Ooo
El rumbo entero de la historia de la humanidad puede depender del cambio de opinión de un único, solitario y puede que humilde individuo. Es dentro del alma del individuo donde la batalla entre el bien y el mal se libra y ,finalmente, se gana o se pierde.
Ooo
Capítulo 6
Una luna creciente plateada se había alzado alta en el cielo mientras Legolas y Kate estaban sentados sobre el muro. Legolas no podía recordar la última vez que había podido compartir historias de su amistad con Gimli, y aprovechó a fondo la oportunidad.
Kate era la audiencia perfecta. Escuchaba con toda su atención y se reía en los momentos adecuados. El sonido de la risa de Legolas se unió al suyo, aunque la risa de Legolas estaba marcada por la tristeza y Kate no tuvo animo de preguntar por el final de Gimli. . Aquella noche, Legolas contó solo historias felices, esperando aliviar la mente de Kate de problemas, y en parte, para curar su propio corazón que mantenía el duelo por Gimli como si fuese el primer día.
En la distancia, vieron la puerta principal abrirse y un rayo de luz perforar la oscuridad. Gandalf estaba esperando El tiempo para la incertidumbre se había acabado. Kate se puso de pie y con una determinación recién descubierta camino con determinación a grandes zancadas hacia la casa. Gandalf le sonrió con calidez mientras mantenía abierta la puerta para que entrase y ella penetró en el interior.
Elrond estaba sentado junto a la chimenea, mirando las brasas ardientes, perdido en sus propios pensamientos .
—Estoy seguro de que tendrás muchas preguntas— dijo Gandalf.
Kate asintió. Se llevó la mano al bolsillo y sacó la nota que Elrohir y Elladan le habían entregado a su padre.
—La nota es mía— dijo Gandalf. —Aunque, hasta ahora, he pasado muchas noches lamentando haberla enviado.
Kate se sentó en el sofá y escucho a Gandalf mientras hablaba.
—Dice, 'El mal se está extendiendo, como yo temía que sucedería. Su presencia se deja sentir sobre las orillas de Valinor. He enviado dos compañeros. Colin debe llevarlos a ver la fuente de este mal. Solo sus ojos serán capaces de distinguir si este mortal es Sauron bajo una nueva forma o si es un simple mortal condenado a jugar el papel del mal en este tiempo. Es necesaria gran premura, porque el mal crece cada día con más fuerza. Volveré cuando pueda.— Gandalf dobló la carta y se le entregó a Kate.
—Elrohir y Elladan, mis hijos, acompañaron a tu hermano— dijo Elrond.
—Cuando llegó la fecha en la que estaba planeado su retorno, no acudieron. Los esperé durante dos semanas,— dijo Gandalf. —Pero nunca llegaron.
—¿Entonces no tienes ni idea de dónde están?—preguntó Kate.
Gandalf negó con la cabeza.
—La última vez que los vi estaban en la Francia ocupada. Siendo ayudados por los líderes de la resistencia a petición mía.
—Y tenían que ver a Hitler— dijo Kate en un susurro. El horror de la verdad era mucho peor que cualquier problema en el que hubiera imaginado envuelto a su hermano.
—No pierdas la fe, hija mía. No los envié hasta el rostro del Mal sin esperanza de retornar— dijo Gandalf. —Elrohir y Elladan son dos de los mejores guerreros. Si hubiese algún problema, no se rendirían sin luchar.
—Eso no me reconforta.— dijo Kate. —¿Vamos a ir a buscarlos? ¿Por eso estás aquí?
—No, a donde quiera que su camino los lleve es su propio destino. Y nosotros no lo recorreremos, al menos no lo veo en nuestro futuro— dijo Gandalf. —Nuestro camino nos lleva a otra parte .
—Tiene algo que ver con el cuerpo. El que está enterrado bajo el árbol— dijo Kate.
Gandalf asintió. —Esa era tus muchas veces tatara-abuela. Arwen Estrella de la Tarde.—
Kate tragó aire y sus ojos se giraron hacia Elrond.
—Si eso es cierto, ella es... Ella es tu hija.
Elrond asintió.
—Si te he ofendido de algún modo. Lo siento— dijo Kate, bajando la cabeza avergonzada.
—No es culpa tuya. Estabas protegiendo su honor y por ello te estoy agradecido— dijo Elrond
—Pero...¿Qué estabais buscando?— preguntó Kate.
—Mi raza es inmortal— dijo Elrond. —Pero para mi familia, los que somos semi-elfos, debemos elegir el camino que deseamos tomar. Llevar una vida mortal o permanecer inmortales.
La elección está contenida en un colgante que ella llevaba desde su nacimiento. Cuando tomó su decisión de permanecer mortal, el colgante debería haber sido destruido en un ceremonia. Sin embargo, ella le dio el suyo como prueba de su amor, a Aragorn. Eran tiempos de guerra y ella tenía la sensación...tenía la sensación de que si llevaba el colgante volvería a ella con vida. Después de que la guerra se hubiese acabado, cuando mi gente estaba abandonando la Tierra Media, nos llevamos con nosotros todos los restos de nuestro poder. Debería haber insistido en que el colgante fuese destruido. Pero por una debilidad de espíritu, le permití que se lo quedase. Nuestra despedida...no fue todo lo afectuosa que debería haber sido— dijo Elrond.
El cerró los ojos, intentando enterrar aquellas emociones, después de miles de años recordando aquel momento, todavía era más de lo que Elrond podía soportar. El silencio cayó sobre la habitación, y durante un largo instante todo lo que se oyó fue el crujido del fuego. Finalmente abrió los ojos.
—Pero en nuestra despedida, le permití conservarlo, con la vana esperanza de que ella lo recuperaría y reconsideraría su decisión de permanecer mortal. Estaba equivocado, y las consecuencias de mi decisión ha vuelto para atormentarme. Si este nuevo mal que está alzándose en la Tierra Media llegase a hacerse con el colgante, le sería concedida la inmortalidad. Y contra ese tipo de fuerza, tu gente no tiene esperanza de triunfar— dijo Elrond.
—Que... ¿Qué debemos hacer?— preguntó ella.
—Puesto que el colgante no está aquí, debe estar en la tumba de Aragorn.— dijo Gandalf. —Nos marchamos al alba.
—¿Eso es todo lo que tenemos que hacer? ¿Cavar en otra tumba?— dijo Kate. —Eso no debería ser difícil.
—Espero que tengas razón.— dijo Gandalf.
