Capítulo 13

Cuando el viento empezó a soplar más fuerte Ariel dejó de propulsar el barco y se acercó a sus amigas y compañeras de casa. Marinette seguía temblando, por lo que tomo agua del mar y la desaló con sus poderes. Guardó el condimento en un paquete de su cinturón y puso el agua en un vaso de madera que siempre llevaba consigo, le añadió pétalos de amapola, malva, manzanilla, tila y unas gotas de láudano. No le gustaba usarlo, pero parecía que a Marinette le iba a dar un ataque y prefería hacerla dormir para que se tranquilizara. Hizo hervir la mezcla y se la acerco a su amiga.

–En unos minutos tienes que tomarte esto ¿Vale Mari? Te ayudará a tranquilizarte y a descansar un poco. –le dice con una sonrisa. –Voy a secar la vela que llevas para que no te resfríes, te prometo que no te dolerá.

Y eso hizo la pelirroja, deslizó sus manos cerca de la tela varias veces para irla secando lentamente sin asustar a su amiga.

Danielle miraba agradecida a Ariel. Se había tomado muy bien los poderes secretos de Marinette, aunque no era de extrañar ya que los suyos eran similares. El resto tampoco parecía que estuviesen furiosos, sólo sorprendidos ante lo que habían visto, pero eso era normal.

–Vale esto ya está. Y ahora tienes que tomarte esto para dormir un poco y descansar. –dice Ariel al terminar su faena. Al ver a la muchacha tan cerca de su cara, Marinette se encoge un poco más en si misma, calentándose un poco. Danielle expresó su preocupación con una mirada y Ariel la interpretó rápido.

–Escucha Mari. Soy yo, tu amiga Ariel. Estoy muy contenta de como nos has ayudado hoy, de verdad, muchas gracias –decía mientras tomaba una de sus manos y las acariciaba suavemente con sus dedos– pero ahora debes descansar un poquito ¿Vale? Aquí con Dani, y te prometo que cuando te despiertes vas a estar tumbada en tu cama con colchón de plumas. Esa que hemos estado haciendo entre las dos y que tanto te gusta ¿Vale? –Mari le miraba y asintió una vez –Fenomenal. Ahora bébete esto para que te ayude a descansar. Es una de mis infusiones, te gustan mucho mis infusiones. –dice tendiéndole el vaso. Marinette bebió un trago y Danielle le ayudó a terminarse el resto mientras los demás volvía a sus quehaceres, aunque ninguno le quitaba ojo a la pelinegra, quien apenas llegó a terminarse la infusión porque se quedó dormida.

Al ver que a se había dormido, Estoico se aproxima a ambas muchachas.

–Estoico, yo, nosotras… –intenta excusarlas Danielle, pero es cortada por el jefe de Mema.

–Tápala con mi capa, no sería bueno que cogiese frio. – dice el gran vikingo quitándose su enorme manto de piel y cubriéndolas a ambas. –Cuando lleguemos sería bueno que hablásemos todos un poco sobre lo que ha ocurrido y quizá debamos llamar a Gothi, al fin y al cabo, es quien entiende de estos temas.

–Me parece bien Estoico, pero yo no sé nada más que lo que me ha contado Mari, y no es mucho lo que ella misma sabe de todo esto.

–Lo entiendo, pero quizá entre todos podamos averiguar algo más, al fin y al cabo, no es lo más raro que ha ocurrido en esta isla en los últimos tiempos. –contestó el vikingo mirando hacia los jinetes de dragón y luego a la pelirroja que estaba cambiándole el nudo a una vela. –voy a relevar a Bocón con el timón. Avisad si necesitáis algo.

Estoico se dirigía hacia el timón cuando dos simples palabras le frenaron en seco.

–Gracias, papá. –le dijo Ariel cuando pasó junto a ella, para después mirarle y regalarle una sonrisa preciosa. A Estoico le dio un vuelco el corazón, a él le habría encantado haber tenido una pequeña con su Valka para darle una hermana a Hipo, pero los dioses no lo quisieron así. Y ahí estaba esa pequeña, pelirroja como él, con una sonrisa como la de su esposa que curaba las almas de la gente, y una curiosidad por todo tan parecidas a la de su esposa y su hijo. Quizá Valka y él no la trajeron al mundo, pero Hipo había encontrado una hermana para sí mismo y una hija como no pudo pedir otra para él.

–Vaya ¿qué te ha pasado que parece que vas a llorar amigo? – dice Bocón cuando ve llegar a su camarada.

– ¡Qué llorar ni que nada Bocón! ¡Se me ha metido algo en el ojo eso es todo!

– ¡Vale! ¡Vale! – dijo Bocón callándose uno segundos, pero Bocón era un bocón, un cotilla y quien mejor sabía sacarle información a su amigo – Sólo digo que con una sonrisa como esa, ella y Marinette me sacaron hace dos semanas diez agujas de coser hechas de hierro. ¿Cuándo he hecho yo algo así? Esa brujita podría hacer que Thor le diese su martillo sin pensárselo dos veces.

Estoico miraba al frente viendo a los 2 vikingos que les acompañaban y a las tres muchachas.

–Me ha llamado papá Bocón. Sin que yo se lo pidiera. –confesó el jefe.

–Te dije que si le dabas tiempo le saldría de forma natural.

–Tenías razón amigo.

– Y si haces lo mismo con esas dos de al fondo, quizá acabes con una buena prole, aunque creo que te haré la competencia.

–Jajaja –rie el jefe de Mema.

–Lo malo será cuando crezcan.

–¿Por qué dices eso Bocón?

–¿No has visto como como las miran ya Patán, Gustav y otros chicos? Cuando se hagan mayores habrá que quitárselos a martillazos.

––Grrrr –gruñó Estoico para diversión de su amigo. Aunque lo cierto es que tito Bocón tampoco se andaría con remilgos a la hora de explicar cómo se afilan las hachas.

Poco a poco ya llegaban a Mema, donde la gente esperaba en el muelle para recibir a los suyos con una salva de aplausos y también a los dragones, a quienes habían echado de menos.

–Esta es la mejor bienvenida para su héroe –dice Mocoso mientras se deleita con la ovaciones.

–Así es Hipo, disfruta. –dice Astrid con idea de fastidiar a vikingo forzudo y por los morros que puso, consiguiéndolo.

–¡Hipo! –vocifera su padre desde el dakkar, por lo que el vikingo se acerca al barco a lomos de su amigo. –Avisa a tus jinetes de que hay reunión inmediatamente en casa de Ariel y pide a uno de ellos que vaya a buscar a Gothi. Alguien de confianza –añade al ver a los gemelos haciendo payasadas sobre los dragones.

–No te preocupes papá, mandaré a Astrid. –tras esto recobró altura. –Chicos, reunión de emergencia en casa de Ariel, nos dirigimos todos directamente allí. ¿Entendido?

–Jooo ¿No podemos pasar por casa antes? – rezonga Mocoso

–El jefe ha dicho inmediatamente Mocoso, y por lo que sé eso suele significar que ya tendríamos que estar allí. –informa Patapez, buen conocedor del padre de su amigo y de lo poco que le gusta que le lleven la contraria.

–Eso mismo Patapez. Astrid, ¿podrías ir a buscar a Gothi? Mi padre quiere que esté en la reunión y necesito que vaya alguien confiable. Yo tengo que asegurarme que estos no se desvíen.

–Entendido Hipo –responde Astrid, secretamente alagada por ser una de las personas de confianza de Hipo. Y emprendiendo el vuelo a casa de la anciana.

–¡Desdentao! ¿Puedes bajar a recogerme? Necesito adelantarme con vosotros.

Desdentao bajo a toda pastilla y su querida pelirroja se lanzó hacia sus patas sin dudarlo siendo atrapada al vuelo por el cariñoso reptil.

–Vosotros ya no contáis conmigo para nada –se quejó Hipo.

–Oye, si me llevas tú a cuestas te lo pregunto a ti, pero en esta ocasión me da el paseo esta preciosidad, ¿verdad Desdentao? –dice Ariel acariciando la panza del dragón que ronronea de gusto.

–¡Y tu eres un vendido! ¡Una cara bonita te hace ojitos y ya te dejas engatusar!

–Gracias por lo de cara bonita.

–Si, quieres Ariel, Garfios y yo te podemos llevar. Es un dragó muy fuerte, casi tanto como su amo. –dice Mocoso con una sonrisa chuleta.

–Oh que gentil. ¿Me llevarías Garfios?

El dragón al oirle tardó pocos segundos en meter una sacudida que lanzó a su jinete por los aires gritando y dejando su silla libre para que alguien nuevo la ocupase.

–Nuevo record –dice Brusca siguiendo la trayectoria de Mocoso hacia el cielo.

–Si, ojalá esta vez no vaya a buscarlo.

–Loki te oiga hermano.

–Aunque esté de acuerdo con los gemelos creo que deberías ir a recogerle Garfios o acabará hecho puré contra el suelo y terminaríamos echándole de menos. –dijo la sirena riendo a igual que Hipo y Patapez.

El dragón ascendió y cogió a su jinete para aterrizar a los segundos junto a los demás en casa de Ariel, quien entró a toda pastilla y empezó a trastear en la zona de la cocina.

–Desdentao, enciéndeme el fuego por favor, Hipo tráeme la jarra, Patapez al fondo en ese arcón hay pescado, sácales algo a los dragones, no sé si a Barrilete le gusta pero no tengo piedras en casa, Mocoso coge vasos para todos de la estantería, gemelos poned el caldero grande en el fuego. ¡Y sin rechistar o liarla ninguno! -dijo la chica mirando a los tres últimos.

En pocos minutos la chica ya había puesto un guiso de carne seca a cocer con varias especias y frutos secos, y una jarra con una infusión estaba lista.

Al poco llegaron Astrid y Gothi. La hechicera hacía aspavientos inquisitivos.

-Espera un poco Gothi contaremos todo cuando lleguen los demás. -calmó Patapez a la anciana.

-Siéntate Gothi, no tardarán. –invita la pupila de la anciana. Pero no llegó a la silla, ya que entraron en tropel Bocón, Danielle, los 3 vikingos del navío, Dientepocho, Patón y Verbog y Estoico que llevaba a Marinette dormida en brazos.

–Súbela a su cuarto. Es el primero a la derecha. –indica Dani.

–Sentaos todos por favor. – pide Ariel sirviendo infusión a los ya sentados y añadiendo hierbas distintas a cada uno.

–Yo no voy a beber esto –dice Chusco arrugando la nariz.

–Menta y jengibre, mi favorita. –dice Hipo.

–Ella y Dani siempre encuentran el sabor perfecto de cada uno, no sé como lo hacen. –señala Patapez tomando la suya entre las manos. –Calientan el cuerpo y el corazón. Mmmm manzana y canela.

–Esto es no es para un guerrero como yo. – señala Patón.

–¿Me vas a hacer ese feo Patón? – dice Ariel mirando con ojos llorosos.

–No, no, nos lo beberemos todos ¿Verdad chicos? Seguro que está muy bueno. –dice Patón atragantándose con sus palabras. No podía negarle nada a ninguna de las recién llegadas.

–¿Qué es lo que hay en la cama de Marinette? –pregunta en susurros Estoico cerrando la trampilla. –Le he dejado durmiendo encima. Parecía cómodo.

–Creo que hablas del colchón de plumas que Marinette y Ariel han estado haciendo estos meses.

–No me atribuyas méritos Dani, yo sólo consigo y lavo las plumas.

–Es interesante, pero hablaremos de eso más tarde. Gothi, ha pasado algo que creemos que debes saber. –dijo Estoico y a continuación procedió a contar lo que había visto siendo ayudado por los demás viajeros. Cuando concluyó todos miraban expectantes a la anciana, quien tras meditarlo unos segundos derramó arena sobre el suelo y empezó a escribir con su bastón.

–Sólo hay dos explicaciones. O es una hechicera del fuego o es un fénix. –lee Patapez a los demás.

–¿Qué es un fenix? –pregunta Astrid.

–La criatura elemental del fuego. Son seres con el poder de crear y controlar llamas a su voluntad, dicen que algunos incluso nacen del fuego y son seres que controlan la puerta del infierno para decidir quien entra en la tortura eterna y evitar que nadie escape. Tienen alas de plumas rojas y doradas y están en guerra con el resto de las criaturas elementales, especialmente con las sirenas del agua. –escribe lanzando una significativa mirada a la sirena.

–Pero Marinette, no tiene alas Gothi, así que no puede ser un fénix ¿no Gothi? –se apresura a intervenir Hipo, quien no imagina una guerra abierta entre su sirena y su amiga.

–Si se ha criado sin los suyos no tiene porqué saber de sus poderes. Muchas criaturas elementales tienen relaciones con humanos, pero en ocasiones de esas relaciones surgen retoños elementales o humanos. Aunque casi no hay casos de los primeros y los pocos que hay son llevados por su progenitor con su comunidad.

–Marinette se crio con su madre hasta que murió Gothi, me lo dijo ella. –interviene Danielle.

–Entonces será una hechicera como Ariel. –razona Bocón. –No hay porqué preocuparse.

–Y aunque fuese un fénix, no importaría. Sigue siendo Marinette. –dice Ariel, haciendo que Hipo y Gothi suelten el aire contenido. –Lo importante ahora es ayudarle a controlar ese poder y a utilizarlo.

–Si nos cuenta su historia puede que entre todos sepamos que es en realidad –dice Chusco ganándose las miradas de todos. –¿Qué?

–Nada, es de las pocas veces que has dicho algo con sentido– contesta Astrid.

–Ojalá sea un fénix. ¿Os imagináis que máquina de destrucción? –dice Brusca.

–Justo por eso espero no serlo, Brusca. –dice Marinette, bajando lentamente las escaleras. –Me da miedo lo que soy capaz de hacer.

–Te da miedo porque no sabes controlando nena. –dice Bocón retirándole la silla.

–Si, cuando no controlaba mis poderes podía hacer mucho daño sin querer Marí –añade Ariel poniéndole un vaso de infusión delante.

–Si nos cuentas tu historia, talvez podamos ayudarte. –escribe la anciana.

Marinette, empieza a retorcer sus dedos y a morderse los labios nerviosa.

–Empiezo yo. –dice Ariel, viendo el nerviosismo de su amiga y queriendo distraerla. –Después de tanto tiempo creo que ya es hora de que sepáis por qué me echaron de mi pueblo ¿no? Al fin y al cabo, todos somos amigos y quiero que sepáis que no hice nada tan malo ni cruel para ello.

–Luego os diré que me pasó a mi ¿Os parece? Aunque Mari ya lo sabe ¿te importa volver a escuchar mi drama personal otra vez? –dice Dani reconociendo las intenciones de Ariel y queriendo colaborar.

–Y después Marinette nos cuenta la suya – dice Mocoso entusiasmado. Se cortaría la lengua antes de admitirlo, pero le encantaba escuchar historias.

–¿Qué me dices Mari? –pregunta Hipo.

–Está bien.

–De acuerdo. Pues veréis, mi padre y mi madre eran de pueblos enemigos, pero se enamoraron y mi madre se fue a vivir con mi padre y….

Ariel contó la misma historia que a Hipo y Gothi, pero cambiando sirenas y reino del mar por habitantes de otro pueblo y en su huida, simplemente cogió un barco, y nunca hubo ningún caballo de mar.

Cuando concluyo Estoico se levantó y la abrazó.

–Tu castigo fue injusto pequeña. Tu delito no merecía que se te tratase así, pero yo también pensé así una vez –dijo mirando a Hipo y Desdentao –y más tarde vi y reconocí mi error, seguro que tu padre también.

–Si hubiese sido así, me habría podido encontrar incluso varios días más tarde de haberme ido. Como ya he dicho estaba deseando hacerlo y yo sólo le dí la excusa, ya no es mi padre para mi.

–En ese caso diré que lamento el dolor que te haya causado, pero no lamento lo que te ha ocurrido, porque eso te ha traído con nosotros, y estamos encantados de que seas parte de la tribu y de la familia. –dice el jefe con las manos en los hombros de la chica y sonriéndole.

–Gracias, papá.

–Bueno, se acabó. Danielle empieza con tu historia o traigan pañuelos para todos. –dice un lloroso Bocón señalando a la mesa donde él, Patapez, los Jorguenson, Mari y Dani estaban llorando.

–Hey. Yo estoy bien, ahora tengo un pueblo y una nueva familia y les quiero a todos y ellos a mi, así que dejad de llorar. Dani, empieza con la tuya a ver si se les pasa. –dice Ariel mientras abraza uno por uno a todos.

–Esta bien, pero no pienso empezar con eso de "Erase una vez".

Espero que os haya gustado, en el siguiente capi la Historia de Danielle, a ver que le ocurrió a ella.

Como siempre gracias por el apoyo y los ánimos. Un beso.