Daré los lineamientos de siempre.
Aclaraciones:
Narración.
— Diálogo —
"Pensamientos".
Advertencias:
Posible OoC en los personajes.
OC's.
No apto para fans SasuSaku o NaruHina.
Género: Romance | Drama.
Clasificación: T.
Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.
Nota de Autor:
Capítulo cuatro re-editado.
Capítulo 4
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‹‹Hay momentos en que las atribulaciones se presentan en nuestras vidas y no podemos evitarlas. Pero están allí por algún motivo. Solo cuando ya las hemos superado entenderemos por qué estaban allí››.
Anónimo.
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De tratamientos y discusiones.
Cuando llegaron a la mansión Hyūga, una linda y angelical Hinata los recibió. La tímida chica llevaba un bonito vestido blanco, de tirantes anchos y poco escote. Largo hasta los tobillos, en sus pies unas bonitas sandalias color plata y su maquillaje natural, ni siquiera parecía que tuviera alguna capa de cosmético.
— Bue-Buenas noches, Sakura-san, Sasuke-san — reverenció, respetuosa y educadamente.
En sus mejillas se visualizó un pequeño sonrojo, de verdad, observar al matrimonio Uchiha era como dar un vistazo a una belleza exuberante. Sakura había crecido, su cabello ahora se mantenía largo como un recordatorio de los días en que veneraba al menor de los Uchiha.
Su cuerpo adquirió más curvas que en su adolescencia, y ya nadie podía mofarse de lo plano de su pecho. Creció considerablemente, pero no tanto como para competir con Hinata o Tsunade. Pero por lo menos ya no era plana. Y ese vestido negro asentaba muy bien su esbelta figura.
Sasuke por el contrario, mantenía su belleza Uchiha, tal vez menos gallardo que su hermano mayor, pero no así menos guapo. Juntos, se veían realmente bien.
— Buenas noches, Hinata — le sonrió Sakura, con una sonrisa cauta.
Por parte de Sasuke, solo recibió un asentimiento.
— Pa-Pasen, por favor.
La chica de largos cabellos azulados se hizo a un lado para que la pareja pudiera internarse en la mansión. Una exquisita estructura arquitectónica japonesa, muy tradicional y compleja. La organización por excelencia y la combinación de los efectos visuales excelsa. Agradable a la vista, y ahora muy poblada porque la mayoría de familias y conocidos de la Villa se encontraban ahí, para celebrar el cumpleaños número sesenta del patriarca del Souke.
Terminado su ligero recorrido en la estancia, se percató de que su marido ya no estaba a su lado. Se había ido, seguramente en busca del alcohol. Se tragó un suspiro decepcionado, se giró hacia Hinata, quien apenada notó lo que pasaba y lo manifestó por medio de un rubor en sus blancas mejillas.
Sakura también se sintió abochornada, tanto que tuvo que desviar la mirada y buscar sin proponérselo a la figura de su primo, Neji. Sin encontrarlo por ningún lugar. Intranquila frunció el ceño, comenzó a preguntarse si estaría bien después de aquel episodio esa misma tarde en el laboratorio de prueba. Y si no… ¿Dónde estaría? ¿El Bouke tendría su propia dependencia?
— ¿Y Neji-san?
La pregunta salió rauda y con un tono interesado, matizando así mismo la inquietud que sentía. Hinata le miró preocupada.
— É-Él no se siente bi-bien… Su do-dolor de cabeza n-no cesa… — murmuró, con tono culpable y la mirada gacha.
Realmente no tenía cara para ver a Sakura y menos a su primo, sentía que era su culpa. Las sospechas de la peli-rosa se comprobaron.
— ¿Podrías llevarme con él? — pidió, inmediatamente la Hyūga elevó la mirada, esperanzada —. Necesito revisarlo y aplicarle otro tratamiento para que se reponga, ¿puedes llevarme con él?
La heredera del Bouke la observó, un tanto dudosa aunque estaba más afligida, realmente se sentía lo suficientemente responsable del malestar de su primo. Así que sin pensárselo mucho, la tomó de la mano y la llevó entre pasadizos, largos y cruzados pasillos. Limpios y sobrios, sin poder detallar mucho, puesto que Hinata la llevaba muy rápido. Pronto se vio rodeada de otra mansión, un tanto más grande que la principal, o a lo mejor menos decorada, más parca. La Hyūga la llevó por un largo pasaje hasta una habitación.
La heredera tocó dos veces.
— Ne-Neji-nii-san.
Lo llamó, pero no obtuvo respuesta. Hinata miró a Sakura, acongojada, como esperando una aprobación para poder hacer lo que pensaba. Solo recibió una mirada firme de parte de la medic-nin, así que abrió la puerta corrediza.
El lugar era amplio y oscuro, no lo suficiente como para ignorar siluetas, la habitación era sombría, pesada y silenciosa.
— ¿Ni-Nii-san? — murmuró Hinata.
La visión de la peli-rosa se desvió, su único punto importante era la figura que se encontraba sentada a la orilla de la cama, encorvada, con la mirada y el rostro hacia el piso. Neji estaba vestido con un traje gris plomo, por los puños de la camisa, asumió que el color era negro. Parte del largo cabello castaño de él cubría su rostro, impidiéndole ver su expresión. Se presionaba las sienes con las manos de forma simultánea, como si así pudiese aplacar el dolor.
— ¡Neji-nii-san!
La alertó el grito de Hinata, el heredero del Bouke se precipitaba hacia el suelo y ambas reaccionaron rápidamente. Aunque por su peso, las dos terminaron en el piso junto a él.
— ¡Neji-san, Neji-san!, ¿puede oírme? — clamó Sakura, preocupada al ver su rostro contraído en una mueca aguda.
— Agh — gruñó Neji.
— Ni-Nii-san… — gimoteó Hinata.
— Más bajo — protestó él, con voz gruesa y profunda. A Sakura le provocó un escalofrío irracional.
— ¿Qué? — indagó ella sin comprender a lo que se refería.
— La voz — objetó él —. Hablen más bajo, siento un martilleo y me lastima.
Hinata se llevó las manos a la boca antes de soltar un sollozo. Sakura la miró, aquella pregunta que se hizo en un principio regresaba a ella de forma más insistente, ¿por qué razón la enviaron a ella precisamente a hacer ese trabajo con su primo? Evidentemente Hinata no poseía el carácter para efectuar y menos para lidiar con las secuelas del Sello maldito. ¿Quién pudo decidir algo así?
No tenía idea, tampoco había tiempo para especular. Ya que el quejido del heredero del Bouke la atrajo de nuevo a su trabajo, observó cuidadosamente como el entrecejo presentó una arruga leve que le indicaba el grado de molestia. Sus ojos permanecían cerrados, como si la luz proveniente del baño le molestara. A pesar de ser muy leve, lóbrega y tenue. Apropiada para hacer aquellos que quieren hacer el amor sin exponerse completamente.
Un momento, ¿hacer el amor? ¿En qué demonios pensaba?
Agitó su cabeza asombrada por su pensamiento. Contempló como los ojos de Neji se abrían levemente, una rendija en la que pudo apenas visualizar su dilatada pupila perla. Seguro el dolor era severo, no obstante, tenía una mirada profunda que le generó un estremecimiento aún más raro.
Perturbada, preguntó.
— Neji-san, debo terminar de aplicar el tratamiento para que pueda sentir alivio, ¿de acuerdo? — él asintió paulatinamente, parecía que incluso parpadear le producía afección. Lo dedujo por la mueca que hizo antes de cerrarlos nuevamente —. Hinata, ¿puedes ir por una toalla, por favor?
La chica asintió repetidamente, casi corrió al baño por las toallas que requería para secarle el sudor al chico, el dolor le hacía transpirar.
Sakura respiró profundamente y ejecutó su Ryō no Jutsu, llevó una mano a la parte izquierda de su frente. Cuando aplicó su curación hacía unas horas, se centró más en su parte derecha que en su lado izquierdo, así que estaba segura que su dolor provenía de ese lado. El tratamiento que aplicó fue tan apresurado que temió haberle dañado inconscientemente en lugar de aliviarle.
Aplicar chakra en la cabeza de alguien, por mucha experiencia que se tuviera es un trabajo arduo y delicado. Si no se tiene el control de chakra perfecto, se pueden llegar a dañar neuronas e incluso, partes cerebrales conectadas a estas u otros nervios de la zona manipulada. Por eso, haberlo aplicado a la ligera a pesar de su práctica, le daba cierta inseguridad en el resultado.
No obstante, al escuchar el suspiro de alivio de Neji, supo que estaba haciendo bien su trabajo, que el método estaba funcionando. Sintió el cuerpo masculino relajarse, los hombros se destensaron y la palidez de su rostro comenzó a desaparecer junto a la expresión de mortificación que tenía en un principio.
Pronto Neji comenzó a mover sus párpados, los abrió lentamente hasta que se enfocó en sus ojos jade. Su mirada era neutra e insondable. Su rostro inexpresivo, tan impasible que provocaba nerviosismo. Y eso le estremeció, tanto que temió perder el control de su jutsu.
— ¡Sa-Sakura-san, aquí están!
La voz frágil de Hinata interrumpió la conexión de sus miradas, Sakura izó la suya y le sonrió a la chica.
— Gracias, Hinata.
La chica de cabellos azulados le pasó la toalla en cuanto el tratamiento concluyó, pasó levemente el paño sobre la frente sudorosa del Hyūga. Éste estaba atento a cada movimiento de Sakura, la seguía de forma sistemática e interesada.
Después de unos minutos detuvo su mano, sujetándola a través de la muñeca, el agarre no era fuerte; pero sí firme. El contacto de su piel con la de ella, estimuló una especie de electricidad espontanea. Que obviamente, Sakura no pudo ignorar.
— Ya estoy mejor, gracias — tal parecía Neji si lo conseguía. Su tono solemne le dijo todo.
Lo único que atinó a hacer Sakura fue asentir, apartó su mano como si la hubiese quemado. Sentía un hormigueo familiar en una zona de su cuerpo que solo reaccionaba al ser tocada, región que había sido olvidada hace más de un mes por su esposo. El cual en ese preciso momento se mantenía en alguna parte de la mansión principal, y seguramente estaría preguntándose en ese instante donde se encontraba. Si es que le importaba…
Neji comenzó a levantarse, de forma lenta y resuelta. De inmediato vio alzada la alta, atlética e impoluta figura de Neji Hyūga. Tan elegante y atractivo como un bonito maniquí de aparador, aunque su expresión solemne y seria la dejó sin aliento, antes que de brío. Empequeñecida, así se sintió cuando logró ponerse en pie.
— Ni-Nii-san, ¿de verdad estás bien? Porque pue-puedo disculparte con pa-papá y…
— No es necesario, Hinata-sama. Iré en un momento — cortó educadamente a su prima.
Hinata se sentía culpable, aunque era una chica muy perceptible y observadora, su inocencia le hacía ignorante a muchas cosas. Como sucedía en ese momento, en el que no logró distinguir la tensión y el cambio de actitud de Neji.
— Ahora, si me disculpan.
Ambas comprendieron que debían dejarlo solo, que seguramente ya se sentía mejor. Salieron de la habitación y retomaron los pasillos para volver a la fiesta, ya habían perdido bastante tiempo, seguramente varios estaban preguntándose en donde se habían metido.
— Gra-Gracias, Sakura-san.
La detuvo Hinata e hizo una reverencia que le sorprendió, tanta formalidad y educación, para Sakura era demasiado. Ella solo hizo su trabajo, o más bien, lo finalizó.
— No hay nada que agradecer, Hinata. Es mi trabajo — dijo regalándole una pequeña sonrisa.
Que como sucedió anteriormente, no le llegó a los ojos…
— ¡Sakura-chan! — el gritó les llegó de frente.
Su flamante Hokage se acercaba a ellas con paso audaz, inmediatamente notó como Hinata pasó de estar pálida a rojo incandescente en un parpadeo. La verdad no era para menos. Naruto se presentaba ante ella con un bonito y pulcro traje en color azul oscuro, elegante y sofisticado. Complementado por una camisa celeste aqua y una corbata azul eléctrico. Con sus cabellos desordenados, esbozando una gran sonrisa.
En realidad, estaba para enrojecer a cualquier chica, al igual que su cuñado. Solo que Itachi era fiel a su estilo, no llevaba corbata. Aunque algo le decía que más bien le copió a su ex sensei, porque tampoco solía usarla en reuniones formales. Decía que se sentía como un pingüino con traje, como si fuese a su boda.
Desatando bromas y risas, burlándose de su eterna soltería. Kakashi solo soltaba una diminuta risa entre dientes y los ignoraba como si no pasara nada.
— Na-Naruto-kun.
— ¿Ah? Hola, Hinata-chan — sonrió Naruto, al percatarse de la presencia de la heredera del Souke.
La Hyūga pronto aumentó de color y empezó a transpirar, algo muy gracioso. Sakura se obligó a intervenir, la situación podía ponerse seria y la chica terminaría desmayándose, como ya había sucedido con anterioridad.
— ¿Qué sucede, Naruto?
Silenciosamente, Hinata agradeció la oportuna intervención de la peli-rosa.
— Ven conmigo, necesito decirte algo. Si nos disculpas, Hinata-chan.
Apresuradamente se llevó a Sakura lejos de la heredera del Souke. Ya alejados, se detuvieron en un lugar neutral, lejos de todos aquellos oídos chismosos, pero lo suficientemente visible para que pudieran tener acceso a ellos sin parecer otra cosa.
— ¿Dónde has estado? ¡Sasuke está bebiendo como un puto barril sin fondo!
— Yo estaba… ¿Cómo dices? ¿Está borracho? — preguntó, afligida de lo que el alcohol solía causarle a su flamante y respetuoso marido.
— No, aún no. Itachi ha logrado frenarlo, y creo que hasta le pidió un café cargado — respondió aliviándola — ¿Dónde rayos estabas?
Sus voces eran casi un susurro, para una fiesta en donde la música aburrida reinaba para el festejado.
— Atendía al primo de Hinata porque…
— ¿A Neji? ¿Le pasó algo? ¿Está bien?
— Ahora sí — murmuró, un tanto aturdida y molesta.
— ¿Es por las pruebas?
— Sí.
— ¿Dónde está? — inquirió repentinamente serio y preocupado.
— Creo que… — paró un instante, los murmullos de algunas féminas llamaron su atención.
Capto las miradas de algunas en una sola dirección. Una que ella también siguió, atraída como por una fuerza gravitacional que no la dejó indiferente. Observó la figura de Neji Hyūga. El chico caminaba hacia el gran salón para encontrarse con Hiashi y algunas amistades de sus amistades; entre ellas, la antigua Hokage y otros líderes que habían llegado especialmente para festejarlo. Entre esos el Kazekage de la Aldea de la Arena. El pelirrojo estaba ahí de visita por cuestiones políticas, y aprovechó para quedarse un tiempo más debido a la celebración.
Naruto estaba encantado.
Sakura observó cómo Neji se acercaba a las figuras diplomáticas y las saludaba con aplomo, respondía con fluidez y se mantenía al mismo tiempo al margen, sin perder detalle y haciendo intervenciones oportunas. No sonreía, mantenía su inexpresivo rostro. El hombre, porque eso era, un hombre; no un chico de sentimientos fracturados y ego marcado.
La medic-nin apreció el arreglo de su traje, acomodó su corbata de color platino oscuro, de una tela brillante como un diamante y delicada como la seda. Su larga cabellera castaña estaba perfectamente atada y acicalada. Se veía excelso. Tan atractivo que robaba suspiros sin proponérselo, y ella llegó a comprender el porque la mayoría de féminas tenían la mirada puesta en uno de los solteros más apetecidos en el mundo shinobi.
"Y estoy segura que de la aldea completa".
— No me parece que esté tan mal — comentó Naruto.
Dio un respingo, por un momento olvidó que estaba a su lado. Parpadeó y le devolvió la mirada, de reojo.
— No lo estaba hasta hace un momento.
En menos de dos segundos escucharon una pequeña discusión entre los hermanos Uchiha, al parecer, el menor estaba discutiendo con Itachi porque le parecía que lo controlaba. O algo similar.
— Sakura-chan — llamó el rubio, esta vez su tono era serio y aunque no la veía directamente, ya que tenía la vista clavada en las personas a su alrededor, sabía que era con ella —. No me gusta decirte que hacer. No sé qué problemas hay entre Sasuke y tú, pero ve con él y contrólalo antes de que comience a hacer estupideces — la vio abrir la boca, y decidió hablar pronto —. No lo niegues, ya luego me contarás. Por ahora iré a ver que Tsunade obaa-chan no se trague todo el sake y luego no sepa donde durmió ni con quien.
Tan rápido como dijo eso se fue hacia el salón a quitarle el vaso con sake a la rubia de grandes atributos, que no pudo darle un zape porque estaba ya bastante borracha y perdió el equilibrio. Mientras que ella fue hacia el lado contrario, a buscar una forma de controlar a su esposo, antes de que dijera cosas que no debían saberse.
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— Ya no necesito de tu protección, Itachi. Puedo cuidarme solo.
— No te estoy protegiendo, te evito una vergüenza.
— ¿Y eso qué? No es tu problema.
— Pues deberías dejar de beber, no solo será una humillación para ti, sino también para tu esposa.
— Como si a mí me…
— ¡Ya basta Sasuke! — interrumpió Sakura.
Si bien alzó la voz, no se le notaba enfurecida o molesta, sino más bien apenada por la actitud de su esposo. De paso, advirtió lo que iba a decir antes de interrumpirlo.
— Creo que no es el momento indicado para que discutan, si quieren arreglar sus diferencias este no es el lugar — los reprendió —. Sasuke, por favor, deja de beber… — rogó con voz ahogada cuando se acercó a él —. Por favor…
Realmente para Sakura era algo más allá de una simple borrachera. Sabía que estaban mal, también que Sasuke no era la persona más discreta del mundo cuando el licor circulaba por sus venas en cantidades desproporcionadas y abundantes por su sistema. Volviéndolo hablador e incoherente. Desafortunadamente todo lo que decía eran verdades, nada de falsedades.
Le escuchó chasquear la lengua, molesto.
— Dame es maldito café.
Prácticamente le arrebató la taza a Itachi de las manos y comenzó a beber. Sakura sonrió y soltó un jadeo, aliviada, también feliz. Después de todo, todavía tenía un poco de dominio sobre su esposo.
— Que bueno que llegaste, seguro habríamos terminado en guerra de haber seguido por el camino que íbamos.
Itachi se acercó a ella en cuanto su hermano se alejó para sentarse en uno de los sillones a terminarse su café. Lo solicitó extremadamente cargado, seguro le pararía la borrachera y de paso el sueño.
— Lo sé… — concordó Sakura suspirando agotada —. En realidad no sé en qué pensaba cuando comenzó a beber de esa manera — murmuró, un poco contrariada.
— Creo que en la infelicidad que se provoca a sí mismo al no aprovechar lo que tiene.
La respuesta de su cuñado la hizo girar en redondo, obvió el hecho de que le sacaba cuando menos cabeza y media de estatura, consiguiendo echar la cabeza hacia atrás para poder mirarlo a la cara. Además, admitía que, enfundado en ese traje negro, se veía recio. Pasando por alto que tuvo que ignorar los botones sueltos de la camisa oscura. Sexy y casual.
Enrojecería, de no ser porque estaba consciente del sex-appeal de Itachi y estaba acostumbrada a tenerlo cerca. Asimismo tenía curiosidad por la frase que acababa de escuchar.
— ¿A qué te refieres?
— A que pronto se dará cuenta de que perdió el tiempo coleccionando piedras, cuando pudo quedarse con un diamante.
Su cuñado siempre fue enigmático, en sus frases y su forma de ser. Ahora era un poco más suelto, eso no quitaba que pocas veces le encontraba pies o cabeza a lo que decía. Algo que se le hacía muy familiar…
"!Claro, es muy común! En Kakashi-sensei…"
Su ex sensei tenía una habilidad innata para hacerles perder la cabeza con unas cuantas palabras, tontas y rebuscadas, decía ella. Pero al final, siempre ciertas.
Seguramente Itachi se las había copiado. En ese instante precisamente era donde comenzaba a cuestionarse si ser compañeros en ANBU era bueno y no contraproducente para él, y de paso, para ellos.
— ¿Qué…?
— Debo irme, alguien acaba de llegar — cortó Itachi, esbozando una diminuta sonrisa.
Inmediatamente le vio dirigirse hacia una guapa peli-negra de ojos carmesí, envuelta en un largo y despampanante vestido color vino con caída sutil, tenía una abertura desde el muslo hasta los tobillos. Dejando a la vista sus esbeltas piernas y su piel clara.
Observó a su cuñado acercarse a Kurenai Yūhi. La saludó cortésmente, luego los vio perderse entre la multitud de shinobis, todos de su generación. Suspiró, Sakura volvió a buscar a su esposo que se encontraba en el sillón y se dio cuenta que ya no estaba…
— Esta será una larga noche… — murmuró para sí.
Lo mejor era buscarlo, antes que terminara en la misma situación por la que llegó Naruto la buscó en primer lugar. Vaya problema…
