Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir y sus personajes son propiedad de Thomas Astruc y Zag Entertainment.
4
Cuando la desataron, Penny, se sintió entumecida por haber estado tanto rato en la misma posición y por la tensión de sus músculos cada vez que la arrastraban hasta el clímax. Había perdido parte de la vergüenza, aunque seguía sintiendo que no sabía cómo actuar en aquella dinámica para tres.
Desnudos y estirados en la cama acordaron que el baño de la habitación era de uso exclusivo para Penny y el del salón para ellos dos, a excepción de la ducha y el jacuzzi que compartirían cuando fuese necesario. Penny agradeció aquello, el poder tener un poco de privacidad en medio de aquel caos.
—He pedido la cena —declaró Jagged volviendo a entrar en la habitación después de la visita al baño—. No sé vosotros, pero yo me muero de hambre.
Penny miró el reloj digital de su habitación que marcaba casi las siete y media.
—Estoy hambrienta.
—Sí, yo también.
—Tardarán unos veinte minutos en traerlo, les he pedido que la dejen en el pasillo.
—¿Qué hacemos hasta entonces?
—No sé vosotros, pero yo necesito una ducha —susurró Penny.
—Una ducha —pronunció Jagged divertido—. Me gusta, ¿quieres ducharte, Alec?
—Me encantan las duchas.
De acuerdo, ducharse con su compañero de cama no era la primera vez que lo hacía, pero eran dos, era raro. Tanto como lo estaba siendo toda aquella tarde, pero no protestó. Se colaron juntos en el baño intercambiando besos hasta acabar dentro del enorme plato de ducha.
—Te hemos dejado hecha un desastre, toda sucia y pringosa —se lamentó Jagged regulando la temperatura del agua.
—No hagas un drama, Jagged —rió Alec—. No la he oído quejarse.
No lo había hecho, no era algo que le preocupase, no era nada que no pudiera resolverse de una manera rápida con una simple ducha. Jagged le sujetó la mano y dejó que el agua le cayera sobre la palma.
—¿Está bien así?
Penny asintió, ella era de agua más bien tirando a fría, pero el agua caliente ayudaría a que sus músculos se relajasen. Se amontonaron bajo el chorro de agua, compartiendo besos y caricias, lavando la piel ajena durante un buen rato.
Jagged también había pensado en las toallas, se había hecho con una cantidad extra del carro del servicio de habitaciones. A Penny la envolvió en su albornoz y le frotó el pelo con una de las toallas, le preguntó de nuevo si estaba bien y ella le aseguró que sí, que todo estaba bien mientras Alec se reía.
Una vez secos Jagged se deshizo de las toallas y colgó el albornoz de Penny, creando una nueva norma: nada de ropa hasta el martes por la tarde o a menos que fuese para abrirle la puerta a alguien. Alec se mostró encantado con la idea, a Penny, en cambio, la hizo sentir un poco incómoda el pensar en pasarse cuatro días completamente desnuda para todo, pero no protestó.
Jagged se asomó al pasillo, desnudo, y comprobó que su cena estaba allí, tiró del carrito.
—¿Mesa o sofá?
El sofá estaba cubierto también con una sábana, Penny supuso que lo había hecho cuando fue al baño, por si acababa formando parte del escenario del trío.
—La gente normal suele cenar en la mesa —declaró Alec.
—Yo suelo cenar en el sofá —murmuró Penny, en el sofá, medio tirada, medio desnuda, con una copa de vino, con música rock de fondo y un buen libro—. Claro que casi siempre ceno sola.
—Yo también suelo cenar en el sofá —confesó Jagged—. En calzoncillos, a veces con los calcetines puestos.
Penny soltó una carcajada, se lo podía imaginar perfectamente, con Fang a sus pies esperando a que le cayese algo delicioso.
—Teniendo la misma costumbre podríais cenar juntos. Está bien, sofá entonces.
No habían acordado nada, sin embargo, Penny descubrió que fuera lo que fuese que hicieran ella se quedaba entre los dos. Eso significaba que los tenía a ambos a su alcance y que ella lo estaba al de ellos.
—He pedido tres menús, vino y algo con chocolate para el postre —declaró Jagged levantando la tapa que cubría la comida.
Alec sacó un tema de conversación inocente con el que aderezar la cena. Todo estaba delicioso, tal vez el hecho de estar tan cansada y hambrienta ayudaba a que todo le pareciese excepcional. Penny evitó tomar demasiado vino por si se le subía a la cabeza y acababa KO y con resaca, pero devoró el postre con su exceso de chocolate, incluso el trozo que Jagged abandonó en su plato. A Penny le encantaba el chocolate y por eso lo había pedido aún sabiendo que sería incapaz de comérselo todo.
El rockero se levantó del sofá, apartando el carrito con delicadeza. Recogió su ropa arrugada del suelo y suspiró.
—¿Por qué te estás vistiendo?
Jagged miró a Alec enarcando una ceja como si fuese la pregunta más estúpida del mundo.
—Fang —murmuró Penny.
—Sí, Fang, tengo que darle la cena —declaró recuperando la camiseta amarilla del suelo—. Mañana por la noche vendrán a buscarlo, pero hasta entonces tengo que alimentarlo.
—¿En serio? ¿Qué come ese bicho?
—Carne cruda —contestó Penny.
La primera vez la había impresionado verlo con la boca abierta esperando a que el trozo de carne aterrizase en sus fauces. Cuando comía era el único momento en el que Fang parecía realmente un animal salvaje.
—Le encanta la de ternera. Volveré en un rato.
Penny miró con timidez a Alec una vez Jagged hubo cerrado la puerta, estaban desnudos en el sofá, pero no se sentía insegura con la situación a pesar de haber estado atada mientras jugaban a hacerla correrse con los juguetitos. Alec le propuso volver a la cama y ella aceptó siguiéndole de cerca con mirada clavada en su trasero. Alec tenía uno de que aquellos traseros firmes de machacarse en el gimnasio, Penny nunca se había fijado, y ahora deseaba haberlo mirado un poco más.
—¿Cómo lo llevas? —preguntó de golpe.
—¿El qué?
—Lo del trío.
—Es... raro, pero estoy bien.
—Hasta ahora la única que se ha divertido de verdad eres tú —farfulló dejándose caer en la cama con gesto dramático—. Qué envidia que me das.
—Claro, porque estar atada a una cama mientras hacéis lo que se os antoja conmigo, es el sueño de mi vida desde que era niña.
Alec soltó una carcajada sincera y la miró a los ojos.
—Era un juego de confianza. Estabas tan nerviosa al principio que pensaba que saldrías corriendo de la suite —declaró, con un gesto de la mano la invitó a tumbarse a su lado, cuando lo hizo la rodeó con el brazo con cariño—. Jagged quería demostrarte que podías confiar en nosotros, aunque no pudieras defenderte, también que te relajases y regalarte un poco de placer.
»No eres el tipo de persona que se ofrece a esto. Eres demasiado formal, incluso inocente.
Alec tenía razón, ella nunca habría pensado en participar en algo así. Ni en su fantasía sexual más descabellada entraba lo de un trío.
—Me has sorprendido y creo que Jagged ha logrado relajarse por fin. Es la primera vez que le veo tan comedido en un trío.
—¿No es tu primera vez con él?
—No. La primera no tuve ni tiempo de ponerme nervioso.
Ella le miró con curiosidad preguntándose si le contaría algo, porque ellos habían pactado no hablar jamás de lo que pasaba en su suite y lo lógico sería que las veces anteriores hubiera pasado lo mismo, sobre todo con la paranoia de Jagged por su vida privada.
—Fue hace tres años, cuando empezaste a llevar la carrera de Jagged.
—¿Vas a saltarte la norma de no hablar de ello?
Alec soltó una carcajada y le plantó un beso en la frente.
—Esa norma es la primera vez que la oigo, la ha puesto por ti y la pienso cumplir, así que puedes quedarte tranquila.
»¿Quieres que te lo explique?
—Sí, claro que sí.
—La gala de premios, cuando Jagged le hizo entrega a Clara del premio a artista revelación, estabas enferma, creo, porque no estabas por allí.
Penny recordaba aquel día. No estaba enferma, había tenido una bronca monumental con el tío con el que salía porque le dedicaba demasiado tiempo a Jagged y no estaba de humor para galas ni para nada. Se había dado un atracón de helado de chocolate mientras veía una película tonta de amores perfectos que superan cualquier obstáculo y lloraba como una cría.
—Como Jagged había apadrinado la carrera de Clara fuimos a celebrarlo. —Supiró divertido—. En realidad, aún no sé qué pintaba yo en aquella celebración, pero Clara me arrastraba arriba y abajo sin soltarme de la mano. Cerramos el bar. En serio, nunca me habían echado de un bar porque querían cerrar.
»A esos dos aún les quedaban ganas de fiesta, así que Clara nos invitó a su suite. Fui con ellos, no quería ser descortés con una chica preciosa y ¡bum!
Penny se incorporó y le miró a los ojos, Alec rió a carcajadas.
—De repente Clara va y poniéndome las bragas en la mano me suelta "¿quieres tocarme las tetas?" Y yo me quedé allí plantado con cara de "perdona, ¿qué? Creo que estoy colocado, tengo alucinaciones". —Penny se rió atrapada por el relato—. No tuve ni tiempo de abrir la boca antes de que nos metiera las manos en los pantalones a los dos.
—¿En serio?
—Lo único que tiene de inocente Clara es la apariencia. Nos hizo de todo, se dejó hacer de todo. Con uno, con el otro, con los dos a la vez, con los dos y un par de juguetes, juguetes por aquí, juguetes por allá... en serio, aún trato de asimilarlo.
—Debo de pareceros muy aburrida.
—No digas eso, no te hemos dejado hacer nada. Además, debo confesar que ver cómo te corres me parece lo más sexy que he visto en la vida.
—Ay, por Dios, que vergüenza.
—Pero tengo ganas de hacértelo, así que cuando Jagged vuelva espero que pasemos a la parte de los tres montándonoslo sin manías.
La puerta que separaba la habitación de la sala se abrió, Jagged entró y volvió a cerrarla.
—¿Os estabais divirtiendo sin mí?
—Penny me decía que quiere quitarte los pantalones.
La miró como si estuviese planteándose que pudiera ser cierto que lo hubiera dicho.
Podía hacerlo, por supuesto que podía hacerlo, ya no estaba atada al cabecero de la cama, podía abandonar los brazos de Alec, levantarse y desnudarle. Tomar la iniciativa.
Se levantó captando toda su atención, Penny inspiró hondo y se mordió el labio, se puso de puntillas y tiró de la camiseta amarilla hasta deshacerse de ella. Enredó la lengua con la de Jagged que le replicó recorriendo su espalda desnuda para detener ambas manos en su trasero, lo apretó haciéndola jadear. Penny rompió le beso, si seguía así él volvería a tomar el control de la situación y se dejaría arrastrar como una hoja por la corriente. Desabrochó el botón de los tejanos y bajó la cremallera, mordisqueando su cuello.
—Vale. De acuerdo, tú mandas —murmuró Jagged.
Escapó de sus manos y le bajó los pantalones de un tirón acompañándolos hasta el suelo. Esperaba encontrarse con los calzoncillos rojos, pero no llevaba nada debajo de los pantalones. Tiró de él hacia la cama y lo obligó a tumbarse en el centro entre los juguetes sexuales. Jagged la miró como si tratase de averiguar qué pretendía hacer mientras subía a la cama.
El dedo índice de Penny recorrió su vientre y paseó por su erección observando fascinada cómo se movía en respuesta. Durante su encuentro en el sofá le había tocado, algo cohibida no se había atrevido a más, hacía apenas una hora había podido sentirle en su boca, pero sin libertad para marcar el ritmo y la manera en la que ocurría. Ahora, pensaba demostrarle que ella también podía ser atrevida. Se acomodó entre sus piernas y paseó la lengua siguiendo el mismo camino que había recorrido su índice. Escuchó la respiración excitada de Jagged, lamió con esmero su glande y lo introdujo del todo en su boca.
—Dios, Penny —jadeó extasiado.
La mano de Alec recorrió su espalda desnuda provocándole un escalofrío, le dio un par de palmaditas en el culo.
—Levanta ese bonito trasero para mí.
Obedeció la petición de Alec, contoneando las caderas hasta dar con una posición en la que podía seguir degustando a Jagged con comodidad. Le oyó trastear a su alrededor quizás buscando algún juguete con el que volver a torturarla un poco, sin embargo, lo que sintió fueron sus dedos explorando sus profundidades. Movió las caderas siguiendo su ritmo excitada sin olvidar su tarea de aplicarse a fondo con la erección de Jagged, quería devolverle tanto placer como pudiera. Jadeó sorprendida deteniendo por un momento su tarea cuando Alec la penetró sin previo aviso de manera lenta y profunda.
—¿Te hago daño? —le preguntó quedándose quieto.
—No, sigue.
Se habían acabado las pausas y las concesiones, era un trío, no el parque de atracciones para su disfrute personal. Estaba allí para eso, para disfrutar de sexo sin compromiso con dos hombres que la ponían a cien.
—Sigue —repitió entrando de cabeza a la dinámica.
Además, Alec ya había dicho que quería tirársela, que quería que se lo montaran los tres a la vez, esperar que la avisase antes de penetrarla era absurdo y debería de haberlo esperado al adoptar aquella postura.
Jagged eyaculó en su boca sin tener tiempo para avisarla de que iba a ocurrir, tosió sorprendida. Alec continuó embistiéndola con fuerza, haciéndola jadear, mientras Jagged la sostenía entre sus brazos para que no perdiera el equilibrio.
Alec, sin aliento, se dejó caer en la cama cuando hubo acabado, Penny seguía entre los brazos de Jagged, la había dejado a medias, tanto decir que quería hacérselo y la había dejado a medias. Jagged sacó un condón de la caja y se lo puso con gesto preciso; la ayudó a sentarse sobre su erección, la dejó buscar una postura que le resultase cómoda y le regaló las riendas de la situación. Penny movió las caderas a su ritmo, disfrutando de las sensaciones, con libertad de movimientos. Jagged repartió besos por su cuello y la acompañó mientras se estremecía satisfecha.
—Buena chica —jadeó Jagged en su oído, acarició su pelo rizado, aún húmedo de la ducha—. Bienvenida al equipo.
Mientras Penny se daba una nueva ducha, Jagged y Alec cambiaron las sábanas de la cama. Salió desnuda y con la ayuda de Jagged se estiró entre ambos, recibió algunos besos de buenas noches y se quedó dormida casi al momento, agotada.
Penny abrió los ojos encontrándose con la cara de Jagged, contuvo la respiración desubicada por un momento, hasta que recordó que estaba en medio de aquella locura de regalo de cumpleaños para él, así que si se giraba se encontraría con Alec. Se incorporó y ahogó un quejido.
—Ay, por Dios —susurró.
Tenía agujetas. Tenía agujetas en sitios en los que no sabía que se podían tener. Le dolía todo, literalmente. Se levantó ahogando un quejido y se encerró en el baño, ¿una ducha caliente le sentaría bien? No lo sabía, pero la necesitaba. Abrió el grifo y se coló bajo el chorro de agua caliente.
—Dios mío, Penny, ¿en qué estabas pensando?
En que quería estar con Jagged. Era un modo retorcido de estarlo, de acuerdo, podría haber hecho las cosas de otra manera, podría haberse echado para atrás y proponerle estar los dos solos. Podría haber hecho esto. Podría haber hecho lo otro...
Cerró el grifo y se envolvió con el albornoz. Estaba agotada. Salió del baño, Jagged y Alec aún dormían, completamente desnudos sobre las sábanas que Jagged habían llevado hasta allí, era el segundo juego y aún estaban limpias, pero ¿cuánto tiempo estarían así?
Salió del cuarto y se aseguró de cerrar bien la puerta para no molestarlos. Descolgó el teléfono de la suite y se dejó caer en el sofá, medio derrumbada sobre el brazo, y esperó a que le contestaran; encargó desayuno para tres, uno continental, el suyo habitual con tostadas y el especial de Jagged con sus cereales en forma de cocodrilo que llevaban tanto azúcar que a Penny le empalagaba el simple hecho de mirarlos.
Miró la ropa de Alec tirada en el suelo, arrugada y solitaria, se levantó para recogerla y la dejó sobre una de las sillas ignorando la protesta de sus músculos. Si veían la ropa por el suelo sabrían que allí había algo que no era una reunión. Era una mujer adulta, pero le daba cierto corte que el servicio del hotel supiera que estaba acostándose con alguien. Era ridículo.
Los suaves toquecitos en la puerta la hicieron volver a levantarse del sofá, maldiciendo a aquellas agujetas que la estaban torturando de lo lindo. Abrió la puerta de la suite y le sonrió al chico del servicio de habitaciones.
—Buenos días, señorita Rolling.
—Buenos días.
—Traigo el desayuno para tres que pidió —murmuró el chico.
—Gracias Phillippe. El señor Stone y el señor Cataldi deben de estar a punto de llegar. Hazme un favor —musitó ofreciéndole un billete de diez euros—, dile a Josephine que puede hacer sus suites, pero que ya la avisaré yo cuando acabemos con la reunión, seguramente se alargará hasta el martes y ya sabes hasta qué punto puede ser paranoico el señor Stone. ¿Me harás ese favor?
—Claro que sí, señorita Rolling, pero ¿por qué no cuelga el cartel de "no molestar".
—Por que si viene Bob sabrá que nos hemos reunido sin contar con él, no queremos que sepa nada.
El chico asintió enérgicamente.
—Pediré abajo que digan que no están si viene.
—Gracias Phillippe, que tengas un buen día —musitó antes de tirar del carrito hacia adentro y cerrar la puerta.
Penny sintió como respiraban en su oído y la atrapaban en un abrazo estrecho antes de empujarla contra la puerta que acababa de cerrar.
—¿Gracias Phillippe? ¿Que tengas un buen día?
—Servicio de habitaciones —susurró ella con la mejilla pegada a la puerta—, es el que se encarga de nuestra planta por las mañanas.
—Por eso les caes bien, porque sabes sus nombres y les deseas que tengan un buen día.
Si Jagged se esforzase más sabría sus nombres también y no le tendrían aquel miedo infundado.
—Estás vestida, ¿por qué estás vestida?
—No estoy vestida, estoy desnuda, sólo llevo el albornoz —musitó relajada—. No iba a abrir la puerta completamente desnuda, ¿no?
—Estás vestida —repitió, le hizo darse la vuelta desabrochando el cinturón—. Está prohibido llevar ropa, chica mala. Si no te portas bien tendré que castigarte.
Rió mientras el albornoz se deslizaba por sus brazos y caía a sus pies.
—De acuerdo, nada de albornoces cuando la puerta ya esté cerrada, lo he entendido.
—Penny.
—¿Qué? —preguntó recibiendo besos cortos en los labios.
—Gracias por el regalo, eres maravillosa.
—No me des las gracias, soy un desastre. Seguro que te esperabas a una diosa del sexo y te has encontrado con una tonta vergonzosa.
Jagged sonrió, no iba a recordarle que le había suplicado que le hiciera el amor y que eso no era algo que hiciese una tonta vergonzosa.
—Hacerte perder la vergüenza es excitante —le susurró al oído—. Y me pone a mil oír como jadeas.
»Sólo necesitas soltarte y creo que vas por buen camino. No te fuerces, no tienes que cambiar tu ritmo ni por mí ni por nadie.
»Puedes hacer lo que sea, cualquier cosa que quieras.
—¿Cualquier cosa que quiera?
Jagged asintió.
—Menos vestirte.
Rió y rodeó sus hombros con los brazos. Quería besos, muchos besos, los de Jagged, sólo los suyos. Atrapada entre la puerta y él recibió sus besos con calma, envueltos en caricias suaves e inocentes.
—Penny, tengo que decirte algo importante.
—¿Qué es? —preguntó con curiosidad, viniendo de él podría ser cualquier locura.
—Penny, te...
—Buenos días. Si que sois madrugadores.
Jagged enterró la cara en su hombro y soltó un bufido molesto, podría haberse quedado dos malditos minutos más en la cama, tampoco pedía tanto.
—Quiero decir que de Penny me lo esperaba —continuó hablando mientras se dirigía hacia el baño—, pero de ti no, siempre he pensado que roncas hasta mediodía.
Alec cerró la puerta tras él dejándolos a solas de nuevo.
—Bien, vamos a desayunar —farfulló el rockero.
—Espera, ¿qué ibas a decirme?
—Da igual, en realidad no era tan importante, ya te lo diré.
Sin embargo, Jagged parecía muy molesto por no haber podido decirle lo que fuera. Él empujó el carrito hasta dejarlo frente al sofá y esperaron en silencio hasta que Alec acabó en el baño y regresó de la rápida ducha.
—Cenáis en el sofá, desayunáis en el sofá... sabéis que existen las mesas y las sillas, ¿verdad?
—Desayuna en la mesa si quieres —protestó Jagged—, nadie te obliga a hacerlo con nosotros.
—Veo que te levantas de mal humor —murmuró Alec dejándose caer al lado de Penny y besando sus labios—. Compadezco a la persona que tenga la desgracia de despertarse a tu lado algún día, si es que encuentras a alguien capaz de soportarte y seguirte el ritmo.
Penny dejó escapar una breve risita y se concentró en el desayuno, estaba hambrienta. Untó una de sus tostadas con queso y le echó miel por encima.
—¿Siempre comes tanto?
Le miró con la tostada a medio camino entre el plato y su boca.
—Alec, ¿qué clase de pregunta es esa? —se quejó Jagged.
—Sólo es curiosidad. Está tan delgada que pensaba que contaba hasta la última caloría que comía.
—Como según el hambre que tenga —contestó Penny—. Me dan igual las calorías, si me apetece me lo como y punto.
—Me gusta —murmuró el presentador—, la vida es demasiado corta para comer como un pajarito o contar calorías.
—Déjala comer tranquila.
—Si me parece genial —soltó Alec bebiendo zumo de naranja—. Pero lo tuyo no, esos cereales tienen azúcar a raudales, no es nada sano.
—Es mi problema, no el tuyo.
—Te saldrá barriga y las chicas dejarán de regalarte sus bragas.
Jagged soltó un bufido.
—¿Siempre eres tan tocapelotas por la mañana o estás empleándote a fondo por nosotros?
—Chicos, no os peléis, por favor.
—Sí, Jagged, no seas antipático, estás poniendo nerviosa a nuestra princesa.
—Alec —susurró Penny—, deja de provocarle.
Jagged le dedicó una sonrisa maliciosa por encima del hombro de Penny. Jagged 1 - Alec 0. Bien, de acuerdo, Penny siempre iba a ir en favor de Jagged, ¿porque le quería? ¿porque era su trabajo? Si se paraba a pensarlo no lo tenía claro. Sabía lo que Jagged sentía por ella, también que el que fuera tan diferente a las personas que solían revolotear a su alrededor era el factor decisivo. También que a ella le gustaba, al menos lo suficiente como para acostarse con él.
—Lo he pillado, no molestar al hombre de los cocodrilos mientras desayuna.
La conversación se movió hacia terreno seguro e impersonal, adornado con algún cotilleo de los que corrían por los pasillos de los estudios de televisión, hasta que Jagged recuperó su ropa para alimentar de nuevo a Fang.
Alec y Penny volvieron a la cama después de dejar el carrito en el pasillo desierto y lavarse los dientes.
Penny miró los juguetes perfectamente limpios, conectados a la corriente para que tuvieran las baterías a tope y después a Alec.
—¿Por qué son de tres colores? —la pregunta escapó de entre sus labios en un susurro.
—Porque somos tres —contestó Alec con naturalidad—. Los rosas son para ti, los azules supongo que para mí y los amarillos serán para Jagged, en caso de que los queramos usar.
Tenía sentido, era un modo de evitar infecciones.
—Oye, siento lo de anoche —musitó atrayéndola hacia sus labios—. Hice un papel lamentable contigo.
—No pasa nada.
Jagged se había encargado de acabar lo que él había dejado a medias, así que no se quejaba.
—Déjame demostrarte lo que puedo hacer.
Penny asintió con curiosidad. ¿Estaba bien hacerlo sin que Jagged estuviera por allí? Tal vez no, porque era un trío, porque era un regalo para él, pero le había dicho que podía hacer lo que quisiera. Los labios de Alec cortaron el hilo de sus pensamientos al robarle un beso apasionado, se dejó tumbar en la cama sin oponer resistencia, con el trasero al borde, las piernas separadas y la cara de Alec se enterró entre ellas. Sin las bragas por en medio se movió con libertad recorriendo con la lengua cada milímetro.
—Ay, Dios —jadeó cuando las agujetas la sorprendieron.
Alec soltó una risita sin abandonar su tarea, añadiendo sus dedos a aquel placentero juego hasta que arrancó el primer gemido de su garganta. La manera en que Penny respiraba le excitaba. Sacó un condón de la caja abierta y la observó mientras se lo ponía, las mejillas sonrojadas, los ojos entreabiertos brillando de excitación, el modo en que se mordía el dedo intentando controlar los sonidos que huían de su garganta.
Sujetó sus piernas por debajo de las rodillas obligándola a levantar las caderas del colchón. La penetró lentamente llegando hasta el fondo sin problemas, deleitándose con el gemido sostenido y su cara de placer. Se movió con precisión adelante y atrás, saliendo y volviendo a entrar, despacio y suave al principio, rápido y con fuerza después. Ignoró la puerta que se abría y a Jagged que entraba, concentrado en dejarla bien satisfecha esta vez. Penny se estremeció jadeando, con el puño cerrado con fuerza sobre la sábana, medio retorcida buscando aliento.
Jagged se desvistió en silencio, dejando que se recuperase antes de sentarse a su lado en la cama. Le miró avergonzada como si acabase de cometer un pecado mortal por haberse dejado llevar hasta el orgasmo de la mano de Alec. Besó sus labios sin exigencias, con una calma y dulzura que contrastaban con la fogosidad con la que Alec se lo había hecho. Esperó que Jagged le tomase el relevo a Alec, sin embargo, no lo hizo, la acarició con suavidad sin rozar ninguna zona erógena y dejó que se recuperara. Alec rió, pero aceptó la idea de permitir que Penny disfrutase de calma, por la tarde no le habían dado tregua, por la noche habían repetido.
Se estiraron los tres en la cama con ella en el centro, mirando al techo, sin rozarse.
—¿Siempre habéis querido ser lo que sois? —preguntó de repente Alec.
—Yo quería ser un cocodrilo —musitó Jagged—, también astronauta. Así que no.
—¿Cómo acabaste en la música? —preguntó Penny con curiosidad.
—Necesitaba dinero, así que cogí una guitarra de la clase de música del insti y me fui a tocar al parque —explicó como si robar una guitarra del instituto fuera lo más habitual del mundo—. Y alguien se fijó en mí, así que fue de rebote.
—Yo estudié derecho penal —explicó Penny.
—No tienes pinta de dedicarte a las leyes —declaró Alec sorprendido—. ¿Qué te hizo acabar como la mánager de este idiota?
—Mi jefe era un hijo de puta que quería acostarse conmigo.
Alec soltó una carcajada, Penny se dio cuenta de que en aquel momento se estaba acostando con su jefe y con las mejillas encendidas se aclaró la garganta para explicarse mejor.
—No es porque quisiera acostarse conmigo, es porque me presionaba para ello. Me decía cosas como que si no me portaba bien con él nunca tendría un caso de los importantes —musitó frunciendo el ceño—. Así que le dije que se podía meter sus casos importantes por donde le cupieran y me largué.
—Bien hecho. Pero ¿cómo acabaste con este otro jefe con el que te estás acostando?
—Me asaltó en la calle y me dijo que tenía que trabajar para él sí o sí.
—Seguro que alucinaste porque Jagged Stone te paró por la calle.
—No tenía ni idea de quién era —farfulló Jagged dejando un beso en su mejilla—. Como si hubiera estado viviendo en una cueva. Llevaba el maquillaje, las lentejuelas, los brillos y a Fang y me miró con cara de "señor loco vuelva al manicomio". —Penny rió relajada, había pensado algo por el estilo—. Tenía que trabajar conmigo sí o sí.
—Amor a primera vista, ¿eh? —soltó Alec en tono de burla.
—¿Y tú qué? —preguntó Jagged.
—Básicamente sí, soy lo que quería ser. Estudié periodismo, y me partí la cara por hacerme un hueco en la parrilla.
—Sueño cumplido —murmuró Jagged moviendo la mano por encima del cuerpo desnudo de Penny—. Eres de los que tienen suerte.
—En realidad, esperaba ligar mucho, pero no me como una rosca.
—Pobrecito —se burló Jagged.
Alec le sonrió desafiante. Movió la mano y la plantó sobre el pecho de Penny, lo acarició y apretó con suavidad mirando aquel pezón erecto que lo coronaba.
—No me quejo, ahora mismo estoy en la cama con una mujer preciosa.
Le robó un beso apasionado y la atrapó en un abrazo estrecho, Penny le respondió sin remilgos enredando la lengua con la suya replicando a la caricia que le corría por la espalda. Jagged sabía que quería fastidiarle, lo que Alec no sabía era que podría robarle toda la atención de Penny cuando lo quisiera, porque sabía que le gustaba lo suficiente como para hacerla perder el dominio sobre sí misma.
—Preciosa y deliciosa.
Jagged coló la mano por debajo del muslo de Penny y tiró de su pierna con suavidad, para pasarla por encima de su cadera. La acarició con suavidad encendiéndola al instante, Penny abandonó los labios de Alec y necesitada buscó los de Jagged que le dieron lo que quería. El presentador frunció el ceño entendiendo que si iniciaba una guerra con Jagged la perdería sin remedio. Pero no iba a limitarse a ver como aquel músico idiota, incapaz de decirle que la quería, la arrastraba al orgasmo de nuevo. Su boca dio cuenta del pecho que había tocado y su mano buscó el espacio que dejaba libre la de Jagged, colándose por debajo de su muslo, tanteó su humedad y deslizó los dedos en su interior. Penny gimió complacida, buscó a tientas las erecciones de sus dos amantes y los tocó imitando su ritmo. Perdida en una nube de placer sintió como Alec la salpicaba y un poco después lo hacía Jagged, ninguno de los dos detuvo sus caricias haciéndola gemir con fuerza deseando poder besarlos a los dos a la vez. La estaban volviendo loca.
—Quiero hacértelo otra vez —jadeó Alec en su oído.
Pero Jagged ocupó el espacio entre sus piernas con un gesto preciso y ella le miró como si fuese lo único que deseaba en la vida. Alec lo entendió, Penny correspondía a Jagged, era un amor intenso y recíproco.
Con el codón bien puesto Jagged entró en ella, torturándola como la primera vez, sin dárselo todo, con un ritmo lento. Jadeante, Penny, observó la erección de Alec frente a sus ojos, se movió ignorando la punzada de las agujetas por todo su cuerpo y la lamió con dedicación, acompañando con la mano los movimientos de su boca. Alec, a mil, buscó la boca de Jagged obteniendo el beso más apasionado que le había dado jamás.
—Más fuerte —rogó moviendo las caderas—. Más.
Y Jagged se movió, obligándola a abrir más las piernas, cambiando su posición. para poder complacer su petición, enterrándose en ella con fuerza una y otra vez mientras Penny volvía a concentrarse en el miembro de Alec. Jadeando y gimiendo los tres se perdieron en una nube de placer ardiente.
Continuará
Notas de la autora:
¡Hola! Para bien o para mal, Penny ha entrado de cabeza en la dinámica de equipo. Es la primera vez que escribo un lemon que implique un trío y me lo he pasado mucho mejor de lo que esperaba con ello.
