Capítulo 32: Operación rescate (Primera parte)

Cuando sus cosmos dejaron de sentirse, Aioros había experimentado una terrible sensación de soledad. Sentía la boca seca, y un nudo se había apoderado de su garganta. Sabía que no les podía pasar nada peligroso ahí fuera. Bueno, realmente eso era relativo. Temía por Saga en el mundo real… pero para eso estaba Deltha ahí. Y por ella… los dioses sabían que solamente se preocupaba por cualquier imprevisto de magnitud divina, y para eso estaba Saga. No había de qué preocuparse mientras Saga estuviera con ella. Salvo de Shion.

Shion era otra historia. Y en aquel momento, era su historia.

No había pegado ojo en toda la noche, así que había terminado por levantarse de la cama poco antes del amanecer. Se alistó rápidamente, repasando su plan una y otra vez; y abandonó Sagitario a toda prisa.

Apenas unos minutos después, Libra se dibujó frente a él. Respiró hondo antes de alzar su cosmos con suavidad y esperó unos minutos por respuesta. Esta tardó más en llegar de lo que le hubiera gustado, pero cuando lo hizo, el arquero se adentró a toda prisa a los privados del templo.

—Buenos días. ¡Qué madrugador! —Dohko ahogó un bostezo, y solamente entonces Aioros reparó en que quizá lo había despertado.

—Disculpa, ¿te desperté?—preguntó con una sonrisilla nerviosa. El chino negó.

—No, tranquilo. Solo me sorprendió tu presencia. —Lo observó atentamente, consciente de qué era lo que pasaba por la mente del Santo, y por un momento, disfrutó de su inquietud. —¿Sucede algo?—preguntó con una diminuta sonrisa. ¡Los dioses le castigarían por estar disfrutando de aquella travesura como un chiquillo! O para el caso, Shion lo haría. No tenía muy claro qué era mejor.

—Es que… —Los ojos azules de Aioros se pasearon por el salón. Nunca antes había estado allí. —Necesito hablar contigo.

—Claro, siéntate. —Extendió su mano invitándolo a tomar asiento. —¿Quieres desayunar algo?

—¡No! No…—carraspeó. Había sonado demasiado abrupto. —Pensaba ir al templo como siempre.

—Está bien. —Se sentó frente a él. —Soy todo oídos.

—Vale… —Aioros respiró hondo, y se apretó la cinta roja con cierto nerviosismo. Mientras tanto, Dohko alzó una ceja. —Verás, ha sucedido algo… —Estaba nervioso. Era obvio. Sin embargo, el arquero busco sus ojos y mantuvo la mirada con firmeza. Había pasado mucho tiempo sumido en la inseguridad, pero ahora Saga, Naia y Deltha, necesitaban de él. Necesitaban todo lo que pudiera darles. Era el momento de recordar quién era y todo lo que podía hacer más allá del cosmos. —Supongo que habrás notado que Saga y Kanon han salido del calabozo. —El chino asintió. —Y dado que el motivo que les llevó allí en primer lugar es de dominio público, no me andaré con rodeos. Shion sacó a Naia del Santuario.

—Lo sé. —El arquero entendió rápidamente. Después de todo, Dohko y el viejo mantenían una amistad tan curiosa como la suya y el geminiano. Se mordisqueó el labio antes de continuar.

—Saga se ha marchado, tras ella. —El santo de Libra no hizo un solo gesto que delatara sorpresa. De modo inmediato, Aioros ladeó el rostro y alzó una ceja. —No estás sorprendido.

—¿Debería?

—Bueno…

—Saga se mueve al dictado de su cabeza. No se mueve por impulsos. —Le quitó importancia con un gesto de su mano, para después continuar. —Quizá solamente observé de lejos todos esos años, pero tras el desenlace de todo aquello y después de Hades, aprendí unas cuantas cosas de ellos... —Sonrió de nuevo. —Se me da bien calar a las personas, he vivido muchos años después de todo. Puedes ser el más racional de la tierra, pero cuando tocan algo que de veras quieres, tu corazón gritará más alto que tu cerebro. Siempre. Saga no es una excepción. —Sabía de sobra que podía acortar la conversación, diciéndole que simplemente estaba al tanto de todo; pero algo dentro de si, le empujaba a esperar hasta que Aioros terminara de hablar.

Por algún motivo que desconocía, quería ver hasta que punto el arquero defendía aquel plan. No porque dudara de él, más bien todo lo contrario. Sin embargo, eran aquellos gestos… aquella manera de defenderse y cuidarse las espaldas, lo que a Dohko realmente le conmovía, recordándole los viejos tiempos. Había podido verlo en otros de los chicos: Aioria, Milo… pero contemplarlo en los mayores, quienes eran los que al final más perdidos estaban, le resultaba simplemente especial y emocionante. Le maravillaba ser testigo de aquella lealtad y nobleza.

—Necesito tu ayuda.

—¿Para qué?

—Para suavizar a Shion. No estará contento. —Chasqueó la lengua con disgusto. —Por lo que se, ayer no quedaron en los mejores términos. Y esto… —Se encogió de hombros.— Creo que hay un pequeño duelo de autoridad aquí. —Dohko rió suavemente.

—Estoy de acuerdo en eso. Tengo la impresión de que Saga y Shion se parecen mucho más de lo que ellos mismos creen. Pero, todo ese problema de autoridad y ego, ¿importa realmente?

—No, la verdad es que no. —Guardó silencio durante unos segundos en los que se limitó a juguetear con sus dedos. —Solo quiero que vuelvan, y las cosas se calmen. Saga estaba feliz estos últimos tiempos… y ella también. Son mi familia, y después de todo lo que ha sucedido… —Negó lentamente, mientras sus ojos cristalinos parecían capaces de traspasar al viejo Maestro solamente con la emoción que desprendían. —Creo que todos merecemos un poquito de felicidad, aunque atente ligeramente contra las normas del Santuario. Además… —Suspiró. —No se ha ido solo. Deltha quiso acompañarlo, así que, sinceramente… lo que menos deseo es que esto termine siendo una catástrofe que la salpique a ella también. Y sé que Saga tampoco quiere daños colaterales en este asunto.

—¿Por qué dejaste que le acompañara, entonces? Saga se basta y se sobra para hacer lo que tenga que hacer.

—Porque Deltha también sufre. No solo por la ausencia de Naia, sino porque el Santuario le resulta un lugar difícil… La presencia de Naia siempre la ayudó a salir adelante aquí. Y sinceramente…—Sonrió con picardía. —No estoy seguro que el mundo real sea un lugar muy seguro para Saga. Ya sabes… el siglo XXI. —Dohko alzó las cejas y estalló en carcajadas. Ahí estaba, precisamente Aioros, hablando lo fuera de sitio que Saga se encontraría ahí fuera. Aioros, que se había perdido trece años de su vida.

—Comparto tu impresión—respondió ciertamente divertido—. Son un equipo bastante particular.

—Solo espero que no provoquen ninguna catástrofe—musitó—. ¿Qué dices? ¿Crees que puedas ayudarme?

Dohko lo miró por unos instantes, y después dejó caer la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos. Aioros tenía su ayuda desde antes incluso de haber llegado a su templo, pero tampoco pasaba nada por torturarlo un poquito y desde donde estaba, podía sentir su paciencia quebrarse poco a poco.

—Te diré algo interesante.

—¿El qué? —Aioros lo miró a los ojos, expectante.

—Anoche salí a caminar aprovechando que había parado de llover. ¿A qué no sabes a quién me encontré? —Sin darse cuenta, el arquero se irguió y su rostro se ensombreció. —Tranquilo. Su salida del Santuario fue un plan excelente, salvo porque Orión les estaba siguiendo.

—¿Nikos?—preguntó irritado.

—El mismo. Pero tranquilo, Saga se encargó de espantarle un poquito, y yo terminé de convencerle. Él no será un problema, está demasiado afectado por todo esto. No solamente por la ausencia de su hermana, sino por el peligro en que Deltha se está poniendo. Es curioso. —Hizo una pausa, valorando la extrañeza de todo aquello. Aioros, mientras tanto, frunció el ceño. Él si que sabía porqué Nikos se preocupaba tanto por Deltha. —Hablé con ellos. El plan es bueno… pero Saga no puede permitirse deambular por el mundo sin destino, a ver si por casualidad la encuentra. Shion va a tardar más bien nada en saber que no está. No tiene mucho margen de tiempo para actuar.

—Si, lo se… —Se revolvió los rizos.—Por eso te necesitamos…

—Les dije dónde encontrarla. —Aioros abrió los ojos de par en par, y poco después, una sonrisa se dibujo en su rostro. —Shion la envió a Jamir.

—¡Gracias!

—No me las des. Lo difícil viene ahora. —Su rostro siempre apacible y tranquilo, adoptó una expresión más seria y preocupada. —Con el cosmos apagado, les va a llevar bastante tiempo llegar. Por no mencionar que el acceso a la torre en un pequeño problema en esas condiciones. —Aioros asintió apesadumbrado. Solo esperaba que Deltha no terminará cayendo al fondo del abismo manoseada por un montón de fantasmas rencorosos. —De todas formas, le dejé bien claro que no se moviera de Jamir hasta que yo le confirmara que podía hacerlo. Shion, como bien predices, montará en cólera. Por muchas cosas: por desobediencia reiterada, por desafío a la autoridad… y, simple y llanamente, porque es Saga. Ahora mismo no tiene la menor idea de a que atenerse con él. Además, sabes que hay una amenaza en el horizonte, y la ausencia del sello de Ares… —Aioros dibujó un mohín de disgusto. —Todo es un poco complicado.

—¿Por qué les ayudas entonces? Podría entender que no lo hicieras. Visto como lo planteas… —Odiaba decir lo que iba a decir, pero era cierto. —Es peligroso que Saga esté fuera, solo y sin su cosmos.

—Lo es. —Asintió. —Pero… como bien le dije a Shion, todo esto me parece un error. El problema le tiene con los gemelos, no con la amazona. Sacarla, es como quitarle un juguete a un niño: cuanto más se lo quites, más lo querrán. Y con ello no quiero decir que lo de Saga sea un capricho. Eso, yo no lo sé. Aunque creo que es demasiado racional como para hacer todo esto por nada. No me parece el tipo de Santo al que se le escapé una mujer de la que se encapriche. —Aioros frunció el ceño. Estaba de acuerdo en eso, y era algo que realmente le crispaba un poquito los nervios y minaba su confianza en esos menesteres. Había oído y visto muchas cosas, pero como bien decía Dohko… todas aquellas habladurías, aunque fueran ciertas, no se correspondían con la actitud que tenía hacía Naia. ¡Demonios! Le había visto coquetear cada mañana con Arabella en el desayuno… Naia era, simplemente, un tesoro para él. —Además, dijiste algo muy cierto. Merecemos… Merecéis —se corrigió—algo de felicidad.

—Entonces, ¿qué haremos?

—¿Qué has pensado?

—Avisar a Camus. La ausencia de Saga no pasará desapercibida, pero la de Deltha sí. Al menos si él nos ayuda, nadie tiene porqué reparar en que ella tampoco está. De todas formas, son un tándem que nadie espera. Alegaremos que está enferma, y si su superior da su palabra, nadie tiene nada que decir. Ni siquiera Shaina. Es Camus.

—Ayudará.

—Si… Puedo dejarme ver por la cabaña, como hasta ahora, para no levantar sospechas. Incluso podría tratar de hablar con Nikos y que me echara una mano…—Suspiró, aquello iba en contra de su religión y la de Saga. —Después, supongo que haré lo que siempre hago cuando Saga y Shion se enfrentan, hacerme el loco e inocente, y fingir que no sé nada. La gente suele creérselo.

—Suena como si lo hubieras hecho antes…

—Porque así es… aunque a decir verdad, no me fue muy bien la última vez. —No logró convencer a Shion de que Saga había hecho lo correcto en aquella ocasión. —A partir de ahí, solo queda minimizar los daños hacia Saga y Naia.

—Déjame eso a mi. Al menos, deja que yo hable primero con Shion. Ya le advertí de que esto sucedería, sabe que iré a decirle "te lo dije" y a recordarle que se equivocó de estrategia. Sñe que es especialmente duro con la chica, pero ella ha pasado a un segundo plano desde que Saga salió del Santuario. El problema ahora se reduce a él. Ella esta fuera del ojo del huracán. Al menos, será así cuando Shion lo sepa.

—¿Tú crees?

—No está nada feliz con ella. Entre otras cosas, porque a su llegada, advirtió a ambas de que se mantuvieran a distancia y lejos de problemas. Es precisamente lo que Naiara no ha hecho. —Alzó una ceja, y adoptó una expresión pícara. —Sé que Deltha tampoco, pero al menos, ha sido más discreta.

—Realmente, a Naia los problemas la han llovido… no es como que lo haya provocado. —Trató de defenderla lo mejor que pudo. Era su pequeña después de todo. El pequeño torbellino que siempre había estado ahí a cada paso del camino.

—Sabes que eso no importa. Pero lo que quiero decir, es que debo tratar de apaciguar a Shion antes de que Saga vuelva. No lo calmaré, pero si al menos está más tranquilo, el choque será menor. —Aioros asintió. —Saga es responsable de sus actos, y lo sabe de sobra. Confío en que la racionalidad retorne a su cabeza tan pronto llegue a Jamir, y que cuando vuelva a casa… se calle todo lo que no quiso callarse ayer.

—Eso estaría bien.

—No te preocupes, le advertiré. —Se puso en pie. —Iré contándote todo lo que suceda, pero no quisiera que intercedieras a no ser que fuera realmente necesario. Que yo defienda a Saga en esto no es tan raro, soy imparcial aquí. Pero que lo hagas tú… no lo es tanto.

—¿Y Arles?

—No lo sé, realmente. Trataré de hablar de esto con él presente, y con lo que vea, sabremos si tenemos un aliado o no.

—Vale. Solo queda una cosa más.

—¿El qué?

—Kanon.

Dohko suspiró. Kanon era mucho más difícil de entender y de encarar. Saga era inteligente y calculador, pero Kanon, además de eso, era retorcido. Y visto el punto hasta el que habían llegado las cosas…

—Vigílale. No fue a Géminis anoche.

—No. Escorpio. —La mirada del chino se tornó meditabunda.

—Milo es listo—replicó con una sonrisa.

—Milo no quiere que se maten.

—Nadie quiere. —Aioros dibujó un mohín de disgusto. No, nadie quería. —Mientras Milo lo mantenga distraído, creo que las cosas estarán bien. De todas formas, vigílalo cuanto puedas.

—Trataré. Aunque Kanon y yo…—gruñó. No tenía intención alguna de ser su niñera.— Está bien, está bien.

—Vayamos a desayunar. Veamos que sucede cuando Shion se de cuenta de la ausencia de Saga. Aprovecha y habla con Camus.

—Si. —Dohko se encaminó a la habitación, dispuesto a vestirse, pero la voz del arquero lo detuvo. —¿Roshi?

—¿Si?

—Gracias. —El viejo maestro sonrió.

Cada vez que miraba aquel rostro lleno de pureza, su mente viajaba al pasado, cuando los tres pequeños viajaron a Rozan. Cuando la idea de contemplar un oso panda, les resultaba mucho más interesante que perfeccionar el uso de su cosmos. ¡Cómo le dolía ver el modo en que se había diluido la ilusión y esperanza de sus rostros! Él solamente quería devolverles un poco de aquel brillo.

¡Demasiado lejos quedaban aquellos tiempos!

-X-

Saga y Deltha se apartaron del sendero señalizado, y se internaron en el área de jardines, hasta encontrar un sitio donde pudieran pasar desapercibidos. Se dejaron caer sobre el pasto y, tras asegurarse que nadie merodeaba a su alrededor, pusieron manos a la obra.

Un enorme árbol les sirvió de cómplice y de protección ante el Sol incipiente de la mañana. Aún era temprano, pero para ellos que tenían prisa, el tiempo parecía escaparse entre sus dedos con más velocidad de la que podían permitirse. Habían pasado la noche buscando el modo de llegar a Atenas y ahora que estaban ahí, un nuevo obstáculo surgía en su camino hasta el Tibet. Tenían que resolverlo pronto, o de lo contrario, las cosas se complicarían más para todos.

Vaciaron las mochilas de ambos sobre el suelo y, tomando el dinero que habían recolectado, la pelipúrpura procedió a contarlo. Conforme avanzaba, su ceño se fruncía más y más: como un augurio de malas noticias.

—No es suficiente—dijo ella tras unos minutos. Saga resopló y se tumbó sobre el césped, sintiendo como cada vértebra de su espalda se acomodaba, de un modo extrañamente agradable después de aquella larga noche de tensión.

—Debí saber que esto era una mala idea…—musitó con pesar.

—¡Oye! No es una mala idea. Solo… tenemos que esforzarnos un poco más.

—Debí considerar el factor dinero—siguió hablando para él mismo, ignorándola a ella—. Fue una idea estúpida e impulsiva. Yo no soy así. —Saga se llevó las manos a la cara y se frotó los ojos con cansancio. Aún así, podía sentir la mirada de su acompañante sobre él.

—Estás enamorado. Las ideas estúpidas e impulsivas suelen ser comunes en ese caso… y no es que ésta lo sea. —Se apresuró a aclarar, por si las dudas.

—¿Vas a decirme que esperabas que esto sucediera? —Obvió la parte del enamoramiento. Ya era suficientemente raro hablar de sus sentimientos, como para hablarlo precisamente con Deltha. Ni la conocía tan bien, ni estaba seguro de entenderla la mayor parte de las veces. —¿Esperabas qué nos quedáramos varados por falta de dinero?

—No, la verdad es que no. —Ella se mordisqueó los labios. —Confiaba en que los ahorros de Aioros y los tuyos, sumados a los míos fueran suficiente para costearnos el viaje. ¡Sois santos dorados! ¡Los privilegiados de la Orden! ¡Os pagan mucho mejor que al resto de nosotros! ¿En que demonios os gastáis el dinero?

—No lo sé. Pregúntaselo a él.—contestó Saga, casi ofendido por el cuestionamiento.

—Aioros no es como vosotros.

—Aún no. Pero ya verás lo que tarda en serlo. —Deltha le respondió con una mirada de fastidio pero no dijo nada más. Saga se sintió ligeramente satisfecho con la pequeña victoria. —¿Has contado bien? ¿Estás segura de que no es suficiente?

—Sé contar. No es suficiente. —Meneó la cabeza. —Los aviones no son baratos, cariño—añadió con sarcasmo.

—Genial… —Un "cariño", en sus labios, sonaba macabro, amenazante y ligeramente homicida.

Se quedaron en silencio, cada uno cavilando un nuevo plan. Saga no podía creer que, después de haberse atrevido a dar el primer gran paso, su misión terminara en un fracaso tan enorme y estúpido como aquel. Alguien como él, siempre previsor, debería haber pensando en algo más elaborado y menos catastrófico. Pero, en vez de eso, había sido infantilmente ingenuo. Ahora estaba a mitad de Atenas, sin dinero suficiente y con Apus como única compañía. ¿En qué demonios estaba pensando al tomar semejante decisión?

Estaba tan ocupado maldiciéndose a si mismo, que ni siquiera notó el modo insistente y preocupado en que la amazona le miraba.

Deltha le contemplaba en silencio. Era raro tenerle tan cerca y pasar tanto tiempo a su lado. También era raro verle ataviado en jeans, zapatillas deportivas y una simple camiseta oscura, con el suéter atado a la cintura y la melena recogida en una coleta. Le resultaba tan diferente al Saga del Santuario, que iba envuelto en oro, siempre con la capa y la larga cabellera azul al aire.

También pensaba en que no podía verse más triste, frágil y desconcertado. Verlo tendido en el suelo, con ese rostro tan bonito como afligido, y aquella ropa tan inusual para ellos, le hacía pensar que no era diferente a todos los chicos reales a los que ella había conocido. Su corazón se rompía y la soledad le atrapaba, como sucedía con todo el mundo. Era tan… humano.

Ver a un hombre como él, salido de un cuento y convertido en una leyenda, quebrándose de ese modo, le partía el corazón. Lo veía tan solo y desvalido que…

Resopló.

Por mucho que se odiaran y por grandes que fueran sus diferencias, no podía evitar sentir pena por él. Lo que era peor, es que no sabía como consolarle. No tenía palabras para reconfortarle, aunque probablemente no las hubiera tampoco. Si existían, hubieran sonado terriblemente hipócritas saliendo de sus labios después de todo el escándalo que armase en su contra antes. Lo mejor que podía hacer era permanecer a su lado y llevarlo de la mano al encuentro de Naiara. Sin embargo, una cosa le quedaba bien clara: quizás Saga sería quien se encargara de cuidar de ella y de su integridad física, pero visto como iban las cosas, ella tendría que velar por la salud emocional de él y por su corazón malherido.

Más valía que se esforzara en mantenerlo entretenido, y a su mente, ocupada. Cuidaría de él lo suficiente… solo para entregárselo entero a su amiga. Después, sería problema de Caelum mantenerlo vivo y cuerdo.

—Tengo una idea—afirmó ella, tras un largo rato de silencio.

—¿Cuál? —La miró de soslayo, sin incorporarse. A decir verdad, la pregunta era meramente retórica. En lo que al santo respectaba, estaba dispuesto a intentar cualquier cosa que se les viniera a la mente.

—No va a gustarte.

—Nada de todo esto me gusta… y aquí estoy. Está claro que no hago nada de esto porque me guste. —La pelipúrpura arrugó la nariz y frunció la frente, disgustada ante tanto pesimismo. —¿Cuál es el plan, Deltha?—insistió.

—Ya va. ¿Sabes donde estamos?

—En los Jardines Nacionales.

—Sí, ¿y sabes que significa eso? —Él no respondió. —Estamos justo en medio de una de las zonas de interés más concurridas de la ciudad. —A pesar de todo, él no parecía comprender. —Significa: turismo.

—Apus, no te ofendas, pero no me apetece llevarte de paseo ahora.

—No, bobo. —Pateó suavemente su pierna, mientras le mostraba la lengua. —Los turistas se traducen como dinero.

—¿Qué?

—Anda, ponte de pie. —Deltha hizo lo propio, de un brinco, y tendió la mano a Saga para ayudarle. —Hoy me siento con ánimos. ¡Por fin tengo algo que enseñarle a un santo dorado!—festejó. El gemelo no se movió un centímetro.

—¿De qué estas hablando?

—Géminis, levanta ese bonito culo tuyo de ahí ahora—insistió ella. Saga quiso protestar, pero la mirada que le dirigió no fue suficiente para amedrentarla. —Sí, sí, he dicho que tienes un culo bonito, ¿y qué? —Se encogió de hombros. —Tú lo muestras, yo lo veo.

—¿Qué demonios…? —Se sintió desconcertado y ciertamente acosado. No había sido culpa suya que ella llegara en el momento justo cuando no llevaba más que una toalla empapada encima. Si al menos tuviera la decencia de haber llamado antes a su puerta… —Todos los Escorpio sois iguales—bufó, sin poder reprimir la imagen de Milo que se dibujó en su mente. Para su buena fortuna, ella ignoró el comentario.

—¡Deja de quejarte! Te enseñaré algo genial… muy genial. —El peliazul levantó las cejas. —¡Te enseñaré a robar! —Ensanchó la sonrisa al ver el rostro desencajado del santo e infló el pecho con orgullo. Pocas veces podía presumir de saber algo que ellos no.

—¿Sabes? Estoy seguro de que eso no es algo de lo que debas presumir.

—¿Por qué no? Soy una mujer de recursos.

Saga se incorporó sobre sus codos y la observó fijamente. Al principio, había pensado de que todo era una mala broma para romper la tensión. Pero mientras más contemplaba aquel travieso y cínico mohín, más convencido estaba de que ella hablaba muy en serio.

—Lo estás proponiendo de verdad…

—¡Por supuesto que si!—exclamó—. Es la única forma en que conseguiremos el dinero con rapidez. ¡Además soy condenadamente buena en ello!

—Pero es... ilegal.

—Menos mal que nosotros vivimos al margen de la ley. —Su argumento pareció no convencerle. —¿Qué más da? Si no nos atrapan, nadie puede saber que cometimos un crimen.

—Estás loca. ¡Nos vamos a robarle nada a nadie! No usaré mis habilidades para fastidiar a la gente—masculló.

—Un gran poder conlleva una gran responsabilidad, Peter.

—¿Qué?

—¡Spiderman! ¡Peter Parker y el tío Ben! —Saga la miró como si hubiera perdido la razón. Deltha dejó caer la cabeza con frustración. —¿No te suena?

—No…

—Olvídalo. —La amazona rodó los ojos. Algún día entendería que sus referencias al mundo real eran completamente inútiles e irrelevantes cuando hablaba con cualquier habitante del Santuario. Le consolaba un poco que al menos Aioros se esforzara por entenderla… a veces.

—Estás loca.

—Lo dejaste claro la primera vez. Anda, tenemos cosas que hacer.

—No robaré a nadie. Ya te lo dije.

—¿Quieres encontrar a Naia, o no? —Saga estuvo a punto de discutirle lo injusta que era aquella pregunta, pero su boca se abrió y ni una palabra salió de ella.

—Sabes que si…—masculló, al fin.

—Pues para eso, tenemos que subirnos al maldito avión que nos llevará hasta ahí. Habrá que hacer sacrificios. —Le tendió la mano de nuevo.

—Pero…

—¡Géminis! —El aludido calló de pronto. Miró el rostro severo, pero seguro de la amazona y supo que no podría resistirse mucho más. Tomó su mano y se levantó perezosamente. —Haremos esto, y no quiero oír una sola queja más.

—Vale, vale. —Saga apartó las mechas azules de su cara con un manotazo y se permitió ser arrastrado. Era ridículamente imposible que ganara cualquier discusión cuando su contraparte era Deltha. "Bruja mandona" pensó para sus adentros. —Terminemos con esto de una vez. —Muchas cosas había considerado de ese viaje, pero ninguna como esa. Aparentemente, su dignidad iba a ser parte del precio a pagar para recuperar a su amazona. —Pero solo robaremos a turistas. La situación está lo suficientemente mal como para ir por ahí, robándole a la gente que ya está jodida…

Escuchó la suave risa de la pelipúrpura y no pudo evitar voltear a verla, mientras ella tiraba de él para que apurara el paso. Alzó una ceja, dejándole saber que no comprendía nada.

—Un ladrón con conciencia. —Deltha rió. —Casi resultas adorable, Robin Hood.

-X-

El comedor estaba sumido en un sospechoso y tenso silencio. Fuera, había comenzado a llover de nuevo, y los truenos resonaban en medio del silencio. No siempre iban todos, pero aquel día las ausencias eran más obvias que nunca.

Saga y Kanon habían faltado muchos días ya, por sus estancia en el calabozo y sus discrepancias previas. Sin embargo, ahora que habían salido, sus dos huecos eran aún más notorios. Ninguno se había dignado a aparecer por allí, y nadie había hecho mención alguna.

Shion solamente se había limitado a observar. Sus ojos no se habían despegado del periódico aquella mañana, pero su cosmos funcionaba a pleno rendimiento. Quizá era paranoia, o una cautela llevada al extremo, pero no podía dejar de vigilar a los gemelos. ¡Eran demasiados quebraderos de cabeza ya! Por ello, no tardó en ubicar el durmiente cosmos de Kanon en Escorpio. Sus ojos rosados vieron de soslayo a Milo, que permanecía extrañamente silencioso; apenas compartiendo un par de palabras con Aioria mientras revolvía con hastío su café.

Después, el Patriarca respiró hondo. Agudizó su cosmos, y casi de modo inmediato, los lunares de su frente se arrugaron. Hizo el periódico a un lado, y se levantó. Se acercó a la ventana, y sus ojos entrecerrados pasearon por el contorno de las Doce Casas, deteniéndose en la tercera.

No estaba. Saga no estaba. O al menos, no lograba sentirlo.

Apretó los puños.

—Aioros—dijo con autoridad.

El arquero, que se había mantenido vigilante todo aquel tiempo, apretó los dientes. El momento había llegado. Compartió una fugaz mirada con Dohko, mientras el silencio sepulcral les rodeaba. Después contestó.

—¿Si? —Shion se dio la vuelta, y lo miró a los ojos.

—¿Dónde está Saga? —El arquero mantuvo la mirada y ladeó el rostro, a la vez que se encogía de hombros, con gesto confuso. Siempre había sido como un libro abierto, pero aquella vez tenía que funcionar.

El peliverde guardó silencio de igual modo, aunque su expresión se suavizó ligeramente mientras lo contemplaba. Que no sintiera su cosmos, no significaba que se hubiera ido. Simplemente, podía haberlo apagado sin más. Sin embargo, aquella posibilidad le parecía demasiado remota.

Apretó los dientes. ¡Los dioses quisieran que Saga no se hubiera marchado!

Después, abandonó el salón a toda prisa, y tan pronto como les dejó atrás, los santos se permitieron soltar el aire que habían contenido.

-X-

Camus aguardó expectante. No era precisamente el más cercano al arquero, pero sabía identificar la seriedad y preocupación en su rostro. Además, después del breve interrogatorio del Maestro, entendía de sobra lo que sucedía. Debía admitir que él también estaba preocupado.

—¿En qué puedo ayudarte?—dijo.

—Necesito un gran favor.

—Soy todo oídos.

—Escucha, es una historia larga, pero la versión resumida es esta: Shion sacó a Naia del Santuario y Saga marchó a buscarla. Obvia decir que sin permiso. —El ceño de Camus se arrugó levemente. Saga le estaba sorprendiendo enormemente con toda aquella historia. Primero el colgante, que tan polémico había resultado, la pelea… y ahora aquello.

Por un momento lo maldijo. Su vida era mucho más sencilla cuando apenas se preocupaba por Milo. Ahora que su grupo de gente valiosa se había ampliado, la congoja era más grande. Y ¡por Athena! Empezaba a pensar que Saga era una calamidad con piernas, del que tenía que preocuparse especialmente. ¡Quién lo hubiera dicho!

—¿Cuándo?—preguntó.

—Anoche.

—¿Y en qué puedo ayudar yo ahora?

—Deltha se ha ido con él. —Camus apretó los dientes. Era un tipo disciplinado, y le gustaba que las cosas funcionaran adecuadamente: con armonía, tal y como debían ser. Toda aquella historia empezaba a ponerle nervioso, porque era, exactamente, lo contrario. —Necesito que cubras su ausencia. Saga sabía que Shion notaría rápidamente su marcha y que eso acapararía su atención. No logramos convencerla de que se quedara, y ninguno quiere que ella se vea involucrada si sale mal…

—¿Hay opciones de que esto salga bien? —Aioros guardó silencio, contemplando aquella expresión gélida, completamente confuso. Quizá se había equivocado… quizá Camus no se complicaría la vida. —No me malinterpretes. —Tal y como si hubiera detectado su malestar, se apresuró a aclarar sus palabras. —Haré lo que pueda por ayudar, pero me gustaría saber que es lo que saldrá de esto, que no ha sido un plan improvisado. Saga y Deltha es… —El gesto de su rostro lo dijo todo.

—No ha sido improvisado—mintió. Aquella mañana estaba siendo todo un desafío, pero Camus pareció tranquilizarse al oírlo. —Pero si apresurado.

—De acuerdo. ¿Cuál es el plan?

—Solamente sigue la corriente. Responde si te preguntan. Estarán ausentes unos días, no sabemos cuanto. Si alguien quiere saber, Deltha está enferma. Gripe, con mucha fiebre. Nadie va a cuestionarte. No a ti. —Un pequeño toque de orgullo adornó el rostro del francés, y Aioros sonrió internamente. —Yo entraré y saldré de la cabaña de modo habitual. Orión también está al tanto de esto. La más preocupante es Shaina… pero confió que esté algo más calmada después de lo que pasó.

—Entendido.

—Gracias, Camus.

—Que conste, que no quiero que me tachen de chismoso… —La voz de Milo les pilló desprevenidos a los dos, e inmediatamente voltearon en su dirección. —Pero esto, en cierta manera me incumbe, y además puedo ayudar.

—Deberías dejar de escuchar conversaciones ajenas—espetó Camus.

—Oye, últimamente, es la única manera que tengo de enterarme de las cosas. —Se cruzó de brazos, cuando se unió a ellos. —Además, me ofende la poca confianza que todos tenéis en mi. ¡Soy más útil de lo que pensáis! —Aioros sonrió al escucharlo.

—¿Qué tienes en mente?

—Tengo a Kanon en Escorpio. Fui yo quien le sacó del calabozo ayer, y quien muy sabiamente le aconsejó que no se acercara a Géminis. —Alzó suavemente el rostro, orgulloso de su actuación. —Le hablé acerca de lo que había pasado con Caelum. Después de todo, soy su superior… y me avisaron con un triste mensaje.

—¿Y…? —Un Camus sorprendentemente impaciente, le animó a continuar.

—Os sorprenderéis al saber que le ha afectado más de lo que esperaba—murmuró. Estaba orgulloso de su pequeño logro, pero a decir verdad, aquella situación le resultaba un tanto desesperante. —Se ha dejado ver una pequeña conciencia ahí…

—Me cuesta creerlo… —musitó el arquero.

—La cuestión es que es como si de pronto, hubiera caído en la cuenta de que Saga se ha enfadado de verdad y de que ahora las cosas si que se han puesto serias, y que traerán consecuencias más allá de los planes que él tuviera.

—A buenas horas—respondió Camus.

—Así es Kanon, siempre a deshora.

—Dejadme que hablé con él. Quizá si empieza a hacer las cosas bien, una pequeña parte del enfado de Shion se disipe.

—No va a evitar que cuando Saga vuelva… —Milo se sopló el flequillo cuando oyó a Camus, mientras Aioros alzaba una ceja al descubrir la semejanza de aquel gesto nervioso con el de Saga.

—No, pero está bien. Es una buena idea. —Aioros re apresuró a interceder. No quería que se desanimaran. Toda ayuda era buena. Palmeó el hombro de Milo. —No importa que suceda, siempre es mejor si Kanon esta tranquilo y más dispuesto a estar de nuestro lado.

—Eso es.

—De todas formas…—terció Camus—. Shion solo ha podido darse cuenta de que el cosmos de Saga no está. Técnicamente, eso no significa que se haya ido… solamente que está apagado.

—Dejadme a Kanon a mi—sentenció Milo, dispuesto a marcharse—. Vosotros ocupaos del resto, y… al que deba encargarse del viejo… ¡Suerte! —Echó a andar. —¡Y mis condolencias!

Aioros dejó escapar una carcajada al escucharlo, y continuó observándolo mientras se alejaba. Después de todo, se sentía más tranquilo. Era un placer ver que todos se apoyaban y remaban en la misma dirección.

Las cosas estaban funcionando en aquella familia tan disfuncional.

-X-

Se habían acomodado en una mesa afuera del pequeño restaurante. El descanso les venía bien después de un día ajetreado y, aunque ninguno de los dos estaba especialmente hambriento, Deltha había insistido en que necesitaban comer algo, o se desmayarían a mitad del camino hasta Jamir.

La fonda estaba prácticamente vacía. Además de ellos, no había más que otra pareja y un par de personas solitarias que apuraban la cena para marcharse de ahí tan pronto les fuera posible. Era un sitio poco concurrido y sin mucho espacio, pero con comida decente y precios más que accesibles. Estaba algo escondido, en una callejuela con pendiente hacia abajo, angosta y sin mucha iluminación. A Saga, las semipenumbras le resultaban adecuadas para su humor en ese momento: oscuro, muy oscuro.

—Creí que eras condenadamente buena en esto. —Saga dio un micromordisco a su hamburguesa y volvió a dejarla en el plato. No tenía apetito.

Deltha lo miró con reproche, aunque no se atrevió a responderle. La frustración del santo emanaba por cada poro de su piel y era más que evidente en su mirada esmeralda. Ella no tenía intenciones de decir cualquier otra cosa que pudiera empeorar la situación.

Después de pasarse todo el día eligiendo blancos y robando cuanto podían, el dinero seguía siendo más que insuficiente. Todo había sido en vano: no solamente habían puesto la misión en riesgo al jugársela de ese modo, sino que también habían perdido más de doce valiosísimas horas. No podían darse el lujo de perder más tiempo. Mientras más larga fuera su ausencia, también sería más evidente y difícil de ocultar para sus cómplices en el Santuario.

—¿Alguna otra brillante idea, señorita reina del crimen?—añadió con sarcasmo, casi amargura. El tono oscuro que estaba tomando esa discusión no le gustaba a la amazona. Tenía que encontrar el modo de romper un poco la tensión.

—Solo cómete la hamburguesa y déjame pensar…

Se desparramó en su silla y tiró la cabeza para atrás, llevando los ojos al cielo. Hacía buen clima: no había una sola nube en el cielo y el frío les había dado una ligera tregua. De no haber sido por un gran problema, hubiera sido una noche perfecta.

Entonces, la respuesta a sus problemas pareció caer del cielo. Algunas voces femeninas resonaron a la distancia, entre risas y palabras atropelladas. Un grupo de chicas surgió de un callejón cercano. A la pelipúrpura no le pasó desapercibida su vestimenta, ni tampoco el modo atropellado en que conversaban entre ellas. Adivinó que habían comenzado la fiesta temprano y buscaban un lugar donde continuar con esa noche de diversión.

Las siguió con la mirada mientras caminaban en dirección a donde ellos estaban sentados. Quizás las miró con más interés del que debía, porque Saga levantó una ceja, intrigado. Poco sabía el gemelo lo que ella estaba planeando.

—Oye. —Sorpresivamente, Deltha tomó del brazo a la chica que pasó más cerca de ella. La mujer se respingó, pero su cerebro tardó en reaccionar ante el embate de esa mano desconocida. —¿Ves a mi amigo de aquí? —Apuntó a Saga. —Estoy dispuesta a entregártelo para una ardiente cita… por un módico precio.

Los ojos de Saga se abrieron cual platos, sin dar crédito a lo que sucedía frente a él. Su boca tampoco pudo cerrarse, sino que balbuceó aunque no hubo absolutamente nada que le viniera a la cabeza para decir.

Para la chica desconocida, las cosas no fueron tan diferentes. Espantada, la mujer se soltó con un manotazo y, sin mirar atrás, se alejó tan rápido como pudo, tirando de sus amigas. Deltha estaba segura de que la borrachera se le había curado del susto. Aunque, a decir verdad, de no haber estado tan ebria y de no haberse asustado tanto, se hubiera dado cuenta de que la mercancía que le ofrecía era de excelente y deliciosa calidad.

Entonces, miró hacia el santo. Una sonrisa traviesa asomó en sus labios, y se fue ensanchando hasta que estalló en carcajadas. Hubiera matado por tomar una fotografía de la épica expresión de Saga en ese momento. ¡Sería el souvenir perfecto!

—¡Estás loca! —Ella ignoró las quejas del gemelo y continuó partiéndose de risa, hasta que un trocito de hielo chocó contra su cara y resbaló por su escote, arrancándole un gritillo.

—¡Ey! ¡Esto está muy frío!

—¡¿Qué demonios pasa contigo?! ¡Lo que acabas de hacer es… es…! ¡Estás loca! ¡Bruja!

—¡No me llames así! —Se cruzó de brazos y frunció el ceño. —Creí que querías a Naia.

—La quiero, pero eso no tiene nada que ver con lo que acabas de hacer. —Bajó la voz al notar como todas las miradas del lugar habían caído sobre ellos.

—¿Recuerdas la parte de hacer sacrificios por ella? Éste es uno de los sacrificios que puedes hacer.

—Sacrificarme a mi, no está dentro de mis planes para tenerla a ella.

Cobarde. —La mirada de la amazona se tornó retadora, mientras una sonrisa sardónica volvió a dibujarse en sus labios.

Saga volvió a quedarse sin palabras. Su boca se abría y cerraba, mientras su dedo índice golpeaba la mesa con insistencia, como si estuviera en medio de un reclamo silencioso. Sin embargo, su voz no hizo acto de aparición. Maldita Apus y malditas sus inesperadas ocurrencias.

Sin poder contenerse por más tiempo, la pelipúrpura volvió a estallar en risas. Nunca iba a cansarse de esa expresión de desconcierto en la cara de Saga. Y si a eso se le sumaba el leve sonrojo que había llegado a sus mejillas, fuera por rabia o por timidez, la imagen era digna de recordarse. Con todo lo serio y duro que podía ser el geminiano, tenía las expresiones más graciosas que Deltha pudiera imaginarse.

—¡Basta ya! ¡Deja de reírte!—demandó él, aunque no esperaba que ella lo escuchara. Torpemente, la mujer trató de aguantarse la risa para regresar a la seriedad. —Te lo juro, Apus. Si escucho una sola risa más, así sea diminuta, terminarás en la Otra Dimensión.

—Inténtalo—dijo entre sonrisas traviesas. Saga no podía creérselo.

Se levantó de su silla lentamente y, apoyando las manos sobre la mesa, se estiró hasta que su cara quedó cerca de la de ella. Miró directamente a los ojos marrones de la amazona con un gesto amenazante. Deltha le sostuvo la mirada sin problemas, sin borrar aquella expresión retadora y divertida de su rostro.

—La venganza se sirve fría, Escorpio—siseó.

—Como digas, Géminis. —La amazona apartó el rostro y, de soslayo, lo vio tomar asiento de nuevo. —Pero, hablando en serio, deberías considerar que prostituirte es una maravillosa idea y que bien podría ser nuestra única opción.

—Mujer, eres como el diablo: haces que todo lo que sale de tu boca suene bonito y tentador, pero en el fondo, sigue siendo mierda. Ya te dije que no lo haré. —Desvió la mirada por un segundo, antes de volver a enfrentarla. —Si es tan maravillosa idea, ¿por qué no lo haces tú?

—Dudo que a Aioros esté de acuerdo con eso.

—¿Y Naia, sí?

—¡Es diferente! —Se defendió la mujer, levantando los brazos en señal de inocencia. —En vuestro caso, podría considerarse como una prueba de amor, de todo lo que estarías dispuesto a hacer con ella.

—Ya, Apus. Me imagino que deber ser muy romántico presumir que tu novio se ha tirado a otras mujeres como prueba de su amor por ti.

La mirada de fastidio en los ojos del gemelo, en combinación con el sarcasmo en su voz suave, era simplemente magnífica. Sin darse cuenta, Deltha sonrió.

—Solo te digo: tienes que considerarlo.

Estaban a punto de continuar con la discusión cuando se vieron interrumpidos. Uno de los hombres que cenaba solo, a un par de mesas de ellos, se había acercado y los miraba con curiosidad. Se rascó la cabeza con indecisión para después aclararse la garganta. Santo y amazona intercambiaron miradas.

—¿Puedo ayudarte en algo?—preguntó el peliazul.

—Sí, es que… me preguntaba—titubeó el hombre—. No pude evitar escucharos antes y… ¿Os dedicáis a ser… acompañantes? ¿Cuánto costaría una noche con tu amiga? —Deltha se atragantó con su bebida, mientras Saga esbozaba la misma sonrisa sarcástica que ella tuviera antes. Se levantó de la mesa, dejó el dinero de la comida encima y, entonces, se dirigió al hombre.

—Ella es completamente gratis. Disfrútala.

Después se marchó de ahí, dejando a la amazona totalmente desencajada.

-X-

—¿Eres consciente de que esto comienza a sonar a telenovela?—murmuró el mayor, tras escuchar toda la historia del desayuno.

—Bastante, si.

—Ya… —Kanon se llevó las manos a la nuca, y se acomodó en el sofá.

—Creo que este sería un momento excelente para empezar a hacer las cosas bien. —El gemelo alzó una ceja.

—¿De qué hablas?

—De que el viejo está lo suficientemente molesto ya, como para que tú sigas vagueando a tus anchas por el Santuario.

—¡Oye!

—Lo digo en serio. —Se mantuvo fuerte en su parecer, con los brazos cruzados. Kanon no le intimidaba. —Te daré un consejo útil, y me importa menos que nada si no lo quieres oír.

—Ilústrame, bicho. —Lo alentó, no viendo otra opción.

—Es hora de que empieces a ganarte a Shion de nuevo. En todo este tiempo has hecho como has querido, y eres afortunado porque el viejo te lo ha permitido. Te envidio por ello. Pero creo que si empiezas a salir, a entrenar, a encargarte de tu equipo… —lo miró de soslayo al mencionar ese detalle, y no le pasó desapercibido el mohín de disgusto.— A vigilar Géminis… lo más probable es que lo tome como un buen gesto de tu parte después de toda esta mierda. Una muestra de enmienda.

—Aunque haga todas esas cosas… —Se incorporó como un resorte. —No va a cambiar el hecho de que Saga se ha ido. Y eso, al viejo le ha tenido que doler. Mucho. Más que el resto.

—Dime algo. ¿Pretendes seguir rodeado de caos toda tu vida, o quieres hacer algo por cambiarlo? —Kanon frunció el ceño. Estaba acostumbrado a que Saga lo aleccionara, incluso Aioros. Pero que lo hiciera Milo, no solo era ofensivo, era preocupante. —Olvidémonos del viejo. Antes o después, Saga va a volver. Dudo seriamente que se le haya olvidado toda esta mierda cuando lo haga… —Y diciéndolo así, Milo se evitaba tener que señalar que él era el culpable directo. Kanon era listo como para entenderlo por si solo. —Ya hablamos anoche al respecto y sabes, al menos ahora lo haces, que las cosas van en serio. Supongo que es divertido irritar a Saga, pero creo que ha pasado la línea de ser divertido a ser peligroso… y eres tú quién va a tener que vivir en su templo.

—Ya, ya… ya pensaré en eso. Pero si esperas una disculpa, no va a suceder. Él empezó. —Milo lo miró fijamente, con expresión severa. —Argggh… Estás siendo molesto. —Resopló y se cruzó de brazos. —Pero tienes razón. Será mejor que vuelva a Géminis y adopte un poco de normalidad, antes o después el viejo querrá verme por todo este estúpido plan.

—¿Y qué harás?

—Decirle que se equivocó.

—¡Kanon!

—¡Es verdad! No me mires así. Todos aquí tenemos un modo diferente de lidiar con Shion y de decirle las cosas. Yo se las digo así, como suenan y como se me ocurren; que no lo hiciera, sería extraño. Y aunque no lo creas, no siempre digo idioteces, él lo sabe. Escucha más de mi, de lo que os creéis. Deja que escuche que eso también. En el fondo, es verdad. No importa lo que haya pasado conmigo y Saga. Mi hermano solo se ha largado por una decisión estúpida que Shion ha tomado. Una decisión un tanto extrema y absurda, porque no va a cambiar nada. Saga odia que le traten como a un niño, y es precisamente lo que el viejo ha hecho.. Deja que se lo escupa a mi manera. Causará efecto.

—Oh—murmuró—. Entiendo.

—Saga, Shion y yo tenemos una relación bastante particular, obviando las historias personales de cada uno. No entendéis como funciona…

—Lo hacéis bastante difícil, la verdad.

—Si, es probable.

—Me gusta tu recién hallada conciencia. —Golpeó su hombro con el puño suavemente, y Kanon refunfuñó.

—Déjate de tonterías. No es conciencia, es supervivencia. Lo dijiste antes. Molestar a Saga es divertido, hasta que deja de lloriquear y se pone serio. No quiero que me arranque la cabeza antes de tener tiempo de decir hola. —El menor alzó una ceja y una sonrisa burlona se dibujó en su rostro. Después, interrumpió el discurso del gemelo.

—¡Jah! Has admitido que puede hacerlo si quiere…

—Solo si yo le dejo. —Milo se echó a reír. Aquel asuntó de la capacidad de uno para ganar al otro, siempre le resultaría de lo más gracioso. Eso si, cuando era tratado a su manera. Claro que, él nunca mencionaría que Saga era el Santo de Géminis por un buen motivo. —Idiota.

—Si, si… venga. Mueve el culo de mi sofá y haz algo de provecho con tu vida. Te estaré vigilando.

—No me cabe duda.

-X-

Deltha lo alcanzó varios metros más adelante. Cuando se emparejó con el santo, se aseguró de dirigirle una mirada severa y le golpeó el brazo. El gemelo se quejó levemente y se sobó, pero el mohín malhumorado de la amazona le resultaba demasiado divertido para gruñirle en ese momento.

—¿Terminaste tan rápido? —La cuestionó, con una mezcla de diversión y seriedad en el rostro.

—¡No puedo creer que me hayas dejado ahí con ese tipo!

—Pensé que estarías cómoda con la idea. —Se encogió de hombros.

—¡Sabes que no!

—Pues imagínate como me siento yo… —La escuchó gruñir y se sintió a gusto. Al menos había cobrado venganza por el incidente con aquella pobre mujer.

—¡Alto ahí! —Antes de que terminara de hablar, Deltha se paró frente a él. Levantó la mano y la posó sobre su pecho, obligándolo a detenerse. Saga se sintió sorprendido. —Tengo una nueva propuesta para ti.

—No sé si quiero oírla—masculló. Como siempre, desde que iniciaran el viaje, ella pasó de él.

—Podemos prostituirte sin… prostituirte de verdad. —Saga no entendió nada; Deltha podría verlo en su rostro confundido. —Lo que quiero decir es que, podemos ir a algún sitio, encontrar alguna mujer interesante y con medios, para que te acerques a ella. Tendrás que emborracharla, convencerla de que te lleve a su casa, y una vez ahí…—hizo una pausa dramática, durante la cual el semblante del santo se oscurecía más y más—Dejarla inconsciente. Después solo tienes que dejarme entrar: usaré su tarjeta de crédito y su ordenador para comprarnos los billetes de avión. Antes de que te des cuenta, estaremos en camino a Jamir. ¡Bien fácil!

—¿Y si no tiene tarjeta de crédito?

—Nos aseguraremos que la tenga.

—¿Y si no tiene ordenador?

—Todo el mundo tiene eso hoy en día. Incluso la princesa os compró uno a vosotros. ¡A vosotros, por los dioses! Cuando regresemos a casa, recuérdame enseñarte a usarlo.

—Sé usarlo—protestó, ofendido. Era mentira; solo lo había encendido una vez… para apagarlo casi de inmediato, desconectándolo de la corriente, después de un ataque de pánico.

—Como sea. —Claramente, la pelipúrpura no se tragó la mentira. —¿Qué opinas del nuevo plan? ¿Estás dispuesto a intentarlo? —Le tendió el puño, esperando que él hiciera lo mismo, aceptando la propuesta.

El geminiano se lo pensó un poco. Arrugó la nariz con disgusto, pensando en que era un plan horrible y que muchas cosas podían salir mal. Sin embargo, el tiempo se gastaba y él no se estaba acercando a Naia. Por un momento, su expresión se tornó taciturna y compungida, lo que no pasó desapercibido para la amazona.

—Todo saldrá bien. Te lo prometo. —Le susurró, esta vez con sinceridad. Esbozó una sonrisa honesta; esperaba que Saga pudiera confiar al menos un poquito en que ella le cuidaría las espaldas. Lo escuchó suspirar y supo que aceptaría.

—Vale, hagámoslo. —Se sopló los flequillos y golpeó el puño de la mujer con el suyo. —Pero será bajo mis términos… y, lo que sea que pase, será un secreto entre tú y yo, para siempre ¿de acuerdo?

—Hecho.

Le resultó curioso que Deltha no le riñera de nuevo. Eso ya era un gran avance. Retomó el camino, con un lugar en mente; un sitio donde se sintiera medianamente en confianza y que le fuera conocido para la cacería que se avecinaba.

-X-

Sus vasos chocaron, en un brindis más tosco de lo que ambos hubieran querido. De inmediato, Saga y Deltha se empinaron su contenido, bebiéndolo todo en un solo golpe. Exhalaron, con la sensación del vodka quemándoles la garganta, y compartieron una carcajada torpe que dejaba entrever que su cordura comenzaba a ausentarse.

Llevaban al menos un par de horas en aquel bar. Era exactamente el mismo lugar donde, unos meses antes, Aioros, Shura y Saga se habían marchado de excursión. El geminiano había sugerido el sitio y a la amazona le había parecido una excelente idea. Y ahí estaban, sin ninguna noción del tiempo y con demasiado alcohol en la sangre. A juzgar por lo poco que habían discutido desde entonces, el vodka no solo había diluido su sangre, sino también sus rencillas. Era agradable reírse un poco. Pero, la misión que los había llevado hasta ahí seguía vigente en sus cabezas.

—Uh, esa de ahí esta bien. —Saga volteó hacia la susodicha, a quien Deltha apuntaba, y pegó un respingo. Arrugó la nariz y negó rotundamente.

—¿No podías elegir a alguien mejor para mi?

—No te pongas exigente, así es el trabajo. —La afirmación le hubiera resultado ofensiva, de no ser porque encontraba demasiado divertido con el modo en que la pelipúrpura arrastraba las palabras.

—Tengo una reputación, Apus, y espero mantenerla.

—No es como que de verdad vayas a tirártela. —Se lo pensó un momento. Después rectificó. —Y tampoco es como que alguien vaya a enterarse si lo haces.

—Peor aún. Yo tendré que vivir con ello.

—Bah. —La amazona tomó la botella que habían pedido y rellenó los vasos de ambos. —Llevamos mucho tiempo aquí y tú aún no te decides por nadie. Creo que te estas acobardando, Géminis.

—¡Claro que no!—replicó ofendido—. Solo que no he encontrado a una chica interesante.

—No tiene que ser interesante, ni guapa como modelo, ni inteligente. Solo debe tener dinero. Punto. Así de simple. —La amazona rodó los ojos, cansada de las negativas del gemelo. —Te he dado muchas opciones ya. ¡Por Athena, elige a una!

Saga bufó y apartó la mirada con indignación. No le gustaba ni mínimanente sentirse presionado a elegir, mucho menos le gustaba que la presión viniera de Deltha.

—¿Sabes que necesitas?—preguntó ella de nuevo.

—Si dices "valor" te juro que…

—Alcohol. Iba a decir alcohol. —Le acercó la botella. —Bebe.

—¿Ahora quieres emborracharme? —La amazona asintió repetidamente. —Es un mal plan.

—Claro que no. El alcohol te facilitará la vida y te calmará los nervios.

—Ya. También evitará que pase cualquier cosa esta noche, con la chica que sea—masculló mientras se servía un poco más de vodka—. Algunas partes del cuerpo dejan de funcionar si uno bebe demasiado, ¿sabes? —Entonces, se puso pensativo. ¿Por qué había pensado que era un mal plan? Era un gran plan para no hacer ninguna estupidez.

Deltha pestañeó un par de veces, mientras su cerebro alcoholizado se esforzaba por darle sentido a aquel comentario. Cuando descubrió lo que el gemelo implicaba, estalló en carcajadas. Estaba tan borracha que hasta había pasado por alto aquel detalle. Una mujer como ella debía saber mejor.

—Vale, vale. No bebas más. —Intentó quitarle la botella, pero él se aferró a ella y la alejó de sus manos. —Tenemos que tomar precauciones, por si algo sale mal y debes tomar medidas de emergencia.

—Olvídalo, Apus. —Le sacó la lengua. —No voy a follarme a nadie y, ¿sabes qué? Me acabaré toda la botella de vodka si es necesario… Y después pediré otra. Puede que no tengamos dinero suficiente para los billetes de avión, pero nos alcanza para otra ronda de tragos. —Deltha lo consideró. Al final, estaba de acuerdo.

—¡Te apoyo en eso último! ¡Sírveme más!

Chocaron vasos una vez más, y después de beberse sus respectivos tragos, compartieron una carcajada torpe y necia.

Aquella carcajada rompió la tensión del momento, al grado que el mismo Saga se encontró esbozando una diminuta sonrisa. Se llevó el vaso a los labios, recorriendo el bar con la mirada en busca de alguna víctima que satisficiera los estándares suyos y los de su cómplice del mal.

Increíblemente, la descubrió. El destino les sonreía.

—Hola, extraño—La pelipúrpura volteó lentamente, en busca de la dueña de aquella voz desconocida para ella. —Te echaba de menos.

Se encontró con una rubia despampanante, enfundada en una sensual vestido oscuro y unos taconazos que dejaban cortos a cualquier par que ella poseyera. Después buscó por el rostro de Saga, encontrándole tan atento como ella. Sus ojos esmeralda recorrieron de arriba a abajo a la recién llegada. Su mirada cambió, tornándose ligeramente provocativa, y las comisuras de sus labios se curvaron, otorgando una toque de coquetería a su sonrisa.

En ese mismo instante, Deltha supo que habían encontrado a la mujer por la que tanto habían buscado.

—Esta es una verdadera sorpresa—respondió él. De pronto, Apus no entendía nada.

—¿Os conocéis?—preguntó.

—Algo así. Nos conocimos hace un tiempo, en una de las visitas de Saga a este sitio.

—Oh. —De inmediato, Deltha cayó en cuenta de que la mujer que tenía frente a ella, no era otra más que la vampiresa que había dejado sus dientes en el cuello de Saga, en aquella infame historia acerca de las desventuras del gemelo, Shura y Aioros en Atenas. ¡La mujer era una leyenda en las Doce Casas!

—Aunque, si debo serte sincera, diría que Saga conoce mejor a mi escote que a mi. ¿Cierto, chico sexy? —La mujer se relamió los labios con sensualidad, en un gesto sugerente que hizo sonreír a la amazona.

Sin embargo, lo que le pareció todavía más fascinante fue la reacción del gemelo ante la provocativa expresión. Sus labios se movieron erráticamente, sin decir nada, y después su rostro fue, de un ligero sonrojo a una palidez total en cuestión de segundos. Lo vio desviar la mirada, como si pensara que al no confrontarla, la mujer desaparecería de su vista y la bochornosa situación llegaría a su fin.

Deltha no podía creerlo. Nadie, absolutamente nadie, le hubiera dicho que durante ese viaje descubriría algo que probablemente nadie más sabía: ¡El Señor Ego tenía un punto débil! Saga era alérgico a las mujeres que le arrebataban el control.

—Interesante…—musitó la pelipúrpura. Se refería más a la reacción del gemelo que a la confesión de la rubia, pero ésta última lo interpretó de un modo diferente.

—Lo fue. Soy Maya, por cierto. ¿Eres su novia?

—¡Dioses, no!—exclamaron Saga y Deltha a la vez, para mirarse el uno al otro después, con un gesto de disgusto en la cara.

—Vale, creo que me queda claro. —Rió.

—Ella es… —Saga quiso presentarla, pero la amazona se le adelantó.

—Solo soy una triste chica que no es de su tipo y que se marcha justo ahora. —Tomó su bebida y se levantó de la mesa, cuidando de no caerse de boca contra el suelo. Miró fugazmente al santo y, cuando sus miradas se encontraron, le guiñó el ojo con complicidad. —Divertiros, guapos. Pasad una estupenda noche.

Desapareció tan rápido como pudo, aunque no se alejó demasiado. Buscó un espacio vacío en la barra y se acomodó ahí, para fijar la vista en la mesa donde Saga llevaba a cabo la parte más delicada de su plan. Pidió un trago más, preparándose para pasar una larga noche de vigilancia.

Entrecerró los ojos, tratando de mantenerse centrada. Tenía que cuidar que el geminiano no fuera devorado por una mujer del mundo real, tal como había sucedido la última vez. Después de todo, ella le había prometido cuidarle las espaldas… y la mujer que tenía enfrente era realmente peligrosa.

Justo entonces, Saga volteó en su dirección, como si hubiera estado buscándola. La amazona respondió moviendo la mano en el aire, para llamar su atención. Al encontrarla, ella casi pudo asegurar que le sonrió un poquito. Los cómplices del crimen se habían identificado y estaban en sincronía...

Más o menos.

—¿Viniste solo?—La pregunta de Maya trajo la atención de Saga de regreso a la mesa.

—Si, pero espero irme acompañado.

—¿Estás seguro de que tu… amiga no piensa irse contigo, o tú con ella?

—¿Con Deltha? No, no. Ugh. Simplemente no. —Un escalofrío recorrió su espalda de solo pensar en la aberrante idea. —Es solo eso: una amiga. —¿Podía definirlo así? —Nos conocemos desde que éramos niños, pero han pasado siglos desde la última vez que estuvimos en contacto. Podría decirse que apenas nos hemos reencontrado… y creo que he descubierto que está loca—susurró, como si fuera un secreto.

Maya rompió en risas. Aquel chico seguía siendo terriblemente simpático y digno de su atención.

Se apropió del vaso de Saga y jugueteó con él, rozándolo provocadoramente contra sus labios. Definitivamente se lo llevaría a casa esa noche. No había nada, ni nadie, que pudiera evitarlo.

—Pues si ella no se anima, a mi me encantaría llevarte conmigo—dijo.

—¿Es una propuesta indecorosa?

—Es un hecho.

Saga sonrió del mejor modo que pudo. Tenía que admitir que, de no haber bebido tanto, le hubiera resultado más difícil fingir la cara de perversión que puso en ese momento. Por un instante, la observó mientras se empinaba el vaso y sonrió, casi con resignación.

Solo faltaban otros veinte tragos para tenerla lo suficientemente ebria como para llevársela a casa y terminar de una vez por todas con esa locura.

-X-

No sabía en que momento se le había ocurrido hablar vía cosmos a Deltha, pero desde que su pequeña conversación secreta había empezado, la había visto atragantarse en tres ocasiones, víctima de una risa intempestiva. Lo cierto es que tampoco podía definir que era más divertido: si verla ahogarse con su propia bebida, o las miradas asustadas de la gente que la rodeaba, que comenzaban a tratarla como a una loca ebria que se reía sola.

Era una verdadera lástima que la conversación fuera unilateral… o no. Resultaba terriblemente satisfactorio el fastidiarla, sin que ella tuviera oportunidad de réplica, más que las miradas asesinas o algún mohín de burla que él bien podía ignorar. Deltha muda era mil veces más agradable que Deltha parlanchina.

A Saga no le asustaba hacer uso de su cosmoenergía. Él, como santo dorado que era, tenía un dominio superior del cosmos, al punto de que usar las conversaciones cósmicas requería una cantidad tan ínfima de energía, que era virtualmente imposible de identificar. Pero para eso habían sido entrenados todos ellos: para ser maestros del cosmos, por encima de cualquier otro rango.

Usar la conversación cósmica, a ese nivel, era un privilegio del que ningún otro rango disfrutaba.

—Estás disperso. —Oyó la voz de su acompañante y volvió a concentrarse en ella. Maya arrastraba las palabras de un modo mucho más marcado que el suyo, y eso era mucho decir, visto que Saga sentía que si bebía una sola copa más, caería inconsciente.

—No estoy disperso. Estoy pensando…

—¿En qué?

—Pues… —¿En qué estaba pensando?

Poco importó lo que tuviera que decir. Con un movimiento rápido, la rubia se sentó encima de él y comenzó a juguetear con su melena. Su lengua y sus labios se acercaron peligrosamente a su cuello, saludándolo de nuevo con algún lametón fugaz, o un beso apenas perceptible.

Desde lejos, la amazona contempló la escena. Levantó una ceja, intrigada ante la estoicidad del gemelo. De hecho, Saga estaba en exceso acartonado. Mientras la mujer se desvivía por su atención, él apenas la mirada o tocaba.

—"Oye, Apus, creo que va a intentar morderme de nuevo." —La vocecilla alcoholizada de Saga en su cabeza le parecía de lo más curiosa. Si hubiera sido capaz de responderle, le habría dicho: "Muérdela tú primero." Pero Saga tendría que arreglárselas solo. —"Oh, ahora me hace cosquillas"—dijo, un instante después, solo para que la amazona se diera cuenta de que, cuando el geminiano soltaba alguna risilla tonta como aquella, ella no podía evitar quebrarse de la risa.

—¡Ya recordé en que estaba pensando!—exclamó el santo de pronto. Las caricias de la mujer cesaron. —Quizás es momento de irnos de aquí. —Se acercó al oído de Maya y le susurró. —¿Qué te parece un poco de privacidad?

—¿Mi cama está bien? —La rubia soltó una desparpajada carcajada al darse cuenta de lo que acababa de decir. —Mi casa, quise decir—aclaró, poniendo la mejor cara de inocencia que pudo. Saga sabía que no había nada de candor en sus palabras.

—Las dos cosas me parecen bien—volvió a susurrarle.

—¿A qué esperamos entonces?

Sin pensarlo dos veces, el peliazul se puso en pie y la jaló, ayudándola a hacer lo mismo. Maya trastabilló, pero él la mantuvo de pie a duras penas. Sabía que era el momento de marcharse. Si esperaba mucho más, ni ella, ni él, serían capaces de caminar.

Antes de marcharse, echó un vistazo a la amazona, por encima de su hombro. Más le valía seguirlos y no perderse en el camino, ni dejarlo solo.

Pero Apus parecía más interesada en terminarse su bebida que en ir tras de ellos. Al ver que no se movía, Saga torció la boca.

—Vamos, chico lindo. —Maya entrelazó sus dedos con los de él y lo jaló, con prisa hacia la salida.

—Ya voy, ya voy. —La siguió, mientras oteaba el lugar, en busca del tipo más desagradable, feo y borracho que sus ojos pudieron encontrar. Cuando lo identificó y pasaron cerca de él, le palmeó el hombro para llamar su atención. —Amigo, escucha—dijo—, hoy es tu noche de suerte. —El hombre le miró con curiosidad. Él apuntó hacia donde estaba Deltha, que seguía perdida con su trago. —¿Ves a la pelipúrpura sentada en la barra? Me ha dicho que está más que interesada en pasar una noche muy sensual en tu compañía.

—¿En serio?—preguntó él.

—Ve a por ella, amigo. Ve a por ella. —El tipo sonrió con descaro ante semejante invitación y se frotó las manos, anticipando lo que sería una noche llena de lujuria.

Saga levantó la mirada y, justo en ese momento, Deltha volteó en su dirección. Le mostró el pulgar, en un gesto torpe de aprobación, mientras lo veía marcharse con Maya. Estaban a nada de conseguir su objetivo.

El gemelo le respondió con una sonrisa pícara, disfrutando de antemano su travesura. Después, se fue detrás de la rubia.

-X-

Cuando abrió la puerta, se encontró con el ceño fruncido de Deltha y con su mirada acusadora. La vio soplarse el flequillo y adivinó que aquel golpe de mal genio tenía origen en la cita romántica que él mismo le había concertado. A pesar de eso, no dijo nada. Ya llegaría el momento de reírse de ella a costa del incidente.

La amazona le lanzó su mochila de viaje, que él sujetó sin ningún problema. Se hizo a un lado para dejarla pasar y la siguió con la mirada cuando entró intempestivamente al departamento, solo para hacer lo mismo con sus piernas, algunos segundos después.

—Tardaste mucho—ladró la amazona—. ¿Tuviste que tomar medidas de emergencia?

—Por supuesto que no. Simplemente ella se negaba a dormirse. —Entrecerró los ojos y la miró con fastidio.

—Ya.

—¿No me crees?

—El polvo promedio dura… ¿qué? ¿Diez a quince minutos, si no hay mucho preámbulo? Menos, quizás. Tiempo suficiente para que tú y tu amiguita os divirtierais antes de dejarme entrar. ¿Eso hiciste, Géminis? —Dibujó una sonrisa sardónica. —Cualquier pensaría que eres uno de esos tipos que se toma su tiempo y sabe hacer las cosas bien. Todas las cosas bien. —Saga gruñó y la amazona le sonrió con sarcasmos, sintiéndose satisfecha.

—El ordenador está en la habitación.

—Oh. ¿Puedo entrar ahí con la garantía de no encontrármela desnuda o una pose provocativa?

—Solo cierra la boca y haz lo tuyo, ¿quieres? Yo ya he cumplido con mi parte del plan.

—Bien. Eso haré.

Entraron en silencio a la habitación. El cuarto estaba completamente a oscuras y solo podía escucharse la pesada respiración de la mujer que yacía en su cama. Trataron de moverse con el mayor sigilo posible; misión que les resultó complicada, no solo por el reducido espacio de aquel dormitorio, sino porque ninguno de los dos estaba en condiciones de ser ágil o al menos fino de movimientos. Era cuestión de tiempo antes de que cualquiera de los dos se tropezara con algo y armara un escándalo.

Y así fue. Segundos después, Deltha tropezó con los tacones de Maya y estuvo a punto de irse de boca contra el piso.

—¡Tshhhh! ¡Ten cuidado! ¡¿Quieres despertarla, o qué?!—susurró el gemelo.

—¡Fue un accidente! —Saga la miró con seriedad por un segundo y después rodó los ojos.

—Boba…

En otro instante, la pelipúrpura le habría contestado. Pero por esa ocasión, tenía que darle la razón. Estaba más torpe de lo que debería.

—Dime que no le reseteaste el cerebro con un golpe.

—Claro que no. ¿Qué clase de monstruo crees que soy? —El peliazul adoptó una expresión de disgusto. —Oh, espera. No respondas. Acabo de recordar que soy el monstruo caníbal que se come a sus amantes. —Sin que lo viera venir, Deltha le dio un golpe en el brazo.

—Ya te dije que solo es un chisme que escuché y…—bufó—. Si no lo hice entonces, lo haré ahora: Te ofrezco disculpas por repetirlo.

Saga se respingó y volteó a verla con cara de susto. ¿Estaba escuchando bien, o estaba muy borracho ya? ¿Deltha le estaba pidiendo disculpas a él? Casi sentía miedo de aceptarlas.

Entrecerró los ojos, inspeccionando el rostro de la amazona con cuidado. Ella se revolvió, incómoda ante su escrutinio. De pronto, Deltha levantó un dedo, lo posó sobre la nariz de Saga y empujó su rostro lejos del suyo. Le mostró la lengua y continuó en su caminata hasta el rincón donde estaba el ordenador.

—Disculpas aceptadas—masculló él.

—Bien… gracias. —Lo miró de soslayo. Pero en ese momento, se topó con el rostro de la mujer que habían hecho víctima y no pudo evitar sentirse culpable. Se quedó observándola un rato, sin saber que pensar. —Casi siento pena por ella. —Deltha miró detenidamente a la pobre e inconsciente Maya. —Pensó que tendría la noche de sus sueños y terminó…

—¿Dormida?

Santo y amazona intercambiaron miradas, para después compartir una sonrisa cómplice. Y hasta ahí llegó la empatía que podían sentir por la rubia.

Rápidamente, encendieron el ordenador. Mientras la amazona tecleaba con prisa, Saga miraba por encima de sus hombros lo que fuera que estuviera haciendo. Visto así, utilizar un ordenador no parecía una titánica tarea que le pudiera resultar difícil de aprender.

—Tendremos que usar un vuelo con conexión—explicó ella. A Saga le daba igual, mientras terminaran en Jamir. —Iríamos de aquí a Katmandú, y de Katmandú a… Lhasa.

—Genial. De Lhasa podemos movernos por tierra hasta Jamir.

—¿Crees poder guiarnos hasta ahí sin perdernos?

—Oh, pequeña. Ahí ya estaremos en mi territorio. —Deltha casi pudo jurar que vio los labios del gemelo se curvaron en una sonrisa engreída. En todo el tiempo que llevaban juntos, no le había visto esbozar aquella mueca con tanta seguridad. Era magnífico presenciar un poco de optimismo.

—Pues.. ¡está listo! —La amazona se levantó de la silla de un brinco y festejó el triunfo levantando las manos, mientras los pases de abordar salían lentamente de la impresora —Partimos mañana temprano, a las nueve en punto. Quizás deberíamos ir al aeropuerto desde ahora y pasar la noche ahí.

—Me parece bien. —La sonrisa de Saga era sincera. Se veía a leguas.

—¡Nos vamos a Jamir!

Intempestivamente, ella saltó sobre él y lo abrazó, solo para arrepentirse un segundo después, cuando sintió como el cuerpo entero del santo se tensaba ante el contacto. Lo soltó y arrugó la nariz al ver su cara de espanto.

—Todavía no estamos listos para esto de los abrazos. —Le dijo, dándose cuenta de lo extraño que era todo eso.

—No, la verdad es que no. —Saga la miraba, como si fuera la peste. —No vuelvas a hacerlo, ¿vale?

—De acuerdo.

—Bien…

—Como sea, tomemos los pases y larguémonos de aquí…

Pero, antes de que ella pudiera agarrar los papeles, Saga se adelantó y los tomó por ella. Extrañada, buscó sus ojos.

—Los guardaré yo. —Los metió dentro de su mochila y emprendió el camino hacia la salida del departamento. —No te ofendas, pero te veo muy capaz de largarte a Jamir sola y dejarme abandonado en el camino. —Ella abrió la boca, sin dar crédito a lo que escuchaba. La afirmación le resultaba ofensiva, pero la sonrisilla en el rostro del gemelo le era más irritante.

—¡Oye! Después de todo lo que hemos pasado…

—Sigo pensando que eres peligrosa.

—¡Argh!

Cuando salieron de ahí, cayeron en cuenta de lo tarde que era. Las calles estaban completamente vacías; ni un alma se veía por el lugar. Decidieron que, si querían coger un taxi, tendrían que volver a las zonas turísticas de la ciudad, donde usualmente no había diferencia entre el día y la noche. Por ahora, su única opción era caminar.

—Apestas a perfume barato, Géminis.

—Mentira. Apesto a tabaco y a alcohol—respondió el geminiano.

—Eso también.

—Tú no estás muy diferente.

—Al menos yo no huelo a mujer de una noche.

—Habría que preguntarle a tu amiguito del bar. —Río, acordándose de su broma.

—¡Sabía que habías sido tú! —Volvió a pegarle.

—¡Deja de golpearme! ¡Serás diminuta, pero tus huesos duelen!

—¡Me mandaste a un tipo feo y pervertido para que…! ¡Ugh! —Se estremeció, víctima de un escalofrío. —¡Me tocó el culo!

Saga no pudo más y se echó a reír con ganas. La sola imagen, de la pequeña y sorprendida Apus lidiando con un borracho impertinente, era digna de ser imaginada.

—¡Me lo perdí!

—Me vengaré por esto, Saga.

—Bah. Ya no te tengo tanto miedo. El viaje me ha servido para algo, después de todo.

—¿Sabes? A mi también me sirvió de algo.

—¿Para ligar con chicos feos? —La miró de soslayo y encontró terriblemente gracioso el rostro de indignación de la amazona.

—No, para descubrir que tú, Señor Ego, tienes una gran debilidad.

—¿El vodka?

—Las mujeres. —Saga guardó silencio, de algún modo, se temía algo peor. —Específicamente, un tipo especial de mujeres: las que te roban el control.

—No sé de que hablas.

—Antes, Maya te hizo un gesto sugerente que te dejó en blanco… literalmente.

—No es verdad.

—¡Claro que sí! —Poco a poco, la sonrisa de Deltha se fue ensanchando. —Yo lo vi y me resultó cuanto más que interesante.

—No sabes de que hablas, Apus.

—Quizás, pero tengo una pregunta.

—No quiero escucharla. —¿Por qué? ¿Por qué de pronto sentía que lo estaban acorralando?

Sus peores temores se dispararon cuando la pelipúrpura le tomó del brazo y lo obligó a detenerse. Se plantó frente de él, retándolo con la mirada. Entonces, supo que estaba en problemas.

—Si yo te pongo esa misma cara pervertida, ¿te asustarás? —Le preguntó.

—¿Qué…?

Entonces, ella puso la terrible cara viciosilla de las pesadillas de Saga: tornó su mirada coqueta, relamió sus labios y ronroneó suavemente, como una gatita sexy.

El santo se congeló. Abrió los ojos como platos y todas las señales de su Apocalipsis mental vinieron a su rostro: labios temblorosos, mirada de pánico, subida y bajada de colores. ¡Todos los síntomas estaban ahí!

Deltha se carcajeó hasta perder el aliento, mientras él se sentía incapaz de decir o hacer cualquier cosa.

¡La muy maldita le estaba ganando en el juego!

Apartó el rostro, con indignación y caminó rápidamente, a zancadas, para alejarse de ella. No le gustaba que nadie se riera de él, menos la tonta de Apus. Un instante después, escuchó el sonido de sus pasos tratando de alcanzarle, pero no volteó. ¡Seguía enojado con ella!

—¡Eso será tan divertido!—dijo cuando consiguió igualarle el paso, ganándose una mirada asesina por parte del geminiano.

¡Bruja!

Y, de pronto, todo lucía simplemente en su sitio.

-Continuará…-

NdA:

Dohko: ¡Esto es lo mas emocionante que me ha pasado en los últimos 250 años de vida!

Aioros: ¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¿Por qué juegas así con mis nervios?

Dohko: ¡Porque me resultas adorable!

Kanon: Es como un panda...

Dohko: Más o menos, si...

Saga: Creo que estoy borracho... .

Deltha: ¡Lo estás! Whahaha!

Milo: ¡¿Qué clase de misión de rescate es esa?! ¿Por qué no me invitaron a ir? T_T

Shion: ... ... ... (Truenos, rayos y centellas)

Santitos: e_e e_e

Saga: Creo que es mala idea subirse a un avión con tantos truenos, rayos y centellas... .

Deltha: ¡Despidámonos ahora que podemos! Que los dioses nos ayuden en este cacharro volador!

Milo: Cincuenta euros a que alguno de ellos vomitará...

Aioros: Creo que apuesto por Saga... u_u

Saga: ¬¬'

Dohko: ¡Qué emocionante! ¡Adiós!

Kanon: ¡Y Feliz Navidad! ¡Y Próspero Año Nuevo! ¡Hou Hou Hou!