VI. Las cicatrices del reencuentro
Del viaje escolar, que prometía ser divertido y eficaz, sólo se tenían recuerdos de pérdida y dolor. Fuera a quien fuera que se le preguntase, la derrota contra la Liga de villanos era, cuando menos, traumatizante.
El no haber podido evitar que se llevasen no a uno, sino a dos estudiantes de la clase 1-A representaba un fracaso para cualquiera. Aun si ambos estudiantes fueron salvados posteriormente por los más grandes héroes del país, la herida seguía fresca.
No sólo la sociedad juzgaba a la escuela que permitió que su ubicación fuese revelada, sino que también varios padres de familia estaban sopesando la posibilidad de sacar a sus hijos de aquel colegio. Era comprensible; después de todo, habían sufrido al menos dos ataques en lo que iba del año escolar. Y el que no hubiese muertos o heridos de gravedad apenas ayudaba a la situación pues nadie podía ignorar que se llevasen a dos estudiantes de un lugar que, aparentemente, era secreto.
Convencer a Midoriya Inko de que dejase que su hijo permaneciera en los dormitorios de la UA no fue sencillo. Ella habría preferido inscribir a su hijo en otra escuela para héroes, lo había dicho antes; mas la súplica de su hijo y la de All might le permitió darles una última oportunidad. Estaba harta de ver a su hijo en las camillas del hospital, estaba cansada de preocuparse día y noche de su hijo porque la escuela a la que tanto aspiró parecía no ser la más segura.
Por supuesto, ella sabía que la nobleza de su hijo no era fácil de controlar; empero creyó que héroes profesionales serían capaces de llevar esa empatía exagerada a un camino más controlable. Mas lo hecho, hecho estaba. Izuku se iría de su lado en un par de días, luego de que arreglasen lo necesario en las instalaciones de la UA y entonces tendría que acostumbrarse a la idea de que su protección ahora estaba mucho más lejana que antes.
Sin embargo, lo que esa mañana le alegraba era percatarse de que al menos no estaría solo. Apenas estaba terminando de desayunar, aprisa, cuando el timbre de su apartamento sonó.
Inko estaba a punto de levantarse, cuando Izuku terminó su jugo de naranja y se puso de pie.
—Es un amigo. —Le dijo frente a la puerta, justo antes de abrirla— Buenos días, Todoroki-kun, llegaste temprano. ¿Desayunaste bien?
El muchacho detrás de la puerta era unos diez centímetros más alto que su propio hijo, tenía una cicatriz en el lado izquierdo de su rostro y una apariencia más bien agradable.
Asintió ante la pregunta de Izuku y añadió:
—Lo siento si interrumpo algo. Endeavor insistió en traerme y su conductor traía algo de prisa —explicó.
—¿Endeavor? ¿Tu padre está aquí? —cuestionó Izuku asomándose. Esa acción le dio permiso a Todoroki para mirar a la madre de Izuku, quien aguardaba en la entrada de la cocina, al fondo del pasillo. Él hizo una cabezada para saludar y ella le sonrió.
—No, ya se fue. No esperaba que tú quisieras saludarlo —contestó Shoto, volviendo su atención a Izuku. Éste se ruborizó un poco.
—No, no era eso. Es… Ah, cierto. Mamá, él es Todoroki-kun —dijo dándose la vuelta. Inko sonrió.
—El del festival escolar, lo recuerdo —respondió ella—. Soy Inko, es un placer.
—Lamento haberle hecho daño a su hijo. —Se disculpó Shoto con una reverencia más pronunciada.
—¡¿Eh?! ¡No, no, no tienes que disculparte! ¡Yo sé que sólo fue parte del festival! —contestó Inko nerviosa. Izuku sonrió.
—Vamos a ver a Kacchan, ¿está bien? —preguntó Izuku. Su madre asintió enérgica.
—Los espero para la comida, entonces. No puedes negarte, Todoroki-kun. ¿Qué te gustaría comer?
Shoto lo pensó apenas un segundo. Si le daban a escoger, su respuesta siempre sería la misma:
—Soba fría, por favor.
—¿Ah?... Sí, claro. Izuku pasará por ella más tarde —respondió sonriente—. Cuídense. —Se despidió al tiempo que su hijo se ponía los zapatos para salir con su amigo.
Lo vio sonreír antes de cerrar la puerta y con ello, se quedó tranquila. La personalidad de Izuku podría llevarlo a muchos problemas, mas también le facilitaba el tener amigos que verdaderamente se preocuparan por él. Le agradaba el conocer a al menos uno de ellos. Esperaba que el resto fuese igual de atento que Todoroki.
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Contrario a Izuku e Inko, la relación entre Bakugou y su madre era algo caótica. Apenas Mitsuku vio a Izuku en la entrada de su casa, corrió a abrirle y lo saludó como si fuese un familiar cercano. Con el mismo entusiasmo recibió a Shoto, quien dijo había sido un gran contrincante para su hijo; así que, sonriente, llevó a los dos estudiantes a la habitación de Katsuki. Y a base de gritos, Bakugou y Mitsuki hablaron sobre si era correcto que Mitsuki recibiera a los compañeros de Katsuki en su casa sin antes consultárselo.
Mientras tanto, Izuku y Shoto aguardaban en una de las esquinas del cuarto de Katsuki.
—No esperaba que discutieran frente a nosotros, Todoroki-kun. Lo siento —susurró Izuku para que solamente Shoto lo escuchara. Éste miraba la escena casi sin parpadear.
—¿Lo hacen seguido? —preguntó e Izuku no respondió— Es una lástima. Ninguna familia debería llevarse así; eso explica mucho de Bakugou.
—¡Pues los recibirás y punto final! ¡Les traeré agua fresca y postre para que lo disfruten, y eso harán! —exclamó Mitsuki antes de salir del cuarto y cerrar con un portazo.
—¡¿Qué haces aquí, Deku?! ¡¿Y por qué trajiste al bastardo mitad y mitad?! —gritó Kacchan con las manos chispándole, como si quisiera descargar su enojo contra ellos.
—Tienes posters de All might… —mencionó Shoto mirando, por primera vez, la decoración del cuarto del muchacho rubio.
No era una habitación muy grande. Una litera cuya parte inferior fungía de escritorio; un armario, una mesa pequeña y un librero largo. En las paredes colgaban un par de posters del héroe número uno y una diana donde estaban clavados varios dardos en el centro.
—¡¿Y a ti qué si los tengo o no?! —espetó Katsuki acercándose. Izuku de inmediato se colocó frente a Shoto y estiró las manos en un intento por detener a su amigo.
—¡Espera, Kacchan! ¡No venimos a hablar de eso! Además, Todoroki-kun también admira a All might, así que no tiene nada de malo que tengas esos posters.
—¡¿Y entonces qué quieren?! —espetó deteniéndose.
—Eh… —Comenzó Izuku, un tanto nervioso; evitaba la mirada de Katsuki— Yo sé que se supone que no debes decirnos nada de eso, pero… ¿Podrías hablarnos de la Liga de villanos?
Katsuki soltó un «¿eh?» ante esa pregunta. Izuku no solía interesarse en los villanos, sino en los héroes. Sus dudas solían ser sobre las habilidades de los héroes y cuáles eran sus límites; era un completo nerd de héroes no de villanos. ¿Por qué de repente había cambiado tan drásticamente de interés?
—¿Por qué? ¿Qué es lo que quieres, Deku? —preguntó directamente.
—Midoriya tiene la intención de encontrar los orígenes de la Liga, así que quiere obtener toda la información posible de ésta —explicó Todoroki.
—¡¿Y por qué quieres saber eso?! Eso déjaselo a los policías, nerd de mierda. Sólo son una bola de imbéciles arrogantes, quédate con eso ¡y lárguense de mi cuarto, malditos extras!
—¿Todos? ¿Qué dijeron para que llegaras a esa conclusión, Kacchan? —cuestionó Izuku sacando del bolsillo de su sudadera una libreta y una pluma.
—¡¿Es en serio?!
—De saber su origen, Midoriya cree que podría encontrarse una solución —dijo Shoto, nuevamente, a modo de explicación. Katsuki volvió a extrañarse.
—¿Quieres reformar a los villanos? ¡¿Qué demonios te pasa, maldito Deku?! —exclamó tomándolo del cuello de la ropa con ambas manos— ¡Son villanos, Deku, no cachorros perdidos! ¡La única solución es matarlos!
—P-pero no puedes matarlos, Kacchan, no está permitido —alegó Izuku, como siempre intimidado por el agravio de Bakugou.
—Tal vez querías decir «detenerlos» —sugirió Todoroki poniendo una mano sobre el brazo izquierdo de Katsuki, para que soltara a Midoriya. Éste así lo hizo, pero en su lugar se giró hacia Shoto.
—¡No! ¡Dije lo que dije porque quise decirlo, bastardo mitad y mitad! —exclamó.
Al instante, la puerta de su habitación se abrió y por ella entró Mitsuki para dejar un plato de fruta picada y tres vasos. Antes de irse, volvió a advertirle a su hijo que disfrutara la comida y la compañía.
Katsuki suspiró antes de meterse un enorme trozo de manzana a la boca y gruñir mientras masticaba. Ni Midoriya ni Todoroki estaban seguros de poder acercarse a esa comida, así que simplemente permitieron que Bakugou siguiera comiendo.
—Si le dices lo que quiere, nos iremos más rápido —dijo Todoroki. Katsuki lo miró enojado y luego observó a Izuku. Sus complejos de mesías estaban escalando con fuerza, pero ya sería su problema.
—¿Qué es lo que quieres saber, maldito nerd? —espetó con un trozo de sandía en la mano.
El chico dudó sólo un segundo. No podía permitirse aletargarse con sus preguntas o Bakugou se exasperaría de nuevo. Y tampoco tenía que ser tan obvio. Podía estar seguro de que Dabi no había hablado abiertamente de él o Katsuki ya lo habría enfrentado por eso; mas todavía tenía que cuidar lo que decía o su amigo podría sospechar algo. Después de todo, Bakugou era una de las personas que más lo conocían.
—El mago dijo que debías escoger tu propio camino y que no le pertenecías a nadie, ¿a qué se referían con eso?
—Ya lo sabes, querían que el pajarraco y yo nos uniéramos a su maldito club —respondió Bakugou como si fuera cualquier cosa—. Hablaban sobre idioteces como que los héroes sólo buscan fama y dinero y que dejan abandonados a los pobres oprimidos o una tontería similar. Idiotas.
Izuku detuvo su pluma en la libreta por un momento. Ese discurso…
—¿Quién fue el que dio eso? —cuestionó.
—¿Eh? ¡Pues obviamente ellos, Deku! ¡El idiota de las manos en el cuerpo y sus perros lamebotas!
—¿Interactuaron con todos? —cuestionó algo ansioso. Sintió la mirada de Shoto en él y, discretamente, tragó saliva— Me serviría la información de cada uno, lo siento… —Se apresuró a disculparse.
—No es como si hubiera pasado toda la semana con ellos, idiota. Me mantuvieron una silla e imposibilitaron mis movimientos gran parte del tiempo, esos imbéciles tienen una muy mala idea de convencimiento. No tengo idea de quién me puso todo eso porque de haberlo sabido lo habría matado al instante; pero los únicos idiotas que me hablaron fueron el estúpido de las manos en el cuerpo, el imbécil cara de lagarto y el idiota del sombrero largo. El tarado de la cara engrapada me tuvo miedo, estoy seguro de ello; já —enlistó con una sonrisa al final—. Supongo que es el menos estúpido de todos. No quiso liberarme a pesar de que su jefe se lo ordenó.
Izuku de inmediato reconoció a la persona que aún consideraba su amigo en esa descripción. Temeroso, siguió escribiendo en su libreta.
—El del rostro engrapado usa un fuego más potente que el mío —mencionó Todoroki—, ¿por qué te tendría miedo?
—¡¿Qué quieres decir, bastardo?! ¡Yo te gané en el festival, idiota!
—Pero yo no usé mi fuego contra ti.
—¿Y qué respuesta les diste tú? —cuestionó Izuku, irrumpiendo en la discusión. Sólo había sacado una pregunta al azar para evitar que sospecharan algo.
—¡Obviamente me negué, nerd de mierda! ¡¿Qué respuesta esperabas de mí?! ¡Sus malditas excusas baratas no sirven para mí!
Izuku alzó la mirada y la clavó en Bakugou. Desde pequeño, fue halagado por lo fuerte de su quirk y lo hábil que era manipulándolo. Siempre se rodeó de personas que supieran admirarlo y jamás se vio discriminado por su situación; aunque había personas que le decían que su carácter y quirk servirían más en un villano, lo cierto es que el apoyo que recibía para convertirse en héroe siempre fue mayor. Katsuki no conocía ese otro lado de la moneda.
Tras un suspiro, Izuku guardó la libreta y la pluma en su sudadera antes de caminar hacia la salida de la habitación; Todoroki lo siguió de cerca.
Izuku no necesitaba escuchar nada más.
—Sé que no me harás caso, Kacchan —dijo con la mano en la perilla—, pero deberías ser un poco más empático con las situaciones que no conoces.
—El trabajo de un héroe es derrotar a los villanos, Deku —contestó Katsuki, molesto—. No sé a qué estás jugando, pero…
—Te equivocas —intervino Shoto—. El trabajo de un héroe es salvar a las personas.
—Y los villanos todavía son personas, Kacchan —completó Midoriya antes de salir de la habitación.
Bajaron en silencio y apenas se despidieron de la madre de Katsuki previo a abandonar la residencia.
Izuku no podía dejar de pensar en las palabras que Shigaraki le dijo a Bakugou, tan similares a las que Dabi usaba; tampoco podía abandonar la interrogante de qué era en realidad la Liga. ¿Qué hacía Dabi ahí? ¿Tan desesperado estaba por restaurar a la sociedad que se había metido a una organización que no temía asesinar?... ¿Acaso le había mentido en aquella ocasión?
Se detuvo de repente, a mitad del camino a su casa. Shoto también lo hizo y le cuestionó si todo estaba en orden.
¿Quién era Dabi realmente? ¿En qué otra cosa le había mentido?
Sacudió la cabeza y apretó los ojos. Demasiadas interrogantes; no podría dormir si no buscaba las respuestas.
—Todoroki-kun, ¿puedes esperarme en el parque que está más adelante? —cuestionó de repente, retrocediendo— Tengo que hacer algo urgente y luego pasaré por tu soba, ¿bien? No tardaré mucho —prometió sonriendo.
—¿Eh? ¡Midoriya, espera! —exclamó Shoto al ver cómo su amigo corría en el sentido contrario al suyo.
Sabía que Izuku guardaba más de un secreto, lo supo casi desde el momento en el que lo conoció. Y lo respetaba; él también guardaba secretos familiares que no sabía cómo revelar y si debía hacerlo… Mas en ocasiones esperaba que Izuku confiara lo suficientemente en él como para contarle alguno de sus secretos.
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La calle ya le era lo suficientemente familiar como para caminar sin miedo hasta allá. Y aunque sabía del poco tiempo con el que contaba para hacer esa visita, no quería dejar de intentarlo. Tenía que verlo, tenía que preguntarle qué había pasado…
Era su amigo… Debía seguir siéndolo…
Llegó a la entrada de ese lugar y tocó el picaporte. Estaba abierto…
Sin pensarlo, Izuku abrió la puerta y dio un paso adelante.
—¡Dabi! —Lo llamó al mismo tiempo que escuchó una voz a su izquierda, al fondo de la habitación:
—¿No te dije que debías arrestarme la próxima vez que me vieras? Perdiste tu oportunidad, verde.
Al girar el rostro, Izuku se encontró con Dabi estirando su brazo izquierdo como esa vez en el campamento. Sonreía.
No, ¿por qué sonreía?
—¡Dabi, no! ¡No he venido a pelear! ¡¿Por qué lo hiciste?! —cuestionó, inconscientemente poniendo ambos brazos en posición de ataque. Su cuerpo reaccionaba antes de que él siquiera lo pensara, antes de que él mismo asumiera el riesgo en el que se encontraba.
—¿Con cuántos vienes? ¿Eraserhead, All might, quizá? Descuiden, héroes, esto será rápido —dijo alzando el brazo.
—¡He dicho que te detengas, Dabi! ¡No les hablé de ti! ¡No podría hacerlo! —exclamó Izuku acercándose a él, ya con los brazos alzados, como rindiéndose.
Dabi, quien ya tenía el brazo izquierdo en llamas azules, permaneció quieto un momento. No podía estarle diciendo la verdad. Nadie sería tan estúpido.
—Ajá, ¿y como por qué no les dirías? Es una ventaja estratégica la que tú tienes, ¿por qué no aprovecharla? —Se burló sin desaparecer el fuego en su extremidad.
—¡Porque eres mi amigo! ¡Yo te lo prometí, te dije que te salvaría! —explicó acercándose más. Dabi miró la puerta, insistentemente.
Por lo que sabía del quirk de Izuku, éste funcionaba a corta distancia. Tenía sentido que quisiera acercarse si lo que planeaba era desmayarlo con un golpe.
No se lo permitiría.
—Entonces, no tendrás problemas con que queme todo el callejón… —murmuró antes de, con ambos brazos en fuego para evitar que Izuku pudiese acercarse a él, correr hacia la puerta y arrojar llamas hacia el callejón.
Alzó la vista, buscó a sus alrededores… Imposible…
—En verdad eres idiota… —musitó, desvaneciendo el fuego en su cuerpo. Salió al callejón, con rastros de fuego en él, y miró a los techos; hacia la calle que se vislumbraba al fondo— ¿En serio viniste solo? —cuestionó regresando a su hogar. Cerró la puerta de un portazo, caminó hasta llegar frente a Izuku y lo tomó del cuello de su sudadera con una mano— No puedes mentirme, dime si esto es una maldita trampa o juro que…
—¡Te dije que no intentaría atraparte! ¡¿Cuántas veces tengo que repetírtelo?! —Le gritó Izuku, tomando su muñeca con ambas manos.
Dabi lo miró a los ojos. Eran los mismos de siempre, ésos tan llenos y tan vacíos de todo. Aquéllos que le hablaban de su experiencia con la soledad y la esperanza de mejorar su vida. Ésos donde no cabían las mentiras…
Aflojó el agarre en la ropa del estudiante, sopesando la posibilidad de aprovechar la aparente debilidad que éste sentía por él, para llevarlo hasta Shigaraki. Después de todo, era uno de sus más grandes objetivos…
—¿Por qué lo hiciste? —cuestionó Izuku sin soltar su muñeca. Dabi, al darse cuenta de eso, dio un paso atrás y retiró la mano.
No, Shigaraki no le daría oportunidad de sacarle información.
—Yo debería preguntar lo mismo. ¿En qué pensaste al venir acá? ¿Cuál es tu plan? ¿Evangelizarme y llevarme a las autoridades como un criminal arrepentido de todos sus pecados?
—¡No!... No del todo. Quiero salvarte, sólo que aún no sé cómo hacerlo.
—«Salvarme», «salvarme», deja de decir eso que no sé a qué demonios te refieres. ¿Qué carajos haces aquí solo?
—Eres mi amigo —insistió. Dabi se mordió un labio, reuniendo paciencia. Si supiera usar esa carta, Izuku podría servirle de algo; pero debía asegurarse de que era completamente confiable.
—Ajá, y «Kacchan» también lo es, supongo; el sujeto al que me llevé sin que tú pudieras hacer algo. —Dabi notó el dolor en los ojos de Izuku al escuchar esas palabras— Y aun así estás aquí; así que habla claro.
El estudiante bajó la mirada. Tragó saliva y luego lo miró de vuelta.
—Sólo quiero respuestas.
—¿Y a quién se las darás?
—¡Dabi, por favor, deja de pensar que voy a venderte! —exclamó Izuku desesperado— ¡Las quiero para mí, no consigo entenderte! Y-yo no soy una persona con mucha experiencia en cuanto a relaciones sociales, sé que soy básicamente un extraño para ti y que probablemente tú tampoco me consideres un amigo; pero… —Volvió a tragar saliva— Por favor, sólo dímelo. ¿Por qué te uniste a ellos?
De nuevo, como un conocido deja vú, esa mirada carente de felicidad, aquélla con la cual lo conoció, se fijó en los ojos verdes de Izuku. Sufría, en ese momento sufría mucho. Como quien estaba decepcionado de su única figura a seguir…
Alguien debía enseñarle a ese chico a escoger mejor a los integrantes de su círculo social.
Dabi negó con la cabeza y caminó hacia la afamada ventana. Tampoco entendía a Izuku; no sabía cuál era su verdadera mirada, sus verdaderos sentimientos, qué era lo que de verdad buscaba en la vida.
Ya en la ventana, a sabiendas de que el lugar se llenaría de humo, la abrió y procedió a encender un cigarrillo. El primero de la cajetilla.
—Es la primera pregunta interesante que haces desde que nos conocemos, pero no pienso responderla —dijo por fin, luego de su segunda calada. Lo había necesitado todo el día.
Dabi sabía que tarde o temprano volvería a encontrarse con Izuku; tenía plena seguridad de que luego de lo ocurrido en el campamento, éste lo buscaría en su escondite y no se rendiría hasta encontrarlo. Mas Dabi también asumió que el muchacho vendría con compañía, que tendría un plan para arrestarlo y sacarle información. Cualquier persona cuerda lo habría hecho.
No entendía… ¿Qué demonios ganaría ese chico con esa visita?
—Ellos son unos asesinos… ¿Me mentiste esa vez? —cuestionó Izuku, acercándose otra vez a él— Dijiste que no habías matado a nadie.
—No lo hice, no dije eso —corrigió Dabi, dándole una tercera calada a su cigarro. Si seguía así, lo terminaría antes de lo acostumbrado—. Simplemente te conté la verdad que querías escuchar, no la completa.
Izuku apretó los puños y caminó más rápido hacia él. Ahora también estaba enojado.
—¡¿Por qué lo hiciste?! —repitió una vez frente a él.
La diferencia de sus alturas se veía reducida por la postura tan relajada de Dabi; mas aun así, Izuku tuvo que alzar la barbilla para mirarlo a los ojos. Dabi giró el rostro para suspirar. El cabello de Izuku olería a cigarrillo, pero al menos debía agradecer que no le había echado el humo a la cara…
—Soy un villano de clase B, próximamente de clase A, con un quirk de fuego. ¿Exactamente qué esperabas de eso? —inquirió con una ladeada sonrisa.
Izuku retrocedió. No, no quería aceptarlo. Cerró los ojos y presionó las manos en la sien. No quería, sencillamente no quería que eso pasara.
—No… —Lo miró suplicante— No me obligues a pelear contra ti.
Dabi, un tanto harto por los ideales de Izuku, terminó por calar a fondo su cigarrillo antes de apagarlo con su propia mano.
—Eres un héroe, yo un villano. Esto no es Romeo y Julieta, verde. Voy a matarte si la situación así lo requiere y tú deberías arrestarme si quieres evitar eso. —Le explicó, ahora caminando hacia él. Izuku retrocedía ante cada paso que Dabi daba— Debiste venir con tus amiguitos, con ése de doble quirk al que ayudaste en el torneo y ese patético chico bomba. —Rio— Mejor aún, debiste traer a un héroe de verdad, a uno como los que estuvieron en el bar en Kamino. Ellos no dudarían en arrestarme como tú lo estás haciendo.
—Si quisieras matarme, ya lo habrías hecho —determinó Izuku, deteniéndose. Estaba a unos escasos veinte centímetros del villano que se había llevado a Kacchan y a Tokoyami una semana atrás, del villano que había incendiado la mitad del bosque para impedirles el escape, del villano cuyos clones habían distraído a dos pro héroes. Y aun así, la firmeza en sus ojos y en su voz no se desvaneció—. Tuviste más de una oportunidad en el campamento. Pudiste hacerlo desde el principio, pudiste hacerlo cuando Todoroki-kun estaba ocupado con ese villano de la cinta métrica, pudiste hacerlo antes de irte. ¡Sabías que yo tenía información de ti que podía gritar a los cuatro vientos en ese momento y aun así me dejaste vivir! ¡Escuché que estoy en la lista de Shigaraki y sigo vivo! —reclamó sin temor alguno, retándolo, dejándolo asombrado ante cada palabra— No puedes asustarme ni amenazar mi vida porque sé que no serás tú quien me mate.
Dabi no respondió de inmediato. Con honestidad, en el campamento no se le ocurrió el asesinar a Izuku. No porque no tuviese la oportunidad; pues tal y como lo dijo él, hubo varias chances. Simplemente, no consideró relevante para la misión acabar con él.
Mas ahora que lo pensaba, ese chico era un verdadero problema.
Aunque no le había dicho nada que pudiese usar en contra de su objetivo central, sí podía rastrear algo de él. Las pláticas que tuvo con él, por mínimas que fueron, eran de vital importancia en la sociedad de héroes.
—No debiste decirme eso… —musitó. Sus manos se calentaron, como antecedente de que pronto se llenarían de fuego.
—¿Por qué no les dijiste nada sobre mí? —cuestionó Izuku sin dejar de mirar sus ojos. Dabi detuvo sus planes de quemarlo en ese instante.
—¿Qué te hace pensar que no lo hice? —respondió Dabi.
—Que todos se habrían ido sobre mí, que me hubieran delatado frente a mis compañeros en cualquier oportunidad. Spinner no me habría dejado ir y Mr. Compress me habría capturado también. Si ellos supieran…
—¿Quieres que te entregue acaso? —Lo interrumpió Dabi— Verde, podría aprovecharme de lo que sea que creas que somos y podría arrastrarte hasta Shigaraki para que él…
—Sin embargo, no lo haces. Confías en ellos tanto como confías en mí, así que no harás nada conmigo hasta no encontrar lo que más te convenga para tus propios fines —detalló Izuku. Dabi sonrió.
—¿Y estás en contra de eso?
—En realidad, no estoy seguro —reconoció con una mano en la barbilla—. Yo te considero mi amigo y me gustaría ser lo mismo para ti, así que no creo que sea justo que me uses a tu conveniencia. Después de todo, tampoco conozco cuál es tu propósito real y no me lo dirás aunque insista. Pero si es la única forma en la que me permitirás estar a tu lado, seguir visitándote… Creo que no tengo opción.
Dabi dejó escapar una risa. En verdad no comprendía a ese chico y a su determinación.
—¿Y qué harás si decido que mi mejor opción es matarte? —cuestionó sin dejar de sonreír, burlón.
Izuku frunció el entrecejo.
—Hm… Supongo que entonces tendría que detenerte. No quiero hacerte daño; pero si es el único modo de evitar que me mates, entonces lo haré. ¿Estás de acuerdo con eso, Dabi? —preguntó volviendo a mirarlo.
—¿Lo dices en serio? En lo que va del día he intentado matarte en al menos dos ocasiones y planeé entregarte a Shigaraki en otra. ¿No te importa, verde? —preguntó entre risas.
—Y yo tengo en llamada rápida a uno de los héroes del top diez y no tienes idea de cuántas veces estuve a punto de presionar el botón —atajó Izuku mostrando sus manos. La derecha sostenía su celular; en efecto, se encontraba en la aplicación de Teléfono.
—No eres tan estúpido como creí —reconoció Dabi. Izuku sonrió.
—No moriré aquí, Dabi —prometió guardando su celular en uno de sus bolsillos. Estiró la mano derecha sin dejar de sonreírle—. ¿Tenemos un trato? Déjame buscar la forma para ayudarte y no te delataré, entregaré o venderé.
Dabi miró la mano estirada del muchacho. Con lo idealista que era, no podría mentirle. Sus ojos, además, eran sumamente transparentes. Y a cambio de que supuestamente le permitiera visitarlo con cierta regularidad, Dabi podía sacarle información sobre su hermano o sobre otros héroes. El riesgo real era mínimo considerando a ese chico.
Sólo tendría que aparentar… O ni siquiera eso. Sólo tendría que mostrarle lo que el chico quería ver y le daría todo lo que necesitara.
Tomó entonces la mano de Izuku y la estrechó.
—Asesinaré a cualquier héroe que venga aquí en tu nombre —advirtió.
—Lo sé, por eso no le diré a nadie. Será nuestro secreto, Dabi.
El aludido sonrió por lo bajo hasta que su propia mano sintió las irregularidades en la de Izuku. Entonces tomó su mano y la miró de cerca. Estaba llena de cicatrices.
—¿Fue Muscular? —cuestionó.
—No… En realidad se podría decir que fui yo —aclaró algo avergonzado—. Durante mi pelea con Todoroki-kun, me excedí un poco…
Dabi lo miró a los ojos. Un Todoroki le había hecho eso. ¿Acaso era tradición familiar que los Todoroki dejaran marcas físicas en los demás o en sí mismos?
—¡Es cierto! ¡Todoroki-kun quiere su soba! ¡D-debo irme, Dabi! —exclamó Izuku, soltándose del contacto. Dabi lo siguió con la mirada mientras se apresuraba hacia la puerta— Eh, espera. —Se detuvo con la mano en la puerta— ¿Tienes un horario con la Liga? Sé que no puedes decirme nada sobre ella, sólo quiero saber cuándo puedo encontrarte aquí.
—Verde, no es un trabajo en regla; no hay horarios —contestó Dabi como si se tratara de algo obvio.
Izuku asintió.
—Cierto. Vendré después, entonces. —Se despidió con la mano y salió.
Dabi lo pensó unos segundos. Un informante que no sabía que lo era y que decía ser su amigo… Las cosas podían salir o muy bien o muy mal. Debía ser cuidadoso con ese chico.
Sería interesante cuando tuviera que elegir entre su amistad con él y con la que seguramente tenía con el responsable de sus cicatrices…
