Dejo los lineamientos de siempre.

Aclaraciones:

Narración.

— Diálogo —

"Pensamientos".

Advertencias:

Posible OoC en los personajes.

OC.

No apto para fans SasuSaku o NaruHina.

Género: Romance | Drama.

Clasificación: T.

Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.

Nota de Autor:

Re-editado.


Capítulo 7.

.

‹‹Las decisiones rápidas son decisiones inseguras››.

Anónimo.

.

Determinación.


Naruto Namikaze Uzumaki, siempre fue un chico alegre, hiperactivo y vivaz. Prácticamente se crió solo, no conoció a sus padres, no supo quiénes eran hasta aquel episodio en el que perdió el control de su Bijū y estuvo a punto de acabar con la Aldea. A pesar de que creció marginado y detestado por la gente, por la mayoría al menos. Odiado por unos, despreciado por otros, apartado de la convivencia y la amistad.

Naruto no se dejó aminorar, pero debía admitir, que en algún momento de su vida los llegó a odiar… Como se llegó a odiar a sí mismo por sentir un sentimiento malsano. Para él, descomunal e imperdonable. Se prometió ganarse el respeto y afecto de todos los habitantes de su país, así tuviera que morir para ello.

Y lo hizo, estuvo cerca de perderlo todo. Sus amigos, su familia, su vida… Más salió victorioso, delicado y grave, pero con vida y un propósito nuevo para su existencia. Su ánimo y deseo de proteger a su aldea se renovaron. Ser Hokage era algo que deseó desde que tenía memoria, infantil o no, era su sueño y lo cumplió. Sin embargo, entre sus planes no estaba lo que el concejo y jefes de Clanes le imponían, no lo haría. Él nunca se caracterizó por seguir órdenes, siempre tuvo su propio criterio, estúpido o no, era su discernimiento y nadie se lo quitaría. Y lo que le pedían, para él, era demasiado.

— ¡¿Pero qué estás diciendo?! ¡Tanto te esforzaste para esto, para rendirte tan fácil! — vociferó la rubia, obviamente molesta.

Se sabía que cuando Tsunade Senju se enojaba, berrear era una de sus cualidades. La otra, su desmedida fuerza, que a menudo utilizaba sin pararse a pensar un momento. Shizune que se encontraba a su lado, se alejó disimuladamente. No fuera la de malas y la pagara con ella…

— ¡¿Es tan fácil renunciar ahora que eres Hokage?!

Naruto soltó un suspiro, estaba seguro que ella se pondría así, caminó hacia el escritorio con pasos medidos y lentos.

— ¿Fácil? — musitó él, tranquilo y paulatino —. No, no es fácil. Pero no voy a hacer lo que ustedes me están ordenando — dijo depositando la copa sobre el escritorio.

Sus movimientos eran cautos, manteniendo su aire sereno y serio, mientras daba su respuesta. Una decisión tomada, sin vuelta de hoja. Tsunade lo sabía, pero tenía que atacarlo con todo lo que había a su alcance.

Debía ceder.

— Tienes que hacerlo, Naruto — su severidad amenazante no contrastaba con la calma del Hokage.

Éste alzó una ceja, con una mueca despreocupada y un poco sabihonda. La ex Godaime rechinó los dientes, como odiaba a ese par que le pegaban las mañas a la gente.

— No, no tengo — replicó finalmente —. Comprendo que el concejo y los ancianos tomen decisiones con respecto a la aldea, no en lo que concierne a mí. Mi vida es mía, es privada y no le corresponde a nadie decidir con quién me voy a casar, mucho menos a ustedes.

Tsunade se sorprendió ante la respuesta molesta. Pocas veces se le veía a Naruto de esa manera. Y la única que recordaba fue cuando murió Jiraiya…

— Eso viene con el cargo — rebatió la rubia, sin ocultar la austera irritación que sentía ante su terquedad.

— A ti no te hicieron casarte, gobernaste sin tener que hacerlo. ¿Por qué conmigo tiene que ser diferente? — argumentó él.

Senju resopló, ¿desde cuándo se había vuelto tan osado Naruto?

— Entiende, eres más joven y un matrimonio te hará tener más credibilidad entre los pobladores.

— Eso me suena a campaña barata — contradijo él dándose la vuelta y caminando hacia la silla del escritorio, tomando una carpeta de entre tantas ordenadas prolijamente.

— ¡No me faltes al respeto mocoso!

— No te lo estoy faltando — habló pacientemente —. Además, ¿qué esperas que haga? ¿Qué me siente aquí a esperar como ustedes me escogen una esposa y dirigen mi vida? — alzó la voz, por primera vez demostrando su desacuerdo. Tsunade debía admitir que podía intimidar cuando quería —. Lamento decepcionarte, pero no lo haré, no es para eso para lo que me preparé. Me siento lo suficientemente capaz para gobernar esta nación sin una esposa a mi lado, tú no necesitaste de un esposo y yo no la quiero.

— Naruto…

— No lo voy a hacer, Tsunade — ésta dio un respingo nunca la había llamado por su nombre y eso no era bueno.

La oteó ligeramente y luego desvió la mirada para posarla en la superficie de madera, observaba las líneas difusas que formaban extrañas figuras. Soltó una exhalación

— Mi padre se decepcionaría, si en lugar de seguir mis propias reglas obedezca las impuestas por un concilio de ancianos que creen que saben que es lo mejor para mí antes que yo — pausó, con aire y voz melancólica —. Me he esforzado mucho para llegar hasta aquí, a pesar de un amigo que cree que no soy lo suficientemente maduro para el cargo. Tal vez sea verdad… Pero no estoy dispuesto a sacrificar más de mi vida. Yo encontraré mi propia felicidad cuando llegue el momento, no ahora, no será cuando ustedes me lo digan. No tienen ese derecho — la observó serio, impoluto —. Y si eso significa perder mi puesto, lo haré sin remordimiento ni culpa.

Shizune y Tsunade debían admitir que éste Naruto no se parecía en nada al chico soñador que años atrás reía, gritaba a vivo viento que sería Hokage algún día. Había cambiado, había madurado. Estar al borde de la muerte cambia la perspectiva.

— Naruto, no tienes que precipitarte — trató de calmar, quería hacerlo cambiar de opinión.

Éste le sonrió, una sonrisa carente de alegría que no le llegó a los ojos.

— No tengo nada que pensar, la decisión está tomada — cortó antes que ella dijera algo más —. Avisa al concejo, entregaré mi puesto y que comiencen sus postulaciones. No seré Hokage así.

Estaba dicho y Tsunade lo sabía muy bien, estaba consciente de que a pesar de todo Naruto tenía razón y más que terquedad, era discernimiento propio.

— Está bien, si ya lo has decidido…

— Sí, la decisión está tomada — respondió, infalible.

La mujer asintió y miró a su fiel acompañante. Shizune se encontraba estupefacta, incrédula, quien conociera a Naruto desde su juventud, no lo reconocería en ese instante.

— Bien, les informaré. Vámonos, Shizune — dirigió a la azabache.

— Sí, Tsunade-sama.

Su respuesta siempre sumisa, ambas se encaminaron hacia la puerta de nuevo, le dieron un último vistazo al rubio que ahora les daba la espalda. Se hallaba frente a una ventana, la brisa soplaba encarecidamente haciendo ondear su capa blanca, una réplica exacta de la Minato.

Tsunade sabía que no había hecho una mala elección, lo malo era que los ancianos estaban donde no deberían. Y garantizaba que la respuesta de Naruto no les gustaría…

.

.

.

Para Tsunade Senju no había tarea más tediosa que tener que reunir a los jefes de los Clanes y a los ancianos, para ella no eran más que un par de vejetes metiches que creían saberlo todo y sus decisiones eran ley. Sin embargo, a margen de todo, tener que decirles la decisión de Naruto no fue lo mejor que le pudo suceder. Habían armado un mercado de gritos y protestas, no aceptaban que el chico renunciara a su puesto porque simplemente no quería someterse a sus imposiciones.

— ¡Esto es inaceptable! — vociferó un vejete deslenguado —. No puede renunciar cuando apenas ha tomado el cargo, no tenemos a otro shinobi lo suficientemente capacitado como para tomar el puesto de Hokage ahora. Naruto no puede renunciar.

— Si puede y lo ha hecho — replicó Tsunade.

— ¡No, no puede hacerlo, tiene que ceder y someterse a nuestras decisiones! — exclamó la anciana, muy molesta.

Tsunade se contuvo de soltarle un puñetazo en plena cara a la ciruela pasa.

— No son decisiones, son "imposiciones", y él tiene su propio criterio con respecto a esto. No cree en los matrimonios arreglados, toda su vida lo han obligado a ir más allá de su límite… Si está renunciando es porque ustedes lo llevaron a ese camino. No dará su brazo a torcer — contradijo nuevamente la ex Hokage, enfureciendo más a los ancianos.

En sí, la decisión la tomaron ellos. Ya que al parecer, los Clanes y la misma ex Godaime no tenían derecho más que de inclinar y asentir ante sus demandas. Las votaciones no fueron elecciones, sino una obligación por parte del par de ancianos que se creían con el derecho de gobernar la vida de los demás. En especial, la del Hokage.

— ¡No puede hacerlo!

La anciana se negaba en rotundo a aceptar semejante cosa.

— Pues ya lo hizo — contestó seriamente Tsunade —. Y ha pedido que nombren a su sucesor. De ustedes depende si siguen con esa idea retrógrada o se modernizan y la anulan. Pero su decisión es radical.

Dicho eso, se levantó de su asiento, miró honda y furiosamente a los ancianos, luego a los jefes de los Clanes que no habían emitido palabra. Excepto por Itachi, quien minutos atrás había dado su opinión con respecto a semejante idea y de la que no tenía ningún conocimiento hasta que llegó.

Su respuesta fue clara:

"Estamos en el siglo XXI, los matrimonios arreglados son cosa del pasado. No debe ser una imposición para alguien como Naruto tener que contraer nupcias con alguien que no conoce, además, consolidar un matrimonio no le hará ser más creíble. Porque él se ganó a pulso su título".

Les dijo el mayor de los Uchiha, con mucha seriedad y perspicuidad. Claramente estaba en contra de semejante idea estúpida. Tsunade enseguida salió de ahí con Shizune. Quien nerviosamente sostenía a su cerdito en brazos y caminaba a paso ligero por los pasillos siguiendo a su maestra. Le miraba con mucha cautela y después de tanto pensarlo, decidió sacarse la duda de la cabeza.

— ¿Usted cree que reaccionarán, Tsunade-sama?

Curiosa y angustiada por lo que podía pasar debido a la decisión de Naruto. La ex Godaime suspiró, ni siquiera ella estaba segura de lo que pasaría.

— No lo sé, Shizune. Planté la duda, solo hay que esperar a ver qué pasa — contestó la mujer de grandes atributos y carácter volátil.

La azabache asintió, ella tampoco sabía lo que pasaría, solo pedía que fuese algo bueno. Naruto merecía gobernar en paz y sin restricciones de ningún tipo.

Se lo ganó.

.

.

.

Para Sakura, llegar a su casa y ver a su marido dormido en el sofá solo fue la previa de hacerle saber que acababa de llegar a casa. Le recordaba que debían arreglar su situación matrimonial, pero su marido nunca estaba o evadía olímpicamente el tema. Cosa que finalmente la terminaba haciendo llorar y lamentarse por no poder solucionar nada, aunque todavía tenía otra alternativa. Sí, tenía una, a lo mejor un poco extrema…

Soltó un suspiro, pese a que quería arreglar su situación con Sasuke, en ese momento no era lo adecuado.

Primero porque seguramente él tenía una resaca monumental, y segundo, porque tenía cosas más importantes en las que pensar que en su crisis matrimonial. Y desgraciadamente, ese "algo" tenía nombre y apellido.

Neji Hyūga.

Debía encontrar la manera de persuadir a Naruto para que el proyecto cesara, o bien cambiaban de estrategia y colaboradores. Por lo menos, para no poner en riesgo la vida del heredero del Bouke. Una tarea titánica, tomando en cuenta que en ese preciso momento solo llegaba a asearse y volvía al hospital de nuevo.

Otra razón más para no despertar a su esposo, menos si lo que terminarían haciendo era discutir. Además, su cabeza no tendría la atención debida para abordar temas que eran sumamente dolorosos y de paso, delicados con su esposo. Sin contar que el castaño y su condición seguían rondándole la cabeza.

Lo había decidido, tenía que hablar con Naruto.

.

.

.

Para cuando Sakura salió de su casa, Sasuke continuaba dormido a pierna suelta en el sofá, en una posición que su esposa aseguraba le acarrearía una torticolis muy buena.

Caminó a paso ligero por las calles, saludó a cuanto aldeano se le cruzó en el camino. Iba apresurada, tenía que hablar con Naruto. Y aunque su paso era apretado y rápido, el camino se le hizo largo y lento. Para cuando llegó a la torre Hokage, no saludó a nadie y prácticamente entró en el despacho de su amigo sin permiso como ráfaga de viento.

— Naruto, tenemos que hablar acerca de…

Sus palabras se quedaron a medio camino en cuanto vio a su amigo arrimando unas cajas y empacando en otras, ¿qué pasaba ahí?

— ¿Qué es lo que haces? — preguntó intrigada.

El rubio que se encontraba guardando documentación y otras cosas, giró su rostro para mirarla rápidamente y volvió a su tarea de guardar.

— Empaco — respondió escueto y simple.

Ese no era el Naruto que ella conocía, se le veía desganado.

— Eso ya lo sé — señaló la peli-rosa, cerrando las puertas para no ser molestados y acercándose lentamente a él —. La pregunta es, ¿por qué?

Su amigo empaquetó unas cuantas cosas más, se detuvo y lo escuchó suspirar con resignación. Al fin y al cabo ella se iba a enterar, de una u otra manera.

— Renuncié — contestó rotundo y serio.

Una verdad poco creíble para Sakura. No es como que fuera posible que Naruto Uzumaki renunciara al sueño de su vida, a algo por lo que tanto había luchado y ahora había conseguido. No era así de fácil, debía haber una buena razón, una fuerte y poderosa para que lo hiciera renunciar.

— ¿Por qué? — su tono de voz salió bajo y asombrado.

Naruto paró de almacenar, recargó las palmas de las manos en una de las cajas, agachó un poco la cabeza con la mirada en la superficie de la caja. Su capa blanca ondeaba levemente, gracias a la brisa veraniega que se colaba por los enormes ventanales. Lo oyó inspirar profundo, él cerró los ojos y se dio la vuelta recargándose ágilmente en el escritorio.

Un movimiento bastante calculado, ¿y por qué no decirlo? Sexy en su rubio amigo. Contadas veces Sakura se percató de cuan crecido y maduro era Naruto. A lo mejor seguía teniendo aquel complejo de niña tonta y mimada, como para no ver el gran progreso de su mejor amigo, sin embargo, debía admitir. Que lucía diferente.

— Quieren que me case para conservar mi puesto, y no estoy dispuesto a sacrificar una decisión que solo debe ser mía, por algo que me he esforzado en obtener — explicó Naruto, en un tono pensativo que solía escuchar muy poco.

Siempre significaba algo importante. En su mayoría, un desacuerdo.

— ¿Qué? ¿Por qué? — soltó incrédula.

— Creen que por ser muy joven la población no me tomará en serio, piensan que por mi edad necesito estabilidad 'familiar' y así podré ser aceptable — Naruto frunció el ceño, no le gustaba para nada que le vieran como un pelele.

— ¡Pero si ellos mismos te escogieron! — profirió, alterada la peli-rosa.

— Es lo mismo que yo digo — concilió él —. Pueden meter sus narices en otras decisiones que respectan al país, pero no a mi vida personal Sakura-chan, esas son solo mías — le dijo con aire solemne y resignado.

"Sorprendente".

— Pero, ¿es que acaso no hay nada que hacer?

Naruto negó con un movimiento de cabeza y luego sonrió de una forma que la kunoichi no supo descifrar.

— Ya me habían escogido esposa — musitó el rubio.

— ¿Quién? — interrogó Sakura con curiosidad.

Naruto soltó otro suspiro, a ese paso, la peli-rosa comenzaba a intuir que se quedaría sin aire.

— Hinata — contestó, breve y desinteresado.

Su respuesta generó en Sakura una especie de sabor arenoso. Pues le pareció que a su amigo no le interesaba en lo más mínimo la heredera Hyūga, cuando ésta movía cielo y tierra por él. Incluso estuvo dispuesta a morir por salvarle la vida. Venció su propia timidez para declararle su amor, más él jamás contestó.

— Sé lo que estás pensando — habló nuevamente Naruto sorprendiéndola, Sakura no hizo el mínimo intento por ocultarlo.

Pronto se vio atrapada por una mirada azul profundo, sus orbes parecían pequeños mares a punto de ahogarla. No podía determinar en ese momento si por su profundidad o por no encontrar un sentimiento estable, más allá de la confianza y el cariño que poseía hacia ella. Además, la conocía lo suficientemente bien como para saber lo que pasaba por su cabeza en ese instante.

— Sé qué piensas que estoy siendo cruel al rechazar a una mujer que me ama — continúo, causando más impresión en la peli-rosa —. Sé que no es de un caballero rechazar la propuesta de una dama, lo sé. Pero sí de buenos hombres no dar falsas esperanzas. Y eso es precisamente lo que he hecho, no dar pie a algo que sé que no va a funcionar y le rompería el corazón, no me lo perdonaría jamás — explicó, sinceramente.

— ¿Cómo lo sabes si no lo has intentado? — contradijo su amiga astutamente, como siempre.

Naruto sonrió, se cruzó de brazos e hizo lo mismo con sus piernas, de modo que una descansaba suavemente sobre la otra. Respiró profundamente, miró hacia el encielado y luego a ella esbozando una pequeña sonrisa.

— No la amo. Esa es una razón suficiente para no hacerlo — alegó serio, sereno y seguro —. Y no quiero intentar algo que sé que va a fracasar — repitió, continúo al ver la intención de la peli-rosa por interrumpirlo —. Sé que Hinata es una chica dulce, tierna e inocente, eso lo sé, Sakura-chan. Y es por esa misma razón que no le rompería el corazón, la aprecio demasiado como para hacerla sujeto de experimento en una relación. Sé que tú lo comprendes al igual que yo, te sucedió conmigo, ¿no es así?

Sakura tuvo que cerrar la boca antes de abrirla para decir algo, realmente acababa de darle un golpe sutil. Y la reflexión de esa situación le llegó como revelación divina. Para ella, era admirable que su mejor amigo sacrificara su sueño por algo tan simple como un matrimonio. Podía haberlo aceptado y seguir con su cargo, sin embargo, para él implicaba mucho más que obtener un título y una credibilidad que ambos sabían, se ganó a pulso con sus acciones y correctas decisiones. Anteponiendo muchas veces su vida, con palabras que su propio corazón le dictaba.

Aseguraba que eso era igual. No obstante, ahí, había algo más profundo que una simple negativa rebelde. Y no significaba que para la heredera del Souke fuese mejor. Eso ignorando que el padre de ésta debía estar muy indignado, seguramente, Hiashi Hyūga se sentiría insultado de que el mismísimo hijo del Cuarto, ahora Hokage, rechazara a una de sus hijas. Especialmente a su heredera.

— ¿Eso significa que no te casarás nunca? — interrogó, tratando de abordar el tema por otro lado.

Naruto soltó una risa divertida y estridente, le vio hacer una negativa con la cabeza manteniendo su postura recostado en el escritorio.

— Algún día, pero no ahora. Mi prioridad siempre fue sacar a Konoha adelante, proteger a su gente. El peligro siempre existe, en menor escala pero existe, Sakura-chan — contestó, sabiamente —. No tengo tiempo para relaciones, mucho menos para matrimonios. Si me enamoro, lo haré, por decisión propia y no por mandato de un montón de gente que ya tienen sus vidas hechas. Yo no soy así y lo sabes — pausó —. Eso no va conmigo.

"Lo dicho antes, sorprendente".

— Y es por eso que renunciaste…

Él asintió lentamente. Vaya que las cosas habían dado un giro, y no uno de 180°, no, era uno de 360°. Entonces se preguntó, ¿el proyecto continuaría o pararía? Era algo que debía saber.

— Naruto…

Iba a mencionárselo cuando repentinamente escuchó la puerta abrirse de golpe. Ambos giraron para ver quien los interrumpía, se encontraron con Shizune y Tsunade. La segunda no llevaba buena cara, mientras que la primera estaba asustada, al igual que Sakura.

La rubia dirigió sus ojos al apacible rubio de brazos cruzados.

— ¿En qué puedo servirte obaa-chan en estas últimas horas que me quedan? — soltó el rubio con aire bromista.

Y aunque a Tsunade le disgustaba el apelativo tanto como a su alumna, lo ignoró por su bien mental y de paso, para no ser acusada de asesinato injustificado a un niñato de bigotes de gato.

— ¡Deja de llamarme así! — sin embargo, eso no significaba que no pudiera reprenderlo a meros gritos —. Y ven conmigo, los del concejo quieren hablar contigo.

La declaración sorprendió a ambos jóvenes.

— ¿Ah sí? ¿Y ahora qué? ¿Me van a imponer la pena de muerte por no querer casarme o qué?

Bien, hasta ese momento, Sakura se percató que la junta con Itachi y Kakashi no le hacía bien, algo le decía que Sasuke también había colaborado a la causa. Pues nunca le vio ser tan sarcástico hasta esa ocasión.

— ¡Cállate y ven conmigo mocoso! — vociferó la ex Hokage dándose media vuelta y saliendo de la habitación.

Shizune le siguió al paso y Naruto soltó un suspiro, deshizo su posición cómoda y comenzó a caminar hacia la salida. No sin antes volverse hacia a ella y regalarle una sonrisa, de esas conciliadoras que siempre predisponía para momentos tensos y desanimados.

— Hablaremos luego, Sakura-chan, si no es que me sacrifican… — bromeó, enseguida salió dejando a una peli-rosa preocupada.

Ahora esa idea también formaría parte de sus filas importantes. Al parecer, todavía no concretaría nada y el tiempo avanzaba.

¿Qué más le pasaría?