14. El peso de conocerte
Durante su entrenamiento, ocurrido desde los cinco años, Hawks fue entrenado para convencer a los demás de sus intenciones; ya fueran honestas o no. Todos y cada uno de sus expresiones corporales debían ser capaces de reflejar exactamente lo que quería que el otro viese. Si movía una pluma, su acompañante debía sentirse con la confianza de que esa pluma jamás se afilaría y se clavaría en su espalda. Y Hawks, desde que entró a la adolescencia, estaba lamentablemente acostumbrado a esa actividad en específico.
No obstante, una cosa era infiltrarse en un pequeño grupo de «héroes» que terminarían por manchar el título que portaban si Hawks lo permitía y otra cosa muy distinta era engañar a los criminales más peligrosos de Japón y colarse en sus filas agitando las mismas banderas que ellos para convencerlos de que no sólo empatizaba con su situación, sino que simpatizaba con la misma. Y aunque en un inicio las cosas se complicaron por lo hermética que resultó la personalidad de Dabi, más tarde Hawks se encontró invitado en las reuniones que los miembros originales de la Liga hacían por lo menos tres veces a la semana.
Por supuesto, fue Twice quien lo invitó y quien habló por él cuando Spinner lo vio entrar al salón donde se reunían para hacer cualquier cosa menos trabajar para lo que fuera que sirviera el Frente de Liberación Paranormal. Poco a poco, el héroe número dos fue haciéndose de la confianza del resto de los miembros; aunque, de forma extraña, algo le decía que uno de ellos todavía no confiaba plenamente en él.
Dabi asistía al salón sólo una o dos veces a la semana y, por lo regular, se dedicaba a beber cerveza, fumar un par de cigarrillos y mirar jugar a los demás hasta que la sala fuese vaciándose. Entonces, se dejaba caer en el sofá rojo cercano al balcón y se quedaba dormido tras apenas compartir unas palabras con sus compañeros. Empero, cuando Hawks estaba ahí, Dabi deambulaba por la habitación con un vaso de ron en la mano y de vez en cuando se entretenía arruinando la partida de alguno de sus compañeros; además, participaba en las conversaciones y, cuando creía que nadie lo notaba, miraba a Hawks como si pudiese —o quisiese— leer en su rostro más allá de lo que mostraba.
Lo miraba de la misma forma como Hawks sabía que debía mirar a las personas que debía manipular…
Hawks estaba acostumbrado a todo eso; por lo que continuaba con su acto casi sin prestarle atención a esa actitud en Dabi. Al contrario, se esmeraba por mantener conversaciones con el villano de fuego y de mostrarle sus mejores facetas; mas el cambio no parecía llegar… Hasta una noche a inicios de febrero en la que Mr. Compress, Twice, Spinner y Hawks jugaban «Presidente» con la baraja española del mago mientras que Toga se dedicaba a afilar sus cuchillos en uno de los sillones cercanos al refrigerador de bebidas y Spinner jugaba videojuegos frente al televisor.
Dabi entró a la habitación pasadas las once de la noche y, como era su costumbre, ignoró los saludos de sus compañeros y se dirigió de inmediato al bar del salón. Sin embargo, en esa ocasión no destapó una botella de ron, sino que bebió directamente de la boquilla de una botella de whiskey.
Mr. Compress, al ver eso, silbó burlón.
—Vaya que has tenido una mala noche, Dabi —comentó.
—Apuesto a que Geten le ha congelado sus cajetillas de cigarros —aventuró Spinner y Toga se rio ante la idea.
—Déjenlo en paz… Sí, Dabi, cuéntanos qué te pasó —dijo Twice.
—Mister, cambiemos de escuadrón —contestó Dabi al fin bajando la botella de whiskey.
—Oh, así que sí era el chico del hielo —dijo Hawks sonriendo.
—Los escuadrones se formaron así por una razón, Dabi, me temo que no puedo ayudarte con esa petición —respondió Compress—. Tal vez deberías empezar a pensar en el control de la ira.
—A la mierda el control —maldijo Dabi antes de volver a empinar la bebida a su boca. Sus compañeros, detrás de una sonrisa, volvieron a su juego. Comenzaba a ser común ver a Dabi enfadado casi hasta con la existencia del segundo teniente de su escuadrón…
—A veces pienso que los juntaron sólo para molestarlos —mencionó Hawks mientras lanzaba una tercia a la mesa. De inmediato, sintió esa mirada de Dabi.
—Pero si el fuego y el hielo son elementos complementarios; no deberían odiarse tanto… —contestó Spinner y Dabi gruñó de forma audible.
—En realidad, los usuarios de fuego no suelen tolerar el frío y viceversa —expuso Hawks—. Es común que los usuarios contrarios no puedan tolerar sus personalidades por mucho tiempo… Pero sigue siendo divertido ver cómo fingen convivir —añadió guiñándole el ojo a Dabi. Este hizo una mueca.
—Podría tener el quirk de una mosca o no tener quirk alguno y seguiría siendo igual de molesto que siempre —aseveró Dabi y Hawks rio.
—Bueno, bueno, te creemos.
—Yo creo que sería divertido ver a Geten-kun sangrar… —mencionó Toga— Me pregunto si su sangre es azul…
—Averígualo y me avisas, loca —dijo Dabi divertido.
—Dudo mucho que eso le cause mucha gracia a Re-destro —comentó Mr. Compress.
—Sí, concuerdo. Hay reglas que sí debemos cumplir, Dabi —concordó el del quirk de ave antes de darle un trago a su cerveza. Hasta un segundo más tarde, se dio cuenta de que Dabi lo miraba con cierto interés.
—¿Reglas, pajarito? Éste es el lugar para hablar de libertades, no para encadenarnos. Si quisiera una jaula de comportamientos, ¿no crees que habría sido mejor convertirme en héroe?
—Uh… Golpe bajo —mencionó Spinner y Compress lo secundó con un chiflido. Hawks rio. Las palabras de Dabi siempre conseguían un efecto poderoso; era interesante provocarlo.
—Aunque tienes razón, creo que la incluso la libertad tiene sus límites… —respondió Hawks— Pero, de todas maneras, aún estoy en camino de encontrar mi propia libertad; así que no es que pueda decirte mucho, Dabi.
El usuario de fuego no despegó la vista del héroe, quien continuó con la ronda de juegos hasta que, una vez más, se alzó con la victoria pese a los esfuerzos de Twice. Dabi sabía, por más que el ave quisiera hacerles creer lo contrario, que había algo que les ocultaba. Siempre que estaba con ellos, mencionaba su «crecimiento en proceso» y decía que debía aprender mucho de ellos; mas cada que se le preguntaba del objetivo del Frente de Liberación Paranormal, parecía tener el discurso de Re-destro tallado en la lengua. Inclusive, Dabi era consciente de que Twice tomaba «clases» con Hawks para poder liderar su escuadrón como Skeptic lo quería.
Sin embargo, aunque Dabi se esmeraba por conseguir información de Hawks que le permitiera desenmascararlo, no lograba encontrar nada concreto. La historia que salía de la boca del héroe concordaba con lo que Dabi tenía en sus manos: un niño criado para la fortuna de la Comisión de Seguridad Pública de Héroes, quien nunca asistió a una escuela y fue entrenado día y noche para convertirse en el perfecto modelo de héroe que la ciudad admiraría y querría como luz en el horizonte una vez All might colgara el traje. Sin amigos ni personas cercanas con quienes pudiese conversar y un apartamento en una residencia lujosa que sólo servía como hotel puesto que el héroe apenas pasaba a ese lugar para dormir, bañarse y vestirse.
Un hombre que bien podría estar cansado de toda la mierda que la Comisión hizo de él y que bien podría buscar en la Liga no sólo la libertad que siempre le fue negada, sino también un círculo cercano en el que pudiera desahogar la frustración de tener siempre a una multitud a su alrededor tocando sus alas y queriendo saber todo de su vida privada.
Y, no obstante, aún existía una línea salida de su boca que ponía en duda todo lo que Hawks decía o hacía frente a ellos:
—Francamente, no me pareces del tipo de persona que necesite ser salvado —dijo la noche en la cual se conocieron.
Porque sin importar cuánto se esmerara Hawks por empatizar o simpatizar por la causa de cada uno de ellos, seguía sin ver lo que siempre fue evidente para otro héroe que Dabi conocía desde un año atrás:
—¿Cuál es tu plan? ¿Evangelizarme y llevarme a las autoridades como un criminal arrepentido de todos sus pecados?
—¡No!... No del todo. Quiero salvarte, sólo que aún no sé cómo hacerlo.
—«Salvarme», «salvarme», deja de decir eso que no sé a qué demonios te refieres. ¿Qué carajos haces aquí solo?
—Eres mi amigo.
Una palabra que Dabi escuchaba por lo menos tres veces al mes, cada que ese chico de cabello verde se presentaba a su casa y hablaba con él de cualquier cosa; una palabra que, incluso aunque Hawks pasara tres noches en compañía de ellos nunca escuchó de él. Una palabra que, a ojos de Dabi, definía la clara diferencia entre ambos héroes.
…Y es que uno de ellos claramente era de no fiar.
Por el rabillo del ojo, Hawks vio a Dabi suspirar previo a dejar la botella en la cantina, sin regresarla a su lugar, y luego lo vio dirigirse a la terraza del salón. Y por más de dos horas, Dabi rompió su rutina y permaneció en ese lugar con un cigarrillo tras otro en las manos. Parecía que esta noche, a diferencia de cualquier otra, el usuario de fuego necesitaba salir de alguna frustración…
Para cuando el equipo comenzó a despedirse, Hawks se decidió a estirar las alas y las piernas en su asiento.
—Deberías probar los pastelillos de queso que están en el salón de tenientes, Hawks… ¡No toques los míos! —dijo Twice a modo de despedida. Hawks le sonrió.
—Le robaré uno a alguien más entonces. Gracias —contestó.
—Un héroe robando, qué escándalo — se burló Spinner acomodando el juego de The last of us en la repisa.
—Dabi es muy especial con sus propiedades, pero casi no le gusta el queso… —mencionó Compress acomodándose la gabardina. Hawks rio.
—¿Tan egoístas son que no podrían simplemente ofrecerme uno de sus pastelillos?
—Déjame tener un poquito de tu sangre y te daré un pastelillo… —canturreó Toga entre risas.
—Entonces le robaré uno a Dabi. Gracias, Toga —contestó Hawks.
—¿Vas a quedarte? —inquirió la chica—. Dabi-kun parece estar de mal humor…
Hawks le lanzó una mirada al aludido. Permanecía de espaldas a ellos con los brazos recargados en el barandal. En definitiva, para no darse cuenta de la despedida de sus amigos, algo debía estarle rondando por la cabeza.
… Interesante oportunidad…
—Creo que podría acompañarlo un rato. Los veré después —respondió Hawks antes de alzar una mano hacia el resto de la liga, que caminaba hacia la salida.
Como él lo veía, esa noche podría tener una charla con Dabi como hacía tiempo no la tenía; pues desde que la Liga de Villanos se fusionó con el Ejército de Liberación de Superpoderes, Dabi lo presentó a los demás y simplemente permitió que el resto le diera o no el espacio de convivir con ellos. Mas no volvió a citarlo en un callejón o siquiera a marcarle por teléfono. Y a excepción de esa vergonzosa noche llena de alcohol y pésimas decisiones, no habían vuelto a quedarse solos para una charla.
Y algo en él sentía que podía estarse perdiendo de algo si no usaba todas sus chances para acercarse al villano del cual no tenía un mínimo de información.
Así, suspiró, tomó el último trago de su botella de cerveza y se dirigió a Dabi. Se encargó de hacer el suficiente ruido con sus botas y sus alas para que Dabi lo notara; así, cuando se colocó a su lado, éste apenas le lanzó una mirada de reconocimiento.
—Normalmente, la gente se aleja de mí cuando consumo tantos cigarrillos —dijo Dabi como una indirecta, mas Hawks le respondió con una de sus encantadoras sonrisas.
—La gente suele decirme que soy distinto a los demás, ¿sabes? Así que no tienes por qué apagar tu cigarrillo si tanto lo necesitas… Aunque creo que sabes lo dañino que es la nicotina…
—No me veo como alguien que le importe, ¿cierto? —cuestionó Dabi señalándose.
—No diría eso, pero a ciencia cierta no sé qué pasa por tu mente, Dabs —incitó con un codazo a su hombro. Dabi lo miró con el entrecejo fruncido y sacudió la zona que el héroe acababa de tocar, causando una ligera carcajada en éste—. ¿Tan mal humor tienes ahora? —Dabi respondió con un gruñido y, aunque era evidente que deseaba estar a solas, Hawks persistió—. Sólo estoy aquí porque siento que te debo algo.
Y como lo supuso, Dabi lo miró con evidente sorpresa. De todas las palabras que existían para hablar sobre su relación, «deber» no era algo que Dabi usaría…
—¿De qué mierda me hablas? —cuestionó Dabi, esperando que su acompañante riera; mas éste en cambio soltó un suspiro largo.
—Si me atreviera a decir la misma clase de cosas que digo aquí en compañía de los otros héroes o mis propios fans… Bueno, tal vez ahora mismo hablarías con un fantasma —resumió dándole un vistazo al cigarrillo de Dabi, momentos antes de quitárselo para luego darle una fuerte calada.
—Te tomas demasiado en serio el «robarme» cosas, pajarito. Escuché que quieres llevarte mis pastelillos… —Hawks tosió al ser descubierto— Vaya forma de «pagarme» —se burló mientras recuperaba su cigarrillo.
—Creí que estabas demasiado sumido en tus propios pensamientos. Supongo que tendré que tomar alguno de Skeptic o Geten. —Sonrió al ver la ligera satisfacción en Dabi al escuchar la segunda opción— Seguramente el chico hielo te exasperó más que otras veces —mencionó con un poco más de confianza.
Dabi se alzó de hombros y caló el resto de su cigarro antes de incendiar la colilla en su mano.
—A la mierda con él —declaró previo de soltar el humo de su boca—. Ya olvidé qué fue lo que hizo.
Hawks, sorprendido, rio para evitar que sus pensamientos se reflejaran en su rostro… Tal vez, su mente estaba en algo más interesante…
—Me pregunto entonces qué era lo que…
—¿No crees que en este momento eres libre, Hawks? —interrumpió Dabi a sabiendas de lo que el héroe estuvo a punto de preguntar.
Porque Dabi ya sabía cuáles eran las verdaderas intenciones de éste; porque su teatro de hacerse el agradecido y noble pájaro no servían con él. Mas, aun con eso, podía pretender con Hawks un rato.
Tal vez, de esa forma conseguiría más de la boca de Hawks que de lo que pagaba por escuchar de otros.
—¿Ahora? No lo diría así.
—¿Por qué no? En este sitio nadie te escucharía si maldijeras a la Comisión y a tu precioso puesto de héroe y no habría nadie que te callara. Al fin puedes decir todo por lo que la Comisión te ha usado y no habría consecuencias —continuó Dabi—. No hay jaulas…
El héroe se cubrió la boca para pensar un momento en las palabras que le diría al más hermético de la Liga. Conociéndolo, esa conversación era otra prueba de su lealtad, otro examen para demostrar su «lealtad» con la causa. Y debido a que el examinador era el más duro de todos, Hawks debía ser cuidadoso con lo que decía.
—¿Tú consideras la libertad como algo pasajero, Dabi? Porque yo no. Si quisiera «momentos» de libertad, probablemente usaría los disfraces o cuentas incógnitas en internet para quejarme de mi vida; pero esas cosas no me dan libertad. Aunque es cierto que aquí puedo mostrar mi rostro al hacerlo, sé que todo termina cuando regreso a la oficina y vuelvo a los patrullajes matutinos. —Miró al cielo en medio de un suspiro— Eso no es libertad.
Dabi miró el perfil de su acompañante. En ocasiones, sentía que Hawks se mostraba honesto con lo que decía; en ocasiones, incluso él quería creer en esa perspectiva que un héroe podía darle respecto a la situación social en Japón. Eran momentos como ésos, en los que Hawks se deleitaba con las nubes en el cielo mientras hablaba de sus deseos, los que hacían que Dabi estuviese a punto de, tal vez, confiar un poco en él.
Porque, con un demonio, sería maravilloso contar con un héroe que supiera de verdad lo que esa maldita sociedad forzaba a todos a ver y a vivir. Sería estupendo poder hablarlo con uno de esos «perros del gobierno», como Geten los llamaba, y que éste despertase y se rebelara contra el sistema que lo domesticó de esa forma.
Sería fantástico encontrar a alguien así…
Pero Hawks sólo estaba fingiendo…
—La libertad es pensar lo que te nace a ti y no lo que un maldito estatuto te dice, Hawks —declaró antes de darse la vuelta y dirigirse a la puerta. Una vez más, dejando al héroe número dos preguntándose qué era lo que había dicho mal en esa ocasión; ¿qué era lo que estaba haciendo mal con Dabi cuando parecía que el resto de sus compañeros confiaba sinceramente en él?
.
Porque, evidentemente, lo que Hawks más ignoraba respecto a Dabi y lo que menos imaginaba era que éste ya mantenía una relación de confianza con otro héroe; uno que no se esforzaba por convencerlo de sus intenciones, sino que simplemente las ponía en la mesa y esperaba a que Dabi confiara en él sin forzarlo ni atormentarlo. Uno que pasaba por lo menos una vez a la semana a su hogar y, si no lo encontraba, deslizaba una hoja doblada en cuatro para recordarle que seguía ahí, que seguía confiando en él y que seguía mirándolo como algo más que un criminal y un enemigo.
Era su amigo.
Un amigo que se preocupaba por su bienestar e incluso por su aburrimiento; un amigo que se sentaba a jugar con él y que le contaba sus inseguridades, un amigo que se divertía con los chistes que de vez en cuando Dabi dejaba salir y que se ofendía con las burlas de éste. Un amigo con el cual podía debatir realmente sobre la sociedad y sus fallas.
Un amigo que, además de todo, seguía siendo un héroe que poco a poco, se daba cuenta del mundo en el que vivía.
Pues veinte horas atrás, Izuku había sido ligeramente reprendido por su actual mentor, Endeavor, por tratar de aflojar la mordaza de un villano cuyo quirk era «Taipán» y, por lo tanto, poseía el veneno más peligroso de las serpientes. El héroe número uno lo mantuvo en su oficina durante unos diez minutos para hablar con él sobre el peligro que representaba el confiar en las palabras de un villano y que su prioridad debía ser proteger a los civiles.
Endeavor decía entender la naturaleza empática de Izuku, pero afirmaba que necesitaba visualizar con mayor firmeza su deber como héroe. Los villanos podrían tener tratos más amables una vez la población civil estuviese a salvo, prometió; mas Izuku sospechaba que esas palabras servían sólo para consolarlo.
—En todo caso, piensa en las consecuencias que podría tener el liberar a alguien de su categoría, Deku. Las víctimas crecerían…
—No quería liberarlo —atajó Izuku sin atreverse a mirar los brillantes ojos de su supervisor—. Sólo que la mordaza hacía que su boca sangrara… Eso es cruel —añadió.
Endeavor suspiró. Era la tercera vez que el chico mencionaba eso. Y no habría una tercera vez en la cual el héroe de las llamas infernales le explicara que algunos mecanismos debían ser «fuertes» para evitar una verdadera tragedia.
—La próxima vez que pase eso, comunícamelo a mí y no te acerques por tu cuenta al villano. —Izuku alzó el rostro, con un distinto brillo en su mirada: esperanza, tal vez— Tu poca experiencia te hace vulnerable y mi posición obliga a los demás a escucharme. Usemos eso a nuestro favor, ¿de acuerdo?
Entonces, Izuku volvió a bajar la mirada y, mordiéndose el interior de la boca, asintió.
—De acuerdo. Lo siento, Endeavor. No volveré a darle problemas así —prometió con una reverencia. El héroe, detrás del escritorio, bufó.
—Ni así ni de ninguna manera, Deku. Céntrate en lo que debes hacer.
—Sí, señor —contestó Izuku todavía agachado.
—Ahora retírate. Tienes cincuenta minutos antes de que volvamos a patrullar. Haz algo para distraerte y vuelve preparado. Me daré cuenta si no es así —advirtió.
El chico asintió de nuevo y corrió fuera de la oficina con la mente en un solo lugar. Mas apenas salió de la oficina del héroe número uno, se encontró con Shoto y su hermana, Fuyumi, de pie en la puerta.
Avergonzado, se detuvo secamente y saludó a la muchacha con varias cabezadas.
—¡Es un placer verla, Fuyumi-san! —exclamó. La chica, sonriente, respondió:
—Vine a dejarle la cena a mi papá y a Shoto. Espero que mi papá no haya sido muy duro contigo, Midoriya-kun. Shoto me contó qué pasó.
Izuku, sonrojado, desvió la mirada al suelo.
—T-Todoroki-kun… E-eso fue parte de nuestro patrullaje…
—Le dije que estoy de acuerdo contigo, Midoriya —contestó Shoto ignorando que lo que Izuku quiso decirle era que quizá los asuntos de patrullaje eran algo privados; mas Deku se olvidó de eso y miró los ojos desiguales de su amigo.
—¿De verdad? —inquirió.
—Los villanos son peligrosos, pero siguen siendo personas. Los métodos de inmovilización deberían ser menos agresivos —aseveró Shoto, provocando una sonrisa en Izuku—. Pero aún pienso que primero se debe asegurar a los civiles antes de acercarse deliberadamente a un villano —agregó e Izuku volvió a desviar la mirada.
—S-sí, eso ya lo entendí… —murmuró— Pero ellos siguen siendo humanos y siguen sufriendo. Tratarlos de forma denigrante no va a mejorar nada, Todoroki-kun.
—Bueno, a veces es necesario ser duros con ellos para proteger a la población civil —argumentó Fuyumi y Shoto miró la reacción de Izuku. Éste hizo una mueca, pero terminó por suspirar.
—Creo que todavía me falta mucho por aprender… —declaró antes de alzar el rostro y sonreírle a los hermanos— Gracias por sus palabras. ¡Nos vemos luego, Fuyumi—san, Todoroki-kun! —dijo a modo de despedida antes de echarse a correr hacia el elevador del edificio.
Shoto lo siguió con la mirada hasta que vio cómo su figura desaparecía al tiempo que las puertas del elevador se cerraban. El brillo en sus ojos, presente sólo cuando Midoriya estaba en la habitación, no pasó desapercibido por la escrutadora mirada de su hermana. Meses atrás, Fuyumi sospechó que había algo distinto en Shoto cuando mencionaba a Izuku en sus conversaciones; mas después de verlos en la cena que tuvieron unas semanas atrás, Fuyumi comenzó a preguntarse si acaso eso que veía era algo parecido al amor adolescente. Y ahora que veía la forma como los ojos de su hermano menor seguían cada paso de Midoriya e incluso inclinaba la cabeza hacia un lado cuando hablaba con Izuku, como si así le prestase más atención, comprobó lo que era evidente para todo aquél que los mirase por dos minutos.
Mas, aun con eso, Fuyumi quiso corroborar una vez más su suposición.
—Shoto —lo llamó en un susurro, consciente de que había más personas a su alrededor—, ¿acaso te gusta Midoriya-kun?
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Izuku golpeó la puerta del hogar de Dabi un par de veces más; pero al no obtener respuesta alguna, suspiró y sacó su libreta. La carta que escribió para él fue destruida luego de un enfrentamiento con un villano de fuerza bruta; así que Izuku debía improvisar. Escribir sólo lo más relevante de su semana, algo que Dabi pudiese entender y de lo cual tal vez podrían hablar más adelante…
Porque con él, Izuku sí podía dejar de hacer muecas y de esconder el rostro para decir lo que realmente quería decir…
Entonces, Izuku destapó su bolígrafo y escribió una sola línea en la hoja que algunas horas después, Dabi leería y quemaría poco antes de entrar al salón con el resto de la Liga:
«¿No te gustaría un mundo donde la libertad que tenemos tú y yo al hablar entre nosotros sea la misma que tengamos para pensar frente a cualquier otro?»
