Los personajes no me pertenecen, yo los uso para mis ideas locas y con el único fin de divertirme. Espero que disfrutéis del capitulo.
Capítulo 2
Había pasado una semana e Hipo, Ariel y Desdentado se habían hecho cada vez más unidos y habían aprendido cosas los unos de los otros.
Ariel, les mostró su magistral dominio sobre el agua en sus tres estados y como lo usaba tanto para pelear como para hacer tareas tan simples como secar su cola para transformarse en un instante, hervir agua para cocinar o enfriar las bebidas, e incluso pescar, cosa con la que Desdentado estaba más que feliz.
Hipo enseñó a Ariel a manejar la cola de su amigo para que pudieran volar juntos, aunque el furia nocturna prefería que fuese el chico quien le montase ya que había establecido un vínculo especial con él, le gustaba pasar tiempo con la sirena. Le lanzaba bolas de nieve, controlaba agua para que la persiguiese, también le cuidaba ayudándole a limpiarse las escamas y a alimentarse, él a cambio le daba calor y protección mutua.
También descubrieron cosas juntos y se ayudaban muto a mente. Descubrieron que la voz de Ariel, no solo gustaba a las personas, sino también a los dragones, quienes bajaban a posarse a su alrededor para escucharle.
Hipo por su parte había empezado a entrenar junto con Ariel pues ambos querían fortalecer los músculos de sus brazos en caso de enfrentamiento y para no depender tanto de sus trucos, también entrenaba su velocidad y resistencia corriendo y nadando en la laguna. Ariel no le acompañaba en estos entrenamientos pues habían descubierto que el llevar toda la vida nadando constantemente contra las corrientes habían fortalecido su cola y esa fuerza continuaba en sus piernas, cosa que por desgracia comprobó Hipo cuando practicando el cuerpo a cuerpo le dio una patada. ¡Le dolió más que cuando le golpeaba Mocoso! ¡Rayos, hasta a su padre le habría dolido!
Era el día previo a que llegasen los barcos vikingos a Mema, varios pescadores habían avistado las velas en el horizonte esa mañana y calculaban que llegarían la tarde siguiente, pero no era eso lo que tenía nervioso a Hipo. Estaban prontos a terminar el entrenamiento y tener que matar al dragón, y por desgracia, no le pintaba nada bien. Llevaba corriendo entorno a la laguna y sin hablar con sus amigos desde que había llegado. Ambos seres mitológicos miraban a su amigo preocupados. Querían hacer algo para ayudar a su amigo a tranquilizarse, pero no era seguro volar alto ese día si iban a llegar barcos desde alta mar.
Ariel, harta ya de ver a su amigo correr de un lado para otro sin sentido se levanto y grito
–¡Hipo! Para de una vez, nos estas poniendo de los nervios.
-¡Lo siento, pero no puedo evitarlo! ¡Mi padre viene mañana y todavía no sé cómo le voy a decir que soy amigo de un furia nocturna!
La chica de los cabellos de fuego miró al dragón preocupada y les dijo –Venid conmigo a la playa, necesito ir a buscar mis cosas y Desdentao tiene que estirar las alas.
-Pero…
-Nada. Súbete a Desdentao y vámonos. –ordenó tiempo que subía a lomos de su gigantesco amigo.
Hipo subió también a regañadientes situándose detrás de la chica. No sabía donde tenían que ir y no tenía muchas ganas de hablar con nadie, así que era mejor dejar que ella guiase a Desdentao. Se elevaron por los aires y surcaron los cielos rozando las copas de los árboles para no ser visibles en el horizonte. Iba ensimismado pensando en los entrenamientos de dragón y como fallar en la última prueba sin quedar chamuscado y no sé percató de que estaban descendiendo.
-Es la playa donde te conocí. –comentó al descender.
-Sí, no guardé mis cosas lejos de aquí y quiero que me acompañes a buscarlas y ya que vamos, cogeremos algunas cosas que podemos necesitar. –dijo Ariel lanzando una tela vieja con la que se había hecho una bolsa entre las rocas. -¿Vienes?
-¡Qué remedio! Dame un minuto. –contesta Hipo mientras se quita las botas, el chaleco y la camisa. –Listo, vámonos.
-Desdentao, será mejor que te quedes aquí. –pidió Ariel.
-Grrrr –gruño el dragón en desacuerdo.
-Oye, ¿por qué yo tengo que ir y él se libra? –pregunto el vikingo molesto.
-Lo siento, pero esta vez voy a necesitar al menos una mano y a Hipo le hace mucha falta. –respondía la pelirroja ignorado a su amigo humano.
-Ffff –bufó molesto el reptil.
-¿Me perdonas si consigo atraparte bacalao para cenar? –tentó sabiendo que era el favorito de su amigo.
Desdentao dirigió una mirada entusiasmada a la joven y se lanzó sobre ella derribándola y lamiendo su cara.
-Vale, vale. Eso es un sí. –se carcajeaba la chica escurriéndose entre las patas de su amigo. -¿Listo? –preguntó volviéndose hacia su otro amigo.
-Sí, vamos.
Hipo se metió poco a poco en el agua para adaptarse a la temperatura, mientras que Ariel fue saltando de roca en roca hasta llegar al lugar donde el agua era más profunda para zambullirse y adquirir su aleta. Cuando emergió rescató la bolsa ajada y esperó a Hipo quien poco a poco se iba adentrando en el océano.
-¿Cómo puedes no tener frio?
-Mmm, la verdad es que no lo sé, nunca lo he tenido. Supongo que está en mi sangre.
-En fin, ¿guardaste tus cosas muy lejos? No quiero congelarme.
-Cállate cascarrabias y dame la mano.
Hipo tomo la mano de su amiga, quien sonrió al ver una suave luz azul saliendo del lugar en el que se enlazaba.
-Coge aire. –dijo Ariel juguetonamente y acto seguido se sumergió a gran velocidad en el fondo del mar arrastrando a su amigo tras de sí.
Hipo, por su parte estaba aterrorizado, ya que apenas había cogido aire y estaban bajando a gran velocidad, veía pasar formas a su alrededor que apenas podía distinguir y la superficie del océano estaba más y más lejos. Ahora entendía porque su amiga era tan veloz, esa cola tenía una fuerza poderosa. Intento soltar su mano para subir, pero Ariel tenía agarrada su mano firmemente, no obstante, debió notar los tirones de su amigo y disminuyo su velocidad hasta frenar.
-¿Qué ocurre?
Hipo comenzó a zarandear su mano indicando que quería soltarse, mientras con la otra señalaba que apenas tenía aire.
-Pues respira, ¿quién te lo impide?
El muchacho estaba desesperado, empezaba a marearse por aguantar la respiración.
-¿Sé puede saber qué haces? ¡Respira de una vez! –exclamo la sirena asustada y para forzarle a ello le pego un puñetazo en la barriga. Hipo soltó el poco aire que le quedaba debido al golpe, pero al tomar la primera bocanada de agua se dio cuenta de algo.
-¡No me ahogo! –exclamó -¡Y puedo hablar! – tomó conciencia de la broma- ¡Debiste decírmelo!
-Pensé que sería interesante ver hasta cuando intentabas aguantar sin tomar aire, pero… ¡no creí que fueses casi a desmallarte! Sabes que no te haría daño atontado, eres lo más parecido que tengo ahora a una familia.
-Ojo por ojo, tú me has dado un susto de muerte cuando me has sumergido sin decirme que iba a poder respirar. ¡Creí que iba a morir!
-Vale, lo siento, culpa mía. No volveré a hacerlo, vale.
-De acuerdo, te perdono, pero explícame ¿cómo puedo respirar?
-Magia. ¿Ves, esa luz azul que sale de nuestras manos? Mientras nuestros cuerpos estén en contacto, tú podrás respirar. Por eso no dejaba que te soltases. Si lo hubiese hecho te habrías quedado sordo. Estamos a mucha profundidad y hay mucha presión, te dolerían los oídos.
Hipo contemplaba absorto el pálido resplandor que emergía allí donde sus cuerpos estaban en contacto. Era increíble que solo eso le permitiese hablar y respirar bajo el agua, pero no solo eso. Ya no sentía el frio, la temperatura era ideal y sus ojos se habían adaptado al medio y veía todo claramente. Y era precioso.
Estaba rodeado de algas azuladas, verdes, moradas y de otros colores, la luz llegaba hasta ellos dando brillo a lo que tocaba, y bancos de peces de distintas especies flotaban a su alrededor con sus escamas brillando al moverse. Había miles de moluscos de toda clase abrazados a diversas rocas. Se respiraba paz en ese lugar.
-Ariel, esto es… precioso.
-Creí que te gustaría. El cielo te da libertad, aventura y sensación de que todo es posible, pero aquí abajo, si sabes buscar… existen sitios donde puedes alcanzar la paz más absoluta. Si necesitas pensar y quieres estar solo, este es el mejor sitio. Por eso, te he traído aquí, pensé que necesitabas relajarte un poco.
-Gracias Ariel.
-Nada. Ahora ¿Me acompañas a buscar mis cosas?
-Claro.
Ambos amigos nadaron durante unos minutos siguiendo la pared de roca que componía alguno de los acantilados de Mema, aunque ahora, para alegría de Hipo mucho más despacio, ya que la sirena quería que su amigo viese la belleza del que hasta hacía unas semanas había considerado su mundo. Recorrieron la pared junto a un bosque de altas algas verdes, hasta que, finalmente encontraron lo que buscaban. Una abertura alta y estrecha en la pared.
-Es aquí Hipo. Ven dame tus manos
Se agarraron de ambas manos de tal manera que Ariel se encontraba encima e Hipo debajo de ella. Nadaron por un túnel largo y oscuro que finalmente desembocó en una cueva iluminada, pero lo más sorprendente era…
-Ariel, eso no es…
-La superficie.
-¿Pero cómo es posible? hace un momento estábamos a cincuenta metros bajo el agua y ahora apenas a dos.
-No tengo ni idea. Pero la parte buena es que ahora vas a explorar un poco por tu cuenta. Coge aire. –y a continuación soltó a su amigo que nadó rápidamente a la superficie
Al emerger Hipo vio que se encontraba en el centro de una piscina rodeada por todos lados de pared de roca, salvo por una abertura por la que se veía otra cueva completamente seca. Nadó hasta allí y subió a explorar la zona.
En ese lugar había mucha más luz que venía de diversos túneles que conectaban con la isla, sospechaba que cerca de el acantilado de Mohoso, ya una de las razones por las que nadie se acercaba a la zona, aparte de para evitar al viejo gruñón, era por todos los túneles que se abren en el suelo por esa zona de la montaña. Había un baúl viejo en el suelo y también se fijó en que había un montón de algas extendidas bajo el túnel de luz más grande, estaban secas por el suave calor que penetraba.
-No eres el único que sabe hacer camas provisionales. –comentó su amiga a sus espaldas recordando la que él le había hecho a ella. –aquí era donde iba a quedarme una temporada antes de encontrarte.
-Es increíble ¿Cómo encontrarte este sitio? La entrada es prácticamente invisible por las algas.
-De casualidad, vi varios peces saliendo de aquí. Está muy escondido y se me ocurrió que aquí podría descansar y pensar donde ir.
-Aquí hay algo –dijo Hipo mientras revisaba las paredes de la cueva.
-Alguno de mis trastos supongo. –contestó Ariel mientras situaba las manos cerca de su cola y abría sus palmas lentamente haciendo que una nube de vapor saliera de su cola y se secase en segundos dejando a la luz sus piernas. Hipo había visto esto en varias ocasiones, pero le seguía pareciendo fascinante. -Escondí todo en diferentes huecos de la caverna, pero no me acuerdo que metí en cada sitio, mira a ver que es.
Era un paquete de tamaño mediano envuelto en una tela marrón atada con un nudo prieto que Hipo pudo deshacer gracias a sus agiles y finos dedos para encontrar un cinturón de cuero con múltiples compartimentos, cada uno con un grabado, un bordado o múltiples piedras de colores. Era precioso y se encontraba en perfectas condiciones pese a haber estado bajo el agua. Al fijarse en la tela que lo envolvía, se dio cuenta que era cuero tratado con grasas para ser prácticamente impermeable con múltiples símbolos dibujados en blanco y con piedras sin pulir cosidas a él, tenía tamaño de un manto.
Hipo extendió ambas cosas en el suelo y se giró para llamara a Ariel, quien sostenía un pequeño paquete y otro mediano.
-¡Ariel! Trae todo aquí y así vemos que te falta.
-No hace falta, queda una caja y otro paquete, mételo todo el baúl por favor. –contestó su amiga depositando lo que ella había encontrado en la caja, pero estaba más alicaída que hace unos segundos.
El muchacho hizo lo que le habían pedido y procedió a seguir buscando. Encontró el otro paquete, también era mediano pero más pesado y también lo guardó en el baúl mientras su amiga depositaba a su vez una caja de madera en su interior.
-Ya está todo Hipo –dijo Ariel. -¿Querrías ayudarme con otra cosa?
-¡Claro! –contestó Hipo, quien veía más animada a su amiga. –¿Qué hacemos con el baúl? En están aguas hay muchas corrientes, transportarlo sería cansado y si lo dejamos abandonado podría acabar en cualquier sitio.
-No se me había ocurrido.
-Podríamos dejarlo en el túnel de entrada de la cueva. Así estaría oculto y podríamos venir a buscarlo más tarde.
-¡Eso es perfecto Hipo! –sonrió Ariel.
-¡Pues vámonos! –exclamó el muchacho, para lanzarse al instante siguiente al agua, aunque emergió a los pocos segundos chillando. –¡Rayos! ¡Está helada! –Ariel se desternillaba en la orilla. -¡Deja se reírte y ven aquí fogata acuática!
-¡Ya voy pescado sin cola! –respondió la sirena mientras cogía su cofre y lo dejaba caer al agua, para acto seguido saltar con su amigo.
Se agarraron de la mano nuevamente y se sumergieron en busca del pequeño cofre para conducirlo cerca de la salida del túnel.
-¿Qué quieres que vayamos a buscar?
-Yo voy a buscar. Tú vas a disfrutar.
Hipo no entendió a su cuasi hermana, pero se limitó a seguirla. Ella le llevó por muchos rincones cercanos a la isla, de vez en cuando se paraba y recogía diferentes algas, moluscos e incluso algún pedazo de coral caído.
-¿Por qué no lo cortas y ya? Así no lo tendríamos que buscar.
-Porque al pobre le cuesta mucho crecer y no necesitamos grandes cantidades. Nunca cortaré un pedazo de coral. Si lo encuentro genial, si no le dejaré crecer.
No hizo más preguntas, se limitó a mirar a su alrededor. Parecía un valle lleno de vida, en vez de pájaros había peces de colores que cruzaban el agua. En algún punto el coral crecía lo suficiente como para parecer un pequeño arbolito y las algas parecían bailar con las corrientes. Todo ello alumbrado por una suave luz mortecina que daba al lugar un toque mágico, pacifico y hermoso.
-Mira, te voy a enseñar algo.
Se acercó al un grupo de ostras pegadas a una roca y empezó a entonar varias notas, era una melodía dulce y tranquila, pero se había acostumbrado a la hermosura de esa voz, lo que era asombroso es que esas ostras comenzaron a abrirse mostrando sus brillantes perlas, que ella cogió sin problemas.
-¡Muchas gracias chicas! Si hacéis más guardármelas por favor. – les dijo Ariel. –¡Qué! ¡Ya estás listo para subir a la superficie!
-Sí, eso creo.
Fueron a recoger el cofre y mientras subían Hipo iba mirando por última vez el paisaje Ariel le comentó.
-¿Sabes qué hay montañas en los océanos?
-Bromeas.
-No, hay una días de aquí. El océano es muy profundo, pero en el medio surgen algunas montañas que se elevan hasta más de medio camino entre el fondo y la superficie.
-Me gustaría verlas –dijo Hipo entusiasmado.
-En otra ocasión, como te he dicho estamos lejos y a Desdentao no le haría gracia que le dejásemos solo. Lo cual me recuerda… aquello son bacalaos ¿no? –preguntó la chica señalando a un banco de peces.
-Eso creo.
-Perfecto, vamos a pescar. –dijo sonriendo.
-No te pregunto si quieres ayuda porque sé que no te hace falta.
-Hoy no porque tenemos prisa, pero un día quiero que me enseñes con los métodos humanos.
-Encantado.
Ariel se concentró en su objetivo y con un movimiento cerrado de su brazo que finalizó apuntando al banco de vácalos parte de los cuales se congelaron al instante. En un gran bloque de hielo prácticamente cuadrado. Pero el pequeño iceberg empezó a ascender hacia la superficie ya que el hielo flotaba.
-¡Agárrate Hipo que se nos escapa! –exclamó la sirena agarrando fuertemente a su amigo y al cofre y nadando con mayor ímpetu y arrastrando a ambos consigo.
-¿Por qué no lo cogemos arriba? –preguntó Hipo, quien se sentía inútil agarrando la otra argolla del cofre y la mano de su amiga sin poder nadar para ayudarle.
-Porque va a subirnos a la superficie. Agarra el cofre, voy a atraerlo. -Hipo aferró el baúl con fuerza mientras Ariel giró su muñeca y cerró sus dedos como si agarrase algo y tiró hacia sí. Y como si estuviese unido a la sirena el bloque retrocedió hacia ellos. –¡Agárrate fuerte! –exclamó subiéndose a la parte superior y a Hipo tras de sí. Al poco empezaron a subir hacia la luz.
-¡Esto mola! Vamos a casa montados en la cena. –reía Hipo. Ariel se limitó a sonreírle divertida.
Cuando emergieron se bajaron del iceberg y lo empujaron hacia la orilla. Desdentao, que les esperaba, al ver el hielo y lo que contenía se emocionó. Los dos chicos se rieron de la alegría contagiosa de su amigo, se secaron haciendo uso del control del agua y subieron al lomo del dragón junto con el cofre. El reptil prefería llevar entre sus patas el regalo que le habían llevado sus amigos.
Al aterrizar en la cala, Ariel descongeló los peces, separó 2 para Hipo y para ella y dejó a Desdentao feliz con su cena temprana. Entre tanto, Hipo había descargado el cofre, lo había abierto y había empezado a sacar los objetos. Volvió a sacar el cinto y el manto lo primero ya que le había parecido increíblemente bello y de alta categoría. Sintió que su amiga se aproximaba a sus espaldas.
-¿Me podrías contar su historia?
-Eran de mi madre –suspiró la pelirroja sentándose a su lado. –como muchas de las cosas que hay en el cofre.
Hipo espero con paciencia a que continuara.
-Ella era la curadera de mayor rango de su pueblo, la hechicera de la ciudad. Este era su manto ceremonial. Cada uno de los tipos de piedras representa un elemento. El agua, la tierra, el aire y el fuego. Se suponía que la bruja podía invocar a esas fuerzas para ejercer curaciones, ya que en teoría ella era la representante de las fuerzas de la naturaleza y quien podía unirlas, eso es lo que dicen estos símbolos. También podía predecir el clima, las mareas, cuando volverían los animales. Era quien hablaba con los espíritus gobernantes de los elementos.
-¿Espíritus de los elementos?
-Se supone que cada elemento puede ser controlado por un tipo de seres, y todos los elementos están a disposición del hombre.
-¿Sabes que espíritus son esos?
-Sí. A mis hermanas no les interesaba mucho, pero yo me pasaba el día interrogando a mamá cuando era pequeña, así que me enseño todo lo que sabía, bueno, casi, sobretodo me enseñaba medicina, porque como me metía mucho en líos solía hacerme muchas heridas.
-Eras un trasto. –rió Hipo
-Mira quien fue a hablar. El señor "los dioses me odian". –contraatacó la sirena.
-¡Vale, vale! Pero ¿cuáles son esos espíritus?
-Se supone que hay un tipo de espíritu por cada elemento: las sirenas del agua, las ninfas de la tierra, los ángeles del viento y los fénix de fuego. La teoría es que una hechicera puede comunicarse con ellos y hacer que se unan para formar un quinto elemento. Un poderoso ser de luz controlado por las cuatro fuerzas y que crea, acoge y en caso necesario, destruye la vida.
-¿Cómo Odín?
-Algo así. Se supone que una sacerdotisa puede comunicarse con ellos y equilibrarlo. Entendía lo que significaba, pero nunca fui capaz de hacerlo.
-¿Tu madre podía controlar todos los elementos? –preguntó Hipo asombrado.
-Sí. Una vez, subimos a la superficie y le vi extraer ramas de un árbol para que se formase una escalera a su alrededor y poder subir al árbol, también tomo una llama de la hoguera que hicimos y la puso a bailar en su mano.
-¿Y el viento?
-Es fue el truco más impresionante. –respondió Ariel sonriendo –tras encaramarse a lo alto del árbol saltó. Recuerdo que grite pensando que mi madre iba a matarse, pero no. A mitad de la caída llamó al viento e invocó a las corrientes de aire que la elevaron en el cielo. Fue maravilloso.
-Suena alucinante.
-Lo fue. –suspiró la muchacha –¡En fin! Nunca aprendí ninguna de esas cosas, pero sí se manejar esto. –dijo tomando el cinturón.
-¿Qué hace eso? –preguntó Hipo observando todos los grabados, ninguno era igual, tampoco estaban todos hechos con los mismos materiales.
-No hace nada –dijo riéndose –es un cinturón de medicinas. ¿Ves todos estos símbolos? Cada uno indica lo que contiene el compartimento.
-Pero ahora están vacios. –observó el ojiverde levantando un par de tapas.
-Por eso hemos cogido todo eso –respondió señalando a la bosa de las algas. –Las secaré y trituraré para tener compuestos medicinales. También buscaré algunas plantas por la zona de la laguna, aunque no creo que pueda encontrar todas para hacer un buen botiquín.
-Oye, yo conozco las plantas de la zona. Podría traerte algunas y tú me dices si te sirve alguna.
-¡Eso sería genial!
-¿Me enseñas lo demás? –Ariel se quedó callada titubeando.
-¿Te importaría dejarlo para otro día? Aun no estoy lista y me gustaría poner a secar todo lo que hemos recogido.
-Está bien. –Hipo entendía mejor que nadie lo que era echar de menos a una madre y suponía que si tenías muchos recuerdos y habías estado tan unido a ella como Ariel a la suya no debía ser fácil rebuscar entre sus cosas. –vamos, te ayudaré.
Hipo escogió una roca que estaba gran parte del día al sol y comenzó a extender las algas con ayuda de Ariel, quien cuando terminaron evaporó gran parte del agua que contenían las algas.
-Creo que mañana a medio día podrás usarlas.
-Eso espero. Oye, ¿te quedas a cenar?
Hipo apenas tuvo que meditarlo. Ir al Gran Salón y cenar escondido de su padre y del resto de sus compañeros para evitar preguntas que no quería responde o quedarse con sus dos mejores amigos riendo.
-Supongo que puedo comer con vosotros. –contestó con sarcasmo.
-¡Que honrados nos sentimos! ¿Verdad Desdentao? –respondió la muchacha de igual manera. –voy a preparar los peces, recoge algo de leña.
Hipo salió de la laguna para recoger algunos maderos, pero mientras realizaba su tarea distinguió su alrededor y tomo conciencia de lo que le rodeaba. Rápidamente tomo los leños y volvió con sus amigos.
-¡Aquí os dejo esto! –gritó lanzando los leños al suelo. –Ahora vuelvo –informó tomando la bolsa raída y volviendo a salir del claro.
-¿Qué medusa le ha picado? –Pregunto la sirenita al lagarto gigante, quien le miro con la misma cara de confusión. –En fin, está loco. Desdentao ¿Te importa? –dijo señalando al grupo de maderos a los que el dragón disparó una bola de plasma prendiéndoles fuego. -¡Gracias! –dijo la muchacha poniendo el pescado a hacer y condimentándolo con unas hierbas que tenía.
Entre tanto, Hipo trepaba árboles, como un mono y arrancando flores, frutos ramas y raíces, pero no solo de arboles, sino también de arbustos y plantas, y es que la zona de la laguna era la más rica en cuanto a flora de toda la isla. Quería recoger todo tipo de plantas para que Ariel pudiera clasificarlas y tener sus medicinas, a modo de regalo por haberle enseñando su mundo, ya que ella no salía nunca de la cala para no meterle a en un lio ni dejar solo a Desdentao.
Volvió al rato con sus amigos a tiempo para cenar, pues Ariel estaba sacando el pecado del fuego.
-¿Ya vuelves de la excursión?
-Vaya forma de meterse con quien te trae un regalo.
-¿Un regalo?
Hipo se limitó a asentir con la cabeza al tiempo que le lanzaba la bolsa, que la pelirroja abrió con presteza y se quedó asombrada y sin palabras durante unos segundos.
-Hipo. ¡Esto es genial! ¡Hay de todo! Veo manzanilla, rosa mosqueta, jazmín,…. ¡Gracias! ¡Muchas gracias! –gritó feliz abrazando a Hipo quien sonrió, por ese acto de cariño al que tan poco acostumbrado estaba.
-Cuando quieras. –susurró en respuesta. –Un día te llevaré a un islote que se llama Nerta. Hay plantas de todo tipo, te encantará.
-Eso será fantástico.
Desdentao, harto de mirar a sus amigos fue a unirse a ellos frotando su cabeza contra sus costados.
-Alguien también quiere un abrazo –dijo la chica separándose del muchacho para abarcar con sus brazos el cuello de su amigo escamoso. Hipo la imito y Desdentado se sentía en la gloria estando junto a sus amigos humanos a los que protegería con su vida.
Tras finalizar la muestra de afecto, los muchachos se sentaron en el suelo y cogieron cada uno un espetón con un pez que empezaron a comer con deleite mientras Desdentado se tumbaba ante el fuego entre ambos, relajándose en la compañía tras su cena.
-¿Vas a contarme de una vez que te preocupa? –saltó de repente Ariel.
-Veras –dijo Hipo tras meditar unos segundos –mi padre vuelve hoy y mañana es la última clase en el entrenamiento de dragones, así que estoy un pelín estresado. No sé qué hacer si me eligen como el mejor de la academia, y tengo todas las papeletas para que me toque.
-¿Tienes alguna idea?
-Ninguna. –respondió apenado el muchacho.
-No te preocupes por el momento –respondió la sirena tras meditarlo unos instantes.
-¿Cómo?
-Lo que he dicho. Eso no ha ocurrido aun, así que te estás precipitando y, por lo que me has dicho, Astrid, la chica que te gusta, también es muy buena.
-¡Astrid no me gusta!
-Sí, sí. Cuéntaselo a quien te crea. La cuestión es, que hay otra posibilidad, con lo que habría que tomar otro tipo de decisiones para evitar que maten a ese dragón. Además, pase lo que pase, siempre nos tendrás a nosotros para apoyarte, -concluyó señalado Desdentao quien estaba atento a la conversación de sus amigos y estaba de acuerdo con su chica pelirroja, apoyaría a Hipo en lo que ocurriese.
Tras pensarlo un momento Hipo sonrió suavemente, no porque se sintiera más tranquilo, sino porque por una vez, no se sentía solo.
Hola a todos! sé que tardé un poco pero he tenido mucho lio de trabajo, estudios, etc pero agradezco la paciencia.
Dedico el capitulo a mi primera follower SakunoRyusaki10y a los lectores anónimos, muchas gracias!
Como siempre agradezco los comentarios para poder mejorar.
Besos a todos
