Antes de nada deciros que la peli se supone que está ambientada en el siglo XVI y aparecen algunos eruditos de esa época como leonardo Da Vinci o Utopía de Tomás Moro, pero como la historia que estoy escribiendo es anterior, espero que no os importe que me tome la licencia de situar la historia de Danielle en la antigüedad. Si queréis ver la peli, os recomiendo saltaros esta parte hasta el final para no comeros ningún spoiler. Os recuerdo que se titula "por siempre jamás" "por siempre cenicienta" o "Ever after"
Vamos a ello.
Capítulo 14
–Veréis, mi madre murió al darme a luz y mi padre era mi mundo y yo el suyo. No sólo era mi padre, sino mi mejor amigo. Pero pensaba que yo necesitaba una madre, así que cuando yo tenía ocho años se volvió a casar con una mujer, la baronesa Rodmila de Ghent, quien tiene dos hijas, Marguerite y Jaqueline, pero por desgracia, mi padre murió a los pocos días de la boda, y por si no fuese suficientemente horrible, no sé por qué la baronesa me quitó todo lo que tenía, mi cuarto, mis ropas, mis juguetes… todo y me redujo a ser una sirvienta en casa de mi padre.
–¿Qué es una sirvienta? –pregunta Patapez.
–Una persona que realiza las tareas de las casas de otros, fregar, coser, cocinar… por alojamiento y comida y un pequeño salario –explica Marinette.
–Solo que yo no tenía sueldo. En fin, no sólo la baronesa me maltrataba. Marguerite también abusaba de mi tanto como podía y me hacía jugarretas cada que tenía la oportunidad, Jaqueline no me hacía nada, la verdad es que me caía bien y cuando su madre me pegaba ella solía curarme. Creo que habríamos sido grandes amigas si no hubiese sido por las dos brujas de casa. La verdad es que su madre tampoco la trataba demasiado bien, Jaqueline ha sido siempre un poco rellenita y al ser morena y con ojos marrones a su madre le parecía poco llamativa. Marguerite en cambio es rubia, de ojos azules y muy esbelta, así que es la favorita de su madre, pero sus ojos son fríos y crueles y la cara tiene una expresión malvada y mezquina, en cambio los ojos y la sonrisa de Jaqueline son cálidos y la expresión de su cara es amable, cuando su hermana o su madre no la intimidan.
Un día mientras recogía manzanas, vi a un hombre que había robado el caballo de mi padre…
FLASHBACK PV Danielle
–¡Ladrón! –gritó Danielle lanzando una manzana a la cabeza de hombre con excelente fuerza y puntería, ya que le derribó del corcel. –Esto por robar el caballo de mi padre. –le amonestaba sin dejar de tirarle manzanas.
–Por favor, no iba a robarlo. Mi caballo perdió una herradura y no tuve otra opción.
–¿Y nuestra opción cuál es? ¿Conformarnos? –la chica seguía con el ataque.
–Parad, por favor. –dijo el joven librándose finalmente de la capa que le había cubierto la cabeza en la caída y mostrando su rostro a la muchacha, quien se quedó perpleja.
–Disculpad alteza. No os había visto. –se disculpó la chica arrodillándose en el suelo al reconocer al príncipe de Francia.
–Tu puntería indica lo contrario. –dijo mirándola y sobándose un chichón en la cabeza.
–Y sé que por ello debo morir.
El príncipe sabía que era si, pero entendió que había sido un error.
–Pues si tu no se lo dices a nadie yo tampoco.
–Tenemos otros caballos señor. Más jóvenes si ese es vuestro deseo –ofrece Danielle sin despegar los ojos del suelo.
–Mi único deseo es escapar de mi jaula de oro. –responde subiendo al caballo. –Por tu silencio. –dice al tiempo que vacía una bolsa de monedas de oro sobre la chica y después sale al galope.
FIN DE FLASHBACK
–Esas monedas fueron el mejor de los regalos. La baronesa y Marguerite habían dilapidado gran parte de la fortuna de mi padre y habían ido despidiendo a los trabajadores. Pero para pagar sus últimas deudas vendió al mayordomo de la casa, quien llevaba allí desde antes de nacer yo. No podía permitirlo, así que decidí utilizar el dinero para liquidar las deudas y que volviese a casa. Pero como nadie se creería que una sirvienta llevase tantas monedas de oro, le cogí un vestido a Marguerite y me disfracé de dama.
Llegué a las puertas de palacio justo a tiempo de frenar al cochero que iba con varios hombres y mujeres metidos en un carro con barrotes. Me puse a discutir con el cochero porque no quería soltarlo, ya que había sido deportado para ir de esclavo a los buques que iban a las indias. Me llevé una sorpresa y un susto enorme cuando el príncipe intercedió a mi favor, aunque primero le solté un buen discurso sobre la responsabilidad de los privilegiados sobre las acciones de los de menos clase y los ladrones –rie Dani
FLASHBACK PV Danielle
–Si Vos permitís que vuestro pueblo crezca inculto, sin educación ni modales y luego les castigáis por los crímenes a los que su pobre educación les ha conducido, se llega a la terrible conclusión alteza de que primero les hacéis ladrones y luego les castigáis por ello.
Se hizo unos segundos de silencio en el lugar, con la mirada aprobadora de las damas de mayor edad y rango y de sorpresa de aquellos nobles más jóvenes.
–Bueno, ya le habéis oído, liberadlo. –dijo el príncipe al salir de su asombro.
–Pero señor… –intentó intervenir el cochero.
–¡He dicho! Que lo liberéis. –repitió sin despegar sus ojos de Danielle.
El cochero soltó a Maurice y Danielle le dio el dinero.
–Me pareció estar viendo a vuestra madre –le dijo el hombre agradecido a la chica que había visto nacer y crecer. Podía decir con orgullo que estaba a punto de convertirse en una gran mujer.
–Espérame bajo el puente –susurra la muchacha. –Prepara los caballos. –dice en voz alta para continuar con la farsa.
–Gracias alteza. –se despide del príncipe inclinando la cabeza y dispuesta a salir tan rápido como pudiese de allí, pero el príncipe Enrique no iba a permitir que desapareciese una preciosa dama que le había hecho frente dejándole fascinado en el proceso.
–¿Quién sois? –preguntó desmontando del caballo y persiguiéndola –Creí conocer a todas las damas de la comarca.
–Estoy visitando a una prima. –intenta esquivarle Dani.
–¿A qué prima?
–A la única que tengo.
–¿Os estáis haciendo la tímida o es que os negáis a decirme vuestro nombre?
–No. Y sí.
Tras un rato de discusión sobre la obra citada por Danielle en su conversación para defender a su amigo, la chica dejó aun más impresionado a Enrique.
–Os lo suplico. Un nombre, dadme un nombre.
–El único nombre que puedo daros señor es Contese Nicole de Lancré.
–¿Lo veis? –sonrió victorioso –No ha sido tan difícil.
FIN DE FLASHBACK
En ese momento le llamaron y aproveché para huir tan rápido como pude, pero el azar parecía empeñado en juntarnos y le volvía a ver los siguientes tres días.
El primero estaba probando con el señor Leonardo Da Vinci, algunos de sus aparatos, de echo me dio un susto mortal cuando me encontré a ese gran genio andando sobre el agua –la chica no pudo evitar sonreír ante el recuerdo.
–¿Quién es ese Leonardo? –pegunta Estoico
–Un gran genio, escritor, pintor, inventor… cualquier cosa que puedas imaginar él intentaba hacerlo realidad. Me dijo que me vió en el altercado de la plaza y que le parecí una de las más grandes damas que había conocido.
Ese día el príncipe y yo volvimos a hablar sobre la situación del pueblo llano, me hizo reir muchas veces, pero nuevamente tuve que salir corriendo porque Jaqueline me estaba buscando. No quería hacer enfadar a la baronesa, ya me amonesto a base de bien el día anterior, cuando llegué a casa con Maurice supe que Enrique había ido a mi casa a devolver el caballo y la baronesa le había presentado a Marguerite, ambas estaban deseosas de cazarlo como a un ciervo y la riña que me dio por no haberlas avisado de lo del caballo fue de escándalo.
En la siguiente ocasión mi amigo Gustav se encontró con Enrique y le dijo donde vivía, yo me había escondido cuando le ví aproximarse y les oí todo. No sé que fue lo que me impulsó a correr campo a través para llegar a casa y volver a disfrazarme de dama, o no lo sabía en ese momento, luego descubrí que me estaba enamorado de ese hombre con alma de niño. Ese día me llevo a un monasterio, donde los monjes transcriben libros, me regaló uno y estuvimos hablando de ciencia, poesía, autores… le conté que Utopía fue el último libro que mi padre puso en mis manos antes de morir y que por eso era tan especial para mi.
Cuando volvíamos se estropeó el carruaje y continuamos a pie como si fuese una aventura y buscando el camino de vuelta nos perdimos y acabamos asaltados por los gitanos, al parecer, Enrique ya había tenido un encontronazo con ellos y se puso a las manos con uno, quizá debería decir a las espadas. Al final todo quedo en nada y acabamos pasando gran parte de la noche en el campamento con ellos. Ahí fue donde Enrique me pidió por primera vez que le llamase por su nombre y me beso. Al contrario que a Ariel a mi se me movió el suelo, la luna, el mar y las estrellas. En tan poco tiempo me había enamorado de ese hombre.
–¿Tan rápido? –preguntó escéptica Astrid.
–Cuando pasa, pasa Astrid. –respondió Estoico –Yo me enamoré de Valka la primera vez que la vi.
–Y mis padres se casaron enamorados habiéndose conocido una semana antes y yo sé que mi padre murió enamorado de mi madre. Él solía decir "El tiempo no sólo determina la intimidad. A algunos no les bastarían siete años para conocerse. A otros les bastan siete días."
–Que bonito. –dice Ariel con ojos soñadores.
–¿Tu sigues creyendo en el amor? –pregunta sorprendido Patapez.
–El que me diese un trastazo la primera vez no quiere decir, que no crea en él. Mi padre, al igual que el de Dani, sigue enamorado de mi madre, pero en vez de volcar ese amor en sus hijas lo retorció y convirtió en algo oscuro y ponzoñoso. Pero sigo creyendo en él. Y ya os he dicho que yo no estaba enamorada del idiota de Derek, sólo fascinada.
–Bueno, pues lo mío si era amor, o lo es o… no lo sé. –dijo Dani. –El tercer día fui incapaz de levantarme y mi madrastra y Marguerite se tomaron la revancha. Cuando volví del trabajo les encontré probando a la bruja menor el vestido de mi madre, al parecer había un baile y querían impresionar al príncipe. Ese vestido era para mí, para el día de mi boda, y así se lo dije mientras sostenía los zapatos enjoyados de mi madre.
Marguerite me contestó con desdén que mi madre estaba muerta y en ese momento lo ví todo rojo, lo siguiente que sé es que di tal puñetazo a Marguerite que la hice volar por encima de la cama y estar persiguiéndole por la estancia. Ella cogió el libro de mi padre y amenazó con tirarlo al fuego si no le daba los zapatos. Se los di y ella arrojó el libro al fuego igualmente. –en este punto a Dani se le escapaba alguna lágrima. –Después me dieron varios latigazos como castigo. –tras esas palabras muchos puños se crisparon y otras tantas manos callaron exclamaciones de enojo y asombro en la habitación. –Cuando vi a Enrique esa tarde intenté decirle la verdad, pero no pude, el me declaraba su amor y me besaba y yo sólo podía contener las lágrimas. Me invitó al baile que se celebraría esa noche en honor de Leonardo y yo esperaba haber reunido el coraje par decirle todo, pero la Baronesa se enteró de que era yo quien hacía la competencia a Marguerite y me encerró para evitar que fuese a ningún lado.
FLASHBACK PVO DANIELLE
Estaban pasando las horas y por mucho que mis amigos habían intentado no conseguían abrir la puerta. Me estaba desesperando, quería salir y contarle todo a Enrique. La baronesa y sus hijas se habían ido a la ciudad hacía horas, ya era de noche y el baile debía haber comenzado y yo aquí encerrada.
–Es inútil ama, esta puerta no se abre. – daba igual que les hubiese dicho mil veces que me llamasen Danielle, para ellos yo era su verdadera ama y así me llamaban o pequeña, pues entre todos me habían criado.
–Permitidme, oí que decían al otro lado. –y tras unos sonidos la puerta se abrió por el lado del candado.
–¡Se ha abierto! –dijo Sophie.
–¡Señor, sois un verdadero genio! –le dice Louise.
–Claro, pasaré a la historia como el hombre que abrió la puerta –contesta sarcástica una voz que yo conocía bien, aunque no me creía que estuviese aquí.
–¡Leonardo! ¡Gustav! ¿Qué hacéis aquí? –exclamo.
–Maurice dijo que necesitabas ayuda, así que… –explica mi buen amigo.
–Vamos niña, a prisa, el príncipe te espera. –dice Sophie.
–El espera a alguien que no exite. Señor –digo volviéndome hacia Leonardo – me llamo Danielle de Barbarac y no soy más que una vulgar campesina.
–Y yo el hijo bastardo de un carpintero ¿Qué importa?
–¡He engañado al príncipe!
–El príncipe lo entenderá.
–¿Cómo podré presentarme? –pregunto temblorosa.
–Porque él merece escuchar la verdad de aquella a quien ama.
–Un pájaro puede amar a un pez señor, pero ¿Dónde vivirían? – pregunto más tranquila y sonriendo. Ese hombre me inspiraba una inmensa paz.
–Entonces tendré que construiros alas –responde sonriendo con cariño. En ese momento me rindo, me lleno de confianza y dejó que entre todos me ayuden a arreglarme para el gran baile.
Mis amigas habían escondido el ajuar de mi madre y Leonardo le hizo dos modificaciones agregándole las alas, transparentes y brillantes de una mariposa, que iban perfectamente con el vestido de mi madre, que es plateado, cubierto de cristales blancos, con mangas abullonadas y transparentes y que se ajustaba al pecho cayendo después suelto y amplio hasta los pies que calzaba con unos zapatos también plateados y con cristales, hasta el tacón era de cristal.
Cuando estuve lista subí al carruaje rumbo a palacio dejando a Gustav y Leonardo en mi casa para que mi amigo enseñase sus pinturas a a ese hombre al que admiraba tanto.
Me acobardé otras 3 veces en el camino, pero cuando llego a la puerta entro decidida, aunque temblorosa, se oyen los sonidos de una voz, no hay música y se ven las luces que adornan los jardines, aunque apenas noto nada del nerviosismo.
Al aparecer por la puerta del jardín noto que poco a poco todo el mundo se va volviendo hacia mi. Enrique me ve desde el otro lado de la estancia donde estaba con sus padres y atraviesa los jardines a toda velocidad hacia mi.
–Respira, toma aliento. –me susurro a mi misma.
–Mi madre me dijo que estabas prometida –dice Enrique en cuanto llega hasta mi. Debe ser una mentira de la baronesa.
–Estaba mal informada, pero debo hablar contigo antes de que se diga otra palabra. –me apresuro a aclarar.
–No estás prometida. –dice más tranquilo.
–No, en absoluto –digo riendo.
–He estado a punto de cometer el mayor error de mi vida. Ven –dice entusiasmado mientras toma mi mano y me arrastra por el pasillo que cruza la sala. –Quiero presentarte a alguien.
–Enrique –le llamo, pero parece tan excitado que no me oye.
–Mira, he invitado a los gitanos –me dice sonriendo. Cuando de repente noto un tirón en mi espalda. La baronesa esta tirando de una de las alas que me hizo Leonardo hasta que consigue arrancarla.
–¡Como te atreves sucia embustera! –me insulta delante de todos.
–¡No! –exclamo desesperada.
–Como os atrevéis madame –dice Enrique.
–Disculpadme alteza pero creo mi deber descubrir a esta mentirosa.
–¿De qué está hablando Nicole?
–No se llama Nicole, su nombre es Danielle y lleva sirviendo en mi casa diez años.
Estoy sin habla y al borde de las lágrimas, y Enrique parece haberse quedado mudo por unos segundos también.
–Baronesa os estáis extralimitando –le dice Enrique furioso.
–Preguntádselo vos.
–Esto es de locos ¿Nicole?
– Nicole de Lancré era mi madre, yo soy lo que dice ella –digo sollozando. No puedo más.
–La manzana –murmura recordándome.
–Puedo explicarlo. –le digo, en respuesta oigo bramar "pues que alguien lo haga". No sé quien ha sido ni me importa, la única persona que quiero que me escuche me mira decepcionado.
–Primero, estás prometida y ¿ahora eres una sirvienta? –dice Enrique. –Ya no quiero oir nada más. –se da la vuelta para marcharse. Si se va ahora le perderé para sempre.
–Por favor Enrique –le suplico. Se oye una exclamación ahogada en la sala. Su nombre se ha escurrido entre mis labios tan natural como el respirar, no siento que este mal, pero se que el resto del mundo así lo piensa y al volverse su cara furiosa no augura nada bueno.
–A mi dirigíos con más respeto madame. Yo soy un príncipe de Francia, y vos… sólo sois como el resto. –tras eso se vuelve y abandona la sala.
No lo soporto más y huyo tan rápido como puedo. Al llegar a la puerta de la muralla caigo, llorando a mares. Me levanto como buenamente puedo y sigo corriendo hacia casa. Me ha parecido oír mi nombre, pero deben haber sido los truenos que empiezan a escucharse, para cuando llego a casa el agua lleva cayendo a cubos desde hace rato y el agua se mezcla con mis lágrimas. Al llegar a la puerta soy consciente de que he perdido un zapato.
En mi cuarto me quito el vestido y lo guardo junto con el zapato para que Louisa vuelva a esconderlo. Quizá no vuelva a usarlo nunca, pero si es lo único que me queda de mi familia no quiero que las brujas lo toquen.
Me duermo en medio de las lágrimas.
Al día siguiente, tras recibir un insulto y un desaire tras otro de la baronesa, que disfrutaba con mi humillación oigo a Sophie llamarme para decir que todos los objetos de la casa que llevaban desapareciendo desde hace dos años estaban de vuelta en casa.
–Aquí está todo baronesa, hasta el último de los candelabros. –informa Pierre le Pieux. Un comerciante de la zona bastante desagradable en trato y en aspecto, medio calvo, con los dientes torcidos, con nariz y ojos de rata. Lleva desde el año pasado queriendo convertirme en su sirvienta y se que no es sólo para limpiar la casa. Los criados hablan y este granuja tiene preferencia por las chicas mucho más jóvenes que él y desde mis quince años parece que yo entré en esa categoría.
–Los tapices, los candelabros… ¿se los vendisteis a este hombre? –pregunto furiosa.
–Si, y ahora han vuelto. No podía permitir que pareciésemos pobres cuando los reyes viniesen a vernos. –responde la bruja con simplicidad.
–Gracias Monsieur, significa mucho para nosotros. –le digo por cortesía.
–Soy un comerciante Danielle, no un filántropo.
–No os entiendo.
–No podía tenerte aquí cuando viniese el príncipe. – miro sin entender.
–La baronesa y yo hemos llegado a un tipo de acuerdo. –dice Pierre.
– Tu por todo esto –aclara ella –aunque creo que salgo ganando con el cabio. –dice como si hablase de lo bonitas que son las flores.
–¡No, no! –grito y forcejeo cuando dos hombres de ese canalla me agarran de os brazos y me llevan en volandas a una carreta. Veo a mis amigos forcejear contra otros hombres y contra el mismo Pierre, para ayudarme, pero ellos ya son muy mayores y no pueden hacer nada. Aunque no me dejo derrotar tan fácil y al final me suben entre tres llevándose todos patadas, puñetazos o un poco de todo.
Finalmente cuando me encierran y emprendemos la marcha el camino se me hace corto cuando sé que no es así. Aunque viva en la comarca la residencia de este ser está a las afueras en unos acantilados junto al mar.
El canalla me habla, pero estoy más concentrada en soltar la soga y huir que en otra cosa. Cuando lo consigo espero a que abran la puerta para bajarme y lo hacen nada más llegar al patio de la casa, en ese momento salto de la carreta y corro todo lo que dan mis pies hacia la puerta. Pero un hombre enorme me tira al suelo desde un lateral y noto a otro maniobrar con mis pies y llevarse algunas patadas, pero para cuando termina me veo con unos grilletes atándome e impidiéndome correr.
–Bueno, – me dice el cretino– quizá deba ponerte primero a realizar unas tareas más ejercitantes y luego pueda mostrarte otras más placenteras y relajantes, aunque también agotadoras.
Que asco, prefería mil veces revolcarme en la pocilga con los puercos. Me pusieron a llevar cosas bastante pesadas como muebles, jarrones, candelabros y sables de acá para allá. Estaba llevando estos últimos al gran comedor cuando me le volví a encontrar allí tirado.
–Oh no sabes la pena que me da verte con grilletes. Te los quitaría, si prometieses no volver a escaparte. –dice la rata acercándose a mi.
–No tengo ningún motivo para quedarme.
– Tuve un potro joven, igual que tú. Terco, igual que tú. Y conseguí, como haré contigo, domarlo. –continua ya tras mío tomando mi pelo y oliéndolo. Qué repugnante.
–Será mejor que mantengáis las distancias –dije tomando la empuñadura de un sable.
–O no has dicho por favor.
Me giré veloz empuñando el sable y poniendo la afilada hoja bajo su cuello.
–Por favor. –dije con sorna.
–Podría ahorcarte por esto.
– No si estáis muerto.
–Lo que más me gusta es tu extraordinario valor –intentó quitar el sable agarrándome la mano y saco una lengua de serpiente de entre sus dientes de rata con idea de … vaya a saber Dios que asquerosidad, pero hago fuerza para liberar mi muñeca y le corto la cara lanzándolo sobre una silla. Agarro otro sable por si acaso.
–Mi padre fue un gran espadachín Monsieur, me enseñó muy bien. Ahora dadme esa llave u os juro por su tumba que os abriré del ombligo, a la nariz. –dije moviendo el sable entre las dos partes señaladas.
–Vuestra libertad señora. –dice tendiéndome la llave.
Sin dejar de sostener uno de los sables y apuntando directamente a su corazón solté los grilletes.
–Póngaselos. Y no haga movimiento bruscos. – digo lanzándoselos a los pies. Me obedece. –estupendo. –tomo el saco en el que se encontraban los sables y lo amarro alrededor de su boca y rodeo sus muñecas para atarle a la silla. –Cuando le encuentren, dígale a sus guardias que dejé la llave junto a la puerta de la casa cuando salga.
Salí corriendo todo lo que me dieron las piernas. No conocía la casa y tenía poco tiempo para escapar.
Corría por un corredor cuando escuché un sollozó. Me detuve y vi unas llaves colgando de una puerta, no tenía mucho tiempo, pero habiendo oído lo que pasaba allí no podía dejar a una pobre criatura a que sufriese las desventuras de las que yo me había librado.
Abro la puerta y veo una cama con los cortinajes arrancados y estos se encuentran cubriendo a una chica de aproximadamente mi edad de pelo negro casi rapado y ojos azules llorosos que me miraban con tanto temor como si yo fuese el mismísimo satanas.
FIN DE FLASHBACK Y FIN DE SPOLER
–Y así es como nos vimos Dani y yo la primera vez –dice Marinette.
Todos miraban a las dos chicas consternados, una quizá había sido violada y la otra vendida para ello.
–Estoy segura de que tus amigos y Jaqueline sintieron mucho perderte Dani– dijo Bocón a falta de no saber cómo reconfortar a Marinette.
–Si, y no me creo que ese príncipe tuyo no esté dándose cabezazos desde entonces por estúpido. –añade Estoico.
–Y si no lo ha hecho se los daré yo –se apunta Patón.
–Gracias chicos, aunque creo que fue muy claro. Le decepcioné y me desprecia por mi engaño.
–Lo de engañarle vale, pero para decepcionante él. –dice Astrid.
–Sí, al final tu ibas a decir la verdad y fue él quien te falló. Pero quien sabe, quizá el destino os de una segunda oportunidad para enmendar errores. –añade Hipo.
–No creo, agredía aun noble y además…
–Tranquila Dani, yo concluiré nuestra historia, después de contar la mía, pero antes, ¿podrías ponerme más infusión Ariel? Está muy buena y me siento mejor.
–Haz la de Mari y yo haré la de las demás, necesito moverme un poco para soltar la tensión –pide Dani.
–En ese caso haré las vuestras, quizá te venga bien algo relajante. –dice Ariel.
Y ambas trastean unos minutos hasta que todos vuelven a tener un vaso de líquido caliente entre las manos y en esta ocasión un guiso de carne con piñones, manzanas ácidas y algunas verduras en el plato que todos comen con avidez, no se habían dado cuenta de que tenían tanta hambre hasta que tuvieron la comida delante.
–Bueno, esto estaba riquísimo y me ha dado fuerzas para empezar. Veamos.
¡Hola a todos de nuevo! Si os está gustando la historia guardarla en vuestros favoritos, porque en al ser un multi-crossover en unos días alteraré los parámetros de búsqueda en cuanto a las historias principales para que pueda verla más gente.
Veo que hay muchos lectores y os agradezco mucho a todos que os paseis por aquí. ¿Qué os ha parecido la historia de Daniel? Espero que os haya gustado.
En unos días le toca el turno a Marinette ¿Cómo habrá llegado ahí?, en cuanto pase el 3 de septiembre que tengo examen los capítulos volverán a ser más seguidos.
Un beso a todos y gracias
