Capítulo 6
Cuando el humo comenzaba a disiparse, los vikingos acudieron a buscar entre todos al hijo del jefe. Bocón reparó en que la chica pelirroja del ruedo salía tras unas rocas cercanas y corría hasta casi encabezar la marcha con Estoico.
-¡Hipo! ¡Hipo! –gritaba su padre cuando se detuvo en seco antes de volver a correr. –Hipo –suspiró viendo la silueta del furia nocturna en el suelo, pero sin jinete y practicante sin silla. No había rastro de su hijo. Cayó al suelo de rodillas abatido y carcomido por la culpa. –Hijo, pero que he hecho.
Ariel salió presta de entre la multitud y fue a la cabeza del furia nocturna. –¿Desdentao? Despierta amigo, despierta. Necesito tu ayuda, tenemos que encontrar a Hipo. –decía mientras le acariciaba, intentando hacerle reaccionar, en eso, distinguió algunos movimientos peculiares entre los vikingos, pero aun no confiaba plenamente en ellos y no pensaba dejar que tocasen a su amigo. Soltó su cabeza suavemente y se situó ante él. –¡Si alguien va a intentar algo contra este dragón, o cualquiera de los otros tendrá que vérselas conmigo! –amenazó a los vikingos al tiempo que hacía aparecer una de sus mágicas espadas y giraba el brazo sobre su cabeza formando un circulo de agua de mar sobre su cabeza que luego dividió en cientos de pequeñas y filosas dagas de hielo ante el asombro de muchos.
Pero Estoico no le prestaba atención. Sólo miraba al dragón que había cuidado de su hijo y que le quería tanto. Hipo trató de decírselo, pero él para variar, no le escuchó. Esto era culpa suya.
En ese momento se oyó un remilgo proveniente de la bestia. Ariel corrió de vuelta a su cabeza y Estoico levanto la suya.
-¡Desdentao! ¿Estás bien? ¿E Hipo? –avasalló la chica cuando el dragón abrió los ojos con cansancio. El dragón contestó con una mirada cansada y tristona. –No. –susurró la pelirroja que no pudo resistir más y comenzó a llorar.
-¿Puedo decir algo? –pregunto un descorazonado Estoico. –Lo siento mucho. –dijo mirándolos a ambos. Con un asentimiento complaciente, Desdentao abrió sus alas mostrando a Hipo en su interior. –¡Hipo! –Estoico tomo a su hijo en brazos y lanzó su casco lejos para escuchar los latidos de su corazón. –¡Está vivo! ¡Me lo has traído con vida!
Murmullos de alegría recorrían las filas vikingas, su querido fideo con patas estaba vivo. –Gracias, por salvar a mi hijo. –dijo Estoico de corazón a Desdentao.
-Bueno, lo que queda de él. –añadió Bocón viendo la gran herida de su pupilo. Hipo tenía una quemadura muy grave en la pierna izquierda, que corría peligro de infección, cosa que pondría en peligro la vida del muchacho si no se trataba rápido.
Ariel había observado los gestos de la gente y advirtió que no había peligro, por lo que bajo su arma y comenzó a intervenir.
-Si me permitís, tengo alguna formación de curandera, aunque no completa, pero puedo ayudar si usted extendiese su capa para tumbarle. –Bocón y Estoico se apartaron de inmediato y procedieron a colocar la camilla para que viese al muchacho, pero en cuanto se dieron la vuelta Ariel tomo dos de sus lágrimas con sus dedos y las deposito en la boca de cada uno de sus amigos. Pocos lo sabían, pero las lágrimas de sirena tenían tales propiedades curativas que sanarían a un moribundo, pero normalmente se perdían en el mar, por lo que eran muy escasas.
-Nosotros volveremos a Mema a traer ayuda. –dijo Astrid, a quien no le gustaba la cercanía de esa chica con Hipo.
-Me parece genial Astrid, pero ¿podrías buscar algo para llevar a Hipo en tu Nadder? Si se de alguien que se asegurará de que llegue sano eres tú. –pidió Ariel con una sonrisa dejando en blanco a la rubia.
-¿Y por qué yo? –saltó ruborizada.
-Porque con todo lo que me ha hablado de ti se que te confiaría su vida, así que es lo que estoy haciendo. –respondió la otra con naturalidad. A lo que Astrid no pudo más que asentir conmovida y marcharse a buscar lo solicitado con los otros jinetes.
Entretanto Estoico y Bocón habían tumbado a Hipo sobre la capa del primero, así que Ariel empezó a hacer de las suyas con el agua. Destiló agua de mar y la mezcló con vara de oro y caléndula poniendo la mezcla a hervir y enfriándola después tomó una parte para envolverla alrededor de la pierna calcinada limpiándola y manteniéndola fresca, después la retiró para volver a cubrirla con la mezcla, esta vez congelando la parte externa para que el líquido permaneciese rodeando la pierna y fresco.
Cuando se dio la vuelta toda la aldea volvía a mirarla boquiabierta, con Estoico incluido, haciendo que se ruborizaste hasta la raíz de su cabello. –Bueno, con lo que tengo es todo lo que puedo hacer.
-¿Cómo has hecho eso? –inquirió Estoico.
-Mi madre era curandera y me enseñó muchas cosas, pero ….
-No hablo de la herida, sino del agua.
-Pues… puedo hacerlo… desde que nací.
-¡A Gothi le encantará conocerte! –exclamó un jubiloso Bocón –es nuestra curandera.
La mirada de Ariel se iluminó. Podría aprender más cosas, estar más unida a du madre. Quizá dejarían que se quedara.
-¡Ya estamos aquí! ¡Hicimos dos camillas! –gritó Astrid, cuyo Nadder venía con una especie de globo entre sus patas hecho con las velas de los barcos, pero dentro habían colocado un pedazo de uno de los barcos para recostar a Hipo. Patán y los gemelos traían otro bastante más grande.
Estoico deposito a Hipo y después fue con Bocón y Patón a levantar a Desdentao para colocarle en la suya.
Ariel subió al lomo del dragón de Astrid. –Voy contigo si no te importa.
-¿Crees que Tormenta podrá con las dos? – trataba de escabullirse Astrid.
-Puede con los tres y hasta con Patán y su ego gigantesco. –bromeó la chica, arrancando una involuntaria sonrisa a la rubia.
-Yo iré con Patán. –declaró Estoico. –te dejo al mando Bocón. –Y con eso despegaron de vuelta a Mema.
-Así que Tormenta. ¿Cómo se te ocurrió?
-Por sus colores. Amarillo de los rayos y azul de las nubes.
-Es bonito. Como ella.
-No tenemos porque charlar. –replicó molesta Astrid.
-En realidad sí. Por eso monté contigo, porque noto que no te caigo bien y creo que sé porque.
-¿Así? Ilumíname. –contestó irónica.
-Por Hipo. Os vi aquel día en la cala, noté como le mirabas, y a él también le gustas.
-¡Qué! ¡A mí no me gusta Hipo!
-Bueno, pues tu a él sí. O al menos te admira, me ha hablado un montón de ti en estos días, y el día de la cala… bueno, digamos que Desdentao y yo no podíamos parar de reír por la sonrisa boba y las orejas rojas que no desaparecían ni a la de tres.
-No... no lo sabía.
-Bueno, con la reputación que ha tenido toda la vida yo creo que no cree que sea suficiente para ti.
-¿Reputación?
-Si, ya sabes, el rarito, el problemático, el inútil… el diferente vamos. Y le entiendo, a mi me veían igual en mi pueblo, solo que a mi acabaron por desterrarme.
-¿En serio?
-Sí, la razón por la que Hipo y yo decimos que somos hermanos es por todo lo que tenemos en común. Madre muerta en la niñez, padres que nos desaprobaban, un pueblo que te miraba como a un bicho raro y curiosidad. Curiosidad por todo.
-La verdad es que sí os parecéis un poco. –dijo Astrid con una risita queda.
-Me alegro de que lo veas. No quería que malinterpretases la relación que tenemos Hipo y yo.
-¿Crees que se pondrá bien?
-No te preocupes. Digamos que soy curandera y le he dado algunos medicamentos. En unos días estará dando guerra.
El resto del viaje transcurrió en silencio entre las dos chicas y cuando llegaron a Mema aterrizaron justo en frente de la casa de la venerable matriarca a quien contaron brevemente la historia y los remedios que habían aplicado. Sin embargo Gothi puso cara de preocupación, ya que el muchacho iba a perder la pierna de todas, todas y la recuperación solía ser lenta, con lo débil que estaba no sabía si despertaría y así lo comunicó.
-Despertará. –afirmo Ariel con total confianza. –Le he dado algo más que ayudará a recuperar sus fuerzas y a sanar rápidamente. –ante la mirada interrogante de la venerable anciana se inclino y le susurró –Una lagrima de sirena, y no pregunte como lo he conseguido porque con tanta gente no se lo diré. –Gothi estaba estupefacta. Eso era casi imposible, pero si ella lo decía debía ser cierto, por lo que procedió a escribir.
-Gothi dice que habrá que quitarle el trozo quemado y que debe ser un corte limpio. –tradujo Patapez.
-No quedan armas en Mema. Y las que hemos traído no están limpias después de la batalla. –informó Estoico.
-Dígame donde cortar y yo lo haré. –se ofreció Ariel sacando una de sus sai.
-Gothi dice que esa hoja es demasiado débil y que ni tu ni Estoico debéis hacerlo, por lo que implica para vosotros.
Ariel hizo aparecer la otra hoja y con un mandoble seco y firme partió por la mitad una silla que cayó al suelo en un corte limpio.
-Te la presto para que puedas ayudar a Hipo, Gothi. –continuo mientras le tendía la otra espada a la anciana, aunque en realidad avisaba a su sai –Ahora salgamos de aquí para que puedas terminar de curarle.
Tras eso todos salieron a sentarse en el suelo del poche de la curandera mientras ella terminaba de trabajar con Hipo.
-¿De dónde han salido esa cosas? ¿Y donde las guardas? –inquirió Patán.
-Son herencia de mi madre y no te incumbe, solo que sepas que van siempre conmigo y no debes tocarlas si no quieres pasarlo mal. –fue la desafiante respuesta.
A partir de ahí cada uno se sumió en sus propios pensamientos, nadie estaba de humor para hablar de nada, excepto los de siempre.
-Bueno, habrá que quitar las antorchas –dijo Chusco.
-Sí. Cerrar la academia. –añadió Brusca.
-¿De qué habláis?
-Hombre Astrid, si vamos a vivir con dragones, no van a querer ayudarnos a destruir cosas si no les recibimos bien.
-Es cierto, necesitaremos cambiar algunas cosas. –se apunto Patapez.
-Necesitareis comederos gigantes. Creedme, he visto como engulle Desdentao.
Y con esa charla siguieron todos aportando ideas para adaptar Mema a sus nuevos habitantes, hasta que finalmente salió Gothi para informar de que jinete y dragón estaban bien, pero que Hipo debería descansar varios días para recuperarse. Como queriéndolo corroborar apareció un sonriente Desdentao tras la anciana. Cargaron a Hipo sobre su lomo y le llevaron a su casa. Después cada uno se fue a su hogar a descansar. También Ariel iba a volver a la cala con Desdentao cuando Estoico le llamo.
-Podrías quedarte. Me gustaría hablar de un par de cosas contigo.
Entró confundida sin saber que iba a ocurrir, el vikingo mando al dragón a dormir con su hijo, dejándole a solas con la muchacha.
-Querría hacerte un par de preguntas si no te importa.
-Puede hacerlas, pero yo decidiré si contestarlas.
-Está bien. La primera es si esa ropa te la dio Hipo.
-Sí. Me dijo que era…
-De su madre, sí esa falda era una de las favoritas de Valka. Te sienta bien y has ayudado a salvar la vida a nuestro hijo entre otras muchas cosas, así que estaría feliz de dártela, te la puedes quedar.
-Muchas gracias.
-La otra pregunta es sobre tus orígenes –Ariel se tensó visiblemente –no es sobre tus poderes, has dicho que eran de nacimiento y si mi hijo confía en ti, yo también, he cometido demasiados errores por no hacerlo, pero me dijiste que los tuyos te repudiaron y querría saber porqué.
-Desobedecí una norma, para el jefe de los míos inquebrantable. Nada que pusiese a nadie en peligro excepto a mí, cuando quise retractarme, me desterraron a vagar sola por el mundo o a encerrarme. Apenas me dieron tiempo a coger nada antes de comenzar a perseguirme. Les despiste y me aleje todo lo que pude. Estaba descansando unos días para tomar fuerzas cuando Hipo me encontró y me ofreció quedarme con él y Desdentao. Les debo mucho a ambos.
-Entiendo, bueno, puedes quedarte aquí unos días y ayudarme a cuidar a Hipo si quieres, pero me temo que en la aldea no hay nadie que tenga espacio para acogerte, ni si quiera en esta casa podemos haceros un sitio a ti y al dragón a la vez.
-Lo comprendo. –respondió Ariel a cada palabra más deprimida.
-Entonces, solo veo una solución.
Siento el retraso! Prometo que en cuanto pase el examen me pongo a tope con la historia! En compensación este capítulo es largo.
Gracias por los comentarios y a los lectores anónimos! me animáis mogollón! ;*
Besos a todos
