Dejo los lineamientos de siempre.
Aclaraciones:
Narración.
— Diálogo —
"Pensamientos".
Advertencias:
Posible OoC en los personajes.
OC's.
No apto para fans SasuSaku o NaruHina.
Género: Romance | Drama.
Clasificación: T.
Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.
Nota de Autor:
Re-editado.
Capítulo 5.
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‹‹No hay que sobrestimar lo inusitado. Hay que dotar de aguijones a lo común y corriente››.
Anónimo.
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Traba.
Tímida, reflexiva, calmada y muy educada. Un alma bondadosa e inocente, pura y casta. Dispuesta a ayudar a todo aquel que lo necesitara y a quien pueda servir. Agradecida con aquellos que la ayudaban y la querían.
Por esa razón, para ella, haber tenido que ejecutar el Sello de Control de su Clan fue un gran paso y una pequeña fractura en su corazón. Ella no era asidua de las peleas, no le gustaban ni siquiera las competencias. Odiaba la guerra y los motivos estúpidos e injustos por las que se formaban. Por eso, para Hinata Hyūga, ser una kunoichi significaba un enorme sacrificio. Para ella matar, aun así fuera en defensa propia, estaba mal y le pesaba en la consciencia.
Precisamente así se sentía por el daño que le provocó a su primo hacía unas escasas horas. Todavía tenía ese pequeño cosquilleo que conseguía que le remordiera la consciencia y de paso, le generaba un extraño y pesado dolor. Claramente no se comparaba en nada al que sentía en ese preciso momento al ver a una chica cualquiera, coqueteando con el chico que le gustaba.
No. Corrección. Que ella ama.
La chica en cuestión se desvivía en flirteos con Naruto, pero éste no se daba por enterado. Simplemente le sonreía con esa vivacidad acostumbrada y le dedicaba una que otra palabra amable, llegando a la galantería, sin vulgaridad o con segundas intenciones. Lo hacía por cortesía nada más.
Sin embargo, a Hinata le dolía que incluso en ese momento Naruto prestara más atención a esa chica, en vez de a ella. Que se había arriesgado incontables veces para protegerlo, y quiso salvarle la vida en una ocasión. En aquella terrible invasión que devastó al País del Fuego. En la que por primera y única vez tuvo el valor de confesarle sus sentimientos, ¿y de qué le valió? No de mucho.
Ya que desde entonces el chico se portó esquivo y apartado, no indiferente, pero si distanciado. ¿Habrá sido buena idea declararse en un impulso, por miedo a morir?
Haberlo dicho fue como provocar que la rezagada relación que tenían se hubiese vuelto más apartada. Como haber partido algo que ya tenía una pequeña hendidura y la hubiese fragmentado de una sola vez, y sin derecho de reparación.
Cada vez que se acercaba a Naruto, éste parecía huir de ella, como si tuviese alguna enfermedad contagiosa o la peste misma. No sabía si era porque no quería responder a su declaración, o sencillamente porque le generaba repulsión. No obstante, no significaba que no sintiera celos o inferioridad al ver la atención que le prestaba a aquella chica. No parecía mayor de dieciséis años, tal vez un poco más. Su cuerpo tenía un considerable desarrollo. Hinata admitió que la chica tenía una hermosa y estilizada silueta. Acentuada por el bonito vestido corto, color chocolate con escote de corazón, que mostraba sus esbeltas piernas.
Se sentía tan diminuta… Su corazón se comprimía de pensar que algo pudiera surgir entre ellos… La vida no era justa, en ningún sentido y de ninguna forma. Y mirarlos lo hacía más doloroso…
— Yo que tú, debería dejar de estar vigilando cada paso que da.
La voz masculina le llegó desde un costado, sonaba entorpecida, como si estuviera pasado de copas, razón por la cual su tono de indiferencia habitual repiqueteaba en la ironía. Como la risa divertida ante una situación dolorosa que le producía placer, tal vez…
Hinata lo ignoró, se centró en la frase que pronunció. Se le veía despierto, aunque el aroma alcoholizado le decía que no lo estaba al cien por ciento.
— Sa-Sasuke-san…
— Deberías de comenzar a pensar en que él no te corresponde como quisieras, así podrías avanzar y no estancarte. Te quedarás aquí parada si sigues esperando. Y él no se merece tu tiempo.
Si había un modo de clasificar la forma de hablar de Sasuke Uchiha, podía decirse que era venenosa. Para la Hyūga, su nivel de rivalidad con Naruto no sabía hasta donde llegaba, tampoco es como que ahondara demasiado en el asunto. No. Y su inocencia no le permitió ver que las intenciones del Uchiha, era simplemente desquitar su rabia con todo aquel que se le cruzara en ese momento.
Abrió la boca, para cuando quiso contestar el menor de los Uchiha ya no estaba. Aunque no sabía realmente lo que iba a decirle…
Lo vio marchar detrás de una chica, quizá civil, ya que jamás le había visto entre las kunoichis. Regresó la mirada a Naruto, ¿Sasuke podría tener razón, o eran los delirios de un borracho?
No lo podía saber, solo que el dolor de su corazón no se iría, si el hombre que amaba terminaba con otra mujer…
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— Si quieres que algo pase, debes hacer que pase.
Pronto le llegó una voz masculina y suave como el terciopelo, también mantenía la tranquilidad digna de su personalidad con un toque fino de indiferencia.
Dio un respingo, no se lo esperaba. Estaba demasiado concentrada en como su esposo le sonreía galantemente a una chica de cabellos rubios platinados y ojos verde aqua. Civil claramente.
Sakura se giró rápidamente, visualizó una gran y fornida figura enfundado en un elegante traje en color gris perla, tan fiel a su estilo, llevaba una camisa azul marino desabotonada, dejando entrever sus pectorales y algunas marcas de heridas podían verse en la cercanía.
— Kakashi-sensei — exclamó impresionada, al notar el porte distinguido de su ex sensei.
— ¡Yo! — articuló él, levantando su mano derecha y arqueando su ojo visible.
Adivinó una sonrisa por debajo de su máscara azul oscuro.
"Esa no se le olvida ni por casualidad".
Aunque no podía negar, que con lo que se veía dejaba un derrame nasal y un chorro de babas de las kunoichis más jóvenes, y las mayores no se quedaban atrás. También lo miraban con lujuria mal disimulada.
— ¿Dónde demonios se había metido? Lo he buscado toda la noche — reclamó, solo para disipar su enigmática frase incomprensible como siempre.
— ¿A mí? Si yo he estado aquí todo el tiempo.
Lo dijo como si fuera lo más normal del mundo. Estaba claro que en el mundo paralelo de Kakashi, eso era normal.
— Kakashi-sensei, ¿en realidad piensa que puede engañarme con eso?
— Bueno, por lo menos puedo intentar ¿no? — le sonrió, arqueando su ojo visible.
Su tono inocente ya no la convencía en lo absoluto, entrecerró la mirada.
— He tenido práctica — masculló, recordando todas aquella excusas absurdas que solía darles — ¿Y ahora por qué llegó tarde? ¡Y no me diga que porque ayudó a una viejecita a cruzar la calle!
El hombre soltó una risa divertida, al mismo tiempo que negaba con la cabeza.
— Ella — dijo únicamente, mientras señalaba con un movimiento de cabeza hacia una dirección específica.
Siguiéndola, se encontró con una hermosa mujer estilizada y esbelta. Demasiado frágil para parecer kunoichi, y bastante femenina como para dedicarse a algo como la vida shinobi. Tampoco la conocía.
Era una mujer de no más de veinticinco años, cabellera larga por debajo de la cintura en tonalidad dorado metálico bastante oscuro y ojos frambuesa, aunque lucían tan brillantes que relucían como cristal. Su piel parecía delicada y cuidada, blanca lechosa con un tono rosáceo natural en las mejillas. Su rostro angelical podía hacer llorar a cualquier artista e incluso, parecer mucho más inocente que la misma Hinata.
La hermosa joven portaba un bonito vestido plateado metálico, ajustado, lucía como una segunda piel y tenía una pequeña línea que dividía su busto con el resto del vestido. No era largo, de hecho le llegaba a media pierna y su escote no era escandaloso, más bien un discreto escote cuadrado con tirantes anchos.
La chica (podía decir chica ya que no lucía más edad que ella realmente), se encontraba al lado de Kurenai e Itachi, parecía que platicaban de forma bastante amena. Aunque se le notaba un poco incómoda y fuera de lugar.
— ¿Quién es?
— Kaori Yūhi.
Escuchar el apellido de Kurenai le generó impresión y curiosidad, ¿acaso eran familia?
— Son medias hermanas. Acaba de mudarse aquí — explicó Kakashi, como si supiera lo que pensaba en esos momentos.
— Ah.
Fue lo único que pudo responder Sakura, la chica llamaba tremendamente la atención, pero también estaba centrada en su esposo que no se encontraba a la vista en ese instante. De nuevo se le perdió, y en su tarea de buscarlo, logró escuchar el suspiro de su sensei.
— Las ataduras no te sirven, Sakura. A veces hay que tener el valor de romper las cadenas y aceptar las equivocaciones.
¿Por qué sintió un golpe con esas palabras?, aunque no sabía que significaban.
"Mentirosa".
Le repitió su consciencia.
Se volteó hacia su sensei, quien como siempre, desapareció antes de que pudiera preguntarle por qué le decía eso.
"Farsante".
Oh, su consciencia de nuevo.
Suspiró, regresó su atención a su esposo, no estaba… Había volado a quien sabe qué lugar de la mansión y ella le perdió la pista.
"Como siempre…"
Se sentía cansada, la fiesta no acababa y al parecer todo el mundo se aclimataba, claro, todos menos ella. Inhaló, estaba agotada.
Extenuada de pensar, de trabajar, de buscar una solución para sus problemas y no encontrarla porque Sasuke no ponía nada de su parte. No entendía como conseguiría esa susodicha solución, si todavía no se lo decía a su marido.
— ¿Qué haces aquí tan sola, frentona?
Lo que le faltaba, que Ino llegara a recordarle que estaba sola, buscando a su marido y de paso, que se burlara de su matrimonio mientras le restregaba su excelente y compatible relación con Shikamaru. Se le hacía muy difícil creer, tomando en cuenta quien era Ino Yamanaka…
— ¿Dónde está tu flamante esposo frentona? Oh, no me digas, se está ligando a cuanta escoba con vestido se encuentra — se burló la hermosa rubia, mientras jugaba con su larga cabellera.
Sakura tuvo que morderse la lengua y aguantarse las ganas que tenía de tirarle esa maldita sonrisa de la cara. Solo quería tirarle los dientes. Ino tenía la misma habilidad que Naruto para sacarla de sus casillas en tiempo record, y hacerle probar su paciencia hasta niveles que no creyó que poseía.
Así que como digna aprendiz y alumna de la Quinta, respiró profundo, contó mentalmente hasta diez y se aguantó las ganas de apretar los puños.
— No lo sé, Ino. No se supone que tú tendrías que estar vigilando que Shikamaru no se escape con Temari… Mira que yo los veo platicar muy entretenidos, y hasta sonríe más con ella que contigo — le sonrió con descaro, tan hiriente como un cuchillo recién afilado.
En cuestión de segundos, la sonrisa de Ino se borró y se instaló una mueca de disgusto, una irritación opacó el brillo sardónico de sus ojos y sus mejillas enrojecieron de ira. Pues Shikamaru sí parecía muy ameno con Temari, sin embargo, desde hacía un rato observaba hacia ella de reojo, vigilando lo que posiblemente su novia (pronto prometida), le decía.
— Esa maldita… Está muy equivocada si cree que le voy a dejar el camino libre con mi novio — masculló Yamanaka, con rabia contenida traspasada a sus puños, que estaban blancos de tanta presión.
¿Se había pasado un poco?
Terminó de formularse esa pregunta, cuando ya Ino iba encaminada como alma que llevaba el demonio directo hacia Shikamaru y Temari. El primero por lo visto ya sabía lo que le esperaba, por su expresión de aburrimiento extremo, se auguraba que su novia no estaba muy contenta con el acercamiento de la chica de Suna.
Está bien, se había pasado…
— Mejor huir antes de que Shikamaru se entere que le acabo de fastidiar la noche — murmuró para sí, se desplazó hacia otra habitación, con suerte se encontraría con su esposo.
Oh por lo menos, eso esperaba…
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Cuando se levantó y miró hacia el lado izquierdo de la cama, se dio cuenta de que Sasuke no llegó a dormir. Y eso solo significaba una cosa…
"Se fue con esa mujer".
A veces, las afirmaciones de su consciencia eran tan crueles como las realidades a las que estaba sumida. Ignoró esa declaración que le producía vacío y se levantó. Tenía mucho trabajo por hacer ese día y no podía darse el lujo de quedarse ahí, además, del aire no se vivía. Debía trabajar.
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En el momento que Sakura pisó aquel cuarto en el que hacía un par de días estuvieron los herederos Hyūga, sintió un escozor. Esa sala de examinación comenzaba a parecerse más a un cuarto de tortura. Los recuerdos del día en que vio por primera vez el efecto del Sello de Control le producía sentimientos desagradables, y pensar que debía continuar viéndolos…
No era nada grato. Realmente, en ese preciso momento, se dio cuenta que no sabía si podría volver a verlo. No se le hacía muy justo tener que torturar a alguien como Neji, ya había visto las secuelas y dudaba mucho que se hubiera recuperado tan rápido.
Por el tratamiento que le aplicó la noche anterior, notó como su chakra disminuyó de forma considerable. El daño cerebral era mínimo, inefectivo de hecho, sin embargo; que no dañara su cerebro no significaba que dejara de sentir dolor. De hecho, comenzaba a pensar que su primera finalidad era esa, infligir dolor hasta la muerte. Todo estaba en su mente, no en su cuerpo. Aunque, claro, era solo una teoría.
Se sentó en la silla dispuesta detrás del escritorio, posó sus codos en la base y llevó las manos hacia su cabeza. Dolía, por los tragos ingeridos anoche, por la incertidumbre de saber dónde estaba su esposo, y por no encontrar por donde partir en una investigación que implicaba el sello único de un Clan del cual apenas tenía conocimiento, y del que hasta ahora no había descubierto nada.
Sentía que su mundo le daba vueltas sin moverse un centímetro de su lugar.
— ¿Sakura-chan?
Repentinamente la voz de su mejor amigo llegó sin sorprenderla, esperaba que en cualquier momento la buscara para terminar la plática que dejaron pendiente.
Levantó la mirada, y se encontró con un par de iris azul cielo, Naruto le miraba con preocupación. No era común de Sakura estar como alma en pena por cada rincón, tampoco demostrando más frustración y estrés del necesario, menos aún verla angustiada por x situación.
— ¿Qué sucede Naruto? — preguntó, con demasiado cansancio en la voz.
— Eso es lo que te pregunto yo a ti, ¿qué te sucede? — replicó, tomando la otra silla dispuesta para colocarla frente a ella y sentarse con tranquilidad mientras esperaba su respuesta.
— No…
— No me digas que no es nada, te conozco Sakura-chan, llevamos años siendo amigos. Es el colmo que creas que puedes engañarme y que no me dé cuenta — dijo el rubio, un poco agotado de la evasiva de su ex compañera de equipo —. Entiendo que han pasado muchas cosas, pero hiere que no confíes en mí — musitó decepcionado.
Sakura sintió un gran golpe en el centro de su pecho, su corazón se contrajo y luego latió doloroso, como aquella presión nerviosa que da náuseas y mariposas en el estómago, pero al contrario. Con mucho dolor y decepción de sí misma, por lastimar a alguien que dice querer y que solo le ofrece un oído amigo para desahogarse.
— Naruto… No me gusta agobiarte con mis problemas — balbuceó, tratando de disculparse.
El rubio le sonrió, como si no lo conociera de verdad.
— No me agobias, somos amigos ¿no? — respondió —. Nunca es bueno ahogarse solo en un problema — le sonrió, reconfortante y alegre, como siempre.
A Sakura se le formó un nudo en la garganta, Naruto era siempre una especie de luz salvadora en sus momentos más trágicos, más terribles y más agobiantes. Su amigo siempre estaba ahí, listo para escucharla, sin juzgarla, sin cuestionarla, ni engañarla. Solo prestando oídos. Como Itachi. No obstante, no estaba segura si realmente debía decirle esto. Ya que recaía exactamente en la idea de que él también se lo advirtió…
— Naruto, yo…
No pudo continuar, el estrepitoso ruido de la puerta al abrirse con violencia la interrumpió. Ambos giraron sus cabezas la entrada, se encontraron con la agitada y cansada figura de Hinata. La chica tenía las manos en su pecho y respiraba a bocanadas, aunque en su mirada hubo un atisbo de alivio en cuanto los encontró, sobre todo a Sakura.
— ¡Sa-Sakura-san! — tartamudeó, apenas entre respiraciones.
La peli-rosa y Naruto se levantaron de sus asientos, se encaminaron hacia la Hinata, algo malo pasaba.
— ¿Qué sucede, Hinata? — indagó la medic-nin, preocupada notar la agitación de la heredera.
— ¡E-Es… Ne-Neji-nii-san! — urgió la chica.
— ¿Dónde está? — preguntó Sakura con apremio.
— E-En el hos-hospital.
No hizo falta más, en cuestión de segundos los tres corrían por las salas hasta llegar al lobby del hospital. Debía ser grave, Hanabi también estaba ahí e Hiashi. Se apresuró a preguntar por el paradero del heredero del Bouke. Al saberlo corrió entre pasillos nuevamente, entró a una de las habitaciones en la sala de Máxima Urgencia y lo que se encontró fue terrible…
"Mierda".
