Capítulo 17

Tras ese día todas progresaron rápidamente. Tras evaluar a las tres Astrid, Patapez y Estoico decidieron que podrían reducir los entrenamientos de las chicas a tres días por semana para que se dedicasen a otros quehaceres que también eran necesarios o en sus diferentes proyectos.

Esa noche Marinette y Ariel hicieron la prueba de tolerancia de los elementos, primero con la llama de una vela y un dedo, después probaron a acercar la mano entera a una antorcha y finalmente, con la emoción, las dos chicas se envalentonaron y antes de que nadie las detuviese Ariel y Marinette metieron medio cuerpo dentro de la chimenea, como resultado la sirena tuvo que apagarse a sí misma, ya que su camisa ardió, pero en ningún momento sintió dolor alguno, sólo una sensación de calor muy agradable.

En esos días Hipo mostró a su padre lo útil que era montar en dragones para desempeñar algunas tareas y Desdentao pagó las consecuencias durante un par de días hasta que las chicas le escondieron en su casa, concretamente en el cuarto de Ariel, para que Estoico no le encontrase y le tuviese trabajando todo el día. Aunque al gigantesco reptil, le encantaba que la pelirroja se acurrucase con él para dormir, extrañaba a Hipo, pero por suerte, Estoico se enlazó con un trueno tambor, al que llamó Tornado y Desdentao pudo volver con su jinete.

Tras esto, iba a tener otro acontecimiento en Mema, Cubo iba a proceder a realizar el retrato del jefe con su hijo y estaban todos un poco ansiosos por verlo. La pandilla estaba en el gran salón tomando cerveza de raíz dulce y observando a padre e hijo. Ambos lucían orgullosos, aunque Cubo estaba un poco desesperado. Cuando finalmente terminaron, todos juntos hicieron un recorrido por la galería de retratos de mientras les explicaban a las chicas cosas de los lideres que les precedieron, cuando de uno de los retratos cayó un pergamino del que Bocón se apoderó rápidamente.

-La gente perdió miembros e incluso su vida buscando ese tesoro. -aclara Bocón.

-Yo he oído hablar de eso- apunta Patapez, -El tesoro de Hammish primero. Se dice que sus pistas son tan complicadas que sólo una mente brillante podría descifrarlas.

Bocón les hablo de como él y Estoico intentaron encontrarlo y de cómo fracasaron, estando a punto de perderse en el proceso. Tras concluir se marchó llevándose el mapa con él. Aunque cuatro pares de ojos le siguieron con ojos golosos.

Esa noche, mientras dormían Marinette se sentía inspirada, y a la luz de la vela y de la luna que entraba por su ventana, sacó el regalo que le había dado su pelirroja amiga al poco de llegar a la isla, se las cedió ya que no había conseguido aprender, por mucho que lo había intentado, pero Marinette prometió a Ariel enseñarle cuando tuvieran tiempo libre.

Al día siguiente todos se reunieron a mediodía en el gran salón, Cubo tenía su retrato cubierto por una tela e Hipo y Estoico estaban orgullosos junto a él.

Todo el grupo estaba en primera fila esperando emocionados. Cuando Cubo retira la sabana se ve a Estoico con a mano sobre el hombro de un tipo musculoso, dos cabezas más alto que Hipo y que lo único que tenía en común con el maestro de dragones era el pelo castaño. La gente se lo tomó a guasa, a algunos incluso les gustaba, pero las tres chicas de pelo oscuro habían visto la expresión de la cara de Hipo al ver el retrato, el chico se había acercado al vikingo con el cubo en la cabeza, y habla con él, las tres chicas se acercaron para oír la parte final de la conversación.

-… más alto, más fuerte. -dice Estoico.

-Así debe ser el hijo de un jefe. -concluye Boñigo.

Hipo se aparta con el dolor y la tristeza escritas en el rostro, las chicas estaban consternadas. Dieron un fuerte abrazo a su amigo, Ariel abrazó tiempo extra a su hermano.

-Sabes que lo importante no es el físico, sino lo que está aquí -dice Ariel poniendo una mano sobre el corazón de su hermano.

-Ya, eso díselo a él -contesta Hipo soltándose de sus brazos, señalando con la cabeza a su padre y marchándose del Gran Salón.

Al bajar las escaleras vio a Astrid, quien le estaba esperando. Hipo se puso a quejarse de su situación, de que llevaba así toda la vida, de que lo acababa de pagar con quien no debía y de que no sabía que hacer para demostrar a su padre su valía. Por suerte o por desgracia, los gemelos, Patán y Patapez le iban a dar una sugerencia

Por su parte las chicas estaban sentadas en el gran comedor. Marinette les estaba mostrando lo que había hecho esa noche.

-Cogí las acuarelas que me regalaste Ari, y estuve haciendo yo también bocetos de dibujos y acuarelas de todos nosotros. Este quise terminarlo para enseñároslo hoy, pero con todo esto… no sé.

-Había dibujos a carboncillo de todos, en grupo, de los jinetes, de las tres, de algunos de los dragones con sus jinetes, pero el único a color destilaba cariño, camaradería y alegría entre ambos.

-¿Me lo puedo quedar? -pregunta Ariel.

-Era para Estoico, pero vale.

-No te preocupes, que lo va a recibir -responde la chica con un tono de voz que helaba la sangre y sus ojos eran del color del mar bravío. Su tristeza se había convertido en furia e iba a cantarle las cuarenta a alguien para soltarlo todo. Sus amigas nunca le habían visto en ese estado, pero empezaban a entender porqué decían que las sirenas eran criaturas terroríficas.

Ariel se levanta para dirigirse al sillón de aquel a quien había empezado a llamar padre unos meses atrás, pero él y Bocón ya no se encontraban ahí.

-Voy a buscarles -dice guardando el pergamino en su bolsa para protegerlo.

-Te acompañamos -dice Danielle, quien también había dejado atrás la tristeza para dejar paso al enfado.

Las tres se marcharon de la sala dejando un ligero reguero de hielo a su paso y la gente abriéndoles camino, la última vez que habían visto a la muchacha tan enfadada les amenazó a todos con miles de afiladas cuchillas de hielo.

Vieron a Tornado dirigirse hasta una playa y ahí fueron corriendo tanto como dieron sus fuerzas, benditos entrenamientos, allí encontraron a Bocón agachado con Estoico a su lado.

-Han estado aquí, yo diría que hace una hora. -dice Bocón.

-No entiendo como lo haces. ¿Cómo huele hace una hora Bocón?

-No tan fuerte como hace media hora.

-Mira, los chicos han debido encontrar algo ahí. -dice Estoico señalando un pedazo del glaciar soltándose y cayendo a tierra.

-¡A tí te quería yo ver!

Los dos hombretones se giraron para ver a las tres muchachas dirigirse hacia ellos.

-¿Ariel?

-¡Nada de Ariel! ¿Se puede saber que rayos te pasa en la cabeza? ¿O es en los ojos? ¡Explícame que te pasa para que no veas el magnífico hijo que tienes!

-¿De que estas hablando? -pregunta Estoico confundido y aunque jamás lo reconociese, un poco intimidado. Bocón por su parte disfrutaba del espectáculo, conociendo a Ariel esta bronca iba a ser épica y por las caras de Mari y Dani, tendrían que dar gracias de no estar ardiendo o en medio de un terremoto.

-¿De qué hablo? "Más alto, más fuerte, así debe ser el hijo de un jefe bla, bla bla" -dice Ariel poniendo voz burlona. -Creí que tras todo lo que hemos vivido te habrías dado cuenta de que lo importante en una persona no es el físico, la altura o la fuerza, sino lo que tiene aquí -dice la chica apuntándose a la cabeza -y aquí -clava su indie encima de donde estaba el corazón de Estoico. -Y a Hipo le sobran de ambos, ¿No te vale eso? Pues lo sentimos y nos incluyo porque ninguna de nosotras tenemos músculos como vosotros ni tenemos intención de tenerlos, pero ahora mismo considero que somos superiores a ti y a varios en la aldea. ¡Toma! -continúa lanzando su bolsa a la cara del vikingo -lo había hecho Marinette para ti, pero puedes pedir que lo arreglen y nos pongan músculos.

-Desde luego el pequeño Hipo nos supera con creces, y nosotros creyendo que somos os vikingos más grandes y fuertes. -dice Bocón mientras Estoico desenrolla la pintura en la que ve a Hipo riendo mirando hacia Ariel con afecto, quien le abrazaba por la espalda y también le miraba con cariño y complicidad. Una imagen que podría ver un día cualquiera, pero que ahí capturada, se veía preciosa. -Por cierto, por si aun no te has dado cuenta Estoico, Hipo está haciendo esta loca búsqueda del tesoro para demostrarte su valía.

Estoico se le veía desolado

-¿Qué tesoro? -pregunta Dani.

-Del que hablamos ayer.

-¿El qué muchos hombres habían buscado perdiendo miembros y casi la vida? -apunta Mari.

-Ese mismo. E Hipo y los demás acaban de liarla en el glacial.

-Si algo les ocurre a esa panda de ceporros se va a desatar una tormenta. -señala Ariel dirigiéndose a toda prisa al glacial seguida de los demás.

Al llegar, ella tocó el hielo y Dani la tierra.

-Han estado aquí, han golpeado y derretido el hielo, y han cogido algo, pero de repente han dejado de tocar el hielo. -describe Ariel.

-Han debido salir volando en los dragones porque no les detecto por tierra -señala Dani.

-Eso si que es un rastreo -dice Bocón, a modo de felicitación a las chicas.

-Sólo nos queda esperar que se posen para que pueda detectarlos. -dice Dani.

-¿Te quedas en ello? -pregunta Ariel.

-Por supuesto. -Dani se sentó con los ojos cerrados y las manos apoyadas en el suelo, concentrándose.

El resto esperaban en silencio, también sentados en el suelo o apoyados en las rocas o árboles.

Había pasado media hora cuando el silencio fue roto.

-Lo siento. -susurra Estoico a Mari y Ari. -No es excusa, pero durante muchos años era la imagen que tuve de como me hubiese gustado que hubiese sido Hipo. Estoy muy orgulloso de él, de lo que ha conseguido y en lo que se ha convertido. Marinette, has conseguido captar la esencia de mis dos chavales a la perfección y es un regalo precioso, muchas gracias.

-Perdón si me he excedido, pero has conseguido enfadarme muchísimo. -dice la pelirroja.

-Me lo creo. Desprendías la furia de una poderosa valkiria y tus amigas no se quedaban atrás. -dice con una sonrisilla que es correspondida por las chicas.

Tras otra media hora de silencio más distendido, por fin obtuvieron algo.

-¡Lo tengo! ¡En el bosque, justo a los pies de una montaña, acaban de aterrizar, seguro que son ellos!

-¡Subid a Tornado! Guíanos Danielle. -ruge Estoico.

No tardaron mucho en llegar a la zona señalada que indicaba Dani, donde vieron a los jinetes removiendo un montón de rocas.

-¡Tenemos que encontrarles! -decía Astrid.

-¿Encontrar a quién? -pregunta Estoico aterrizando. -Hijo. -susurra al darse cuenta quienes faltaban en el grupo.

Todos se lanzaron hacia las rocas y empezaron a moverlas como podían, los dragones, junto con Ariel y Danielle, movían las más grandes, y el resto las que podían según su fuerza.

-Danielle, intenta levantar varias a la vez. -dice Marinette.

-Nunca lo he intentado con algo tan grande -señala Danielle.

-Pues es el momento, y los demás seguid cavando, es mi hijo quien está ahí abajo.

Danielle se concentró y varias rocas comenzaron a moverse, la tierra tembló hundiéndose en parte.

-Eso no he sido yo. -dijo la chica con cara de susto.

Todos se dirigieron a la zona de hundimiento encontrando en el medio, entre los escombros y el polvo a Hipo y Desdentao ilesos.

-¡Hipo! -exclama Estoico corriendo hacia su hijo, seguido del resto del grupo, o de casi todos.

-¡Hola papá! -saluda yendo a su encuentro y siendo recibido por un abrazo de oso.

Tras mostrar el famoso tesoro, un pergamino con el retrato de un padre con su hijo enjuto, Patan señaló que eso no era un tesoro.

-Para un padre sí. Hijo yo nunca he pretendido pensaras, que tuvieses que hacer algo así.

-Lo sé papá, pero tenía que hacerlo por mí mismo.

Volvieron a abrazarse.

-Estoy muy orgulloso de ti hijo. Y no por esto, sino por como eres. Alguien me lo ha venido a recordar hoy muy preocupada, enfadada y a voces. Deberías ir con ella.

Hipo se dio la vuelta y vio que alejada del grupo estaba Ariel, de rodillas en el suelo y con la cabeza gacha. Hipo fue hacia ella y se arrodillo a su lado.

-Bueno, todo ha salido bien ¿no? -le pregunta a su hermana, pero en vez de contestarle esta lo agarra de la pechera y lo abraza mientras llora en su hombro.

-No vuelvas a hacerme esto jamás -decía entre hipidos y lágrimas. -ya me disté un susto con el muerte verde, no puedo perderos a ninguno, no puedo perder a nadie más, no puedo perder a un hermano más.

Hipo comprende el susto que le ha dado y el porqué de su llanto, le devuelve el abrazo y en un susurro contesta. -Te prometo no volver a hacerlo o llevarte conmigo, pero esta vez tenía que hacerlo sólo, tenía que demostrar…

-No tenías que demostrar nada. Los que te conocemos sabemos lo que vales.

-Es cierto, pero yo no me había dado cuenta. Me lo tenía que demostrar a mi mismo.

Tras esto todos volvieron a casa y colgaron un nuevo retrato con el verdadero Hipo en el Gran Salón, pero Ariel, Danielle, Estoico y Bocón conocían a la nueva dibujante de la aldea, y estaban ansiosos por ver sus futuros trabajos.