Continuación sorpresiva...

EDIPO REY


A Luan le temblaba el labio mientras una extraña y profunda sensación de culpa nacida del miedo y la ira se le apretaba en la garganta.

-No sé, de verdad no sé, de qué hablas, Luna.

-Como quieras. Veamos qué opina Lori.- Luna hizo a abandonar la habitación y en respuesta Luan la tomó de la muñeca y le miró con furia. -Bien, te voy a decir y te voy a odiar por esto, Luna; pero no por lo que tú crees, sino porque, por un supuesto estúpido tuyo, acabas de insinuar algo que podría hacerle mucho daño a papá.

Luna le arrebató la mano con enojo. -Ya te dije que él es un magnífico hombre.

-Si, pero mencionaste "esa" palabra, y sabes que eso está prohibido entre nosotras, y eso es no tener consideración por él.

-¡No!, no, Luan, no me hagas a mí la culpable de nada, eres tú. Si mencione "esa" palabra es porque algo te traes y si, tengo miedo de que hagas una estupidez, así que dime, ¿por qué olías a sexo?

-¡No sé de qué hablas!

-¡Confiesa!

Ambas chicas se miraban con furia. Luan suspiró por fin.

-Bien, ¿quieres saberlo?, Aquí va mi dignidad en charola de plata para su majestad la Reina de Inglaterra: Tuve un maldito sueño húmedo, ¿bien? ¿feliz?, tuve que salir huyendo del cuarto de papá muerta de vergüenza por ese motivo ya que fue muy, muy intenso. Tanto que, hasta tú, como el sabueso de la familia, te diste cuenta.

Y Luna no le creyó, por lo menos del todo. Tanto ella como su compañera de cuarto se conocían algunas intimidades bastante bien. Habían platicado con anterioridad sobre ese tema y se habían contado varios detalles de cuando les había sucedido.

Luna nunca había sentido esa energía, ese esencia tan extraña y mezclada, como la de Luan esa noche. Pero, ante ese pensamiento, ya no quiso preguntar más, no se atrevió a preguntar más. De pronto tuvo miedo de lo que pudiera ser verdad o no.

Luan, por su parte, ante el silencio de su hermana, rebatió. -¿No vas a decir nada? Dime para saber si me puedo ir a bañar ya.

Luna se volteó y siguió hurgando su cajón para sacar la ropa del día como si aquella charla no hubiera existido jamás.

Al ver la falta de respuesta de su hermana, Luan se dio media vuelta dispuesta a salir y huir por fin de aquella batalla en la que de pronto se había visto acorralada.

-Sé que él es un hombre grandioso. -Mencionó Luna. Luan se detuvo frente a la puerta.

-Anoche, que me dejó dormir con él, descanse muy a gusto. Me da calor y confianza y lo quiero siempre en mi vida. Es lo único que nos queda ya que mamá...

Luna sintió que se ahogaba de pronto.

-¿SI?- Recalcó Luan. Luna la volteó a ver con tristeza.

-No molestes más a papá, Luan. Es un hombre solo ahora, y requiere nuestro total apoyo, no que le demos más problemas.

-Yo no le doy problemas. ¿Por qué todos están con eso?-

-Solo dale su espacio, mira lo que pasó. ¿Te imaginas la incomodidad de él, si te descubre masturbándote en su cama?-

-Eso no fue lo que...-

-¡Eso fue lo que pasó!

-No grites, Luna- Murmuró con nerviosismo, Luan.- Baja la voz, carajo.

Pero a Luna le temblaba la mandíbula de enojo. -Porque si eso no fue lo que pasó, entones no quiero imaginar...

La expresión de Luan fue de espanto.

-Lo que estás insinuando es horrible.-

-Lo que tú estás haciendo, es peor.


La mañana transcurrió sin más. Lynn pudo sentir un poco de tensión entre las hermanas, que todo el tiempo se ignoraron entre sí, pero no le dio mucha más trascendencia. Había otras cosas que ocupaban su cabeza en ese momento.

Se dirigió al restaurante pensando en cómo poder hacerse de los niños. Hasta él sabía que legalmente debía tener alguna ventaja, pero la realidad era que no se trataba de quién tenía la razón, si no de quien tenía el dinero.

El padre de Rita era un hombre con influencia en ciertos círculos y una considerable fortuna ahorrada a través de su vida. Si se metía a pelear sin estar seguro de ganar corría el enorme riesgo de perderlo todo.

Luego, a su cabeza llegaba la idea de que un desconocido llegaba con Rita y estaba en contacto con sus hijos; y un nudo le apretaba la garganta. Le ponía enfermo.

Pensaba en eso mientras apretaba con fuerza el volante.

Fue más tarde, como a las 11:32 de la mañana, que sonó su celular mientras preparaba soufflé de papa con crema agria, ya atendiendo a la clientela que cada día era mayor.

Era una llamada de la escuela.


-Su hijo, señor Loud, bueno, fue sorprendido en flagrancia mientras que, con otros chicos, se herían con...con una navaja de afeitar.

Sentado en un sillón de imitación piel negra, apartado de él y el maestro, estaba Lincoln, cabizbajo, ojeroso. Triste.

Había dejado de frecuentar a Clyde y a su grupo desde hacía un par de semanas, igual había abandonado el noticiero. Los chicos aún no se rendían y estaban tratando de recuperarlo, pero él los alejaba diciéndole que deseaba estar solo, que le dieran espacio.

Había comenzado a comer solo y se metió en algunas peleas donde generalmente le iba mal.

Los chicos no habían querido avisar a sus padres o hermanas por temor a que se molestara con ellos definitivamente y no regresara más.

Ahora, ya no iba a ser necesario avisar a nadie.

Lynn Loud puso la mano en el hombro de su hijo.

-Vamos a casa.- Dijo serio.

El recorrido a la salida fue bochornoso, muchos chicos se quedaban viendo y murmuraban con poco y nada de disimulo. Al cruzar el salón 1B, Lincoln pudo ver a su grupo de amigos, observándole con tristeza.

Todos le alzaron el pulgar y le sonrieron levemente. Él solo bajó la cabeza.

Al llegar a casa, a la vieja estructura en el 1216 de la Avenida Franklin, Lincoln no pudo evitar sentir una extraña paz.

Entró como asustado; miró el techo, las paredes, la sala. La casa le pareció más bella de lo que le parecía antes.

Su padre se colocó frente a él, llevó una rodilla al suelo y lo abrazó. El chico lentamente le devolvió el abrazo y comenzó a llorar.

-Todo está bien, hijo.- Mencionó Lynn.

-Yo...no quiero volver con mamá.-

-Ya no te vas, Lincoln, te quedas aquí, conmigo.

El niño abrazó más fuerte a su padre.

-¿Por qué hiciste eso?

-No sé...de verdad no sé, papá...yo solo...-

Un miedo nació en Lynn. -¿Alguien te ha hecho algo?

Lincoln miró a su padre. Bajó la cabeza con tristeza. -No, papá. Solo...yo no quiero estar allí.

-Y, como te dije, te quedas con nosotros, pero necesito saber por qué no quieres estar allá.

Lincoln se secó unas lágrimas. Respiraba como asustado. Apretaba los dientes, empuñó las manos.

Lynn habló un poco más fuerte esta vez.

-Lincoln, dime, ahora mismo, ¿Qué pasa?


-¡Como permitiste que nuestro hijo viera esas fotos, Rita!

-¡No es como si yo quisiera que eso hubiera pasado!

-¡Carajo! ¡No eres una niña!

- ¡¿Cómo crees que me siento yo?! ¡Sé lo mal que estuvo!

-¡No me interesa como te sientas! ¡Solo vengo a decirte que Lincoln se queda conmigo y no está en discusión! – Lynn se acercó a Rita con rapidez, ella dio un paso atrás - Lo que hiciste fue de una irresponsabilidad que me supera, Rita. - Aseveró mirando a la mujer con furia.

Ella suspiró profundo. Se abrazó a sí misma y miró a un lado. Dijo con tristeza. -Si, y, de todas formas, iba a decir que vinieras por él.- La rubia se llevó una mano a la boca; movimiento instintivo para no dejar ver las muecas que hacen las personas cuando sienten mucho dolor. Rita se aguantó las lágrimas.

-Te iba a llamar por qué yo sé que él no quiere saber más nada de mí.

Sé que en este momento me odias, Lynn, pero realmente me siento horrible por esto que pasó. –

-Déjame llevarme a las niñas.- Insistió el hombre con firmeza.

-Eso nunca.-Respondió Rita retomando la fuerza en su voz.- No me voy a quedar sola. Y no te preocupes, Lynn, él nunca está aquí cuando están las niñas. Ni se queda a dormir. Ese día solo estábamos él y yo; las niñas estaban con el abuelo.

-Es un desconocido cerca de ellas.- Lynn frunció el ceño.- Dirás lo que quieras, Rita, pero me voy a llevar a mis niñas cuésteme lo que me cueste.


Esa noche fue inusualmente alegre. Las hermanas estaban muy contentas de tener a Lincoln con ellas. Bebieron soda y comieron pizza y todas pasaron un momento con el chico abrazándolo.

Del tema no se habló nada. La cortada en el hombro que se había hecho Lincoln era realmente pequeña, su padre la había desinfectado, lavado y vendado.

Al final, Lincoln se había dormido en el regazo de Lori, con quien pasó la mayor parte del tiempo. La abrazaba con cierta insistencia, como no queriéndola dejar ir. Solo estaban ella, él y Lynn Sr.

Lori miró a su padre.

-Hacía ya rato que no hacía esto de quedarse así.- Le dijo.

-Si. Él se siente un tanto decepcionado de su madre y creo que te está tomando como referencia, cariño.

-¿Tú...sabes lo del celular?

-Si, y es obvio que tú también. ¿Alguien más?

-Luna.

-¿Por qué no me dijeron?

-Lincoln me hizo prometer que no diría nada.

-¿Y...fue muy fuerte lo que vio, Lori? Él solo me dice que fueron fotos en ropa interior.

-Eso me dijo a mí. Pero lo siento muy desubicado. Quizá fue el contexto de las imágenes. Todos en esta casa tenemos la idea fija de que tú y mamá son uno. Al ver literalmente que no es así, y leer que le decía palabras de cariño a alguien más, pues, creo que algo en él se descolocó. - Comentó Lori a su padre, mientras acariciaba los albinos cabellos de su hermano.

-Y eso si lo que pusieron fueron palabras de "cariño".- Murmuró Lynn mas fuerte de lo que creyó en realidad.

-Si, lo sé.- Contestó la rubia con expresión triste.

-Perdona, linda, yo...no quería...

-No importa, papi. De verdad. Yo igual estoy muy decepcionada. La vida se nos cayó al traste.

-Ya saldremos de está, corazón. Las cosas mejorarán.


Papi...así papi...me gusta...

¡ah! ¡AH! Soy tuya, papi...te amo, te amo mucho...

Exclamaba apasionada, Luan Loud; mientras atrapaba a su padre con sus piernas para profundizar el coito. Arqueó la espalda al sentir el poder del orgasmo compartido inundandola completamente.

Lynn Loud se despertó bañado en sudor. La respiración agitada y la pulsación a mil.

Sacudió la cabeza tratando de despejarse.

-De nuevo esto...- Pensó mientras entendía que tenía mucho estrés por todo lo que pasaba y que, además, tenía mucha energía sexual acumulada y que, definitivamente, a eso se debían esas horribles pesadillas.

-Tengo que sacar este estrés pero ya o me voy a volver loco.- Pensó mientras trataba de hacer memoria cuando había sido la última vez que había ido a un burdel.

-Fue hace décadas...en Inglaterra.


Lincoln se despertó al alba. Levantó la sábana.

-Otra vez...- Exclamó.


El siguiente cap es el escape de Lynn al burdel en compañías de algunas malas influencias. Quien sabe que pueda pasar luego.

Lincoln tiene algo más. Algo que lo llena de culpa.

Un saludo a los que leen y comentan, se les quiere mucho. Saludos y bonita semana.

LOBO HIBIKY