Aclaraciones:

Narración.

— Diálogo —

"Pensamientos".

Advertencias:

Posible OoC en los personajes.

OC's.

No apto para fans SasuSaku.

Género: Romance | Drama.

Clasificación: T.

Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.

Nota de Autor:

Segundo capítulo reeditado arriba.


Capítulo 2.

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‹‹No culpes a la gente por decepcionarte, acepta que es tu culpa por esperar demasiado de ellos››.

Anónimo.

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Un nombramiento singular.


No pasó un día para que su esposo fuese enviado a una nueva misión en solitario, lógicamente, siendo Jōnin de la Aldea debía atender las peticiones de la Hokage. La misión no sería larga. Puesto que ese mismo día se anunciaba al sucesor de la Godaime.

Era, obviamente, su amigo y compañero de equipo. Sakura no olvidaba como Naruto casi se infarta al saber la decisión del consejo y los Clanes de la villa. Fue un gran impacto para él, en realidad se había esforzado mucho por obtener el título de Hokage. Pero, aun teniendo fe y esperanzas, difícilmente creyó realmente conseguirlo.

Sin embargo, sus esfuerzos rindieron frutos y ahí se encontraban, esperando su nombramiento.

— Estoy nervioso, Sakura-chan — habló, repentinamente el rubio.

Haruno lo miró, en sus ojos azules había un pequeño brillo de inseguridad y temor que pocas veces vio. Una de esas veces, fue cuando la atacó poseído por el Kyūbi. También cuando Sasuke abandonó la villa. Provocándole un profundo dolor y, en la Cuarta guerra… Pensando que no lo lograría, no obstante, pudo salir adelante y parar esa masacre.

Y ahí se encontraba, dispuesto y esperando su nombramiento como el sexto Hokage. Rokudaime Hokage.

— No tienes porqué, Naruto. Te lo ganaste — animó ella sinceramente, con una amplia sonrisa.

Provocando una en su mejor amigo.

— Oye, ¿Dónde está Sasuke? — preguntó revisando por todos lados.

No lo vio por ningún lugar, le parecía raro, se suponía que estaría ahí. Y no vieron señales de él.

— Supongo que la misión sufrió algún retraso. Ya vendrá — contestó la esposa de su mejor amigo.

Sakura fingió una sonrisa, dudaba de su propia respuesta, no le preocupaba que algo le sucediera a su esposo. Lo más probable era que estaba evitando verse inmiscuido en el nombramiento de Naruto. Solía huirle siempre a las reuniones sociales.

Se tragó un suspiro, sus ojos jade se tornaron bastante tristes y distantes. Cosa que Naruto logró captar.

— Sakura-chan, ¿qué sucede? — la pregunta la tomó de improviso, lo miró sorprendida.

Si bien era cierto que Naruto fue catalogado como un chico hiperactivo, hablador y escandaloso. No era idiota. Y se percataba de casi todo lo que acontecía, sobre todo lo que tenía relación con ella y Sasuke. El rubio se dio cuenta que últimamente no se llevaban bien, y no necesitaba que se lo dijeran. Bastaba con ver a su ex compañera de equipo para saberlo.

Porque Sakura no era una persona cerrada, sino transparente. Raras veces conseguía cubrir sus sentimientos y emociones, y también era muy mala mintiendo. Naruto sabía eso, no en balde pasó tantos años como compañero de Sakura.

— Y no te atrevas a decirme que nada, porque te conozco muy bien — añadió, al ver que le daría una negativa a su pregunta.

La peli-rosa sintió como si la hubiese acorralado. Los ojos azules se encontraban fijos en su figura, se sintió terriblemente, pero no quería estropearle el momento a Naruto con sus problemas. Menos quería que los supiera.

"¡Claro! Porque fue uno de los que te advirtió de tu fracaso con Sasuke".

Sakura abrió la boca, pero nada salió de ella… Sinceramente, ¿qué podía decirle a Naruto que sonara creíble? Nada, absolutamente nada.

— ¡Naruto, ya es hora! ¡¿Qué haces ahí parado?! — gritó una malhumorada Tsunade que lo llamaba desde la puerta.

Tenía el ceño fruncido y las manos puestas en jarra sobre su cintura, mientras su pie izquierdo taconeaba fuertemente el suelo. Naruto tragó grueso y se apresuró a seguir a la que pronto dejaría de ser Hokage, para cederle el puesto. No obstante, antes de irse de ahí, le advirtió a Sakura que eso no terminaba ahí y que después hablarían muy seriamente.

Ella no lo deseaba, porque no se creía capaz de mentirle a su mejor amigo… Soltó un suspiro, y finalmente decidió seguirlo, al fin y al cabo, ella también tenía que estar presente.

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Pasaron dos horas, el nombramiento de Naruto fue una gran celebración. Aunque ya todos se lo esperaban, no pensó que sería tan emocionante. Y hasta ahora, a su pobre amigo no habían dejado de lloverle las felicitaciones. Las chicas no dejaban de acosarlo… Cosa que le hizo reír, ver la cara de apuro que tenía su amigo valía unas buenas risas.

Sin embargo, aparte de la diversión que le provocaba ver a Naruto en apuros, Sakura paseó la mirada en busca de su esposo. Se perdió toda la ceremonia y no veía ninguna señal de que estuviera alrededor. ¿Le pasó algo? ¿Su misión se habría complicado y tomado más tiempo del esperado?

Una angustia familiar tomó auge dentro de su pecho, una que reconocía desde que Sasuke y ella estaban juntos, cada vez que salía de misión. Comenzó a buscarlo con desespero, hasta un punto que creyó que se le paralizaría el corazón de la preocupación.

— Deja de buscarlo, mi hermano está en casa — le llegó repentinamente la voz del hermano mayor de Sasuke.

Volteó hacia él rápidamente, ¿en qué momento llegó?

— ¿Cómo lo sabes? — preguntó con ojos entornados y desconfiados.

— Porque yo soy su compañero de misión — contestó, serenamente.

Sakura abrió los ojos sorprendida y a la vez dolida por la actitud de su esposo. Soltó un respiro, miró a su cuñado de reojo. Itachi Uchiha, el criminal rango S, asesino de su Clan. El que fue eliminado por la mano de su marido y ahora estaba vivo. ¿Cómo sucedió eso?

Por una razón que pocas personas reconocieron en su momento. En la Cuarta guerra que se libró, se perdieron muchas vidas, civiles, shinobis… Entre esas, la vida del que fue el mejor amigo de su sensei, quien pudo resolver sus conflictos, ayudar a derrotar a Madara Uchiha para poder conseguir su Rinnegan.

Porque al final, Obito Uchiha quería retribuir en una pequeña cantidad el daño que les causó a personas inocentes. Y poseer esa línea sucesoria le daba el poder de manipular la vida y la muerte… Lo que le permitió traer a Itachi Uchiha con vida, así y solo de esa manera, todo el mundo supo su historia, y las razones detrás de aquella cruel y sanguinaria matanza… Esa era la versión resumida de los sucesos, Sakura no estaba segura de que una línea sucesoria fuese tan poderosa como para devolverle la vida a alguien que llevaba varios meses muerto. Debía haber algo más, algo que ella desconocía. Un secreto, alguna técnica oculta…

Parpadeó un par de veces y se enfocó de nuevo en su cuñado. Sakura notaba el gran parecido entre Itachi y Sasuke, era mucho y tan poco a la vez. El mayor se caracterizaba por su paciencia y calma, a pesar de la reputación que cargaba a su espalda. Itachi no era del tipo frío e indiferente, más bien entraba entre los reservados y tolerantes. Como Kakashi e incluso Neji Hyūga.

En carácter y personalidad, los hermanos Uchiha tenían grandes diferencias y también en el físico. Puesto que Itachi era más alto y de cuerpo más delgado, tenía el tono de piel más oscuro y las facciones maduras.

"Debes admitir que Itachi es más guapo que Sasuke".

Su mente le recordó que su cuñado, en efecto, era mucho más atractivo que su propio esposo. Se sonrojó ante ese tonto e inadecuado pensamiento que tuvo sobre Itachi.

— Supongo que simplemente no quiso venir — articuló en un suspiro Sakura.

— Ya lo conoces, no le gustan este tipo de eventos.

Ella dudaba seriamente que fuese solo eso.

— Creí que haría un esfuerzo por Naruto — replicó decepcionada por la actitud de Sasuke.

Guardó silencio, en verdad el hecho de que su marido hiciera un poco de sacrificio por estar ahí, sabiendo lo importante que era para Naruto compartir su alegría con él, hundía el dedo en la llaga. Simplemente no quería esforzarse por mejorar las cosas, por mejorar nada en realidad. Cada día se apartaba más, de todo y de todos.

Habían quedado en que lo intentarían. Más no veía mucho esfuerzo de su parte.

Itachi lo notó, miró a su cuñada con perspicacia y se decidió a preguntar.

— ¿Sucede algo, Sakura?

Nuevamente, fue desconcertada por la misma pregunta e hizo lo mismo que con Naruto.

— No, nada — respondió rápidamente, tanto que terminó tosiendo con el aire y la saliva que se le atoró en la garganta al hablar.

Itachi supo que ese no era el mejor momento para preguntar.

— Está bien — dijo —. Debo irme, tengo que entregar el reporte a nuestro nuevo Hokage — añadió con cierto toque divertido.

Sakura soltó una risa, apostaba que Itachi no le pondría las cosas fáciles en ese momento a Naruto. Indudablemente se divertiría un rato antes de explicarle todo. Típico en su cuñado, solía hacerlo también con Sasuke.

— De acuerdo, nos vemos luego, Itachi — se despidió.

El hombre comenzó a caminar, pero antes de irse definitivamente se detuvo y la miró un momento.

— Por cierto, felicidades por tu nombramiento como asistente del Hokage — comentó y le regaló una pequeña sonrisa. Parecía sincera, aunque no quitaba que también se mofaría un rato de eso.

— Gracias.

Enseguida Itachi partió, con la labor de entregar su reporte y molestar un rato al rubio Uzumaki.

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Sakura llegó a su casa exhausta, en cuanto entró se encontró con su esposo en el sofá bebiendo sake… Dedujo que ya llevaba horas tirado en el mueble, pero que recién había comenzado a beber.

Cerró la puerta haciendo un ruido fuerte, se quitó el abrigo y lo puso en el perchero. Con mal semblante se dirigió hacia Sasuke, que blandía un vaso con el líquido transparente a medio tomar.

— ¿Por qué no fuiste al nombramiento de Naruto? Él estuvo esperándote por horas durante toda la fiesta y no te apareciste, ¡¿Qué te pasa Sasuke?! — vociferó colocándosele enfrente con las manos en la cintura y el rostro enfurruñado.

Su marido elevó la mirada, honda e indiferente, le dio otro trago a su licor, y se dejó caer en el sillón recostando la espalda. A él parecía que le importaban tan poco sus palabras como su enojo.

— No quise ir — contestó sin más.

— ¿Por qué?

Para Sakura saberlo tenía un doble sentido, como un arma de doble filo. Sasuke era tan sincero a veces que no le ocultaba mucho lo que hacía o dónde estaba, pero sí con quién. Por lo menos cuando se trataba de amantes, siempre lo negaba todo.

— Porque yo fui uno de los que votó en su contra.

Un balde de agua fría cayó en la cabeza de Sakura, se hizo hacia atrás como si acabara de darle una bofetada. Abrió los ojos asombrada, ¿realmente su esposo vetó a Naruto, su mejor amigo, al que éste consideraba su hermano?

— ¿Por qué lo hiciste? — interrogó a media voz, incrédula.

El Uchiha solamente se encogió de hombros y le dio otro trago a su vaso, terminándose así el líquido, enseguida lo depositó en la mesa de centro de caoba.

— Me pareció incorrecto nombrar a alguien tan joven como Hokage. Aún tiene mucho que aprender.

Sakura lo miró boquiabierta.

— ¡Naruto es digno del título, Sasuke, se lo ha ganado! ¡¿Cómo pudiste hacerle eso?! — exclamó en desacuerdo.

— Solo expresé mi opinión.

— Su padre también fue joven cuando lo nombraron Cuarto Hokage, ¡no lo puedo creer! — recordó Sakura con voz en grito, dejando fluir su cólera.

Sasuke resopló, restándole importancia a la pataleta de su mujer. Se levantó del sillón hastiado con dirección a la puerta.

— ¿De qué te quejas? De igual manera lo nombraron Hokage — soltó indiferente y dando un portazo al salir.

Entonces Sakura supo que no volvería a dormir esa noche…

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El siguiente día, Sakura se levantó con mucho dolor de cabeza, los ojos hinchados y el pelo enmarañado. Se la pasó prácticamente toda la noche llorando, por la actitud de Sasuke, por su falta de entusiasmo sobre su matrimonio. A su relación…

Lo que hacía replantearse una pregunta: ¿Sería correcto seguir adelante con su matrimonio, valía la pena? Y si era sí, ¿por qué lo haría, con qué fin?

Su mente pensaba, cavilaba posibilidades, una nueva plática con respecto a su situación matrimonial serviría. Como también la posibilidad de tomar una terapia de pareja, podría funcionar. Pero primero tendría que convencer a su flamante marido de ir, o no tendría mucho caso. Los dos debían poner de su parte o no avanzarían jamás.

Se dio la vuelta en la cama dándose cuenta que el lado de su esposo seguía intacto.

"No vino a dormir…"

"Seguro se quedó con alguna de sus amantes seguramente".

La recriminación de su consciencia le cayó como marqueta de hielo, sin embargo, la ignoró. Debía estar demasiado molesto para no volver, cosa que sucedía muy a menudo en los últimos seis meses.

Con una respiración honda se levantó de la cama para darse una ducha, pronto tendría que partir hacia la torre Hokage para comenzar con sus labores como su asistente personal.

Vaya si Naruto no pudo elegir a alguien más…

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Cuando llegó a la oficina del Hokage, no vio a nadie, o más bien, absolutamente nada.

— ¿Naruto? — preguntó, dudosa.

— ¡Aquí, Sakura-chan! — gritó él, con la voz un poco deformada y elevando una mano.

Extremidad que apenas pudo visualizar en medio de tantos papeles, torres y torres de papeles encima del escritorio. Ella no se quería ni imaginar el tiempo que les llevaría ordenar todo eso…

— ¡Mierda! ¡La abuela me dejó el trabajo de seis meses! — gruñó, molesto por todas las filas de papeleo que parecían las próximas torres de vivienda para el Hokage.

Miró las torres, luego a su compañera de equipo. Sakura lucía distraída, y no es que su rostro decaído y ojeroso se lo dijera. No. Claro que no. Era el hecho de que no replicara ante el mote cariñoso que acababa de darle a la antigua Hokage, y de no haber recibido uno de sus acostumbrados golpes mata neuronas.

— Sakura-chan — llamó, en aquel tono que significaba que le preocupaba en demasía.

La peli-rosa lo miró, en sus piedras jade había tantas cosas por descubrir, con frecuencia parecía un libro abierto. Para Naruto conocerla era más que suficiente, no hacía falta mirar sus ojos para darse cuenta que algo iba mal. Ver su semblante bastaba.

— ¿Qué sucede, Sakura-chan?

Cuando ella estaba a punto de abrir la boca, la puerta se abrió mostrando a la figura de la antigua Godaime.

— Naruto, lo que me pediste ya está. Espero que sepas lo que estás haciendo — interrumpió Tsunade, antes de que el Uzumaki pudiera hacerle algún reclamo por todo el trabajo que le dejó acumulado.

Claro, era su pequeña venganza después de tantos años sentada firmando papel tras papel.

El chico sonrió ampliamente, con ese carisma característico.

— Claro que no, yo hice una promesa y la cumpliré — aseguró, seriamente.

Arrancando una ligera sonrisa en la antigua Hokage, realmente tenía muchas esperanzas puestas en Naruto. Y estaba segura de que a pesar de su juventud, Naruto no le fallaría. Eso era algo que sí podría apostar.

Sakura los miró con curiosidad irritante, se sentía un poco excluida de un diálogo en el que se supone debería ser partícipe por ser la ayudante del Hokage.

— Y Sakura-chan me va a ayudar — exclamó entusiasta, miró a la chica de cabellos rosados y le sonrió ampliamente —. Ya te tengo tu primera tarea como la ayudante del Hokage, Sakura-chan.

En cuanto citó esas palabras, a Sakura la removió un sentimiento extraño que le provocó mariposas en el estómago. En su mente se plantó que esa tarea le cambiaría muchas cosas.

Aunque seguramente, jamás se imaginó que su vida daría un giro de 180° a 360° grados.