Advertencias:

Posible OoC en los personajes.

No apto para fans SasuSaku, NaruHina y NejiTen.

Género: Romance | Drama | Angst.

Clasificación: T | M.

Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.

Nota de Autor:

Si hay algún comentario o disconformidad, por favor no duden en dejar su opinión abajo en la cajita de comentarios, sus observaciones serán siempre apreciadas. Recuerden dirigirse a los escritores siempre con respeto, yo les responderé en la medida de lo posible. Muchas gracias por leerme, hasta la próxima.

Re-escrito.


Capítulo 16.

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«El dolor más intenso no es físico; es aquel que te roba la ilusión por la vida».

Anónimo.


Neji estaba inusualmente preocupado y se sentía extrañamente dolido.

La herida de Sakura era seria, potencialmente mortal. Sin embargo, no solo era la urgencia por ese tratamiento la que los transportó a la aldea, sino el hilo rojo que se convirtió en una horrible mancha que goteaba entre las piernas de la kunoichi.

Estaba embarazada.

No pudo dejar de pensar en eso mientras ingresaban a la aldea, en cuanto pisaron el hospital un equipo los esperaba en la entrada y Tsunade Senju lo encabezaba. Se llevaron a Sakura enseguida, justo en el momento que Naruto apareció. Se había enterado casi de inmediato, ese presentimiento de que algo iba a salir mal jamás lo dejó desde que asignó la misión y, si hubiera sido más firme; nunca habría escuchado a ese par.

La culpa le atravesó el corazón como una daga y el peso de lo que pudiera sucederle a su amiga lo dejó sin aliento. ¿Qué pasaba si no sobrevivía? ¿Sería capaz de vivir con esa culpa? ¿Se lo perdonaría algún día?

No, si su mejor amiga moría en esa sala la culpa lo perseguiría para siempre y estaría bien, porque jamás debió dejar que la lógica de la situación superara a su intuición.

— Naruto no puedes estar aquí — llamó Tsunade con ese tono fuerte y firme que la caracterizó como líder en algún momento, él negó con la cabeza.

— No me iré, puedes gritarme todo lo que quieras, pero no me iré — contestó igual de firme, dejando que el sentimiento de culpa se lo tragara por completo.

Justo cuando estaba a punto de decir una retahíla de improperios, Shizune la detuvo.

— Tsunade-sama… Déjelo… — murmuró —. Si lo saca y Sakura no lo logra, no se lo perdonará jamás…

— De acuerdo, que se quede en la esquina, no está listo para ver lo que tengo que hacer.

Naruto había salido unos minutos después de entender lo que iba a suceder ahí adentro con su compañera, su amiga… Quería quedarse, sus heridas eran culpa suya y debía responder por su irresponsabilidad. Pero no invadiría su intimidad, ese límite no lo cruzaría jamás.

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Las noticias después de la intervención fueron terribles para Naruto. Se sentía lo suficientemente culpable como para no quedarse en la habitación privada que le asignaron a su compañera, esperando a que despertara. No tendría la cara para verla y darle la mala noticia, no sería capaz de mantenerse entero, no podría apoyarla y brindarle consuelo si él también se caía a pedazos…

En el fondo, esperaba que Sakura estuviera inconsciente el tiempo suficiente para recomponerse, para mantenerse en una sola pieza mientras ella se desmoronaba. Eso era lo que tenía que hacer porque Sasuke estaba fuera de la aldea. Su amigo tenía por costumbre buscar asignaciones largas que lo mantuvieran fuera de casa por días, pocas veces por semanas. Naruto jamás le permitía irse por tanto tiempo, era consciente que no debía interferir. Ellos eran sus amigos y su deber era apoyarlos, la mayor parte del tiempo tenía la impresión de que Sasuke quería abandonar a su amiga en lugar de hacer las cosas de forma correcta y divorciarse.

En momentos como ese, tal vez que Sasuke desapareciera era lo mejor para su mejor amiga. Las leyes de la aldea permitían que después de cierto tiempo se tomara como abandono y conceder una anulación no costaría nada.

«Que fácil, ¿no?»

Naruto le dio un trago al vaso de whisky y arrugó la cara, no estaba acostumbrado a beber, bueno, no algo tan fuerte. Había sido un regalo de Tsunade el día de su nombramiento, seguramente esperaba que la compartiera con ella.

— ¿Desde cuándo bebes para olvidar? — preguntó Itachi entrando sin avisar en su oficina, Naruto levantó la vista con hastío, lo último que quería eran reprimendas.

— ¿Desde cuándo entras sin tocar?

«¡Touché!» pensó Itachi, soltó un suspiro.

— No es tu culpa, Naruto.

El rubio resopló una risa sin humor, casi con desdén.

— ¿Ah no? ¿Y de quién es entonces?

— La verdad, nuestra — contestó sin dudar.

Si había personas a las cuales culpar eran ellos, después de todo fue por su sugerencia que Naruto tomó la decisión de enviarla. No habían hecho nada malo, lo cronometraron todo de manera lógica y, estaban completamente seguros que, a pesar de las dificultades que había tenido Neji para soportar todo el proceso de su liberación se encontraba en excelentes facultades mentales y físicas para proteger a Sakura si lo requería.

Claro, ninguno de ellos tomó en consideración que todo ese proceso vería la luz de un modo abrupto por el mismo Clan. Itachi jamás imaginó que hubiera personas tan rencorosas en el Clan Hyūga, que no solo pusieran en peligro a su futuro líder, sino que vendieran la vida de Sakura como si se tratara de ganado. No tenían derecho…

Los celos y la envidia eran capaces de corromper a los débiles, aquellos que no tienen convicción, respeto ni principios. Aquellos que no tienen ningún tipo de valor y que solo les interesa el poder. Era triste que una persona tuviese que salir perjudicada de manera tan horrible para descubrir traidores.

Naruto no era culpable, ellos sí, por no pensar que tan grande era el avance que Sakura puso en marcha al liberar a Neji de su jaula.

— ¿Sasuke sabía que estaba embarazada?

Si tan solo Sakura lo hubiera escuchado, si hubiera aceptado su propuesta… Si lo hubiera considerado nada de esto estaría pasando y ese bebé sería SU bebé. Seguiría vivo y ella estaría bien.

Naruto observó que Itachi abría los ojos ligeramente, claramente sorprendido por la pregunta. Todavía no procesaba la pérdida de un pequeño ser que apenas comenzaba a formarse, la idea lo golpeaba de diferentes formas y lamentaba que Sakura tuviera que pasar por ello sola, incluso si todavía no sabía que lo había perdido.

«Es mejor, nada bueno le esperaba en un hogar sin amor, es mejor así» se repitió a sí mismo, pero seguía doliendo.

— No lo creo.

No mentía. Sasuke no era un hombre paternal ni amoroso, pero sabía que desde hace meses deseaba tener un hijo solo para proclamarse como el primero en reconstruir su Clan. A Itachi no le importaba, lo más seguro era que fuese él quien terminara ayudando a su cuñada durante el embarazo e incluso en la crianza del niño ya que a su hermano no le interesaba la tarea. Él solo quería ser el semental, para seguir desapareciendo a sus anchas mientras Sakura se ocupaba de criar a su sobrino.

No se lo diría a Naruto, demasiado mal se sentía con el asunto ya. El rubio emitió una risa triste que le encogió el estómago.

— ¿Sabes? Si Sakura-chan me hubiera dado una oportunidad, yo la hubiera hecho feliz…

Itachi juntó sus cejas, no era un secreto para nadie que Naruto siempre estuvo enamorado de ella.

Estuvo con ellos en cada paso, desde que iniciaron su romance hasta el día de la boda. ¡Fue el padrino por todos los santos! Todo el mundo creyó que había superado su enamoramiento porque, ¿quién haría todo eso? Uno creería que una persona que ama se esconde al no ser correspondida, pero no es verdad. Una persona que ama de verdad está contigo y te apoya sin importar nada, aunque duela. Es lo que Naruto hizo y él lo veía como era.

Naruto le permitió tomar sus decisiones, escoger su camino sin manipulaciones, sin mentiras.

— ¿Esperabas que se diera cuenta de su mala decisión y lo intentara contigo?

El rubio esbozó una sonrisa taciturna mientras negaba con la cabeza.

— ¿Es malo tener esperanzas? — bromeó —. No… Sabía que no sería mía nunca, solo me gustaba soñar que sí. ¿Es eso malo?

— No, no lo es.

Itachi también había soñado con esa posibilidad en su momento.

— Jamás esperé que mis acciones la guiaran a mí, no soy tan mezquino, Itachi — le miró encima del borde del vaso mientras le daba un largo trago al licor —. Nunca me ha importado ser su mejor amigo, su confidente ni su paño de lágrimas. Si ella era feliz, ¿qué importancia tenía que me viera como su hermano? Su felicidad es mi felicidad — explicó sin rencor —. Pero mira donde estamos ahora, tu hermano le falló. La ha humillado y degradado demasiado, la ha hecho infeliz, ¿cómo se supone que deba sentirme al respecto? — preguntó —. He estado en primera fila viendo su declive y ahora le he puesto una carga más encima, ¡la volví un blanco!

Itachi pensaba que tratar de ayudar a un amigo y hacer cumplir una promesa no era una carga, de hecho, lo que había conseguido con Sakura era cualquier cosa menos eso. Ser bueno en tu trabajo acarrea celos y envidias injustificados, ser un genio en tu campo te convertía en un blanco lo quisiera o no. Para Sakura el éxito llegaría antes o después, obró un milagro ante imposibles.

— En este punto preferiría que estuviera casada contigo — continuó Naruto, las mejillas de Itachi se ruborizaron —. Por lo menos la habrías tratado como se merece.

El corazón de Itachi se aceleró, Naruto acababa de tocar una fibra sensible de un sueño imposible. Durante mucho tiempo se dijo a sí mismo que hizo lo correcto al ceder el lugar a Sasuke, después de todo se conocían más, compartieron durante mucho tiempo el mismo equipo y, de alguna manera extraña, fueron amigos.

Cometió un error, las cosas no salieron como imaginó y ahora todo era un desastre.

¿Las cosas serían diferentes si Sakura estuviera con Itachi o Naruto?

Definitivamente sí.

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Al despertar, Sakura tenía recuerdos borrosos de una batalla que, por el dolor y el aturdimiento, comprendió que no había ganado. En sus oídos todavía persistía un zumbido y los gritos se repetían a lo lejos, junto con las palabras de su maestra anunciándole el deceso de una vida que formaba parte de su cuerpo.

Despertar o estar dormida, ¿qué importaba? Ella se sentía como muerta, peor aún, como si algo hubiese muerto dentro de ella. Sintió una presión extra en su brazo, una que no estaba desde que se fue su maestra y que no sentía desde hace mucho. Giró su cabeza hacia la derecha, una enorme mano bronceada cubría su muñeca y le daba apretones de vez en cuando. Naruto se la había pasado toda la noche en la silla junto a su cama, finalmente sucumbió al cansancio durante la madrugada apoyando la cabeza en el filo del colchón con el codo flexionado haciendo de almohada, con la mano aferrada a su muñeca.

Se sintió enternecida hasta casi formar una sonrisa, que se borró con las imágenes de los recuerdos.

Después de varios días en el hospital, observando y escuchando, decidió colocar una barrera que lo cubría todo a su alrededor. Sakura flotaba por algún lugar, fuera de su cuerpo. La sensación no era incómoda, así que decidió quedarse como estaba. Encerrada en una burbuja tan frágil como el cristal.

Durante los siguientes días, Kakashi, Naruto e Itachi se turnaron para permanecer a su lado. Le hablaban constantemente, le contaban anécdotas sobre su día o, en su mayoría, se sentaban en silencio solo haciéndole compañía. Sasuke brillaba por su ausencia. Eso significaba dos cosas: que todavía no regresaba de su misión o, que se había enterado de todo y lo último que quería era verla. De cualquier manera, estaba bien, porque ella tampoco quería verlo.

Lo primero que haría sería echarle la culpa empeorándolo todo, enredándola, haciéndola sentir miserable e inútil. Es lo que mejor hacía.

"Lo siento, esto es culpa mía" había dicho Kakashi la noche anterior con un tono profundo de tristeza que le rompió el corazón. ¿Por qué? ¿Por qué sería culpa suya? Nadie podía predecir el futuro y, si había culpas que asumir, empezaría por ella. Si no hubiese desatendido sus deberes como kunoichi nada de esto estaría pasando, de haber dejado su terquedad a un lado y ser más inteligente, habría ignorado ese plan desesperado del bebé y no tendría que enfrentarse a la pérdida de lo que más deseaba como un salvavidas para su matrimonio.

¿En qué pensaba? No importaba, al final siempre terminó perdiendo.

— Sakura, ¿por qué no tratas de levantarte un poco hoy? — la voz de Ino estaba teñida por la angustia y la preocupación.

Tsunade y Shizune no perdían la esperanza de que alguno la hiciera reaccionar, Ino era la más insistente. Llegaba todas las mañanas con la misma pregunta, recibía la mirada indiferente de Sakura durante unos minutos y luego la ignoraba por completo. Llegó al punto que ya no le importaba lo que los demás pensaran de ella, se convirtió en el chiste de la aldea. Su matrimonio era un chiste, una desgracia, un punto más para añadir a su larga lista de fracasos.

— Vamos, Sakura, ¡reacciona, por el amor de Dios! Solo queremos ayudarte — le agitó el brazo.

La desesperación en la voz de su mejor amiga resquebrajó un poco más su corazón e hizo una pequeña fisura en su burbuja de cristal, pero no se movió ni un milímetro, tampoco volvió a mirarla. Simplemente cerró los ojos y se quedó dormida.

Ino volteó hacia Shikamaru con los ojos brillantes de lágrimas, quien, consternado, se dio cuenta que Sakura se estaba aislando a sí misma para no tener que lidiar con el dolor.

— Esto es muy serio… — murmuró Shikamaru.

Le preocupaba que fuera tan serio que ya no pudieran hacer nada por ella.

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Sakura comía poco, Tsunade se vio en la necesidad de recurrir a los fluidos para mantenerla y papillas para que recuperara peso. El aseo personal era una de las pocas cosas que hacía de buena gana, siempre con la supervisión de una enfermera.

Naruto, Shikamaru, Ino, Tenten, Rock Lee e incluso Hanabi se turnaban para visitarla, tenían la esperanza de que, si veía lo importante que era para ellos volvería en sí. Dejaría ese lugar que la mantenía cautiva, les permitiría entrar para poderla ayudar. Pero no había una pizca de emoción en su semblante, nada…

Ella los miraba desde un lugar lejano, un lugar en el que no había ataduras, emociones ni miedos. Un lugar donde ya nada tenía importancia. Cualquier necesidad o deseo quedaba totalmente suprimido, sin llantos, sin dolor, sin lamentos. Sakura vagaba por el limbo, sin noción del tiempo, pero sabiendo que los días pasaban porque su estadía en el hospital se hacía más larga. Ni siquiera le importaba que su marido regresara y la encontrara en ese estado.

Una noche, Kakashi apareció junto a Itachi y la observaron con una expresión de aguda preocupación.

— No va a reaccionar…

— Nunca imaginé que se pondría así, nadie sabe qué hacer — respondió Itachi.

Los dos hombres estaban angustiados, Sakura no era de las mujeres que se rendían fácilmente. Pero la tristeza obraba desgracias y, aunque ellos sabían que estaba destrozada se negaba a reaccionar. A hacer lo que cualquier mujer en su lugar haría, llorar hasta quedar agotada.

Sakura Haruno estaba rota, pero todavía no se permitía tirar la toalla. Hacerlo significaría dar por terminada una relación que jamás debió ser y un matrimonio que nunca debió existir. Significaría dejar caer los pedazos, destrozar sus sueños y matar sus ilusiones.

¿Seguirían siendo sueños cuando has sido destrozada por ellos? ¿Valdría la pena seguir luchando por una vida que te hace infeliz?

Kakashi miró a su alumna, se había encerrado en un estado catatónico que le minaba toda la energía. No comía, no hablaba y seguramente no sentía, por lo menos no de la forma en la que debería. Se aislaba para no sufrir como en un trance constante. Tsunade estaba profundamente atormentada, no sabía que más hacer ni a quién recurrir. Incluso echó mano de uno de los psicólogos más capacitados del hospital. Las heridas emocionales de su discípula eran tan hondas que no había manera que saliera si no era con el apoyo psicológico adecuado para tratar la profunda depresión que la aquejaba.

La pregunta más importante era, ¿cómo ayudarla si no pronunciaba palabra?