Capítulo 5

Entre tanto, Estoico había llegado a la isla Dragón, habían desembarcado y comenzado a erguir las barreras defensivas.

-Cuando abramos esa montaña, esto se convertirá en un infierno.

-Como mis gayumbos. Menos mal que me he traído otro par.

-Acabe como acabe tiene que acabar hoy.

Estoico se puso en posición y los demás ocuparon sus puestos de batalla.

-¡Fuego! –ordenó el jefe y las catapultas comenzaron a lanzar grandes rocas contra la montaña hasta que consiguieron abrir un gigantesco boquete.

Estoico se introdujo junto con otros vikingos gritando como energúmenos y los dragones salían volando aterrados, pero mientras los demás celebraban la victoria fácil que habían conseguido, el jefe oyó algunos ruidos que le hicieron sospechar que los gigantescos reptiles no habían huido de ellos.

-Esto aun no ha terminado. Formad filas y permaneced juntos.

A los pocos segundos apareció el dragón más grande que ninguno de ellos había visto jamás. Sólo su cabeza superaba con creces a cualquier dragón que ellos conocieran.

-Que los dioses nos ayuden.

En cuestión de minutos todo era un caos. Los barcos estaban quemándose, los berkianos huían del inmenso dragón mientras Estoico y Bocón distraían a la bestia, pero la cosa no pintaba nada bien ya que sus armas no le herían. El monstruo iba a escupir fuego nuevamente cuando una llamarada le golpeó en la cabeza y de entre el humo salieron cuatro dragones.

-¡Chus! ¡Brus! ¡Cuidado por la espalda! Muévete Pata Pez. –se escuchaban los gritos de Hipo dando órdenes.

-¿Pero qué? –murmuró Estoico al ver a su hijo a lomos de un nadder junto con Astrid, dando órdenes como un gran líder.

-¡Mirad vamos en un dragón! ¡Vamos en dragones! Todos nosotros –gritaba Mocoso con Ariel agarrada a su espalda.

-Arriba rápido –ordeno el cabecilla de los jinetes.

-¡Ese vikingo es el más cabezota que he conocido desde su padre! –exclamó Bocón.

Tras recabar datos sobre el dragón y planear la estrategia a usar, Hipo fue con Astrid y su nader a buscar a Desdentao.

Los gemelos no tardaron en empezar a chinchar al gigante y Patán y Pata Pez comenzaron a golpear sus escudos.

-¡Eh! ¡Este bicho no tiene punto ciego! –informo Pata Pez al descubrir tres ojos que le observaban. No obstante los golpes comenzaron a aturdir al Muerte, pero Ariel se fijo en que no era el único, el gronquel y el pesadilla también estaban mareándose. Antes de que cayeran, decidió ir con Hipo en un acto suicida.

Corrió por el lomo del dragón y parte de la cola para lanzarse al vacío de cabeza y caer sobre el mar ante los asombrados ojos de los dos chicos.

Entre tanto Hipo y Astrid volaban sobre los barcos en llamas buscando a su amigo dragón.

-¡Ahí está! –gritó el muchacho comenzando el descenso. Tras llegar a su amigo ordeno a la chica que fuese a ayudar a los demás. –Tranquilo, tranquilo. –susurraba mientras quitaba el bozal, pero no era tan sencillo soltar el cepo y el incendio se ponía cada vez peor, y en un repentino movimiento el Muerte Verde piso el barco aplastándolo y causando que ambos amigos cayeran al mar y se hundieran en el fondo.

Hipo trataba de soltar a Desdentao, pero no tenía suficiente fuerza y se estaba quedando casi sin oxigeno cuando una robusta mano le agarró y sacaba del agua, justo antes de que una figura rodeada de un halo rojo fantasmagórico apareciese nadando a gran velocidad y destruyera el cepo de un sablazo.

Ariel, había quedado un poco atontada al caer al mar desde tanta altura, pero gracias a sus juegos con Desdentao había adquirido bastante práctica en refrenar la dureza de las caídas y rápidamente fue a buscar a sus amigos entre los barcos cuando a lo lejos vio uno hundirse con un gran animal y una figurilla que se sumergía tras él. Supuso quienes eran y aumento su velocidad, hasta que vio a Estoico acudir al rescate de su hijo, pero en cuanto se encaminaron a la superficie libero a Desdentao.

-Ve con ellos y ayuda a Hipo. Yo atacaré desde el mar. –y nuevamente se alejó hacia donde estaba el Muerte verde.

Desdentao salió y de camino recogió al gran vikingo que había sacado a Hipo. Estaba listo para luchar por su libertad y la de los de su especie y así se lo hizo saber a su jinete.

-Tú lo has dicho campeón. –fue la respuesta que obtuvo mientras Hipo se subía a su lomo de un brinco, pero…

-Hipo… Lo siento, por todo.

-Ya, yo también.

-No hace falta que subas ahí arriba.

-Somos vikingos. Son gajes del oficio.

-Estoy orgulloso, de que seas mi hijo.

-Gracias papá.

Jinete y dragón emprendieron un vuelo de subida casi vertical

-¡Ya vienen! –anunció Astrid -¡Sacad a Mocoso de ahí!

Los gemelos lograron rescatar al forzudo vikingo de la cabeza del gigantesco dragón de forma increíble. Era un milagro que tanto Mocoso como Patapez saliesen sin grandes daños de la caída de sus dragones.

Cuando se estaban retirando para comenzar el nuevo ataque el muerte verde comenzó a aspirar con el objetivo de comerse a Astrid y su nadder, pero en el último segundo.

-¡Un furia nocturna! –se volvió a escuchar instantes antes de que una bola de plasma impactara en la cara del gran lagarto cesando su ataque, pero derribando también a Astrid. Por suerte, Hipo y Desdentao acudieron raudos a atrapar a su amiga rubia.

-¿La tienes? –pregunto Hipo, y en respuesta Desdentao miro hacia sus patas y vio que la vikinga le dedicaba una amable y cariñosa sonrisa que el correspondió con una juguetona y sin dientes.

Entretanto, el muerte verde iba a atacar de nuevo a la presa fugada, pero nuevamente fue interrumpido por algo que se le clavó dolorosamente en uno de sus ojos.

Los vikingos desviaron la vista del furia nocturna para ver como múltiples hojas de hielo gigantes y afiladas salían disparadas desde el mar e impactaban en la cara del dragón causándole cortes y heridas.

Hipo también lo vio y dedujo quien estaba distrayendo a esa cosa para darle tiempo. Desdentado deposito con cuidado a Astrid en el suelo y voló de regreso a enfrentar al dragón.

-Ese bicho tiene alas. A ver si sabe usarlas. –dijo Hipo y Desdentao se lanzó hacia el dragón escupiendo una inmensa bola de plasma que le derribó –¿Crees que eso bastará? – no tardo en levantarse enfurecido y comenzar a abrir sus alas para batirlas y elevarse con intención de alcanzar a su enemigo que se alejaba de él. –Bueno, sabe volar.

Ambos amigos comenzaron a volar cerca de la costa sorteando los farallones, con el gran dragón persiguiéndoles y arrasado con lo que se le cruzaba en su camino. Desde la costa la tribu observaba asombrada y asustada, bajo las aguas, una sirena lo hacía preocupada mientras enfilaba el camino de vuelta a la orilla.

-Bueno Desdentao, es hora de desaparecer. –comunicó Hipo a Desdentao que inició un vuelo en vertical hacia las oscuras nubes, pero el muerte verde al ver sus intenciones disparo una gigantesca llamarada -¡Aquí viene! –que Desdentao esquivó por los pelos justo antes de poder camuflarse en la oscuridad del cielo despistando a la bestia.

Todo estaba en silencio, como la calma antes de la tormenta, hasta que la tormenta estalló. Desdentao, invisible en la negrura del cielo comenzó a volar a toda velocidad disparando continuas ráfagas al confundido y enfurecido dragón. Desde tierra solo se veían luces y escuchaban sonidos escalofriantes, pero nadie sabía que ocurría exactamente. Hasta que el furioso dragón decidió hacer salir a sus ocupantes con una ráfaga de fuego sin fin que los amigos no pudieron esquivar por completo prendiéndose fuego la cola de Desdentao.

-¡Vale, llegó la hora! A ver si esto funciona. –dijo el muchacho a su amigo con alas y ambos se dirigieron en un ataque directo al gran dragón que les perseguía. –¿Eso es lo mejor que sabes hacer? –provocaba Hipo para después iniciar un descenso en picado. Apenas quedaba tela en la cola. –Aguanta campeón, solo un poco más. –pedía Hipo, hasta que vio como se formaba una inmensa nube de gas incendiario en la boca del bicho. -¡Ahora! –esa era la señal para que Desdentao disparase su plasma provocando un incendio en el interior de la bestia que al chocar contra el suelo causó una terrible explosión que le destruyó, pero la cola del furia nocturna y no pudo evitar la gigantesca cola del muerte verde.

Lo último que vieron todos fue a Hipo y al furia nocturna cayendo en medio de la explosión.

Vale, he tardado un montónpero al fin he actualizado. Aviso que a partir de ahora espaciaré más el tiempo entre capítulo y capítulo porque se acercan unos exámenesmuy importantes y tengo que estudiar mogollón.

gracias por los apoyos recibidos, sobretodo akirara213.

ACLARACIÓN: las propiedades de las plantas medicinales son reales, pero no lo probéisen casa.