Capítulo 16

Marinette de la PVO

Yo vivía con mi madre, Sabine, y con mi tía Serena, las dos tenían el pelo castaño, pero mi madre tenía ojos azules y era un poco más bajita que yo y mi tía ojos marrones y de mi altura más o menos, vivíamos en la parte de arriba en una pequeña tienda de modas que teníamos, no teníamos muchos encargos grandes, pero si bastantes pedidos de gente más modesta con los que intercambiábamos tela por comida o algo de dinero. No teníamos lujos, pero vivíamos bien.

Nunca conocí a mi padre, cuando era muy pequeña se marchó a ver a su familia y nunca volvió. Ni mi madre ni mi tía conocían a los parientes de mi padre, por eso mi tía dice que huyó, para no hacerse responsable de su familia. Mi madre no opinaba así, ella pensaba que su familia le habría impedido volver con alguien que consideraban inferior a él, pues ella siempre sospechó que su marido era de una familia rica. Al no estar segura de ello nunca he sentido la disposición de llamar a ese hombre padre.

Mi madre tenía una miniatura de él en un medallón, era un hombre alto y fornido, de cabello negro y ojos marrones, la expresión de su cara era amable. Ese hombre le regaló a mi madre un anillo con tres rubíes por su boda. Le dijo que era su más preciada posesión después de ella. Cuando supieron que me esperaban, mi madre decía que mi padre no cabía en si de gozo y que inmediatamente quiso ir a informar a su familia que estarían dichosos de saber que el apellido se perpetuaría, pero no volvió jamás.

Con 5 años mi madre ya empezó a enseñarme a coser, y mi tía a bordar para que ayudase en la tienda. Como ya he dicho no teníamos muchos encargos grandes, pero había dos o tres nobles que siempre nos encargaban algún vestido para alguna ocasión especial.

-Mira mamá -dije corriendo hacia mi madre con una capa corta entre mis manos, era la primera pieza que había hecho yo sola después de un año de practicar sin parar y era justo a tiempo para el cumpleaños de mi madre. -¿Té gusta? ¿Me ha quedado bien? -le dije tendiéndole la prenda. Era blanca con un ribete negro alrededor multitud de flores rosas de cerezo y doradas de jazmín bordadas a mano. Un trabajo increíble para mis seis años

-¡Es preciosa cariño! Tienes mucho talento.

-Me alegro de que te guste, porque es para ti. ¡Feliz cumpleaños mamá!

-Gracias mi amor, es un regalo precioso. Lo cuidaré mucho, te lo prometo. -dijo poniéndosela y cogiéndome en brazos.

-Sabine, necesito que vayas a… ¿Qué pasa aquí? -preguntó mi tía al entrar en la trastienda y vernos así.

-Marinette ha terminado su primera obra maestra y me la ha regalado por mi cumpleaños.

-¡Es preciosa Mari! ¡Ya vas a poder ayudarnos en la tienda!

-¿Se acabo el hacer recados?

-Bueno cielo, alguno te tocará. Como ahora, hay que llevar un encargo a la casa Agreste, pero es un pedido grande, así que podéis ir las dos juntas, Sabine, no esperamos mucha gente hoy y yo puedo quedarme trabajando en los demás trajes para la señora.

-Gracias Serena.

Y tras coger los paquetes mi madre y yo nos encaminamos a la mansión de los Agreste en Paris. Hablamos y reímos todo el camino hasta llegar a la puerta de servicio de la mansión.

-Venimos a traer unos trajes para la señora y el señorito. -dijo mi madre cuando nos abrió una doncella y nos hizo pasar hasta una sala con tapices de escenas raras con chicas saliendo del agua o bien rodeadas por ángeles. Allí esperamos a los clientes para medirles la ropa y asegurarnos de que todo estaba bien.

No tardaron en llegar una mujer alta y delgada de cabellos de oro y ojos verde esmeralda, una tez pálida, con una cara ovalada y una sonrisa amable en el rostro. Era preciosa.

A su lado iba un niño de mi edad que parecía mucho a la mujer, con los mismos ojos y el mismo pelo, todo, salvo que su cara era la típica redondeada de los niños.

Primero le probamos los vestidos a la dama mientras su hijo tocaba un piano en el que no había reparado en un primer momento.

-Unas creaciones exquisitas señora Dupain, como siempre. -felicitó la mujer.

-Me alegro que le gusten, madame. El resto de su pedido estará listo a finales de semana. Puede ir a recogerlo entonces.

-¡Fabuloso!

Procedimos a probarle la ropa al niño mientras su madre nos miraba mientras bebía té con pastelillos. Hasta que de repente.

-¡Madame Dupain! ¿Esa prenda es suya? -dijo la mujer levantándose y yendo hacia donde habíamos dejado nuestras cosas. Tomó la capa entre sus manos alzándola.

-Si madame. Es mía.

-Es preciosa ¿Podría hacerme una igual y añadirlo al resto de mi juego de verano?

-¡De eso nada! -Exclamé yo -¡Esa capa la he hecho yo y se la he hecho a mi madre! ¡Además esos colores no le sientan bien!

-¡Marinette!

-¡¿Estás llamando fea a mi mamá?! -me gritó el niño viniendo furioso hacia mi. -¡Ella es preciosa no te atrevas a insultarla piojosa!

-¡Adrien! -las dos mujeres estaban horrorizadas con nosotros.

-¡Yo no he dicho que tu mamá sea fea! ¡He dicho que esos colores le iban a quedar mal! ¡Parecería que está enferma! ¿Te gustaría que pareciese que tu mamá está mala? ¿A qué no? ¡Y no me llames piojosa, yo no tengo esos bichos! -me di la vuelta y agarre unas hojas e hice un boceto a toda prisa. -Esto sí le quedaría bonito. Una capa de seda dorada con mariposas azules, verdes y turquesas. Haría que sus ojos y su pelo se viesen aún más bonitos de lo que son. -dije ya más tranquila, aunque creo que mi cara daba a entender que aun estaba enfadada. Tendí el dibujo a la mujer que lo observó con aire crítico.

-Es preciosa pequeña ¿Podrías hacer algo así?

-Claro, se lo haré con el resto del encargo. No se reocupe. -contesté inclinándome. -Perdone mi mal comportamiento, es que es una prenda especial porque…

-No, pasa nada pequeña. Pero tienes que tener más cuidado. Hay quien no consiente que se les hable así y te castigarían. Por suerte para ti, me gustan las personas con carácter y principios -sonrió madame Agreste- además de tu trabajo es estupendo. Te auguro un buen futuro.

Recogimos nuestras cosas y nos dirigimos a la salida.

-Señora Dupain- oímos que nos llamaban en la cocina. -Perdone, señora Dupain -dijo el niño rubio alcanzándonos- ¿podría hablar con ella? -preguntó señalándome con la cabeza.

-Está bien -Accedió mi madre- Marinette, pórtate bien y se educada. -me advirtió.

Me quedé mirando al niño y el a mi.

-Perdona por haberte llamado piojosa. Pensé que estabas insultando a mi madre y yo la quiero mucho.

-No pasa nada, yo habría hecho lo mismo si pensase que estaban insultando a la mía. Y tu mamá es muy guapa.

-Gracias. Y tu no eres una piojosa. En realidad, eres bonita. -dijo sonrojándose y consiguiendo que yo también me pusiese colorada -¡Toma! -me puso dos pastelitos de crema en la mano y salió corriendo.

En un principio me quedé confusa, pero luego sonreí y me di la vuelta para ir con mi madre.

-¿Qué quería el señorito Agreste?

-Me ha pedido perdón por llamarme piojosa y me ha dado esto mamá- respondí mostrándole los pastelillos. -¿Nos los comemos de camino a casa?

-Está bien cielo, pero no vuelvas a hacer eso. La duquesa de Agreste es muy buena y gentil, pero muchos nobles no lo son tanto y podrían mandar azotarte por contestar así y yo sufriría mucho mi amor. No vuelvas a hacerlo. Prométemelo.

-Está bien mamá. Te lo prometo.

Transcurrió la semana y yo estuve trabajando a destajo para acabar la capa para la duquesa. Tenía talento, pero aun me faltaba práctica para ser rápida, así que le dediqué muchas horas. Pero a final de semana se presentó madre e hijo.

-Buenas tardes señora Dupain, señorita Cheng y señorita Dupain.

-Buenas tardes madame. Cuando usted quiera.

-Adrien ha insistido en ser el primero. Quiere terminar rápido.

El niño se subió en el pedestal de la tienda y mi tía y mi madre empezaron a probarle los trajes. Entre tanto yo me acerque a la duquesa con la capa en mis manos.

-Disculpe madame. Terminé la capa, como le prometí. Y de nuevo le pido perdón por haberme puesto así el otro día. Estuvo muy mal.

-Te peroné el otro día, tranquila pequeña. Es preciosa. -dijo cogiendo la capa y probándosela -¿Qué tal me queda Adrien ?.

-Estas muy guapa mamá. Como siempre y la capa de Marinette te queda muy bonita.

-¿Marinette? -interrogó la madre mirando a su hijo. Él se puso rojo y se revolvió.

-Bueno todo esto me queda bien y todo es muy bonito ¿me puedo bajar ya? -dijo el niño bajando y yendo a quitarse la chaqueta todavía con las orejas rojas. Las adultas se echaron a reír.

Me quedé sentada en la sala cosiendo unos pantalones para otro cliente, era más sencillo, pero me servía para coger rapidez con la aguja.

-¿Me puedo sentar contigo? -pregunto el niño que estaba parado delante mío.

-Claro. -tomo asiento y se quedó en silencio. -Gracias por los pasteles del otro día. Estaban muy ricos.

-De nada. Me alegro de que te gustaran. -sonrió. Tenía una sonrisa muy bonita. -espero que no te haya molestado que te llamase por tu nombre. -dijo volviendo a ponerse rojo.

-No, señorito Agreste, sólo me ha sorprendido.

-Adrien. Mi nombre es Adrien y me puedes llamar así.

-Está bien, Adrien.

Estuvimos sentados hablando unos minutos hasta que oímos sonar la campanilla de la puerta principal.

-Marinette, ¿Has terminado de trabajar? ¿Vienes a jugar? -escuche a mi amiga Alya, a hija de los carniceros.

-¿Puedo ir mamá?

-Creo que te has ganado un descanso cielo.

-¡Yuju! ¡A jugar! ¿Quieres venir Adrien?

-¿En serio?

-¡Claro!

El niño miró a su madre con ojos suplicantes. No tenía hermanos y salvo sus primos Felix y Enrique, no solía tener ocasión de jugar con muchos niños ya que a su padre no le gustaba que se relacionase con los hijos de los criados. Su madre sabía de los deseos de su hijo, y al contrario que su padre, ella no se oponía a que Adrien se relacionase con niños menos afortunados que él. No siempre había niños de nobles cerca para que su hijo pudiese jugar. Por lo que asintió.

-Pero no te alejes.

-No se preocupe Madame, vamos a un descampado a unas casas de aquí. A la plaza de los Vosges. -informó Marinette mientras cogía al niño rubio de la mano y después de reunirse con la pelirroja a la puerta salieron los tres corriendo.

Ese día Adrien conoció a los amigos de Marinette. Alya, una niña pelirroja de pelo castaño rojizo y ojos marrones, tenía la piel muy morena en comparación con Marinette y era muy curiosa, también estaba Nino, con el que congenió muy rápido, él también tenia la tez más oscura y los ojos marrones, igual que Alya, pero su pelo era marrón muy oscuro, casi negro, y le encantaba la música, igual que a Luka, otro amigo de Mari un poco más mayor con el pelo negro y unos extraños ojos azules, eran bonitos, pero no había visto ojos así nunca, era tranquilo y tenía una guitarra española con la que tocaba canciones que Nino cantaba para que todos bailasen al son era el hermano de Juleca, una chica alta con el pelo negro como su hermano y también con unos ojos rojizos muy peculiares , era bastante tímida, como Nathaniel un chico pelirrojo hijo de un pintor local al que también conoció ese día, también estaban Rose, Alix, Iván, Max, Kim y Math. A quienes también conoció ese día. Todos juntos estaban jugando al pilla-pilla por la plaza y al escondite, ocultándose entre los arbustos y los árboles. Adrien no lo había pasado tan bien nunca y se entristeció mucho cuando su madre fue a buscarle.

-Mama ¿Podríamos venir otro día, por favor? -pidió Adrien con ojos suplicantes.

-Pues claro cariño, ya se nos ocurrirá algo. ¿Lo has pasado bien?

-¡Mucho! Marinette y sus amigos son muy divertidos.

-Me alegro cielo.

Esa primavera Adrien y su madre iban todas las semanas a la ciudad con la excusa de hacer alguna compra para que Adrien pudiese jugar con sus nuevos amigos, quienes le trataban como a un igual. Para ellos él era Adrien, no señorito, excelencia o cualquier otro termino formal y disfrutaba con ellos como no hacía con nadie, pero Marinette era especial, la protegía, hablaba mucho con ella, se hacían reír el uno al otro y jugaban a cualquier cosa que se les ocurriese, trepaban a los árboles y se metían en líos juntos, por eso se entristeció tanto cuando llegó el verano y su familia y él se fueron a la casa familiar en el ducado Agreste, allí estaba casi siempre sólo, con alguna visita ocasional de su primo Félix o de la hija del conde de Burgois Chloe.

Le caían bien, pero los dos eran muy formales y nunca se salían del decoro que les exigían sus padres y Adrien acababa aburriéndose. Emily notó esto y se compadecía de su niño, que teniendo todo le faltaba lo más importante, por lo que decidió hablar con su marido.

-Gabriel, querido, he tenido algunos problemas con algunos de mis trajes y necesito que venga una costurera a repararlos.

-¿Cómo ha ocurrido querida? - dijo el duque levantando la mirada de las cartas que estaba escribiendo.

-Jugando en los jardines con Adrien, a saber con qué me he enganchado que he rasgado varias cosas. Se que la modista a la que voy tiene una aprendiz muy diestra, quizás podría venir unos días a arreglarme los estropicios si les envío una carta.

-Está bien querida, pero deberías dejar que Adrien juegue sólo, no tienes que fatigarte con él.

-Pero mi amor, a mi me encanta jugar con mi niño, me recuerda a cuando era pequeña y jugaba con mi hermana. Además, me parece que se aburre cuando está sólo.

-Entonces, si hay que evitarle la soledad, quizás podamos buscar a ese hermanito que tanto queremos para él. -sugirió Gabriel con una sonrisa pícara en su cara.

Horas más tarde Lady Agreste redactaba una nota para mandar a la casa de modas Dupain-Cheng solicitando que Marinette viniese a casa a pasar días para repararle unos vestidos.

-Es una noticia excelente Sabine -decía Serena al leer la nota. -Marinette podrá practicar, le pagaran por ello y además le dan asilo y comida.

-No sé Serena… -Sabine no lo tenía tan claro -es demasiado bueno.

-Sabine, lady Agreste confiesa que lo que quiere es que Marinette pase un par de semanas allí para que su hijo tenga un amigo con quien jugar de vez en cuando, pero que mientras él estudia, ella desempeñara un trabajo por el que le van a pagar, el alojamiento es como parte de la invitación como amiga de su hijo. No es buena época Sabine, en verano tenemos menos encargos y así Marinette tendría comida y traería a dinero en casa.

-Está bien Serena, pero como mucho serán 15 días. -concedió Sabine.

Así Marinette fue a pasar unos días a la casa Agreste, donde la duquesa en persona le explicado que por la mañana arreglaría sus vestidos y por la tarde la colaría en el cuarto de los niños para pasar tiempo con Adrien. Los dos niños estaban encantados de volver a pasar tiempo juntos. Por las tardes jugaban en el cuarto, pero también se escabullían con Emily a jugar en los jardines y Adrien le contaba a Mari lo que había aprendido ese día, le leía cuentos en incluso le empezó a enseñar a leer, de esta forma Adrien repasaba y Marinette aprendía cosas que no habrían estado a su alcance.

Emily estaba encantada con la relación de los dos niños y cuando Marinette se marcho prometió a Adrien que el año que viene intentarían repetirlo.

Y así fue. Todos los años Marinette iba a casa Agreste en verano a pasar unos días con alguna excusa que encontrase la duquesa, quien acabó por ofrecerle un puesto en la casa durante el verano cuando cumplió los 11 años como ayudante de doncella a tiempo parcial y costurera a tiempo completo para, con esa excusa escabullirse a pasar tiempo con su hijo bajo su supervisión.

Los niños estaban encantados, Adrien bajaba a ver a su amiga durante las épocas frías y hablaba con ella mientras esta practicaba los entresijos de su oficio creando hermosas piezas para su familia u otros nobles, también pasaban tiempo con toda la pandilla jugando, hablando o haciendo alguna travesura en los parques y en verano, era Marinette quien iba a su casa a escabullirse para bañarse en el lago, jugar a las escondidas, trepar a los árboles a coger fruta, pescar o leer historias, pero además Adrien fue enseñándole a escribir, matemáticas, algo de historia y de biología y al entrar al servicio Mari también aprendió a cocinar, para lo que tenía un don y a hacer las tareas de la casa e incluso descubrió los pasillos ocultos por los que se movía la servidumbre sin ser vista y que facilitaban sus incursiones al cuarto de los niños.

También tuvo la desgracia de conocer a Chloe ya su prima Lila que a ella le parecieron dos brujas malcriadas y maleducadas.

-Además Lila es una mentirosa -le dijo una noche en el cuarto de los niños en presencia de lady Agreste -dijo que Mirelle le había tirado la sopa encima y no es cierto. Yo vi como se la tiró ella misma.

-¿Y por qué iba a hacer eso? -preguntó Adrien.

-Yo creo que porque estabas hablando con Chloe y no le hacías ni caso. Ha estado llamándote toda la noche.

-Siempre me ha parecido increíble todo lo que se puede observar cuando pasas tan desapercibido como lo hacen los trabajadores domésticos. -observo Emily. -Me encantaría poder hacerlo alguna vez.

-Usted no podría hacer eso ni aunque le llenasen de hollín señora, es demasiado hermosa. -dijo Marinette sonriendo a la mujer.

-No es tanto el ser hermosa como el ser conocido cielo. Tu eres una muchacha preciosa, pero al no ser de alta cuna la gente te presta poca atención, lo cual en ocasiones es una suerte. - en ese instante Emily miró a Marinette con más atención, es cierto lo que había dicho, ya no era ninguna niña, era una preciosa muchacha de casi 13 años y su hijo un apuesto muchacho de casi 13, ya no necesitaban niñera, pero estaban prontos a necesitar una carabina.

Ese año, el 14 de noviembre de ese año Adrien entró en la tienda de modas Dupain-Cheng como una bala para ver a su mejor amiga, quien cumplía años.

-Señor Agreste. A qué debemos el placer.

-Hola señorita Cheng. Señora Dupain. Busco a Marinette.

-Está en el taller. Vendrá ahora. -contestó Sabine.

-Mamá es preciosa -dijo Marinette saliendo del taller luciendo un precioso vestido de gasa azul claro y yendo derecha a abrazar a su madre. -¡Muchas gracias a las dos! ¡Me encanta mi regalo!

-Ejem -carraspeó Adrien.

-¡Adrien! ¡Me alegro de verte! ¿Te gusta el regalo de mamá y mi tía? -preguntó dando una vuelta sobre si misma para que su amigo viese el vestido. Iba entallado hasta la cintura y liso, cosa rara para la moda que consistía en ir suelta desde el busto hasta los pies con telas muy recargadas, pero este vestido abrazaba la figura, aun de niña de Marinette y luego caía en suaves capas hasta sus pies . Era muy simple pero muy bonito.

-Estas preciosa. Como una princesa, pero te falta algo.

-¿El qué? -preguntó buscando algo mal colocado.

-Pues a las princesas les suelen gustar las cosas dulces y mi madre manda unos pastelillos de crema para vosotras -dijo tendiéndoles una caja que contenía los pasteles que tenían un significado muy especial para él y Marinette. -Además, las princesas tienen joyas y yo he querido traer algo para mi princesa por su cumpleaños. -dijo tendiéndole una pequeña caja

-¿Desde cuándo soy tu princesa? -pregunto la chica cogiendo la caja.

-Desde que acabo de ver que te has convertido en una. -contestó el chico mirándola dulcemente. Esto provocó un sonrojo a la azabache y una mirada de preocupación entre las adultas.

Cuando abrió la caja vio dos pendientes muy sencillos de plata con una piedra roja oscura en el centro.

-Son granates, sé que te encanta el anillo de tu madre y pensé que estos te encantarían.

-Son preciosos Adrien. -dijo poniéndoselos. -me encantan.

Las adultas les observaban, lo que había comenzado como una bonita amistad parecía estar convirtiéndose en algo más y eso era peligroso para su niña. Los duques no se casaban con plebeyas.

Ese día lo pasaron junto con el grupo. Las chicas estaban hablando de algo que le había ocurrido a Rose hacia unas semanas y los chicos hablaban de sus cosas sin quitar ojo a sus amigas. Todos habían crecido juntos y habían incluido al "niño rico" como uno más, aunque le tomaban el pelo con ese sobrenombre para picarle cuando practicaban algún deporte.

-Marinette es cada vez más hermosa -comentó Luka de repente sin quitar los ojos de las chicas -cuando sea más mayor le diré que me gustaría escuchar su melodía para siempre.

-Tendréis que retaros a duelo Adrien y tú entonces -dijo Nino con sorna.

-Adrien no puede estar con una chica humilde como Mari -observó Luka- tendrá que buscar una señorita de bien emperifollada, formalita y aburrida.

-Gracias por desearme un futuro tan radiante -contestó el rubio con sarcasmo -para algo así prefiero no casarme.

-Ojalá no sea aburrida, pero está claro que tiene que ser de clase alta, además tu siempre dices que Mari es sólo una amiga.

-Y lo es. La mejor que tengo, pero no pienso dejar que la alejes de mí, así que baja los humos guitarrita.

Todos rieron, menos Luka, que se limitó a sonreír, sus amigos aun eran un poco jóvenes, pero los dos años más se le notaban y podía ver que lo de Adrien y Marinette era un amor imposible en ciernes, lo único que esperaba es que no sufriesen demasiado.

Pasaron unas semanas, con sus trece años Adrien tenía más responsabilidades y no tenía tanto tiempo para ver a sus amigos y Marinette intercalaba su oficio como modista con el de recadera, superaba en habilidades a su madre y su tía con creces, pero las damas nobles no se fiaban de ella por su juventud, así que cuando estaban, iba a entregar pedidos o hacia la compra, y el resto del grupo también debería ayudar cada vez más en casa y aprender las que después sus futuras profesiones, pero cada viernes encontraban un hueco para ver todos llevando algo que comían todos juntos en algún parque.

Un día, Marinette volvía a casa de entregar un encargo, andaba rápido pues era viernes y había quedado con sus amigos, llevaba la capa marrón bien cerrada y los guantes puestos ya que hacía mucho frio cuando empezó a oír pasos tras ella, no se siguieron en una zona muy recomendable y aceleró el paso, pero las pisadas lo aceleraron también. Tras girar en una esquina comenzó a correr, se encontró un par de calles de una de las grandes avenidas de París, pero tenía que llegar a ella. Corrió y corrió todo lo que dieron sus pies, sus pulmones le ardían por el esfuerzo, pero no importaba, ya estaba cerca, pero en ese momento le ocurrió la mayor tontería de este mundo. Resbaló con una placa de hielo del suelo, cayendo sobre su espalda.

-Pero mira que cosa tan bonita ¿A dónde ibas tan rápido preciosa? -le preguntó un hombre bajito y rechoncho, bien trajeado, pero a todas luces, borracho.

-Iba a mi casa. Llego tarde -dijo Marinette e intentó escabullirse.

-Quieta, quieta. -habló otro hombre larguirucho feo, como su compañero y con una cara lasciva y desagradable. -¿Por qué quieres ir a casa? Tenemos alcohol -preguntó llevándose una botella a la boca.

-Y haremos que te diviertas muuucho. -añadió el otro de forma significativa.

-Sí, eres muy bonita y hueles mejor que las putas de la taberna.

Marinette temblaba como una hoja, estaba aterrorizada. -Por favor, déjenme marchar -sollozaba.

-A ver que tenemos aquí -dijo el viejo retaco sacando una navaja y cortando el cierre de la capa de Marinette y dejándola expuesta a la intemperie ya sus ojos pervertidos. -¡Pero mira que jovencita y lozana!

-Seguro que nunca has visto un buen pene ¿verdad? -dijo el otro agarrándose las calzas que se alzaban en un bulto sospechoso. Para esas alturas Marinette lloraba a lagrima viva por su suerte.

-Pues nosotros te vamos a enseñar dos buenas vergas. -dijo acercándose más ambos con las manos extendidas hacia ella.

-No, dejadme en paz -lloraba Mari -¡Dejadme en paz! -gritó poniendo sus manos como escudo. En ese instante de ellas salieron dos grandes llamaradas que impactaron de lleno en el pecho y los rostros de los hombres quienes aullaron de dolor y se dirigieron corriendo a un montón de nieve cercano donde se tiraron y empezaron a rodar por el suelo para apagar las llamas .

Marinette estaba en shock. Miró sus manos y comprendió quien había causado la llamarada. Debía salir de ahí. Rápido.

Corrió, más aún que antes y no paro ni se detuvo ni ante el llamado de su amigo, pues no lo oyó. Sólo tenía una cosa en su mente embotada. Llegar a casa.

-¡Mamá! ¡Tía! -gimió entre sollozos al cruzar la puerta de la trastienda.

-Cariño ¿Ya as vuelto? Vamos en un segundo. -Respondió su madre desde la tienda.

Marinette se dejó caer por la pared sin fuerza y temblando.

-¡Marinette! -exclamo Adrien abriendo de golpe la puerta de la trastienda, buscando con la mirada a su amiga hasta que la vio encogida en el suelo. -Marinette -susurró agachándose y cogiéndola en brazos para sentarse en una silla con ella en su regazo. -Ya esta. No pasa nada, yo estoy contigo princesa, nadie te va a hacer nada. -susurraba mientras le acariciaba la espalda.

Su princesa estaba temblando, no estaba seguro si de frio, de miedo o de ambas, aunque por los ojos desorbitados con los que le había visto andar por la calle apostaría por ambas. ¿Qué le habría pasado? Su pequeña nunca tenía miedo, era una cabezota valiente, y decidida, demasiado buena con todo el mundo.

-¿Qué ha ocurrido princesa? -le preguntó.

-Marinette, has ofrecido algo a… ¡Marinette! -exclamó su madre cuando al entrar en la trastienda vio a su hija demacrada y aferrada al pecho del chico como si la vida le fue en ello. -¡Serena ven aquí! -gritó Sabine arrodillándose junto a su retoño.

-Pero qué, ¡Por el amor de Dios! ¿Qué ha pasado? -exclamó Serena.

-No lo sé, le vi correr por la calle como si le persiguiese el diablo y con cara de haberlo visto en persona. La llamé pero no me respondió y la seguí hasta aquí. -dijo Adrien.

-Estás helada cariño. Ven, vamos junto al fuego. -dijo Sabine intentando mover a su hija, pero esta se agarró aun más a la chaqueta de Adrien hasta enterrarle las uñas en el pecho, pero el chico no se quejó.

-Yo te llevo princesa, no pienso soltarte. -dijo poniéndose en pie con la chica y yendo hacia el fuego donde Serena le dispuso otra silla.

-¿Dónde está su capa? -preguntó la tía con temor.

-No la llevaba cuando la vi por la calle. -contestó el muchacho mirándose él y las mujeres con aprehensión.

-Me la rompieron -sollozó Marinette -Me atacaron unos hombres. Querían verme bien y la rompieron.

-¿Quiénes eran cielo? -preguntó Sabine con ganas de sangre.

-No sé. Uno era alto y delgado y otro bajito y rechoncho. Debían tener dinero porque vestían bien, pero estaban borrachos. -dijo con lagrimas corriendo por sus mejillas y sin soltar a Adrien como si fuera la cuerda que impidiese que cayera a un precipicio. -Me decían que olía mejor que las putas de la taberna, que lo íbamos a pasar bien…. -a esas alturas los otros tres miraban a la chica consternados- y luego se tiraron al suelo a apagar las llamas.

-¿Cómo? -preguntó Serena. Sabine se cubrió la boca con las manos.

-Les lancé fuego. Dos grandes llamaradas. Una con cada mano. -dijo soltando por fin a Adrien y dejando las palmas de sus manos al aire, porque seguía llevando sus guantes de lana, estos sólo cubrían el reverso de la mano, las palmas habán desaparecido y los bordes estaban chamuscados.

-Eso es imposible. -dijo Serena.

-Soy una bruja. Esos hombres harán que me quemen en la hoguera y…

-No eres una bruja cielo. -interrumpió Sabine- Ese es tu padre, que te ha protegido, estoy segura.

-Eso es irrelevante Sabine. Si esos hombres son poderosos le buscarán, y si la encuentran le acusaran de brujería.

-Pues no la encontrarán -interrumpió Adrien. -Marientte se trasladará a mi casa hoy mismo, diremos que entra como trabajadora fija de las ocupaciones que desempeña en verano, pero no saldrá de casa. Permanecerá oculta y bajo mi cuidado y el de mi madre. Diremos que te has peleado con tu tía y que para evitar discusiones te has ido de casa.

-¿Por qué conmigo? -preguntó Serena con el ceño fruncido.

-Porque sería muy raro que Marinette no quisiese venir a ver a su familia, pero por una temporada es mejor que no aparece por aquí, pero su madre podrá ir a verla y tenerlas comunicadas.

-¿Funcionará Adrien? -preguntó Sabine preocupada.

-Es lo único que se me ocurre, pero le prometo que no dejaré que le pase nada -dijo estrechando a Mari entre sus brazos. -Id a hacer una bolsa con sus cosas -dijo poniéndose en pie y dejando a la muchacha con su madre quien rápidamente condujo a su hija escaleras arriba. - Venid a casa en un coche de alquiler. Tomad, para el transporte -dijo poniendo un franco de oro sobre la mesa. -Voy a casa a avisar a mi madre, os espero allí.

-Señorito Agreste -llamo Serena recobrando las formalidades -Gracias, por todo.

-Lo hago encantado, aunque desearía no tener que hacerlo. -el chico dio la vuelta y marchó mientras la mujer iba a reunirse con el resto de su familia por última vez en mucho tiempo, no se imaginaban cuánto.

En el piso de arriba, Sabine guardaba todas las pertenencias de su hija en una gran bolsa de cuero mientras esta permanecía sentada en la cama terminando de serenarse.

-Cariño- dijo cuando termino tomando asiento junto a su hija -hay algo que quiero darte antes de marcharte.

Sabine se quitó el anillo de rubíes y se lo puso en la mano de su hija.

-¡No mamá! ¡Es tuyo! ¡Es el símbolo de tu amor y el de papá! -exclamó Marinette.

-No cariño. Tu eres el símbolo de nuestro amor y mi tesoro más preciado. Además, tu padre dijo que te lo diese si necesitabas protección. -dijo cerrando la mano de su hija en torno al anillo. -¿Sabes que cuando le conocí esto era un tatuaje como un brazalete en su brazo? -Marinette le miró sorprendida -Lo transformó en un anillo delante de mis ojos. Dijo que si te concentrabas un poco tu también podrías esconderlo como un dibujo de tu cuerpo. -la chica dirigió la vista hacia su mano. -Inténtalo. Concentrado.

Marinette cerró sus ojos e imagino que el anillo se transformaba en un hermoso brazalete con las tres piedras adornando su contorno y que ese brazalete se dibujaba en su brazo como un tatuaje. Sintió un calor agradable por todo el cuerpo que se concentraba en su mano y luego, lentamente se trasladaba a la parte superior de su brazo derecho hasta desaparecer.

Al abrir los ojos abrió su mano y estaba vacía. Su madre miraba a su brazo derecho y Marinette hizo lo propio. Allí estaba el tatuaje que había visualizado. Estaba sorprendida y un poco asustada, pero la sonrisa de su madre hizo que ese sentimiento desapareciese.

-Tu padre te ha protegido mi vida, y creo que con esto siempre lo hará.

Ambas se fundieron en un dulce abrazo.

-Es hora cariño.

En el piso de abajo, Serena esperaba paseándose como un animal enjaulado, estaba nerviosa, asustada y triste. Nerviosa por la situación, asustada porque esos tipos tomasen represalias contra ellas o su sobrina y triste por ver marcharse a la niña a la que había ayudado a criar. Al final no había subido, pues era un momento madre e hija, aunque Marinette era como una hija para ella.

-¡Ya era hora! -exclamó viéndolas aparecer- Pequeña no olvides que te quiero mucho. Y no des mucha guerra, pórtate bien y… y… cuídate mucho- dijo rompiendo en llanto y abrazando a Marinette.

-Lo haré tía. Yo también te quiero mucho y te mandaré cartas por mamá.

-Las esperaré con ansia.

Pararon un coche al que subieron madre e hija y partieron hacia la casa de los Agreste en París.

Entre tanto Adrien había llegado a su casa y le contaba a su madre parte de lo ocurrido, pero dando una versión distinta de los hechos. Le dijo que unos hombres han intentado abusar de Marinette, pero que ella había escapado tirándoles hielo del suelo a la cara, pero les había herido en el proceso y temía que esos sujetos adinerados tomasen la revancha contra ella.

Su madre se escandalizó porque alguien intentase propasarse con una jovencita que además aún era prácticamente una niña, le resultó enfermizo y accedió rápidamente a acoger a Marinette bajo su ala como su segunda ayudante de cámara y costurera personal, al fin y al cabo, como duquesa de Agreste gozaba de una buena posición y de solvencia económica y no le sería difícil convencer a su marido que ya había visto a la chica por casa, aunque nunca había reparado en ella igual que no reparaba en el resto de los criados, por lo que cuando Marinette y su madre llegaron a casa ya estaba todo solucionado.

El mayordomo acompañó a las mujeres al que sería el cuarto de la chica. Estaba un poco sucio, pero ella misma podría solucionarlo con ayuda de otra de las sirvientas, tras dar esa información el hombre se marchó dejando intimidad a madre e hija, quienes sentadas en el colchón se abrazaban.

-Vas a estar bien, cariño, estoy segura de que Adrien cuidará de ti. -decía Sabine.

-Lo sé mamá. Sólo que aún me dura el susto. -dijo la chica.

-Es normal cariño, no es una fácil situación, pero recuerda que tu padre y yo te queremos y te protegemos –dijo apoyando la mano en el brazo donde su hija ahora llevaba un tatuaje en forma de brazalete similar al anillo que ella había lucido tantos años. El padre de Marinette había sido alguien realmente especial.

Ambas se sonrieron y tras ayudar a su hija a deshacer el bolso y hacer la cama, Sabine tubo que marcharse a su casa, prometiendo volver el miércoles siguiente por la noche que era el día de visita.

Esa noche Adrien se coló en el dormitorio de Marinette tras la cena mientras todos estaban ocupados y allí la esperó.

-Hola princesa. -susurro cuando la chica entró.

-Adrien -dijo la chica cerrando la puerta a toda prisa y lanzándose a los brazos del chico.

-¿Qué tal estás? -preguntó el chico.

-Bien, sabes que no es la primera vez que hago este trabajo.

-No me refiero a eso Mari -susurra tomando la mano de la chica y acariciando el dorso de su mano con el pulgar. ¿Marinette siempre había tenido esas pequitas tan adorables por su nariz? -Me asusté mucho cuando te vi así sabes. No sabía que hacer para ayudarte. -y cuando le contó lo que había pasado se sintió impotente y rabioso. Ella había estado en peligro y él no había estado ahí.

-Me has puesto a salvo y necesitaba que me abrazasen, sentirme segura, y tú lo conseguiste. -responde apoyándose en su hombro.

-Siempre estaré para abrazarte -contesta envolviéndola entre sus brazos.

-No se lo digas a las palomitas que te rondan o tendré problemas -ríe Mari, aunque lo cierto es que ni Cloe ni Lila le caían bien. No le gustaba como le rondaban a Adrien ni sus sucias jugarretas. -¿Me tararearías algo?

-Lo que mi princesa ordene. -con el suave tarareo la muchacha se quedó dormida y el chico le acompaño poco después al mundo de los sueños.

Con el pasar de los meses esos sentimientos de protección, el cariño, el respeto y la admiración que siempre estado ahí se fueron intensificando con el tiempo y la convivencia, tomando una connotación a la que sólo le pudo dar un nombre: amor.

Un dulce y tierno primer amor que ninguno de ellos temía expresar por miedo a perder algo muy importante, su amistad.

Un momento muy duro y muy hermoso para Marinette fue en Navidad, cuando los Agreste invitaron a algunos de sus distinguidos amigos para celebrar las fiestas y Lila y Chloe trataban constantemente de arrinconar a Adrien bajo el muérdago y el chico no paraba de esquivarlas hábil y elegantemente . Ya estaba estresada viendo la situación y llevando bandejas con copas y aperitivos para los invitados cuando notó un empujón por la espalda. El impulso fue brutal, ella acabo tirada en el suelo cuan larga era, la cristalería en el suelo echa añicos y el contenido de las copas y los platos…

-¡Aaaahhh! -encima de la señorita Rossi. -¡Adrien! ¡Señores Agreste! ¡Miren lo que me ha hecho esta criada! ¡Seguro que esta confabulada con Chloe para hacerme quedar mal! ¡Me odia! ¡Y seguro que esta sirvienta también!

-Señorita Dupain ¿Puede explicarse? -preguntó el señor Agreste con una mirada muy seria y un tono cortante.

-Yo he sentido un empujón y… -decía Marinette asustada desde su precaria posición en el suelo.

-¡Está mintiendo! ¡Seguro que me lo has tirado encima aposta!

-¡No! ¡Le juro que no miento! He notado que alguien me empujaba por detrás y…

-Me odias embustera .

-Lila -dijo Adrien interviniendo -si no te importa yo me encargaré de la señorita Dupain y luego hablaré con mis padres. -Dijo serio. -Acompáñeme .

Marinette fue tras Adrien con la mirada fija en el suelo y aguantándose las lágrimas, ¿Cómo podía Adrien hacer esto? ¿No confiaba en ella? Llegaron al despacho del señor Agreste y tras entrar Adrien cerró la puerta con cerrojo.

-Pufff menos mal que tengo un descanso. A quien te haya empujado tengo que darle las gracias. -dice Adrien.

-¿Cómo? -pregunta Marinette estupefacta.

-Has dicho que te han empujado ¿no? Pues quien sea que lo haya hecho me ha dado una excusa estupenda para escaparme un rato de ese incordio de fiesta y de esos dos pelmas. Chloe me cae medio bien, pero a Lila no la aguanto. Lo único que lamento es que hayas acabado en el suelo. -dice acercándose y abrazándola.

-¿Entonces me crees? -pregunta Mari entre sus brazos.

-Claro que te creo. Si dices que te han empujado, te han empujado. No sería la primera vez que hacen una jugarreta a la servidumbre para ser el centro de atención. ¿No te acuerdas de lo de Mirelle?

-Si.

-Pues desde entonces me he fijado y Chloe y Lila hacen mucho ese tipo de cosas. -dice Adrien mirándola a los ojos- ¿Pensabas que le había creído? -pregunta sorprendido.

-Parecías tan serio y hasta enfadado. No te había visto así desde que te conocí cuando éramos niños. -Dados Marinette avergonzada.

-Y desde entonces he aprendido que eres uno de los seres más buenos, dulces y justos de este mundo Marinette -dice con los ojos fijos en los de la muchacha que le miraba con los ojos un poco aguados y la boca temblorosa de retener sus lágrimas . -Confío en ti con los ojos cerrados princesa -susurra abrazándola y dominando un impulso de besarla nacido de lo más hondo de sus entrañas. En su lugar besó su frente y apoyó su mejilla sobre la cabeza de la chica.

-Gracias Adrien. Tu confianza es muy valiosa para mí, y perdóname por dudar, te confiaría mi vida y lo sabes, en realidad ya lo he hecho, pero vi tu furia…

-Por pensar que te hubiesen hecho daño, pero en el camino vi que no era así. ¿Verdad?

-Estoy bien.

-Te quiero mucho princesa.

-Y yo a ti, mi príncipe. -Marinette había sentido el momento de electricidad y pensó que Adrien iba a besarla y de hecho no le habría importado, pero se había decepcionado porque no fue así.

Desde ese día parecía que cada uno giraba alrededor del otro. Se buscaban con la mirada, se observaban de lejos, se abrazaban con más frecuencia, Marinette lo acepto en abril y Adrien en mayo. Se enamorado, pero ninguno reunía el valor para decírselo al otro.

El verano pasó con visitas ocasionales de algunos de los chicos y chicas del grupo a Mari y dejando patente un hecho. Alguien quería meterle bajo las narices a Adrien a las señoritas, Rossi, Bourgoise y se unieron también Boreal y Volpine, quienes pasaron varias semanas del verano en casa Agreste, para gran disgusto de Marinette y Adrien.

Al chico le hacía gracia ver como Marinette hinchaba las mejillas o fruncía el ceño cada vez que una de ellas se le acercaba de más, pero luego obtenía su justo pago cuando Luka iba a visitarle y obsequiaba una flor a Marinette que esta recibía con una sonrisa .

En septiembre se acercaba el día del 14 cumpleaños de Adrien y la casa era un hervidero de actividad preparando la fiesta de cumpleaños. El más pasivo era Adrien quien no tenía ningún interés en la fiesta. No podía venir ninguno de sus verdaderos amigos, si excluíamos a sus dos primos, Felix y Enrique, quienes si vendrían, pero los de la calle no podrían entrar ya la única que estaba allí trabajo intentado hacerla trabajar, pero tras ver cómo eran Lila y Chloe con ella tras descubrir que no había echado, le dicho que no pensaba permitir que Mari ayudase esa noche, por lo que Emily se inventó una costura abierta y una rasgadura para que la chica tuviese otro quehacer esa noche.

El 1 de octubre era la víspera del cumpleaños de Adrien y sus primos y tíos llegaron para alojarse en casa del homenajeado desde la víspera, por lo que Adrien estaba contento a la vez que molesto. Sus primos han llegado y pasaban mucho tiempo juntos, sobre todo con Enrique, que a pesar de tener dos años más que él le dedicaba atención y tiempo, además era un bromista que no tenía miedo de anteponer sus deseos a su posición, Adrien le admiraba , pero no se sintió con el valor de hacer eso.

-Dentro de poco las mujeres comenzarán a buscar tus favores primo, y te perseguirán sus madres -le dijo Enrique sentados en el jardín de la casa.

-Me temo que ya lo hacen -bufa Adrien de mal humor.

-Pues a partir de ahora ándate con ojo de quedarte con ninguna a solas o te obligarán a ir al altar, y créeme, sé por experiencia que un matrimonio por conveniencia o por obligación no hace feliz a nadie. Lo veo todos los días en mis padres. -suspira malhumorado mirando al grupo de adultos y Felix. -Envidio a tus padres, sabes, se casarón por amor. Me gustaría poder hacerlo.

-A mí también. -suspira Adrien.

-Pero tu puedes.

-Quizá algún día, aunque, quien sabe. -mira al infinito pensando en su futuro. -si no es por amor no lo haré.

-¿Eres un romántico? -se burla Enrique.

-Puede ser, al fin y al cabo lo he visto desde niño… y tengo un primo que también lo es. -dice quitando hierro al asunto. Ambos se ríen.

-En ese caso, te deseo suerte.

-Lo mismo te digo.

Al día siguiente la casa era un hervidero de ir y venir de gente ultimando los preparativos, cocinado y recibiendo a los invitados, de criados y sirvientas arreglando a sus damas, señores y señoritos.

Por la noche el salón estaba lleno, lucían velas por todos los lados y la comía estaba servida junto a las paredes, la orquesta tocaba y los invitados con sus trajes de mil colores deslumbraban por el lugar. Adrien tubo que dar las gracias a su primo ya que su presencia había acaparado la atención de casi todas las féminas del lugar.

-Considéralo mi regalo de cumpleaños. -dijo Enrique.

Cuando la fiesta acabó eran las dos de la mañana y aunque para los adultos era temprano, los jóvenes, en especial las señoritas debían regresar a su casa a dormir, por lo que todos se recogieron. La casa no tardó en quedarse en silencio con sus habitantes dormidos, menos el señorito del lugar que se escurrió por los pasillos hasta llegar al jardín y alejarse de la casa llegando hasta el riachuelo que atravesaba la finca.

Allí le esperaba la única que aun no le había felicitado por su decimocuarto cumpleaños, con el pelo suelto en melenita, y un bonito abrigo negro con ribete blanco en los puños que cubría vestido azul de su cumpleaños.

-¿Cómo voy a dejar de llamarte princesa si pareces una?

-Adrien -dice Mari sonriendo y negando con la cabeza para ir a abrazar a sus amigo -feliz 14 cumpleaños. -Toma -dice tendiéndole un chaleco de seda negro ribeteado en un hilo verde muy similar al de los ojos del chico. -¿No te gusta? -pregunta al ver que el chico se había quedado mirando la prenda pero no decía nada.

-Es precioso Mari, pero no quiero este regalo, porque me gustaría pedirte otro. -dice mirándole seriamente. -Marinette nunca he besado a una chica.

-Lo sé.

-¿Lo sabes?

-Bueno si hubiesen sido cualquiera de las que te asedian lo habrían gritado a los cuatro vientos. -se defiende la chica provocando las carcajadas del rubio.

-Para desgracia mía, así que puedo jurarte que jamás recibirán nada mío más que lo que la cortesía me obligue -reía el chico. -Ahora en serio, princesa, me gustaría saber si podría darte mi primer beso -dijo el chico recuperando la seriedad.

-¿Por qué no lo voy a ir pregonando a los cuatro vientos? -pregunta la chica un poco ofendida.

-No princesa. -responde Adrien acercándose hasta dejar la distancia al límite -Porque me gustaría que fuera con alguien especial e importante para mi y me gustaría que yo también le importase un poco y creo que no hay nadie que cumpla con esos parámetros mejor que tú. -dice en un susurro. -Pero también es tú primer beso, así que lo entenderé si me dices que no.

Marinette se quedó extasiada con la respuesta y conteniendo la respiración de la impresión. Adrien, su Adrien quería besarla, a ella y no porque no podría sacarle nada, sino porque ella es especial para él.

-Sí, Adrien -responde en un susurro contenido.

-¿Si? -pregunta el chico tímido y sorprendido.

La chica asiente con la cabeza el permaneció sin palabras. Adrien acaricia su cara suavemente con una mano para acercarla hacia él y ella pone una mano tímidamente sobre su hombro, borrando ambos poco a poco la distancia entre sus labios hasta hacerla desaparecer, acariciándose con torpeza, pero con dulzura y el inmenso afecto que existía entre ambos.

Al poco tiempo separan sus labios, pero el apoya su frente contra la de Marinette ambos con sus ojos cerrados.

-Sabes -dice Marinette- el mes que viene es mi cumpleaños.

-Lo sé. -susurra el chico abriendo los ojos para mirar a su chica adorada.

-Ya no puedo pedirte el regalo que yo quería, pero me gustaría pedirte uno nuevo.

-¿Por qué? -pregunta Adrien angustiado -Esto no cambia que puedas confiar en mí y pedirme lo que sea. -dados abracándola por la cintura flexible. Ella apoya su cabeza en el pecho del chico y contesta.

-Porque te iba a pedir mi primer beso y ese ya lo he dado, así que querría que me dieses el segúndo. -dice Marinette sonrojándose.

El corazón de Adrien comenzó a latir desbocado en su pecho ¿Podría tener esa suerte? ¿Podría Marinette quererle también?

-Sera un honor para mi cumplir tu deseo princesa. -dijo tirando de la cintura de Marinette para acercarla más a él y nuevamente y con delicadeza posar sus labios sobre los de ella, seguía siendo suave, pero un poco más firme y confiado. ¿De verdad podría ella quererle?

Marinette puso sus manos sobre sus hombros y subió hasta la nuca donde enredaba los dedos entre los mechones rubios.

-Te quiero -dijo Adrien según separo sus labios de los de ella -Sé que no está bien, que quizás tu no sientas lo mismo, que mi familia estará en contra, que la tuya estará en contra, que la sociedad estará en contra, que será difícil pero si me das…

-Yo también te quiero -le cortó Marintette en una lacrimosa sonrisa de felicidad -Y sé todo lo que has dicho, pero si tu estás dispuesto a intentarlo yo también.

-Lo estoy mi vida.

-No me llames eso. He oído a hombres llamar así a mil mujeres, prefiero ser tu princesa pobre.

-Mi princesa guasona -dijo volviendo a besarla -Podría volverme adicto a esto -dijo con una sonrisa.

-Yo también. -dijo acariciando el dorso de la mano de Adrien que descansaba en su cara.

Desde ese día los momentos robados abundaban, por los pasillos, mientras se servía la comida, o ella limpiaba algo en el jardín o en su lugar especial. Se buscaban y se encontraban, se sonreían.

No tardará en llegar las fiestas invernales. Los Agreste iban de fiesta en fiesta de la alta sociedad, pero al ser Adrien todavía muy joven se quedaba en casa, lo cual a el no le importaba porque eran los momentos que aprovechaba para estar con su princesa. Ambos celebraron juntos la entrada del año nuevo con un beso cerca del fuego mientras miraban las estrellas.

Entre esos momentos robados llegaron la primavera, y muchas familias se fueron al campo, encabezados por la familia real, que partió hacia su residencia en el sur, pero los Agreste aún permanecieron en la ciudad.

Marinette y Adrien estaban una tarde en el jardín escondido bajo un árbol sin hacer nada.

-¿Sabes que Luka va a marcharse con unos trovadores locales? - preguntó Marinette

-No tenía ni idea. ¿Cómo te has enterado?

-Me encontré ayer con él, Alya y Nino en el mercado y me acompañaron a casa. Me dieron recuerdos para ti.

-Hace mucho que no les veo

-Yo aun más, me alegré mucho de ver a mi vieja amiga -contestó la chica un poco triste.

-Yo creo que en breves podrás salir de casa sin peligro- dijo Adrien tomando la mano de la chica y depositando un beso en ella.

-Intentaré despedirme de Luka antes de que se vaya, tardaremos en volver a verle.

-Podrías haberte ido con él -dijo Adrien un poco celoso.

-Me gustaría viajar, no te voy a mentir, pero lo de que fuese con un trovador no lo tengo claro -responde Marinette con ánimos de picar al chico.

-En cuanto tengamos 16 nos iremos -dijo Adrien. Llevaban muchos meses con su princesa y nunca había sido tan feliz. No la dejaría escapar por nada y mucho menos por un título. -Trabajaré de algo, de lo que sea y te mantendré.

-¿Tú? Nos moriríamos de hambre en dos meses. -ríe Marinette- De eso nada, yo volveré a trabajar de modista. Además, lo echo de menos.

-Si estoy contigo como si tengo que limpiar orinales. -dice besando el tope de la cabeza de mari. Se encontraban en los jardines de la casa en un rincón escondido.

-Serías infeliz, y no quiero verte así.

-Me adaptaré.

Ellos creían ser discretos, pero una sombra les escuchaba atenta, estupefacta y furiosa por todo lo oído. Pero eso no podía quedar así, nadie la despreciaba a ella, ella sólo se conformaba con lo mejor y lo obtendría.

Pasaron unos días felices para la pareja, viviendo su amor en secreto, pero llegó la hora de partir hacia la residencia los Agreste en el campo, solo que hubo un cambio de planes.

-¿A Dordoña? ¿Qué vamos a hacer en Dordogne querido? -pregunta la duquesa ante el cambio de planes.

-Tengo unos asuntos que resolver con mi primo y algunos negocios, además creo que Adrien disfrutará de pasar algo más de tiempo con Enrique. Os lleváis muy bien ¿no hijo? No es el mar pero el rio es esplendido.

-Si padre, siempre me lo paso bien si el primo Enrique anda cerca.

-Pues está decidido. Partiré en dos días con algunos de los sirvientes hacia el castillo para ir ordenando nuestras cosas y otros irán a la casa Agreste para ocuparse de que todo esté listo para cuando vayamos allí. Ya he pedido a August ya Nathalie que seleccionen al personal para cada tarea.

-Vaya cariño, me has quitado muchos quebraderos de cabeza. -dice la duquesa con una sonrisa.

-No es nada querida. Quería ahorrarte las molestias que esto supondría para ti.

-Gracias.

Tres días más tarde el duque Agreste junto con varios sirvientes entre los que se encontró Marinette partieron hacia el sur. Adrien pensó en como hacer cambiar de idea a su padre sobre ella, pero con tampoco tiempo no tubo.

Dos días más tarde llegaron a Dordogne y rápidamente se pusieron a coordinarse para preparar todo para la llegada de la duquesa y su hijo, así como para hacer la estancia del duque aceptable en el menor tiempo posible.

Era el segundo día que estaba allí y Marinette se encantaba en la que sería la alcoba de la duquesa planchando y guardando sus vestidos cuando Nathalie fue a buscarle para que le ayudase a servir al señor Agreste y a un hombre de negocios que había ido a verle. Entró a la estancia con una bandeja de coñac en las manos y dos vasos sin percatarse en como la puerta se cerraba con pestillo a su espalda.

-¿Qué le parece señor le Pieux? Es fuerte, ágil y muy diligente. -dijo el duque. Debían estar hablando de un caballo.

-Desde luego. Creo que podemos cerrar el trato. ¿Su hijo no lamentará deshacerse de semejante criatura? -preguntó un hombre de aspecto desagradable. Se parecía mucho a una rata.

-Sí, él mismo me lo lleva implorando días. Es un lio en el que se ha metido y que no sabe cómo deshacerse. -. Aquello era raro, no veía a Adrien deshaciéndose de Noir, adoraba a ese caballo.

-Son una delicia para la vista y es agradable empezar a experimentar, pero a esa edad no suelen saber cómo salir del atolladero en el que se meten.

-Ya me he dado cuenta. Y encima le hizo promesas estúpidas como escaparse para vivir juntos, mantenerla y bobadas que ahora se arrepiente y no sabe cómo eludir.

-Están hablando de mí. -pensó Marinette, lo sabe.

-Así pues señorita Dupain usted partirá ahora mismo con este caballero a su nuevo trabajo y ni mi familia ni yo volveremos a saber de usted. He sido muy gentil en buscarle una nueva colocación a petición de mi hijo. Tenía remordimientos por querer sacarla de su vista y me pidió esto.

-No mi señor, por favor, déjeme irme -dijo Marinette poniéndose de rodillas en el suelo y suplicando. -Tengo amigos, familia, me marcharé de aquí, se lo juro.

-¿Dónde iba a ir? ¿A algún sitio donde exponer a mi hijo? Lamento comunicarle que al no ser usted una señorita, las licencias que ha tenido mi hijo para con usted no están muy mal vistas en la sociedad. La única perjudicada ha sido usted que se ha degradado a la condición de ramera y aun así en vez de echarla directamente a la calle, mi hijo ha apelado a mi compasión para buscarle una ubicación, y ahora siga al señor le Pieux y desaparezca de mi vista.

-Señor, tengo un amigo. Es trovador. Me marcharé con él y no me volverá a ver.

-Llévensela. -ordenó a dos hombres que estaban en una esquina. Quienes la sujetaron y la arrastraron por el pasillo oculto del servicio.

-Un placer hacer negocios con usted, mi señor. -saludó le Pieux siguiendo a sus hombres con su nueva diversión.

Finalmente tuvieron que atar y amordazar a Marinette para llevarla al castillo de Combrand. La llevaron a una habitación en el primer piso, era grande, de mobiliario escaso y viejo. Lo único que era nuevo y de muy buena calidad era la cama y las sabanas, demasiado buena para una simple criada.

A la hora de cenar introdujeron una bandeja con algo de comida por debajo de la mesa. Aunque el fuego ardía, tenía frio y sólo pensar en comida le provocaba nauseas. Sólo se había sentido así en una ocasión y había tenido a Adrien para sostenerla, pero ahora estaba sola, y lo que era peor, Adrien le había metido en esa situación, se lo había pedido a su padre, él sabía todo, todas las promesas , todos los sueños, absurdos o no los sabía. Por eso no se había esforzado más para que había sido con él en el segundo turno, porque él lo había pedido. Empezó a llorar, a llorar desconsolada y sin saber que hacer para huir de ahí.

-Aquí está mi nueva adquisición -dijo el hombre rata entrando por la puerta. -Preciosa para el largo viaje sufrido, pero no se preocupe, me aseguraré de que esté cómoda. -añadió aproximándose a mí. Retrocedí, hasta topar con la pared. –No se preocupe, la trataré bien. -era idiota, había estado lamentando mi suerte y no había soltado mis manos para defenderme, cosa de la que ese depravado también se percató para mi desgracia. -¿Le gusta jugar duro? Es perfecto, a mí también. -Me agarró las manos y de un fuerte tirón las puso por encima de mi cabeza.

Yo empecé a notar calor, no podía concentrarme pero esperaba que mi padre o lo que fuera que me protegió en la ocasión anterior hiciese un milagro y volviese a aparecer.

-No sea tímida. No me importa que sea mercancía a medio usar por el niñato Agreste. -dijo mientras me olía el cuello, el calor comenzaba a ser agobiante, al igual que mi pánico. -Yo te mostraré lo que es un hombre de verdad.

-¡Aaaahhhh! -grité sintiendo un calor agradable rodearme e invadir todo a mi alrededor. De lejos oí un chillido de la rata que me soltó las muñecas haciendo que cállese al suelo. El calor se fue extinguiendo poco a poco.

Cuando abrí los ojos estaba en el suelo ví esos ojos de rata mirandome entre aterrado y admirado, parte de mi ropa estaba calcinada y parte de la suya también. En esta ocasión mi cuerpo se había envuelto en llamas. Ese hombre no iba a tocarme, pero lo intentó, durante los siguientes meses lo intentaba dos veces a la semana y yo reduje a jirones todas las telas que me rodeaban para evitar que viese mi desnudez, pues lo malo de las llamas es que poco a poco convertido mi escaso guardarropa en cenizas. Cada vez acudían a mi de forma más intensa y prolongada. Aparecían desde que ese asqueroso ser intentaba tocarme y no desaparecieron hasta que abandonaba la habitación. Él en venganza había ido cortándome el pelo en los breves instantes en los que podía ponerme la mano encima, por venganza, ahora mi pelo etaba casi a ras de cabeza.

Los días se hacían más largos y luego más cortos, la primavera había pasado y después el verano, ya estábamos en otoño por el color de algunos árboles. ¿Qué sería de mi madre y mi tía? ¿Qué explicación les habría dado Adrien? En él no pensaba, me había traicionado de la peor manera posible, pero mi madre, mi tía, mis amigos… no volvería a verlos por mi estupidez.

Oí pasos rápidos en el pasillo y se me escapó un sollozo. Ese hombre volvía a torturarme de nuevo. Pero cuando se abrió la puerta no entró ese abominable hombre, sino una chica de ojos verdes y pelo castaño rojizo, un poco sucia, pero quien era yo para juzgarla. Su respiración estaba muy agitada, como si estuviese corriendo.

-¿Qué quieres? -pregunté. Ya, visto lo visto, no me fiaba de nadie.

- Me estoy escapando. ¿Te vienes? -fueron palabras sencillas y rápidas acompañadas de una mano levantada que me mostraba la odiosa llave que conocía. La de los grilletes que llevaba desde hacía meses.

-Te acompaño. -no me fiaba, pero no tenía nada que perder.

Rápidamente me soltó y salió corriendo. Yo la seguí. -¿Tienes algún plan para salir de aquí?

-Improviso sobre la marcha.

Seguimos corriendo hasta salir por la puerta donde llegamos al patio. Por la puerta principal entraron unos hombres montados a caballo.

-Demonios -susurró la chica que se había quedado lívida. Miraba en todas direcciones. -Salta. -dijo mirando al acantilado.

-¿Perdona? -estaba loca.

-Son los hombres de rey. Salta. -y sin otra palabra se lanzó por el acantilado que daba al rio.

Mis opciones pasaron a toda velocidad por mi cabeza. Saltar y despeñarme o quedarme y que me devolviesen a ese hombre o peor, que me acusasen de brujería y me sometiesen a alguna tortura abominable. Me lancé al vacío tras la chica.

Mi sorpresa fue que el rio era profundo y tranquilo. Salí ilesa de mi salto, aunque el golpe inicial fue un poco doloroso, pero nada en comparación con estos meses. La chica castaña estaba unos metros más adelante.

-Déjate llevar por la corriente -me gritó y siguiendo su propio consejo se dejó llevar rio abajo sin ningún esfuerzo. La imité. Un rato más tarde llegamos a un vado y fuimos andando hasta un puerto fluvial donde robamos una barca con un emblema noble. No queríamos fastidiar a ninguno de los nuestros.

-Por cierto, -dijo la chica al cabo de un rato- me llamo Danielle. Con las prisas olvidé presentarme. -sonrió.

-Yo soy Marinette. Y gracias por salvarme, no te lo había agradecido. -sonreí un poco de vuelta.

-No es nada.

-¿Y se te ha ocurrido alguna cosa? Porque la verdad es que yo estoy sin ideas. -pregunté.

-Pues en el rio pensaba en seguir por la costa hacia algún sitio donde no me conozcan y empezar de cero. -me contestó -¿Tú de dónde eres?

-De Paris.

-Podría ser un lugar -comento pensativa. -¿Puedes volver a tu ciudad? -preguntó más curiosa que acusadora.

-Creo que sí. Allí tengo familia.

-Genial -pues rumbo a Paris.

Fin de flashback

-Pero nunca llegamos a Paris -concluyó Marinette.

-Unos días más tarde, ya en el mar nos topamos con una tormenta y la corriente nos llevó a la deriva mar adentro y estuvimos sin rumbo durante varios días. -explica Danielle

-Hasta que Johan nos encontró. Entonces nos informamos que estábamos bastante lejos del continente.

-Cuando le contamos lo que nos había pasado nos recomendó no volver por si nos estaban buscando. Nos sugirió traernos aquí y, aunque estábamos asustados, aceptamos.

Tras concluir el relato siguió un breve momento de pausa, silencio y reflexión. La mayoría de ellos pensaba en las traiciones y decepciones que han sufrido una de esas chicas y algunos de los vikingos, como Estoico o Astrid, admiraban que esas tres chicas de apariencia frágil se hubiesen atrevido a confiar su destino y sus vidas a unos rudos vikingos como eran ellos.

no vale querer matarme, he estado muy desaparecida, lo sé, pero en ningún momento dejo de escribir, lo que pasa es que estoy trabajando y estudiando a tiempo completo y mis horas de escritura se han reducido, pero seguiré con la historia y para compensar , este capítulo es el triple de largo que uno normal.

Vaya trago el de Marinette y Adrien. ¿Qué les habrá pasado para que tratasen así a Marinette? Si queréis saberlo dejadme algunos comentarios.

Besos a todos