Dejo los lineamientos de siempre.

Aclaraciones:

Narración.

— Diálogo —

"Pensamientos".

Advertencias:

Posible OoC en los personajes.

OC.

No apto para fans SasuSaku o NaruHina.

Género: Romance | Drama.

Clasificación: T | M.

Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.

Nota de Autor:

Capítulo re-editado.

Si hay algún comentario o disconformidad, ya saben, pueden dejarla ahí abajo en la cajita de comentarios. Recuerden siempre dirigirse a los escritores con respeto, yo les responderé en la medida de lo posible. Los comentarios son siempre bien recibidos, y les estoy enteramente agradecida por tomar unos minutos de su tiempo para leer mis historias y de paso, comentarlas. Mil gracias. Es en parte por ustedes que yo sigo al pie del cañón, además de ser uno de mis pasatiempos favoritos.


Capítulo 12.

«Compórtate con tu mujer como te comportarías con la de otro».

Anónimo.

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Amargura.


Tuvo que haberlo pensado antes de ir a terapia con su esposo, debió suponerlo y haberse preparado de antemano para cualquier cosa que pudiera surgir. Pero no lo hizo. Pensó que era cuestión del poco tiempo con que contaban individualmente, del desinterés en su relación, incluso cuando hacían el amor.

"Eso no es hacer el amor, es sexo frío e insípido", recordó su consciencia.

"Esta vez no estuvo tan mal…", replicó Sakura.

Se dio vuelta en aquella fría cama que hace unos minutos estaba envuelta en llamas y ahora parecía un témpano de hielo recién sacado del mar Ártico. Encogió su cuerpo en posición fetal y se ahorró la mueca de dolor. Aprovechando que Sasuke estaba dormido, llevó una mano a la zona afectada por debajo de la sábana haciendo una leve presión, esperando aliviar el ardor de las fuertes penetraciones.

"Te lastimó ¿no es así?"

Sakura no dijo nada.

"Está molesto".

Lo sintió en sus caricias bruscas, Sasuke nunca fue un hombre tierno ni dulce, mucho menos delicado y consciente de las necesidades del otro. Cada vez que hacían el amor siempre era áspero. Esta vez se había pasado, parecía castigarla por algo. Aunque no se enteraba todavía qué.

"A lo mejor solo está estresado".

Lo disculpó, como siempre por cada cosa mala que hacía, ella buscaba una excusa para mitigar sus defectos, para obviar la oscuridad que aún yacía en él. Mentía, y se mentía a sí misma para mantener esa farsa. Quería tan desesperadamente creer que era capaz de continuar, aunque, en el fondo, sabía que no lo iba a lograr.

"Sigue mintiéndote, Sakura, sigue mintiéndote".

Por primera vez en mucho tiempo, Sakura quiso llorar.

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Ese día llegó con la mente puesta en la noche anterior. Le costaba mucho caminar de manera normal sin que sintiera por dentro que algo se desgarraba. Ahí estaba, metida en aquella sala repasando los patrones del segundo sello. Estaba distraída, sin contar las ojeras, la palidez y las manos temblorosas que sostenían el papel; no le daba ninguna seguridad al heredero del Bouke.

— Bien, aquí vamos — se dijo a sí misma, ignorando la mirada desconfiada de Neji.

Por primera vez en semanas, pasó desapercibida la presencia del shinobi y comenzó con los patrones del sellado. La luz emergió de las yemas de sus dedos, una mano la detuvo frustrando la oportunidad de acercarse a Neji.

— No me tocarás así, Haruno — espetó.

Sakura dio un respingo asustada y lo miró, sus ojos perla expresaban seriedad.

— Tu chakra es inestable — a Sakura le pareció una acusación —. Mira tu mano.

Sakura descubrió horrorizada que Neji tenía razón. El hilo de chakra en definitiva era versátil, se doblaba de un lado a otro como un espagueti. Si osaba tocarlo con eso las cosas no terminarían bien, para ninguno de los dos.

— ¡Oh por Dios! — chilló.

¿Cómo iba a explicarse? ¿Qué podía a decirle? ¿Qué su marido la profanó a la fuerza en la cama y la lastimó hasta que estuvo satisfecho? No, no podía y no debía. Optó por el silencio.

Neji mantenía aferrada su muñeca, el agarre era fuerte, firme sin llegar a hacerle daño. Al ver el ceño fruncido, Sakura supo lo que sucedía, estaba viendo las marcas. Llevo rápidamente la mano libre a su garganta tratando de estirar lo más posible el cuello de tortuga de su suéter rosa, pero Neji las había notado.

— ¿Fue él?

Neji sabía que no debía meterse en las peleas de casados, los terceros siempre estorban. Sin embargo, a pesar de eso, no había cosa que le pareciera más deshonrosa que un hombre levantará la mano a una mujer, que la marcará de forma cruel. Para él, eso era poco honorable. Una canallada.

Sakura no dijo nada, solo desvío la mirada corroborando sus sospechas, irritándolo inesperadamente. Emoción poco común, ya que normalmente pasaba de asuntos que no le involucraban. No obstante, ahora se sentía indispuesto y de mal humor.

— No deberías de permitir que te golpee — dijo Neji —. Ninguna mujer se merece que su marido la maltrate — añadió, soltándole la muñeca en un movimiento suave.

— No creo que él quisiera lastimarme — murmuró ella, lo suficientemente vaga para saber que estaba poco convencida de sus propias palabras.

Neji guardo silencio, le observó detenidamente y ella lo notó, no hacía falta un letrero para darse cuenta que la estaba juzgando, diciéndole: ¿Eres estúpida? Porque realmente se sentía como una, defendiendo a su marido al que ahora creía un desconocido.

Con agilidad y elegancia el shinobi se puso de pie. Por instinto, Sakura se retiró como movida por un resorte. Su reacción era exagerada, pero lógica dentro de los estándares del maltrato. Neji se acercó despacio, estiró su mano hacia la tela que cubría su cuello y lo bajó cuidadosamente.

Neji observó con recelo las marcas desagradables entorpeciendo la hermosa piel, dos manos formaban un nudo verdoso que pronto se convertiría en moretón. Sakura no se apartó, al contrario, su cuerpo se movió imperceptiblemente buscando el roce de los dedos callosos. Cerró los ojos imaginando que aquella caricia efímera borraba los hematomas en su cuello.

— Ningún hombre que se respete debe agredir a una mujer — musitó Neji en tono bajo y ronco, suficiente para despertar las insaciables mariposas en su estómago —. Y tú no debes de permitir que te maltraten, tampoco es de una mujer honorable — añadió.

Enseguida apartó la mano de su piel como si le hubiese quemado, Sakura abrió los ojos y se enfocó en él. Tenía el rostro inalterable, pero se dio cuenta que estaba molesto, por alguna rara e inexplicable razón. También se percató que cuando se irritaba, una pequeña arruga se formaba en el puente de su nariz.

— Deberías darte cuenta que cubrir tus errores no soluciona las cosas, madura, Haruno — sus palabras le dolieron —. Llámame cuando te estabilices.

Neji no le dio tiempo de responder, pues ya se había esfumado dejándola sola. Las ganas de llorar se incrementaron, sus ojos se pusieron cristalinos, se negó a soltar lágrima alguna. No había vuelta atrás.

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Debió mantenerse callado, no decir nada porque no le correspondía. Lo hizo cuando su mente le dictaba que era incorrecto. Guardar silencio, eso había sugerido su cabeza. Simplemente no pudo, no pudo por muchas razones que escapaban de su propio raciocinio. Ni siquiera las comprendía.

Se estaba metiendo donde no lo llamaban. El sentimiento de irritación le nació de repente cuando vio a Sakura con esas marcas. Ya antes la había visto desanimada, desganada y bastante distraída. Si bien era bastante común desde que se casó con el menor de los Uchiha, se inepta con el manejo del chakra resultaba poco común, considerando lo talentosa que era Sakura con el elemento. El hilo que se acrecentaba y decrecía indicó su poca concentración, y por ende su inestabilidad. Neji concluyó que algo había pasado entre esos dos, pero nunca imaginó el grado de seriedad del asunto.

Esas marcas le devastaron la paciencia y acortaron su distancia. Porque sí, había colocado una distancia que impidiera algún tipo de relación más allá de la estrictamente profesional entre ellos. ¿Por qué razón?

Porque una excéntrica e insana curiosidad que le seducía acerca de la personalidad extravagante de Sakura. No sabía por qué, ni cómo, ni cuándo. Simplemente le atraía de una manera extraña, a lo mejor era que de alguna forma le vio madurar o porque le demostró que tenía cualidades como kunoichi que no cualquiera poseía. Tal vez porque a pesar de que fue una niña insulsa y necesitada, aprendió a defenderse, o igual porque encontró la forma de descifrar la complejidad del sello maldito que lo marcó durante tanto tiempo. A él, a su padre y a toda la rama secundaria de su Clan.

No estaba seguro, solo que le atraía peligrosamente hasta el punto que le tentaba a olvidar su estatus de casada. Arriesgaría su honor y su educación si se atrevía a traspasar esa línea. Si lo pensaba detenidamente ya lo había hecho. Meterse en los problemas de un matrimonio no era correcto, ignoraba todo lo que se suponía debía evitar. Problemas que Sakura y Sasuke tenían que arreglar. Neji se preguntaba si alguna vez se sentaban a hablar de todas sus dificultades, puesto que Sakura parecía más decaída y triste, menos centrada.

Para un ninja objetivo como él significaba un fracaso en esa misión y posiblemente una incapacidad de por vida. Probablemente desencadenaría una guerra civil, su tío permitió que Naruto cumpliera la promesa que le hizo en el examen Chūnin. Interiormente estaba muy agradecido.

No le gustaba esa espinita, esa incomodidad que le daba cada vez que veía a Sakura. Era una especie de irritación inexplicable, le llevaba a pensar que tal vez era su presencia, que él y ella no congeniaba y por eso no la toleraba. Si bien tuvo esa primera impresión, verla aquel día al lado del menor de los Uchiha, lejos de extinguirla; aumentó. Intrigado buscó más razones, alguna explicación para esa sensación sin hallarla.

Entonces intentó justificarla. No supo de lo que se trataba hasta el día de hoy, recordar los cardenales en su piel… La insana sensación regresó a él como un golpe en la mandíbula, una pequeña molestia que se acrecentaba con el tiempo y los pensamientos. Difícil de contener. Haberla tocado sobrepasó sus propios límites, los autoimpuestos. Los rompió irremediable e inconscientemente. Solo cedió a un impulso. El de rozarla.

La parte racional de su cerebro se iluminó y le devolvió a tierra, recordándole que aquella mujer estaba prohibida para él. Le llevó a hablar con la brusquedad a la que estaba acostumbrado cuando estaba irritado. No molesto con ella sino consigo mismo.

Sakura no era consciente de lo que sentía, mucho menos lo que se le cruzaba por la mente. Imaginó (por la expresión dolida de su rostro) que la había lastimado de alguna manera al expresarse de forma tan dura. No había sido su intención, pero su irritación era demasiada y la brusquedad saltaba cuando no calibraba como debía sus emociones. Uno de sus pocos defectos.

— Ne-Neji-nii-san — llamó la grácil y endeble de Hinata.

Le miró desde la posición en su sillón, la chica se sobresaltó con ese gesto. Neji imponía sin proponérselo, y sus ojos perlados obligaban a guardarle respeto, probablemente porque le recordaban demasiado a los su tío.

No habló, esperó a que ella dijera lo que tuviera que decir y se fuera.

— P-Padre manda a llamarte, d-dice que necesita hablar c-contigo — dijo, Neji asintió.

Al recibir la afirmación Hinata entendió que debía retirarse, murmuró unas palabras de despedida sin recibir respuesta.

Neji estuvo unos minutos mirando la puerta por la que había desaparecido Hinata. No hacía falta decir que su tío siguiera taladrándolo con esa estúpida idea. Todavía no entendía de donde surgió esa tontería, pero no tenía planeado darle gusto. Eso de sentar cabeza no estaba entre sus planes, menos si era entre familia y muchísimo menos si involucraba a su prima.

Maldita la hora en la que se le ocurrió aceptar su propuesta para ser el próximo sucesor del Souke.

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A Sakura todavía le dolían las palabras que había dicho Neji. Le cayeron como taladro de dentista. Tal vez era tonto, pero le calaron bastante hondo. Ni siquiera debería de sorprenderle que señalara su descontrol, después de todo él era el más afectado y de haber continuado todo habría acabado muy mal. Aunque debía admitir que lo que más le golpeaba era que se percatara de las marcas. Le avergonzaba enormemente que se diera cuenta. Inocentemente creyó que llevar un suerte de cuello alto las taparía lo suficiente. Se equivocó.

Extrañamente no le preocupaba que se lo dijera a alguien. Claro que no. Neji era un hombre honorable, respetaba mucho la privacidad de los demás. Se lo callaría, porque su dignidad era tan grande como su orgullo. Si bien el conocimiento la aliviaba, lo que le dijo no fue nada más que la verdad que ella no quería aceptar.

"Y seguirás sin aceptarla, ¿verdad?".

"¿Y qué si cambia? Nuestro matrimonio aún se puede salvar".

"No hay más ciego que el que no quiere ver".

La voz se calló, Sakura se sintió terriblemente sola y acongojada.

Se negó a llorar, a soltar más lágrimas. Había cometido un error que podía enmendar, o ella creía que podía, que era posible salvar lo que no tenía salvación. Su ceguera ante un pensamiento idealista de un matrimonio no la dejaba quitarse la venda de los ojos.

Conforme pasó el día el dolor en su intimidad cedió, todavía le quedaban vestigios de incomodidad, nada que no pudiera superar con un poco de descanso. Tiró el suéter que llevaba puesto en la silla al lado del tocador, inevitablemente miró aquellas marcas. Cerró los ojos, apesadumbrada.

Recordó.

Estaba acostada de lado, Sasuke no llegaba aún. Seguramente se quedó en el bar con alguno de los chicos.

"O con alguna mujer retozando en la cama de algún hotel".

Ignoró la voz de su inner.

La puerta se abrió con un azote violento, su marido acababa de entrar ahora podría dormir tranquila. Ni bien cerró los ojos buscando el descanso el brazo de Sasuke la volteó bruscamente y los labios húmedos de licor la besaron sin compasión.

Sin tiempo para el juego previo subió su camiseta, la ropa interior terminó destrozada y tirada en el suelo. Sakura quiso resistirse un poco, decirle que parara, pero Sasuke estaba metido en su papel y cegado por el alcohol. La penetró sin lubricación. Nunca pensó que dolería tanto… El alcohol y la lujuria siempre han sido una mala combinación desde antaño, pero jamás imaginó que podía llegar a un delirio tan brutal. No hasta que dos manos se apretujaron en su cuello e hicieron una presión leve.

Al principio creyó que era un simple fetiche, y como no le sofocaba tanto se mantuvo callada, la experiencia hubiera valido la pena si su marido no estuviera tan borracho. Hasta que comenzó a ahogarla.

Sa-Sasuke… Quita tus manos… — alcanzó a musitar, entre jadeos.

Él no lo hizo. Al contrario, presionó más…

Sa-Sasuke… — llamó de nuevo. Le miró con los ojos entrecerrados y notó que los de su esposo estaban perdidos y furiosos por alguna inconcebible razón. La presión cada vez era más fuerte, el aire comenzaba a escasearle cada vez más y más.

Pataleó, llevó las manos a hacia las de él tratando de apartarlas en un esfuerzo inútil, sus intentos menguaban por la falta de aire en sus pulmones. Pronto los zumbidos comenzaron a zumbarle y el aire se escapaba más y más… La angustia que te invade cuando sabes que la vida se te escapa de la manera más absurda la golpeó, tomó fuerza de donde no la tenía y finalmente le gritó.

¡Sasuke!

Fue como si le hubiese movido un interruptor. En el momento que el grito escapó de su boca él volvió en sí, bajó la mirada hacia su mujer y la vio pálida. Tan pálida que podría pasar por una hoja de papel. Entonces fijó la mirada en las manos alrededor de su cuello, ‹‹sus manos›› al contorno de la blanca piel. La estaba asfixiando en un ataque de ira inexplicable producido por el alcohol.

Espantado apartó las manos de Sakura y dejó todo, ella incluida. Salió de la habitación como alma que llevaba el diablo. Sin decir una sola palabra, sin siquiera mirarla. Ella se quedó en medio de la cama semi desnuda y lastimada.

Una lágrima rebelde se escapó de su ojo izquierdo, rodó por su mejilla hasta perderse en el tapiz azul de su alfombra. Respiró profundo, esperó unos minutos y abrió sus párpados.

Hizo una mueca, el reflejo que le devolvía el espejo era por demás deplorable. Tenía la piel más pálida de lo normal, el rostro demacrado y la expresión triste. Se sintió patética. Cualquier vería lo que le sucedía, no necesitaba letreros con señales de neón. Le avergonzaba la idea de salir a la calle y que a gente fuera capaz de ver que su vida como la flamante señora Uchiha no era más que una fachada. Sería el hazmerreír de toda la aldea.

¡Dios no quería pensar en eso! En las habladurías, en las críticas, en el qué dirán. Solo descansar, dormir y olvidar por un instante que el matrimonio que creyó perfecto, ahora estaba más perdido que desmoronado.

Lo peor era que no se daba cuenta que ella misma se había perdido.