Los ojos del rubio posaban con delicadeza en los movimientos de su acompañante, le gustaba que sus ojos estuvieran cerrados. Su cabello hondeaba con la delicadeza de sus actos hasta que finalmente terminaba. El final le dejaba un sabor agridulce en la boca, por una parte le apenaba pensar que abriría los ojos y podría descubrir que se había emocionado, por otra parte sus manos siempre hacían un pequeño roce con la hermosura.
-¿Puedo para ya? He estado bailando durante una hora, normalmente me tomo descansos ¿sabes?
-Me da igual, quiero que sigas bailando-respondió el rubio indiferente.
Antonio no le hizo caso, frustrado fue directo a sentarse al lado del inglés mientras abrazaba sus propias piernas.
-Realmente eres un mandón…
No le contestó por el momento hasta que de su bolsillo sacó un par de chocolatinas. Una de ellas se la ofreció al moreno.
-Gracias.
-Me las han dado la pareja que me acoge, dicen que les gusta que haya empezado a hacer amigos.
Se quedaron en silencio un poco más hasta que vio como el castaño se reía por lo bajo. También intentaba abrir la chocolatina, aunque finalmente Arthur se hartó y se la abrió por él.
-Llevamos unas dos semanas viéndonos, es normal que se crean que somos amigos… ¿es por eso que te reías?
-En realidad pensé que eras tímido-Antonio se dio cuenta de que podría haberle ofendido y de inmediato quiso corregirlo-es decir…no sueles…bueno me gusta que seas así de alguna manera.
Arthur se había quedado boquiabierto mientras el español miraba el horizonte, al menos así no veía su sonrojo.
-Que tonto eres a ratos…
Antonio se despertó con un agudo dolor de cabeza, de inmediato miró el reloj que marcaban las diez de la mañana cosa que le dejó aliviado. Arthur no se encontraba en ninguna parte, se desanimo pensando que tal vez quisiese burlarse de él durante un rato. Ese sentimiento desapareció cuando al fin encontró en la cocina un pequeño desayuno junto con ibuprofeno y una nota.
"Dear Anthony,
Siento no haber podido quedarme un rato más contigo por desgracia entro más pronto a trabajar, aunque gracias a eso he podido comprobar unas cuantas cosas:
¿Cómo puedes dormir de esa forma? Es decir, eres estúpidamente tierno…
Además te he preparado un par de cosas para la resaca, espero que no llegues tarde al trabajo.
Me lo he pasado muy bien, tanto que esta noche me he permitido reservar una mesa en un restaurante cercano que me recomendó Ivan.
Espero que amanezcas bien:
Arthur.
PD: Es preferible esta vez beber agua."
Por alguna razón la carta le había parecido encantadora, era como uno de esos caballeros ingleses. Muchas veces había comentado con Francis lo ridículo de los señoritingos educados, de esos que siempre escogían las mejores palabras y salvaban a la damisela en apuros. Por alguna razón ahora que sentía que Arthur era un caballero dejó de lado esos comentarios dichos con el francés.
Hizo un gesto desenfadado con la mano, de repente se sentía con una emoción inexplicable, tanto que no pudo más que llamar a Francis.
-Bonnefoy al habla.
-Francis, ¿a qué no sabes que ha pasado?
En la otra línea se escuchaba solo silencio hasta que un suspiro determinó que la conversación continuaría.
-Tengo rodaje nocturno, he vuelto a las seis de la mañana…
-Quiero que adivines…
-¿Por fin has hecho esa agencia de detectives con Eli?
-No, solo…es que…-Antonio era incapaz de articular palabra por la emoción-bueno creo que me atrae alguien y eso…
-Te seguía atrayendo Emma, ahora que lo pienso tienes un gusto particular por la gente rubia, haber cuando es mi turno.
-Es un chico, creo que es la primera vez que siento algo hacía un chico…
-¿Es rubio?
-Si es rubio…
Francis rió por la otra línea dando más fuerza a su teoría de que Antonio tenía un fetiche por la gente rubia. La conversación desembocó en cuando se verían, que al parecer sería dentro de unos meses. El rubio también le confesó que había empezado a quedar con alguien aunque no era nada serio.
Al finalizar la llamada, el español quiso ir de forma sutil y relajada, sin darle importancia a ningún tipo de flechazo que tarde o temprano terminaría. Antonio no era estúpido sabía que esos flechazos eran efímeros, por no mencionar que estarían trabajando durante muy poco tiempo juntos. El castaño quería hacerse ilusiones pero solo durante ese tiempo que estaría en Alemania. Luego se despedirían, por lo menos sería una despedida bonita en la que habría estado enamorado dos meses y pensar que después tendría otro trabajo más y por fin iría a Lisboa.
El tiempo se le fue volando y de un momento a otro ya era hora de trabajar, la resaca no fue un gran problema, a pesar de eso en uno de los descansos Arthur le había preguntado y le había traído una botella de agua de la máquina, como había pensado esta mañana no era más que un caballero.
-Vale Ivan, ¿Cuál es el plan?
-Cuando salgáis del restaurante os estarán esperando unos ladrones falsos y rescataras a Antonio-contestó Ivan convencido de la genialidad de su plan.
-Absolutamente no.
El ruso le chistó, posando uno de sus dedos en los labios del rubio.
-No te golpearan.
-Eso es lo de menos…
Antes de que Ivan pudiese rechistar, Antonio apareció dándole unos toques en el hombro a Ivan, preguntándole si podía hablar a solas con el inglés.
Ivan con una sonrisa se despidió de ambos hombres, con la mirada le indicaba a Arthur que era su oportunidad de ser encantador. Esta mañana habían discutido algo sobre los puntos fuertes y débiles del anglosajón, y aunque le había resultado desagradable ese ataque gratuito hacía su persona, tenía razón. Lo primero que debía mejorar era esa insaciable forma que tenía de tomar el control de la situación. Una de las razones por las que era abogado era esa y es que en un juzgado se notaba su sed de sangre por así decirlo. Debía de ser más disimulado con sus intenciones, por no decir que no debía parecer pretencioso.
-Me ha gustado tu invitación y el halago, no te voy a mentir, sufro debilidad ante ellos.
La respuesta del castaño le hizo soltar una risa pequeña casi como si estuviesen en algún tipo de primavera.
-Va a ver un pero, lo presiento.
A eso se refería su jefe con lo de dejar de ser tan pretencioso, pero era algo que simplemente no podía evitar. Además mucha gente le había dicho que era uno de sus mayores encantos.
-Vaya eres listo, parece que era verdad eso de que fuiste primero en tu promoción.
Instantáneamente Arthur sintió su propia sonrisa adornada, era como si esas palabras la hubieran hecho florecer. Y de ahí se instauraba que estaba en una encantadora primavera.
Le había sorprendido que se acordase de esa información, era algo que contaba a sus citas. Obviamente lo hacía para impresionar a sus acompañantes, pero el hecho de que a Antonio le hubiese sorprendido le daba la impresión de que sería tarea fácil que estuviese en sus garras. Había que mencionar que esos pensamientos no combinaban con la leve estupidez de su sonrisa.
-E de decir que tus peros son bienvenidos…
La risa del castaño no le despertó, es más le adormiló más de lo que estaba.
-Mi condición es que el domingo por la mañana me acompañes a la isla de los museos.
Arthur se rió como aquella noche en el bar, repitiéndole que era un rarito. Le gustaba hacerle rabiar, sobre todo por las caras de fastidio y un poco por ganar una batalla puramente imaginaria.
-Deja de decir eso, no sé ni porque te invito.
-Porque tienes buen gusto-respondió Arthur.
Antonio intentó responder pero ya había terminado el descanso. Antes de nada le ofreció al inglés un papel con su número de teléfono para que le pudiese agregar, después de eso se despidió corriendo al escenario.
Por suerte para ambos al ser el español un acompañamiento de la música para dar ese contraste con lo clásico y el folclore español, no debía realizar un trabajo colosal. Es más la primera representación sería el próximo lunes por la mañana.
El restaurante que les había recomendado Ivan era nefasto. La gente que frecuentaba el local no miraban a Arthur con demasiada confianza ya que era conocido en su campo, por el contrario a Antonio le miraban de una forma indescifrable.
Cuando se sentaron en una de las mesas, el peso de Antonio hizo que la silla cediese ya que estaba con más de una pata rota. Arthur de inmediato se levanto a socorrerlo, maldiciendo a su jefe por recomendarle un sitio tan poco romántico
-¿Estás bien?
La sonrisa del moreno era apurada, como quitándole importancia a la situación.
-No…cogeré otra silla y…
-Nos largamos, no toleraré que nos miren de esta forma y que encima no hayan reaccionado ante esto.
-Ivan le gustan este tipo de sitios, pero es que a él le respetan-reflexionó Antonio en voz alta.
La caballerosidad de Arthur hizo que el moreno sintiese de nuevo esa admiración experimentada por la mañana. Lo primero que hizo fue ofrecerle su mano para levantarse, a continuación le ayudo a ponerse la chaqueta y por último abrió la puerta del local. A pesar de que le parecían gestos traídos de otro siglo, no pudo evitar sonrojarse. Lo peor estaba en la mente de Antonio que se había imaginado estar en el mismísimo escenario de la chartreuse. En esta historia paralela que se había imaginado el español, era de una familia adinerada y Arthur era el abogado de su padre. Un día Antonio se metería en alguno de esos negocios turbios de niños aristócratas y por un casual el rubio pasaría por ahí y le rescataría...
El inglés notaba lo metido que estaba en sus ensoñaciones, tanto que le tuvo que despertar de ellas. Con un ligero pellizco en la nariz hizo que volviese al mundo terrenal.
-¿Dónde te habías metido Antonio?-preguntó cariñosamente.
Antes de que siquiera pudiese responder, un grupo de tres hombres encapuchados y con navajas amenazaron a la pareja.
Arthur quiso que la tierra le tragase, le había dicho al ruso que era totalmente absurdo e innecesario. Antes de que pudiese siquiera reaccionar, uno de ellos agarró el brazo del castaño. Ya puestos intentaría seguir el paripé. Lo que no se esperaba es que Antonio con un movimiento se apartase de inmediato tirando al hombre, a su vez agarró al más bajo de todos y lo impulsó al otro lado de la acera, antes de que pudiese ir hacía el tercer hombre, este había comenzado a correr mientras que iba a por el segundo de sus compañeros. Por su parte el inglés estaba impresionado de la rapidez con la que había actuado su acompañante.
Fue a por el primero, quien se había atrevido a inmovilizarle. Antonio sentía curiosidad por saber la cara de su atracador, para su sorpresa era alguien muy conocido.
-¡Toris!
Un rato de forcejeo después y la demanda de una explicación, el lituano se decidió a hablar.
-Es que…Ivan no me paga bien y entonces me tuve que aceptar ser parte de una banda de ladrones.
Antonio estaba sin palabras, sintió pena por él y a su vez coraje aunque sin pensarlo demasiado le dejo escapar.
-Arthur…cenemos en mi casa y…bueno no sé si quiero hablar de lo que acaba de pasar.
No entendía porque actuaba tan indefenso cuando había aplacado a los ladrones por el mismo. A pesar de ello intentó fingir comprensión con su situación. Le dio unas palmaditas ligeras en la espalda que pronto evolucionaron a unas caricias suaves y agradables. Durante todo el trayecto Arthur no despegó su mano de la del moreno, a pesar de que no había un peligro real veía por el rabillo del ojo como Antonio miraba el suelo en completo silencio.
-Antonio se que…-intentó carraspear pero sentía que sus palabras no tenían la misma fuerza que en su mente-quiero verte sonreír, pero no lo hagas porque lo haya dicho y…bueno ignora todo esto.
De repente la risa del castaño llenó la soledad de las calles y se dio cuenta de que había luz de las farolas y de las estrellas.
-Solo hablo de estas cosas en el jardín botánico de Paris pero podría hacer una excepción.
El rubio se quedó pensativo ante la frase, sin sentido aparente sonrió.
-Le tengo mucho cariño a Toris y supongo que de alguna forma pensaba que el también me lo tuviese-respondió mirando a la nada.
-No creo que te haya reconocido es imposible no cogerte cariño-con esto último desvió la mirada y mientras carraspeo.
Al ver como los ojos de Antonio le observaban de forma penetrante, no pudo siquiera seguir caminando aunque continuó. Suponía Arthur que lo gracioso de esta contrariedad era que si paraba se caería al abismo al que ya estaba condenado.
-No me hagas repetirlo…
Con esta respuesta, Antonio se quedó satisfecho hasta que por fin llegaron a su piso. El castaño no tenía ganas para cocinar y puestos que el inglés no quería quemar la cocina decidieron pedir comida a domicilio de un restaurante aleatorio que ofrecía esos servicios. Antonio le había asegurado que podía ponerse cómodo, a pesar de ello solamente se quitó los zapatos. Por el contrario Antonio decidió seguir su propio consejo y cambiarse de ropa, se puso una camiseta de tirantes junto con unos pantalones cortos sencillos. El inglés le veía de forma muy natural, comprobando que cualquier cosa le quedaría bien, fuera lo que fuera.
Arthur había estado viendo en una de las estanterías los episodios de la chartreuse, preguntándose si realmente había comprado todas las temporadas.
-¿También te gusta la serie?
-Solo vi la primera temporada, no me gustaba Manon, me parecía irritante.
-Voy por la segunda los últimos capítulos…podemos verla desde ahí…si quieres.
-Claro, será una buena espera.
Habían tenido un pequeño dilema al elegir el idioma y es que Arthur no sabía francés y aunque Antonio podía hablar inglés, era un poco lento. Eligieron español ya que era el idioma en el que actualmente se estaban comunicando.
Cuando vio que Antonio se sabía la mayoría de diálogos quiso meterse con él, es más lo hizo durante todo el transcurso de la serie. En un momento dado tuvo que pedirle a Antonio que parase el capítulo para que le explicase quien era uno de los personajes.
-Es María, es una prostituta que Alphonse ha estado visitado durante estos tres meses pero se han enamorado.
Cuando finalizó la explicación continuó con el capítulo.
Ambos personajes estaban en un callejón sucio, pero el juego de luces era suave y cálido, contrastando la intensidad de la escena.
-María…ya te dije que…
-Te has enamorado de la ausencia de celibato Alphonse.
-El celibato no tiene nada que ver, no había demasiado.
-Dime que pretendes diciendo que me amas…eres un hombre poco práctico. La fe no se tiene, se finge y el amor entre personas como nosotros se guarda por la simple vergüenza.
-Tú nunca podrías dejarme guardármelo, contigo es imposible no proclamar que te amo.
El sonido del timbre interrumpió su tranquilidad, quien se levantó fue Arthur ya que no quería que su acompañante dejase su asiento. Cuando vio la comida envuelta en papel de plata, sintió lástima por la cita.
Cuando se acercó sintió por dentro que debía decirlo.
-Antonio siento que nuestra primera cita saliese así, yo quería que…
Pero de repente paró su discurso para observar el sonrojo del español y entonces escuchó las palabras de aquella serie.
-No voy a despedirme con un beso, no soy tan cruel para que sea el último.
-Pues entonces que dure para siempre.
La presión de ambos pechos era palpable en el aire y en sus cabezas. La tensión se estaba muriendo para dejar paso a una nube de felicidad que ninguno de los dos podía identificar.
-Puedo mejorarlo.
Las palabras británicas resonaran en la habitación hasta que se inclinó para besar al castaño quien simplemente se ruborizó y correspondió de forma casta y delicada. Al separarse los ojos de la vera de Arthur eran tan brillantes, estaban entrecerrados esperando algo más. El anglosajón fue cauto y obedeció a sus ojos y a su propia debilidad a ellos. En la serie no habían hecho el contacto tan deseado, de alguna forma retorcida y cruel ese beso lo habían robado.
-Quien dijo que esto era una cita-las palabras del castaño eran una simple broma, un contrato oculto de sus mentes y sueños.
La sonrisa del receptor se mezclo con el sabor de ambos labios. No quisieron parar porque necesitaban más, pero debían y la responsabilidad actuó como una barrera. Empezaron a comer y aunque no había silencio ni incomodidad, la tensión era palpable.
-Podrías…quedarte.
A Arthur le gustó la oferta aunque la rechazó con la cabeza, mañana tenía un día demasiado ajetreado con los contratos y no podía dormir en la casa de su acompañante por simple caprichoso, aunque era bonito verle por la mañana en la cama.
-Podría pero no puedo, mañana tengo mucho trabajo.
La cara de decepción que le proporcionó el mediterráneo era colosal. Al verle de esa forma quería simplemente cumplir con todo lo que quisiese y ahí comprendió que en sus sueños le daría caña. No podía permitir que Antonio estuviese controlando la situación que el mismo había planeado, no quería y no podía permitírselo. A pesar de eso suspiró y simplemente dijo:
-Pero…puedes venirte a mi casa.
La expresión de Antonio se transformó. Estaba a punto de dar saltos de alegría, de inmediato saltó del sofá y empezó a preparar una pequeña mochila con algo de ropa y el cepillo de dientes.
Allistor se vistió con un traje negro, camisa blanca, gemelos plateados…Se vio en el espejo y de inmediato quiso volver a quitárselo. No me gustaba llevar traje, ni ir a funerales, sobre todo si no conocía a la víctima y solo eran asuntos entre comillas "políticos" porque el tal Félix había hecho unos cuantos anuncios para el Paris Saint-Germain. Pero solo llevaba un mes en ese club y no había tenido la oportunidad de conocer a ese hombre, pero de todas formas tenía que ir a ese funeral y mostrar sus respetos.
Ese tipo de actos le incomodaban, siempre se le había catalogado como alguien alegre y desenfadado, pero realmente los actos donde había mucho público le eran complicados. No reaccionaba bien cuando había tanta gente triste y tampoco sabía que decir.
En el club le habían dicho que le podían recoger en coche de empresa, pero él lo rechazó. Prefería familiarizarse con la ciudad. Al llegar se puso directamente con la gente de su club, había hecho un poco de camarería con el portero y uno de los delanteros. Estaban sentados en una de las sillas, el funeral era al aire libre aunque el tiempo estaba nublado. Cuando acabaron las palabras del cura y de cada una de las personas que quisieron dar unas palabras. Finalmente se acercó al fallecido simplemente para darle cara, a su lado había un chico rubio con un perfecto traje enfundado y el pelo recogido. La expresión de ese chico era impenetrable, seria y sin emoción. De todas formas Allistor reconoció las palabras que había dicho sobre Félix.
"Dedicado en su trabajo y en su vida personal, un gran actor, amigo y casi un padre".
Era una fachada interesante, se preguntaba porque no lloraba. Tal vez ya lo había hecho lo suficiente pero aún así el recordó cómo no pudo contener las lágrimas con la muerte de…
Sus pensamientos se callaron para ver al hombre nuevamente, sus ojos se habían vuelto cristalinos aunque su semblante no cambiaba. Allistor había estado demasiado tiempo mirándole, esto lo supo por la contestación de su fantasmal acompañante.
-¿Qué estas mirando?
Su sonrisa estaba presente, por el contrario su postura y ojos estaban rebosantes de enfado y dolor. En conclusión, el hombre estaba irritable por toda esta situación.
-Supongo que a ti-contestó el pelirrojo.
Siempre había sido bastante directo, no le gustaba adornar la verdad con florituras, pero era consciente de que tal vez había sonado tosco.
-Ten.
Le había ofrecido un pañuelo de tela para que se limpiase las crecientes lágrimas que ahora desembocaban. Allistor no quiso decir nada más, especialmente porque aún se estaba especializando con el idioma y suponía que el hombre necesitaría un tiempo a solas.
Al volver a su casa decidió ir directamente a la cama y es que se tendría que levantar a las seis para entrenar a las siete…cuatro horitas entrenando, se quería morir.
Por suerte en el entrenamiento estaba bastante más lúcido que sus compañeros y es que tenía una racha de seis penaltis seguidos. El entrenador había dicho que era la hora de marcharse y que a las seis tendrían que volver otra vez. Allistor comenzó a hablar con el portero, se llamaba Cesario, era un hombre italiano que le resultaba bastante divertido. Tanto él como sus compañeros se quitaron la parte de arriba del uniforme debido al creciente calor. De repente el entrenador le indicó que se acercase a las gradas ya que alguien le había estado esperando. Era el chico de ayer que le devolvía el pañuelo. El rubio no podía evitar mirarle directamente el torso, a pesar de ello el hombre en frente suyo estaba demasiado ocupado revisando que el pañuelo estuviera en buenas condiciones.
-Ayer no me porte bien contigo, perdón y gracias por el pañuelo.
-Entiendo que estuvieses así.
-Aunque debes de admitir que era un poco raro que me estuvieses mirando… ¿tan deslumbrante soy?
Allistor sonrió ante aquella respuesta queriendo el también entrar en el juego.
-Quizás, aunque yo tampoco me debo de quedar corto ya que has venido hasta aquí.
El acento del pelirrojo era persistente en irse, pero a Francis no le importaba ya que le proporcionaba encanto.
El francés se quedo mudo y antes de abrir la boca, Allistor le dijo que le esperase fuera y que seguirían discutiendo más adelante.
Al entrar en la casa, el español fue corriendo a acariciar al gato que se encontraba arañando el sofá como si no hubiese un mañana. Arthur quería detenerlo, ya que estaba convencido de que el gato al verle le arañaría. Al parecer se equivocaba, lo primero que hizo el felino al notar el contacto de Antonio fue ronronear mientras se apegaba más al brazo del español.
-Artie, ¿por qué no me dijiste que tenías un gatito?
-En primer lugar, ¿desde cuándo soy Artie? En segundo lugar, ese gato aunque no lo parezca es un cabronazo y para terminar ¿gatito?
-Tú a veces me llamas Anthony y es pequeñito y adorable es normal que diga que es un gatito-contestó.
-Tú sí que eres un gatito.
Antonio se sonroja tras el sobrenombre, para intentar tranquilizarse decide seguir acariciando a la mascota del rubio. El problema era que cada vez que lo miraba recordaba el apodo, por lo que su siguiente decisión fue intentar desviar el mismo sus propios pensamientos.
-¿Cómo se llama?
-Gato-respondió Arthur desde la lejanía ya que iba a cambiarse de ropa.
-¿Qué?
Cuando el rubio estaba con el pijama, ambos se quedaron estupefactos, en el caso de Antonio porque no podía creer que alguien le hubiera puesto algo así a su mascota. Por el contrario el inglés se quedo estupefacto por el asombro de su compañero.
-Es el único nombre por el que contesta-aclaró Arthur-normalmente te mira mal, pero con otros nombres te ignora.
Tras la aclaración Antonio decidió que debería ponerse el también el pijama, aunque pareciese extraño, el gato le siguió hasta la habitación. Su dueño le maldijo y es que era un gato con suerte, con demasiada. Cuando Antonio salió del cuarto, llevaba puesto su pijama al rubio le pareció especialmente adorable que tuviese una tortuga a un lado de la camiseta.
-Venga…vamos a dormir, los niños buenos se van a la cama-dijo Arthur un poco ido.
Antonio rió y de inmediato arrastró a su compañero. Ahí se quedaron unos segundos mirándose a los ojos mientras sonreían, había una pequeña luz en la mesita. La luz era débil pero era romántica.
-Un beso de buenas noches…-susurró Arthur con una sonrisa chulesca.
Antonio se sonrojo pero aceptó darle un pequeño roce en los labios. Lo que no sabía era que su acompañante lo iba a aprovechar para profundizar el beso y dejarle casi sin aire.
-Ahora sí que buenas noches.
Maldito inglés, fue lo que pensó Antonio antes de sonreír y cerrar los ojos.
Volvía a estar en esos sueños, a veces Antonio pensaba que nunca acabarían. Parecía que el rubio no estaba por ahí por lo que se quedo tranquilo. Distraídamente fue hacía un árbol que el mismo había estado plantando, cuando iba a recoger uno de los frutos, sintió como una cuerda rodeaba su tobillo y de repente se encontró boca abajo y elevado en el aire. No hacía falta ser un genio como para saber que Kirkland le había preparado una broma. Es más, de inmediato salió de detrás del árbol para colocarse delante de su rostro.
-¡Cómo no me bajes…!
-Anda no seas así.
De inmediato le colocó un collar en el cuello con una cuerda y lo dejó atado en el árbol, después le puso unos grilletes en las manos para que no se pudiese desatar y ya por fin le bajo del árbol.
-¡Quítame esta mierda!
-Se suponía que tenías que ser un perro bueno, ya sabes complacer a tu dueño y eso, aunque quizás preferirías ser un gatito.
Lo último sonrojo y cabreó al español por pates iguales, tanto que de inmediato fue corriendo hacía el capitán. Por suerte para Arthur estaba a una distancia prudente por lo que no logró alcanzarle.
-Si fueras un gato te aseguro que no podrías parar de ronronear ante mi toque.
Cada comentario del inglés encendía más al español…juraría que necesitaba matarle con sus propias manos. Ojalá que su mente pudiese crear un Arthur como el de la vida real. Antes de que se diese cuenta el rubio ya se estaba marchando, al verlo simplemente le llamó hasta que por fin se giró.
-No puedes dejarme así…Arthur hijo de puta.
Pero el nombrado podía e iba a hacerlo, es más tarareaba mientras escuchaba los insultos hacía su persona. Qué bonita melodía.
Dino890: Muchas gracias como siempre por el review. No podía dejar de lado ni a Eli ni a Rod. Me gustan mucho como personajes y les tengo mucho cariño, en especial a Rod. Iván nos representa a todos, aunque hay que decir que a mí me representa el gato. Me pone muy feliz que te haya emocionado el capítulo y espero que esté también te haya sacado una que otra sonrisa.
He sacado este capítulo bastante pronto en comparación al otro. Esto es porque empezaré el curso y no sé cuándo podré subir el próximo. Así que espero que a pesar de todo sigáis con la historia.
