Dejo los lineamientos de siempre.

Aclaraciones:

Narración.

— Diálogo —

"Pensamientos".

Advertencias:

Posible OoC en los personajes.

OC.

No apto para fans SasuSaku o NaruHina.

Género: Romance | Drama.

Clasificación: T | M.

Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.

Nota de Autor:

Si hay algún comentario o disconformidad, ya saben, pueden dejarla ahí abajo en la cajita de comentarios. Recuerden siempre dirigirse a los escritores con respeto, yo les responderé en la medida de lo posible. Los comentarios son siempre bien recibidos, y les estoy enteramente agradecida por tomar unos minutos de su tiempo para leer mis historias y de paso, comentarlas. Mil gracias.

Re-editado.


Capítulo 13.

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«Toda mentira de importancia necesita detalle circunstancial para ser creída».

Anónimo.

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Mentiras.


Pasó las manos por su cabello con frenesí, después de dos semanas de aquel penoso episodio en el que casi asfixia a su mujer, con las imágenes de Sakura pataleando, gritándole que la soltara, una sucesión continua que le provocaba más dolor de cabeza que culpa. Un taladro abriéndose paso dentro de su cerebro. Al otro lado, estaba la imagen angelical de Hinata, enrojecida por un pequeño desliz que casi les cuesta la misión, tal vez más que eso…

Y ahora iba de nuevo al despacho de su amigo para otra misión, le serviría distraerse después del suceso, del casi asesinato a su esposa. No le ayudaría a aclarar las cosas en su mente, pero por lo menos dejaría de pensar en ello a cada rato. Sin embargo, ni bien puso un pie dentro del despacho, la figura voluptuosa y el rostro enrojecido de la heredera del Souke lo recibió.

Hinata, abochornada desvió la mirada de la de él y comenzó a jugar con sus dedos, como típicamente acostumbraba cuando estaba nerviosa. Naruto pasó por alto el detalle, parecía inmerso en los papeles que leía. Lucía concentrado, arrugando de vez en cuando el ceño, confuso, hasta que finalmente se dio por vencido.

— Y bien, ¿para qué nos hiciste venir con tanta urgencia? — preguntó el Uchiha, con su típico tono desdeñoso.

Naruto reaccionó a la presencia de los dos y parpadeó, enseguida sonrió como siempre.

— Perdona, revisaba todavía los parámetros de la misión — dijo —. Es bastante sencillo, solo deben ser la escolta para la hija del Sr. Tomohiro hacia la Aldea de la Arena — informó brevemente —. Pero, debido a ataques recientes… Enviaré uno extra, solo como precaución — anunció dejando a la deriva el nombre del tercero y de las razones de los ataques.

No era un secreto para los que se movían en el mundo shinobi que después de la guerra todavía quedaban ninjas rezagados, ninjas rezagados que permanecían en desgracia debido al declive económico que hubo por todos los desastres en los diferentes países e infinidad de ciudades.

Naruto levantó la mirada para confirmar que ambos habían prestado atención, fue solo unos segundos, pero Hinata enrojeció hasta los cimientos por ese deje tan exiguo de atención. A Sasuke se le antojaba patético, pero eso no quitó que en el fondo, en el centro de su estómago sintiera una cosquilla de molestia y un poco de asco…

— ¿Eso es todo? — su voz sonó más ácida que desdeñosa.

— Sí — respondió Naruto, ignorando el tono de voz de su amigo —. Se van esta misma tarde, pueden retirarse — dijo volviendo a su trabajo —. Vayan con cuidado. — la frase estaba de más, así que Sasuke solo chasqueó la lengua.

Miró de reojo a su "compañera", ésta rehuyó de su mirada y después desapareció. Claro, con desaparecer significaba que casi huyó de la oficina del Hokage, mientras que él, más elegante, hizo un par de sellos dejando una estela de humo.

Al final, cuando Naruto se vio solo, contempló el lugar donde habían estado. Sus ojos azules se tiñeron de preocupación y duda. Negó con un movimiento de cabeza y soltó un suspiro.

Sakura sufriría mucho antes de darse cuenta que estaba equivocada, en todas y cada una de las decisiones que había tomado con respecto a su matrimonio… Y él, como su amigo, tenía el deber de hacerla caer antes de ayudarla a levantarse.

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Lo había pensado bien, lo caviló durante mucho tiempo. Demasiadas semanas y tiempo invertido, medicamentos, todo… Y aún tenía en su mente aquella vocecita que le decía que era una mala idea, su peor decisión. Ahora no podía estar más de acuerdo. Observó el frasco de pastillas, aquellas pastillas de color blanco con una línea rosa trazando los bordes. Su creación, su medicamento personalizado para la fertilización.

Le llevó meses poder crear una potente droga que le permitiera ovular de forma regular, normal. ¿Por qué creó su propio medicamento de fertilización? Uno, porque quería tener un hijo y dos, porque los fármacos normales usados para la ovulación no funcionaban en su caso debido a un accidente con aquellos químicos. Todavía no entendía como derivó todo aquello, lo único que sabía era que sus hormonas estaban lo suficientemente alteradas que no respondían a los tratamientos de fertilización normal. Así que, como buena médica, decidió experimentar y así crear una droga que fuese capaz de ayudarla. Para eso tuvo que hacer exhaustivas investigaciones, quedarse hasta la madrugada en su laboratorio y volver a sus clases de química. No lo negaría, no había sido fácil, pero había valido la pena. Con eso ahora tenía un ciclo menstrual normal que le permitía ovular, ya que sus condiciones reales eran las de una mujer con Síndrome de ovario poliquístico*.

El problema, técnicamente, se había resuelto. Su producción de óvulos ahora era normal, o todo lo normal que se podía en esas condiciones. Incrementaba las posibilidades de embarazarse de un 2% a un 75%, era un aumento de números bastante considerable.

Empezó a fabricarlo antes de que empezaran todos los problemas en su matrimonio, y lo terminó antes de que Naruto le encomendara esa misión tan especial y personal. Estuvo tan enfrascada en sus investigaciones que lo había olvidado por completo. Relegó la importancia que tenía ese medicamento, el peso que tendría para su matrimonio y porque no decirlo, para ella misma. La iluminación le llegó después de uno de los días más estresantes de su carrera, la eliminación de aquel primer sello… Entonces, inocentemente, se dijo:

"Ya es hora de que pongas en práctica por lo que tanto has trabajado, Sakura".

Gran error…

Se preocupó cuando las cosas empeoraron, dejó de tomarlo.

— ¿Sakura-san? — llamó Hanabi despertándola de su letargo.

Ella intentó ocultar su preocupación de la chica, pero no era ninguna tonta. Parpadeó un par de veces, enfocándola y esbozando una débil sonrisa. Los ojos pálidos le miraban con especial atención, una pequeña luz curiosa cruzó por ellos y a ella le divirtió que, a pesar de tenerle un gran respeto y comportarse de forma madura, seguía siendo una niña. También se dio cuenta que de todos era la más parecida a Neji…

— Disculpa, Hanabi, estaba soñando despierta — no mintió, por lo menos no del todo.

— ¿Segura?

Hanabi se percató de lo perdida que andaba Sakura en esos días, especialmente ese estaba en la luna. Aunque el profundo gesto de preocupación y tristeza impreso en su rostro era suficiente para sobre entender que tenía problemas, probablemente muy serios.

La Haruno quería con muchas ganas hablar con alguien, explayarse y contarle lo que la acongojaba. Deseaba tener la confianza de decirle a alguien lo infeliz que era en su matrimonio, además la creciente ansiedad que le generaba esa gran idea que ahora le parecía un terrible error.

Sin embargo, no podía involucrar a nadie, no responsabilizaría a nadie más de sus problemas. No pondría cargas extras en los hombros de otros, por muy amigos que fueran, por mucha confianza que tuvieran, no tenía derecho de achacarle sus problemas a otro cuando eran solo suyos.

Así que hizo lo mismo que durante todos esos años, mentir.

— Totalmente — esbozó una sonrisa que flaqueó por unos segundos.

Hanabi sería una niña, pero incluso siendo una niña tenía el don de la observación y una tremenda intuición cuando de personas en problemas se trataba. Posiblemente lo había aprendido con su hermana mayor o con su primo Neji, tal vez un don aislado que solo ciertos miembros de la familia poseía. Ya que este último también lo poseía a un rasgo más avanzado. Entonces supo que Sakura mentía, sentía mucha curiosidad por saber lo que la aquejaba, tal vez no podría ayudarla como debía, pero por ahí decían que desahogarse funcionaba. Más no la presionó, su educación no se lo permitía. Entraría en la categoría del terreno de la invasión a la privacidad, un terreno de lo personal que no debía traspasar a menos que la persona en cuestión se lo permitiera. Además, probablemente tampoco la entendería. Hanabi se consoló con ese pensamiento, a pesar de que muy adentro sentía una inquietud muy extraña.

— Es mejor que empecemos con tu entrenamiento, has tenido dos semanas para mejorar tu control de chakra, veamos que puedes hacer ahora — alentó Sakura zanjando el tema.

Ambas caminaron hacia el centro desarrollando ejercicios simples, por supuesto Sakura ayudaba con una que otra instrucción cuando era necesario. Lo bueno de los entrenamientos era que sus problemas quedaban en segundo plano y se centraba en lo que mejor sabía hacer, usar su chakra.

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A unos cuantos metros, escondido entre dos pilares y una puerta corrediza se encontraba Neji, contemplando progreso de su prima sin invadir el espacio de ninguna. La mirada del shinobi estaba centrado más en la esposa de Sasuke Uchiha que en su prima menor. Al estar alejado, casi camuflado en las sombras, ningún alma se percataría del pequeño brillo pasional que llenaba sus ojos, tampoco de lo pecaminoso que se tornaban sus pensamientos, hasta llegar al grado de lo inmoral cada vez que la tenía cerca… Se sorprendía a sí mismo del grado fantasioso de su imaginación. Nunca antes le había pasado, y eso, aunque le costara admitirlo, le asustaba.

Iba camino a su habitación después de una larga y agotadora conversación con su tío, en la que tuvo que imponer su opinión y dejar claro su rechazo hacia la estúpida idea caviló de un matrimonio entre familias. Él no deseaba compartir su vida con una mujer desconocida, mucho menos con su propia familia. Para este caso Hinata.

Una mujer con la que no deseaba convivir el resto de su vida, lejos del hecho que compartían los mismos lazos de sangre. Eso del incesto no iba con sus ideales familiares, por mucho que increparan que era para mantener la línea sucesoria. Él por su parte pensaba que era una idea arcaica y desatinada, además de desagradable. Guardó esos pensamientos para él, no quería ofender más a su tío. Suficiente tenía con que le hiciera hincapié en que no haría tal tontería, sino que Hinata no tenía las aptitudes ni el carácter para esposa de un próximo líder del Clan. No era que la menospreciara ni mucho menos, pero Neji estaba muy seguro que como ama de casa ideal su prima encajaría perfectamente en el perfil, no así para la esposa de un líder. Si como kunoichi tenía grandes fallas, y si bien eso no tenía nada que ver con los asuntos reglamentarios de la familia, sabía bastante bien que a su prima no le interesaban. Algo que, eventualmente, la llevarían a fracasar incluso en ese papel.

La discusión con su tío se tornó intensa hasta que él se cerró e incluso amenazó con parar toda ese "proyecto" que Naruto había iniciado. De esa manera ya no tendría un motivo por el cual presionarlo a hacer algo que no deseaba, no pretendía que lo manipularan más. Ya suficiente tenía con esa marca tatuada en su frente, como para que alguien le dijera como debía dirigir su vida, sobre todo la personal.

Si su cargo estaría condicionado, prefería rechazarlo. Le sonó como al típico premio que los padres dan a sus hijos después de tener un buen comportamiento. A una acción buena una compensación, condicionando así su comportamiento y parte de su carácter. Llegó a la conclusión que para ocupar el puesto de su tío debía aceptar sus condiciones, eso no iba con él y no estaba dispuesto a consentirlo. No era desleal por hacer valer sus derechos como individuo, así tuviera que llevarse un castigo por rebeldía en el proceso.

Primero estaban los deberes consigo mismo y luego con su familia, esa fue la enseñanza que le dejó su padre. Escoger su propio destino. Ya suficiente tenía con lidiar con el sello maldito, como para que tuviera que tolerar más imposiciones.

Después de toda esa jerga psicológica y su creciente amenaza de rechazar el cargo, a Hiashi no le quedó más que ceder ante él. Neji sabía perfectamente bien que si algo destacaba en su tío era que no le gustaba perder, eso de ceder no iba con él, pero tenía que ver hacia el futuro; porque en el pasado había cometido muchos errores y no quería repetirlos. Con su sobrino menos que nadie. Su elección de sucesor era más que acertada. No existía hombre más honorable y respetable que él. Con altos valores morales, un gran sentido del honor y el deber.

Hiashi también estaba consciente que no era una persona manipulable, por lo menos ya no más. Así que cedió, porque sabía que ninguna de sus hijas portaría el apellido de la misma forma que su sobrino. No con tanto honor.

Dejando de lado todo ese "lío", persistía aquel picor oculto en sus manos cuando rozó la piel suave. Sus dedos se movieron inconscientemente palpándose entre sí, recordando la seda manchada que representaba la tez de Sakura. Las imágenes de marcas oscuras y verdosas todavía azotaban su consciencia, de forma que aparte de anhelo sentía furor. Sentir ese tipo de emociones para él era totalmente nuevo, nunca antes las había sentido de manera tan intensa. Razón por la cual se mantenía alejado de cualquier contacto e interacción fuera de la reglamentaria. Hasta ese momento había tenido éxito, pero incluso con su esfuerzo siempre existía algo que terminaba empujándolo a encontrarse con ella…

Para muestra un botón, ahora estaba más cerca de lo que planeaba y al mismo tiempo tan lejos… Le resultaba insano y truculento. Como si la vida le tentara probando su fuerza de voluntad, desafiándolo a cruzar esa delgada línea que dividía su cordura entre la locura y la razón. Entre lo correcto y lo inmoral.

Nunca antes se sintió tan confundido, tal vez porque era un hombre bastante práctico que no ahondaba en sus sentimientos, no de ese tipo por lo menos.

Desplazó la mirada siguiendo sus movimientos, hebras rosas se agitaron al compás del viento y una delicada mano los volvió a su lugar con una oscilación distraída. Lo que hacía era perverso, y no el sentido más común de la palabra. Sino perverso en el sentido que Sakura era una mujer casada, y el fantaseaba con pasar las manos sobre ese suave cabello y luego acunar su rostro. Perverso en que sabía que tener ese tipo de pensamientos estaba mal, pero él se sentía tan bien… Un desplazamiento de Hanabi le hizo parpadear volviendo al mundo real, admiró la facilidad con que Sakura podía tratar con ella y su paciencia. Consideraría que, tratándose de una kunoichi con un carácter tan explosivo, el temple estaría fuera de sus límites.

Una cualidad más para anotar en su lista.

Un ruido en el pasillo le alertó de que alguien se aproximaba, quizá alguien de la servidumbre o algún otro familiar. Cual fuera el caso, no deseaba que lo encontraran ahí porque se sentía como un mirón, a pesar de que el ocaso lo enterraba entre sombras.

Lo mejor que podía hacer era irse antes de que ellas terminaran su entrenamiento y pasaran por ese pasillo, ya que era el único camino hacia la salida de la mansión. Además, evitaría cualquier tipo de cuestionamiento que pudiera surgir. Neji dio media vuelta, no sin antes echar un vistazo a la medic-nin, negó con la cabeza y se reprochó su fijación.

No estaba bien desear a la mujer del prójimo.

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Soltó un suspiro cansada, descansó la mano sobre su barbilla y levantó la mirada. Sus ojos verdes estaban clavados en la figura estilizada de su rubia amiga, que se paseaba de un lado a otro como un niño con alta dosis de azúcar. Sus ojos brillaban con la emoción característica de una mujer enamorada, de una futura esposa. Ino acababa de anunciarle su compromiso mientras le contaba la peculiar pedida de mano.

— Te imaginas, estábamos descansando sobre el pasto observando las nubes cuando de repente me dice, ¿quieres casarte conmigo? ¡Ahí, mirando las nubes! — gritó, Sakura hizo una mueca cuando le dolió el oído, uno de esos días Ino acabaría por reventarlo —. Solo a él se le ocurre que esa podía ser una magnífica propuesta de matrimonio — añadió fingiendo enojo, aunque en el fondo ella sabía que estaba feliz porque Shikamaru por fin diera el siguiente paso.

— Míralo de esta manera, fue mejor que cuando Sasuke me lo pidió en medio de una batalla… — trató de bromear, quiso sonar burlona, pero no pudo evitar la amargura que se escapó en su tono de voz al final de la nota.

— Eso es verdad — dijo Ino, con aquella sonrisita llena de suficiencia que la medic-nin conocía de sobra.

Ella trató de esbozar una sonrisa que complementara el sarcasmo, pero no fue capaz de siquiera hacer una mueca. Por la mirada se le escapaba la amargura y la desilusión e Ino no era ninguna idiota, no se haría de la vista gorda.

— Sasuke te engaña de nuevo ¿cierto?

Sakura dio un bote, sorprendida, aunque se lo esperaba desde hace mucho, jamás creyó que Ino se atreviera finalmente a hacerla.

— No me mires así, todo el mundo lo sabe, él ni siquiera lo oculta. — ella sintió una terrible vergüenza, tanto que lo único que le apetecía era salir corriendo — ¿Qué es lo que pasa, Sakura, por qué no me lo cuentas?

Ino Yamanaka podía ser todo lo que quisiera, loca, chismosa, metiche, envidiosa, pervertida y muy competitiva. Pero Sakura era su amiga, su mejor amiga, casi su hermana. Se conocían desde el jardín de niños, era capaz de reconocer cuando algo con ella no andaba bien. Que no le dijera nada no significaba que no lo supiera, le asombraba realmente que se hubiera tardado tanto en abordar el tema. O por lo menos en intentarlo.

— No es nada de importancia, Ino, solo problemas que tiene todo matrimonio — fingió no darle importancia, recompuso una sonrisa, esa que había pulido durante meses para engañar a todo el mundo. Esa que decía: no estoy equivocada, mi matrimonio no es un fracaso.

— Mientes — arremetió la rubia.

La sonrisa de Sakura flaqueó, todavía le quedaba una salida.

Huir….

— Ya es tarde, debo irme, mañana tengo que retirar la segunda parte del sello y no puedo darme el lujo de perder el tiempo. Nos vemos luego, Ino, y… Felicidades por tu compromiso con Shikamaru.

No dio tiempo a que su amiga se despidiera, se levantó y se fue de ahí lo más rápido que pudo. No quería más preguntas, no quería dedos acusadores señalándola de inepta y estúpida. No se sentía con el valor de hablar acerca de su matrimonio con las personas que le advirtieron en primer lugar que era un error de proporciones gigantescas. Pero el orgullo le impedía decirle a Ino que su esposo estuvo a punto de asfixiarla mientras tenían sexo… Todavía no estaba preparada para admitir delante de ella (y tal vez de nadie) que estaba atormentada y que era infeliz siendo la esposa de Sasuke Uchiha.

Aunque claro, Sakura era consciente que su amiga no se caracterizaba precisamente por ser dejada con la palabra en la boca. Sabía que encontraría la manera de sacar el tema y hacerla hablar, ella esperaba que, para ese momento, ya fuera capaz de decirlo o la pasaría muy mal.