Dejo los lineamientos de siempre.

Aclaraciones:

Narración.

— Diálogo —

"Pensamientos".

Advertencias:

Posible OoC en los personajes.

OC.

No apto para fans SasuSaku o NaruHina.

Género: Romance | Drama.

Clasificación: T.

Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.

Nota de Autor:

Re-editado.


Capítulo 8.

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‹‹Llevadera es la labor cuando muchos comparten la fatiga››.

Anónimo.

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Arreglo.


Cuando Naruto se presentó a aquella junta con los ancianos y cabezas de los Clanes, jamás se imaginó que fuese para que prácticamente le rogaran que no dejara su puesto como Hokage. Tuvo que ocultarse bajo una máscara de indiferencia ensayada (que muy amablemente Kakashi e Itachi le enseñaron a usar, sin contar que tener a Sasuke como compañero durante muchos años ayudó a la causa), que le permitió ocultar su sorpresa y satisfacción. Aunque honestamente, esperó que Hiashi Hyūga le recibiera con un kunai o una katana dispuesto a degollarlo por el insulto de rechazar a su hija, la próxima heredera del Clan.

Acción que de una forma u otra le dio curiosidad, pero no se metería en esos líos. Y si las aguas estaban calmas, no sería él quien se encargara de agitarlas. Ya suficiente tenía con todos los problemas y disgustos que esa gente le habían dado como para cargarse la ira del padre de Hinata, quien por supuesto, no era nada conveniente tenerlo del lado enemigo, queriéndole volar la cabeza solo con el pensamiento.

Seguramente lo estaba maldiciendo por lo que había pasado con su sobrino, quien, por cierto, todavía no salía del hospital.

— Kakashi-sensei, ¿por qué demonios no te hicieron casarte a ti cuando te nombraron Hokage? — le preguntó Naruto al peli-gris que se encontraba cómodamente sentado en el alfeizar de una de las ventanas de su oficina.

— Naruto, ese fue un cargo temporal el tuyo es permanente — contestó Hatake, con ese tono calmo combinado con indiferencia parca que con frecuencia rayaba la paciencia de todos.

El rubio lo miró con ojos achicados y una cara graciosa.

— ¡Por una puta vez podrías dejar esos malditos libros! — vociferó el rubio, desempacando todo lo que había metido en las cajas.

Vaya que la tarea de empacar y desempacar es terrible.

— Te estoy poniendo atención — respondió simplemente el peli-gris, pasando la página de su preciado libro naranja.

El rubio bufó, hastiado. Hatake suspiró, como siempre la hiperactividad de su antiguo alumno no le dejaba en paz.

— La única razón por la que no me quedé con el cargo, fue precisamente por la que tú renunciaste.

Esa declaración le sorprendió, y no al mismo tiempo, pues conociendo a su sensei, negarse en su caso era lo más sensato. Y eso que Kakashi era mayor que él…

— ¿Y no pudiste decírmelo? — le miró con ojos entrecerrados, mientras que Kakashi arqueó el suyo, lo cual significaba que bajo su máscara sonreía descaradamente — ¡Pero qué mal sensei eres tú!

Kakashi soltó una risa baja, le divertía ver que su ex alumno no perdía aquella jovialidad que lo caracterizaba, menos el buen humor. Le recordaban que aún era joven e inexperto, que, aunque ahora fuese el mandatario de su nación, seguía siendo aquel chico adolescente que conoció.

— No creí que te sucediera a ti también — respondió el peli-gris, demasiado tranquilo para el gusto de Naruto.

Le escuchó chasquear la lengua.

— Si seguro, como no… — masculló el rubio, que continuó ordenando documentos y demás contenido de aquellas cajas.

Kakashi no creyó que tuviera tantas cosas que empacar, pero se le hacía que a lo mejor quería llevarse hasta los muebles para dejar al próximo Hokage en el suelo…

— Dime una cosa Naruto — habló el Jōnin, éste no le prestó atención, ya que estaba muy ocupado golpeando papeles contra el escritorio — ¿Cómo tomó Hiashi tu rechazo?

La reacción de su alumno ante la pregunta fue inmediata. Pronto dejó de sacar papeles y carpetas, se quedó paralizado y rígido. Con la mirada hacia el frente, serio y pensativo. Lo que a Kakashi le indicó que no se esperaba la pregunta, y que también le incomodaba el tema.

— No está muy feliz — murmuró, enseguida soltó un suspiro y tiró la carpeta.

Retomó aquella posición que utilizó cuando Sakura llegó a visitarlo antes de que el consejo lo reestableciera como Hokage. Se recargó en el escritorio y se cruzó de brazos, cerró los ojos un instante y luego los clavó en su ex sensei. Hatake pudo notar que estaba muy perturbado, angustiado y preocupado por diferentes razones. También, notó culpa y desasosiego. No muy común en su ex alumno.

— Al parecer que rechazara a su hija no es tan terrible como el hecho de que intentara matar a su sobrino — continuó, con algo de ironía y amargura.

Una respuesta misteriosa y enigmática para el pragmático ninja de cabellos grises. Curiosa, así podía describirla. Ya que podía esperar la furia del jefe de uno de los más antiguos Clanes del país del Fuego. Sin embargo, el dato de que estuviese más preocupado por Neji que por su hija era llamativo.

— Eso es interesante… — musitó Kakashi, guardando el libro en su porta-kunais.

— Sí, lo mismo pensé — concilió el rubio —. Y no entiendo por qué — frunció el ceño distraído, buscando a lo mejor alguna razón que encajara en la preocupación desmedida de Hiashi para con Neji.

— A lo mejor es culpa.

Uzumaki miró bruscamente a su ex mentor y elevó una ceja.

— ¿Tú crees que Hiashi Hyūga sienta culpa?

Kakashi elevó los hombros.

— Tal vez por su hermano, recuerda que el tiempo pasa y las personas cambian, Naruto. No se mantienen siempre en el mismo tono, pueden degradarse o abrillantarse, todo depende de la situación.

En ese momento, la respuesta de Kakashi le pareció un maldito trabalenguas, como siempre, con sus contestaciones enigmáticas que parecían un laberinto sin una salida lógica. Si no volabas no salías, así de simple.

— No lo sé — dijo Naruto —. Igual y me preocupa, como ya te has dado cuenta no está nada fácil.

Reanudó su trabajo de desempacar y ordenar.

— Sí, Sakura ya nos lo comentó.

Y con decir ‹‹nos›› obviamente hacía referencia a Itachi y él.

— ¿Han encontrado alguna forma de ayudarla sin que tenga que recurrir a la ejecución del sello maldito?

Aunque no lo pareciera, a Naruto le urgía que le ayudaran a su mejor amiga lo más pronto posible. Ya que ella le informó de la situación en cuanto supo que su destitución no se llevó a cabo, y Neji no estaba dispuesto a renunciar. Tuvo que ser rápido y recurrir a las dos personas más experimentadas y capacitadas que tenía, sin llegar a hablar con Tsunade.

— Estamos trabajando en ello — respondió Hatake.

— Pues háganlo rápido, no quiero tener que preparar dos funerales.

Kakashi le miró con la ceja alzada.

— ¿Dos funerales? — indagó, con la curiosidad de saber a quién mataría.

Si era él o Itachi.

— Sí, dos. El de Neji y el mío. Porque si a él le pasa algo Hiashi me mata — profirió, con exagerada preocupación y drama.

Lo que provocó que Kakashi soltara una risa de nuevo, con Naruto nunca se pasaba un momento aburrido. Mudaba de la seriedad al drama cómico en cuestión de segundos.

— No te preocupes, encontraremos una solución pronto.

— Eso espero — dijo el rubio, luego se detuvo, frunció el ceño levemente y se giró hacia su maestro — ¿No se suponía que la hermana de Kurenai venía?

Kakashi asintió.

— Sí, pero creo que no será imprescindible — contestó Hatake —. Lo que necesitas saber está en ese pergamino — señaló al pergamino de color verde que se encontraba sobre el escritorio.

¿En qué momento lo puso ahí que no lo vio?

— ¿Cómo…?

Se giró para preguntarle, pero ya su sensei se había marchado, bufó y chasqueó la lengua con molestia. Siempre le hacía lo mismo, lo dejaba hablando solo.

— ¡Sí, claro! Como ahora tiene novia se va al carajo y me deja hablando solo — profirió, levantando los brazos.

Luego miró a su alrededor.

— Ah mierda… Sí que tengo mucho que hacer — masculló al mirar el montón de cajas juntas.

Vaya si era verdad, debía ordenar todo antes de poder sentarse a leer ese pergamino que tanto interés le traía.

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Era muy tarde, más no lo suficiente como para decir que era de noche, solo media tarde. Pero para ella era bastante evidente que el clima, la hora y el fresco no le importaban.

Pequeños y suaves sollozos se oían en la soledad del campo de entrenamiento número siete. Resultaba irónico que después de enterarse de eso, fuese precisamente ahí para llorar.

Y es que Hinata Hyūga acababa de enterarse que el hombre que amaba, el amor de su vida la rechazó en propuesta de matrimonio. Naruto prefirió dimitir su cargo para no tener que casarse con ella… Era humillante y doloroso…

Hinata estaba al tanto del supuesto compromiso del que la convirtieron en sujeto. Cuando lo supo, no pudo sentirse más que feliz de saber que de entre todas las kunoichis existentes en la Aldea, ella fuera la elegida para estar al lado del Hokage. Claro, en su inocencia, Hinata ya se había hecho ilusiones como la futura esposa de Naruto Uzumaki.

Se montó una película a sí misma, donde se casaban, tenían hijos y vivían felices para siempre como en los cuentos de hadas, esos que su madre le leía cuando niña. El día que su padre le informó aquella decisión, se sintió dichosa. Con una felicidad que no le cabía en el pecho.

No obstante, se le olvidó un pequeño, pero pequeñísimo detalle… Ignoró por un momento las veces que Naruto la evitó a toda costa por indefinidas e inexplicables razones. En ese instante, no se le cruzó por la cabeza la mínima idea de un posible rechazo de parte del hombre al que tanto amaba e idolatraba. Por eso, cuando su padre le informó que Naruto dejaba su cargo por la "sugerencia" de matrimonio, todo su mundo se vino abajo. Sus ilusiones y esperanzas quedaron marchitas como una rosa seca, a la que habían dejado morir por no regarla.

El dolor le sobrevino, para Hinata aquello fue como herirla una y otra y otra vez en el cuerpo, o peor aún, como encajarle un cuchillo en el pecho, retorcerlo hasta hacerla gritar y suplicar la muerte.

Era ese tipo de dolor que te hace querer gritar, llorar y sollozar hasta que ya no te quedan fuerzas, hasta que pierdes la consciencia… El tipo de dolor que te hace hipar con gran sentimiento, que te hace querer arrancarte el corazón del pecho. Y por eso estaba ahí, con la espalda recostada en el tronco y las piernas dobladas hacia su pecho envueltas con sus brazos, escondiendo su cabeza entre el pequeño hueco. Parecía literalmente, un ovillo.

— ¿Hinata?

La repentina voz masculina le hizo dar un respingo, levantar la cara y mirar la gran silueta que le hacía sombra. Cuerpo atlético y alto, con los cabellos de punta.

— Sa-Sasuke-san — murmuró la chica.

Se sintió cohibida de repente ante aquella mirada y expresión de indiferencia. No esperaba encontrarse a nadie ahí, o por lo menos, deseó que no pasara tal cosa. No quería que alguien más viera su patético estado, producto de sus ilusiones vanas.

— ¿Qué haces aquí? — preguntó Sasuke, cuestionamiento retórico, ya que era obvio que no se encontraba bien. Sus ojos rojos e hinchados respondían solos.

— Y-Yo a… Y-Yo…

La Hyūga se paralizó, no sabía que responder que no fuera una falsedad para ocultar su más profunda verdad. A ella no le gustaba mentir.

Sasuke soltó un suspiro pesaroso y fastidiado.

— Es por Naruto, ¿no? Porque rechazó su compromiso contigo.

Esa no era una pregunta, era una afirmación aplastante y dolorosa, muy al estilo Uchiha.

— Na-Naruto-kun… No… Yo… — pronto se le formó un nudo en la garganta, y las lágrimas se agolparon rápidamente en sus ojos cual caudal por río.

Y aunque para Sasuke las situaciones sentimentales eran fastidiosas, no significaba que la chica en cuestión no le diera lástima. Le recordaba que su mejor amigo era un idiota, por despreciar a una hermosa y dulce chica que lo idolatraba y lo amaba por encima de cualquier cosa, que moriría por él si fuese necesario.

Un momento…

¿Qué estaba diciendo? ¿Por qué pensaba esas cosas de Hinata?

— Na-Naruto-kun no me ama… — murmuró la chica, con un sentimiento de pesar que desgraciadamente le tocó el corazón de una extraña manera.

¿Por qué se sentía molesto de repente? ¿Acaso sentía algún tipo de celo o envidia hacia Naruto?

— É-Él prefirió re-renunciar a su cargo a-antes que casarse co-conmigo…

Decirlo en voz alta no lo hacía menos doloroso, sin embargo, que pudiera decírselo a alguien como Sasuke Uchiha si era toda una revelación. Una muy rara, ya que, por alguna inusitada razón, le nació confesárselo.

Por su parte, el Uchiha la miró detenidamente. Se percató, o más bien, cayó en la cuenta de que la heredera del Souke era una chica hermosa, dulce, tierna y apacible. Sumisa. Todo lo contrario a su esposa. Una mujer a la que podría moldear a su antojo si quisiera.

— No deberías estar llorando por cada rincón por alguien que no te merece, eso es patético. Sigue con tu vida — respondió nada más Sasuke.

Sus palabras fueron como un golpe para Hinata, se tragó un sollozo y las lágrimas. Levantó la mirada, pero se encontró con que él ya le daba la espalda y caminaba alejándose. Se permitió soltar un gemido, seguido de un sollozo. Las lágrimas comenzaron a surgir de nuevo, como pequeños riachuelos. Pese a eso, estos le recordaban que lo más horrible no era la vida, si no el dolor de un amor imposible…

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Soltó un suspiro, mientras continuaba garabateando líneas en sus libretas. Seguía buscando una salida a ese proyecto, o una continuación que no pusiera en peligro la vida de su sujeto de experimento.

Y es que sí, había hablado con Naruto en cuanto supo que no había sido destituido. Sí, le explicó y planteó todas las bases y los riesgos. Pero no, no consiguió que Neji dejara el proyecto o que el mismo Hokage la apoyara para que él lo abandonara. No. Naruto se cerró en redondo antes que ella pudiera argumentar algo mejor y le dijo que buscara una salida que pusiera en el menor peligro posible al heredero del Bouke.

Le conllevó a tener que contactar con Itachi y éste terminó llamando a su compinche, Kakashi. Dando como resultado que entre los tres, se suponía deberían encontrar una salida para esa disyuntiva que ahora la aquejaba.

Ahora se encontraban ahí los cinco, porque Hinata y Neji también estaban presentes ya que los necesitaban. Para Sakura, tener que estar ahí, en esa sala, no era lo más grato del mundo.

— No creo que esto sea buena idea — musitó la peli-rosa, dudosa y preocupada.

Los miró a ambos y luego Neji. No le agradaba tener que verlo pasar por eso de nuevo.

— Es la única forma en que podemos ayudarte, Sakura — habló Itachi.

— Debemos registrarlo y así poder crear una estrategia para desarrollar un jutsu — finalizó Kakashi.

A la Haruno hasta le pareció que se combinaban para responder. Cuando no, dos genios…

"Tres".

Sí, de verdad eran tres.

— Sigo creyendo que es una mala idea — replicó, testaruda como siempre.

— Es necesario, Haruno — habló Neji, por primera vez en todo ese intercambio.

La potente frecuencia de su voz resonó en su cabeza y desgraciadamente, en su cuerpo también. Atraída lo miró un instante, sus ojos jade no pudieron profundizar sobre los perla y buscar una razón por la cual negarse a la locura que pretendían ejecutar.

— Agh, está bien — masculló, molesta e insegura de sí misma.

El Hyūga tenía un extraño poder de convencimiento. Lo que le hacía preguntarse si la persuasión peculiar de su mejor amigo se pegaba…

— Hinata-sama — llamó respetuosamente el castaño, la chica dio un respingo.

Estaba asustada y titubeante, no quería hacerlo de nuevo. Cuando Kakashi e Itachi le pidieron que les enseñara el sello secreto del Clan, pensó que no debía, pero si eso la libraba un poco de la carga que suponía ejecutar ese sello para controlar a su primo lo haría. Y si era para encontrar una solución al problema que ahora pasaban, lo haría con muchísimo gusto.

Eso no significaba que se sintiera alegre por lo que su primo pudiera pasar, no, al contrario. Se encontraba en un dilema, entre lo que era mejor para su primo y para su salud. Y lo que era preferible para la rama secundaria. Que como siempre, la colocaba al borde de la balanza.

Pese a que quiso y les mostró la ejecución del sello, ninguno pudo ejercerlo en control. Puesto que como clasificación de sello secreto del Clan, era evidente que los únicos capaces de ejecutarlo eran los miembros del Clan Hyūga, según la esposa de Sasuke Uchiha dedujo, es que el sello tenía relación especial con su sangre y solo respondía a esta para ser efectuado. Nadie más podía hacerlo.

Así que, sin salida, miró a Sakura en aras de auxilio. Ésta la miró de la misma manera, intentó conciliarla.

— Trata de que sea por poco tiempo, Hinata.

Le dijo, como único consuelo.

— Después de esto ya no tendrás que hacerlo más.

Eso era un alivio, aunque lo que se vendría no lo era en lo absoluto.

— E-Está bien.

Titubeante, comenzó a hacer los movimientos respectivos.

Lo que sobrevino después… No es grato contarlo…

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Ahora, la esposa del Uchiha se encontraba en la misma habitación en la que ingresó hacía solo una semana el heredero del Bouke. Por las mismas razones y con las mismas condiciones. Solo que había una diferencia, tuvo el tiempo suficiente para suministrarle un antídoto temporal a los efectos causados por el Sello de Control.

¿Cómo pudo hacerlo? Fácil no fue. Sin embargo, pudo identificar los síntomas y las zonas afectadas.

Le dio un diagnóstico nada favorable. Pues descubrió que cada ejecución del sello terminaba en una rotura del sistema, específicamente del sistema nervioso central.

¿Qué había descubierto?

Que cada vez que se efectuaba el sello generaba una rotura, que desgraciadamente no era pequeña, sino progresiva. Algo que al cabo de varias realizaciones más, terminaría generándole una enfermedad degenerativa del sistema nervioso, que acabaría afectándole órganos y tejidos, que empeoraría con el transcurso del tiempo. Un período relativamente corto. En el mejor de los casos, podía terminar con Alzheimer. Poco común en los ninjas, pero no era rara en el mundo en general.

Por esa razón le preocupaba que cada ejecución le minara demasiado las funciones cerebrales. En esta ocasión tuvo que estar preparada para por lo menos, parar la rotura del sistema y reponer las células dañadas lo más rápido posible. Así la progresión era mínima y su avance casi nulo.

Desgraciadamente existía, y eso no podía pararlo.

Miró al castaño acostado en la cama y dormido profundamente por el sedante que paralizó las dolorosas sacudidas. Sin quererlo o por instinto, llevó una mano hacia su frente y apartó unos mechones de su sedosa cabellera castaña. Un gesto tierno y dulce, que la impulsó a acercarse más, demasiado…

Hasta que de pronto, unos ojos perla la sorprendieron repentinamente. Soltó un sorpresivo y para nada sutil gemido…