Dejo los lineamientos de siempre.
Aclaraciones:
Narración.
— Diálogo —
"Pensamientos".
Advertencias:
Posible OoC en los personajes.
OC's.
No apto para fans SasuSaku o NaruHina.
Género: Romance | Drama.
Clasificación: T.
Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.
Nota de Autor:
Re-editado.
Capítulo 6.
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‹‹La fuerza y la mente son opuestas. La moralidad termina donde empieza la pistola››.
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Desasosiego.
— ¡Rápido, traigan las toallas y los cubos de hielo! — su grito resonó en las cuatro paredes de la habitación y en todo el hospital — ¡¿Pero qué están esperando?! ¡CORRAN! — ordenó.
Ella se desplazó y lo sostuvo.
Neji estaba mal, tenía la piel pálida y sudada, el rostro desencajado y ojeroso, el cabello desordenado y alborotado. Sin contar los incontrolables vómitos.
¿Qué demonios había pasado con él?
Lo escuchó quejarse suavemente. Tanto que hubiese sido algo inaudible de no estar tan próxima a él.
— ¡Neji-san, Neji-san! ¿Me escucha? ¿Sabe quién soy? — preguntó en cuanto se acercó, decir que corrió sería exagerar, prácticamente voló hacia él.
Una inusual preocupación la golpeó cuando lo vio ahí, tirado en esa cama convaleciente y apenas consciente. Se le veía el rostro tan pálido como el mármol, y tan desencajado que no lucía él mismo.
— Neji-san, ¿sabe quién soy? — preguntó de nuevo, incapaz la preocupación.
El chico apenas pudo asentir, sentía que el cuerpo se le partía con un solo movimiento, enseguida perdió el conocimiento y Sakura la cabeza.
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Tres horas después, Sakura podía respirar con algo de tranquilidad. Logró estabilizar al heredero del Bouke, con mucha dificultad y un gasto de chakra considerable. Eso sin contar los medicamentos que usó, pues el chakra no era suficiente.
Desgraciadamente, Neji poseía una extraña condición que todavía no lograba descifrar, pero no le permitía estabilizarse por completo y ya su familia estaba pidiendo cuentas y razones. De hecho, parecía que la veían como la posible culpable de su condición…
Eso debía ser por la investigación con el sello.
En ese momento, se encontraba en una sala privada monitoreando al castaño.
Soltó un suspiro luego de ver los papeles de los exámenes, esperaba los próximos resultados para poder concluir con un análisis detallado. Terminó de leerlos y guío su iris jade hacia el chico. Neji se encontraba profundamente dormido, después del desmayo tuvo que darle un anestésico para poder mantenerlo lo más tranquilo y quieto posible.
Además que le ayudaría mucho con los dolores y calambres que tenía en todo el cuerpo, porque sus músculos estaban agarrotados cuando llegó y los análisis aun no terminaban de confirmar su teoría. Seguramente a Naruto no le gustaría saber lo que había pasado ahí.
Sin desearlo, sus ojos vagaron por el rostro pasivo de Neji. Debía admitirlo, tenía un atractivo que seguramente Sasuke envidiaba, sobre todo porque tenía una fuerza de atracción especial. Una potencia gravitacional, capaz de dejarte colgada. Sus orbes viajaron por su rostro impoluto. No pudo explicar lo que sintió al verlo tan tranquilo.
Tal vez alivio, tal vez nerviosismo. Aunque el hormigueo de su estómago le confirmara sus últimas palabras.
— ¡Sakura-chan, ¿se puede saber qué demonios pasó?!
Llegó casi vociferando Naruto. La peli-rosada ni siquiera lo sintió entrar. Únicamente lo vio cerrar la puerta lo menos escandaloso posible.
— Naruto, ¿qué pasa? — preguntó, medio aturdida.
— Es lo que te pregunto yo a ti — le dijo en voz baja —. Hiashi está muy preocupado, demanda saber qué es lo que le pasa a Neji — comentó, no muy contento de sentirse presionado de tener que dar un informe de algo que desconocía.
Ella estaba igual que él.
— Y no me sorprendería que empiece a culparme de ello — murmuró el rubio entre dientes.
Sakura soltó un suspiro y se dispuso a hablar, se alejó un poco hacia una de las sillas que se encontraban en la sala privada y esperó a que entendiera y la siguiera. Por fortuna, su amigo lo hizo y se sentó en la otra silla dispuesta frente a ella. Uzumaki esperaba con paciencia y sosiego lo que tuviera que decirle, aunque estuviera deseoso por saciar su curiosidad. Y porque en el fondo, se sentía culpable.
De no haberse encaprichado con querer cambiar el destino de la familia Hyūga, la vida y dolor de Neji, no estaría así en ese momento. Ayudado con un respirador y sondas con suero para poder hidratarlo.
— No te culpes, tú no eres responsable — le dijo Sakura.
Éste le miró afligido, preocupado y apenado. En sus ojos azules había una especie de tormento por el dolor ajeno. Ella lo sabía, lo conocía lo suficiente como para saber que en ese instante se estaba auto-culpando por todo, cuando nada tenía que ver con lo que sucedía. Era cuestión de genética.
— A alguien tengo que culpar, ¿no crees? — intentó bromear, pero la risa que soltó fue sin humor.
Haruno negó con la cabeza y le sonrió tenuemente.
— No, no lo es Naruto. Más bien es algo… Genético.
El Hokage se enderezó y la observó contrariado.
— ¿Genético? — su amiga asintió corroborando —. Sakura-chan, explícame porque no comprendo — se rascó la mejilla.
La peli-rosa recordó que su mejor amigo era Hokage, pero no precisamente por tener una inteligencia envidiable. No quería decir que no lo fuese, solo que la medicina no era lo suyo.
— No estoy muy segura…, pero creo que la ejecución del Sello de Control desató en Neji algo en su sangre, como un rechazo — comenzó a explicarle —. Su sello nunca fue activado por un tiempo prolongado hasta que Hinata lo hizo, creímos que los efectos eran precisamente del sello del Pájaro Enjaulado, pero no, al parecer es algo más a fondo que aún no puedo descifrar… Sigo esperando los resultados de los otros análisis.
— En pocas palabras me estás diciendo que es alérgico a su propio sello — articuló Naruto en palabras más fáciles de entender.
— Podría decirse — contestó Sakura, confusa y aturdida.
— ¿Los efectos son a largo plazo? — interrogó Naruto, preocupado.
Que Sakura le aclarara la situación no aminoraba su angustia, mucho menos su culpa. Al fin y al cabo, él lo puso en esa posición. En parte era su responsabilidad.
— No lo sé, debemos esperar a que despierte — respondió la medic-nin, observando levemente hacia donde reposaba el shinobi.
El rubio soltó una gran exhalación, profunda y cansada, se levantó de su asiento y el chirrido de la silla hizo eco en la sala al correrla hacia atrás. Su capa blanca con letras rojas ondeó mientras se enderezaba, cerró los ojos levemente y respiró hondamente. Algo le inquietaba, algo aparte de ese problema.
— ¿Qué es lo que sucede, Naruto? — indagó Sakura, el chico sonrió, sincero y agotado.
Abrió sus párpados de nuevo mostrando sus brillantes ojos azules. Los clavó en ella, con frecuencia, Sakura pensaba que podía perderse en ellos como una mirada hacia al mar. Cálida y apacible.
— Te lo diré luego, debo ir a dar informe a Hiashi y Hinata-chan, no ha parado de llorar y culparse desde que trajeron a Neji — comentó, extenuado —. Volveré más tarde a ver cómo sigue.
Luego salió de la habitación, esta vez, haciendo menos ruido que cuando llegó. Sakura se quedó viendo la puerta por la que acababa de salir su mejor amigo. Algo le preocupaba, estaba segura, y eso… Comenzó a inquietarla también.
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Hacía solo unos instantes que Naruto acababa de salir a explicarles las condiciones de Neji, y aunque estaba segura que él les había dicho que estaría bien, que solo necesitaba observación. Ella en el fondo sabía que algo andaba mal y tenía la culpa.
Se culpó desde el momento en que ejecutó el Sello de Control, como al recordarse que no debió aceptar la exigencia de su primo de hacerlo. Ahora se sentía responsable, se acusaba constantemente de lo que pasaba y lo que le sucedía a Neji. Por esa razón no podía y no quería irse del hospital, no se le hacía justo. De hecho, nada de lo que sucedía era justo. No obstante, ahí estaría, y esperaría a que Sakura saliera para poder preguntarle cómo se encontraba realmente su primo. Necesitaba estar tranquila.
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Eran las diez de la noche, cuando una de las enfermeras de turno le informó que los análisis que mandó a hacerle al heredero del Bouke estaban listos. Renuente a dejarlo solo, le pidió que por favor se los llevara para poder revisarlos.
No le tomó más de diez minutos a la enfermera regresar con los sobres y luego retirarse a hacer sus labores, mientras que Sakura comenzó a revisar los test. Exhaló profundamente y con aire inquieto, desgraciadamente era lo que se temía…
— Mierda… — murmuró.
Oteó los otros sobres y finalmente llegó a la conclusión de que tenía razón. Dejó los resultados en la mesa junto a su bata blanca y se acercó al castaño para revisar nuevamente su temperatura. Hacía unas horas no bajaba de treinta y nueve grados, esperaba que hubiese disminuido cuando menos un poco.
Estiró su mano en un movimiento ensayado y…, una grande y cálida mano atrapó su muñeca en un desplazamiento inesperado. Inevitablemente y en contra de voluntad dio un respingo, asustada. De repente se agitó y aquella fuerza eléctrica que sintió la primera vez que lo tocó se repitió.
"Deseo… Placer…"
Le vio abrir los párpados, lucían cansados, pero menos atormentados.
— No es necesario, Haruno, me siento mejor — dijo él, con voz un poco enronquecida por el descanso y las drogas que le dieron para anestesiarlo.
Un indeseable escalofrío le recorrió la espalda al escucharlo de esa manera, ¿qué demonios le pasaba? Era su paciente y ella estaba casada, ¿por qué tenía deseos fuera de lo normal con él?
Tragó saliva.
— No lo creo, aún tiene fiebre — respondió ella, deshaciendo el agarre sutilmente.
Se dirigió al mueble de nuevo, tomó una lamparilla y el estetoscopio, se encaminó hacia él nuevamente. Observó como el castaño lentamente se enderezaba hasta sentarse, lento, sin ayuda.
Sakura tuvo el impulso de asistirlo, pero imaginó qué, el que ella lo viera de esa manera lo hacía demasiado vulnerable. Y Neji era del tipo de hombres al que no le gustaba verse indefenso ante una mujer, no por machismo, sino por orgullo. Lo que desgraciadamente le recordó a su esposo… ¿Dónde estaría ahora? ¿Ya habría llegado a casa?
— Espero no le moleste, pero debo revisarle.
¿Desde cuándo ella pedía permiso para revisar un paciente?
Neji no emitió palabra, simplemente asintió. La peli-rosa finalmente se acercó hacia él, se sintió nerviosa en cuanto lo tuvo enfrente y lo suficientemente cerca como para revisarle los ojos con la lamparilla para inspeccionar su pupila, reaccionaba favorablemente.
Pasó dos veces la lamparilla sobre cada uno de sus ojos. Él la miraba fijamente, de una forma abismal y estremecedora. Era como una fuerza de cohesión, que la obligó a quedarse mirándolo por escasos segundos… Pero en esos cortos instantes, sintió como si aquel iris ópalo la hundiera, la tragara y la llevara al fondo de un abismo inimaginable, desconocido. Provocándole un extraño y retorcido deseo por conocer lo que se escondía detrás, lo que lo movía. Aún en medio de su solemnidad, había algo en sus ojos que le hacía querer saber más. Le resultaba muy curioso, ya que Neji era todo menos transparente.
Sakura se tragó un respiro y casi se atoró con el aire, se obligó a separarse con lentitud y enmascararse con profesionalismo para no parecer perturbada, asustada de su propio pensamiento.
— P-Por favor, desabróchese la bata — pidió, golpeándose mentalmente por su tartamudeo.
Devolvió la lamparilla al mueble de donde la tomó, solo fue una excusa, para disimular la calentura en sus mejillas; que probablemente ahora estaban ruborizadas.
Respiró hondo un par de veces, cerró los ojos momentáneamente y los abrió de nuevo. Se dio la vuelta ligeramente y regresó a su labor. Donde Neji Hyūga se encontraba con la bata abierta, semidesnudo ante ella, que tenía un desgraciado ataque hormonal.
Eso no ayudaba a su sonrojo, pero debía ignorar que sus hormonas estaban revolucionadas porque su esposo no la tocaba desde hace tres meses. Tuvo que tragar saliva, acercarse a él y poner la mejor cara profesional que podía.
— Bien, respire profundo — solicitó, con voz suave y casi susurrante.
Acercó el estetoscopio hacia su pecho y… ¡Carajo! ¿Cómo concentrarse cuando ves un par de pectorales bien formados, los recuadros de su abdomen y los músculos de sus hombros y bíceps?
— De nuevo.
Tenía que hablarle, antes de que se le olvidara donde estaba, quienes eran y sobre todo, que ella estaba casada.
— Esto no fue producto del Sello del Pájaro Enjaulado — le escuchó decir repentinamente, con la voz recuperada.
Ella dio un respingo, inesperado e inconsciente. Se vio forzada a elevar la mirada, un vistazo ligero, pero lo suficiente para que siguiera revolucionándole las hormonas con su simple estoicismo.
Sakura no dijo nada, continuó revisando hasta que finalmente se cercioró de que todo marchaba bien con su corazón y sus pulmones. Tendría que hacer otros estudios para determinar algunas cosas, aunque parecía que sus funciones neuronales se encontraban bien.
— Ciérrese la bata — dijo, mientras se enderezaba y colocaba el estetoscopio alrededor de su cuello. Sakura soltó un suspiro —. No exactamente… — titubeó, un poco insegura —. Neji-san, usted tiene una rara condición que le provoca esta reacción a la ejecución del Sello, genéticamente usted…
— Tengo un rechazo automático al Sello del Pájaro Enjaulado — complementó él, sorprendiendo a la medic-nin.
— ¿Lo sabía? — él asintió — ¡¿Y por qué no me lo dijo?! ¡Nos hubiéramos ahorrado esto! — profirió alterada.
— No era necesario que lo supieras porque no lo creí importante — contestó él, con toda la tranquilidad del mundo.
— ¡¿No lo creyó importante?!
— No, no lo creí importante — corroboró, enfocando su mirada luna en la peli-rosa alterada. Ésta lo miró con ojos asesinos, pues lo que para él no era importante para ella era vital.
— ¿Por qué no? — preguntó Sakura, casi entre dientes.
— Porque es una condición genética heredada, y solo la poseía una persona de la rama secundaria de mi Clan.
La respuesta le generó curiosidad a Sakura.
— ¿Quién? — inquirió en voz baja y cohibida.
Sabía que no era correcto preguntar, pero debía conocer la información para saber en que se estaba metiendo y qué podía hacer si algo salía mal.
— Mi madre — su contestación fue dura, concisa y precisa.
Aunque por un momento, le pareció ver un destello de melancolía en su mirada. Pero desapareció tan brevemente como apareció.
— ¿Esto… Esto puede…?
¿Por qué le costaba tanto trabajo preguntarle algo que ya estaba acostumbrada a ver?
— ¿Si puede matarme?, sí — completó nuevamente por ella —. Fue lo que la mató a ella.
Forzosamente y ante la sorpresa de Sakura, dio otro bote en su puesto ante la inminente verdad. Si era así, no debía continuar, por lo menos no con él. No pondría su vida en riesgo de nuevo.
— Neji-san, si es así, no creo que sea buena idea continuar con esto.
— No es necesario que tengas consideración de mí, me ofrecí a ayudar y no importa el precio que tenga que pagar. Solo continúa.
— Pero…
— Es mi decisión, Haruno — interrumpió de nuevo, con voz imponente.
Su decisión en definitiva a Sakura le parecía noble, también imprudente. No obstante, se calló el pensamiento y luego asintió. No estaba de acuerdo con eso de sacrificarse por un bien mayor y encontraría la manera de pararlo, buscar otra persona o hablar con Naruto o darse por vencida. Aceptando que es algo demasiado grande y peligroso para ella, para él.
Soltó otro suspiró, luego miró al castaño y se percató de que había retomado su posición en la cama y tenía los ojos cerrados. Seguramente los relajantes hacían su trabajo de nuevo.
Se alejó de la cama, recogió los análisis y se preparó a salir. Todavía tenía rondas que hacer y que pensar, porque realmente no estaba segura que eso fuera a funcionar…
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Sentado en el alfeizar de las ventanas de esa gran sala, miraba hacia la Aldea, su Aldea, ese pueblo lleno de gente trabajadora a la cual él protegía con enorme gusto. La cual ahora se mantenía más segura porque las amenazas se acabaron con la muerte de Akatsuki, Madara y Obito Uchiha. Dos seres tan despreciables que no valía la pena ni mencionarlos. Su ambición casi los lleva al fin del mundo.
Pensaba, pensaba mucho. Sus ojos estaban distraídos y perdidos. Los cerró, soltó un suspiro y le dio un pequeño trago a su whisky.
Todo se había distorsionado de un día para otro. Y lo que le pasó a Neji agregó una preocupación extra, no molesta, pero sí más importante para él. Su afán era cualquier otro menos causar daño a nadie, mucho menos a un gran y querido amigo. A alguien a quien apreciaba mucho. Se estaba dando cuenta que nada sale como uno espera…
Pronto escuchó dos toques que lo sacaron de sus pensamientos, le dio otro sorbo a su copa y se dispuso a contestar.
— Pasé — profirió lo suficientemente fuerte como para que le escucharan las persona al otro lado de la puerta.
Él ya sabía quiénes eran. Dos mujeres entraron enseguida. Una de cabello rubio y otra, color azabache. Naruto no se movió de su lugar, al final, ya había pensado suficiente.
— ¿Y bien, Naruto? ¿Ya tomaste una decisión? — preguntó Tsunade, con aquella voz extremadamente fuerte y resuelta que la destacó como mandataria de la Aldea siempre.
El chico dio un asentimiento, pausadamente se levantó del lugar donde se sentía cómodo. Se puso de pie sin darles la cara, solo podían ver su perfil y la copa que sostenía en su mano derecha. El vaso estaba medio lleno y él, con un aire pensativo y decidido.
Tsunade lo observó esperando una respuesta, deseando que fuera positiva.
— Sí, ya la tomé — articuló él serio, como pocas veces se le veía.
— ¿Y cuál es?
Naruto soltó un suspiro pesaroso.
— He decidido renunciar a mi puesto.
Y esa respuesta Tsunade no la contempló.
