Ooo

La historia de un solo hombre es la historia de todos los hombres, una dilatada prueba, más o menos. Amarga y llena de remordimiento. La voz de la naturaleza humana no es nada salvo un prolongado grito.

Dumas

Ooo

Capítulo 7

La historia estaba escrita en piedra y muchas de aquellas piedras se alzaban orgullosas recorriendo las tierras de labranza del Sur de Inglaterra. Antiguos postes indicadores le recordaban al mundo que algunas de aquellas historias no podían ser borradas tan fácilmente. A pesar de haberse llevado a cabo excavaciones y haber sido investigadas por los historiadores, la auténtica naturaleza de aquellas piedras estaba todavía pendiente de ser revelada. Las únicas personas sobre la Tierra Media que sabía las auténticas historias que había tras ellas eran los ocupantes de un coche que conducía sobre las carreteras del Condado de Wiltshire en Inglaterra.

Kate había esperado pasar su último verano de universidad explorando aquellos caminos. Algunos de los yacimientos arqueológicos más antiguos y más interesantes en Europa podían ser encontrados a lo largo de aquellas carreteras. Stonehenge era el más famoso, pero no se dirigían hacia allí. De hecho, Kate no estaba segura de a dónde se dirigían, lo único que sabía era que estaban penetrando en las comunidades agrícolas del este de Londres

Un oasis de árboles rompió la monotonía de las tierras de labor. En mitad de un campo de cultivo, se alzaba un pequeño bosquecillo de árboles de varios cientos de metros de ancho, rodeado por campo abierto por todos los lados .

—Para aquí— dijo Gandalf.

Kate salió de la carretera, apagó el motor y recorrió con la mirada los campos, hasta los árboles que se encontraban a unos cuatrocientos metros de distancia. Aunque hacía algún tiempo que había tenido que dejar sus clases, reconoció el lugar inmediatamente. —¿El túmulo alargado de Kennett del Este?— preguntó.

—¿Túmulo?— dijo Elrond —¿Comparas el Rath Dinen de Gondor con un túmulo?

Kate no se digno en contestar y Elrond simplemente sacudió la cabeza admirado, mientras todos abandonaban el coche.

—Mortales. Siempre tan irreflexivos. Poniéndole nombres a cosas de las que no tienen conocimiento— dijo.

Gandalf escaló sobre la verja y el resto lo siguieron mientras caminaba a través del campo y hacia los árboles.

—¿Qué es el Rath Dinen?— preguntó Kate.

Los ojos de Legolas no se separaron de la arboleda mientras caminaba. Tenía sobre su cara una mirada, mezcla de terror y anticipación a la vez.

—El Rath Dinen. La calle silenciosa. Es el lugar de descanso de los Grandes de Gondor.

Kate revisó mentalmente lo que sabía sobre el lugar. El túmulo era una larga cresta de tierra, debajo de la cual se había encontrado una antigua necrópolis construida en piedra. Era inusual por los árboles que la rodeaban y por su tamaño. Estaba entre las más grandes de Inglaterra, aunque no se había llevado a cabo ninguna excavación formal.

Esto fue lo que le dijo a Gandalf, que se limitó a responder: —Si, pero son las excavaciones informales las que me preocupan.

Un aire de solemnidad descendió sobre el grupo y se aproximaron a los árboles en silencio. No había lugar sobre la Tierra Media que todavía se aferrase al pasado como lo hacía aquel lugar. Elrond dudó un momento antes de pasar bajó las ramas mientras palabras en élfico salían suavemente de sus labios. Mientras Kate lo siguió bajo las copas de los árboles. Incluso ella podía sentir el pasado murmurando suavemente entre las ramas. Oyó a Legolas tomar una aguda bocanada de aire mientras caminaba detrás de ella. Entre aquellos árboles, el pasado parecía un ser viviente.

Sobre el montículo de tierra que constituía el túmulo crecían arbustos y flores, cubriéndolo y casi oscureciéndolo de la vista. La entrada a la cámara funeraria estaba señalada por dos piedras verticales medio rotas. Tras ellas, había una pequeña entrada rectangular, como una puerta abierta, que llevaba a un costado del montículo de tierra. Sacando una linterna de su bolsillo, Gandalf despareció en la necrópolis humana.

El interior del túmulo estaba construido enteramente de piedra. Kate tropezó varios escalones tras Elrond, hasta que se detuvo y miró boquiabierta y maravillada. La baja entrada dejaba paso a un techo de altura inimaginable. Casi seis metros sobre ellos, el techo abovedado de piedra se mantenía intacto.

El pasadizo era estrecho pero largo y se extendía bajo tierra por toda la extensión de la pequeña arboleda. Los muros de piedra no tenían ningún adorno. La grandeza de las runas élficas que una vez habían adornado la piedra, habían sido erosionadas por el tiempo.

Mientras recorrían el corredor fueron recibidos por tumbas en ambos lados. Esqueletos, eso era todo lo que quedaba del Rath Dinen, donde los grandes de Gondor tenían su morada final. Incluso las ropas que habían llevado, hacía largo tiempo que se habían desmenuzado hasta convertirse en polvo.

Ninguno hablo mientras, lentamente, se abrían camino por la longitud del túmulo. Kate lanzaba miradas furtivas a los esqueletos mientras pasaba junto a ellos. La mayoría eran altos esqueletos de hombres. Sin embargo, Kate se detuvo cuando vio dos esqueletos más pequeños. Yacían juntos en la misma cama de piedra, uno al lado del otro, con las manos entrelazadas. Gandalf y Elrond desaparecieron delante de ella. Se acercó más para examinar los huesos y los alumbró con su linterna.

—Niños— dijo ella.

—No son niños— dijo Legolas suavemente detrás de ella. —Aquí están los medianos que querías ver.

Kate se giró hacía él y se quedo estupefacta al ver sus ojos llenos de lágrimas.

—¿Los conocías?— preguntó Kate.

Legolas asintió. Había recorrido aquel camino demasiadas veces. Tanto Gandalf como Elrond hacía largo tiempo que habían navegado sobre el mar hacia el oeste, cuando Merry, Pippin y finalmente Aragorn habían caído en el descanso eterno. No quedaba nadie de la Compañía, salvo él y Gimli, para honrar a sus compañeros caídos.

—Yo los deposité aquí— dijo Legolas. Extendió una mano y la colocó sobre las manos entrelazadas de los esqueletos de los pequeños hobbits. Se quedó en silencio un largo momento como si los estuviera viendo del modo en el que eran en vida y esperó a que Kate caminase hacia delante.

Un par de metros más adelante alcanzaron a Elrond y Gandalf. Estaban en pie junto a otro lecho de piedra, donde había un esqueleto de alguien alto y de anchos hombros. Pero no había espada entre sus manos, o colgante alrededor de su cuello.

—Ha desaparecido— dijo Gandalf.

—Había espadas y armaduras sobre estos hombres— dijo Elrond. —¿Quiénes son los ladrones de tumbas ahora?— Le lanzó una mirada a Kate.

—Si tienes una descripción de esas cosas hay formas de encontrarlas.— dijo ella.

—¿Crees que puedes encontrar un colgante entre las miles de antigüedades de la tierra?— dijo Elrond.

—Si se encuentra todavía en la comunidad de anticuarios yo puedo encontrarlo— dijo ella.

—Esta misión parece caer más y más en la locura— dijo Elrond.

Kate se acercó más al lecho de piedra.

—¿Este es Aragorn?— preguntó.

—Lo fue una vez. Pero donde quiera que su espíritu resida ahora, no está entre estos huesos— dijo Gandalf.

—El sueño de los mortales es poco esperanzador—dijo Elrond.

—Eso no es lo que Aragorn creía. Incluso con su último aliento sus últimas palabras para Arwen estaban llenas de esperanza— dijo Legolas.

—¿Que palabras fueron esas, Legolas?— preguntó Gandalf.

—Con pesar debemos irnos, pero no sin esperanza. No estamos atados eternamente a los círculos de este mundo, y más allá de ellos hay algo más que recuerdos— dijo Legolas.

—Espero que sea verdad— dijo Gandalf. Mientras caminaban hacía la salida del túmulo, Gandalf puso un brazo alrededor de los hombros de Kate. —Yo nunca he perdido la esperanza, querida. No importa lo nefastas que puedan ser las cosas, siempre hay esperanzas de triunfar. Prométeme que lo recordarás.