Advertencias:

Posible OoC en los personajes.

No apto para fans SasuSaku, NaruHina y NejiTen.

Género: Romance | Drama | Angst.

Clasificación: T | M.

Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.

Nota de Autor:

Si hay algún comentario o disconformidad, por favor no duden en dejar su opinión abajo en la cajita de comentarios, sus observaciones serán siempre apreciadas. Recuerden dirigirse a los escritores siempre con respeto, yo les responderé en la medida de lo posible. Muchas gracias por leerme, hasta la próxima.

Re-escrito.

PD: por favor LEAN la nota al final del capítulo.


Capítulo 17.

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«A menudo tenemos miedo de mirar nuestra sombra porque queremos evitar la vergüenza que o el bochorno que viene junto con admitir errores».

Marianne Williamson.


Neji declaró aquel día como un desastre. Sucio, con la ropa arrugada, ensangrentada, cansado y con el cuerpo molido. No se permitió quedarse en el hospital, ni siquiera para ser tratado, alarmó a su familia de manera exagerada. Incluso su tío había sido notificado sin su consentimiento. Para entonces se sentía demasiado cansado física y emocionalmente para iniciar una discusión, no estaba de humor, no le faltaría el respeto a su tío y tampoco iba a desairar a Hanabi que tenía toda la intención de ayudar.

Además, necesitaba hablar con Hiashi. Lo que había sucedido no fue al azar y, por desgracia, la fuente provenía de su propio Clan. Si el soplón era listo, salió en el momento que él regresó, sino… No duraría mucho tiempo escondido y, aunque le disgustara y su humor fuera el de mil perros rabiosos; no lo dejaría para mañana. Podría ser demasiado tarde para entonces.

Neji hizo uso de ese férreo autocontrol para poder hablar con Hiashi, a pesar de que la bruma dentro de su cabeza lo mandaba a volar de vez en cuando en una nube espesa de desconcierto y tristeza. Siempre supo que su desempeño y el favoritismo de su tío había despertado la envidia de algunos, nunca imaginó que fueran capaces de jugar con su vida; mucho menos la de alguien más. Sakura Haruno resultó herida en ese juego de poder, celos y envidia. Si bien su vida ya no pendía de un hilo, su salud mental si había sido trastocada terriblemente con esa acción tan deliberada.

«Perdió a su bebé…» Neji cerró los ojos, una punzada incómoda le molestó en el pecho y algo se retorció en la boca de su estómago. ¿Eran celos o culpa?

Tal vez ambas, prefería quedarse con la última porque ya suficiente tenía lidiando con el hecho de que miembros de su propia familia infiltraron información clasificada y que, de paso, habían vendido a la única persona capaz de liberarlo de su jaula (en más de un sentido).

«Te preocupa», recordó su consciencia.

¿Le preocupaba? Desde el principio, le gustaba engañarse a sí mismo diciéndose que lo único que le importaba era completar la misión con éxito. Pero el sentimiento de protección que Sakura despertaba dentro de él era demasiado intenso para relegarlo a una sensación secundaria. El problema estaba en que no tenía derecho de sentirse así, no DEBÍA sentirse así. No estaba bien, no era correcto.

Había ignorado todas las señales, había ignorado todas las afirmaciones y lo seguiría haciendo porque no estaba bien. Un hombre honorable no miraba a la mujer de otro, no la ansiaba y no propiciaba situaciones deshonrosas. Desearla de la manera en que lo hacía era una ofensa terrible a toda su educación y sus creencias.

La deseaba, quería protegerla. Las marcas en su piel despertaron un sentimiento de protección imposible, casi tan fuerte como las rocas resistiendo la marea. Ojalá sus caminos se hubieran cruzado un poco más, un poco antes de todo ese desastre. Ojalá su mente no lo atormentara tanto con sueños imposibles de una vida que jamás tendría.

Sueños tontos, sueños locos, derivado de un deseo real. Sentimientos profundos que no tenían nombre porque él se negaba a pensarlo más de lo que debía.

«Ella es una mujer casada, no es correcto», se dijo una vez más.

— Nunca desees lo que no puedes tener… — murmuró en voz baja.

Una vez deseó la libertad y la obtuvo. No significaba que olvidara los años de servicio al Souke, en su frente ya no existía marca alguna, pero en sus recuerdos siempre estaría aquello que alguna vez lo marcó como un "esclavo". Un peón, una marioneta para los deseos de la primera línea de su clan. Ahora era su igual, sin embargo, tardaría un tiempo en procesarlo y aceptarlo.

Tomó aire. Así como le costaba trabajo aceptar su nuevo estatus como miembro del Souke, le costaba aceptar sus sentimientos por la kunoichi. Enamorarse nunca fue una prioridad, ni siquiera una opción en su vida. Su destino estaba marcado por la rutina y los propósitos de su clan y, para ellos, eso de los sentimientos no tenía gran significado. Sus matrimonios eran arreglados entre familia y nada más.

¿Por qué no dejaba de pensar en ella? ¿Por qué seguía teniendo ese sentimiento de caída libre cada vez que recordaba como encajaban la cuchilla en su estómago? ¿Cómo se sostenía después de una pérdida tan grande? Un hijo no era cualquier cosa.

El corazón de Neji galopó y se estrujó al mismo tiempo, todavía golpeado por las imágenes como si fueran flashes de una cámara dentro de su cabeza. En él había crecido el sentimiento de una traición, tal vez provenía de la desilusión al enterarse de una verdad tan grande que la ataba a otra persona de por vida y luego se sintió sucio por sentirse así.

En el fondo esperó que ambos salieran bien librados, pero ahí, en ese mismo lugar, sabía que solo un podría sobrevivir después de esa herida y la pérdida de sangre. Regresó a su casa, se dio una ducha larga con el afán de lavar no solo la tierra y la sangre, sino también la angustia y la preocupación que le atormentaba desde que dejó el hospital. Nada podía hacer, nada conseguía más que estorbar.

No era familiar, tampoco amigos, solo un par de conocidos que tenían ocasionalmente una misión. Lo más cerca que estuvieron fue mientras el sello era estudiado para ser removido, una que otra reunión social a consecuencia de su relación con los Uchiha, nada más.

¿Qué derecho tenía de quedarse ahí?

Neji creyó que alejarse del hospital alejaría también su mente de ella, pero fue lo opuesto. Su bien y paz mental estaba trastocada, y Sakura era la culpable de que ahora no tuviera sosiego.

Menos el día que Hanabi llegó con el semblante apagado, con los ojos tristes y transparentes.

— No habla, no come… Es como si fuera una estatua, como si estuviera muerta en vida — murmuró consternada.

Hiashi había visto a su hija con la mayor compasión que un padre amoroso podía expresar, incluso si significaba un momento de vulnerabilidad. Después de todo, él mismo la había enviado al hospital en una visita de cortesía esperando buenas nuevas. Neji no entendía para qué, después de todo Sakura solo estuvo durante un par de semanas entrenando con Hanabi, pero intuía que su tío sabía más de lo que mostraba.

— La vida es difícil cuando todo lo que te embarga es tristeza.

Neji volteó hacia su tío escrutándolo con un semblante reservado, sin duda, Hiashi sabía más de lo que mostraba.

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Itachi y Kakashi continuaron con su incansable rutina nocturna: pasar tiempo con Sakura para hacerla reaccionar. Hasta ahora no había tenido ningún efecto, estaban quedándose sin esperanzas y comenzaron a pensar que, la única manera de sacarla de ese estado catatónico era Sasuke.

Tal vez Naruto estaba equivocado, tal vez Sasuke podía ayudar a su mujer a superar esa terrible pérdida. Tal vez ellos estaban equivocados y su lazo no se constituía en solo un papel firmado y un matrimonio fingido, ¿verdad?

Resultaba duro para cualquiera que conociera a Sakura verla tirada en una cama como si fuera un zombi, pensándolo de una manera amable. Dolía ver la luz de sus ojos apagada, su rostro pálido y su sonrisa desvanecida. Toda su vivacidad extinguida, producto de sus malas decisiones, de su terquedad, de su incapacidad de ver la realidad y ceder a una ilusión adolescente, a un capricho.

Los ojos verdes apenas se movían para verlos, duraba unos segundos y luego los cerraba. Se encerraba en ese mundo de sueños donde el dolor y la pena no la alcanzaba. Donde no significaba nada, una partícula de polvo en un enorme montículo de arena.

Sakura se encontraba encerrada en una burbuja por voluntad propia, ya que era consciente de las presencias de todos, pero decidía mantenerse en ese estado persistente de mutismo.

Quebrada.

Así estaba y ahora lo admitía, esa pérdida fue la gota que derramó el vaso. Incapaz de llorar, se permitió crear ese escudo que la resguardaba del dolor. El cansancio era demasiado para levantarse, para despertar, para llorar… Estaba cansada de engañarse a sí misma, de pensar que un bebé ayudaría cuando jamás sería una solución. Sasuke jamás cambiaría. Había llegado a un acuerdo con esa dolorosa verdad.

Pensaba en ello siempre, tal vez si lo volvía una plegaria llegaría también al acuerdo de que estar casada con él la hacía infeliz y que, si se lo proponía, lo enmendaría con el acta de divorcio. El limbo no la salvaba de esa angustia, pero la adormecía lo suficiente para no tener que pensar en que Sasuke jamás permitiría semejante sacrilegio.

Dentro de las familias comunes eso del divorcio es una cuestión de coser y cantar, un simple trámite. Pero, para los Uchiha, el divorcio era impensable, algo así como un pecado mortal al que estás condenada cuando aceptas unirte en matrimonio con uno de sus miembros. La verdad es que Itachi le dijo una vez que esa estúpida tradición solo se aplicaba cuando su padre estaba vivo y, todavía en aquel entonces, a él le parecía la idiotez del siglo. Itachi no compartía esa ideología tonta del matrimonio, si no funciona te separas y punto. Por desgracia Sasuke no opinaba lo mismo, seguir con un matrimonio infeliz era la prueba de ello. Prefería buscar consuelo en los brazos de otras mujeres en lugar de los suyos, prefería refugiarse en el alcohol y las aventuras de una noche para escapar de ella. En lugar de simplemente presentar los papeles de divorcio, pero no, escogía humillarla públicamente antes de admitir que se equivocó.

Sakura tampoco lo hacía, para ella era lo mismo que morderse la lengua y cortarse un brazo, todo al mismo tiempo. Luego lo pensó un poco más, a lo mejor en aquel momento no lo hubiese aceptado de buen agrado, pero hubiera sido menos obstinada que ahora. No estaría en esa situación, no se sentiría tan tirada a la desgracia y, no le representaría un problema levantarse todos los días, cada mañana.

Parpadeó lentamente, su desánimo, culpa y dolor habían creado una burbuja resistente que no le permitía sentir nada excepto el tiempo que, a su parecer, iba con la misma lentitud que una tortuga anciana y de paso coja.

Se quedó dormida con la voz de Kakashi contándole los pormenores de su misión.

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Cuando Sakura despertó estaba igual de oscuro que el día anterior, esta vez no la despertó la voz de Kakashi, no, esta vez había despertado por el extraño silencio que reinaba en la habitación. Frunció levemente las cejas, giró la cabeza hacia el costado derecho que era donde su ex sensei solía sentarse a leer por largas horas, pero no había nadie. La silla estaba vacía y exactamente en el mismo lugar donde la dejó la noche anterior.

¿Qué? ¿Es que acaso ya se habían dado por vencidos? ¡Claro que sí!

¿Qué persona sensata no lo haría? Sakura esbozó una débil sonrisa de tristeza, Naruto no lo haría, pensó.

Una sombra se retorció por la esquina de su ojo izquierdo, borroso y maltrecho, pero alto y fuerte como todo shinobi. Sakura no pudo distinguirlo a la primera, estrechó los ojos para poder ubicarlo. Era hábil, estaba camuflado entre las sombras de las paredes que se torcían a su antojo, solo un shinobi de élite podía tener tal habilidad de resguardo. Ella conocía pocos, los contaba con los dedos de una sola mano.

La figura se movió despacio hasta los pies de la cama, lo enfocó débilmente, tardó más que un par de minutos en lograr tener un poco de claridad dentro de aquella oscuridad intermitente que le nublaba los sentidos cada tanto. Sin embargo, cuando lo consiguió, deseó que la tierra se la tragara.


Nota de autor: Antes que nada deseo de corazón que hayan pasado una Feliz Navidad, que hayan comido y disfrutado junto a sus seres queridos. Les he traído un pequeño regalo de navidad (sé que no es la gran cosa, aun así espero que les haya gustado), ya que he estado ausente por mucho tiempo. Y les explicaré porqué...

Bien… A lo largo de estos meses me han llegado algunos comentarios diciendo que he abandonado mis fics, puedo asegurarles que no los he abandonado, sé que parece que sí, pero no. La razón por la que no soy constante publicando, es porque tengo problemas depresivos. Sí, lidio con la depresión desde hace más de veinte años y, conforme el tiempo ha escalado tanto que, ahora, tengo suerte si consigo escribir una o dos líneas decentes, no hablemos de un párrafo.

No he abandonado mis historias porque quiera, sino porque mi desánimo es tan grande que, honestamente, despertarme por la mañana y salir de la cama se me hace difícil, ahora no hablemos de fingir que estoy bien todo el día. Desde ya les digo, no estoy en tratamiento y, a pesar de que he buscado ayuda no la he encontrado, de lo único que me han tachado ha sido de loca y bueno… La salud mental en mi país (como el resto) es cara y yo como desempleada no puedo acceder a ella y tampoco hay programas gratuitos, por lo menos no que sean buenos. La salud pública es muy mala y, la mental lo es mucho peor.

¿Por qué estoy escribiendo esto? Para que paren de pensar que he dejado mis fics abandonados, si bien algunos tienen título de terminado y en realidad no lo están (algunos los estoy re-escribiendo, ojo), es porque ya no puedo escribirlos, me encontré en un callejón sin salida y me sentiría como una mentirosa si los mantengo ahí con la esperanza de que los seguiré cuando no es así. Escribo los que intento actualizar más seguido, nada más. Puede que algún día se me ilumine la neurona y los continúe o los reescriba, no lo sé, pero de momento no será. Aparte estoy con el proyecto de escribir una historia original y, al igual que con los fics, estoy completamente varada ya que mi ánimo no es el mejor, por mucho que me esfuerce por cambiarlo. Es agotador y, los que han sufrido una seria depresión estarán de acuerdo conmigo.

Espero que sepan comprender, mientras siga con vida trataré de seguir publicando y terminar tan pronto como pueda, no crean que los he abandonado, menos cuando, después de todos estos años todavía me siguen y me han dado su apoyo incondicional incluso siendo inconstante. Se los agradezco un montón.

Sin más me despido, mil gracias por leer, por dejarme un comentario y, sobre todo, por apoyarme a pesar de los años. Espero que pasen un Feliz año nuevo y que, el próximo sea mucho mejor que este. Un abrazo virtual para ustedes, nos veremos en una próxima actualización.