IV. La filosofía de un asesino
El cuarto apestaba a cigarro, alcohol y a otras sustancias de dudosa procedencia. A excepción de la presencia de tres hombres y unas cuantas cajas abandonadas, el sitio estaba vacío. Dos de los hombres estaban de pie; uno de ellos, el que evidentemente era el superior ahí, muy alto, usaba una gabardina larga de invierno y fumaba uno de los cigarrillos más exóticos del país; el otro, mucho más joven, vestía con ropa sumamente desgastada y fumaba algo mucho más económico.
Los dos, sin embargo, esperaban la respuesta del tercer hombre. Un sujeto con un traje de gama media que lloraba en el suelo. Tenía el rostro hinchado por los golpes que el líder le había dado por mera diversión, pues la víctima ya había asegurado que diría todo lo que supiera sin necesidad de violencia. Mas para el tipo de gabardina todo era más divertido si los veía sufrir antes de verdaderamente terminar con ellos.
—Tenemos dos minutos. —Le dijo el muchacho de ropa desgastada, Dabi.
Eitokou, como se hacía llamar el sujeto de la gabardina, dejó de golpear al otro y escupió el caro cigarrillo al suelo.
—Tienes razón, esta vez me excedí. —Sonrió y tomó la barbilla del pobre funcionario público, un antiguo trabajador de una importante agencia— Ahora, dale a este chico de aquí todo lo que pide.
Entonces, Eitokou se alejó y permitió que Dabi se acercara al individuo. Hamamoto Tasuke, recientemente había renunciado a la agencia del héroe número dos por problemas internos. Tenía un quirk de fuego bastante interesante, pero inútil ante las llamas de Dabi; además, tras encontrarse de cerca con ese rostro lleno de injertos de piel, apenas podía respirar correctamente. Era terrorífico.
—¿Cuántos pro héroes hay en la agencia de Endeavor? ¿Cuántos civiles? ¿Quién tiene el quirk más poderoso luego de Endeavor? —cuestionó Dabi, aprovechándose del terror que su propio rostro era capaz de provocar.
Hamamoto echó para atrás el cuerpo, pero Dabi lo tomó de la cabeza y evitó que se alejara mucho.
—S-son treinta-treinta pro héroes y quince civiles, todos tienen un quirk relacionado con el fuego o el humo; es un requisito tener uno para entrar a la agencia. Burnin es la heroína más peligrosa; su quirk está en su cabello, es imposible de apagar —contó sin pausa alguna.
Dabi le sonrió; una sonrisa ancha que aterrorizó aún más al pobre hombre, que instintivamente, hizo uso de su quirk. Le prendió fuego a su nuca, lugar donde estaba la mano de Dabi. Éste no quitó la mano ni dejó de sonreír.
—Esto explica por qué Endeavor te corrió de su agencia, eres tan patético… —Se burló—Nos veremos en otra ocasión, aunque tú jamás me recuerdes… —dijo antes de soltarlo y ponerse de pie, ya sin sonreír.
Miró a Eitokou con total indiferencia y se dirigió a la salida.
—Un placer hacer negocios contigo, Dabi. —Le dijo el sujeto. Dabi no contestó.
Ese hombre era muy poderoso; con un quirk que algunos definirían como bastante voluble, había conseguido hacerse de mucho poder en esos lares; además de que debía poseer una gran empresa que lo ayudase a mantener las apariencias. Seguramente, en algún momento le contó toda su vida a Dabi, ya que era de sus clientes preferidos; pero como siempre, no permitía que Dabi recordase nada de lo que le contaba de su vida.
Su quirk radicaba en provocarle amnesia permanente a cualquier persona que tocara, mas la persona en cuestión sólo olvidaría lo ocurrido en los últimos cinco minutos. Podía usar su quirk un máximo de tres veces al día, pero sabía muy bien cómo distribuirlos. De manera que cada que secuestraba a alguien para sacarle información, se ocupaba de borrar sus memorias de dónde lo habían raptado, quién estaba con él durante la tortura y, finalmente, cuál información le habían robado. Además, Eitokou llevaba consigo una droga inyectable que dejaba a sus víctimas en estado de somnolencia por al menos una hora; lo que le daba el tiempo suficiente para huir de ahí y dejar al individuo más confundido de lo esperado por su quirk.
Dabi detestaba hacer negocios con él. A decir verdad, temía que usara su quirk en él; así que solía ser menos áspero con Eitokou para evitar hacerlo enojar. Por su quirk, no podía matarlo; después de todo, era una fuente de información muy confiada al, aparentemente, ser muy cercano a los héroes. Mas eso no quitaba el hecho de que fuera desagradable estar con él.
Apenas salió del establecimiento, sacó un cigarrillo de su bolsillo y lo encendió. La zona donde se encontraba no era muy concurrida, mas tampoco podría llamarse desierta.
Era la clase de barrio donde podía andar por entre las persona sin llamar la atención de forma positiva o negativa. Donde podía usar el dinero que consiguió en sus trabajos anteriores y comprar lo que necesitaría para los próximos días. Además, caminar entre las personas le permitía escuchar los últimos acontecimientos importantes en la ciudad.
La efusividad por el famoso Festival Deportivo de la UA había terminado desde unos días atrás: todos hablaban de la extraordinaria potencia del chico de las explosiones y del increíble potencial del tipo de dos quirks completamente opuestos. Algunos también mencionaban al muchacho que se rompió todos los dedos en la batalla más interesante de todas.
Un chico de cabello y ojos verdes.
—¿Restaurar la identidad de un verdadero héroe? ¿A qué se habrá referido el asesino de héroes al decir eso? —cuestionó un transeúnte que caminó a un lado de Dabi. Éste se detuvo.
El asesino de héroes… Sí, había escuchado de él en las últimas semanas, pero creyó que se trataba simplemente de un sujeto sin escrúpulos que sólo buscaba ganar fama con crímenes sinsentido. Pero, tal vez…
Retrocedió y caminó hasta llegar a una plaza comercial. Siempre eran los mejores lugares para enterarse de todo. Y justo como lo esperaba, en una de las enormes pantallas centrales estaban pasando un interesante reportaje.
—Al fin fue atrapado el asesino de héroes, la noche de ayer. Endeavor, el héroe #1, fue quien lo capturó en Hosu —dijo el conductor—. Se le pide a la población hacer caso omiso a los videos que se están esparciendo en internet; recordemos que se trata de un criminal de rango S que cobró la vida de diecisiete héroes profesionales.
—Interesante… —murmuró Dabi para sus adentros. Era la clase de villano llamativo que Endeavor usaba para subir sus números; no le sorprendía que hubiese ido tras él. Temerario y estúpido.
—¿De qué video hablan? —cuestionó otro transeúnte a su acompañante. Ambos, estudiantes universitarios.
—¿No lo has visto? Es éste —contestó su amigo, al tiempo que sacaba su teléfono y buscaba entre su galería—. Lo han estado bajando de todas las páginas de internet, pero ya se viralizó, de todas maneras.
Discretamente, Dabi se colocó detrás de éstos para mirar. Aunque no era más alto que los estudiantes, el espacio entre sus cuellos era suficiente como para asomarse. El video parecía hecho por un fanático de la edición visual y un investigador nato. En él mencionaba los datos más relevantes de Stain o, por su nombre verdadero, Chizome Akaguro.
Huérfano, decepcionado de la sociedad luego de estudiar menos de un año para convertirse en héroe, misionero fallido de las verdaderas propiedades de un héroe y un justiciero extremista. Se decía que estaba relacionado con la Liga de villanos. Ese grupo que se infiltró en la UA unos cuantos meses atrás.
—¡Da escalofríos! —mencionó uno de los estudiantes, abrazándose— Pero no puedo negar que tiene estilo, es genial.
—¡Cielos, hombre! Es un villano. —Rio el otro.
Dabi sonrió y se dio la vuelta. Interesante.
—Por cierto, el chico del video, el que estaba en el suelo, ¿no es el chico del festival escolar, el que se rompió todos los dedos? —cuestionó el primer universitario. Dabi volvió la vista a los muchachos.
—¿El de cabello verde?... ¡Es verdad, es él! ¿Qué hacía ahí?
La sonrisa de Dabi se alargó. El espíritu de ese chico lo llevaría a meterse en más de un problema, eso era seguro. ¿Pero ir detrás del asesino de héroes? Vaya que era valiente. O muy estúpido.
Sin embargo, la ideología de Stain era algo que ese aspirante a héroe podría comprender. Después de todo, sólo era una extensión a lo que Dabi le había dicho…
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Iida Tenya fue dado de alta esa misma noche. Aunque su diagnóstico no era el mejor, el presidente de la clase 1-A salió satisfecho con los resultados. Tomaría sus heridas como una enseñanza y la experiencia como una garantía de que contaba con al menos dos grandes amigos, capaces de darlo todo por su bienestar. Dos verdaderos héroes.
Entonces, Shoto e Izuku pasaron la noche en el hospital. Endeavor, el padre de Shoto y su supervisor en las prácticas, no había ido a visitarlo; seguramente, porque estaba ocupado con el papeleo y las entrevistas que haría al dar la cara en lugar de los tres estudiantes que derrotaron a Stain. Aun así, Shoto parecía no estar afectado por esa ausencia.
E Izuku, en realidad, prefería estar a solas con él. Esa tarde, poco antes de que Iida se fuera, Izuku descubrió que Shoto podía llegar a ser muy divertido. Era un chico tranquilo, noble, con un espíritu muy fuerte y con la firme convicción de salvar a todo aquél que necesitara su ayuda.
Era feliz al saber que podía llamarlo su amigo.
Pasaba ya de la medianoche cuando Izuku suspiró. Deseaba que el mundo sólo tuviera personas como Todoroki. Deseaba que no hubiera gente que provocara el nacimiento de villanos como Stain. Si la sociedad de héroes fuese como Shoto, entonces incluso Dabi sería otra persona.
—¿No puedes dormir, Midoriya? —cuestionó Shoto desde su cama. El aludido se sobresaltó.
—¿Te desperté? Lo siento, Todoroki-kun, no haré ruido —prometió girando el cuerpo hacia él. Todoroki ya lo miraba, en una posición similar a la de Izuku.
—No es culpa tuya. En realidad me incomodan un poco los hospitales. —Izuku lo miró asombrado— Mi madre ha pasado gran parte de mi vida en uno de ellos, uno psiquiátrico —explicó e Izuku desvió la mirada, apenado.
—L-lo siento.
—No es algo que me avergüence, en realidad. ¿Por qué suspirabas? ¿Sigues temiendo a Stain, Midoriya? —cuestionó.
Izuku lo pensó unos segundos, mirando a la nada. No se trataba de miedo…
—De hecho, me preguntaba qué llevó a Stain a donde está. Su discurso debe tener un trasfondo real, una experiencia que no estamos viendo —dijo. Luego, temeroso de que Shoto lo juzgara de una forma equivocada, volvió la vista hacia su compañero. Éste no cambió su expresión.
—No creo que puedas encontrarle sentido a la filosofía de un asesino.
—Pero, Todoroki-kun, ¿no crees que merezca al menos una oportunidad para que alguien lo escuche? Tal vez todavía podemos salvarlo… Sus crímenes no se perdonarán jamás, pero tal vez… —Volvió a suspirar— No sé qué estoy diciendo.
—Tú me enseñaste que todos merecemos una segunda oportunidad, Midoriya —respondió Shoto sin dudarlo—. Sin embargo, no creo que todos la quieran.
Izuku, un poco más entusiasmado por poder hablarlo con Todoroki, se incorporó. Shoto, un poco asustado por el repentino movimiento en su compañero, hizo lo mismo.
—¿Y qué tal que es porque nadie se la ha ofrecido? Todoroki-kun, si yo no te hubiera mostrado ese… otro camino —dijo con cierto rubor en las mejillas, abrumado por el crédito que Todoroki le daba—, ¿cómo podrías saber que existía?
—Seguramente no lo habría sabido —contestó de inmediato Shoto. Tan rápido que el rubor en Izuku sólo se incrementó—. Entiendo lo que quieres decir y es muy noble de tu parte querer hacer eso por cada persona que conoces. Siendo tú, estoy seguro de que podrías lograrlo, Midoriya.
Izuku sonrió, todavía sonrojado. Ahora que se sabía apoyado, esperaba que Todoroki lo acompañara en ese camino.
—Siempre tendrás mi apoyo, pero recuerda que antes de ofrecerles ayuda, tenemos que capturarlos. —Continuó Shoto— Si te apresuras, volverás a lastimarte; sobre todo si estoy ahí —añadió mirándose las manos. Izuku volvió a reír, recordando su temor por tener una extraña maldición.
—Será de mucha ayuda tenerte ahí, Todoroki-kun —dijo—. Ahora me siento mucho mejor. Gracias.
Suspiró una tercera vez y volvió a recostarse. Todoroki lo imitó.
—Buenas noches, Todoroki-kun —susurró Izuku volviendo a cerrar los ojos.
—Sí… —contestó el aludido en un susurro, mirándolo.
A cada día que pasaba, le sorprendía más ese chico. Su entrega como héroe era admirable, sus anhelos, sus objetivos… Él era el indicado para convertirse verdaderamente en el héroe número uno.
Shoto no había abandonado su sueño de ser el mejor héroe, mas sabía que no se sentiría mal si acaso Midoriya ganaba ese puesto.
Sonrió antes de cerrar también los ojos. Estaba seguro: Midoriya sería el héroe que cambiaría las cosas en ese país.
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Mientras unos pensaban en mejorar el país a través del sistema de héroes, otros planeaban erradicarlo. Stain, el asesino de los héroes, era una gran inspiración para el segundo grupo. Desde civiles que vivían en las zonas menos privilegiadas hasta pequeños héroes que no conseguían subir su popularidad, consideraban la filosofía de Stain como una señal. Una pequeña luz a la que más de una persona se aferró.
Mas Dabi prefería no ilusionarse. La Liga de villanos no era algo a lo que él supiera acceder; además, por lo que sabía de ellos, sólo era una bola de alborotadores sin importancia. Un grupo que pronto pasaría a la historia, una moda pasajera. Algo que podría elevarlo en tendencias una noche para luego dejarlo caer en el olvido.
Empero, aun con todo eso, no podía negar que frecuentemente pensaba en eso. Los trabajos que solía hacer eran muy sencillos; le dejaban mucho tiempo libre para reflexionar sobre cosas que ni siquiera esperaba hacer. Ese grupo criminal era una de esas cosas…
Por eso, esa fría noche en un bar de tercera, Dabi apenas podía concentrarse en los lugares que tendría que visitar la próxima semana para cumplir con sus compromisos.
No era especialmente bueno en los trabajos en equipo, por lo que siempre rechazó la idea de unirse a una pandilla o algo similar. Su carácter, además, no se prestaba a la servidumbre o al liderazgo. Aunque, por otro lado, si se equivocaba y la Liga de villanos terminaba por hacer algo grande, entonces podría perder la oportunidad de su vida.
Necesitaba llamar la atención, quería que la cúspide de su objetivo fuese lo suficientemente llamativa como para atraer a todo el país. Y tal vez, sólo tal vez, esos criminales tenían la respuesta…
Dejó el vaso de cerveza a un lado, suspiró y puso un cigarrillo en sus labios. Mas cuando alzó un dedo para encenderlo, alguien puso un encendedor en forma de pistola debajo de su cigarro y lo prendió por él. Dabi exhaló el humo y miró a la persona que, sin invitación alguna, se sentó frente a él.
Un sujeto de mediana edad de lentes redondos y una sonrisa algo extraña; le faltaba un diente y no parecía importarle lo notorio de ese hecho. Además, por su apariencia, parecía tener gustos extravagantes y de altos costos. Dabi ya había oído de él. Eitokou lo detestaba por tener un quirk tan similar al suyo; mas, según él, todavía más poderoso.
—Supuse que te encontraría aquí, Dabi. —Le dijo Giran, el hombre de la sonrisa incompleta, mientras sacaba su propio cigarrillo y lo prendía.
Dabi sacó el cigarro de su boca.
—¿Por qué me buscas, Giran?
—Ah, ¿así que me conoces?
—No eres el único con contactos —contestó algo aburrido antes de darle una bocanada a su vicio.
Por lo que sabía de él, Giran solía ser un mediador, un contacto importante con varios asuntos ilegales. Era un gran conocedor del mercado negro; sus especialidades parecían ser los medicamentos y armamento ilegal. Cosas con las que Dabi en realidad nunca se metió.
—Eso veo. Tus habilidades aumentan mi sorpresa a cada minuto. Creo que serías una gran inversión económica… —Dabi frunció el entrecejo y estuvo a punto de incinerar su propio cigarrillo al malentender a Giran— Para la Liga de villanos, me refiero.
—¿Qué? —cuestionó Dabi, sorprendido.
—Conoces a Stain, ¿cierto? Casualmente noté cómo mirabas su video en ese centro comercial. En mi defensa, estabas en un sitio demasiado público, si me permites decirlo. —Se apresuró a explicar antes de que Dabi lo acusara de obsesivo.
—¿Perteneces a esa pandilla?
Giran rio y negó una vez con la cabeza. En todo ese tiempo, mantuvo el cigarrillo en su boca, como presumiendo su habilidad para decir decenas de palabras sin necesidad de soltar el humo.
—No pertenezco a ninguna afiliación, no es mi estilo. Pero me interesa su contacto. Y me interesa que te unas a ellos —dijo con una sonrisa más amplia.
Dabi suspiró, dejando escapar todo el humo e importándole poco que parte de éste cayera sobre el rostro de Giran. Sonaba como algo excesivamente conveniente… Y no podía confiar en algo así.
—¿Qué ganas tú con eso si ni siquiera formas parte de ellos? —preguntó antes de beber un trago de su cerveza.
—Las ganancias que obtendré de un grupo tan popular como el que será la liga son más que tentadoras, ¿sabes? Mi interés es hacer que dicha organización crezca tanto que se convierta en mi principal fuente de ingresos. Vaya que tienen potencial… Su líder es… —Alzó las cejas— interesante.
—Háblame de sus objetivos —ordenó Dabi.
—¿No crees que eso deberías preguntárselo a quien está a cargo? — Dabi le respondió con una mirada— De acuerdo, de acuerdo. En primera instancia, acabar con All might, el símbolo de la paz, derrumbar a la sociedad, según tengo entendido, y destruir todo lo que no les parezca.
—Suena a un simple capricho infantil —dijo Dabi decepcionado, calando largo y luego dejando salir el humo por los laterales de su cavidad bucal.
Entonces, Giran tomó su cigarrillo y apuntó a Dabi con éste.
—¿No es eso lo que la hace interesante? Deseos así no surgen de la nada y menos cuando su creador se aferra tan fuertemente a ellos. Supongo que tú debes tener un deseo similar, Dabi. Todos tenemos una historia de por qué estamos aquí, pero no cualquiera es capaz de entender ese «capricho» como tú le llamaste.
Dabi mordió el cigarrillo sin dejar de mirar a Giran. También decían que él era especialmente bueno con las palabras, ahora veía por qué. A primera vista, podría parecer que la Liga de villanos sólo era el grupo criminal que estaría de moda un par de meses, medio año, quizá; pero en realidad, si poseía argumentos profundos para existir, probablemente se tratara de algo mucho más serio. Algo que podría crecer, algo donde podría desenvolverse con mayor seguridad.
Además, tendría más oportunidades para ganarse la atención de los héroes, de los medios. Y así, estaría un paso más cerca de lo que en realidad buscaba…
—¿Dónde y a qué hora es la cita? —preguntó antes de apagar su cigarrillo contra la mesa. Giran volvió a sonreír.
—Puedo organizar una entrevista para el siguiente sábado a las siete. Encuéntrame en esta dirección. —Le dijo mientras le entregaba un pedazo de hoja doblado en cuatro y se levantaba— Creo que está de más, pero no le vayas a decir a nadie sobre esto. Todavía es una organización discreta.
Dabi desdobló el papel. El barrio de Kamino, en Yokohama…
—Una cosa más —dijo antes de que Giran se diera la vuelta—. ¿De verdad fue Endeavor quien derrotó a Stain?
—¿Ah?… En realidad eso no lo sé. —Sostuvo su barbilla un segundo— Pero parece ser que en realidad llegó en el momento justo para arrestarlo. ¿Por qué el interés?
—Por nada —contestó sin darle importancia. Bebió un trago más de su vaso.
Giran volvió a sonreír y se marchó.
Dabi recordó los comentarios de esos universitarios en la plaza. En ese caso, tal vez era ésa la razón por la cual el tipo que se hacía llamar su amigo estaba en la escena.
—Endeavor robándose el crédito de otros héroes… Vaya sorpresa. —Se burló.
Daba lo mismo. Si conseguía unirse a esa afamada liga, entonces la gloria de Endeavor pronto llegaría a su fin.
