Ninguno de los personajes de Como entrenar a tu dragón me pertenece, tampoco Ariel ni las referencia presentes o futuras a Prodigiosa Ladybug ni de Por siempre jamas.

dejo una pregunta al final del capítulo.

Dicho esto espero que os guste el capítulo, la cursiva de ahora en adelante significa que hablan en francés. Empezamos.

Capítulo 10

Pasaron varios días, y poco a poco dragones y jinetes empezaron a coger la rutina de la academia donde Hipo era maestro y aprendiz, Ariel terminaba de adaptarse a la vida en la aldea, aprendía de Bocón e Hipo técnicas de construcción, aunque rápidamente descartó la forja, también acudía todos los días con Gothi mientras los demás estaban en la academia, aprendía medicina, latín, meditación, lectura del futuro y lectura de la naturaleza, aunque las ultimas no acertaba ni de casualidad. Ella e Hipo entrenaban el control del agua cada dos días y el chico adquiría destreza rápidamente y ya empleaban cantidades significativas del elemento vital en sus entrenamientos, aunque aun le costaba evaporar el agua sin recalentar los objetos donde se encontrasen.

Pasaron varias semanas y la aldea estaba revolucionada.

-¿Qué ocurre? –preguntó Ariel a Estoico.

-Han avistado el barco de Johan Trueque. Es un comerciante que nos trae materiales de otras tierras a cambio de dinero, objetos o comida. Con los dragones sus vistas eran muy espaciadas, pero espero que a partir de ahora podamos verle más.

Eso era muy interesante, tenía muchas cosas que quería vender y otras tantas que le hacían falta y no había encontrado en la aldea, quizá pudiesen hacer negocios.

Al alba el barco había llegado al pueblo y todos los vikingos y varios dragones se agolpaban en el muelle ante la sorprendida vista de un hombre barbudo de apariencia peculiar. Los adolescentes quedaron para bajar todos juntos.

-¡Me he muerto y he ido al Valhala! ¿Qué hacen los dragones aquí? –exclamaba Johan cuando llegaron.

-Nuestros combates han terminado Johan, ahora convivimos en paz. –explicó el jefe.

-¿Cómo ha sido posible este milagro?

-Mi hijo y sus amigos son los responsables.

La gente se volvió a ver al peculiar grupo.

-Hola Johan. –saludó Hipo.

-¡Maese Hipo! ¡Es increíble! ¿A qué tretas recurriste para domar a estas bestias? ¿Látigos, hachas?

-No, solo fui amable.

Al hombre se le calló la mandíbula de la impresión. Hipo era culto y curioso, así que en Mema era de sus mejores clientes, pero nunca creyó que fuese a ser capaz de lograr nada grande en su vida. También reparó en la joven pelirroja que miraba el barco con ansia y curiosidad. Era muy llamativa y desde luego no era de la zona.

-Ella es Ariel. Viene de muy lejos, pero ahora es de los nuestros. –presentó el chico al ver la mirada del hombre.

-Encantado señorita. Pero mis modales. ¡Subid todos a investigar entre mis tesoros! Estoico, debo hablar contigo un momento. –dijo Johan. Llevándose al jefe aparte.

Todos subieron a bordo del navío, cada uno sabía dónde estaban más o menos los objetos que les interesaban, la novata se movía por todos los lados admirando todos los objetos humanos. Conocía muchos, pero otros no los habían visto en su vida, sin embargo se centró en buscar las cosas que le interesaban. Finalmente, cada uno de los habitantes descendió con algún objeto del barco. Ariel se centró en telas, pieles y utensilios de costura, gracias a Patapez e Hipo encontró la sección de libros.

-¿Qué podría ofrecerte por todo esto Johan? –le preguntó la muchacha no muy acostumbrada a comerciar.

-Esas telas provienen de países muy lejanos y son de texturas exquisitas. No pensé que interesarían en Mema. No sé que podrías darme a cambio.

-Vuelvo en unos minutos. –dijo la muchacha tras meditarlo unos segundos.

El comerciante se volvió hacia Hipo extrañado.

-Necesita preparase para el frio. –explicó Hipo. –Viene de zonas cálidas y no tiene nada que le pueda servir.

-Tengo un anuncio para todos. –bramó Estoico. –Nuestra isla es ahora un lugar seguro y agradable para vivir, por ello, Johan me ha pedido que cuidemos algo por él. Salid por favor.

Del interior del barco surgieron dos chicas adolescentes. Una de pelo largo y castaño con ojos verdes y otra más bajita de ojos azules y pelo negro corto como un chico. Ambas llevaban ropas viejas y sucias.

-Ellas son Danielle y Marinette, y de ahora en adelante vivirán en la aldea con nosotros.

-¿Y donde se quedarán?

-No tenemos espacio en nuestras casas Estoico.

-Podrían quedarse con Ariel si a ella no le importa. –sugirió Astrid. –Hipo me ha comentado que no le gusta que esté tan sola, si se quedasen con ella se harían compañía.

-Esa era la idea Astrid.

-Yo encantada, pero la próxima avisadme con tiempo, que acabo de dejar la casa patas arriba buscando cosas. –dijo Ariel al fondo de la multitud, quien se hizo a un lado para dejar pasar a la chica. –Hola, yo voy a ser la chica con la que viviréis, encantada. -saludo sonriendo.

-No saben hablar bien nuestra lengua Ariel, ten paciencia. –dijo Estoico.

-Vale. ¿Por qué no vais por vuestras cosas mientras hablo con Johan? –sugirió.

Ambas chicas se retiraron al interior del barco.

-Les he enseñado nuestra lengua durante la travesía, pero aun les cuesta un poco. Me alegra ver que tienes buen corazón chica.

-Lo tendré en cuenta, pero ahora hablemos de negocios. Si vas al continente, esto pueden quitártelo de las manos –dijo Ariel abriendo el paquete que traía bajo el brazo. El vestido de terciopelo rosa del que Hipo había oído apareció. –¿Podría interesarte?

-Señorita, acaba de cerrar su primer trato. –anunció Johan tomando la prenda.

Al poco salieron las chicas portando unas capas de pelo y sin ningún bulto a la vista.

-No se lo pregunte. –dijo Johan al ver a Patán abrir la boca. –No tienen nada más.

Todos guardaron silencio, tomaron sus cosas y se dirigieron a sus respectivos hogares. Johan acompañó a las chicas a la casa de Ariel para ayudar a confortarlas.

-Os dejamos un momento. –dijo Hipo marchando con su hermana fuera para descargar a Desdentao, quien traía las adquisiciones de la pelirroja.

-No tenéis que preocuparos –dijo Johan. –Parecen fieros, pero son muy simpáticos cuando se les trata y he hablado con Estoico, el jefe, va a decirles a los demás que no os presionen, pero intentar integraros.

-Haremos lo que podamos. –dijo Danielle.

-Sí. Te debemos mucho Johan, no sé cómo podremos pagártelo. –añadió Marinette.

-Integrándoos rápido. Ariel, la chica con la que vais a vivir, también ha llegado hace poco y está deseosa de conocer a gente, aunque me han dicho que tiene unas habilidades particulares, pero no sé más.

-Vale Johan, y otra vez, gracias.

-De nada chicas.

Al poco de marcharse el mercader, entró Ariel.

-Buenno… puedo preguntar de donde sois.

-Somos francesas –contestó Danielle.

-Vaya, pues habláis muy bien el normando.

-Johan nos enseño durante el viaje, tuvimos mucho tiempo. –apuntó Marinette.

-¡Genial! Bueno, no tengo muchos muebles como podéis ver, pero eso lo arreglaremos en unos días. Por lo pronto si no os importa usaremos las pieles que le he comprado a Johan para haceros una cama temporal.

-Es perfecto gracias.

-De nada, esto… ¿Podríais repetirme vuestros nombres? Apenas alcancé a escucharlos cuando llegue al muelle.

-Yo soy Danielle, y tengo dieciséis años –respondió la castaña.

-Yo Marinette y tengo quince –dijo la morena.

-Encantada de nuevo, mi nombre es Ariel y los demás y yo tenemos tu edad Marinette.

-Fenomenal.

-Os caerán bien. Y no os preocupéis por los dragones, parecen fieros pero son más buenos que el pan recién horneado. –las francesitas la miraron recelosas. –Ya lo comprobareis, quizás acabéis en la academia y todo.

-¿Academia? –preguntó Marinette.

-De entrenamiento y vuelo de dragones, mi hermano Hipo la dirige. Es el mejor jinete de todo el archipiélago. –sonrió orgullosa. –Nos han invitado a cenar a su casa si queréis ir. Ahora… ¿Os enseño la casa?

La visita fue rápida la plata baja era la cocina-comedor que comunicaba por una puerta con el corral y arriba toda la planta era el dormitorio. Entre las tres acomodaron las pieles en las que dormirían Danielle y Marinette cerca del fuego superior.

-En el armario hay algunos vestidos, son de verano, pero si queréis usarlos, están a vuestra disposición.

-¿No te importa?

-Para nada, pero tengo que confeccionar algo para el invierno. No debe ser cosa de risa.

-Si quieres –intervino Marinette –yo puedo ayudarte.

-¿Sí?

-Sí. He sido costurera en una tienda desde muy pequeña, puedo hacer de todo con aguja e hilo. Sería una forma de compensarte por ayudarnos.

-¡Sería genial! Aunque no hay nada que compensar, pero te agradezco el favor, no me gusta demasiado la costura. Y vosotras también tendríais que haceros algo abrigado. –en eso vio el cielo por la ventana. –Es tarde, deberíamos ir yendo con los demás.

Hicieron el recorrido a la casa del jefe en silencio hasta que Ariel divisó en la puerta a Desdentado, y salió corriendo en su dirección llamándole.

-¡Desdentao! ¿Qué tal amigo?

Al verle, su amigo fue a su encuentro derribándole y lamiendo le la cara.

-Ya chico, yo también me alegro de verte jajaja

Danielle y Marinette miraban la escena con ojos como platos. Esa criatura podría arrancarle la cabeza a la chica de un mordisco y ella le acariciaba como si fuese un gatito.

-Acercaos chicas que os presento. Desdentao ellas son Marinette y Danielle, van a ser unas nuevas amigas, están un poco asustadas, así que se bueno.

-¿Así que por esto has salido corriendo he campeón? Me abandonas por las chicas. –dijo Hipo acercándose y acariciando la cabeza del grandullón.

-Si somos mejor compañía que tu no es culpa mía hermanito.

-Jaja muy graciosa. ¿les has presentado ya?

-Aun no.

-Es muy sencillo. Sólo hay que extender la mano y dejar que te la toque con el hocico, a partir de ahí podréis acariciarle.

Ninguna de las dos chicas se veía muy dispuesta, pero finalmente fue la tímida Marinette la que se aproximó. Desdentao hizo lo propio y toco la mano de la pelinegra, al ver su miedo y los ojos inocentes decidió hacer otro movimiento y deslizó la cabeza para que le acariciase desde el hocico a las orejas.

-Es un poco áspero y cálido. –Dijo Marinette, obteniendo por respuesta un gorgorito del reptil. –Jajaja ya veo que eres un poco mimoso. –comentó mientras se arrimaba y rascaba los laterales de su cabeza. –Inténtalo tu Dani. Es muy simpático.

Danielle se aproximó también con la mano extendida, aunque parecía dispuesta a correr a la mínima señal.

-No te hará nada. –Dijo Hipo.

Desdentao tocó la mano de Danielle, que aunque no se retiró si se encogió un poco, miraba al dragón con ojos incrédulos y asustados.

-Bueno, será mejor que vayamos a casa, estaréis hambrientas, sobre todo después de viajar con Johan.

-Si bueno, la vida en el mar es pescado y… pescado, ¿No Dani?

La cenar era sencilla y al terminar Bocón, que no tenía nada con que ocupar su bocaza empezó a preguntar a las chicas.

-Bueno, ¿A qué os dedicáis?

-¡Bocón!

-No se moleste Estoico. Yo era agricultora y granjera en la casa en la que vivía. Y Marinette es modista.

-¿Modique? –Pregunto el viejo vikingo con aspavientos.

-Modista. Diseño y hago la ropa de las personas.

-No tenemos nada de eso por aquí. Podrías trabajar de eso y ver qué tal se da la cosa. –sugirió Estoico. –Y siempre viene bien más gente que sepa cultivar la tierra. Aquí el invierno es muy duro y hay que acumular todo lo que se pueda.

-Bueno, este año tenemos quien derrita el hielo.

-Si. Los dragones tienen que ser muy útiles para eso. –dijo Marinnete acariciando al dragón negro de la sala.

-¡Si! Entre ellos y Ariel no nos quedaremos atascados mucho tiempo.

-¡Bocón! –gritaron tres voces.

-¿Qué? la he visto pasar el vapor a hielo en un segundo y al contrario también.

-¿Puedes hacer eso? –preguntó asombrada Danielle. Mirando a la pelirroja.

-C'est possible? -Marinette miro a Ariel con aprensión.

-Bueeno. Digamos que es un don de nacimiento, que uso para ayudar a hacer tareas cotidianas. No tenéis porque asustaros. -se apresuró a aclarar la chica al ver las caras de las otras féminas.

-¡Y para luchar! Recuerdo los cachos de hielo que lanzaste al muerte verde. Eran de los más grandes que he visto y vivimos cerca de un glaciar y… -Bocón fue interrumpido por una bola de nieve gigante en la cara lanzada por Ariel.

-Mirad. –interrumpió Hipo conciliador –toda la aldea lo sabe, y os lo habríamos dicho en poco tiempo. Pero nos pareció que el primer día si os hacíais a los dragones ya sería suficiente para empezar. ¿No os parece? Pero Bocón es… un bocón.

Las dos chicas se miraban entre si.

-¿Qué os parece esto? Vamos a casa y si los chicos me ayudan a traer un par de bañeras de madera os podéis dar un baño con agua caliente antes de dormir. Y mañana decidís que queréis hacer, pero consultadlo con la almohada.

Marinette empezó a brincar en la silla.

-Nadie que ofrezca algo así puede ser malvado. Yo me quedo.

Bocón miró a Marinette como si le hubiesen salido 3 cabezas. Odiaba bañarse.

-Tengo ganas de quitarme la roña de encima desde… ni me acuerdo el tiempo.

-Si, la verdad es que yo también. -corroboro Danielle.

Pasaron los días y las chicas se fueron acostumbrando a las peculiaridades de su compañera de cabaña y a estar rodeadas de reptiles gigantes.

Danielle, aunque empezaron a llamarla Dan, se ocupaba del huerto que Ariel había intentado cultivar sin éxito y que crecía a una velocidad pasmosa colmando todo de frutos y hortalizas por lo que Ariel empezó a pensar en nuevas formas de estar ocupada y decidió empezar a probar la forja.

Mari por otra parte se entretenía creando ropas para sus nuevas amigas, que mantenía bien oculto para darles una sorpresa, y estaba trabajando en la idea de unos colchones con las plumas que Ariel recolectaba cada vez que iba a limpiar algún gallinero y le había pedido a la pelirroja que construyese los armazones para poder meter los sacos en el interior.

Parecía que todo transcurría con tranquilidad en la isla, pero ya se sabe que, en Mema, la tranquilidad no dura mucho.

Pregunta para los lectores: queréis saber que les pasó a las chicas? comentarios de sí o no porfi!