Capitulo 3

Era de noche e Hipo se encontraba en su cubículo de la herrería con todos sus dibujos de los prototipos de la cola de Desdentao y algunos retratos de sus amigos. Estaba cavilando a cerca de sus opciones, pero ninguna le gustaba demasiado. En ello estaba cuando entró su padre, por lo que procuró esconder rápidamente a todos los dibujos mientras le saludaba.

-Vamos a hablar de ese dragón. –sentenció Estoico solemne mientras se sentaba. A Hipo se le hundió el mundo, le habían pillado y estaba solo y sin apoyo.

-Papá, yo… iba a decírtelo pero… -se interrumpió al ver que su padre reía –¿no estás enfadado?

-¿Qué? ¡Es lo que estaba esperando! Y luego es mucho mejor… –su padre continuó hablando de los placeres y formas de matar un dragón. Su padre quería hablar con él pensando que había cambiado, pero él seguía siendo el mismo, no podía hablar de lo que su padre quería, por lo que se hizo un silencio incomodo. –Esto es para ti. Tu madre habría querido que lo tuvieras. Es como este, es… la mitad de su peto.

Hipo se quedo pasmado. No sabía cómo reaccionar, que decir, así que hizo lo único que se le ocurrió. –Bueno, estoy cansado, yo… debería irme a dormir.

-Si claro, buena charla. –dijo Estoico saliendo de la estancia.

Hipo seguía en shock. Ahora sí que no iba a poder dormir, por suerte su hermanita previsora había secado algunas de las plantas que le había llevado y se las había puesto en un saquito para que se hiciese una infusión con ellas. Gracias a ellas se quedó dormido.

Al día siguiente, Hipo se despertó con la luz del sol, se puso su casco nuevo, comió un poco de pescado del día anterior que le dio Ariel y tomo un poco de hierba de dragón, por si las moscas, tras esto se encaminó hacia la arena donde se encontraba más de la mitad de la aldea reunida, como ya suponía. Esto no iba a salir bien.

El último dragón era un gronquel que había noqueado a Mocoso y chamuscado a Patapez, los gemelos se habían golpeado entre sí y descalificado. Astrid había esquivado las llamaradas con piruetas y escondiéndose tras los tabiques de madera que había dispuestos por la arena. En uno de sus movimientos se puso a su lado.

-Esta vez no te entrometas. –le amenazó con su hacha.

-Adelante, por favor. –no hay nada que quisiera más que el que ella ganase y no le tocase a él matar a dragón.

Astrid fue en una dirección e Hipo en la otra, con tan mala suerte que se encontró con el gronkel de cara, quien se dirigió hacia él con las fauces abiertas, No pensó en las consecuencias de sus actos, sólo en sobrevivir, así que lanzó la hierba de dragón a la boca del reptil quien se paralizó en el acto y cayó al suelo.

-¡Tú! –grito alguien, al girara la cabeza se encontró a Astrid que le miraba realmente furiosa. –serás hijo de trol…

-¡Silencio! La matriarca ha decidido. –anunció Estoico. Ahora venia el momento decisivo. Bocón colocó su garfio sobre Astrid. Gothi negó con la cabeza. Situó su otra mano sobre la suya. Gothi asintió. Mierda.

-¡Si! ¡Enhorabuena Hipo! ¡Lo has conseguido! ¡Te toca matar al dragón!

-Si. Genial. Yo me ocupo.

La aldea entera estaba emocionada, al contrario que el ganador, que aprovechando el tumulto y la algarabía se escabulló al Gran Salón donde se aprovisionó de comida y bebida. Después fue a su casa, agarró mudas y otras ropas, se puso el traje de vuelo y se encaminó al bosque sin ser consciente de la figura sigilosa que le seguía.

Entre tanto, en el claro, Ariel estaba un poco preocupada, Hipo había comentado el marcharse de allí y su naturaleza de sanadora le impulsaba a preocuparse de las heridas de los demás, por lo que aviso a Desdentao que iba a salir un momento del claro a buscar más hiervas de las que había traído Hipo y buscar otras nuevas.

Salió por la grieta que solía utilizar su hermano con su saco ajado y comenzó a explorar los alrededores. Excavo, cortó, arranco, trepo y recolecto grandes cantidades de hojas, flores, frutos y raíces de todo tipo y con distintas utilidades, desde simple alimento a aromático y sobretodo medicinal. Algunas las secó y otras las guardó tiernas.

Las plantas alimenticias las guardó en el saco ajado y lo metió en su baúl. Estaba lista.

Desdentao, había observado curioso a su amiga, ayer Hipo estaba inquieto y hoy Ariel, así que algo malo pasaba. Se levantó y aproximó a la chica y golpeó su costado con el hocico.

-¿Qué ocurre Desdentao? –el dragón ronroneo con ojitos preocupados. –No te preocupes amigo, todo está bien, solo quiero estar preparada por si ocurre algo. ¿Te apetece jugar a algo? –preguntó buscando distraerse ambos. Desdentado dio un par de vueltas emocionado e inclinó la parte trasera de su lomo para que subiera, así que se encaramo a toda velocidad y en el momento en el que estuvo colocada Desdentao la lanzó al lago como si fuesen piedra y catapulta. Les encantaba a ambos y Ariel había aprendido como entrar en el agua desde gran altura y a gran velocidad.

Al emerger, Ariel se encaramó a su roca y comenzó a hacer levitar el agua, le daba formas de pájaros, peces, zorros, y algunos animales que conocía y hacía que se moviesen alrededor de su amigo quien les perseguía feliz, de pronto formó una gran masa de agua e hizo que tomase el aspecto de su amigo quien se puso a olisquear a esa figura y cuando se alejó el dragón acuoso lanzó un bola, pero no de plasma, sino de agua, empapando al necroso quien tras la sorpresa inicial miro con cara rencorosa a su amiga que reía a carcajadas, a lo que él en respuesta le empujo con su cola para lanzarla otra vez al agua.

-Nos piramos. Vamos a tomar unas pequeñas vacaciones. ¡Para siempre en realidad! –gritó Hipo entrando a la cala. Su amiga iba a contestarle, pero vio a una muchacha rubia sobre la roca junto a la que estaba su amigo, así que se oculto tras su risco, semisumergida en el agua.

-Desdentao, agáchate. –susurraba la pelirroja.

-Lo sé esto tiene muy mala pinta. –se escuchaba decir a Hipo. Desdentado se asomo para ver donde estaba su amigo. Quien al verle agarró y giro a la rubia para continuar hablando nerviosamente. –Vale, me has pillado, he estado haciendo… trajes.

-Vamos, escóndete –Desdentado la notaba muy nerviosa e Hipo no se escuchaba mejor ¿Qué pasaba? En ese momento se escucho un ruido proveniente de su amigo y la desconocida junto con una exclamación de dolor y volteo a ver qué ocurría.

-Esto por las mentiras. Y esto, por todo lo demás. –dijo la muchacha golpeando a Hipo, a lo que el dragón reaccionó con un gruñido y colocándose en posición de ataque. Nadie tocaba a sus amigos.

En ese momento la muchacha detecto al dragón.

-¡Al suelo! –exclamó tirando nuevamente al chico y enfadando a Desdentao. Quien fue a apartar a la rubia que blandía su hacha contra él, pero Hipo se lanzó contra ella apartando el hacha segundos antes de que un chorro de agua, que los humanos no vieron, pasase a toda velocidad por el sitio donde un segundo antes estaba la cabeza de la rubia.

-Tranquilo. Tranquila. Es una amiga. –dijo el castaño aproximándose. –Le has asustado.

-¿Qué yo le he asustado a él? ¿Quién es él?

-¡Ah! Si, Astrid, Desdentao. Desdentao, Astrid. –esta última le miro como si fuese un bicho raro y se marcho corriendo.

-La llevamos clara. ¡Oye! ¿Dónde crees que vas?

-Creo que no se han caído demasiado bien. Deberíais ir a hablar con ella.

-¿Con Astrid? ¡Habría que secuestrarla!

-Tienes un dragón, no debería ser difícil, pero antes de que os vayáis… dame mi brazalete por favor, quiero estar preparada.

-¡Claro! -contestó el muchacho lanzándole el brazalete de plata con el zafiro y la perla ya engarzadas.

-¡Gracias hermanito!

-De nada sirenita. –dijo mientras subía a lomos del dragón para hacer una misión imposible.

Lo sé, es corto y he tardao un monton en subir, pero prometo que mañana subo un capítulo donde empezará a haber algo de acción, que ya tocaba. Un saludo a todos y como siempre... Reviews y followers son bienvenidos.

Gracias Leslie por tu comentario! es mi primera historia y me alegra que te guste la temática.

Besos a todos!