Dejo los lineamientos de siempre.

Aclaraciones:

Narración.

— Diálogo —

Pensamientos.

Advertencias:

Posible OoC en los personajes.

OC's.

No apto para fans SasuSaku, NaruHina, NejiTen o algún canon.

Género : Romance | Drama | Angust.

Clasificación : T | M.

Disclaimer : El manga y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de ®Masashi Kishimoto.

Nota de autor:

Hola.

Hace un rato que no me paso por esta historia, sé que muchas se preguntaran (como lo han hecho en otras historias), ¿de qué va esta actualización y porque le borré capítulos? La verdad es que esta al igual que otros fics está sufriendo cambios, la he revisado y he notado muchos fallos, quería corregir algunos errores en la trama y mejorar la redacción (yo creo que lo he hecho). Por eso he borrado los capítulos restantes, estoy re-editándolos, incorporando y corrigiendo. Quiero que la trama sea un poco más sólida.

Ahora, he recibido varios mensajes preguntando porque no actualizo, puede que quizás no lo sepan, pero me quedé sin ordenador y me toca abrir documento en el celular, para mí es terriblemente tedioso, pero es mi mejor opción si quiero avanzar ya que está muy difícil que tenga otro ordenador medianamente decente que me permita hacer todo lo que necesito… Pasaré mucho, mucho tiempo sin computadora. Es por eso que no actualizo tanto como me gustaría o no avanzo en la re-ediciones, les aseguro que mientras tenga vida no dejaré inconclusa tanto esta como otras historias.

Espero que disfruten esta redacción tanto como la antigua, hasta la próxima.

Re-editado.


Capítulo 14.

.

«Un buen amigo sabe todas tus historias. Un mejor amigo ha vivido esas historias contigo».

Anónimo.


Después de su charla (interrogatorio) con Ino aquel día, Sakura se dio a la tarea de aplazar por un poco más de tiempo el retiro de la segunda parte del sello, claro, no fueron semanas, solo unos días en los que pudiera estabilizarse para poder concentrarse y así ejecutar su trabajo adecuadamente. Su mente estaba dispersa, vagando por lugares insospechados un poco incómodos.

Dentro de su cabeza, centelleaban imágenes de una historia de fantasía de un amor grande e inquebrantable que su cerebro tejía sin aviso ni tregua. Una familia feliz, una vida plena, hijos… Veía una pantalla en blanco y negro de una película vieja que jamás pasó.

Una película donde escondía llantos y aparentaba sonrisas, aumentando ese enorme hueco en el estómago que le provocaba náuseas y desazón.

Sakura-chan…

Un vacío que de repente se hacía más grande, más hondo y más fuerte que una bola de demolición.

Sakura-chan…

Un vacío que parecía arrasar con todo a su paso.

— ¡¿Sakura-chan?! — dio un bote asustada por el grito.

— ¡NARUTO! — exclamó —. No grites, Neji-san está descansando. — recordó, volteando hacia la cama para cerciorarse de que, en efecto, el hombre seguía durmiendo — ¿Qué es lo que sucede?

Naruto guardó silencio por unos minutos, tomó una silla y la colocó a su lado. Mientras acomodaba su capa, Sakura se preguntó que podría llevar a su amigo hasta ahí. La preocupación por Neji era plausible, solo que había algo más… Una alarma se encendió dentro de su cabeza previniéndola de lo que posiblemente sucedería.

Él clavó sus ojos azules en los de ella, su rostro calmado era traicionado por un velo de inquietud en su mirada. Sintió un escalofrío, no de incertidumbre sino de miedo. Porque de alguna manera se dio cuenta que ya lo sabía todo… Y eso le aterraba.

La kunoichi contempló como los ojos azules le escrutaban de forma que no le podía ocultar nada, como desde hace meses, ladeó la cabeza incapaz de sostenerle la mirada. Naruto no era tonto, estuvo hablándole el tiempo suficiente como para que se percatara que algo no andaba bien. Que se distrajera no era muy común, no en estos casos por lo menos.

Naruto suspiró, decidido a abordar el tema.

— ¿Me dirás por qué me mientes?

Sakura no necesitó que le dijera a qué se refería, no, pero eso no significaba que quisiera contestar para confirmarle sus sospechas y reiterar las palabras antes de su boda. Incluso antes del compromiso. Se quedó callada.

El rubio esperó por aquella respuesta que no obtendría, Sakura era orgullosa, demasiado. Tenía una terrible predisposición a ocultar sus errores, no porque no quisiera aceptarlos; sino porque le daba vergüenza hacerlo. Lo que no debería, ya que como humanos todos los cometemos. Hacerla hablar sería difícil, casi imposible.

— Las cosas están mal con Sasuke, ¿no? — picó un poco, ella mantuvo la mirada lejos de su rango. Naruto no tenía problemas, su paciencia era muy grande, su único impedimento era que carecía de tiempo libre y debía aprovechar cada segundo para ayudarla. —. Lo sé porque lo vi el otro día persiguiendo a una rubia… Justo con la que se fue de la fiesta en la casa de los Hyūga.

Aquello le dolió a Sakura y apretó los labios, levantó la cabeza en un intento desesperado porque su amigo le dijera que era una mentira, una broma. Solo encontró la verdad absoluta y compasión en su mirada. Naruto era honesto, y eso de alguna manera hizo que le doliera más guardar silencio.

— Sé que te engaña, Sakura-chan. Sé que no es la primera vez que lo hace — afirmó — ¿Por qué lo permites?

La pregunta del millón, ¿por qué lo permitía?

"Porque lo amo…"

¿De verdad?

Prefirió no responder.

Naruto suspiró nuevamente, cansado, si Sakura seguía manteniendo esa postura no llegarían a ningún lado y empezaba a sentirse incómodo con Neji ahí, aunque estuviera inconsciente.

— Porque lo amo — respondió en un murmullo.

Un murmullo que determinaba el hilo de una duda acerca de los sentimientos por su marido.

Naruto inhaló, conteniendo su enojo y su tristeza, conteniendo todas esas palabras y sensaciones que todavía afloraban con respecto a la situación. Lo que necesitaba era un amigo y su objetivo era ayudarla, tal como se propuso al renunciar a Sakura. Se guardó su falta de credibilidad ante ese amor que ella tanto profesaba, también la rabia que le daba que dejara que Sasuke pisoteara su dignidad, su orgullo. Guardó silencio por unos minutos, unos largos y tensos minutos... Y, justo cuando se disponía a no dejarse avasallar por la reticencia de su amiga, una serie de toques en la puerta lo detuvo. Su asistente entró antes que diera el aval.

— ¿Qué sucede, Shizune? — preguntó Naruto, ante la cara afligida de la kunoichi.

No estaba contento, su oportunidad de hablar con Sakura se iba por una resbaladiza pendiente que intentaba mantener a toda costa. A Naruto le parecía que cada que se determinaba a ayudarla, las fuerzas del universo trabajaban en su contra poniéndole trabas. Hizo una mueca de disgusto.

— Hiashi-sama necesita hablar contigo — informó la morena.

Ya se lo esperaba, de hecho, se había tardado un poco más de lo que esperó. Asintió comprendiendo.

— Voy enseguida.

La mujer asintió y se retiró cerrando suavemente la puerta, reinó el silencio durante un par de minutos antes que él se levantara de la silla y la acomodara en su lugar. Sakura dio gracias al cielo que se sintiera lo suficientemente presionado para abandonar la habitación y la conversación. No esperaba que le dijera nada más.

— Sakura-chan — llamó —. Piénsalo, piénsalo bien. Piensa si en realidad crees en lo que dices, piensa cuánto vale lo que estás perdiendo y también lo que estás dejando — dijo, totalmente convencido de lo contrario —. Porque puede que no sólo estés equivocada, si no que estás desperdiciando tu tiempo y la oportunidad de que otro te valore de verdad.

Con esas palabras Naruto abandonó la habitación, la típica sonrisa de "todo estará bien" había desaparecido y quedaba solo una amarga en su lugar. Sakura se quedó en silencio mirando la puerta que se cerraba lentamente con un leve rechinido de bisagras. Tembló, sabiendo que su secreto ya no era secreto y que su camino hacia la rectificación de sus errores aún no comenzaba.

— ¡Avísame si hay alguna novedad! — escuchó a lo lejos, a través de la puerta.

Ella intentó respirar, evitaba hiperventilar aunque se sentía mareada. Su corazón latía rápidamente, necesitaba calmarse. Cerró los ojos y respiró hondo, sus manos se volvieron puños y empezó una cuenta regresiva desde cien. Tenía que recomponerse.

Cuando consiguió calmarse miró a su costado, Neji continuaba dormido, descansaba plácidamente ajeno a sus problemas. Le aliviaba la idea de que su sueño era tan profundo que no escuchó nada de su conversación con Naruto, un cuerpo agotado era suficiente como para hacerlo dormir pesadamente, ahora no hablemos de una mente. El cansancio era brutal.

Suspiro eliminando la carga que le suponía imaginar la posibilidad que el shinobi supiera algo tan personal, tan íntimo. Suficiente tenía con su amigo sabiendo las andanzas de su marido, como para que él también lo supiera. Por experiencia sabía que Neji poseía un sentido moral demasiado estricto, la juzgaría y le pondría una etiqueta. Ya lo había hecho antes, lo vio juzgar y condenar la estupidez y pobre desempeño en un campo de batalla. Sí, era verdad que el genio había cambiado a lo largo de los años, pero ella apenas había visto nada en los escasos trabajos que compartieron. Le mortificaba ser objetivo de su crítica, tal vez porque se sentía demasiado tonta por dejar que Sasuke la tratara de esa manera. Demasiado recto, demasiado rígido y a ella le avergonzaba que se enterara que su matrimonio no sólo era una mentira, sino un chiste.

Desafortunadamente las cosas a menudo no salen como queremos, Sakura lo descubriría pronto.

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.

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Deseó que por un momento su oído hubiese sido afectado, por un instante lo prefirió.

O por lo menos, no tener la fortaleza física y la buena salud que hasta ahora demostraba. Añoró ese momento de inconsciencia total donde nada lo podía perturbar, debilidad que en contra de su orgullo lo mantuviera fuera de esa conversación que no debió escuchar. Todo fue al revés.

Neji se maldecía a sí mismo por las respuestas de su cuerpo que no podía controlar, ser partícipe del intercambio entre Sakura y Naruto le incomodaba. Un diálogo íntimo entre amigos, una conversación que implicaba detalles de un matrimonio que no deseaba saber, pero que ahora tenía grabados en su memoria y, contrario a lo que imaginaba, sentía culpa y una pizca de remordimiento.

Despreciable…

Así era como se sentía después de oír lo que no debía, de estar tentado e interesado por ella, por lo que le pasaba. No era un secreto para nadie que Sasuke Uchiha engañaba a su esposa, todos en la aldea lo sabían, sólo preferían mirar hacia otro lado. Ella también era consciente, pero prefería tener memoria selectiva e ignorar el problema. ¿Por qué debía importarle una mujer que se inclinaba a continuar en un matrimonio sin amor? ¿Por qué interesarse en Sakura? A Neji le quedaba claro que la kunoichi no sólo mantenía una relación sin amor, si no que además era tóxica y le causaba daños físicos. Se sabía que Sakura era una mujer terca y orgullosa, jamás imaginó que a ese grado. No debía interesarse, pero lo hacía, al punto que lo inmoral e incorrecto quedaban relegado.

Puso su mano derecha frente a él y la extendió, observaba cuidadosamente la palma con los dedos separados. Buscaba algo, ¿pero qué?

Su mente lo conocía, buscaba rastros de piel, la piel suave y cremosa que había quedado verde y amoratada después de ser lastimada. La piel de Sakura… Sus manos todavía hormigueaban al recordarla, un roce y el deseo de tocarla prevalecía por encima de cualquiera de sus prejuicios, quedaba hechos añicos. La sensación permanecía en su mente como un recuerdo grabado con fuego y, a la vez, se le escapa entre sus dedos como mantequilla, suave y escurridiza.

Frotó su dedo índice y medio con el pulgar, como si todavía pudiera sentirla… Neji supo de inmediato que tener contacto de nuevo sería su perdición, una prueba total para su autocontrol. Un desafío, un peligro.

Soltó un suspiro.

Su cabeza era un caos ajeno a lo que debía importar, ¡era un hombre libre! Los días de angustia, frustración, decepción y tristeza habían terminado. Ya no había sello que lo retuviera, nadie que lo amenazara, nadie que doblegara su voluntad. Obtener un lugar en el Souke le tenía completamente sin importancia, en algún punto de su vida esa ambición quedó obsoleta, solo le importaba su libertad. Y, en su mayoría, imaginó que llegaría con la muerte como a su padre. Sin embargo, no fue así, debía sentirse feliz, seguro de que su vida cambiaría y haría mejores cosas de ahí en adelante. Todo había quedado opacado por ella, por la mujer que lo liberó de su jaula forzada.

No estaba bien, no era correcto.

— ¿Nii-san? — la voz de Hanabi hizo eco en la habitación silenciosa.

Neji apenas pudo girar la cabeza, estaba demasiado adolorido para intentar algo más. El efecto del sello había sido demasiado potente como para dejarlo completamente molido, casi incapacitado para moverse.

Sakura le había explicado que estaría casi inmovilizado por un par de días, tenía los músculos agarrotados y lastimados, se sentía pesado. Tardaría un tiempo en recuperar sus funciones motoras y las cerebrales serían confusas, como un velo cubriendo sus ojos momentáneamente. También tendría un poco de mareo y dolor de cabeza, le sonaba lógico por como se sentía. Un efecto secundario temporal del que no se debía preocupar, disminuiría con el paso de los días.

— ¡Estás despierto! — exclamó contenta.

La kunoichi también le explicó que estaría inconsciente durante el reajuste de sus sentidos, se había equivocado. Eso dejaba en claro su excelente salud física y mental, por supuesto no podía culparla, la recuperación dependía de cada paciente, lo que estaba fuera de su control.

— Sakura-san dijo que tardarías en despertar — murmuró la niña.

Cerró rápidamente la puerta y corrió a su lado junto a la cama, en otro tiempo hubiese tomado esa conducta como impropia, vergonzosa, fuera de lugar; tal como lo haría su tío. El protocolo de educación en su familia era muy estricto, el menor error equivalía un castigo, a veces duros y otros tantos crueles. La vergüenza y la desobediencia no era algo que se tolerara en el Clan, por lo menos ahora ya no eran tan brutales como en antaño. No significaba que no hubiera crecido con esa creencia, resultaba un poco difícil deshacerse de lo que parecía un credo. Neji era consciente que su familia tenía creencias equivocadas, que existían mejores maneras de fomentar valores que no implicaban maltrato físico ni psicológico.

Por eso le permitía a Hanabi comportarse como lo que era, una niña. Censurar su comportamiento no era la manera de corregirla, despues de todo tenía el derecho de comportarse así. Le gustaba la idea de qué, al dejarla ser retrasaba el duro significado de la vida de un shinobi. Ahora seguía en el mundo donde los problemas eran fáciles e insignificantes, donde un error no le costaba la vida a su compañero o la suya propia. Donde la palabra decisión tenía un alcance más grande, más importante y los problemas podían tornarse graves e imposibles de resolver. Donde las crisis de identidad roban tiempo, esfuerzo y esperanza.

¿Quién era él para quitarle los pocos años que le quedaban de infancia? ¿Qué derecho tenía de complicarle más la vida?

— Tal parece que se equivocó — respondió, con la voz más áspera y seca. Tal como Sakura se lo había advertido tenía las cuerdas vocales tensas —. Ayúdame a sentarme.

Hanabi sonrió alegremente, no era de todos los días que él pidiera ayuda. Sin embargo, tan soberbio como era, Neji era capaz de admitir cuando la necesitaba. Sabiendo sus limitaciones no le quedó más remedio, además su prima era una de las pocas personas a las que le pediría ayuda porque sabía que no se burlaría ni lo divulgaría.

La niña sentía gran admiración por su primo, la revelación de su padre en aquella ocasión la marcó. Saber y aprender de él se volvió un mantra después de enterarse de la verdad que envolvía al Bouke, acercarse le tomó todo el valor que tiene una niña que le teme al monstruo en el armario. Su impulso significó un paso para mejorar las relaciones entre las ramas familiares, crearon un lazo especial, muy fuerte y lleno de confianza.

Razón por la cual ahora Neji era capaz de pedirle ayuda.

Hanabi le dio su brazo para enderezarse, su esfuerzo era pequeño comparado con el de él. Resultaba impresionante que pudiera moverse sintiéndose tan débil y entumido, su parte inferior hormigueaba al igual que la punta de sus dedos. Supuso que era normal, esperaba que desapareciera pronto, que no hubiera ninguna afección permanente.

— Padre vendrá a verte más tarde — advirtió Hanabi.

Él asintió levemente, acomodó lo mejor que pudo la espalda y respiró aliviado. Se sentía cansado, pero estar recostado boca arriba le asfixiaba. Ni en la más cruel de las batallas su cuerpo se había sentido tan rígido, sus músculos estaban tan agarrotados que parecían cartón.

— ¡Sakura-san es grandiosa! — exclamó la pequeña.

Le dolieron los oídos pese a que ella no había gritado, sus sentidos estaban sensibles tal vez por todo el proceso, un dato a considerar más adelante por si no había cambios. Bien podía ser un efecto secundario temporal o uno permanente. No debía preocuparse, por lo menos no de momento.

Hanabi contemplaba su frente con aturdimiento, como un cáliz sagrado, un objeto inanimado e inalcanzable.

Su frente estaba limpia, libre de esa marca que lo aprisionó desde la niñez, que lo mantuvo en el odio y el rencor durante tanto tiempo… El Sello del Pajaro Enjaulado se había ido y ahora podía volar sin ataduras. No había más cadenas.

—Sakura-san es increíble — murmuró Hanabi admirada.

— Sí, lo es — Neji sonrió discretamente compartiendo el sentimiento.

Su prima no lo sabía, pero hubo un momento en el que creyó que no sucedería. ¿Liberarse del sello? ¿Cómo? Nadie nunca antes lo había intentado y creía difícil que alguien se atreviera, por supuesto, había olvidado la fantasiosa promesa de Naruto. Debió saber que si existía alguien capaz de desafiar a su Clan para cumplir sus palabras, ese definitivamente era Naruto. Le tomó algunos años hasta que finalmente lo consiguió, claro, eso no hubiera sido capaz de concretarse sin la kunoichi que, a pesar de todos sus defectos, dilemas y problemas, llevó a cabo la misión con precisión y profesionalismo. Aún cuando él dudó de ello. Ahora tenía su admiración y respeto.

Meditó por unos minutos, después de eso ya no la vería más, eso era bueno para todas esas sensaciones contrarias que venía experimentando. La parte racional de su cerebro le recordaba que era lo mejor, pero había otra, una más pequeña que no deseaba esa distancia. Su integridad moral peligraba con su cercanía, le repugnaba tener esos pensamientos, esos sentimientos, esas sensaciones indecorosas…

Aunque secretamente era más decepcionante no poder hacerlas realidad.

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Tuvo que leer varias veces, repetidamente, exhaustivamente buscando un fallo fantasma que le obligara a desistir, una excusa patética que le diera un argumento para decir NO. Pará su desgracia todo estaba correcto, sin una falla, ni siquiera ortográfica. Si existiera ya los hubiera mandado a hacer unos nuevos, por lo menos le daba unas horas más de tranquilidad. Contrario a la urgencia y respuesta inmediata que se solicitaba en esos papeles…

Tiró la carpeta justo al lado de los interminables pergaminos que debía revisar al costado derecho, se frotó la frente con los dedos índice y medio. Se tomó unos minutos antes de mirar a ese par que lo presionaban, soltó un suspiro frustrado. ¿Estaba bien lo que pensaba hacer?

— No quiero dudar de su criterio, pero… ¿Están seguros de esto? — preguntó Naruto.

— Es un grupo pequeño que pueden manejar, estarán bien — respondió Itachi.

— Acaban de terminar todo este "asunto"… — murmuró pensativo —. No estoy seguro de que sea una buena idea enviarlos.

— Yo los creo adecuados para el trabajo — contestó Kakashi con su habitual confianza.

— Pienso lo mismo — apoyó Itachi.

Naruto no estaba muy convencido. Como Hokage estaba acostumbrado a tomar decisiones serías, relevantes y algunas veces difíciles. Muchas responsabilidades le caían de pronto y la vida de los civiles era lo primero, ese grupo no era una amenaza, sabía que Sakura y Neji podrían manejarlo sin mayor consecuencia; si estuvieran en óptimas condiciones. Ahí estaba el problema, él no era médico, pero consideraba que ninguno de los dos tenía la capacidad para enfrentarse a ellos en ese momento. ¿O acaso era su sentimentalismo el que le nublaba el juicio?

— Míralo de esta manera — expuso Kakashi —, sería una buena oportunidad para ponerlo aprueba y demostrarle a Hiashi que no hay consecuencias en la eliminación del sello — porque estaba claro que el líder del Souke no se compraba la desaparición total de la maldición.

— Sí, ya lo sé, gracias por recordármelo — gruñó disgustado, Itachi solo sonrió.

— ¿Acaso no quieres ayudarlos? — ¡por supuesto que quería! Solo que no creía que mandarlos a una misión de efecto inmediato era la mejor solución —. Sé que Neji no permitiría que nada le sucediera.

Kakashi tenía razón, Naruto sabía que, al igual que él, Neji sería capaz de dar la vida por cualquiera de ellos y no dudaba que protegería a Sakura. Le preocupaba que ella no estuviera a la altura de la situación, había pasado demasiado tiempo metida dentro de cuatro paredes en el hospital. No había garantías, pero debía admitir que era la mejor opción que tenía para ponerla de nuevo en el ruedo y que sus habilidades como kunoichi no se oxidaran.

Naruto suspiró, las dudas lo carcomian, se consoló repitiéndose que Kakashi e Itachi no lo sugerirían si no fuera una buena idea. Lo recorrió una mala sensación, como el anticipo de un malestar en el estómago, tal vez más profundo. ¿Estaba bien lo que iba a hacer?

— De acuerdo, ustedes ganan — admitió con desgana —. Consulten el estado de Neji y luego los hacen venir — ordenó, en eso no sería flexible

Por boca de su amiga estaba consciente que el shinobi no estaría bien hasta dentro de unos días, eso les daba el tiempo suficiente para procesar su llamado.

Kakashi e Itachi asintieron y luego se esfumaron como rayos en noche tormentosa.

Por el bien de todos esperaba que la estratagema de esos dos funcionara, porque si no se encargaría él mismo de colgarlos de la rama más alta que encontrara. Se animó con ese pensamiento, aunque la verdad era que el malestar no se iba, empeoraba...