buen momento para huir, disimuladamente, e ir en busca de su hetaira favorita. Se puso en pie.
-¡Iros! ¡Golfos! ¡Iros! ¡Pero la próxima vez venid preparados con suculentas historias que contar! ¡El cumpleaños de Aioros debe ser épico! –gritó.
-X-
Al ser vencido por el bostezo, consiguió que las miradas de Kanon y de Aioria le cayeran encima como espadas afiladas. Aioros arrugó la frente, sintiéndose víctima de un escrutinio poco menos que incómodo, y se esforzó por ignorar aquella sensación tan rara que lo hacía sentirse confundido y agotado.
Mentiría al decir que pasar la velada con los otros chicos había sido desagradable, porque no lo había sido. Con todo lo accidentada y ligeramente chismosa que había sido la conversación, el arquero había pasado un rato de lo más tranquilo. Igual que se sintiese muchos años atrás, y a pesar de no haber contribuido en demasía a la plática, se había sentido a gusto… se había sentido parte del grupo. En conclusión, lo había disfrutado. Incluso ahora, cuando lamentaba haberse bebido aquel último vaso de vodka, no se arrepentía de haberse quedado hasta el final.
-¿Te sientes bien? –Aioria fue el primero en preguntarle, tras una espera que a Aioros se le hizo particularmente larga. Llevaba varios minutos con la mirada felina sobre él y la pregunta en la punta de la lengua. De cualquier modo, no le sorprendía su preocupación, del mismo modo en que tampoco esperaba que fuese Kanon quien se preocupase por su integridad física.
-Solo estoy un poco cansado. –Mentira.- Ha sido un largo día.
-Y aún así tienes fuerzas para caminar todas estas escaleras hacia abajo, solo por un poco de conversación con Apus. –Kanon abrió la boca; no era como que pudiera mantenerla cerrada. Sin embargo, Aioros no le prestó atención, pues casi de inmediato, su hermano pequeño continuó el interrogatorio.
-Bebiste más de lo que esperaba.
-Nah. Solo fueron un par de vasos. -¿Cuántos habían sido? ¿Tres? ¿Cuatro? ¿Más?
-No estás mareado, ¿verdad, arquero? –Negó, como respuesta a la pregunta de Kanon. Aunque a decir verdad, tampoco estaba muy seguro de sentirse entero.- El vodka suele ser cruel con aquellos no están acostumbrados.
-Sobreviviré.
Entonces, Kanon esbozó una sonrisa tan retorcida como cómplice. Como adolescente que él había sido, tenía muy presentes los efectos del alcohol en los ingenuos que caían en su encanto, y también tenía la impresión que era cuestión de tiempo antes de que el arquero cayera como una víctima más. Ya tendría oportunidad de divertirse a costa de ello.
-Bueno, ¿y qué? ¿Nos vamos a dormir ya?
-¿Eso es una invitación para continuar la fiesta?
-Oh, venga, gato. Detesto que me respondan con una pregunta. –El peliazul se quejó.- ¿Te interesa?
-Con mucho pesar, debo declinar la invitación.
-¿Por qué? ¿Esos asuntos que tanto deseas disimular esperan por ti en Leo? –La sonrisa traviesa de Kanon contagió a Aioria.
-¿A ti no? –Bastó con el brillo de complicidad en los ojos verdes del león, para que Kanon estallara en carcajadas. Cierto era que esperaba que Aioria tuviera razón, y pasara la noche acompañado del pecaminoso cuerpecito de Naia.
-Ojala… ojala…
-Por Athena, ¡ya no quiero más detalles! –Aioros rodó los ojos y, en ese mismo momento, tropezó.
Trastabilló un par de pasos, perdiendo todo tipo de orgullo y esforzándose por no terminar en el suelo. De no haber sido porque los reflejos de Aioria funcionaban mejores que los propios, hubiera terminado con la cara enterrada en el piso y las escaleras tatuadas en el culo. Al sentirse a salvo, solo pudo soltar un suspiro de alivio mientras sus esfuerzos, volvían a centrarse en recuperar la dignidad perdida.
-En serio, ¿estás bien? –Aioria acentuó la pregunta y, aunque el castaño mayor asintió, ya no estaba tan seguro de estarlo.
-Solo me tropecé.
-Claro, claro. Te tropezaste… –Las comisuras en los labios de Kanon se curvaron, formando aquella mueca sarcástica que Aioros conocía tan bien.- Con un botella de vodka.
-¡Oye! No estoy borracho. –Quizás solo estaba levemente intoxicado.
-Aún.
-Quizás deberías ir a Sagitario. –Aioria intervino. Pocas veces había quedado en medio de esos dos, pero sabía que no quería estarlo ahora mismo. Y lo que era peor, no tenía la menor idea de cómo iban a continuar hasta Géminis, juntos y solos, cuando él se quedara en Leo.- El mundo no va a terminarse si no ves a Apus una noche.
-Ya estoy de camino y estoy bien. –replicó. También era cierto que en un rinconcito de su cabeza, su ego no le permitiría echarse para atrás. Así que se apretó la cinta a la frente y continuó su camino, apretando ligeramente el paso y cuidando que cada paso que diera, le condujera al siguiente escalón, y no al piso.
El otro par de santos le siguió muy de cerca, cada cual con sus propias ideas. Para Kanon, todo giraba alrededor del amorío fugaz entre el arquero y el alcohol. Para Aioria, era esperar que su hermano no terminara matándose en las escalinatas zodiacales.
El resto del camino se fue prácticamente en silencio, hasta que Leo se dibujó en el horizonte y, más pronto de lo que esperaban, las sombras creadas por sus teas, se proyectaron sobre ellos. Entraron juntos y avanzaron hasta que el pasadizo a las habitaciones del quinto templo indicó que era el fin del camino para Aioria. Entonces, el león dorado echó una última mirada hacia su hermano, con la esperanza de que el tiempo hubiera cambiado su decisión.
-Hasta aquí llego. ¿Sigues decidido a bajar? –le preguntó, a lo que el arquero respondió con un movimiento afirmativo de la cabeza.
-Te veré mañana, ¿vale?
-De acuerdo. –Desvió la mirada hasta Kanon, arrugando un poquito la frente. Solo esperaba que el gemelo no contribuyera a que Aioros se rompiera la cabeza en la escalinata.- Adiós, Kanon.
-Diviértete, gatito. -Y con una última carcajada, el gemelo desapareció con rumbo a la salida. Detrás de si, los santos de Leo y Sagitario lo contemplaron en silencio. Por fin, Aioria bufó una vez más y dirigió sus ojos hacia su hermano, sugiriéndole que se pensara una vez más las cosas.
-¿Seguro de que vas a seguir?
-No tardaré.
Resignado, el león sacudió la cabeza. Palmeó el hombro del arquero y, dándose la vuelta, se marchó. Confiaba en que, con un poco de suerte, Aioros sobreviviría a esa noche.
-X-
No había demasiados temas de conversación entre ambos. De hecho, después de haberse enterado de más intimidades de las que debería durante la fiesta en Escorpio, Aioros no estaba seguro de querer encontrar algo de que platicar con Kanon. Temía que, de alguna forma, la conversación derivara en lo mismo.
Y es que, por mucho que hubiera crecido en una mujer preciosa, en su mente, Naia seguía siendo aquel pequeño torbellino de energía que tantas veces los hizo reír durante su infancia. Era su amiga; adorablemente inquieta y mona. Así que de pronto, enterarse de todas sus cualidades en la cama, no le venía demasiado en gracia. No es que fuera un santurrón, como Shaka, pero aquel era el tipo de cosas que prefería vivir ignorando porque, estaba seguro, de que tan pronto la viera a la cara, esos detalles volverían a su mente, y terminaría por morirse de vergüenza frente a ella. Si en algo no había tenido mejoría alguna, era en su habilidad para ocultar sus propios pensamientos.
-Eh, arquero. –Salió de sus divagaciones al escuchar a Kanon llamándole.- Enhorabuena, que llegaste a Géminis sin besar el suelo una sola vez. Tenía mis dudas de que lo consiguieras.
-Muy gracioso. Ríete. –En el fondo, él también estaba agradecido de haber llegado completo.
-Hubiese sido entretenido.
-Mala suerte la tuya. –Le miró con cierto fastidio. ¿Por qué tanto alboroto por un par de copas?- Ahora, te dejo. Pasa buena noche. –Agitó la mano en el aire para despedirse.
Sin embargo, apenas se había dado la vuelta cuando escuchó la risa conocida y el taconeo de los pasos que avanzaban hacia ellos. Por fin, la silueta de su visitante se revelo ante ellos, mientras el rostro de plata les contemplaba con los ojos muertos.
-X-
Con solo reparar en la presencia de ambos santos, Naia iluminó su rostro con una sonrisa. Rápidamente se despojó de la máscara y, a toda prisa, corrió a su encuentro. De todas las personas que esperaba encontrarse en Géminis, Aioros era probablemente el último en quién hubiera pensado… mucho menos cuando su acompañante no era otro más que el mismo Kanon.
-¡Ajá! ¡Habéis tardado! –Les dijo a modo de saludo.- ¿La fiesta estuvo interesante?
-Bastante. –Aioros masculló nomás verla. No quería ni acordarse de los sórdidos detalles de antes.
-¿Os habéis divertido? –Volvió a preguntar. Su atención se centró momentáneamente en la entrada a Géminis, detrás de ellos, esperando ver la figura de Saga acercarse en cualquier momento, lo cual no sucedió.
-Te diré algo, preciosa. –El brazo de Kanon se cruzó por encima de sus hombros y la atrajo hacia él. Naia, tomada por sorpresa, y extrañada por la muestra pública de afecto, le miró con curiosidad, dejando atrás sus pensamientos sobre Saga por un momento.- El bicho es un gran anfitrión.
-Y un bocazas preguntón. –volvió a mascullar el arquero.
-¿Dijiste algo? –La amazona le preguntó de inmediato.
-No, no. –Negó torpemente. Había hablado más fuerte de lo que le hubiera gustado y ahora, Naiara lo mira con tanta curiosidad como había mirado a Kanon antes. La diferencia era que el gemelo era mucho mejor disimulando que él.
-Estás sospechoso.
-¡¿Yo?!
-Tú, Aioros. –Naia sonrió con un travesura infantil al verlo sobresaltarse.- ¿En que estás pensando?
-¡En nada!
-Ya…
-Nuestro pequeño arquero tiene un efímero romance con el vodka. –El gemelo intervino, susurrando al oído de la joven y, por mucha inocencia que pudiera haber en aquel gesto, la forma en que el peliazul la miró y en que sus labios le rozaron la piel, pareció extremadamente sugerente a los ojos de Aioros.
-Oh… -Los ojos violeta de Naia le contemplaron con un escrutinio tal que el castaño se vio forzado a desviar la mirada.- ¿Vodka, Aioros? ¿En serio?
-Un par de vasos solamente. No sé por qué tanto escándalo por eso. –Se cruzó de brazos, a la defensiva.
-En realidad no tiene nada de malo. ¿Te gustó?
-Pues…
-Sabe a demonios las primeras veces, ¿cierto? –Rió. Vaya que recordaba su primera experiencia también.
-Creo que no voy a acostumbrarme jamás. –El santo de Sagitario sonó resignado.
-Bah. Dale tiempo y oportunidad. Entonces, terminará por gustarte.
En ese preciso momento, Aioros no estaba tan seguro de que tal cosa fuera a suceder jamás. Si había bebido trago tras trago antes, había sido porque se sentía extremadamente incómodo con parte de la conversación y, porque, de una forma que no podía explicar, se sentía comprometido a vaciar el vaso que Milo le había ofrecido.
Bufó y se rascó el cuello cuando vio a Kanon susurrar algo más al oído de Naia. Gracias a los dioses, fuera lo que fuera, no había alcanzado a escucharlo. No quería ser partícipe de los asuntos íntimos del gemelo menor.
-Como sea… creo que seguiré mi camino. –dijo.
-¿A dónde vas? –La morena le cuestionó.
-Abajo, a donde Deltha.
-¿Por qué no te quedas aquí un rato más? –La invitación le tomó desprevenido, no solo a él, sino también a Kanon.- Es tarde, Del quizás esté dormida y Kanon tiene una excelente provisión de vodka en el armario de la cocina. –El gemelo se sobresaltó de nuevo. ¡Naia estaba ofreciendo su vodka al arquero! Y, aunque podía ser entretenido terminar de emborracharlo, sus planes para esa noche iban mucho más inclinados hacia un rato de perversión y lujuria con la amazona. Aioros no pintaba nada ahí.
-Preciosa… -El peliazul quiso intervenir, pero la chica se encargó de impedírselo.
-¿Qué dices? Solo un ratito.
-Es que… no lo sé. –Admitió.
La mirada afilada del gemelo recayó sobre él, diciéndole sin palabras, que tenía que rechazar esa invitación. Kanon tenía sus propias ideas para pasar la noche y él no estaba incluido por ningún lado… no era tampoco que Aioros se sintiera especialmente animado. Pero, por la contraparte, estaba Naia y esa sonrisa, entre angelical y pícara, que infundía de luz a su rostro. Siempre le había parecido de lo más divertida y, tenía que admitirlo, cuando se trataba de ella siempre podía sentirse a gusto. Darle un palmo de narices no era precisamente lo que más quería.
-Anda, Aio. ¿Cada cuanto tenemos la oportunidad de pasar un buen rato? ¿Eh? –Suplicó. El castaño apretó los dientes y frunció el ceño. Su nivel de resistencia no era lo suficientemente alto como para negarle algo a aquella carita encantadora.- Por favor.
-Vale, vale. Un ratito. –cedió con suspiro. Si algo bueno salía de aquello era que al menos iba a estropearle el momento de diversión a Kanon.
-¡Genial! –Y, sin más preámbulos, la amazona tomó las manos de ambos y tiró de ellos hasta los privados de Géminis.
Ojala Saga estuviera ahí también... Hubiese sido perfecto.
-X-
Cuando abandonó la boca del pasaje, unas cuantas horas después, y alzó la vista para contemplar su templo en medio de la oscuridad, Saga no pudo sino sorprenderse. Todas las luces estaban encendidas, y la tímida claridad que salía de ellas, iluminaba el patio trasero tenuemente. Alzó una ceja, y movido por el cansancio y la curiosidad, se encaminó hacia el interior.
Sin embargo, cuando encaró la escalera, las voces y las risas que provenían de arriba, lo dejaron helado. Frunció el ceño suavemente, y subió en silencio, hasta que finalmente alcanzó la puerta del salón. Se quedó ahí unos segundos, escuchando, mientras la expresión de su cara cambiaba de curiosidad a desconcierto.
¿Esa voz era la de Aioros? ¿Qué demonios hacía él en su casa? Y lo que era peor… ¿Qué hacía allí con Naiara y Kanon?
Posó la mano en la manilla en el preciso instante en que, lo que supuso era un vaso, se rompía contra el suelo. Entonces abrió. Con suerte, quizá aún quedara algo de su casa en pie.
-¡Saga! –exclamó Kanon.
-¿Dónde estabas? –preguntó Naia con una sonrisa deslumbrante en el rostro. Al fin había llegado.- Es tarde…
-¡Fue sin querer! –atinó a decir el arquero, mientras intentaba recoger el desastre que su difunta copa había ocasionado.
Saga miró de uno a otro, sin saber muy bien que decir. Llevó sus ojos fugazmente al reloj de la pared, asegurándose de que había vuelto, de modo deliberado, lo suficientemente tarde como para no encontrarse en semejantes circunstancias. Lo había hecho a propósito, como la mayoría de las noches hasta aquel momento. Y aún así, no entendía nada de aquella extraña escena.
-¿Vodka? –ofreció Aioros.
Los ojos verdes de Saga se abrieron de par en par. Era posible que fuera cosa suya, y que se estuviera descubriendo como un tipo aprehensivo después de tantos años, pero… ¿Aioros arrastraba las palabras? ¡¿Aioros estaba borracho en su templo?! ¡¿Cuánto había bebido desde que salió de Escorpio?!
Se acercó hasta ellos, y tomó la botella ente sus manos, la observó con desconfianza, y agitó un poco su escaso contenido.
-Creo que no. –Apenas quedaban un par de gotas en ella.- ¿Una fiesta y yo sin saberlo? –"Una fiesta en mi templo, y yo sin saberlo", se corrigió mentalmente.
-No te ofendas, hermanito. –Hermanito. Tuvo que contenerse para no estremecerse al escuchar a Kanon. Siempre hubo algo en su manera de pronunciar aquella palabra, que le resultaba aterrador.- Verás… Aioros iba en busca de Apus. Aunque no me explico siquiera como llegó aquí sin besar el suelo en el intento… -Con los cristales en la mano, el arquero frunció el ceño.- La cuestión es que por algún extraño motivo que desconozco, Naia lo convenció para quedarse. Un ratito. –Naia asintió a su lado, aunque comenzaba a pensar que el pequeño ratito se les había ido de las manos.
-Ya… -No pudo evitar estremecerse. No tenía la menor idea de cómo habían podido convencerlo para quedarse precisamente ahí… y precisamente con Kanon. Eso, escapaba a su entendimiento.- ¿Ibas con Deltha? ¿Te está esperando? –Aioros asintió.- Y… ¿por casualidad la has avisado de que estas aquí?
El arquero entrecerró los ojos, mirándolo como si en lugar de él, fuera un alienígena de piel verde y antenitas brillantes. Supo inmediatamente que la respuesta era negativa, y tan pronto reparó en ello… comprendió que estaban metidos en un pequeño problema. O más bien, él estaba metido en un problema. Deltha no toleraría nada que tuviera que ver con su persona.
-Suficiente vodka por hoy, me parece. –Tomo la botella, prácticamente vacía, y la llevó a la cocina.
-¡No! –exclamó Aioros.- ¡¿Por qué te la llevas?! –Y protestó con tanto ímpetu, que uno de los cristales se hundió en la palma de su mano.
-Porque… -Saga lo miró fijamente y parpadeó un par de veces mientras se pasaba los dedos por la melena. ¿Qué demonios? ¿Aioros borracho? Eso era algo para lo que no había estado preparado.- Porque es mi vodka y os lo habéis acabado sin permiso. ¡Y deja los cristales! Te has cortado… -Y a ese paso, harían de ese desastre uno aún mayor.
Kanon se echó a reír, y el mayor se sintió, inmediatamente, hablando igual que un padre a un adolescente. Fulminó a su hermano con la mirada, que trató de cesar su risa del mejor modo posible sin conseguirlo, y se dio la vuelta, dispuesto a dejar la botella en la cocina. Escuchó los torpes pasos de alguien que lo seguía a toda prisa, e imaginó que fuera Aioros. Destapó el cubo de basura, y en el momento en que tiró la botella, un quejido histérico sonó a sus espaldas.
-¿Por qué lo tiras? ¡Aún quedaba! –Se dio la vuelta lentamente, y se sopló el flequillo. Vio al castaño de brazos cruzados, mirándolo con el ceño fruncido, aunque sus ojos se veían más risueños de lo que, estaba seguro, le gustaría mostrar.
-Toma. –Le tendió un trozo de papel de cocina.- Estás sangrando y vas a poner todo perdido.
-No me di cuenta… -murmuró el arquero viéndose la mano ensimismado. Saga le creía, sin duda. Lo más probable, era que su cerebro estuviera a varios años luz de distancia: y no solo esto, sino que estaría dormido, atenazado, y ahogado durante días.
Se sopló el flequillo de nuevo, y se dio la vuelta dispuesto a volver; pero entonces, Naia apareció de la nada y llegó hasta él.
-¿A dónde fuiste? –preguntó, golpeando su pecho con el dedo índice repetidas veces. Saga alzó una ceja.
-Por ahí. –Se limitó a responder.
-¿Por qué?
-Porque… -Un momento. ¿Cómo era que lo estaban interrogando a él?- Porque si. –La morena frunció el ceño ante su respuesta, mientras Aioros veía de uno a otro completamente fascinado. Siempre le había resultado un par de lo más interesante.
-Vives aquí. –protestó ella.
-Si, y tú no. ¿No es curioso? –Intentó pasar a su lado y llegar hasta la puerta, pero Naia parecía no dispuesta a ceder. Sometido al intenso escrutinio de su mirada, desvió sus ojos inmediatamente hasta Aioros, sin saber si lo que buscaba era ayuda, o si en realidad suplicaba por paciencia. Casi al momento supo que su propia ausencia durante la noche había sido parte de conversación de aquellos tres.
-¿Con quién estabas? –la voz, más escandalosa de lo normal, de Aioros le hizo estremecer.- ¿Eh?
-La pregunta correcta es que hacéis vosotros aquí. –dijo tranquilamente.- Tú, más concretamente.
-¡Eso ha sonado hostil! –exclamó Kanon desde el salón.
-¡Cierra el pico! –replicó Saga a voz en grito.
-¡A sus ordenes! –Entonces, antes de que pudiera percatarse de su movimiento, Naia recortó la distancia que los separaba una vez más. Buscó sus ojos, con su rostro más serio que segundos atrás, y posó sus manos en su pecho, impidiéndolo continuar. Frunció el ceño, y sus ojos violetas se entrecerraron mirándolo con severidad.
-Hueles a mujer. –lo acusó. Saga ladeó el rostro, completamente descolocado. Entreabrió los labios, dispuesto a protestar por aquel asalto a su intimidad.
-¿Tú crees? –Atinó a preguntar.
-¡Si! –La amazona se cruzó de brazos.- No creerás en serio que puedes ir por ahí pasando las noches con a saber quién sin que nadie se de cuenta, ¿verdad? ¡Merecemos saberlo!
-Eso, eso. ¿Quién es? ¿La señorita vampiresa? –rodó los ojos al escuchar a Kanon.
-Estáis borrachos, todos. –masculló, y no había nada más odioso, que ser el único sobrio entre un montón de idiotas etílicos.
-Siempre supe que eras un genio. –Aquel era uno de los momentos en que le hubiera quitado el sentido del habla a Kanon por toda la eternidad.
-Fingiré que esta conversación no ha tenido lugar.
-X-
Deltha ahogó un bostezo. Se había esforzado por mantenerse despierta todas aquellas horas, porque Aioros había prometido que no tardaría en ir por ella. Y, a decir verdad, no había dudado de su palabra porque conocía de sobra cual era su situación y su sentir al respecto.
No pudo evitar preocuparse cuando se retrasó, pensando en todas las múltiples cosas que podían haber ido mal, que no eran pocas. Milo había sido osado, y en exceso optimista, al atreverse a juntar a los doce en la misma habitación. Las cosas habían mejorado, pero por lo que Aioros le había contado… aún había demasiadas tiranteces sin resolver.
Ella solamente rezaba porque no hubiera sido un completo desastre, porque el arquero no saliera de aquella fiesta sintiéndose un completo extraño que no pertenecía ahí… Solo deseaba que no hubieran hecho de aquella noche un infierno.
Así que, finalmente, en mitad de la madrugada, decidió ir en su busca. Las opciones no eran muchas: quizá todo había ido mal y Aioros había preferido quedarse en casa, sin ver a nadie. ¡O podía haber sido peor que eso y que algo terrible hubiera sucedido en Escorpio! La posibilidad de la velada hubiera transcurrido con normalidad, era minúscula para ella.
Sin embargo, ahora que había alcanzado Géminis, se preguntaba cómo habían sido las cosas realmente. El tercer templo no era el único que parecía tener vida a aquellas horas de la noche, porque a lo largo de la escalinata zodiacal, las ventanas de una y otra casa relucían en la oscuridad.
Su confusión no tenía nada que ver con aquello, no. Sino con el hecho de que el cosmos de Aioros estaba ahí, en Géminis… junto al de Naia, Kanon y Saga. Deltha se quedó quieta donde estaba, contemplando la silueta ennegrecida del templo y barajando todas las posibles opciones mientras una ola de nerviosismo se hacía con ella.
Se colocó un mechón de pelo tras la oreja y resopló.
-¡Maldición! –masculló.
Tenía que entrar. Tenía que averiguar que había sucedido, y por qué Aioros no la había avisado de su retraso. Encontrarlo en Géminis había sido completamente inesperado, y la posibilidad de que Saga y él hubieran tenido otro encontronazo, aceleró su corazón y arrugó su frente. ¿Y si habían vuelto a pelearse? Estaba segura de que Saga podía tolerar un golpe, pero soportaría un segundo.
Tragó saliva, y se acercó con cautela al templo. Apenas quedaban un par de teas encendidas a aquellas horas, por lo que caminaba casi en completa oscuridad. Al fondo del amplio corredor, el destello inmortal de Géminis iluminaba el salón de batallas tenuemente; y cuando finalmente encontró el acceso a los privados del templo, sintió como su corazón se desbocaba.
Nunca había entrado en aquella parte de la casa. Se había limitado a llegar a donde estaba en aquel preciso instante. Y no estaba segura de que fuera el mejor momento para cruzar el umbral. En lo que a ella respectaba, aquel palacio era la misma boca del lobo.
Suspiró y, finalmente, corrió escaleras arriba; pasando por alto la belleza del palacio casi durmiente que recorría. Solamente deseaba llegar, y comprobar que Aioros estuviera bien.
-X-
-¿Quieres dejar los cristales? Mañana los recogeré. –protestó Saga, mientras Aioros se afanaba por recoger el desbarajuste de vodka y cristal que había hecho antes.
Lo cierto era, que el geminiano no estaba seguro de que fuera capaz de arreglar nada… a como él lo veía, estaba ocasionando un desastre aún mayor. Suspiró, y volteó fugazmente hacia Naia y Kanon. No sabía cómo había sido, pero de alguna manera, la atención que tenían puesta en él hasta hacía tan solo unos minutos, se había esfumado. Ahí estaban, enredados en el sofá, prodigándose más arrumacos de los que le hubiera gustado contemplar, y dejando escapar etílicas risitas y susurros cómplices, que le resultaban insufribles.
La escena era deprimente, se viese como se viese.
-Vamos.
Tomó del brazo al arquero, y tiró de él, intentando ponerlo en pie y alejarlo del peligro mortal que en su situación, suponían los pequeños cristales. Sin embargo, Aioros trastabilló con la alfombra, y lejos de ponerse en pie, terminó encontrando cierta comodidad improvisada entre el sillón y la mesilla.
-¡¿Qué demonios está pasando?!
El grito silenció el alboroto del templo. Saga se quedó completamente quieto, y con deliberada lentitud, volteó a la puerta, esperando encontrar al mismo Hades.
-¡Del! –exclamó Aioros con desbordante alegría.
-¿Qué…? –insistió ella, acercándose unos cuantos pasos. Sin embargo, al ponerse en pie, Aioros perdió el equilibrio una vez más y terminó desparramado en el sillón, ahogado en su propia risa. Inmediatamente, el rostro desprovisto de máscara de la amazona de Apus, taladró a Saga.
-Esto no es lo que parece. –murmuró, aún a sabiendas de lo débil que resultaba su defensa. No había visto aquella mirada desde hacía catorce años. Y aunque tenía un rostro de porcelana, digno de una preciosa muñeca… su mirada almendrada desprendía tanta ira, que no atinó a decir nada más. Deltha lo odiaba, simple y llanamente.
-Pues a mi me parece muy… -masculló ella.
-Bueno, ya que la señorita Apus ha llegado para hacerse cargo del chiquillo, nosotros os dejamos a lo vuestro. –Kanon, no la dejó terminar, se puso en pie, y después de picotear los costados de Naia con sus dedos, la cargó en brazos.
-¡Vamos a caernos! ¡Kanon! –Tres miradas permanecían fijas en ellos, sin saber muy bien como reaccionar ante tal escena.
-¡Deja de gritar, mujer! –picó sus costillas de nuevo, sacándola una carcajada. Y justo antes de desaparecer tras la puerta de la habitación, los sonrientes ojos violeta de Naia se despidieron de ellos en silencio. Después, Kanon cerró de un portazo.
Saga respiró hondo, y se sobó los ojos. Aquello era, simplemente, demasiado.
-¡Estás sangrando! –exclamó Deltha, al percatarse de la herida de Aioros.
-¡Fue un accidente! –se defendió él.
-¡Estas…! –Se llevó una mano a los labios.- ¿Cuánto has bebido?
-Un poquito solo. –Sus palabras surgieron de su garganta acompañadas del gesto de sus dedos, aunque tanto Saga como ella, estaban seguros de que se quedaba corto en su estimación.
-Creo que fue un poco más que eso.
-¡Qué bah! –Intentó ayudarlo a levantarse, pero Aioros se las ingenió para abrazarla y arrastrarla con él al sillón, de un modo más torpe del que le hubiera gustado. Lo que menos deseaba era armar una escenita como aquella frente a Saga, nada más y nada menos.- Quédate un rato, Del. Se está bien aquí.
-¿Cómo se te ocurrió…? –masculló ella, colocándose la corta melena en su sitio, mientras intentaba no rodar hasta el suelo. Pero en aquel momento, volteó hacia Saga, que los mirada con mezcla de consternación e incredulidad.- ¡¿Qué le diste de beber?!
-¿Yo? Nada.
-¿No? ¿Y qué demonios hace en tu sofá borracho como una cuba?
-Te dije que no era lo que parecía…
-¿Vas a decirme que se quedó por la preciosa compañía de tu hermano? –Saga alzó las cejas y arrugó suavemente la frente, en un gesto que Deltha no supo descifrar del todo.
-Más o menos. –murmuró. No iba a ser fácil convencerla de eso.- Raro, ¿verdad?
-No te estas ayudando ni un poco, Géminis. –siseó.
-Naia me invitó. –dijo despreocupadamente el arquero.- Quería que me quedara con ellos. Y puso esos ojitos que…
-¿Naia te…? –Deltha negó con el rostro y se humedeció los labios. En algún punto averiguaría que era eso que rondaba por la mente de su amiga la mayor parte del tiempo.- ¡Por Athena! ¿Qué te pasó en la mano? –Aioros se miró la mano, envuelta en la servilleta enrojecida.
-Rompí una copa. –murmuró con pesar.- Fue un accidente, Del.
Deltha no dijo nada, no podía con aquellos ojillos de cachorrito abandonado mirándola así. Se sentía tan molesta en aquel momento, que no tenía la menor idea de que hacer. Resopló, intentando calmar sus nervios por un momento, y se puso en pie. Apretó los dientes, y se cruzó de brazos.
-¿Qué pasa con vosotros? –Inmediatamente, Saga supo que el reproche iba dirigido a él.- Deberíais cuidarlo. Él nunca…
-Habla con Naiara si quieres una explicación, yo ni siquiera estaba aquí.
-Es tu casa.
-¿Y? –se sopló el flequillo.- No vivo solo.
-Ayúdame.
-¿Qué?
-No pensarás que lo podré llevar yo sola hasta Sagitario, ¿verdad?
Saga la miro fijamente, preguntándose si lo decía en serio o no, aunque sabía que ella tenía razón. No podría llegar hasta el noveno templo con Aioros así; ni siquiera llegarían hasta la puerta del salón, pero… Era un camino demasiado largo como para compartirlo con ellos dos en semejante situación. Respiró hondo una vez más, se mordisqueó los labios, y se resignó.
-Está bien. –susurró. Deltha apenas asintió ante su respuesta.
-Vamos, arriba, Aioros.
Deltha intentó levantarlo como pudo, le tendió la mano y jaló de él. Sin embargo, tras un par de torpes intentos, llegó a la conclusión de que no podría.
-Pon un poco de tu parte, ¿quieres? –gruñó. Aioros asintió, con una sonrisa divertida plasmada en el rostro. Deltha volvió a intentarlo una vez más, pero cuando al fin consiguió que se pusiera en pie, no le resultó tan fácil que mantuviera el equilibrio.- ¡Saga! –gritó con urgencia cuando estaban a punto de caerse.- ¿Piensas ayudarme? ¿O te vas a quedar ahí parado?
Y lo cierto era, que por muy divertida que encontrase la situación en aquel preciso instante, Saga no quería más problemas. Rápidamente llegó hasta ellos, y atrapó a Aioros antes de que destruyera su mesilla también.
-Andando, arquero.
-¡¿Andando?! –el espanto sustituyo la expresión de alivio de Deltha inmediatamente.- ¿No puedes…? No se, ¿la Otra Dimensión? ¿No se supone que puedes viajar por ella?
-Puedo, si. –la miró a los ojos.- Pero dudo mucho que en su estado, Aioros logre salir entero de ella. Sería como meterlo en una lavadora, y te aseguro que yo no voy a limpiar su desastre cuando empiece a vomitar como si fuera un grifo roto.
La amazona gruñó y se tomó unos segundos.
-¿Vamos o qué? –Preguntó Saga, sosteniendo al castaño.- Son las cinco de la madrugada. Con suerte llegaremos a Sagitario a la hora del desayuno.
-Vamos, vamos. –terminó por acceder, el geminiano tenía razón. Más valía que empezaran a andar.
-Ayúdame. –Deltha se sorprendió ante la petición.- Pesa.
-¿Me estás llamando gordo? –protestó Aioros. Saga alzó las cejas, había viejos complejos que nunca cambiarían.- Puedo andar… -se defendió.
-Claro que puedes. –farfulló Saga. Deltha se colocó del otro lado, rodeó la cintura de Aioros.
-Vamos.
Aquella sería una larga, larga noche.
-X-
A Saga las escaleras zodiacales siempre le habían parecido una tortura, útil, pero una tortura; a pesar de que estaba plenamente acostumbrado a ellas. Sin embargo, nunca había estado más convencido de que estaban ahí para hacer sufrir a los visitantes, fueran quienes fueran, como en aquel instante. ¡Y eso que las había atravesado en situaciones complicadas! Mucho más complicadas que esa…
Se sopló el flequillo cuando tropezaron por enésima vez. Desde que hubieron salido de Géminis, Saga no había dicho gran cosa, y a decir verdad, tampoco era necesario. Aioros balbuceaba una conversación ininteligible que, milagrosamente, Deltha comprendía. No era que ella estuviera muy parlanchina tampoco, porque en la mayor parte de las ocasiones se limitaba a contestar con monosílabos o a darle la razón. No podía hacerse una idea de lo furiosa que la amazona se sentía en aquel momento. Y a decir verdad, tampoco importaba mucho… casi con toda seguridad Aioros no recordaría nada de aquella noche.
Pero entonces, entre balbuceo y balbuceo, las palabras surgieron completamente nítidas.
-No me siento muy bien. –se quejó el arquero. Saga lo miró de reojo temiéndose lo peor, luchando por no tropezar de nuevo, y volvió la vista al frente. Una docena de escalones más y llegarían a Cáncer. ¡Aún Cáncer! Deltha debía de odiarle demasiado como para estar castigándolo de esa manera.
-¿Quieres sentarte un rato? –preguntó ella. Aioros asintió.
Saga tiró de ellos un par de escalones más, pero en aquel momento, los pies de Aioros se negaron a funcionar. Se tomó la sugerencia del descanso al pie de la letra, y les arrastró a ambos con él hasta que, milagrosamente, terminaron sentados en un escalón. Saga contuvo la respiración, estaban ilesos. De una pieza. Sin ningún pedazo de piedra incrustado en las costillas. Más o menos.
-¡Aioros! –exclamó ella, intentando no gritar. Saga dudaba seriamente que lo hubiera conseguido; con suerte, Shion no les habría oído desde el templo principal todavía.- ¿Estás bien?
El peliazul lo soltó, tomándose aquel improvisado descanso como la oportunidad perfecta para recuperar la sensibilidad de su brazo. Volteó a verlo, y de pronto, todo el color que adornaba el rostro de Aioros, pareció haberse esfumado. Frunció el ceño. Conocía aquella sensación.
-¿Te mareas? –preguntó Deltha. El castaño asintió torpemente, y después de acomodarse lo mejor que pudo en el escalón donde estaban sentados, apoyó los codos en sus rodillas y dejó caer la cabeza.- ¡Eso no te va a ayudar! ¡No inclines la cabeza!
No, no iba a ayudarle en absoluto.
Saga no tuvo tiempo de decir media palabra al respecto, porque antes de que pudiera hacerlo… la poca dignidad que quedaba del arquero se esfumó cuando empezó a vomitar. En las escaleras de Ángelo. Al cangrejo le encantaría. ¡Y a Arles, como había mencionado Shion, también!
-¿Qué ha tomado? –preguntó ella, preocupada, mientras sostenía su frente.
-Vodka.
-¡Pero si nunca había bebido nada! –Saga se encogió de hombros.
-Empezó en Escorpio y cuando lo perdí de vista, estaba bien. –se encogió de hombros.- Simpático, pero bien.
-¡Tendríais que haber cuidado de él! No es como vosotros… Todavía no se ha acostumbrado a estar de vuelta. Hay muchas cosas que desconoce aún.
-Es mayorcito, Deltha. Si no quería, pudo negarse.
-Exacto. –la voz de ultratumba del arquero surgió entre medio de los dos, captando su atención.
-¿Sigues vivo? –preguntó Saga, ciertamente divertido, ladeando el rostro y buscando los ojos acuosos del arquero, ensombrecidos por los rizos sudorosos y desordenados.
-Más o menos…
-¿Te sientes mejor? –quiso saber ella. Aioros asintió despacio.
-Mañana quizá puedas volver por aquí a recoger lo poco que resta de tu dignidad.
-¡Saga!
-Ya, ya me callo, Apus. ¿Seguimos?
-X-
Después de la parada forzosa en Cáncer, el camino se hizo menos pesado. Aioros caminaba, a duras penas, adormilado entre los dos. Seguía con su parloteo apenas comprensible, pero por lo menos el color había regresado a su rostro.
Dentro de todo, de la incómoda situación en que se había visto inmerso y la extraña compañía… Saga no podía sino encontrarle cierto toque cómico a aquella pequeña aventura. Al día siguiente, alguien tendría que dar explicaciones de lo que había pasado por la escalera, y sabía de sobra que no sería necesario decir gran cosa para que todos los dedos apuntasen a Aioros.
Iba a sentirse horrible por la mañana.
Y tan perdido estaba en esos pensamientos, que no les prestaba atención alguna a sus acompañantes. Se esforzaba por mover un píe, y luego otro. Sorteando cada escalón como si fuera una montaña.
-Naia dice que huele a mujer. –No reparó en lo que Aioros dijo, hasta que escuchó su risilla fácil, y sintió sobre si la mirada de Deltha.- Quizá por eso no estaba en casa.
-¿Qué? -cuestionó Saga.
-No tiene pinta de haberse comido a nadie tampoco. –Saga se detuvo, y alzó las cejas, sin comprender absolutamente nada de lo que decía.- ¡Mírale! ¡Tiene cara de nena buena!
-¿De qué hablas? –Prefirió ignorar el calificativo.
-Nada. –respondió Aioros, antes de sonreír con picardía.- Es solo que Deltha piensa que te comes a tus amantes, que deben ser muchas… -su rostro se tornó pensativo.- ¡No se! –Volteó hacia Deltha.- Hoy solamente hemos hablado de las intimidades de Naia…
-¡Aioros! –exclamó ella avergonzada. Nunca debió hablarle de ese estúpido chisme, antes o después pasaría esto.
-¿Qué demonios…? –Saga seguía sin comprender nada.
-¡Nunca dije eso!
-¿Acabáis de acusarme de canibalismo?
-Si. –respondió el castaño tranquilamente.
-¡No! –Deltha miró con reproche a Aioros, al sentir la acusadora mirada esmeralda sobre ella.- La gente dice algunas cosas, es todo.
-Dice muchas cosas. Demasiadas. ¿Eres de esas niñas que se lo creen todo?
-Algunas historias son bastante extrañas.
-¿Tengo cara de comerme a la gente? ¿En serio? –Inicialmente, Deltha pensó que Saga se molestaría, pero lo preguntaba con tal incredulidad, que tenía la impresión de que estaba casi acostumbrado a semejante tipo de rumores.- ¿De verdad?
-¡Y yo que se! Las buenas compañías de Arles dan mucho que hablar al parecer. –farfulló, intentando disculparse. Saga alzó las cejas.- Es una faceta tuya muy envidiada. Y la ausencia posterior de las susodichas… chicas, sospechosa. –El peliazul no dijo nada, miró al frente y continuó caminando. Por mucho que aquella historia pareciera una fantasía extraña y le diera casi curiosidad, no le agradaba demasiado el camino que tomaba aquella conversación.
-¿Te has comido a la vampiresa? –preguntó atropelladamente el arquero.- ¿No se supone debería ser al revés?
Saga se sopló el flequillo. Aquello debía ser un castigo divino.
-Solo camina. El hecho de que hayamos pasado Leo sin que tu hermano se diera cuenta, no significa que estemos a salvo. Lo más probable es que sea él quien me de una dentellada si te encuentra así.
-Es probable.
Y no mucho después, Sagitario se alzó frente a ellos. Saga agradeció, internamente, a todos los dioses del Olimpo y al resto del Panteón religioso del planeta. Estaba demasiado viejo para esas cosas.
Con un último esfuerzo llegaron a su dormitorio, para alivio de Saga y Deltha. Lo dejaron caer en la cama, no sin cierto trabajo.
-¡Ven, Del! –exclamó Aioros, haciendo un hueco a su lado y tirando de ella sin miramientos.
-¿Estamos todos bien? –preguntó Saga, obviando la incómoda situación por la que pasaba Apus. Ahí estaba ella, forcejeando con su cuerpo menudo porque Aioros la dejara moverse, y con el rostro teñido de un intenso rojo.- Si, creo que si. Será mejor que me vaya…
-¡Saga!
-¿Mmmm?
-Gracias.
Asintió suavemente, agradecido por aquella pequeña palabra que en algunos casos significaba tanto. Quizá a partir de aquel día, Deltha dejara de odiarle de aquella manera. Al menos un poquito.
Por lo pronto, se iría. Era asunto de ella lidiar con Aioros a partir de entonces. Él ya había hecho demasiado dada su peculiar relación. Eso sí, se encargaría de recordar los pormenores de aquella noche en su preciso momento.
Suspiró, y abandonó el templo. No tenía mucho sentido volver a Géminis a aquellas horas, no con Naia y Kanon ahí. Después de todo, Arabella estaba mucho más cerca.
-Continuará…-
NdA:
Saga: Agradezco también a la Academia por el reconocimiento a mi trabajo; a mi equipo por haber confiado en mi; a mis padres, aunque no los conozco…
Aioros: …
Damis: Pues imaginaos ahora, lo que tuvimos que pasar en el Caribe…
Sunrise: … con el "todo incluido".
Saga: A Pelusa, mi futuro gato; a Aletia, por seguir haciendo unos helados maravillosos; a Arabella, por ser tan encantadora y acogerme en su habitación cada noche de exilio…
Masky: Si, si, pero ¡¿quién va a limpiar mi escalera?!
Damis: Queremos aclarar que ningún santito o personaje de ficción ha sufrido daños con este capítulo.
Sunrise: ¡El abuso de bebidas alcohólicas es malo para la salud!
Damis: Pero a veces… divertido.
Saga: Y por último, agradezco al proveedor ilegal de Milo, por conseguir el alcohol más adulterado de toda Grecia. A todos, ¡Gracias!
Aioros: ¿Has acabado?
Saga: Si, creo que si. n_n
Kanon: ¿Cuándo volvemos a emborrachar al arquero?
Aioros: Nunca. Olvidemos que todo esto sucedió.
Saga: Claro (a).
Aioros: Nos vemos en el siguiente capítulo… cuando recupere mi dignidad, mi cerebro y mi estómago.
Kanon. Ahora que Aioros ha vendido su orgullo… ¡Tened la decencia de dejar review! Y seguiremos contando trapos sucios ;)
Saga: ¡Hasta el próximo capítulo!
