II. Quirks de fuego
Esta vez, no llovía. Se trataba de una tarde cualquiera con un clima cualquiera. La temperatura no estaba lo suficientemente calurosa como para quitarse su chaqueta, mas tampoco lo suficientemente fría como para ponerse algo encima; aunque en realidad, él resistía bien a los climas fríos. En teoría, se trataba de otra tarde de miércoles sin cambios algunos.
En las manos llevaba un fajo de billetes que contaba mientras caminaba. El trabajo de la semana había sido fructífero, aunque todavía no sabía cómo llamar más la atención sin arriesgar por completo su vida o su libertad. Los trabajos que encontraba o que le pedían todavía no eran tan escandalosos como lo habría esperado.
Sus pensamientos fueron interrumpidos en el momento en el que escuchó que alguien estaba en su callejón. Tal vez sus crímenes menores habían atraído a un héroe novato que buscaba elevar sus números con el arresto de un criminal de barrio.
Dabi guardó el dinero en su bolsillo derecho y escupió su cigarrillo al suelo para apagarlo con la suela de su zapato. Caminó con cautela hacia dicho callejón y alzó el brazo izquierdo, preparado para cualquier ataque por parte de su aparente captor. Avanzó con seguridad hasta la entrada del callejón y dejó que su brazo se llenara de llamas azules hasta que vio al pobre muchacho de cabello verde que gritó al verse en peligro. El fuego azul en el brazo de Dabi se extinguió y éste resopló.
—Para ser un sujeto sin quirk, te gustan las emociones fuertes, ¿eh? —Le dijo mientras pasaba por su lado.
—¿Ibas a-a atacarme? ¿Atacas a todo aquél que pase por tu callejón? —cuestionó Izuku; todavía temblaba un poco. Dabi sacó una llave de su chaqueta y se alzó de hombros; no era cierto, pero tampoco era mentira. Hacía lo necesario para sobrevivir— Al menos recordé cuál era el tuyo y no me metí al de alguien más… —susurró el chico.
—¿Qué es lo que quieres? ¿Qué me deshaga de los chicos que te molestan? Eso costará una fortuna, verde —dijo antes de abrir la puerta y pasar al lugar donde vivía.
—¡¿Qué?! ¡No, no! ¿Por qué querría eso? —exclamó siguiéndolo— Kacchan no es tan malo, no lo quiero… ¿Tú asesinas gente?
En esta ocasión, el lugar olía a polvo y con solo echar un vistazo a los muebles o al sillón, Izuku podía advertir que tenía varias semanas de abandono. Dabi volvió a abrir la ventana al fondo de la habitación y con una señal le indicó a Deku que dejara abierta la puerta principal; mas el jovencito no se movió de su lugar, justo en medio del cuarto. Los ojos verdes del chico volvían a mirarlo con miedo y, ciertamente, algo de decepción. Aunque mantenía la mochila en su espalda, apretaba los puños alrededor de las correas de ésta. Esperaba la respuesta de una pregunta que Dabi ni siquiera escuchó.
—¿Qué demonios preguntaste? —cuestionó el mayor antes de, cual deja vú, recargarse en la pared y cruzar los brazos.
—¿Tú…? ¿Tú has matado a alguien? —La forma como el chico hablaba dejaba en claro todos los sentimientos en sus ojos.
—Haces las preguntas más raras, en serio. —Sin darle mucha importancia, Dabi sacó su cajetilla de cigarros.
—¡Dabi! ¡Respóndeme! —exigió Izuku avanzando un paso hacia él. Ante el grito, el aludido se sobresaltó y casi soltó el vacío paquete en sus manos— ¡Tienes que decírmelo!
Entonces Izuku vio que la mirada de Dabi por fin se centraba en él. Más que preocupado o avergonzado, se veía aburrido. Y fue eso lo que más lo asustó. En un inicio creyó que lo que Dabi hacía era algo menor, pequeños asaltos, robos, nada que no se castigara con unos meses en la cárcel. Se apresuró a confiar en que, como a él no le hizo daño, no lo haría con nadie más.
Simplemente usaba su quirk y su apariencia tan inusual para amenazar a las personas, pero nunca atacaba. Y de ser ése el caso, podría ayudarlo algún día, podría sacarlo de ahí y ayudarlo a reintegrarse en la sociedad. Sería su héroe.
…Pero si Dabi era otra clase de criminal… Entonces tendría que contarle todo a All might. Aunque le doliera, tendrían que…
—Sí —contestó Dabi al final y Midoriya palideció de inmediato—. ¡Mírame! —Dabi estiró los brazos y mostró, con las mangas cortas de su chaqueta, las cicatrices en éstos— ¿Acaso no luzco como un muerto? Yo me hice esto, no a propósito, creo; pero podrías decir que me he asesinado a mí mismo… ¿Suicidio? Sí, ésa es la palabra.
Enseguida, en medio de su burla, Dabi vio cómo Izuku se dejaba caer de rodillas en el suelo y empezaba a toser. Por la impresión, había mantenido la respiración y, por accidente, casi provocó que su propia saliva lo ahogara. Ese niño no estaba ahí para conocer la verdad, sólo venía a escuchar lo que quería escuchar. Era desafortunado en varios aspectos, pero quizá su buena familia era lo que lo mantenía del otro lado de la línea.
Como fuera, Dabi tenía que cuidar sus palabras frente a ese chico o les revelaría a otros su ubicación. Comenzaba a arrepentirse de haberle hablado esa tarde de lluvia. Ése podría convertirse en su mayor error… Y no podría permitir que sus planes se arruinaran sólo por la inocencia de ese niño. Si veía que algo salía mal con él, lo acabaría.
Cruzó la habitación, pasando a un lado del chico que todavía tosía en el suelo, y abrió la puerta principal. Esa habitación tenía que orearse o él también tosería en cualquier momento. Escuchó al niño ponerse de pie y tragar saliva una vez más
—No-no hagas bromas así, Dabi —pidió el muchacho sin dejar de mirarlo. Dabi ya se encontraba en la pequeña cocina, mirando las alacenas.
—No hagas preguntas extrañas. No es como que me importe, pero si le preguntas eso a la persona equivocada, terminarás muerto —contestó el criminal mientras miraba la fecha de caducidad de una sopa instantánea—. ¿A qué viniste, verde? Estoy hambriento y no quiero comer en tu presencia.
De inmediato, el humor del muchacho de cabello verde cambió. Dabi lo escuchó acercarse lo suficiente para que lo viera por el rabillo del ojo. Le sonreía de nuevo.
—¡Voy a convertirme en héroe! ¡Dabi, seré un héroe que salve a aquellos que nadie más se atreva a salvar!
Dabi dejó de leer la etiqueta de la sopa y giró el cuello para comprobar lo que acaba de escuchar.
—Ajá. ¿Entraste a la academia de policías o bomberos?
—¡No! Estoy hablando en serio, Dabi. Seré un héroe. ¡Mira! —Acto seguido, bajó el cierre de su chamarra y le mostró el uniforme que había ocultado hasta ese momento— Tal vez no lo reconozcas, pero…
—UA, la escuela más prestigiosa de Japón. ¿A quién mataste para que dejaran entrar a un chico sin quirk como tú?
—¡Deja de hacer esas bromas! No maté a nadie, es sólo que… —Frunció ligeramente el entrecejo y luego volvió a sonreír— ¡Mi quirk llegó!
Dabi lo miró un par de segundos. Ese chico no necesitaba una academia de bomberos o de policías, necesitaba un psiquiatra. Y vaya que lo decía él.
—A menos que me mintieras el otro día, es imposible que lo que digas ahora sea cierto —refutó Dabi volviendo a mirar las etiquetas de los productos en su alacena. Apenas escuchó el parloteo de su acompañante, que citaba algunos casos extraordinarios en los que la individualidad se presentaba hasta varios años después de lo común. Y cuando encontró al fin una sopa que sí pudiera hacer, interrumpió al chico— No tienes que decirme de dónde sacaste ese quirk si no quieres, no me importa; pero no trates de engañarme, verde.
Sus palabras hicieron efecto de inmediato. Izuku dejó de hablar, pero no apartó su mirada de Dabi hasta que éste le respondió del mismo modo. Entonces el estudiante de la UA giró el rostro, confundido, pensando en qué decir para salir de ese embrollo. Sabía que con eso sólo le daba la razón a Dabi, pero no podía arriesgarse a que él supiera la verdad. Lo que tenía dentro de él, lo que le había permitido ingresar a la UA no era tema de cualquier conversación; aun si fuera con la persona que consideraba su amigo.
Escuchó el sonido característico de las llamas y miró de nuevo a Dabi. Con la yema de los dedos prendió la estufa donde calentaría el agua para su sopa instantánea.
—¿Es lo único que comerás? Dijiste que estabas hambriento.
—No es diferente a lo de siempre. ¿Viniste sólo a presumirme tu uniforme? ¿Esperas que te felicite?
—Bueno… Tenía que cumplir con mi promesa y, si yo me convierto en el héroe del que hablamos el otro día, entonces tendrás que admitir que yo tenía razón. Además, quería decírselo a un amigo… —agregó en un susurro.
Dabi suspiró.
—Tardarás años en convertirte en héroe, sea la clase que sea; para mí, suena a una excusa. La existencia de un buen héroe no elimina la de cientos de héroes abusivos y mentirosos. Haz lo que quieras, pero no conseguirás que cambie de opinión.
—Inspiraré a los demás a ser como yo. Si consigo suficiente reputación y llego al número uno, entonces…
Dabi de inmediato se giró. Izuku dejó de hablar y lentamente fue arrinconado contra la pared opuesta. Sin dejar de mirarlo, Dabi puso ambos brazos alrededor de la cabeza de Izuku, a varios centímetros de su alborotado cabello. Por el olor, el niño supo que las manos de Dabi comenzaban a emanar fuego.
—Si tu objetivo es convertirte en el héroe número uno, —Le dijo el criminal, apenas a unos centímetros de su rostro. A esa distancia, Izuku podía ver con claridad las grapas quirúrgicas que unían su rostro a los injertos de piel; era francamente aterrador— la próxima vez que me veas, tendrás que arrestarme —advirtió previo a bajar los brazos y alejarse—. Será mejor que te vayas, verde.
Por enésima vez en el día, Izuku tragó saliva y respiró hondo. Mantuvo la cabeza recargada en la pared unos instantes; todavía tenía sobre sí la sensación de estar tan cerca de las mortales llamas azules. Dabi todavía estaba de frente a él, pero lo separaban al menos dos metros. Lo miraba con el mismo vacío de siempre. No mentía.
—Sientes aberración hacia el héroe número uno… —musitó. Aunque nunca había conocido a nadie que despreciara a All might, en realidad no le sorprendía que existiera alguien que lo hiciera. Le dolía que fuera él— Yo cambiaré eso. Me esforzaré.
Subió el cierre de su sudadera y caminó hacia la puerta abierta. Antes de salir, detuvo sus pasos a sabiendas de que Dabi lo estaría mirando.
—Creo que será difícil para mí volver aquí, pero volveremos a vernos. No voy a tratar de atraparte, Dabi. Eres mi amigo, así que voy a salvarte —dijo mientras regresaba su vista hacia él. Mantenía una débil sonrisa—. Lo prometo.
—Deja de prometerme cosas y vete.
—¡Sí! Hasta entonces, Dabi. Trata de no matar a nadie en mi ausencia —bromeó y su sonrisa se incrementó.
Cuando Dabi vio la puerta cerrarse, volvió a suspirar.
—No puedo prometerte nada, verde —susurró antes de volver a su agua hirviendo. Miró las burbujas en el agua y no pudo evitar pensar que conocía a alguien más que entraría a la UA en ese mismo año. La sonrisa que se formó en su rostro fue muy diferente a todas las que le regaló ése que se hacía llamar su amigo—. Feliz inicio de clases… hermanito.
La UA, como lo había dicho Dabi, era la escuela de héroes más prestigiosa de Japón. Cientos de famosos y reconocidos héroes se formaron ahí; algunos de ellos aun daban clases ahí, lo que la hacía todavía más importante. Estudiar ahí era una oportunidad para pulir habilidades, para conocer leyendas y para hacerse de un lugar en la sociedad de héroes.
El sueño de muchos ahí era básicamente el mismo: convertirse en el héroe número uno de Japón. En el grupo donde Midoriya estudiaba, al menos eran tres personas las que compartían dicha meta; mas con sólo ver sus ojos se podía vislumbrar que los tres tenían distintas razones para serlo.
Bakugou Katsuki, el primero en expresar su deseo apenas las clases le dieron oportunidad, simplemente detestaba no ser el primero en algo. No había un real anhelo de salvar gente, de inspirar a alguien más o de ayudar a alguien. Básicamente se trataba de su ambición hablando.
Midoriya Izuku, quien lo expresó sólo a sus compañeros más allegados, insistía en ser alguien que inspirara a salvar a aquéllos a quienes nadie más se atrevía. No especificó nunca a quiénes se refería o de dónde surgió ese sueño; simplemente esperaba que sus acciones reflejaran lo que quería decir. Iida Tenya y Ochako Uraraka, las primeras personas con las que creó un lazo en la UA, creían que su motivo para convertirse en el héroe número uno era muy noble y decían entregarle todo su apoyo.
Y aunque Izuku estaba agradecido por ello, lo cierto era que la curiosidad le carcomió desde que, en el segundo día de clases, el profesor Hizashi Yamada los incitara a presentarse y a contar su principal objetivo para convertirse en héroes. Pues uno de sus compañeros, con una desafortunada cicatriz de quemadura en el rostro y un curioso cabello bicolor, dijo simplemente:
—Soy Todoroki Shoto y mi objetivo principal es ser el héroe número uno usando sólo mi lado derecho.
A diferencia del resto de sus compañeros, quienes incluso hablaron de los héroes que los inspiraban o a qué agencia planeaban entrar una vez se graduaran, Todoroki sólo expresó eso y volvió a sentarse. La expresión de su rostro decía claramente que no agregaría nada más a su presentación sin importar cuánto se lo pidieran; así que el profesor decidió pasar al siguiente alumno, aunque parecía que el resto del grupo permaneció curioso respecto a ese estudiante.
Según le dijo Iida, se trataba de uno de los pocos estudiantes que fueron admitidos por recomendación. Ellos no necesitaban hacer un examen; bastaba una entrevista para aceptarlos. Entonces estaba frente a alguien no solamente poderoso, sino con influencias dentro de la sociedad.
Izuku no pudo evitarlo; incluso cuando la personalidad de Todoroki era más que reservada, se decidió a conocerlo y a conocer su verdadera razón para convertirse en héroe. Si decía que lo conseguiría sólo con su lado derecho, ¿qué problema había con el fuego? ¿Por qué era la segunda persona cuyos problemas se regían en su quirk de fuego? ¿O acaso se trataba de simple arrogancia?
—Todoroki-kun. —Lo llamó después de clases la tarde antes de ir a la USJ. El muchacho aludido volteó a verlo con total desinterés. Izuku tragó saliva; nunca había tenido grandes habilidades sociales y, en realidad, no tenía idea de por qué Iida y Ochako lo convirtieron en su amigo… Sólo sabía que deseaba acercarse a ese chico de cabello bicolor— Eh… Tú…
—No te conseguiré un autógrafo de mi padre. Consíguelo por tu cuenta —contestó Todoroki a una pregunta ni siquiera planteada—. Me voy.
Acto seguido, se colgó la mochila al hombro y salió del salón. Izuku resopló.
—Pero no era eso lo que le iba a pedir… —musitó.
Sin embargo, esa pequeña interacción le sirvió para averiguar algo sobre ese chico que tanta curiosidad le causaba. En una de las libretas por las que Katsuki se burló de él en la secundaria, tenía los datos que había encontrado del héroe número dos, Endeavor.
Los registros en revistas e internet hablaban de cuatro hijos, de los cuales no se decía mucho. No había fotos, registro de que alguno tuviera el deseo de seguir los pasos de su padre, ni siquiera su edad. Y en eventos importantes, el héroe solía aparecer solo.
Todoroki Shoto nunca apareció en una foto junto a su padre. Y por el tono que usó con Midoriya, éste se preguntó si acaso existía algún resentimiento dentro de la familia del héroe de las flamas infernales. Aunque también cabía la posibilidad de que simplemente fueran discretos. Dado que se enfrentaba día a día con criminales poderosos, dar detalles sobre sus hijos y qué hacían podía ser contraproducente.
La tarde que Midoriya pasó en el hospital a causa del enfrentamiento de la clase 1-A contra los villanos en la USJ, se dedicó a releer su libreta y a hacer nuevos apuntes sobre sus compañeros y las habilidades que éstos mostraron durante el enfrentamiento. Además, escribió sobre los villanos; sobre ése que hablaba tanto de una sociedad sostenida por una farsa.
Estar en una escuela donde todos tenían quirks interesantes podría servirle de mucho; la observación y el análisis de distintas habilidades era vital para combates y eventos sorpresivos como el de la USJ. Además, no podía negar que le había impresionado la singularidad de Asui Tsuyu y, aunque no había sido testigo de ello, la habilidad de Todoroki. El haber neutralizado a más de un villano por su cuenta en tan sólo un movimiento era prueba de lo poderoso que podía ser.
—Sin embargo, usó sólo su mitad derecha… —musitó Midoriya luego de recordar que el mismo Todoroki explicó los sucedido momentos después de que los refuerzos llegaran y los villanos restantes se marcharan. Tal vez sería indestructible si se decidiera a usar su mitad izquierda.
No pudo evitarlo y, cuando se dio cuenta, había llenado más de dos cuartillas de los posibles ataques que Todoroki podría realizar si se lo proponía. Dependiendo de qué quirk usara primero, los efectos podrían ser catastróficos. Era fascinante; probablemente se trataba de la persona más interesante que había conocido… Aunque debía admitir que varios en su salón poseían habilidades inauditas.
Empero, tras rememorar la sensación de las llamas ardiendo a ambos lados de su rostro, tragó saliva. La individualidad de Todoroki seguía pareciéndole majestuosa.
Horas atrás habían cambiado a All might de habitación, lo que lo dejaba solo y le daba la oportunidad de susurrar todo lo que deseara.
—Me pregunto qué diría Dabi si le contara… —Sonrió— Seguramente seguiría diciendo que los héroes sólo buscan herramientas y que la sociedad no es capaz de verlo… ¿Será que Todoroki-kun también piensa que su quirk de fuego es peligroso, igual que Dabi? ¿Todos los usuarios de quirks de fuego dirán lo mis…?
—¡Izuku! —exclamó la voz de su madre desde la puerta del cuarto. Se veía agitada y en su rostro se reflejaba toda la preocupación que una madre naturalmente tendría luego de un episodio como el que ella pasó.
—¡Mamá! —El joven se sonrojó. No esperaba que su madre fuese a verlo esa tarde. Miró los cuadernos en su cama y de inmediato adivinó lo que ella le diría:
—¡Deberías estar descansando, Izuku!
La mujer se apresuró a llegar a donde él y tomó las tres libretas en su cama mientras le repetía lo que las enfermeras le habían dicho sobre cuidar su estado. Después de todo, fue el único alumno en salir realmente lastimado; debía cuidarse más. No obstante, Inko dejó de hablar cuando leyó algo en el cuaderno donde Izuku escribió hasta que ella llegó.
—¿Estás estudiando un quirk de fuego? —cuestionó mientras se sentaba a su lado. Izuku asintió.
—Yo… Tengo un amigo… —Empezó y de inmediato su madre sonrió ante la última palabra escuchada— Que tiene problemas con su quirk. Y yo prometí que lo ayudaría.
La mujer suspiró. Acomodó los cuadernos en la mesita de noche y asintió. Su hijo siempre había sido así: siempre buscó ayudar a los otros sin importar cuánto le costara. Estaba en su personalidad noble el hacerlo; decía que sólo así podría convertirse en un gran héroe digno de admirar y ella, como su madre, lo apoyaba incondicionalmente.
—Entiendo, es muy noble de tu parte hacerlo. —El estudiante suspiró aliviado— Pero, si es tu amigo, ¿no crees que se preocuparía si sabe que no te cuidas como deberías sólo por hacer apuntes para él?
Izuku tardó unos segundos en responder con una sonrisa incómoda. En realidad no creía que Dabi pudiese preocuparse seriamente por él, pero no le diría eso a su madre. Él era una persona ocupada, después de todo; su estilo de vida no le daba oportunidad de pensar en nada más.
—Lo dejaré para después, mamá. Está bien. Lo siento.
Y tras una última mirada hacia sus apuntes, se permitió cuidar por su progenitora.
Además, se acercaba el festival deportivo. Ese evento sería su oportunidad perfecta para conocer a profundidad los quirks de sus compañeros y de las personas de otras clases. Sobre todo, podría averiguar cuál era el problema de Todoroki Shoto.
Y si existiera alguna posibilidad, Izuku se aseguraría de ayudarlo. Después, le contaría a Dabi sobre lo que había logrado y entonces se acercaría un paso más a su objetivo.
Poco sabía que mientras él planeaba sorprender a su amigo con una buena noticia, éste se encontraba en un callejón rompiendo la promesa que Izuku deseó que le hiciera.
—Otro con quirk de fuego… —musitó Dabi frente al cuerpo calcinado a sus pies— ¿habrá sido de tu agencia, Endeavor?
