Capítulo 7
Desdentao observaba a Hipo con atención, llevaba tres días durmiendo en su cama y el vigilándola de constante, pero acababa de notar algo de movimiento y empezó a olisquearle y resollarle en la cara causando que el chico terminara de despertarse mientras él le daba cariñosos cabezazos.
-Hola Desdentao, sí yo también me alegro de verte… ¡Ouch! –el dragón se había apoyado en el estomago del chico sin querer despertándole rápidamente y fijándose donde estaba. –E… estoy en mi casa. ¿Tú estás en mi casa? ¿Sabe mi padre que estas aquí? –preguntaba mientras Desdentado brincaba loco de contento. –no, estera, baja de ahí. ¡Desdentao! ¡O venga ya! –exclamó yendo a levantarse, pero notó algo diferente y al levantar la manta lo vio. La mitad de su pierna había desaparecido y en su lugar había una prótesis metálica. Se intentó levantar, pero le falló el equilibrio, dolía un poco y cayó al suelo, pero Desdentao le recogió a tiempo. –Gracias amigo. –y juntos se dirigieron a la salida.
Al abrir la puerta, Hipo la cerró de nuevo al instante, había visto un pesadilla monstruosa delante de su casa. –Desdentao, quédate aquí. –y volví a salir a la calle. Mis amigos montaban en dragón por el pueblo, había dragones comiendo de lo que antes eran las antorchas gigantes y se veía a aldeanos haciendo mimos a otros dragones y a otros levantando nuevas construcciones. –¡Lo sabia! ¡Estoy muerto!
-¡No! Y eso que lo has intentado. –dijo Estoico riendo –bueno, que te parece.
-¡Mirad! ¡Es Hipo! –gritó uno de los aldeanos, y pronto la mitad de la aldea estaba rodeándome.
-Al final sólo necesitábamos un poco más de… esto.
-Me has señalado entero. –a lo que mi padre afirmó con la cabeza.
-Bueno, a la mayor parte. Eso es obra mía. Con un toquecillo a lo Hipo. ¿Qué te parece? –intervino un entusiasta Bocón.
-Puede que le haga algunos arreglillos. –la gente se reía de mi broma cuando me dieron un fuerte golpe en el hombro.
-Esto por asustarme –saltó Astrid.
-¡Qué! ¿Vas a estar siempre así? Porque… -no pude seguir, porque Astrid me silencio con un beso, mi primer beso, corto y efímero, pero muy dulce lo justo para dejarme atontado sin otra cosa que decir que… -podría acostumbrarme.
-Bienvenido a casa dijo Bocón entregándome una nueva prótesis para Desdentao.
-¡Furia nocturna! –se escucho, y con razón porque Desdentao había salido de casa y saltaba sobre los vikingos tratando de llegar a mí. No pude evitar reírme al ver esos ojos verdes juguetones. Al verle me dí cuenta de que me faltaba algo.
-Papá, ¿dónde está Ariel?
-Lo siento Hipo, pero nadie tenía hueco en su casa para acogerla –contesto mi padre con una triste mirada
Se había ido. Mi hermana se había ido y no sé había despedido de mi. Necesitaba salir a despejarme un rato.
-Voy a ir a volar un rato –rápidamente coloqué la prótesis de Desdentao y me encaramé a su lomo.
-¿Por qué no vas a ver las mejoras que le estamos haciendo al pueblo para adaptarlo a nuestros amigos? A ver si te gusta. –sugirió papá.
-Y cuando termines ve a ver a Gothi. Te necesita para algo muy importante. –añadió Bocón.
-Está bien. –monté en Desdentao y empecé a sobrevolar la aldea. Las antorchas no era lo único que había cambiado, la gente estaba creando pequeños establos en sus casa para su dragón, muchos subían cestas de pescado desde el muelle para aumentar las reservas del almacén y la academia estaba cerrada. Pero no me concentraba en nada de eso, solo pensaba en que Ariel no estaba aquí para ver esto. Volvía a estar sola y con lo rápido que nadaba ya estaría muy lejos de aquí, así que sería difícil encontrarla, pero iba a intentarlo de todas todas.
-¿Te gusta lo que has visto? –preguntó Astrid que venía a acompañarme en mi vuelo.
-Sí, no está mal para tan poco tiempo.
-¿Y has visto la construcción de al lado de tu casa? Tiene una estructura muy peculiar, pero quien lo diseño es un poco peculiar.
-¿Habéis vuelto a dejar que Cubo haga un plano? La última vez se le ocurrió una casa con el tejado a bajo y el suelo arriba.
-Bueno, no es tan raro como eso, pero si extraño, ven a verlo. Vamos Tormenta.
Seguí a Astrid y a su nadder, que ahora sabía que había llamado Tormenta, hasta cerca de mi casa, donde efectivamente vi una casa de estructura peculiar, pero solo las vigas ya que estaban empezando a clavar los troncos y las tablas que serían las paredes.
-¡Ya era hora de que te dejases ver! –me gritó Patán, que parece que ayudaba a la construcción, junto con los demás chicos y algunos aldeanos más. –¡Sabemos que has despertado hace una hora!
-Se habrá caído del dragón –sugirió Chusco.
-Si. ¿Habrán roto algo? Ojalá lo hubiera visto –apuntó Chusca cuando dos bolas de nieve impactaron en sus rostros derribando a los gemelos.
-Mi hermano sabe volar con Desdentao perfectamente, no se ha caído. –contestó una voz musical que reconocería en cualquier parte.
Ariel apareció de detrás de una de las vigas con un martillo en la mano y clavos en la otra. Estaba aquí, no se había marchado a ningún sitio. Hice que Desdentao aterrizase y apenas tocamos tierra me abalance sobre mi pelirroja favorita.
-No te has ido –dije mientras la abrazaba.
-¿A dónde iba a irme? –respondió extrañada.
-Estoico le hizo creer que te habíamos echado de la isla. –explicó Astrid.
-Ah, ya. Lo que me dijo a mí, "Nadie puede acogerte. Solo veo una solución" –dijo Ariel imitando a mi padre –Su solución fue tan simple como construir mi propia casa cerca de la vuestra.
-Entonces ¿vas a vivir aquí?
-Sí, de hecho me dejó diseñar los planos y los chicos están ayudándome con la construcción.
-¿Por qué no nos dejas seguir a nosotros e Hipo y tu vais a ver a Gothi? Lleva queriendo hablar contigo desde hace días. –nos sugirió Patapez.
-¿De qué quiere hablar con nosotros? –eso era extraño.
-Contigo no, conmigo. Pero necesito un intérprete, aun no sé leer bien, aunque Patapez me está ayudando con eso. –alabó mi hermana.
-Pues vamos –contesté montando en Desdentao y ella se encaramó al poco tiempo, con lo que despegamos hacia la casa de la venerable anciana.
-¡Hola Gothi! Mira quien ha despertado.
-¡Gothi! Gracias por curarme.
La anciana dibujó unos signos en el suelo. –Las gracias a Ariel ¿Por qué? – continuó escribiendo. –¿Lagrimas de sirena? ¿y para qué sirve? –siguió escribiendo. –Pues… no sé de donde pudo salir Gothi.
-No te preocupes Hipo. Prometí hablar con ella, pero necesito un intérprete, pero a cambio de todo lo que quiera preguntarme le haré yo una petición. ¿Le parece bien?
-Acepta. –traduje. –Quizá sea mejor que vayamos a la laguna si vas a sincerarte. ¿Te parece bien Gothi? –la anciana me lo confirmó y entre Ariel y yo le ayudamos a subir a Desdentao, yo me coloqué delante y Ariel en la zona más cercana de la cola.
Cuando llegamos a la cala, Gothi y yo bajamos, pero mi hermana permaneció sentada.
-Procede Gothi.
Tras meditarlo un segundo Gothi empezó a escribir. –Por comenzar flojo ¿Quién te enseñó a curar? –traduje.
-Mi madre era la sacerdotisa mayor de una aldea situada en el continente. Empezó a enseñarme de niña, hasta que murió.
-¿Cómo se llamaba?
-Atenea. –la cara de Gothi pasó a un asombro total y continuó escribiendo algo que traduje al instante.
-¿Atenea de Sade?
-Si. –contestó mientras se levantaba y entraba en el cobertizo un segundo para ir a por su baúl y comenzó a revolver en él hasta extraer algo. –Este era su manto ceremonial. –dijo tendiéndoselo –Este es su cinto de medicinas –señaló.
Me fijé en que Gothi tomó con reverencia el manto, como si pudiese romperse con mirarlo. Lo extendió y recorrió con la mano las piedras sin pulir que se disponían en círculo alrededor de otra. Sabía su significado.
-¿Que piedras son? –pregunté yo. Gothi tocó una de las piedras.
-Agua-marina el agua. –Gothi toco otra –esmeralda la tierra –apunto otra. –el zafiro el viento –la siguiente –el rubí el fuego. –y finalmente… –y finalmente el elemento dominante, la luz es el diamante.
-Pero no suelen adornarse cosas con las piedras en estas condiciones.
-No, pero así están en la naturaleza, y para una sacerdotisa eso es lo importante.
Gothi empezó a escribir cosas en el suelo.
-¿Sabes que hay una leyenda en torno a tu madre? –traduje.
-¿Cuál?
-Cuando tu madre desapareció, hubo personas que dijeron que la vieron internarse en el mar con un tritón. Se supone que la enamoró y la llevo al mar para devorarla, por eso nunca volvió y todos la dieron por muerta, hasta yo, pero reconocería este manto en cualquier lugar, y si te soy sincera, cuando te ví pensé que me había aparecido su ánima. Un momento, Gothi. ¿Conociste a su madre? ¿Cuándo?
Gothi borró lo escrito con su pie y comenzó de nuevo.
-Las druidas, sacerdotisas y brujas nos reunimos cada quince años para conocer a las discípulas y sucesoras de los clanes y unirnos en un espíritu de retiro. La última vez fue hace 10 años. Son reuniones para discutir sobre los cambios en los vientos, intentar contactar con los espíritus de los muertos e intentar percibir a aquellos que comandan las fuerzas de la naturaleza y, aquellas que lo poseían, mostrar cómo habían sido bendecidas por uno de ellos para poder controlar sus fuerzas. Pero recuerdo que en la reunión de hace 30 años, Shiseida, acudió con tu madre como aprendiz, todas pensamos que estaba destinada a grandes cosas pues con 18 años era capaz de controlar a la perfección los cuatro elementos, algo nunca antes visto, y combinarlos para formar una bola de luz. Todas sabemos la teoría, pero nadie había sido capaz de hacerlo nunca.
-¿Tú sabes hacerlo? –preguntó Ariel ansiosa.
-No puedo, pero podría enseñarte, si tú quieres.
-Sí quiero.
-Pero tienes que contestarme a otra pregunta.
-Lo que sea.
-¿Qué te pasó? ¿Cómo acabaste aquí?
Se hizo un silencio tenso. Por un lado me moría por saber la historia entera de mi hermana, pero sabía lo que le dolía hablar de todo eso.
-Gothi, ¿te importa dejarlo para otro momento? Creo que no es una historia bonita de contar. –intervine queriendo salvar el paso.
-No Hipo, no te preocupes, pero te lo agradezco mucho. –me interrumpió Ariel. –Creo que me va a quitar un peso de encima, pero Gothi, te pido por favor que no se lo cuentes a nadie.
-Te lo prometo. –escribió Gothi.
Ariel empezó a sacar todas las cosas del baúl y a extenderlo por el suelo. Abrió una de las cajas y extrajo dos paquetes, uno cuadrado y otro plano. Extrajo otra caja grande pero de apariencia delicada y con ornamentaciones en nácar, y finalmente un paquete envuelto en una tela para protegerlo.
-Veras Gothi, solo una parte de lo que has dicho es leyenda. Mi madre se fue al mar a vivir con un tritón, pero no la devoró. La transformó, se casó con ella y la hizo su reina y madre de sus hijas, de las cuales soy la menor. –la cara de asombro de Gothi era impagable –Mirad. –dijo mientras abría la caja alargada y extraía una talla de jade con pequeñas sirenas nadando en la periferia y en el centro una pareja adulta, él con barba tapando su cara y un cuerpo musculoso que rodeaba a la mujer de aspecto delicado y cuyos rasgos se asemejaban a los de mi hermana. Tomé la talla asombrado e inspeccione concienzudamente a la pareja, se les veía muy felices. Desvié mi mirada al resto de las sirenas, eran siete pequeñas sonrientes, las miré una por una hasta que encontré a la que buscaba nadando cerca de sus padres, le señalé a Gothi donde estaba Ariel con una sonrisa risueña mirando a sus padres.
Gothi también estudiaba la talla y al ver a madre e hija se emocionó.
-Así que eres un espíritu del agua y una sacerdotisa. Es muy interesante. –escribió Gothi.
-No sé si seré sacerdotisa, pero mi madre me enseñó todo lo que sabía de medicinas. En realidad fui a la única a la que enseñó, porque ninguna de mis hermanas quería subir a la superficie. –Gothi la miró extrañada –Estaba prohibido por ley subir a la superficie porque se considera que los humanos sois peligrosos. Lo gracioso es que mi padre desobedeció su propia ley, sino, no habría conocido a mi madre.
-¿Su ley? –escribió Gothi.
-Mi padre es el rey Tritón. –explicó Ariel mientras había la caja nacarada y nos la mostraba. En su interior se encontraban dos tiaras, una más grande y elaborada y la otra pequeña y sencilla. –Mi madre era la reina Atenea, La Bondadosa. –dijo tocando la corona más grande –robé esto antes de que me echaran de casa. Quería tenerla cerca de mí para que me recordase a ella. Al fin y al cabo cuando murió todo lo que la caracterizaba fue guardado para el olvido.
Gothi parecía estar en shock, a mi me había sorprendido lo del robo, y recuerdo como me entré cuando me dijo que su padre le dio la patada, así que Gothi tenía que estar a cuadros.
-¿Podrías contarnos que pasó para que te expulsarán? –pregunté adelantándome a la anciana.
-Está bien.
Vale, bajad las hachas por favor, se que he tardado mogollón, pero en mi defensa. Llevo deprimida una temporada y antes de entrar en ella fue verano y aunque no me creáis donde veraneo no hay intenet!
He vuelto a tope y tengo algún capítulo casi listo. Nos vemos pronto
