¿Sabes?, yo solía pensar que era terrible que la vida fuese tan injusta. Entonces pensé, ¿no sería mucho peor si la vida fuese just y todas las cosas terribles que nos ocurren nos sucediesen porque realmente nos las merecemos? Así que ahora me reconforta la hostilidad general y la injusticia del universo.

Marcus Cole (Babylon 5)

Era bien pasada la media noche cuando Legolas contempló la oscuridad a través de la ventana. Excepto el ocasional jeep lleno de alemanes que patrullaban la ciudad, las calles estaban silenciosas.

Kate estaba durmiendo tranquilamente por el momento y Legolas se sintió agradecido por ello. No estaba seguro de lo que traería la salida del sol, pero sabía que los mortales requerían más descanso que los elfos. Le había llevado un rato convencer a Kate de que se tumbase. Pero a pesar de sus protestas diciendo que nunca podría quedarse dormida mientras estaban escondiéndose, finalmente había sucumbido al sueño.

Legolas se puso de pie, estirando la espalda y mirando por la ventana. En la distancia vio la silueta de alguien caminando por las calles. El hombre se movía con sigilo, asegurándose de mantenerse alejado de los haces de luz de las farolas. Al acercarse al hotel, Legolas pudo verlo bien por primera vez. Se lo quedó mirando asombrado.

Era Colin.

Instintivamente, Legolas supo que no podía ser una coincidencia que Colin estuviese escabulléndose por las calles en dirección a su hotel. Y Legolas también sabía que no había manera de avisarle acerca de los soldados alemanes sin atraer la atención hacia ellos.

Así que hizo lo único que se podía hacer. Despertó a Kate. Ella se frotó los ojos y se sentó.

— ¿Qué es lo que ocurre?

— Tu hermano está fuera.

— ¿Qué?— Kate saltó hacia la ventana. Una sonrisa se extendió por su cara. —Está vivo. Está perfectamente. Igualito que la última vez que lo vi—. Su alegría se enfrió pronto al caer en la cuenta de la realidad de la situación. — ¿Qué está haciendo? No puede venir aquí.

Colin se acercó todavía más, mientras Legolas y Kate lo observaban impotentes desde arriba.

—No vengas, no vengas, no vengas— canturreó Kate suavemente en apenas un susurro. Pero sus palabras fueron ignoradas y Colin desapareció de la vista mientras entraba en el hotel.

OoO

Colin miró a su alrededor en el vestíbulo mientras caminaba hacia el mostrador. Había un hombre sentado en una silla leyendo un periódico.

Gracias a sus tratos con la resistencia sabía que el gerente del hotel simpatizaba con los alemanes. Sin embargo, la chica que trabajaba detrás del mostrador no tenía las mismas ideas. Era miembro de la resistencia. Colin había hablado con ella en una ocasión y había deseado tener una razón para poder volver a aquel sitio. Pero todos sus ardientes pensamientos juveniles estaban lejos de su mente mientras se aproximaba al mostrador.

La chica le vio pero no sonrió. Sus ojos se movieron hacia el hombre en el vestíbulo y luego volvieron a centrarse en Colin. Algo iba mal.

Colin empezó a hablar pero la chica lo detuvo. Le entregó una cesta y comenzó a reñirle en francés. Una ráfaga de palabras salieron de su boca. Colin no entendió ni una, pero le siguió la corriente. La muchacha le entregó una gran cesta y lo escoltó hasta el exterior. Colin miró dentro y en el fondo encontró un pequeño trozo de papel.

Le echó un vistazo y rápidamente corrió por la acera.

OoO

Los minutos se estiraron indefinidamente. Kate se esforzó por oír cualquier sonido que viniese de las habitaciones de hotel que había debajo, pero todo estaba en silencio. Cuando Kate pensó que ya no podía soportarlo más, Legolas tiró de ella para acercarla a la ventana.

Ambos contemplaron como Colin corría calle arriba por las aceras, hasta que dio la vuelta a una esquina y desapareció de la vista. Kate dio un suspiro de alivio. Volvió a sentarse bajo la ventana y encogió las rodillas hasta que rozaron con el pecho.

— ¿De qué crees que iba todo eso?— Preguntó Kate.

—Estoy seguro de que Gandalf tiene algo que ver— dijo Legolas.

—Pero ni Gandalf ni Elrond tenían ni idea de donde estaba Colin ayer— dijo Kate. —Estoy segura de que no pueden haberlo encontrado en una sola tarde.

—No estés tan segura—, dijo Legolas. —Gandalf tiene la asombrosa costumbre de aparecer cuando y donde menos se le espera.

OoO

Un poco antes del amanecer, Legolas y Kate planearon su ruta de escape del ático del hotel. Después de inspeccionar un poco, Legolas descubrió que la pared lateral del hotel, bajo la ventana, estaba cubierta por un enrejado cubierto de vid.

Legolas deslizó la ventana para abrirla y salió para bajar por el enrejado de madera apoyando cautelosamente todo su peso sobre él. Se balanceó ligeramente.

—No creo que soporte el peso de los dos— dijo Legolas.

—Esperaré hasta que hayas bajado— dijo Kate.

Kate contempló como Legolas descendía con facilidad por la pared. Cuando terminó de bajar, ella salió por la ventana. Sin embargo, se dio cuenta de que no era tan sencillo como parecía. Salir por la ventana y agarrarse al enrejado de madera ya era todo un desafío y le llevó más de un minuto reunir el coraje suficiente para descender por la ventana y separarse del alfeizar.

Kate se negó a mirar hacia abajo y centró toda su energía en bajar paso a paso. Las hojas de vid no hacían más que rozarle la nariz y tuvo que contenerse para no estornudar. Un rato más tarde, con los músculos doloridos, los pies de Kate sintieron el suelo. Sonrió y se dio la vuelta. Y se quedó mirando directamente al cañón de un rifle.

Los dos soldados y el oficial, que habían estado dentro del hotel, los tenían rodeados. Legolas estaba en el suelo con el cañón de un rifle clavado en su espalda.

El oficial bajó el arma y dijo:

—Sabíamos que no podíais quedaros allí eternamente. Era cuestión de tiempo que intentaseis escapar.

Uno de los soldados tiró de Legolas para ponerlo en pie y lo trajo ante el oficial. En cuestión de segundos, el oficial había esposado una de las manos de Legolas a la de Kate.

—Ya está. No creo que intentes escapar con ella esposada junto a ti.

Legolas apretó la mandíbula y calló, pero sus ojos estaban llenos de furia.

—Vamos. No debemos hacer esperar al General Bernhardi. Le he dicho que os tendría al amanecer y voy un poco justo de tiempo.

Los soldados los empujaron acera arriba. Kate no necesitaba ningún incentivo y caminó tropezando para mantenerse lejos del alcance de los soldados. Ambos fueron escoltados hasta la parte de atrás de un coche que recorrió rugiendo las calles de París.

OoO

El sol colgaba bajo del horizonte cuando Colin entró en la cocina de la casa de huéspedes. Elrond y Gandalf estaban esperando.

—No están en el hotel— dijo Colin. —Pero hay alemanes vigilándolo y esperando a que vuelvan. He dado la alerta a algunos contactos para que los busquen.

—Legolas ha debido sentir el peligro— dijo Elrond.

Gandalf asintió.

—Si no hay nada más que podamos hacer por ellos, ayudemos a aquellos que nos necesitan.

— ¿Nos mostrarás la prisión donde mis hijos están retenidos?— Preguntó Elrond.

—No está lejos—, dijo Colin. —Si queréis que vayamos hoy, deberíamos marcharnos ya. La mañana es el mejor momento para salir. Es más fácil esconderse entre las multitudes que van al trabajo.

Mientras Elrond y Gandalf se ponían de pie para marcharse, Colin dijo:

— ¿Quién es Legolas?

Gandalf sonrió.

—Es un elfo que a visto muchas batallas. Tu hermana está en buenas manos.

Colin asintió sin mucha convicción. No le gustaba la idea de que su hermana estuviese en manos de nadie, especialmente en las de un guerrero elfo.

OoO

Kate no estaba en buenas manos, mientras ella y Legolas eran escoltados a la Prisión de París. En lugar de ser llevados a alguna celda fría, húmeda y oscura, como ella había imaginado durante el corto trayecto hasta la prisión, fueron conducidos a una oficina. La puerta se cerró con llave tras ellos.

Legolas recorrió con la vista la habitación y comenzó a caminar para examinarla, pero al moverse estuvo a punto de tirar a Kate al suelo. Gracias a sus rápidos reflejos la cogió a tiempo y se disculpó, tirando ligeramente de ella para poder tener una vista mejor de las ventanas. Estaban protegidas por barrotes. Los sacudió, buscando alguna debilidad, pero no encontró ninguna. Y en la habitación no había nada que pudiese ser usado como arma, solo un escritorio y tres sillas.

—No intentes nada heroico— dijo Kate, mientras se ajustaba la esposa para evitar que siguiera clavándosele en la piel.

— ¿Heroico?

—Oh, ya sabes, como enfrentarte a todo el ejército alemán— dijo Kate. —En circunstancias normales no me importaría, pero prefiero que no lo intentes mientras estoy esposada a ti.

— ¿Qué preferirías que hiciera?— Preguntó Legolas.

—Habría preferido que te hubieses encargado de ellos cuando nos atacaron— dijo Kate.

—Lo intenté.

— ¿Y qué pasó?— Preguntó Kate.

—Amenazaron con dispararte— dijo Legolas, con tanta naturalidad que pilló a Kate desprevenida.

—Oh—, dijo ella. —Lo siento.

— ¿Por qué? ¿Por estar viva?— Preguntó Legolas, divertido. —Yo no lo siento.

Kate dio un brinco al oír pasos y voces justo en el exterior de la puerta. Su cuerpo entero se tensó.

—He cambiado de idea—, dijo de repente. —Si las cosas se ponen feas, que sepan lo que es una buena pelea—.

Legolas captó su mirada y asintió. Mientras la puerta se abría, Kate agarró a Legolas de la mano.

El General Bernhardi entró en la habitación. Era un hombre muy alto y ancho de hombros, con pelo castaño claro corto, salpicado de gris.

—Siéntense. No tengo intención de hacerles daño por el momento—. Sonrió como si toda aquella situación fuese una comedia diseñada para su propia diversión y se sentó tras el escritorio. —Tenemos una transacción que realizar, ¿no es cierto?

Legolas guio a Kate suavemente hacia los asientos. Kate miró a Legolas, que asintió indicándole que hablase.

—Um. Sí, señor. Teníamos planeado realizar una transacción— dijo Kate.

— ¿Planeado? Dijo Bernhardi. —Suena usted como si hubiera cambiado de opinión.

—Nnn...no, señor, es solo que...bueno— Kate se esforzó en decidir lo que sería apropiado decir. Finalmente se decidió por la verdad. —Teníamos las pinturas que iban a ser intercambiadas en nuestra posesión hasta la noche pasada, cuando uno de sus oficiales irrumpió en nuestra habitación de hotel y las confiscó.

Bernhardi se echó a reir.

—Me gustan las mujeres sinceras. Con usted no hace falta andarse por las ramas, ¿verdad?— dijo. —Mi oficial estaba allí por orden mía. No me gusta pensar en las pinturas como confiscadas, sino como protegidas. Quería asegurarme de que sus pinturas llegaban a mis manos de un modo seguro. Le sorprendería saber cuánta gente intenta hacer tratos por su cuenta. Algunas de las mejores obras de arte se me han deslizado entre los dedos de esa forma.

—No lo dudo—, dijo Kate. —Así que... si está satisfecho con las pinturas, ¿todavía estaría interesado en realizar el intercambio?

—Ciertamente. Es por eso por lo que los he traído hasta aquí— dijo Bernhardi. —Mi gente está ocupada verificando sus orígenes—. Una vez que hayan completado la investigación, me complacerá darles los objetos que han solicitado.

—Gracias—, dijo Kate. —Hasta entonces esperaremos en nuestro hotel.

—En absoluto—, dijo Bernhardi. —Insisto en que se queden en mi chalet como invitados. Tenemos habitaciones para ustedes dos.

—Es una oferta muy generosa, pero no queremos molestar— dijo Kate.

—Insisto— dijo Bernhardi. —Además, me encantaría conocer su opinión personal sobre algunos de mis trabajos. Creo que los encontrará bastante... visionarios.

Bernhardi se levantó de su asiento. Legolas y Kate se pusieron en pie también.

—Uno de mis hombres los escoltará hasta mi casa. Sus cosas ya han sido enviadas allí. Por favor, disfruten de mi hospitalidad— dijo Bernhardi. Se detuvo y miró fijamente a Legolas. —Estoy deseando escuchar la historia de su vida. Estoy seguro de que la encontraré fascinante.

Bernhardi dejó la habitación, dando un portazo detrás de él.

—Si somos sus invitados, ¿por qué me siento como una prisionera?— Preguntó Kate.

—Porque es lo que somos— dijo Legolas.

OoO

Colin, Gandalf y Elrond intentaban no parecer sospechosos mientras esperaban en un callejón en frente de la prisión. Las calles estaban abarrotadas de gente yendo y viniendo del trabajo y era fácil fundirse con el entorno.

— ¿Esa es la prisión?— Dijo Elrond, casi riéndose. — ¡Si podría tomar el lugar fácilmente con solo cinco de mis guerreros!

Colin miró a Elrond con incertidumbre.

—Con esas armas, esos guardias armados podrían acabar con cinco guerreros en un instante.

—No, si mis arqueros se encargasen de ellos primero— dijo Elrond.

Colin suspiró.

—Habrá tiempo para discutir estrategias más tarde— dijo Gandalf. —Por el momento, necesitamos saber en qué parte del edificio están siendo retenidos.

—La esquina noroeste— dijo Colin. —Algunos de los hombres que estaban en la prisión consiguieron escapar. No muchos, pero sí algunos. Han visto a Elladan.

— ¿Y qué hay de Elrohir?

—No ha sido visto desde que lo trajeron— dijo Colin.

— ¿Con cuanta frecuencia cambian de guardia?— Preguntó Gandalf.

—Tres veces al día— dijo Colin. —Pero la hora de cambio de guardia cambia diariamente. Nada está programado, lo que hace que escapar sea casi imposible.

—O quizás podamos entrar por la puerta principal como han hecho Kate y Legolas— dijo Elrond. Colin y Gandalf miraron a tiempo de ver a Legolas y Kate salir del edificio. Aparentemente por su propia voluntad. Ya no estaban esposados y Kate estaba agarrada del brazo de Legolas como si estuvieran dando un paseo matutino.

Colin lanzó un grito y comenzó a moverse fuera de la seguridad del callejón pero Elrond y Gandalf lo retuvieron.

—¡Idiota!— Dijo Elrond —Aquí está ocurriendo algo más allá de lo evidente. Mira esos soldados. Los están escoltando a algún sitio.

—Y van en el coche del General— dijo Colin con voz temblorosa. —Si Bernhardi sabe que han sido vistos con vosotros dos...no dudará en matarlos después de conseguir lo que quiere.