Canción cometas en le cielo de la oreja de van gogh

Presente

-Quince días más tarde llegue a Mema y conocí a Hipo –concluyo una triste Ariel su relato. Contar su historia no había sido nada fácil para ella y ahora lloraba recordándolo todo, pero su curandera interior no le dejaba desaprovechar sus lágrimas que iba recogiendo en el bonito frasco de cristal azul cuando bajaban por sus mejillas.

En el suelo estaban extendidas varias de las cosas que nombró durante su relato. El largo vestido de gasa de su madre donde se entremezclaban el azul con verde, amarrillo, rosa y blanco, la capa blanca también de su progenitora. De la caja labrada extrajo una pequeña diadema de oro con pequeños zafiros y otra grande de platino con cinco gemas, cada una de un color, así como los seis anillos de sus hermanas. También había un grabado de las siete sirenas. Recuerdos de las personas más importantes en los primeros quince años de la chica se exponían ante sus ojos. –Lo más gracioso es que ya había oído hablar de los dragones y vine hacia aquí con intención de que me matasen. Creí que Desdentao e Hipo iban a ser los que ejerciesen esa tarea, pero necesitaba contarle a alguien parte de lo que me había pasado, por eso me abrí tanto cuando nos conocimos. Era como un…

-Mensaje de suicidio. –completó Hipo. –Ahora entiendo porque no quieres que nadie sepa lo de tu cola Ari. –dijo Hipo yendo a abrazar a su sirenita. –Pero te prometo que no estarás sola nunca más.

-Gracias hermanito. –dijo acurrucada entre los brazos de su humano más querido. Desdentao también fue a apoyar su cabezota de manera cariñosa en el regazo de su compañera pelirroja. Al igual que ella, él sabía lo que era sentirse solo en el mundo y de repente encontrar amigos que te ayudasen y con los que poder contar.

-¿Hay alguna manera de hacerlo oficial Gothi? El que seamos hermanos–preguntó Hipo.

-¿Cuál quieres saber? ¿La de nuestro pueblo o la del pueblo de las sirenas?

-Podríamos hacer ambas –sugirió Hipo.

-Pues he oído que las sirenas toman un bebedizo especial.

-Si, se dice que mezcla nuestras almas y que infunde al uno cualidades del otro. Todo nuestro pueblo sabe hacerlo aunque rara vez se utiliza.

-Perfecto. Pues tú te encargaras de elaborar esa poción. En Mema basta con que el jefe y el padre de familia ratifiquen la adopción de esa persona dentro del seno familiar. Se suele hacer una ceremonia para ello.

-Genial. Se lo diré a papá y podemos mezclar ambas cosas. ¿Cuánto tardaras en tener listo el brebaje?

-Dos días.

-Perfecto.

Gothi empezó a escribir de nuevo, para después apoyar la mano en el hombro de la chica y mirarla con solemnidad y cariño.

-Ariel. Tu dominas el agua, pero es posible que también puedas controlar los otros elementos como tu madre, pero primero terminaré de formarte como curandera. ¿Aceptas? –leyó Hipo.

-Por supuesto.

Después los cuatro volvieron a la aldea e Hipo fue a hablar con su padre quien acepto encantado emparentarse con la joven pelirroja y Ariel comenzó a preparar la poción en la forja tras ponerle ojitos a Bocón. Se había ganado totalmente el corazón del loco herrero y su padre, por su carácter y dulzura.

Después ambos fueron a ayudar con la construcción de la casa para terminarla cuanto antes. Afortunadamente en Mema eran expertos construyendo casas a gran velocidad y dos días más tarde estaba lista junto con el festejo para celebrar la acogida de la chica y la poción.

-¡Bueno! No hacemos esto a menudo, pero estoy encantado de dar la bienvenida a mi familia a Ariel. Mi hijo la aceptó como su hermana desde el momento en el que la conoció y reconozco a unos amigos que podrían pasar por hermanos por su unidad y lealtad mutua.

-¡Ya sé que me quieres, pero céntrate en los chicos!

-¡Cállate Bocón! En fin, como iba diciendo, Hipo te aceptó como su hermana y ahora yo te doy la bienvenida como a una más de la familia y de la tribu.

La aldea entera empezó a aplaudir.

-Un segundo –interrumpió Hipo. –Vamos a realizar un pequeño acto que se celebra en el pueblo de Ariel en este ritual.

Gothi trajo un pequeño caldero con un líquido de color oro en su interior y repartió su contenido en dos vasos y tendió un cuchillo a los chicos.

-Hay que hacerse un pequeño corte. Nada grave, solo que salga una gota de sangre. –explicó Ariel.

Ambos vertieron unas gotas de su sangre en un vaso y después Gothi se los intercambió para que bebieran.

-Esto nos hace hermanos de sangre, alma y dones. –dijo Ariel antes de proceder a beber el liquido dorado.

Hipo le imitó y cuando ambos terminaron ocurrió algo extraño. Sus cuerpos empezaron a brillar. Ariel de color dorada e Hipo de color blanca. No creían que la cosa pudiese ser más rara cuando ambas luces salieron despedidas de sus cuerpos para unirse en un torbellino e introducirse después en el cuerpo del contrario.

-¡Wow! ¿Que fue eso? –gritaron los gemelos.

-¿Estáis bien chicos? –preguntó Estoico levantando a los jóvenes que habían caído al suelo por el impacto.

-Si papá, gracias.

-Yo también. ¡Vaya! no sabía que iba a ser tan fuerte.

-¿Qué ha sido eso?

-Lo que he dicho, la unión de nuestra sangre, nuestras almas y talentos como si procediésemos de la misma carne.

Ni Hipo ni nadie entendió muy bien lo que quería decir esa afirmación, pero no le dieron importancia. Era una noche de celebración, por lo que empezaron a comer y a beber hasta hartarse. Cuando ya había avanzado la noche comenzó la música y los bailes, momento para asombrar o ser ridiculizados.

-Le toca a Ariel –grito Patón que aun estaba un poco resentido por la patada y quería fastidiar un poco a la chica.

-Si ahora, Ariel. –comenzaron a corear los aldeanos con idea de hacer una novatada a la chica. Hipo sonrió para sí y la empujo al medio de la multitud.

Quedate esta fría madrugada
Quedate hasta que la luz del alba
Muestre mi corazón enredado en la alambrada
De tu voz que me ha rozado el alma

Quédate conmigo y mi suspiro será
El único testigo que se vestirá de fiesta
Quédate conmigo en esta noche abisal
Porque solo tú me puedes enseñar.

A volar cometas por el cielo
Como el sol, como el mar.

Había conseguido que las carcajadas cesaran en la primera estrofa, pero cuando desplegó el potencial de su voz, Hipo supo porque se decía que las sirenas eran peligrosas. Siempre que la oia cantar se quedaba embelesado o atontado como bromeaban ella y Desdentao.

Quédate y desnudemos nuestras dudas
De una vez, siempre fuimos dos lunas.

Quédate conmigo y mi suspiro será
El único testigo que se vestirá de fiesta
Quédate conmigo en esta noche abisal
Porque solo tu me puedes enseñar.

A volar cometas por el cielo
Como el sol, como el mar.
Dibujar mi nombre sobre el suelo
Como el sol, como el mar.

Y que pequeños nos verán
Los que no volaron nunca
Convertida en viento, viajare en silencio
Y solo tu me oirás gritar.

Podemos volar, cometas por el cielo
Como el sol, como el mar.
Dibujar mi nombre sobre el suelo
Como el sol, como el mar.

Como el sol, como el mar.
Como el sol, como el mar.

Se hizo el silencio durante unos segundos que fue roto por los aplausos de sus amigos. Aquello había sido una sorpresa, pero una agradable. Hipo se alegraba de que tanto su sirenita como los dragones hubiesen tenido tan buena acogida en la aldea, veía nadders, gronkels y otros dragones encaramados a los tejados o tumbados en el suelo observando a los vikingos. Todos tranquilos. Bueno, todos… ya había oído rumores de Mohoso, ese viejo cascarrabias e inconformista, acoger a Ariel no le había hecho mucha gracia, pero a los dragones, ninguna. Daría problemas, eso seguro.

En eso estaba pensando cuando alguien le dio un ligero golpe en el costado.

-Hola amigo. ¿Qué opinas de todo esto?

-Grgrgr –gruñó Desdentao feliz de estar en compañía de tanta gente.

-Si. Yo también creo que es genial. Ojala dure.

Pero no duró. Una semana más tarde los aldeanos estaban hasta las narices de todos los problemas que daban los dragones e Hipo no conseguía controlarlos. De hecho, su padre estaba furioso porque habían asaltado las reservas de comida del invierno y estaban sin provisiones. Les había ordenado echar a los dragones de la isla.

-¿Qué voy a hacer? -le preguntó apesadumbrado a su hermana a quien acababa de contarle lo sucedido, pues estaba en el mar cuando todo ocurrió.

-No sé qué decirte, pero Mohoso tiene razón.

-¿Qué?

-Los dragones siempre serán dragones Hipo. Está en su naturaleza. Igual que en la tuya esta el inventar cosas o en la mía ver agua y querer nadar. Cada uno tiene sus propias particularidades que pueden ser extrañas para los demás. Sólo… ¡Porras! Desdentao, ¿puedes encenderme la chimenea otra vez? No consigo aprender a mantenerlo encendido.

-Jajaja ya lo harás, solo tienes que… -Hipo se quedo callado mirando al vacío.

-Hipo, estas…

-¡Eres un genio! –gritó levantándose y abrazándola.

-Emmm Si tú lo dices.

-Mañana ven a la playa. He tenido una idea, pero nos vendrá bien tu ayuda. –dijo Hipo mientras corría a contar su plan a los demás que ya iban a dejar a sus dragones a la arena de combate.

-Los dragones se comportan como dragones, está en su naturaleza, solo hay que aprender a usarla –decía a Astrid, Patapez, Patán y los gemelos.

-¿Y qué propones que hagamos? –preguntó la rubia, por lo que Hipo les explicó lo que harían el día siguiente.

Estaba amaneciendo cuando los siete chicos se reunieron en el muelle.

-Ariel vete yendo y reúne todos los peces que puedas cerca del barco de Cubo y Boñigo. Patan luego será tu parte. Los demás, ya sabéis lo que os toca. –dirigía Hipo. Y con esto cada uno montó en su dragón y fue a sus quehaceres. Excepto una que al alejarse los demás se marchó nadando.

Por la tarde todos, excepto la pelirroja fueron convocados, no obstante también se personó en la academia para asumir su parte de las culpas.

Ella había atraído a los peces y después Patán y Garfios lo habían llevado hasta las redes de pesca.

Astrid y Tormenta habían arado los campos de cultivo y después Patapez y Barrilete los habían abonado llevando a los dragones a hacer aguas mayores a los sitios adecuados.

Por otro lado, los gemelos e Hipo habían estado causando pequeñas explosiones controladas para redirigir a una piara de jabalíes hacia los corrales.

Todos se habían pringado en una maniobra desesperada y todos iban a pagar por ello si era necesario.

-Me habéis desobedecido –decía Estoico. –Y esto tendrá consecuencias.

-Papá la idea fue mía. Castígame a mi. –intervino Hipo.

-Silencio. Todos habéis participado y todos recibiréis vuestro merecido. Las cosas van a cambiar, por eso…

-Os van a dar una Academia de Entrenamiento De Dragones –Interrumpió Bocón.

-¡Bocón! ¡Quería decírselo yo! –se quejaba Estoico mientras los chicos suspiraban tranquilos.

-Perdona. Porque no les dices lo contento y orgulloso que estas de ellos.

-¡Bocón! Ñññ En fin. Lo que ha dicho.

-Tenias que castigarles no darles un premio. Encerrad a esos dragones. –abucheaba Mohoso desde las gradas poniendo enfermos a los chicos. Hipo abría y cerraba las manos en gesto de frustración cuando una bola de nieve gigante cayó sobre el anciano tirándolo al suelo.

Todas las miradas se dirigieron a la pelirroja en el centro del ruedo.

-Ups. Se me escapó.

-Lo entiendo Ariel. Los accidentes ocurren. Tendrás que practicar más. –respaldo Estoico disimulando su satisfacción por que alguien hiciese callar al viejo incordio.

Todos empezaron a desalojar el salón siendo los jinetes los últimos en marchar cuando Hipo fue refrenado y apartado de los demás.

-Vaya, vaya, ¿así que ahora puedes controlar el agua?

-¿Qué? De eso nada.

-Sí, claro. ¿Y lo de hace un momento que ha sido?

-Tú le has lanzado es bola, no yo.

-Claro que no hermanito. Iba a lanzarle un chorro de agua a la cara, pero te me has adelantado.

-¿Insinúas, que puedo controlar el agua?

-Claro, es normal.

-Por supuesto, todos los días me despierto controlando un elemento fundamental en la naturaleza. ¿No lo sabías?

-Ahórrate el sarcasmo conmigo. Lo que quiero decir es que yo adquirí cualidades tuyas cuando nos hermanamos, es normal que tú hayas adquirido alguna mía.

-¿Qué yo te he pasado cualidades? Eso sí que es nuevo.

-Pues por lo pronto leer y escribir listillo, y por lo que me ha contado Bocón creo que también eres el culpable de que me haya dado por construir mis propios muebles.

-¿Ya sabes leer?

-Desde el día que hicimos el ritual. Cuando Gothi se enteró empezó a ponerme deberes. Tiene una buena biblioteca.

-¿Y yo que sé hacer nuevo? –pregunto Hipo dubitativo.

-Mmmm de momento hemos visto que controlas el agua, aunque eso habrá que practicarlo un poco, pero te ayudaré. Eso sí, me tienes que ayudar a perfeccionar mis técnicas para tallar, he copiado a Bocón, pero me queda todo un poco tosco.

-Hecho.

-Genial. Si quieres podemos ir a la laguna a ver que más me has copiado.

Ambos marcharon corriendo a su lugar especial.

-¿Qué quieres probar primero?

-Mi voz es como siempre, así que pasamos de cantar.

-Nunca has cantado nada.

-No me sé canciones.

-Si esa es tu única excusa yo te puedo enseñar algunas.

-Vale, si sé, pero no me gusta. Si tengo que elegir prefiero tocar la flauta.

-Eso me lo tendrás que enseñar algún día, pero ahora al lio. –Ariel rebuscó los alrededores para volver con una planta alta con muchos tallos y flores azules intenso en sus extremos. –De acuerdo. ¿Qué es y para qué sirve?

-¿Es bonita y sirve para hacer ensalada? –la mirada de la pelirroja le dijo que no fuera imbécil y no la vacilase. –Ni idea Ariel.

-Vale, la medicina no ha sido. Y para que lo sepas es acónito. Las hojas tratan algunas enfermedades y el extracto de su raíz –dijo sacando una botella roja de su cinto –te mataría en unos minutos. –concluyo con una sonrisa satisfecha volviendo a guardar su pócima y dándose la vuelta. Hipo tragó saliva.

-A veces me das miedo.

-Debería. –contestó sonriendo y guiñando una de esas gemas azules que tenía por ojos. Iba andando por el borde de las rocas que se adentraban más en la laguna hasta llegar al extremo y zambullirse. –¡Ven aquí! –gritó al emerger ya con su cola verde.

Hipo se quitó las botas, el chaleco y la camisa.

-Si muero de hipotermia será tu culpa. –y después se tiró al agua. –No está fría. Está perfecta. –bebió un poco. –pero me resulta refrescante.

-Parece que todo lo que te he pasado tiene que ver con el agua.

-Si, ¿También podré respirar? –dijo en broma y se sumergió hasta casi tocar el fondo rocoso que podía vislumbrar con claridad. –¡Esto es genial! –exclamo eufórico pensando que solo saldrían un montón de burbujas, pero se oyó a sí mismo claramente. -¡Puedo hablar! ¡Y respirar!

-Ya no vas a necesitarme si quieres ir a hacer buceo por la playa.

-Y también puedo ir por los acantilados.

-Eso mejor que no. Hay mucha corriente ¿recuerdas?

-Aguafiestas –Ariel reía. -¿Subimos y me enseñas a manejar un poco el agua? –pregunto esperanzado, a lo que la pelirroja solo asintió y comenzó a ascender hasta asomarse al cielo nocturno que ya aparecía.

-Primera lección. Secarse. –extendió las manos como la he visto hacer mil veces. –Tienes que pensar en calor, imaginar lo que quieres que pase. Concentrarte en ello.

Hipo intento hacerlo y tras quince minutos consiguió secarse una pierna hasta casi hacerse una ampolla.

La vida se volvió rutinaria para los chicos de Mema. Hipo y los jinetes comenzaron sus entrenamientos en la nueva academia por las mañanas mientras Ariel comenzaba a aprender las dotes del Aire, por las tardes Hipo enseñaba a Ariel a tallar la madera y después se iban a la laguna. Una vez a la semana Mohoso bajaba a quejarse de los dragones, pero la gente solía ignorarle.

Para ganarse la vida, Ariel criaba algunas gallinas y limpiaba los corrales propios y de otros granjeros y estaba intentando hacer crecer un huerto, aunque no era una tarea fácil.