Aclaraciones:

Narración.

— Diálogo —

"Pensamientos".

Advertencias:

Posible OoC en los personajes.

OC's.

No apto para fans SasuSaku o NaruHina.

Género: Romance | Drama.

Clasificación: T.

Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.

Nota de Autor:

Tercer capítulo re-editado arriba.


Capítulo 3

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‹‹ Un pensamiento que no sea el resultado de una acción no es mucho, y una acción que no procede de un pensamiento no es nada en absoluto››.

Anónimo.

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Misión particular.


— ¿Disculpa, cómo has dicho?

Sakura estaba atónita, en su voz y su rostro había algo gracioso. Sin embargo, la propuesta no era para nada chistosa.

— Sí, como oíste, Sakura-chan. Tú serás la precursora de este proyecto, tienes que llevarlo a acabo o yo me veré mal — dijo él seriamente.

— ¿Pero es que acaso no hay jutsu que lo deshaga? — interrogó un poco afligida.

— No, no lo hay, Sakura — articuló Tsunade, finalmente. La peli-rosa giró el rostro hacia ella. Su expresión totalmente seria, como la de Naruto —. El Sello del Pájaro Enjaulado se creó específicamente para que no tuviera solución alguna o, por lo menos, no una fácil. Fue hecho para el control mental y la restricción de habilidades de la rama secundaria del Clan Hyūga.

— Entonces, ¿por qué quieren dejarme esto a mí? — chilló alterada.

Era un gran reto, algo como socavar en un campo lleno de dinamita, ir a ciegas en algo en lo que poco sabía.

— Porque después de la abuela, tú eres la más calificada para la tarea — contestó Naruto, adoptando una actitud de diplomático. E ignorando el hecho de que la rubia de grandes atributos y absurda fuerza descomunal, lo asesinaba a miradas por el mote cariñoso.

— ¿Por qué no lo hace usted, shishou?

— Porque ya tiene suficiente con el hospital y tú debes avanzar — cortó el rubio, evitando que Sakura convenciera a Tsunade —. Además… Hice una promesa y debo cumplirla.

"¡Cuando sea Hokage, cambiaré el destino del Clan Hyūga!"

Un rayo iluminó la cabeza de Sakura, y esa frase apareció en su mente, lo que provocó una expresión asombrada en su rostro. Miró a su mejor amigo con los ojos abiertos, éste le sonreía genuino y abierto. Supo que recordó de dónde provenía esa promesa.

— Está bien… Lo haré — respondió la peli-rosa, finalmente.

— ¡Gracias, Sakura-chan! — gritó Naruto, con una gran sonrisa.

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Si Sakura creyó que ser la asistente del Hokage era estar irremediablemente jodida, atendiendo a un hombre que perdía a cada rato una pluma… Ahora estar en un grupo de investigación, el cual estaba encargado de encontrar la forma de quitar el sello del Pájaro Enjaulado por órdenes de su flamante y nuevo Hokage, era mucho peor que estar metida en su oficina obligándolo a firmar papeles y no dormirse.

— ¡Mierda! — masculló molesta.

No encontraba nada que le ayudara específicamente con su reciente misión suicida (porque es lo que le pasaría si todo salía mal). Se preguntaba si en realidad el líder del Clan ya lo sabía. No tenía idea, pero si Naruto y la ex Godaime la mandaron a ejecutar tal tarea, era porque Hiashi Hyūga ya estaba enterado del asunto.

— ¿Muy ocupada, cuñadita?

De repente escuchó la voz serena de Itachi, y estaba tan concentrada en su investigación que ni siquiera lo sintió llegar.

"No sueles darte cuenta de eso".

Muy cierto, coincidió con su consciencia. Sin embargo, no le quitó la valentía de girarse con el ceño fruncido. Acentuando más la arruga de su frente al verle sonreír (una sexy sonrisa, cabe mencionar) burlón. ¿No que era un sanguinario serio y para nada cómico?

— ¿Y tú qué demonios haces aquí, no se supone que estabas en una misión larga? — reclamó sin poder evitarlo.

Lo escuchó reír ligeramente. Obviamente verla molesta era parte de su gracia, y ella como tal le daba gusto. De verdad que no aprendía las mañas de su querido cuñado.

— Se supone, pero ahora tengo otra misión más corta y nuestro querido Hokage no tiene planeado mandarme lejos por mucho tiempo — contestó encaminándose hacia ella con una mano metida en un bolsillo de su pantalón.

Se acercó lo suficiente como para revisar los pergaminos que estaban desperdigados por la mesa, con una estudiada paciencia y concentración. Solo entonces Sakura vio una pequeña arruga en su entrecejo, signo de que no le agradaba para nada lo que leía.

— ¿Qué se supone que estás haciendo? — interrogó serio, levantando los ojos para mirarla.

Sintió un ligero escalofrío en la columna, le recordaba tanto a su esposo…

— Naruto… Me pidió que le ayudara en la investigación del sello maldito del Clan Hyūga… — murmuró.

— ¿Para qué?

Él insistió, Sakura suspiró. Después de todo, Itachi no tenía idea acerca de la promesa de Naruto.

— Es una promesa que Naruto le hizo a Neji, en su encuentro en los exámenes Chūnin.

No necesitaba saberlo todo, solo lo necesario. Claro que Itachi comprendió que esto era más importante para Naruto que para ella. No contrastaba con su personalidad, conocía a la kunoichi, y se percató que a pesar de ser una gran investigación que impulsaría su carrera como medic-nin, no lucía muy entusiasmada. Algo andaba mal, y tenía que ver con su hermano.

— Es una gran promesa — mencionó él, enderezándose sin perder detalle de los escritos en la mesa.

De reojo, contempló como Haruno volvió la mirada hacia los pergaminos y frunció el ceño, exasperada.

— Una grande y prácticamente imposible — rezongó, irritada.

— No lo es tanto — divagó Itachi, en voz baja y ligeramente pensativa.

La peli-rosa inmediatamente elevó el rostro para mirarlo, entornó los ojos e inspiró.

— ¿En qué rayos piensas, Uchiha?

Itachi rió suavemente, cuando utilizaba su apellido no es porque estuviera muy contenta con él. O porque sabía que estaba jugando con ella adrede.

— El Sello de los Hyūga se originó para destruir su psique, su estabilidad mental y luego sus neuronas. Volviéndolos frágiles y completamente inestables, incapaces de controlar su Dōjutsu, tampoco su cuerpo — explicó —. Fue hecho para que su Clan estuviera a salvo, para que al caer en manos enemigas no supieran el secreto de su Byakugan.

— Eso ya lo sé, Itachi, no necesito clases de historia — refunfuñó la chica, él sonrió ante su impaciencia —. Solo dime lo que piensas, ¿por dónde debo comenzar?

— Poniendo a prueba el sello de control, las ramas cerebrales y neuronales, donde ataca específicamente. Por ahí puedes partir.

A Sakura se le iluminó el rostro, ¿cómo no había pensado en eso ella primero? Sintió envidia de la capacidad de análisis de su cuñado, se parecía mucho a la de Kakashi. Ella literalmente saltó de su asiento y casi corrió hacia la puerta, luego se regresó y le dio un beso en la mejilla a Itachi.

— ¡Gracias, Itachi!

La escuchó gritar desde medio pasillo, soltó una risa divertido por la euforia de su cuñada. Si tan solo su hermano supiera apreciar lo que tiene…

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Sakura corrió como alma que llevaba el demonio al despacho de Naruto, cuando entró prácticamente tiró la puerta en el proceso y se encontró con un rubio concentrado en un pergamino. Aunque su rostro lucía muy concentrado, su mirada era distante, ausente… Algo no le gustó en sus ojos azules.

— ¿Naruto?

— ¿Eh? ¡Oh, Sakura-chan! Perdona, no te escuché entrar.

Si su iris ostentaba de privación, su tono de voz no estaba desprovisto de esto. Sonaba igual que una persona desolada. Paró su euforia por el comienzo de su proyecto y se acercó hasta quedar frente a su escritorio, ocupó una de las sillas de enfrente.

— ¿Qué sucede, Naruto? — lo oteó preocupada —. Y no me digas que nada, no te atrevas porque lo sabré — advirtió, al verlo abrir la boca con esa intención.

El rubio soltó una inspiración, derrotado. No es como que pudiera mentirle a Sakura sin que se diera cuenta, lo conocía demasiado bien como para atreverse a engañar a su amiga.

— Me enteré de lo de Sasuke — soltó sin más, sin anestesia —. Supe que votó en mi contra, Tsunade obaa-chan y Hiashi me lo dijeron…

Decir que sintió su corazón comprimirse ante el tono decepcionado y triste de Naruto, era decir muy poco. Nunca se sintió más apenada y apesadumbrada por alguien, como podía estarlo por él. No solo era injusto, sino una traición por parte de una persona que él amaba y consideraba de su familia. Su hermano. No de sangre, pero sí de corazón y sentimientos. Aún no comprendía como Sasuke pudo haber hecho eso. Seguía preguntándoselo…

— Naruto…

— No, Sakura-chan — interrumpió rápidamente —. No es tu culpa, lo sé, no necesitas disculparte conmigo por él. Fue su decisión y por algo debió haberla tomado, no te culpo, ni siquiera a él… Solo… Me entristece que no confíe más en mí de lo que yo lo hago en él.

Sakura lo contempló con ojos sorprendidos, a veces, le asombraba la madurez que su amigo podía tener en momentos y situaciones delicadas. Esta era, evidentemente, una en la que necesitaba de esa sabiduría. No descartaba que la influencia de Itachi y Kakashi ayudaron a la causa.

— Y-Yo…

— No te preocupes, Sakura-chan, estaré bien — le sonrió, con esa alegría habitual. Pero la emoción no llegó a sus ojos, y eso era triste… —. Ahora dime, ¿a qué venías? — preguntó, rascándose la mejilla, recordando la estrepitosa entrada de su compañera.

Sakura esbozó una sonrisa, amplia y feliz. Como si hubiese encontrado algún tesoro.

— Naruto, necesito que un miembro de la rama secundaria sea mi conejillo de indias y…

— Necesitas a un miembro del Souke. Sí, lo sé.

Haruno abrió la boca sorprendida, ¿cómo, cuándo…?

— Tsunade obaa-chan dijo que podrías necesitarlos para la investigación — se encogió de hombros, pronto se escuchó un sonido sordo… — ¡Ay, Sakura-chan! Si sigues así tus golpes matarán mis neuronas — protestó doliente, sobándose la zona golpeada de su cabeza.

— ¡Pues deja de decirle obaa-chan a Tsunade-sama!

El rubio hizo un mohín y la peli-rosa gruñó, aunque en el fondo se alegraba de que recuperara su mal genio, aun si él terminase pagando los platos rotos…

— Ya, ya. Pronto estarán aquí.

Ese pronto se convirtió en inmediato. En cuestión de segundos la puerta sonó por medio de unos toques firmes, presto Naruto dijo un: Pase. En seguida, dos figuras se hicieron presentes.

Una era alta, fornida y atlética. La otra, delicada, baja y voluptuosa. Se trataba de Neji y Hinata Hyūga. Ambos primos se presentaban ante Naruto con una reverencia estudiada, aunque la fémina parecía tener un sonrojo permanente cada vez que estaba cerca del rubio.

Naruto por su parte, los recibió con una ancha sonrisa. Hacía mucho tiempo que no los veía, desde que tomó su cargo y de eso, casi un mes, tal vez más.

— ¡Hinata-chan, Neji, qué gusto volver a verlos! — profirió el rubio desde su cómoda silla.

— Hokage-sama — habló, respetuosamente Neji.

A Sakura le removió interiormente la voz ronca y estoica del miembro del Bouke. Provocándole una ligera punzada en una parte de su anatomía que no quería mencionar, además unas mariposas se desataron en su estómago.

¿Por qué rayos le pasaba eso?

— Ho-Hola, Na-Naruto-kun… — musitó sencillamente la chica de largos cabellos azulados y prominente delantera, que podía competir con la Hokage.

El rubio únicamente le sonrió, desprovisto de cualquier malicia. Honesto y amigable como siempre. Ignorando deliberadamente el marcado rubor de Hinata, y el juego nervioso con sus dedos.

— Bien, Sakura-chan, ellos te ayudarán con la investigación — anunció Naruto —. Ya están informados del asunto, así que no tendrás mayor problema.

Informó formalmente, Sakura miró a sus próximos compañeros de equipo. Dos miembros del Clan más antiguo de la aldea, con los que tendría que convivir los próximos meses.

Hinata era una chica tímida, pero dispuesta a ayudar. Al contrario, Neji, un chico reservado y tranquilo. Seguramente su parte analítica le serviría mucho, para el arduo camino que le esperaba en la solución del sello.

— Ya pueden retirarse. Avísame si hay algún avance — se refirió a Sakura. Ésta asintió.

En seguida se retiraron rumbo a las salas de examinación. Su trabajo comenzaba ya.

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Horas más tarde, Sakura no pudo avanzar mucho, puesto que ambos miembros del Clan fueron requeridos inmediatamente con carácter de urgente por el líder del Souke. Más no significaba que no hizo nada, todo lo contrario.

Fue capaz de ver la efectividad del Sello de Control. Lo que consiguió que su corazón se prensara como si lo sostuviera una tenaza, no era como que ver a Neji retorciéndose del dolor fuera lo más grato del mundo. Pese a que luchó y se resistió, no gimió o gritó, pero su rostro compungido lleno de dolor y angustia era más que suficiente para saber su sufrimiento.

Además, tuvo que convencer a Hinata de que utilizara el sello.

La sala era grande, espaciosa y con un montón de aparatos ubicados determinadamente para la examinación minuciosa del cerebro humano. Se contaban como cuatro o cinco máquinas diferentes. Desde encefalógrafos hasta escáneres y otros instrumentos que desconocían totalmente.

Al llegar, tanto Hinata como Neji evaluaron su alrededor. La primera con admiración, el segundo metódico.

¿Q-Qué necesita específicamente, Sakura-san? — indagó, la chica Hyūga.

Sakura se quedó en silencio un momento, no sería fácil lo que le pediría. Así que se tomó su tiempo, para poder cavilar y encontrar la mejor manera de decir su demanda…

Ahm… — se quedó muda, observó a Neji, éste la observaba a ella con su iris opalino. No hondo, pero sí níveo como el blanco más puro.

El Sello, Hinata-sama — articuló él, a Sakura no le impresionó que él supiera lo que necesitaba.

No obstante, las fastidiosas mariposas en su estómago se desataron de nuevo como un enjambre de abejas. Algo molesto, eran nervios. Se sentía inquieta de la mirada aguda y segura del miembro del Bouke. Enfocó su iris jade en Hinata, la chica sobresaltada miró a su primo angustiada.

N-No… Ne-Neji-nii-san…

Susurró ansiosa ante las palabras de Neji.

Es necesario, Hinata — intervino Sakura, obteniendo la atención de ambos —. Necesito ver su efecto — titubeó, dudosa de su propia decisión.

Pe-pero…

Es necesario, Hinata-sama — reiteró Neji.

Sus facciones inexpresivas no daban atisbo de nada, aunque su mirada lucía formidable. Algo que, seguramente hizo que la Hyūga reaccionara y asintiera en contra de su voluntad. Entonces, Sakura comenzó a preguntarse, ¿por qué razón la habrían mandado a ella en lugar de otro miembro del Clan? Todos sabían del carácter de Hinata, incapaz de hacer o ejercer algún daño a alguien. Menos a un miembro de su misma familia.

E-Está bien — cedió en un murmullo bajo y derrotado.

En seguida Neji se alejó, tomando una distancia prudente de ellas. Contempló a Hinata y le hizo una señal afirmativa con la cabeza. Hinata la interpretó e hizo un par de sellos extraños con las manos, algo torpes pero efectivos.

Pronto vio como Neji cayó de rodillas preso de un inmenso dolor, gruñía cual animal lastimado y enfurecido. Su mandíbula estaba tensa por la presión que ejercía con los dientes, las venas de su cuello se saltaron y a los segundos lo escuchó gemir quedo. Con dificultad llevó las manos a su cabeza.

Para Sakura, observar toda aquella escena fue terrible. Sabía de los efectos del sello pero nunca tuvo la oportunidad de verlo, y en ese preciso momento ya no sabía si había sido una buena idea esa demostración tan dolorosa. Procedió a mirar a la Hyūga, que tenía plantada una mueca de angustia y aflicción, como si el dolor de su primo fuese su propio dolor. No la juzgaba, hasta ella misma podía sentir el martirio de Neji…

Y-Ya… Es suficiente, Hinata… — musitó Sakura, la chica soltó un suspiro de alivio y deshizo el Sello de Control.

La medic-nin se apresuró a ver a Neji, éste soltó un jadeo de sorpresa y congoja. Había olvidado lo devastador de su efecto, lo recibió solo un par de veces, además de algunas que lo vio en su padre y por eso odio a la familia primaria.

¿Neji-san?

Él no pudo verla, simplemente se desplomó, preso de su inquieta respiración y el acelerado latir de su corazón. Transpiraba, y su vista lucía cansada y nublada.

¡Ne-Neji-nii-san!

Después de esa demostración tuvo que aplicar un tratamiento. Permitiéndole ubicar con su chakra las neuronas dañadas, no así las partes del cerebro que estaban interconectadas al sello. Fue algo básico, no le permitió gran avance. Necesitaba más, pero no estaba segura si quería que volviera a activarse el Sello de Control en Neji.

— ¿Estás lista?

Sasuke la llamó, sacándola de sus cavilaciones. Elevó la mirada y lo observó a través del espejo. Su esposo salía del baño, vestido con un traje de etiqueta, tan negro como su cabello obsidiana y sus ojos profundos. Le calzaba tan bien… Lo vio acomodarse el corbatín y mirarla, con simpleza e indiferencia.

"Como siempre…"

Le recordó su consciencia.

— Ya casi — le contestó, con una dulce sonrisa fingida.

— Hmp. Pues apresúrate, que ya vamos tarde.

Él se retiró, sin detenerse a mirar el vestido negro con cruce en el cuello, ni el largo escote de la espalda que dejaba poco a la imaginación. O su cabello rosado, ahora largo y laceo que caía en ondas suaves por sus hombros y espalda. Ni el sutil maquillaje…

Un conocido sentimiento se removió en su interior, se sintió desolada y estúpida. Angustiada y triste. La sensación reverberó en su pecho como un temblor, los ojos se le llenaron de lágrimas y no quería llorar. Estropearía su trabajo, e Ino la regañaría por su estado deplorable. No sin antes recordarle lo equivocada que estaba en cuanto a Sasuke.

No, no podía…

Inhaló profundamente, miró al techo y se calmó, no valía la pena llorar sobre la leche derramada. Ya no más.

— Apresúrate, Sakura, vamos tarde.

Le hostigó su esposo.

— Ya voy.

Contestó, debía recomponer su rostro, no quería que nadie en la fiesta se diera cuenta. No quería que nadie, notara su profunda tristeza…